miércoles, 11 de septiembre de 2019

Pequeñas historias de la música en el 11 de septiembre.

Hay fechas del calendario que parece que tuvieran como una suerte de imán y concentran en 
ellas hechos, repartidos por el mundo y no siempre divertidos pero, que de una u otra forma, 
dejan huella; es lo que pasa con el 11 de septiembre, fecha en la que, entre otras cosas y por 
orden cronológico de cuándo ocurrieron los hechos que se recuerdan, se celebra la Diada 
Nacional de Catalunya (en conmemoración – que no celebración – de la toma de Barcelona 
por las tropas del pretendiente borbónico a la corona de España en 1714, la pérdida de leyes 
propias, derechos y libertades de Catalunya y el subsiguiente crecimiento – perceptible ya 
desde el período del movimiento cultural de la Renaixença, la segunda mitad del siglo XIX - 
del sentimiento de identidad nacional), se conmemora el golpe de estado de Pinochet en Chile 
en 1973 (digna de estudio la relación entre Chile y el día 11 de septiembre: destrucción de la 
ciudad de Santiago en 1541, el terremoto de 1552,  el golpe de estado de 1973 o la 
aprobación de la nueva Constitución en 1980 para “blanquear” el golpe y perpetuar a 
Pinochet) y se recuerda el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. 
 
 
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Como contrapeso a tanta tragedia (que al final también lo es), aunque sea de un ámbito 
emocional más íntimo y restringido, también un 11 de septiembre, el de 1959  (hace 60 años 
justos), publicaba Jacques Brel1 en su cuarto disco La Valse à mille temps la canción que 
está considerada por muchos, según una encuesta publicada en 1999 (ajena, por tanto, a las 
nuevas generaciones, que lo pueden confirmar o no), como la mejor canción de amor (de 
desamor diría yo) de todos los tiempos: Ne me quitte pas (No me dejes). Quizá con decir que 
fue escrita tras la separación de Brel y su amante Zizou (aunque fue él quien la dejó), que en 
1961 Brel grabó una versión en flamenco titulada Laat me niet alleen, como un guiño a sus 
orígenes, y que trece años después, el 20 de junio de 1972, grabó una nueva versión para el 
álbum, casualmente, del mismo nombre, Ne me quitte pas, ya estaría cumplido el trámite, 
pero, aprovechando el aniversario redondo, recordaremos algunos matices de la intrahistoria 
de la canción, por la contraposición entre el personaje/artista público y la persona privada. 
Técnicamente, Ne me quitte pas es una sentida balada con una sencilla estructura melódica 
y una poderosa letra inspirada en la ruptura amorosa con Suzanne Gabriello "Zizou". 
Contrariamente a lo que dice la letra, fue Brel quien abandonó a su amante embarazada 
mientras ella suplicaba.

Todo comenzó en el verano del 1955, en que Brel traslada a su familia a París, ya que su 
esposa Miche y sus hijos seguían aún viviendo en Bruselas. Jacques Brel conoce en el club 
Bobino a una maravillosa mujer, una actriz cómica llamada Suzanne Gabriello, a la que 
conocen en todos los medios artísticos, como 'Zizou', sensual e inteligente, morena, con una 
pequeña nariz fascinante y una risa maravillosa que podría volver loco a cualquier hombre. 
Pocos días después, Suzanne también cae en los brazos de la comedia de Brel y se 
convierten en amantes. 'Zizou' será la responsable de la sensacional puesta en escena de 
Brel en el Olimpia de París, el punto de inflexión de la carrera del belga y su consagración 
como compositor, como cantante esencial, eterno. Pero el enamoramiento se convertirá en 
un drama arisco, imperfecto y detestable. Casi se convirtió en una especie de tragedia. 

Jacques Brel vivirá,amará y se entregará vehemente a ella durante todo un lustro. Cinco 
años repletos de intrigas, de encuentros y desencuentros con Suzanne. Un amor prohibido, 
loco, apasionado, extraño, entre la intelectualidad triunfante de los últimos años 50 en París. 
Maravillosos años con la 'bonheur' de la bohemia inteligente de la capital gala. El amor poco 
racional y físico de la pareja no es como la pasión desenfrenada y el suicidio como un 
'souflee' de su relación anterior, con la otra famosa amante, Catherine Sauvage. Esta vez, la 
historia melodramática va en serio. A los dos años de la relación intensa y apasionada, ante 
la presión de 'Zizou' y las mentiras continuas, mete a Miche y a sus hijos en un coche y los 
hace regresar a Bruselas, mientras que él alquila la "habitación del amor" con Zizou ,en un 
apartamento de la Plaza Clichy.

Días de giras, de breves encuentros, suplicios de fiebre sexual y amorosa con 'Zizou', que 
acaban con el impacto del embarazo de ella. El destino final de una relación mentirosa y 
cautiva. Al final, se trata de una pésima relación en que ambos han jugado el papel de 
amantes patéticos. En fin, un mundo de loco sufrimiento con el destino fatal de una canción. 
El problema fue que Brel acabó como un cobarde. Al final, se comportó como muchos 
hombres melindrosos y poco fiables que se agarran al decimonónico estado de presumir de 
esposa y querida'. Es decir, preservar a la comprensiva Miche, Therese Michielsen, con la 
que tiene tres hijos.

Jacques se esconde de 'Zizou', de su gran amor, se mete debajo de las piedras, soporta un 
gran altercado con ella y, finalmente, le dice que se niega a reconocer que es el padre, el 
verdadero responsable del embarazo de Suzanne. Loca de ira, de frustración, 'Zizou' le 
amenaza con demandarle ante los tribunales y a la opinión pública. Brel, entonces,se refugia 
en su Miche. La historia acaba mal, pero Brel incluso se aprovecha de ello para crear la más 
terrible canción de amor de la historia, 'Ne me quitte pas'. Un "no me dejes" que tenía 
absolutamente perdido por su comportamiento con 'Zizou'. Musicalmente, aunque lo negara, 
Brel se aprovecha de un fragmento de los acordes y la postura melódica de la 'Rapsodia 
Húngara número 6' de Franz Liszt. 
 
 
'Ne me quitte pas' sufre varias transformaciones antes de que Brel la grabara definitivamente 
y el 11 de septiembre de 1959, cuando hacía meses que había perdido a 'Zizou' y a su 
posible hijo, Jacques Brel graba su versión definitiva de la canción que ni mucho menos fue 
un gran éxito en su arranque discográfico, dicen algunas fuentes que ya pensando en lo 
poderoso de su interpretación/dramatización en directo. “Ne me quitte pas" es una canción 
desesperada, de ruptura trágica, de la desesperanza , del abatimiento de un hombre cobarde. 
Una especie de agonía mental que precede a una muerte sentimental. Los acordes musicales 
son bellos, maravillosos. Marc Robin, un escritor francés que ha desentrañado muchas de las 
historias de la propia canción, sostiene que hay frases que sugieren al "perro" de Dostoievski 
("haz de mí tu cosa, tu perro"), pero también sugiere que hay retazos de García Lorca, con las 
ideas del tesoro perdido, del agua de la realeza y, por supuesto, la imagen servil de un Brel 
como un perro.

Edith Piaf habló muy mal de Brel a propósito de la canción, porque conocía bien los entresijos 
de la historia de 'amour fou', y definía la canción como "un himno a la cobardía de los hombres" 
pero sugería que Brel no se debía haber humillado tanto en la letra. Decía que 'Ne me quitte 
pas' era una muestra de cómo se venden los hombres por el amor y hasta dónde pueden 
humillarse por el amor a una mujer. Comprendía también perfectamente cómo las mujeres 
se identificaban sentimentalmente con 'Ne me quitte pas', ya que se traduce como una oda a 
la humillación masculina y machista. En realidad, es el purgatorio o el infierno que paga Brel 
por haber hecho lo que había hecho con 'Zizou'. De alguna manera, Brel siempre odió la 
canción, porque era la palpable definición de su infierno de su propia penitencia por el dolor 
causado a Suzanne. Brel siempre la consideró como la catarsis de sus pecados con la gran 
amante de su vida. 'Ne me quitte pas' siempre le ha perseguido como una mujer ofendida, 
como una mujer irritada que triunfa sobre un hombre humillado y después de la muerte de 
Brel, muchas mujeres reclamaron el triste honor de haber inspirado la canción. 

Pero más allá de la historia personal, lo cierto es que esta canción ha alcanzado una 
dimensión universal. Como a menudo en casi todas sus canciones, Brel usa un proceso de 
creación de un climax partiendo de una propuesta, en general banal:

… Oublier le temps
Des malentendus
Et le temps perdu…
(...Olvidar el tiempo de los malentendidos y el tiempo perdido...)

Y luego pasa a promesas vacías, poco realistas y patéticas:

… Moi je t'offrirai
Des perles de pluie
Venues de pays
Où il ne pleut pas...Je ferai un domaine
Où l'amour sera roi
Où l'amour sera loi
Où tu seras ma reine…
(… yo te ofreceré unas perlas de lluvia venidas de países donde no llueve… haré un dominio 
donde el amor será rey, donde el amor será ley donde tu serás mi reina….)

Finalmente, renunciando a todas las promesas de amor, afecto o simplemente ternura, 
termina implorando solo el derecho a permanecer presente. Ni siquiera como un objeto, 
como una sombra:Je ne vais plus pleurer
Je ne vais plus parler
Je me cacherai là
A te regarder
Danser et sourire
Et à t'écouter
Chanter et puis rire
Laisse-moi devenir
L'ombre de ton ombre
L'ombre de ta main
L'ombre de ton chien
Ne me quitte pas…
(… no lloraré más, no hablaré más, me esconderé aquí viéndote bailar y sonreír y a 
escucharte cantar y después reír; déjame volverme la sombra de tu sombra, la sombra de tu 
mano, la sombra de tu perro. No me dejes …)

Cuando Brel la cantó en directo, el director del teatro observó que la canción era muy 
hermosa pero que se apartaba de su repertorio y propuso, con la conformidad de Brel, que 
el cantante Sacha Distel la interpretara, a lo que Distel repuso: "Pero Jacques Brel está loco ...  
cantada por él, esta canción será eterna, mientras que por mí; será rápidamente olvidada. " 
 
 
 Nota.- La larga semblanza que sigue de Jacques Brel, modelo, junto con Georges Brassens 
principalmente, del movimiento musical Els setze jutges, embrión  de la Nova cançó, es sólo
como indicativo de lo abultado de su perfil público frente a su actividad privada.
 
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1Nacido en Schaerbeek, cerca de Bruselas, en la comunidad flamenca, el 8 de abril de 1929, en vísperas de la Gran Depresión, y bautizado como Jacques Romain Georges Brel, estudió en un colegio católico, fue boy-scout y a los dieciséis años creó un grupo de teatro con amigos, para el que escribió algunas funciones. Conoció la Segunda Guerra mundial y la invasión alemana de Bélgica, la lucha por la independencia argelina y la radicalización de los años 1960.
A partir de 1952 compone algunas canciones, un año más tarde se decide a probar suerte en los cabarets, canta en público en Bruselas y saca un disco de 78 r.p.m. Va a París justo cuando nace su segunda hija y los comienzos fueron duros, para Brel como para casi todos los artistas. En 1954 conoce a Juliette Greco quien le pide la canción “Ça va (le diable)” para el concierto que va a dar en la mítica sala Olympia.
En 1955 traslada a su familia a las afueras de París, y graba su primer álbum, un vinilo en 33 revoluciones, mientras actúa para organizaciones cristianas. En 1957 recibe el Gran Premio de la Academia belga Charles-Cros por el álbum “Quand on a que l’amour”, el primero de sus éxitos que después ya vendrían encadenados. Un año más tarde, en un segundo concierto en el Olympia como telonero, el público le aplaude en pie al terminar la actuación. Es el comienzo del enorme éxito que conseguiría en los años siguientes. Publica el álbum “La valse à mille temps”, deja en el camerino la guitarra que más que acompañarle parecía servirle de muleta y desde entonces canta “a pelo”, convirtiendo cada interpretación en un espectáculo escénico. El “Grand Jacques”, que en cada una de sus actuaciones gesticulaba y sudaba a chorros inflamando al público, abandonó su carrera en 1966, justamente cuando por fin había alcanzado el cénit de la gloria.
1968 es el año de «El hombre de la Mancha», obra de Broadway que pone en escena en Bruselas como premiere en francés, hasta que en mayo de 1969, agotado por más de 150 representaciones consecutivas, Jacques Brel pone fin a su participación en el musical y nadie le sustituye. Para entonces, Jacques Brel sabe que está irremediablemente enfermo, hace testamento y nombra a su mujer heredera universal. y en noviembre de 1972 le operan en Bruselas de un cáncer muy avanzado, en el pulmón izquierdo. Sabe que le queda poco tiempo y asegura que quiere moir solo. Jacques Brel y su compañera Madly se instalan en la isla de Hiva-Oa, en las Marquesas (Polinesia francesa). Deja de fumar y se compra un avión, acondicionándolo como «taxi» para ayudar a desplazarse a los habitantes de las islas cercanas.
En julio de 1978 le descubren un nuevo tumor canceroso, pasa seis semanas en el hospital y el resto del verano en el sur de Francia. El 7 de octubre le trasladan de urgencia al hospital de Bobigny, donde muere el día 9 de una embolia pulmonar. Sus restos llegan a Hiva-Oa el 12 de octubre. Jacques Brel, un personaje singular que tuvo una vida de novela y ha dejado una obra excepcional, está enterrado en el cementerio de Atuona, muy cerca de la tumba del pintor Paul Gauguin.
Hoy, cuarenta años después, las canciones de Brel siguen en nuestras memorias transmitiendo emociones con la misma fuerza;. Inclasificable, Brel, muerto lo mismo que vivo, sigue siendo el tipo políticamente incorrecto que llegó de Bruselas a París con una guitarra bajo el brazo, el idealista, el individualista que en sus canciones oscila del anarquismo al humanismo. Universales, sus mensajes tocan la sensibilidad del intelectual como la del público en general, porque repiten lo que forma parte del inconsciente colectivo. En su álbum de 1959 figura su canción más célebre, “Ne me quitte pas”, que después ha sido cantada en quince lenguas y de la que se han grabado cerca de 300 versiones en todo el mundo (algunas horrorosas, todo hay que decirlo): un amante que no quiere que le abandonen, implora aunque sabe que no le escuchan, canta haciendo promesas y acaba llorando; nada que nos sea ajeno, el pequeño drama personal común a millones de personas como él.
Decir Brel es decir canción francesa pero es también recordar la imagen de un artista que vivía sus personajes, que en el escenario convertía las canciones en piezas teatrales, marcando una época y dejando su huella para las siguientes. Exuberante y siempre púdico, se ganó el afecto de un público que durante mucho tiempo se mofó de su manera de gesticular en el escenario. Nadie más ha cantado como él a las mujeres, los viejos, los burgueses, los simples y los malvados, los soñadores y marineros, quienes se aman y los que ya no se aman...

domingo, 8 de septiembre de 2019

Los hábitos, “ladrones de tiempo”.


La teoría general de la relatividad, publicada por Albert Einstein en 1915, propone que la propia geometría del espacio-tiempo se ve afectada por la presencia de materia y predice que el espacio-tiempo no será plano en presencia de materia y que la curvatura del espacio-tiempo será percibida como un campo gravitatorio. En plata, que el concepto tiempo también es relativo, y no sólo porque la sensación que se tenga de su duración esté condicionada al tipo de actividad, más o menos placentera, que se esté realizando.

Pero esta teoría no tiene nada que ver ni puede servir de excusa con la organización que hacemos del tiempo, de manera que resulte eficaz y positiva, entre otras cosas, para mantener nuestra estabilidad emocional. Hace pocos días, una buena amiga me confesaba angustiada que, debido a la situación difícil (temporal, obviamente) que está pasando, no tenía ni tiempo para abrir los mensajes y era consciente de que estaba desatendiendo las relaciones personales. Este comentario, más frecuente de lo que pueda parecer, nos da pie a reflexionar sobre el cómo gestionamos nuestro tiempo, eso que parece sólo el nombre de una asignatura en una Escuela de Negocios.


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No cabe la menor duda de que la gestión del tiempo (time management en el argot profesional) ha adquirido en las últimas décadas una gran relevancia en nuestra sociedad. La sensación de “tener mucho que hacer y poco tiempo disponible” no es ajena a casi nadie. Nos hemos dado cuenta de que el tiempo es un recurso muy valioso y de que, para ser eficientes, también en el ámbito personal, hemos de aprovecharlo de forma óptima, buscando, hablando en términos del mundo empresarial, el mayor beneficio posible con el menor esfuerzo, pensando, además, que el desequilibrio entre vida profesional y personal es cada vez mayor. La consecuencia de todo esto es demasiado importante como para obviarla: un incremento importante de nuestros niveles de estrés y ansiedad, que se está convirtiendo en la enfermedad del siglo XXI y que, dicho sea de paso, es la mayor causa de bajas laborales hoy en día.

El día tiene "solo" veinticuatro horas, pero para todos, y por eso, saber gestionar adecuadamente nuestro tiempo, tendrá como consecuencia unos niveles óptimos de productividad, si se ve desde la óptica profesional, y eficiencia personal. Se puede afirmar, pues, que el tiempo no es el problema, sino que es la autogestión de cada uno donde se marca el rumbo que tomarán las cosas a lo largo de nuestro día. Podríamos dividir la autogestión de nuestro tiempo en dos categorías:
    • Negativo, cuando al final de la jornada no se han alcanzado los objetivos planteados aunque se tenga la sensación de no haber perdido ni un minuto;
   • Positivo, si se ha aprovechado cada momento para llevar a cabo una tarea o para descansar.

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Pero en nuestro camino, deberemos saber reconocer a los temidos ladrones de tiempo para enfrentarnos a ellos, porque sólo manteniéndolos a raya nos será posible alcanzar los éxitos que deseamos. Los “ladrones de tiempo” es un concepto que explica los diferentes factores negativos que nos impiden aprovechar efectivamente el tiempo de que disponemos. Algunos son realmente inevitables y necesarios, otros en cambio, deben tratar de reducirse parcial o totalmente. El manejo óptimo del tiempo es una habilidad que, con práctica y método, puede aprenderse. Conseguir vencer a los ladrones de tiempo es un factor de éxito principal. Para ello, es necesario reconocer a los ladrones de tiempo y como tratar con esas situaciones.

Es bien conocido el Principio de Pareto1, conocido también como la regla del 80-20 por la cual el 80% de las tareas las realizamos en el 20% del tiempo disponible. Por consiguiente hay un pequeño número de ocupaciones que nos requieren una enorme cantidad de recursos y esfuerzo. Gestionar correctamente el rendimiento real de estos elementos, gracias a la formación en gestión eficaz del tiempo, consigue incrementar el límite temporal diario sin incrementar las horas dedicadas a la actividad.

Si dejamos que los ladrones de tiempo campen a sus anchas por nuestra vida, entraremos en una dinámica muy negativa. Necesitaremos más tiempo para hacer nuestras obligaciones y tendremos que sacarlo de algún sitio, así que no tendremos más remedio que dedicar menos tiempo a lo que nos gusta, a nuestra familia, amigos y aficiones. Y eso no mola nada. Algunos de estos ladrones vienen del exterior y otros los generamos nosotros mismos. Algunos son evidentes y otros pasan inadvertidos, nos quitan unos minutos cada vez, que al final de la semana se convierten en horas.

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¿O cambiar la forma de ver?

Dwight D. Eisenhower, trigésimo cuarto presidente de los EE.UU., pensaba que debemos dedicar atención y tiempo a nuestras actividades en función de su importancia y urgencia. Decía, con razón, que tendemos demasiado a centrarnos en las cosas que son importantes y urgentes a la vez, lo que genera un comportamiento reactivo ante lo que se tiene que hacer ahora mismo, en vez de centrarnos en las cosas que son importantes, aunque poco urgentes, lo que sería la base de un comportamiento más estratégico, orientado a objetivos a largo plazo. Sobre esta base, el profesor y conferenciante estadounidense Stephen R. Covey popularizó la Matriz de Gestión del Tiempo en su libro Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva:
En ella, algo es urgente cuando requiere una atención inmediata. Las cosas urgentes atrapan tu atención, te presionan constantemente. La trampa está en que muchas de ellas son fáciles, o son divertidas, o son populares, pero son poco importantes. Algo es importante cuando contribuye a tu propósito de vida. Para no desatender las actividades que son importantes, pero no son urgentes, necesitas ser proactivo, ya que éstas no demandan tu atención. Si las dejas de lado, llegará un momento en que se convertirán en urgentes, y este comportamiento te llevará al circulo vicioso que implica vivir siempre en modo reactivo, en una situación de crisis continua.

Si prestas demasiada atención al Cuadrante I (cosas urgentes e importantes), éste se irá haciendo cada vez más grande y te llegará a dominar por completo. Los Cuadrantes III y IV incluyen cosas que, urgentes o no, no son importantes. La gente efectiva pasa más tiempo en el Cuadrante II, reduce en lo posible el tiempo que está en el Cuadrante I, y no se preocupa demasiado de los Cuadrantes III y IV.

En el Cuadrante II (cosas importantes, aunque no urgentes) reside el núcleo de una gestión personal eficaz. Aquí están las cosas que te permiten vivir aprovechando oportunidades y actuando preventivamente, en vez de resolviendo problemas. Cosas como crear y reforzar relaciones personales, hacer ejercicio, planificar tu futuro, aprender, etc. Para moverte hacia este cuadrante, primero debes tener claras cuáles son tus prioridades, y después debes aprender a decir no a otras actividades, algunas urgentes y aparentemente importantes.
 
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La lucha contra los “ladrones de tiempo” se ha convertido para las empresas en una prioridad por razones de productividad y eficiencia, lucha que excede, con mucho, los límites de estas reflexiones, que no nacen con voluntad de convertirse en un “manual” sobre gestión del tiempo. Sólo apuntar que, en el ámbito de la persona, y en el escenario visto hasta ahora, lo cierto es que ya se ve que no es un problema del “tiempo” o de “gestión del tiempo” sino de cómo nos gestionamos a nosotros mismos. De cómo invertimos las horas que estamos atendiendo nuestras ocupaciones o descansando. Y en esa buena o mala gestión de nosotros mismos tienen mucho que ver los malos hábitos. Malos hábitos que adquirimos hace muchos años o bien recientemente, que están bien arraigados en nosotros y que condicionan — para mal— nuestras decisiones. Son esos malos hábitos los que hacen que naufraguemos y tengamos la sensación de que no nos llegan las horas del día.

Porque los “ladrones de tiempo” no te quitan tiempo —que también— sino que te separan de las cosas que de verdad quieres conseguir. De tu trabajo, de tus tareas, de tus objetivos. Cada vez que caes en ellos te alejas de lo que persigues. Cada vez que te vencen te alejas del porqué de levantarte cada mañana.

El tiempo sólo tiene valor si hacemos algo provechoso con él. Por lo demás “el tiempo no es oro” como reza el adagio. De hecho el tiempo es algo de poco valor, porque nosotros mismos continuamente lo estamos depreciando con actividades y tareas intrascendentes y muchas veces ridículas.

Ladrones de tiempo” hay muchos y algunos son mucho más peligrosos y están más extendidos que otros. La mayoría de nosotros caemos y sufrimos alguno (o varios) de los siguientes ladrones: interrupciones, improvisación. reuniones, televisión, Internet, Email, teléfono, etc. Lo que parece prioritario es que se sea consciente de lo que hace perder el tiempo en cada caso particular para, a partir de ahí, realizar labores de prevención. Si, por ejemplo, sabes que los mensajes del móvil te distraen en exceso, desconéctalo durante las horas del día en que necesitas una mayor concentración. Y lo mismo ocurre con Internet y las Redes; se trata de algo tan fácil (y tan difícil) como conseguir que la tecnología esté realmente a tu servicio y no al revés. Fíjate que, de esta situación a la de “no tener ni tiempo para ver los mensajes que recibo” va un abismo: tú controlas.

Como divertimento para ayudar a calibrar la gravedad y dimensión del problema del que no siempre somos conscientes, fijémonos en un hábito identificado como uno de los más perniciosos “ladrones de tiempo” aunque no reconocido usualmente, la televisión, y desmenucémoslo como tal hábito. Y es que, cuando en cualquier conversación informal preguntas a alguien si diariamente ve muchas horas de televisión, su respuesta generalmente será del tipo «yo no veo la televisión» o una aseveración parecida. Pero lo cierto es que las encuestas arrojan unos datos demoledores con cifras sonrojantes a lo largo y ancho de nuestro planeta:
   • La media mundial se sitúa en un consumo de 188 minutos al día de televisión. Son 3 horas diarias.
   • En España la cifra asciende a 227 minutos, es decir, 3,7 horas diarias.

Dejemos que los números hablen solos y muestren nítidamente la desoladora realidad en la que vivimos. Estamos hablando de horas y horas despilfarradas ¡todos los días del año de todos los años! Para miles de personas el descanso es sinónimo de sofá y televisión. Si bien es cierto que es una actividad en la que descansa nuestro cuerpo físico —estamos sentados o tumbados— es algo que nos desgasta mentalmente más de lo que creemos pues, lejos de aportar y enriquecer, resta. Monopolizar todo nuestro descanso únicamente haciendo eso, ni es sano, ni inteligente ni enriquecedor.

Entonces, ¿por qué lo hacemos si en frío casi todos reconocemos que no es bueno?
Es un mal hábito que la mayoría adquirimos en nuestra niñez. El final del día para casi todos nosotros siempre ha sido “cena, un poco de tele y a la cama”.
   • Es muy fácil disfrutar de él. Basta con apretar desde el sofá un botón en el mando a distancia.
   • Nos convencemos de que realmente estamos descansando, aunque el programa que estemos viendo sea deplorable y pasemos la mitad del tiempo haciendo zapping.
   • Nadie nos ha enseñado a descansar de otro modo ni posiblemente nos hemos molestado en buscar alternativas.
   • Es una actividad en la que nos lo dan todo hecho. No requiere esfuerzo físico y eso nos encanta.
   • Pensamos —equivocadamente— que estamos “tan cansados” que no podemos hacer otra cosa.

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Dejando a un lado la mediocre y a veces bochornosa calidad de los contenidos televisivos que consumimos a diario, la televisión es un auténtico ladrón de nuestro tiempo, de nuestra energía, de nuestra atención, de nuestras ideas y hasta de nuestra estima personal. Es, ciertamente, adictiva, ya que por lo general tendemos a consumir más en lugar de reducir el consumo. Nos hace sentir mal con nosotros mismos por no hacer cosas más útiles («he estado tirado delante de la TV toda la tarde y al final no he hecho nada»). Es causa de procrastinación —tendencia a postergar tareas— y por si fuera poco llenamos nuestra mente de ruido e ideas vacías y a veces vergonzosas.

En términos de robo de nuestro tiempo, la TV es sin duda un enemigo descomunal. Y si verdaderamente queremos vivir plenamente, sacar más horas del día para cosas que realmente nos importan, y disfrutar de un descanso rico y entretenido, es algo que tenemos que empezar a corregir cuanto antes. ¿Es que hay que dejar de ver la televisión? La respuesta es no. No se trata de eliminar sino de REDUCIR y controlar. No hay por qué dejar de disfrutar de una buena película, un documental o una serie de ficción que de verdad nos entretienen o nos informan. Se trata de “poner a dieta” las horas muertas de televisión para así poder hacer otras cosas verdaderamente importantes para ti o los tuyos. 

Y ante ese panorama, si te afecta, la próxima vez que te veas a ti mismo diciendo que no tienes tiempo para hacer cualquier, pregúntate cuántas horas de televisión ves al día. Es tu elección.

Como hemos hecho con esto, se puede analizar cualquier otro hábito que se haya identificado en cada caso como “ladrón de tiempo” como la mayoría de esos “adelantos técnicos para mejorar las relaciones personales” que en realidad crean dependencia no reconocida (WhatsAp, Facebook, Twitter,...) y afrontarlo con organización eficaz (cualquier sistema que te permita gestionarte es perfectamente válido). Si no te organizas, perderás infinidad de tiempo decidiendo qué es lo siguiente que vas a hacer y cómo. Dedica todos los días un pequeño rato a organizar tus cosas y ganarás mucho tiempo después. Planifica, agrupa tareas parecidas dentro de un mismo contexto y prepara un plan diario de acción siendo sensato, no olvidando que hay crisis o estados de emergencia. Son la locura. Todo se va al garete. La mayoría de ellas son consecuencia de algo que se hizo mal o no se hizo. Hay que prevenirlas en la medida de los posible. ¿Cómo? Definiendo claramente objetivos y tareas, organizando, planificando, tomando decisiones, diciendo NO a lo innecesario,… no permitiendo que te roben tu tiempo.

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1Vilfredo Pareto (1848 – 1923) fue un ingeniero, sociólogo, economista y filósofo italiano famoso por enunciar, en sus estudios sobre la riqueza, el Principio que lleva su nombre, también conocido como la regla del 80-20, ley que describe el fenómeno estadístico por el que en cualquier población que contribuye a un efecto común, es una proporción pequeña la que contribuye a la mayor parte del efecto. Estas cifras son arbitrarias; no son exactas y pueden variar. Su aplicación reside en la descripción de un fenómeno y, como tal, es aproximada y adaptable a cada caso particular.