viernes, 27 de abril de 2012

La formación necesaria

A raíz de la publicación de los dos últimos boletines de management dedicados a la formación he recibido algunos comunicados coincidentes en su fondo, que puede resumirse en la pregunta de que, si la formación no es per se en las actuales circunstancias una garantía razonable de acceso al empleo, si la formación específica queda ceñida al ámbito interno de las organizaciones, ¿qué tipo de formación debe priorizarse como elemento de mejora y aumento de oportunidades?
La pregunta tiene su enjundia, ya que nos lleva a reflexionar sobre el modelo de enseñanza y, sobre todo, de su adecuación a la realidad socio-laboral. Partimos de la base de que en la identificación formación = enseñanza, la tendencia es a estandarizar materias/profesiones de forma que con la obtención de un título se entiende que se dominan, de forma genérica, las materias que corresponden a una determinada profesión. Peor esto no siempre es así, o al menos, no de forma tan simplista. Acudiendo, por ejemplo, como paradigma, a la banca (tan de actualidad a su pesar), es un hecho incuestionable que la banca es un oficio que no se adquiere con títulaciones más o menos acertadas; dicho de otra forma, el desarrollo del oficio no está contemplado en ningún título académico, si bien algunas de las disciplinas que lo integran pueden perfeccionarse con la debida formación. De aquí se desprende que, para muchas profesiones, la formación necesaria no se adquiere en las universidades y se abre la opción de acudir a consultoras de formación especializadas que conozcan al dedillo tanto los entresijos de la profesión de que se trate como las tendencias del mercado. Es por eso que se citaba en los boletines que la formación no ha de "cautivar" sino, simplemente, resultar eficaz, aunque sea árida (otra cosa es que se ha de trabajar para que sea amena, accesible y "amiga").
Y si bien, con algunas excepciones de pseudo gurús anclados en el tiempo que ofrecen enseñanzas generalmente vacuas en lo referido a la profesión, sí que se encuentra a faltar un mejor y mayor conocimiento de la realidad del mercado, lo que convierte la mayoría de los cursos, algunos masters y otros tantos post-grados en apuestas vacías.
Porque, veamos: ¿cual es la tendencia laboral actual cuando hoy mismo se han publicado unas cifras de incremento del paro según la EPA realmente inquietantes? ¿alguien piensa que en esos EREs, despidos masivos o ajustes puntuales, sólo afectan a la mano de obra no cualificada? ¿A qué entonces esa saturación de cursos o masters para formar directivos o mandos intermedios?
Paralelamente, se alienta, o al menos eso se dice, la emprendeduría. ¿Cuántos cursos de formación hay para emprendedores? Casi se pueden contar con los dedos de una oreja.

Claro, no es formación fácil de diseñar: ¿qué requiere conocer un emprendedor?
- Identificar nichos de negocio que se adecuen a sus conocimientos y capacidades,
- Gestionar su universo relacional, tanto desde el punto de vista comercial (futuros proveedores, clientes, competidores,..) como profesional genérico (tendencias del mercado que ha elegido, normativas, reglamentaciones, ...)
- Relaciones humanas, incluyendo en ella gestión de los equipos
- Acompañamiento emocional: un emprendedor debe saber que tiene derecho a equivocarse y que no debe fallarle la fuerza para levantarse en caso de caída...
- ...
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Hay que notar que son materias que raramente se tratan en la formación al uso, por lo que, la respuesta (simple, merece un desarrollo posterior en su caso) a los comunicantes es que el sistema está mal enfocado y debería atender más a la formación de emprendedores que de directivos tal como demanda la realidad social, de forma, se nos antoja, irreversible.
Tarea de las consultoras serias en formación. El reto está lanzado.

martes, 24 de abril de 2012

El vértigo y la parálisis

No es intención de este blog centrarse en la actualidad política (ni siquiera en temática eminentemente política), sino en la vertiente de la gestión. Lo que ocurre es que uno se topa con los titulares de la prensa, poco menos que precursores del apocalipsis y cae en la cuenta de que algo se está haciendo mal. Y recuerda la analogía que siempre ha habido ente la administración y gestión de una unidad familiar, una pyme, una empresa, una corporación y un país. Con sus diferencias (que, naturalmente, las hay, y muchas), lo que es evidente es que la base es la misma: dispongo de ingresos menos gastos, y gestiono unos y otros en orden a prioridades y plazos.

Pues bien, la lectura de la prensa provoca temblor en las piernas y queda la sensación de que todo se hunde alrededor de forma que parece instalarse la tentación de no hacer nada esperando que alguien nos salve.
- El Banco de España confirma la entrada en recesión, tras un nuevo trimestre de crecimiento negativo de la economía, anunciando, además, un agravamiento de la situación en este año.
- Las cifras de paro están desbocadas (desde la aprobación de la contestada Reforma Laboral, los EREs han aumentado un 56 %, lo que parece indicativo de que, efectivamente, la reforma se hizo mal y sólo facilitaba el despido)
- El consumo, en paralelo con las dificultades de las economías domésticas, se estanca.
- La Bolsa cae a  niveles de hace casi diez años (si el índice de la bolsa se ha de tomar, como nos dicen, como indicativo de la confianza de los mercados en el país, da que pensar el hecho de que en ningún día de las dos legislaturas anteriores haya estado tan bajo como ahora ¿ha perdido toda su credibilidad y confianza el actual gobierno?)
- La inversión desciende a ojos vista: la extranjera porque, no nos engañemos, la recesión no afecta solo a España y es difícil atraer inversiones foráneas, y la interna porque se ha instalado el dogma de que la solución está en los recortes y la austeridad olvidando la base que ya apuntábamos en otras entradas: el futuro pasa por la recuperación y la generación de riqueza. Recortes, sí, pero aplicando una cosa que se llama racionalización para eliminar lo superfluo (el coste de más de 100.000 euros por un retrato de un antiguo ministro de Fomento, pongamos por caso) e incentivar el gasto que crea riqueza.




Y así podríamos seguir. Pero, no. Lo que realmente interesa es analizar si la situación tiene solución. Y la tiene; eso sí, olvidando partidismos (¿o es que los pensionistas que han de pagar parte de sus recetas ahora, por ejemplo, son sólo los de un partido político?), olvidando imposiciones constantes vía decreto (sigamos con el símil de las medicinas. ¿no sería más positivo negociar un acuerdo para el copago o como quiera llamársele entre el Ministerio, las farmacias, las empresas farmacéuticas , las asociaciones, etc, en lugar de imponer un sistema cuyo coste de implementación, además, no se ha publicado, ni a cargo de quién irá?) y demostrando el conocimiento del tejido social/empresarial más allá de las paredes de los despachos, lo que ahora, a juzgar por las decisiones tomadas y la forma de tomarlas, brilla por su ausencia. Es significativo, y lo exponemos sólo como ejemplo, que las recetas "anticrisis" de la Sra. Lagarde desde el Fondo Monetario Internacional son radicalmente opuestas a las que pretendía la misma señora en los tiempos, no lejanos, en que formaba parte del gabinete ministerial francés.

No podemos dejarnos arrastrar por el vértigo para poder salir de la parálisis.

viernes, 20 de abril de 2012

Identificación del beneficiario final en la prevención del blanqueo de capitales

Ya en el Quijote se narran las cuitas de un personaje en su afán por disimular o esconder su fortuna con el fin de eludir tanto a los amigos de lo ajeno como a los recaudadores de impuestos, en una costumbre que no nace en los tiempos de Cervantes sino que se remonta al origen del género humano. Es por ello que, cuando se habla de intentar prevenir ser utilizado en manejos financieros oscuros, el conocer exactamente quién hay detrás de cada operación se revela fundamental en el establecimiento de las medidas que correspondan, y es por eso también que la normativa de aplicación en ese campo va evolucionando de manera que sea lo suficientemente clara en su interpretación, a la vez que rigurosa y, dentro de lo posible, uniforme.
Y aquí empieza la confusión: de la misma manera que (llevado al extremo en cuanto a su concepto) una persona se califica de terrorista o patriota según el resultado histórico final de sus acciones, la identificación, simplemente, del beneficiario último de una operación, puede venir condicionada por aspectos diferentes en uno u otro entorno. Eso es lo que viene a decir un informe de nombre larguísimo divulgado días atrás por los reguladores europeos de banca, bolsa y seguros en el que recoge los escollos que se están encontrando en la implementación de la conocida como Tercera Directiva antiblanqueo cuando la Cuarta ya está prácticamente en el horno. El informe, que responde al nombre de Report on the legal, regulatory and supervisory implementation across EU Member States in relation to the Beneficial Owners Customer Due Diligence requirements under the Third Money Laundering Directive [2005/60/EC] , y que, como decimos, está auspiciado por los supervisores del sector bancario (EBA), de bolsas y mercados (ESMA) y de seguros y pensiones (EIOPA), se dirige a los países miembros de la UE y enfatiza en las dificultades de implementación, concretamente en la determinación del beneficiario final, representadas por:
- La identificación: Todos los estados exigen identificar, pero se observan diferencias sustanciosas en cuanto a la forma de comunicar esta exigencia a las entidades financieras, lo que podría desembocar en la paradoja de que se llegaran a diferentes conclusiones respecto de la titularidad real o no de un mismo cliente en diferentes países.
- La verificación de la identidad: Se constatan también diferentes procedimientos admitidos para la verificación de la identidad en un abanico que va desde la simple confirmación verbal hasta el requisito obligatorio de referencias de terceros independientes y fiables. La diferencia en este capitulo se agudiza en lo referido a la forma de exigir la verificación de la estructura de control y propiedad del cliente.
La disponibilidad de información entre estados miembros: Los estados miembros difieren en la definición (ergo, tratamiento) de determinadas personas jurídicas tales como asociaciones, fundaciones, trusts, etc.

En definitiva, el documento viene a recordar que puede darse el caso de que entidades de un mismo grupo financiero que operan en distintos países de la UE están aplicando estándares de identificación diferentes, y eso perjudica la estrategia del grupo, que no tiene una visión consolidada y uniforme del cliente y perjudica, por consiguiente, la gestión del riesgo del blanqueo de capitales o de financiación del terrorismo.

Por otra parte, la situación afecta a la libre competencia entre entidades toda vez que el coste de implementación de cada nivel de cumplimiento es distinto.



La conclusión final es que hay un marcado grado de confusión en cuanto a los requisitos mínimos que impone la Directiva, lo que provoca diferencias importantes entre estados miembros. Es de esperar que las conclusiones del informe faciliten una clarificación necesaria, ya en la Cuarta Directiva,  mediante una revisión de la definición de la diligencia debida para los beneficiarios últimos que conduzca a la implementación de las medidas correctoras oportunas. 

Puede consultarse el original en inglés del documento clicando en Informe identificación beneficiarios finales

martes, 17 de abril de 2012

Boletín número 12 - La formación, herramienta atemporal (y 2)


Los “Secundino Gallego” de las organizaciones


Con motivo de la conmemoración de los 50 años del inicio de las emisiones regulares de televisión en España, la cadena pública ha desempolvado durante un tiempo algunos de los programas representativos de unos tiempos en los que la competencia era nula, los porcentajes de share eran abrumadores ya que no había posibilidad de “cambio de canal” (¿es posible imaginar que no existía el zaping?) y la televisión procuraba atender su lema de servicio resumido en el “formar, informar y entretener”. Corramos un pudoroso velo de cómo ha evolucionado este slogan a la vista del guirigay de cadenas, programas y contenidos que proliferan hoy.

Así hemos tenido oportunidad de recuperar algunos programas encuadrados en lo que entonces se entendía por formación, como era la búsqueda de talentos ocultos, básicamente mediante la participación en concursos estructurados en el clásico formato de pregunta/respuesta alrededor de temas, en principio propuestos por la organización. Hay que recordar, dentro de los destinados al público infantil “Cesta y punta” en el que participaban los colegios, y dentro de los destinados al público adulto “Un millón para el mejor”, de finales de los años sesenta, con la entronización popular de personajes como el alcalde de Bélmez, “la mamá del millón”, “el ye-ye del millón” y otros. 
En 1970 se produjo un pequeño cambio de formato con el programa “Las diez de últimas”, dirigido por el entonces popular José Luis Pécker, ya que el tema de las preguntas era propuesto por el concursante, como demostración de su dominio del mismo, fuera o no relativo a su profesión. El gran triunfador del primer programa fue Secundino Gallego, lucense afincado en Barcelona, empleado como bedel en la Universidad de esta ciudad, que demostró que era la persona que más sabía del mundo de los pájaros, y que ha de señalarse como precursor (con cincuenta años de antelación) del despegue en España de la moderna ornitología. No en vano se le conoció a partir de su aparición en la televisión como “el hombre de los pájaros”. Una vez superado el pasmo por las autoridades académicas, que desconocían incluso su existencia, fue nombrado conservador del Museo de Zoología de la Universidad iniciando de esta manera la colaboración con diversos equipos de investigación académica, que se prologaría hasta su jubilación. Falleció en 2005.
Caliente aún su participación en “Las diez de últimas” publicó el que aún hoy es el libro de cabecera de las nuevas generaciones de ornitólogos, “Aves indígenas de España” y su firma se hizo habitual en las publicaciones del ramo, nacionales y extranjeras, contándose una cincuentena de colaboraciones en revistas y una decena en libros.
Llama la atención que una institución como la Universidad desconociera hasta tal punto la valía de Secundino Gallego, pero también resulta digno de atención el hecho de que éste había adquirido un altísimo grado de formación sólo para su crecimiento personal, con independencia de su aplicación a las exigencias de sus tareas cotidianas.
Y la reflexión que puede suscitarse al hilo de este caso orbita alrededor de determinar si actualmente, y particularmente en el entorno de incertidumbre en el que estamos inmersos, las organizaciones conocen la valía de sus empleados, si saben qué formación necesitan para su crecimiento personal y profesional y si tienen identificados los receptores de cada temática y nivel de formación.

¿Quién determina la formación a impartir?

Cuando se habla de desarrollo personal de los empleados en la mayoría de las organizaciones a través de la formación es casi obligado recordar en primer lugar que, en gran número de compañías, el departamento que se cuida de llevar a cabo tan ingrata a la vez que gratificante tarea  suele ser la cenicienta del organigrama, falto de recursos, autonomía…. y presupuesto.
En efecto, no es inhabitual que el añadido “y desarrollo” que figura hoy en casi todos los nombres de los departamentos “de formación” no pase de ser una coletilla estética, ya que si se pregunta  a muchos directivos quién censa las necesidades formativas y organiza los marcos adecuados para atenderlas, contestarán sin empacho que “eso es cosa del departamento de personal” en una clara rémora inconsciente al concepto tradicional de la función de los departamentos de recursos humanos, ceñida al control de las altas y bajas de empleados, confección de nóminas, administración de los traslados, cambios de función profesional y, ya puestos, divulgación en el tablón de anuncios de una catálogo de cursos a los que la gente “puede apuntarse para realizarlos antes de optar a un ascenso”.

Hay que reconocer y valorar, en general, el alto grado de sacrificio y compromiso exhibido por los responsables de formación y desarrollo en su esfuerzo por conciliar las exigencias de los planes estratégicos de la compañía con les expectativas y el perfil profesional de los destinatarios de la formación. Pero este mismo aspecto, que se traduce en conseguir que se aprueben los presupuestos de los planes de formación presentados y previstos como necesarios, hace vulnerables a muchos  profesionales, en su búsqueda de argumentos de refuerzo, a los cantos de sirena de  quien ofrece acciones formativas ni necesarias ni convenientes, a menudo vacías, pero magníficamente presentadas para deslumbrar (cautivar, dicen algunos) y, en apariencia, con un diseño de contenidos personalizado y adaptado que, con frecuencia, se limita a un cambio de logo en los materiales de un mismo curso usado para empresas con necesidades y público objetivo dispares.
No se descubre nada a estas alturas cuando se recuerda que uno de los grandes escollos para diseñar acciones formativas eficaces y con posibilidades de que superen la criba del presupuesto es el poder acreditar una razonable tasa de retorno de la inversión (el eterno dilema entre gasto e inversión aplicado a la formación) o una necesidad imperiosa por imposición legal o de normativa u operativa interna. Todos los responsables de los departamentos de Formación, de Desarrollo y, por extensión, de Recursos Humanos, han sufrido en sus carnes el desasosiego de haber obtenido soluciones que no contentan a ninguna de las partes, por lo que también saben que ha de respetarse con el máximo rigor la secuencia de planteamiento previo que sigue:

-   ¿Qué formación para el personal exige la implantación o el seguimiento del plan estratégico de la compañía?
-          ¿Qué formación impuesta legal/normativa/operativamente cabe añadir?
-          ¿Qué personal se ve afectado directa o indirectamente?
-          ¿Qué perfil profesional y qué condicionantes personales tienen estas personas?
-          ¿Qué plazo hay establecido para la aplicación práctica de la formación?

Si a todo ello se suma la referencia al presupuesto de que se dispone, ya se tienen los datos necesarios para establecer el marco, los contenidos, los destinatarios e incluso el formato de impartición.

¿Qué formación facilitar?

En el proceso de análisis previo al diseño de los marcos formativos adecuados, es innegable que, junto con la convicción de que la formación es necesaria en todo momento para cubrir necesidades organizacionales pero también personales, deben de ponderarse diferentes variables entre las que nos permitiremos señalar dos que representan a menudo dos escollos considerables en dicho proceso, exceptuando la espada de Damocles que encarna siempre el presupuesto de formación.

La primera es identificar con precisión si la necesidad se sustenta en materias alineadas con la estrategia de la organización, con materias operativas o instrumentales del negocio o con imposiciones normativas o legales. Es usual que la línea que separa la determinación de urgencias de unas u otras pasa por  la valoración de la tasa de retorno de la inversión, llegando de este modo al eterno problema: el presupuesto de formación, ¿cómo debe contabilizarse? ¿como gasto o como inversión? Para resolver este enigma, suele acudirse al recurso de considerar que, si la formación obedece a estrategia (básicamente comercial, cuyo resultado es medible en tiempo y volumen de negocio conseguido), es inversión; en cambio, si la formación obedece a cumplimiento de exigencias legales o normativas o es fruto de un cambio de sistemas operativos, por ejemplo, es gasto.
Sin entrar a polemizar, lo cierto es que esta separación artificial hace aguas desde el momento en que pueden establecerse excepciones. Por ejemplo, supongamos que una entidad financiera diseña un marco formativo para todo su personal en cumplimiento de la Ley de Prevención del blanqueo de capitales, cuyo coste encuadra automáticamente en el correspondiente epígrafe de gastos. Sin embargo, si gracias a la sensibilización e identificación de rol conseguidas en la formación, y siguiendo los procedimientos establecidos que se han enseñado en misma, la actuación de un sólo empleado consigue evitar que la entidad se vea utilizada en operaciones delictivas, el coste ha sido una inversión más que un gasto y, posiblemente, muy rentable. De la misma forma, si el correcto conocimiento de una nueva aplicación informática ayuda a evitar quebrantos a la entidad, la formación necesaria cabe conceptuarla también más como inversión.
De cualquier forma, la urgencia y consideración del tipo de formación (estratégica, instrumental/operativa y legalmente impuesta) sí que tiene que ver con el diseño formal, afectad, además, del público objetivo a que se dirige.

La segunda variable a tener muy en cuenta, particularmente en el sector financiero, es la rápida evolución del mapa del mismo en un tobogán frenético de fusiones, absorciones, alianzas, etc., que obliga a replantearse continuamente las necesidades. Es habitual que la suma de dos o más entidades evidencie que las estrategias seguidas por cada una de ellas separadamente han conducido a perfiles profesionales diferentes que, naturalmente, deben aglutinarse y alinearse con la estrategia de la entidad resultante. En ese marco, el análisis de necesidades debe ser muy cuidadoso ponderando con extremo celo el mantenimiento (y, si es posible, el incremento) de la motivación y expectativas creíbles de los empleados, sea cual sea su entidad de origen y el aprovechamiento de las acciones efectuadas para el nuevo objetivo común. Dicho de forma coloquial, evitar lo que hacen los malos gobernantes que atribuyen siempre las acciones polémicas o incómodas a la herencia recibida mientras que las acciones popularmente bien vistas son fruto exclusivo de su buen gobierno.
No se trata de que el responsable de formación de una entidad resultante de un proceso de fusión  deba plegarse a la “herencia” recibida, sino que tenga en cuenta que las decisiones tomadas anteriormente por cada una de las entidades, soberana hasta este momento, fueron, seguramente, las más acertadas en su día y establecer sobre ellas los nuevos marcos. Si nos fijamos con un mínimo de atención, observaremos que, de esta circunstancia, nace la que, sin duda, es la formación más relevante en el momento actual, formación que sería un error tratar de forma desdeñosa: la formación actitudinal y en valores de los empleados de la nueva entidad resultante.
Por último en este aspecto, y aunque no forma parte de la formación en sí, los departamentos de formación y desarrollo de personas han de ser muy cuidadosos en asimilar o no la formación recibida o a recibir como parte de un plan de carrera en el que la posible promoción se estructure automáticamente en el nivel de formación recibida sin tener en cuenta otros aspectos de la persona.

¿A quién debe dirigirse la formación?

De la misma forma que ocurre cuando llevamos nuestro coche al taller de reparaciones para un revisión, que admitimos con total normalidad que el mecánico que nos atiende nos dirija a personas diferentes del taller dependiendo de si el problema que planteamos es eléctrico, mecánico o de otra clase, el destinatario de un marco formativo debe ser escogido en función de su perfil personal y las necesidades estratégicas/instrumentales/normativas que se pretendan cubrir.
Es cierto que durante mucho tiempo se ha instalado la idea, posiblemente en evitación de improbables agravios, del “café para todos”, de tal suerte que si se publicitaba una estrategia de crecimiento basada en el incremento de negocio de import-export, se diseñaban con celeridad unas acciones formativas mediante las cuales todo el personal se había de presuponer experto en los entresijos del funcionamiento de los créditos documentarios, pongamos por caso. Con independencia del éxito comercial que pudiera tener esa nueva orientación comercial del negocio, lo que parece fuera de duda es que todo el personal no debe tener el mismo nivel de formación en todas las materias, si bien sí es conveniente que haya un poso común de conocimiento generalista.
Este punto debe ser tratado convenientemente por su importancia en la valoración posterior del retorno de la inversión toda vez que la impartición de un marco de formación a destinatarios ajenos a la aplicación de la materia puede ser interpretada como forzada y alejada de los intereses personales de cada uno de ellos; sin embargo, si previamente se ha analizado el historial, circunstancias personales y capacidades de los llamados a la formación, su identificación con los objetivos institucionales puede mejorar ostensiblemente; en definitiva, es radicalmente la percepción de acudir a un curso “porque toca o porque tengo que ir” que el hacerlo a uno que “es el que yo estaba esperando”, en cuyo caso se impone la idea de que efectivamente la organización cuida de los intereses particulares en el desarrollo personal.

En este sentido, lo más relevante en identificar los destinatarios de los marcos formativos es, precisamente, la labor del departamento de formación y desarrollo que no se ve, de análisis y encaje de personas según su experiencia, perfil, actitud, circunstancias personales a cada línea de la estrategia diseñada por la entidad para su crecimiento y el de las personas que la integran. Seguramente con esta labor callada bien desarrollada, incluso la elección del formato será más llevadera que si no se hiciera, en el sentido de que, sin olvidar que la formación es cara, elegir un formato extensivo, presencial, on line, interno, externalizado, etc. obedecerá únicamente a aspectos puramente técnicos y no ligados a los destinatarios.

jueves, 12 de abril de 2012

La responsabilidad social de las entidades financieras

Por desgracia, es casi diario el goteo de noticias que nos hablan de dramas personales vinculados al impago de préstamos hipotecarios, de los que muchos están representados por el desahucio de la vivienda.
Y surgen las preguntas: ciertamente la crisis ha hecho (está haciendo) estragos a todos aquellos a quienes afecta de lleno. Es verdad que por ese motivo han aumentado los impagos de cuotas, si bien es cierto que el porcentaje de impago de particulares es menor que el de promotores, pero eso forma parte de otro análisis y, consecuentemente, las ejecuciones hipotecarias, de acuerdo con una ley que no nos cansaremos de repetir que requiere una revisión sosegada, han crecido exponencialmente, pero dentro de este panorama oscuro, queda la duda razonable de si algunas de esas acciones podían haberse evitado, y la conclusión es que sí.
Partamos, no obstante, de premisas consistentes:
1.- no puede volverse atrás en el tiempo y debe admitirse que la euforia del "España va bien" en la que aparentemente todo valía provocó una catarsis general de consecuencias, entonces, imprevisibles.
2.- las entidades financieras son empresas CON ánimo de lucro. Pero no de CUALQUIER lucro ni de CUALQUIER forma.

Una vez dicho esto, lo que resulta obvio es que muchas de las actuales situaciones podrían haberse evitado aplicando puro sentido común, obnubilado entonces por la "necesidad" de tener tasas mantenidas de crecimiento de negocio de dos dígitos anuales (ahí están las hemerotecas para sonrojo de algunos) y por las coacciones (sí, coacciones) a los responsables de oficinas cuyo futuro estaba en entredicho si no conseguían el ritmo de crecimiento impuesto "desde las alturas". De ahí a pervertir todo un sistema de estudio de operaciones, con el fin de inflar los números, va un pasito corto.

Veamos un ejemplo ilustrativo:
- un solicitante de préstamo para adquirir una vivienda no acredita ingresos suficientes como para asumir las cuotas, por lo que caben dos soluciones: denegación de la operación o búsqueda de alternativas de cobro.
Hasta aquí, todo razonable; el problema de fondo es que, de forma incomprensible, se dio preeminencia al valor de la garantía quedando en un segundo plano la capacidad de reembolso del peticionario, con lo que, éste, en su afán de conseguir la vivienda, buscó entre sus familiares y/o amigos quien pudiera, no sustituirlo en los pagos si él no podía, sino aportar garantías adicionales a ejecutar en caso de malograrse la operación. No se cuestiona la responsabilidad de quien ingenuamente, creyendo hacer un favor a un familiar/amigo, no se percató de la trampa en la que entraba, pero es difícil creer que los departamentos de análisis de operaciones no observaran estas circunstancias cuando en el examen comprobaran que no había aumentado la capacidad de reembolso y, anticipándose, no previeran que la única posibilidad de resarcirse de la inversión en caso de dificultades sería la ejecución hipotecaria de los bienes de alguien que YA SABÍAN que no podría pagar.




Y aún así se autorizaron cientos de operaciones con ese perfil. Aún a riesgo de perder negocio, ¿seguro que no tienen responsabilidad moral en ninguno de los desahucios actuales? Además, en todo caso, la eventual pérdida de negocio hubiera sido plenamente coyuntural como lo demuestra que, en la vorágine actual, aún hay entidades cuya exposición al riesgo de los impagos de hipotecas es plenamente asumible ¿A quién debe atribuirse la perversión de los parámetros de análisis? ¿A quién el imponer, cuando se barruntaban ya los nubarrones en el sector inmobiliario, el mantenimiento de las mismas tasas suicidas de crecimiento?

En otro momento será necesario abordar el análisis de que, con esas estrategias, nos hayamos visto todos obligados a ayudarles a capear la crisis mientras las víctimas de sus errores no encuentran ni el consuelo de que el legislador asuma la necesidad de revisar la ley.