miércoles, 30 de marzo de 2022

¿Cosas de filosofía?



Durante casi medio siglo, el filósofo Bernard-Henri Lévy ha sido uno de los intelectuales públicos más visibles de Francia. Es el filósofo contemporáneo más famoso, provocador y venerado. Recientemente alabó en el dominical de su país, Journal du Dimanche, al presidente ucraniano, Volodimir Zelensky: “Su humor, que no lo abandona ni aunque le lluevan los misiles”.

Zelenski le recuerda a otros luchadores por la libertad que el filósofo ha conocido, que “aprendieron a hacer la guerra sin amarla”. “Este hombre se ha convertido en la pesadilla de Putin. Si le enviamos las armas, aviones y defensas que tanto necesita, puede convertirse en el hombre que acabe con él”, añadió.

Por su parte, Aleksandr Dugin es un intelectual que se ha convertido en una de las grandes influencias de Vladimir Putin. David Von Drehle, en su columna para The Washington Post, describió que “la influencia intelectual de Dugin sobre el líder ruso es bien conocida por los estudiosos cercanos del periodo postsoviético, entre los que a veces se refiere a Dugin, de 60 años, como el ‘cerebro de Putin’. Su trabajo también es familiar para la ‘nueva derecha’ europea, de la que Dugin ha sido una figura destacada durante casi tres décadas, y para la ‘alt-right’ estadounidense”.

Durante los últimos 20 años, es quien creó los relatos necesarios para que el jefe de estado ruso pudiera solidificarse en el poder. Un libro de su autoría, publicado en 1997, titulado Los fundamentos de la geopolítica: El futuro geopolítico de Rusia, afirma: “Los agentes rusos deberían fomentar las divisiones raciales, religiosas y seccionales dentro de Estados Unidos mientras promueven las facciones aislacionistas de ese país. En Gran Bretaña, el esfuerzo de operaciones psicológicas debería centrarse en exacerbar las desavenencias históricas con la Europa continental y los movimientos separatistas en Escocia, Gales e Irlanda. Europa occidental, mientras tanto, debería ser atraída en dirección a Rusia por el atractivo de los recursos naturales: petróleo, gas y alimentos. La OTAN se derrumbaría desde dentro“.

Pero sus puntos de vista completamente diversos ya se enfrentaron tres años atrás. Hace tres años se produjo un debate "entre filósofos" que cobra actualidad ahora. Fue recogido por Infobae y reproducimos sin cambiar ni una coma.


Fue por invitación del Instituto Nexus, una de las organizaciones intelectuales más prestigiosas que mantienen vivo el espíritu del humanismo europeo, que celebró su 25º aniversario en octubre de 2019 con un simposio público, que abrió con un duelo intelectual entre los dos filósofos Bernard-Henri Lévy y Aleksandr Dugin.

Comienza el debate Dugin: “Creo que nos acercamos al final de la hegemonía occidental, del dominio estadounidense o del liberalismo global. Me gustaría preguntarle por qué sigue defendiendo este sistema cada vez más abiertamente nihilista, por qué lucha por esta modernidad decadente, en decadencia, y por qué invierte todo su poder intelectual para defenderla”.

“Lucho por la modernidad política, porque significa democracia, libertad, igualdad entre mujeres y hombres, laicismo, etc.”, contesta el francés. “Aunque la modernidad política probablemente esté en crisis, rechazo la idea de su decadencia irreversible y, peor aún, de su desaparición. Y lo rechazo porque creo firmemente que la supervivencia de la democracia liberal es una ventaja para el mundo entero”.

Lévy le dice que ambos piensan de manera opuesta en la mayoría de los temas. “Pero reconozco su importancia, al menos en la escena rusa. Por eso te leo atentamente. Y para mí, la personificación del nihilismo actual eres tú. Y tus amigos. Y la corriente euroasiática. Y el ambiente morboso que llena tus libros. Y la forma en que disuelve la idea misma de los derechos humanos, de las libertades personales, de las singularidades, en algunos grandes bloques de comunidad, grandes religiones, orígenes sagrados”.

“Desafío que el sujeto de la libertad sea el individuo”, contesta Dugin. “Por ejemplo, en nuestra tradición rusa, el sujeto de la libertad o el sujeto humano no es individual, es colectivo. Y eso fue en la época de los zares, eso lo definió la iglesia, después el comunismo. Pero la identidad colectiva siempre fue dominante en nuestra cultura. (...) Solo cuestiono que la única forma de interpretar la democracia es como el gobierno de las minorías contra la mayoría, que la única forma de interpretar la libertad es como la libertad individual, y que la única forma de interpretar los derechos humanos es proyectando un estilo moderno, occidental, versión individualista de lo que significa ser humano en otras culturas”.

Pero Lévy lo contradice: “Soy lo suficientemente amigo de Rusia para saber que lo que acabas de decir sobre el lugar de la subjetividad en la tradición rusa no es cierto. También tienes la tradición de Herzen, de Pushkin, de Turgenev, una parte de Sacharov, toda la gloriosa tradición de los disidentes que lucharon contra el totalitarismo de la Unión Soviética, y que libraron esta lucha en nombre de la individualidad, los derechos del sujeto y los derechos humanos. Ahora bien, ¿qué es la democracia? Es el gobierno de la mayoría y también el gobierno de la minoría. Es una arquitectura muy compleja, que evoluciona a lo largo del tiempo, que se enriquece, y la diferencia entre la democracia y todo tipo de autoritarismo, incluido el de Putin en Rusia hoy”.

Bernard-Henri Lévy, uno de los intelectuales públicos más visibles de Francia


Y agrega: “La mejor definición de nihilismo la tenemos en nuestra memoria. Es Rusia, con sus 24 millones de muertos durante la Gran Guerra Patriótica. Es Europa, ocupada por el nazismo. Y son los judíos, mi pueblo, casi exterminados, reducidos a la nada por los peores nihilistas de todos los tiempos. Sí, hay una definición verdadera de nihilismo, que es: aquellos que cometieron estos crímenes. Y esta gente, estos nazis, no vinieron del cielo. Provenían de los ideólogos. De Carl Schmitt. De Spengler. De Steward Chamberlain. De Karl Haushofer. Todas las personas que lamento ver que te gustan, y citas, y tomas sus palabras como inspiración. Entonces, para mí, cuando digo que eres un nihilista, cuando digo que Putin es un nihilista, cuando digo que en Moscú hay una atmósfera morbosa de nihilismo (que crea, por cierto, algunas muertes reales: Anna Politkovskaya, Boris Nemtsov y tantos otros, asesinados en Moscú o en Londres), lo digo en serio. Y quiero decir que, por desgracia para esta gran civilización rusa de hoy, hay un viento malo y oscuro de nihilismo en su sentido propio, que es un sentido nazi y fascista, que está soplando en la gran Rusia”.

Dugin, por su parte, dice que el pueblo soviético luchó esta Guerra Patria para detener el fascismo en Europa, en Rusia, y para salvar a todas las personas que sufren en esa situación. “Y culpo fuertemente a todo tipo de racismo. Yo no defiendo eso. Pero el racismo es una construcción liberal anglosajona basada en una jerarquía entre los pueblos. Creo que esto es criminal. Y creo que ahora, el globalismo repite este mismo crimen, porque lo que los globalistas, los liberales, como usted y las personas que apoyan sus ideas, ahora intentan afirmar como valores universales, son simplemente valores modernos, occidentales, liberales. Y ese es un nuevo tipo de racismo; cultural, racismo civilizatorio. Los que están a favor de los valores occidentales, son buenos. Todos los que desafían eso son populistas y están clasificados como fascismo”.

“Cuando dices que creer en valores universales es una nueva forma de totalitarismo, etc., lo siento, pero esto es muy miope”, contraataca Lévy. “Su civilización, la rusa, que venero y respeto, inventó, por ejemplo, a través de Aleksandr Solzhenitsyn, la idea misma de la lucha contra el totalitarismo. En el mismo sentido, Europa también inventó algunas cosas, que son ganancias para toda la humanidad. Por ejemplo, la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Por ejemplo, el derecho de un cuerpo a no ser torturado, a no ser encadenado o esclavizado. Este derecho es universal. La idea no es imponer un patrón a los demás. Es tomar en cada civilización el bien para el resto de la humanidad que inventó. Y uno de esos bienes, en Europa, es la civilización de los derechos humanos, la libertad, la dignidad individual, etc. Esto merece ser universalizado. Esto debe concebirse, salvo si se es racista, como provechoso para toda la humanidad.Ahora, ¿es usted, Sr. Dugin, un racista? Me alegra saber que finges que no te gusta el racismo. Pero no estoy tan seguro de que seas sincero”.

“Leí, hace unos días, un libro suyo llamado La revolución conservadora. Página 256. Y estás hablando, en esta página, de la rivalidad metafísica y la guerra entre arios y judíos. Y dices que esto es un desafío, que esto es un debate, no solo de este siglo sino de todos los tiempos. Por lo tanto, claramente eres antisemita”, lo acusa.

Dugin se defiende. ”Tengo muchos amigos en Israel, en círculos tradicionalistas de Israel que comparten mi opinión. Son judíos que creen en Dios. A diferencia de ti, te defines como un judío que no cree en el Dios judío. Para mis amigos, esto sería absolutamente antisemita, porque los judíos son el pueblo de Dios, y esa es la esencia. Así que sin Dios los judíos pierden su esencia, su misión religiosa, su lugar en la historia”.

“La influencia intelectual de Dugin sobre el líder ruso es bien conocida por los estudiosos"


“Sobre el judaísmo, tienes que revisar tu información. Es un poco más complicado que eso”, lo contradice Lévy. “Ser judío, por supuesto, es tener una relación con Dios. Pero es una relación que se basa en el estudio, más que en el credo. Y esa es, por cierto, la principal diferencia entre el judaísmo y el cristianismo. Y lo que temo cuando te leo, y lo que encuentro cuando te leo a ti y a todos los escritores de esta corriente euroasiática que se supone inspira a Putin, y lo que encuentro tan morboso, tan oliente a muerte y tan nihilista, es el hecho de concebir estas civilizaciones como bloques. Dices que respetas el Islam, respetas la civilización japonesa, respetas la civilización turca, y tal vez a los judíos. Pero con dos condiciones: que cada uno permanezca en su sitio, y que haya la menor comunicación posible entre ellos. (...) Y cuando miras a Vladimir Putin hoy, cuando miras lo que dice cuando se dirige a Europa, cuando se dirige a Estados Unidos, cuando se dirige a los derechos humanos, etc. cuando se dirige a Ucrania, cuando ataca a Ucrania en Crimea, es un discurso de guerra. Entonces, una filosofía de la guerra, una filosofía que considera a las civilizaciones como bloques holísticos en guerra entre sí, tiene como resultado natural una práctica de guerra, que Vladimir Putin implementa hoy”.

”¿Vienes a menudo a los Estados Unidos?”, le pregunta a Dugin, que contesta que ”de vez en cuando, pero ahora estoy bajo sanciones”.

“Espero que se le permita volver; descubrirá que en las universidades estadounidenses, nada es más activo que estos departamentos de estudios de la alteridad. Estados Unidos tiene muchos defectos, muchos problemas, pero una de las cosas buenas de Estados Unidos hoy, desde hace mucho, pero hoy más que nunca, es esta atención a la otredad. Por supuesto, esta atención a la otredad también puede tener un lado oscuro y, a veces, es una corrección política obstinada”, y le pregunte: ¿Qué opina de la agresión de su país contra Crimea? ¿Y qué piensa de la agresión contra el este de Ucrania por parte de paramilitares o militares de su país?”.

“Históricamente, a través de la agresión contra los países vecinos, Rusia ha creado Ucrania. Y la última pieza la añadió Stalin, de lo que antes formaba parte del imperio austrohúngaro: Lemberg, o Lwów. Entonces Ucrania es una entidad compuesta que apareció después de la caída de la Unión Soviética. Y existía la posibilidad de crear una identidad ucraniana; tuvo la oportunidad de crear su estructura nacional respetando tanto a las personas que viven allí, en el este de Ucrania como en el oeste de Ucrania, y encontrar un equilibrio. Deberíamos haber liberado el este de Ucrania con Crimea, y deberíamos haber propuesto recrear Ucrania, una Ucrania independiente como puente entre nosotros y Europa, basada en el respeto de ambas identidades. Ese fue el error, que solo tomamos Crimea y el Donbass. Deberíamos haber restaurado y reconstruido Ucrania en su conjunto”.

“Veo una pura y rabiosa agresión y violación del derecho internacional, veo un intento de reescribir y revisar la historia, que por cierto, si te entiendo bien, hoy persigues. Cuando dices que Ucrania es un estado nuevo, esto es lo que escuché: ¿cómo puedes decir eso? Ucrania existió antes que Rusia”, cuestiona Lévy. “Ucrania es un país antiguo, más antiguo que Rusia”.

“Es Rusia”, combate Dugin.

“Puedes, si quieres, elegir, como el Sr. Trump, tu ‘verdad alternativa’. Pero, por desgracia, los hechos están ahí. Ucrania es una nación antigua. Crimea también. Y Crimea quedó bajo la bota rusa solo debido a un proceso colonial tardío. De todos modos… Las discusiones, sobre estos temas, son tan interminables que lo mejor que podemos hacer, señor Dugin, es respetar, por imperfectas que sean, las leyes internacionales, las leyes que podrían evitar que caigamos en otra catástrofe como la que costó tu pueblo 24 millones de muertos, 24 millones de valientes soldados y civiles destruidos por Hitler, y que tanta ruina le costó a Europa. (...) Y lo que hizo Putin en Crimea va en contra de los intereses de nuestros hijos y nietos”.

“Creo que no podríamos acusar, en esa situación, solo a Putin. Esta es una imagen equivocada. Putin trató de afirmar la voz rusa”, afirma el filósofo ruso.

“No se puede encontrar un partido de extrema derecha y neofascista en Europa que no esté al menos bendecido y, en el mejor de los casos, financiado por Rusia. No se puede encontrar una crisis en Europa que no sea alentada por Rusia. No se puede contar el número, en 2014 y 2015, de violaciones del espacio aéreo de Polonia, Lituania e incluso a veces Francia por parte de aviones rusos”.

Luego de varios otros puntos de Debate, Lévy finaliza: “Hay una gran lucha en todo el mundo entre los valores liberales y los valores no liberales. Esta lucha también atraviesa nuestros países. Tienes algunos liberales en Rusia y nosotros tenemos algunos antiliberales en Europa. Y lo que es cierto es que el liberalismo enfrenta el mismo tipo de crisis de credibilidad que enfrentó en la década de 1930 o al comienzo del siglo XX. Pero en esta lucha, señor Dugin, lo confirmo hoy, estaremos en los lados opuestos de las barricadas. Porque para mí, una prensa libre no es totalitarismo. El respeto por las ideas liberales y por la libertad no es otro totalitarismo. El laicismo, los derechos de la mujer no pueden ser colocados, como hicisteis al comienzo de nuestro encuentro, al mismo nivel que el fascismo y el comunismo. Hoy hay un verdadero choque de civilizaciones. Pero no el que mencionas en tus libros, entre el norte y el este y el oeste y el sur y todo eso; hay un choque de civilizaciones en todo el planeta entre los que creen en los derechos humanos, en la libertad, en el derecho a que un cuerpo no sea torturado y martirizado, y los que están contentos con el antiliberalismo y el resurgimiento del autoritarismo y la esclavitud. Y esta es la diferencia entre tú y yo. Lamento haberlo confirmado hoy una vez más”.

 


domingo, 27 de marzo de 2022

La historia se repite…


El reciente conflicto Rusia de Putin+Kremlin – Ucrania y la desinformación en torno a él, con la invasión de esta última por las tropas rusas, sin entrar en sus motivos de fondo (si es que los hay que permitan el uso de las armas, especialmente, contra la población civil), tiene un antecedente casi calcado en Afganistán, más de cuarenta años atrás, en 1979. Efectivamente, en diciembre de ese año el régimen soviético de pensamiento único, presidido entonces por un Leonid Brézhnev enfermo y unos militares ambiciosos de medallas y de sueños de grandeza (y Vladimir Putin trabajando y “preparándose” en las oficinas del vigilante KGB en Moscú), decidió invadir Afganistán1. En los nueve años, un mes y quince días que duró la guerra más de medio millón de hombres y de mujeres (muchos voluntarios engañados por la propaganda patriótica, otros obligados o animados por las circunstancias) pasaron por la puerta del infierno-paraíso que, supuestamente, les abriría paso a los mares calientes del Índico. Oficialmente, 15.051 de ellos perdieron la vida, 54.000 resultaron heridos y 417 desaparecieron en combate o fueron hechos prisioneros (en el año 2000 todavía faltaban por regresar 287 personas, que seguían prisioneras o en paradero desconocido) y acabó con la juventud y la humanidad de varias decenas de miles de soldados más. Los muertos volvían a casa en ataúdes de zinc sellados mientras el estado no reconocía ni la mera existencia del conflicto. La derrota y retirada ominosa tras diez años de mentiras aceleró el fin o dio la puntilla al imperio exterior construido desde la revolución de octubre, en 1917. La victoria de los muyahidín con ayuda de Occidente y de las principales potencias musulmanas creó un monstruo que, años después, dio vida a Al Qaeda. Y tal como ocurrió con los americanos de Vietnam, el regreso a casa de los combatientes estuvo marcado por graves problemas de reinserción, violencia, alcoholismo y la ausencia de un reconocimiento oficial por parte de las autoridades. Tanto entonces en Afganistán (muchos soldados les mentían a sus familiares al afirmar que no estaban en Afganistán, sido que habían sido destinados a Mongolia) como ahora en Ucrania, la desinformación era/es un arma potentísima (ahora, el Parlamento de Rusia ha prohibido que los medios usen las palabras guerra, ataque o invasión, y amenaza con una ley que castiga con hasta quince años de cárcel -dedicado especialmente a los que predican aquello de que “la ley se ha de cumplir siempre”- a quien publique algo que no coincida con la versión oficial; nada nuevo, por cierto: aquí estuvo prohibido, y sujeto a fuertes sanciones, el uso de la expresión presos políticos. El poder siempre sanciona a quien no piensa como él y se atreve a querer argumentarlo).


La historia oficial, en un sentido o en otro, nada tiene que ver, frecuentemente, con la realidad y el sufrimiento de las personas, que se suele ocultar, y depende, ni más ni menos, y sólo, de hacia qué lado se decanta la balanza. Pero, para paliar ese “olvido” están libros como “Los muchachos de zinc” (el título está tomado de los ataúdes de zinc2 en los que eran devueltos a sus casas los soldados muertos en la contienda. En palabras de su autora,”Nadie había visto todavía los ataúdes de zinc... Fue más tarde cuando nos enteramos de que los ataúdes llegaban a la ciudad y que los enterraban en secreto, de noche, y en las lápidas ponían 'falleció' en vez de 'cayó en combate'... Los periódicos decían que nuestros soldados construían puentes, y que nuestros médicos atendían a las mujeres y a los niños afganos"), de Svetlana Aleksiévich, a lo largo de cuyas páginas, recupera los testimonios cándidos y emocionantes, la voz de los sin voz, de oficiales, soldados rasos, enfermeras, prostitutas, madres, esposas, hijos y amigos en la guerra de Afganistán que describen la guerra y sus duraderos efectos, una generación completa marcada por esta guerra que con los años ha ido pasando al olvido. La obra generó una inmensa polémica y mucha indignación cuando fue publicada originalmente en la URSS en 19803: las críticas acusaron a su autora de haber escrito un «texto fantasioso lleno de injurias» y de ser parte de «un coro histérico de ataques malignos». El resultado es una historia turbadora por su brutalidad y reveladora en su parecido a la experiencia estadounidense en Vietnam y más tarde en Irak y el mismo Afganistán o en cualquier guerra. Para la autora, la guerra en sí es todo un mundo, no un suceso, y la verdad de la guerra no está en los cuarteles, en los partes oficiales o en los estados mayores, sino en los recuerdos de sus víctimas, que son casi todos, pues, como el escritor también ruso, Fiodor Dostoievski en Los demonios, no entiende de guerras justas: en ellas todos somos culpables. De testimonio en testimonio, de voz en voz, Svetlana Aleksiévich reconstruye la verdadera guerra: la primera vez que matas, cómo te acostumbras a los cadáveres, los que se mutilan con los cerrojos de las ametralladoras para que los devuelvan a casa, las armas obsoletas, el rancho basura, la falta de medicamentos, el color de la sangre sobre la arena ("En el hospital es roja, sobre la arena seca es gris, sobre una roca, cuando anochece, es de color azul, pero ya no está viva"), cuándo hay más muertes,.... "Se muere más en los primeros y en los últimos meses", escribe la autora. "En los primeros por exceso de curiosidad, en los últimos por una especie de desconexión del centro de vigilancia interno. Cuando te falta poco para volver estás como sumido en el estupor. Lo peor de la guerra es, si sobrevives, volver a casa y avergonzarse del uniforme". Svetlana Aleksiévich expone la verdad de la guerra afgano-soviética: la belleza del país y los brutales abusos del ejército, las muertes y las mutilaciones, la profusión de productos occidentales, las vidas humilladas y destrozadas de los veteranos. Los muchachos de zinc ofrece una perspectiva única, desgarradora e inolvidable sobre la realidad de la guerra.


Y ¿quién es Svetlana Aleksiévich? Pues una ya conocida en este blog a raíz de un análisis del papel de la mujer en las guerras, nació por casualidad en Stanislav (Ucrania, ahora llamado Ivano-Frankivsk) en 1948, pero creció en Bielorrusia, de donde era originario su padre, militar, y actualmente vive en París. Desde antes de graduarse en la Universidad de Minsk, en Bielorrusia, empezó a trabajar como periodista en periódicos locales. Su trabajo, que ha sido descrito como "coral" o "sinfónico", se basa en testimonios de la gente común sobre eventos de gran trascendencia histórica para la antigua Unión Soviética, ha centrado su carrera literaria en escuchar a la gente sencilla y en transmitir las pequeñas historias de los hombres y mujeres comunes, envueltos a su pesar en eventos extraordinarios. Es la creadora de su propio género literario, la «novela de voces», con la que da voz a la gente común para explicar la historia de la antigua Unión Soviética y de los actuales estados que formaron parte de ella, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la fecha; mediante una sucesión de testimonios, sus libros muestran un retrato de la realidad difícil de superar ("Cuando se habla de grandes ideas, nadie habla con la gente común y corriente. Mi historia sería sobre socialismo doméstico, mo lo vivió la gente. Por eso decidí ser una historiadora de sentimientos, no una historiadora oficial. Lo que más me interesa no es el suceso en sí, sino el suceso de los sentimientos. Digamos, el alma de los sucesos. Para mí, esos sentimientos son la realidad"). Sus obras fueron censuradas en la Unión Soviética, y fue con la llegada de Gorbachov al poder y la Perestroika cuando pudo publicar con normalidad. Sus libros han sido traducidos a más de treinta idiomas, han sido la base para una docena de obras teatrales y se han realizado documentales de más de veinte de los guiones que ha escrito. Su obra es una fotografía de la dimensión humana de los hombres, y las mujeres pequeños. Ha escuchado así las voces (no tenidas en cuenta nunca antes) de mujeres rusas y ha escrito sobre su participación en la Segunda Guerra Mundial (‘La guerra no tiene rostro de mujer’); se ha hecho eco de las experiencias de los supervivientes de la invasión soviética a Afganistán (‘Los muchachos de zinc’, con también una excelente traducción al catalán como “Els nois de zinc”) y del accidente nuclear de Chernóbil (‘Voces de Chernóbil: crónica del futuro’). En último libro, sobre la caída de la Unión Soviética y los años posteriores, ‘El fin del Homo Sovieticus’, da voz a cientos de damnificados, cartografiando al individuo soviético y postsoviético. En octubre de 2015, cuando es galardonada con el Premio Nobel de Literatura, la Academia Sueca sorprende al mundo de las letras al premiar por primera vez a un autora cuya obra es íntegramente de no ficción; se reconocía así el género del reportaje periodístico como altamente premiable. La trayectoria de Svetlana Aleksiévich es considerada por fin una obra periodística de enorme altura que merecía un premio también a la altura. El dictamen de la academia destacaba “sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”. Sin embargo, tanto las autoridades rusas como las bielorrusas han prohibido sus libros, la autora no es profeta en su tierra y los medios de comunicación estatales ignoraron su obra durante años. Pese a ello la escritora es una suerte de autoridad moral y es respetada tanto por políticos de la oposición como por activistas de derechos humanos.

Este rápido repaso a los hechos realmente importantes que siempre se repiten, al margen de lo que diga la Historia escrita, nos debería hacer reflexionar a todos sobre el auténtico valor de la PERSONA en la historiografía oficial de cualquier territorio (es un aspecto común en todos ellos), pese a lo que registren los libros de justificación siempre de los hechos, no de lo que hacen/piensan las personas, bajo la óptica del bando vencedor. Por cierto, para acabar con buen sabor de boca, al parecer, la escritora bielorrusa, autora también de tres piezas teatrales y de 21 guiones para el cine, prepara ahora una nueva novela que se aleja de los eventos internacionales transcendentales, o no: esta vez será un libro sobre el amor y la felicidad. Sobre aquello que dota de sentido nuestras vidas.


----------------------------

 

1El propósito no es nuevo, sino que obedece a un anhelo histórico. El día 20 de enero de 1801, los soldados de Vasili Orlov, el jefe de los cosacos del río Don, recibieron la orden de dirigirse a la India. Muy pronto treinta mil hombres cruzarían el Volga y se adentrarían en las estepas de Kazajistán.. Tardarían un mes en llegar a Oremburgo y, desde allí, les quedarían todavía otros tres meses, «pasando por Bujará y Jiva, hasta alcanzar el río Indo».

2No siempre llenos; “Había visto a un hombre quedar reducido a la nada en un segundo, como si nunca hubiera existido. Y entonces enviaban a casa el uniforme de gala en un ataúd vacío. Dentro echaban tierra para que pesara lo debido…”, recuerda un soldado granadero en su testimonio en el libro.

3Según la acusación, promovida por mandos militares y políticos, la autora había manipulado las palabras de lo entrevistados y desprestigiado gravemente a la gran patria soviética. En su defensa se abrió un intenso debate sobre el concepto y los límites del género de la narrativa documental, la diferencia con los artículos oficiales publicados y el margen de libertad de un autor para elaborar una redacción literaria a partir de testimonios orales. Las respuestas, escritas por el escritor, presidente del PEN Club de Bielorrusia y diputado del Soviet Supremo Vasil Bykov, son una lección magnífica sobre géneros literarios y periodísticos y el derecho de autor.

 

sábado, 26 de marzo de 2022

Cambio de hora.

 


Esta noche hay un cambio de hora, tema polémico de por sí con ardientes defensores y enconados detractores, por lo que, más allá del tierno recuerdo de nuestro vecino Alonso, ya fallecido, que decía muy en serio que lo que más le molestaba de la medida era tener que levantarse de madrugada a cambiar la hora en el reloj, no entraremos. Pero sí en el antecedente necesario de que la hora sea única para todos. Antes de 1900 cada provincia española (de hecho, cada pueblo) tenía una hora diferente dependiendo de su situación geográfica, la de su hora solar visible con los relojes de sol y la sombra del mediodía. Para hacernos una idea, la diferencia horaria entre A Coruña y Girona era de unos 45 minutos. Entre Madrid y Barcelona, las dos grandes ciudades del país, la disimilitud era de una media hora. Una circunstancia que resultaría inconcebible hoy en día, no tanto entonces.



A mediados del siglo XIX las empresas ferroviarias de todo el mundo comenzaron a presionar a sus respectivos gobiernos para conseguir la unificación horaria ya que cuando se construyeron los primeros ferrocarriles de larga distancia, este hecho se convirtió en un gran problema, sobre todo en las conexiones de ciudades que presentaban un claro trazado de este a oeste. La primera línea de ferrocarril que se enfrentó a este problema fue la que enlazaba Londres con Bristol y la compañía adoptó en 1840 como hora oficial la del meridiano de Greenwich. Desde que se tomó esta medida, la puntualidad de los trenes aumentó, algo fundamental en líneas de vía única en las que el retraso de un convoy podía suponer el cruce con otro vehículo. La hora de Greenwich comenzó a ser conocida como la ‘Railway Time’ y finalmente en 1848 se instauró como la oficial para todo el Reino Unido. Las empresas ferroviarias de todo el mundo siguieron el ejemplo de las británicas y pusieron como hora oficial la de la principal localidad de sus líneas. El criterio fue fijado en la conferencia de Washington de 1884, donde se acordó dividir el planeta en 24 husos horarios cada 15 grados de longitud con respecto al citado meridiano, con lo que el cambio de hora entre puntos cercanos desapareció.


En España, en 1859 se dio un primer paso de regularización horaria al ajustar todos los relojes de una línea a la hora de la estación más importante. Sin embargo, esta medida resultó ineficiente al ir creciendo la conexión de las diferentes líneas con Madrid. Al tener el ferrocarril una estructura radial con centro en Madrid, parece que lo lógico es que se impusiera en todas las líneas la hora de la capital española con el fin de regularizar el tráfico ferroviario de todo el país. Este ajuste se produjo en septiembre de 1878, aunque el huso horario ferroviario continuaba siendo diferente del que regía los actos de la vida pública y privada. Esta práctica dio lugar a que los relojes de las estaciones y los de los edificios oficiales diesen horas distintas en numerosas ciudades, pero se simplificó enormemente la organización ferroviaria.


En 1900, Francisco Silvela, presidente del Consejo de Ministros, propuso unificar el huso horario y la rúbrica oficial del decreto tuvo lugar en el palacio de Miramar de San Sebastián el 26 de julio de 1900. En dicha ley, se especificaba que, a partir del 1 de enero de 1901, todos los ferrocarriles, al igual que los principales organismos nacionales, se regirían por el huso horario según el meridiano de Greenwich. Con este decreto, España se adelantó a los países vecinos, ya que Portugal y Francia no adoptaron el sistema internacional hasta 1911.



O sea, que ya vemos que los husos horarios son fruto de los avances técnicos. Otra cosa es el influjo de la política en ellos; para muestra, un botón: España no tiene el huso que le corresponde pues el dictador Franco ordenó que se cambiara para que fuera el mismo que la Alemania de Hitler. Pero esa es otra historia.

domingo, 20 de marzo de 2022

Ucrania, aparte de la política (o no).


Hace unos días nos despertamos soliviantados preocupados y ¿por qué no decirlo? algo asustados y con el corazón en un puño con la noticia de que Vladimir Putin había dado a las tropas rusas a su mando la orden de invadir militarmente la vecina Ucrania en un conflicto que algunos analistas vaticinan que será “el Vietnam de Rusia” por la resistencia del pueblo ucraniano y que se prevé largo en el tiempo y de difícil solución pues ha de pasar por todo un proceso previo de “lavado de cara” ya que Occidente no puede dejar que gane el agresor, Rusia, y ésta, toda una potencia militar, aunque en horas bajas y venida a menos, no puede perder. Pero, un momento, ¿Ucrania? ¿No es también Rusia? Pues, parece que es DE Rusia, pero no es Rusia. Una ojeada histórica y cultural.


Ucrania tiene una historia que data desde la edad de hierro, aunque la palabra “Ucrania” aparece por vez primera el año 1187 en el Códice Hipatiano1. Aquí nacieron las lenguas indoeuropeas, aquí se empezó la agricultura en Europa y varias tribus que ahora llamamos “eslavas orientales” se asentaron no solo en Ucrania sino en toda Europa oriental. Eventualmente se organizaron en ciudades que tuvieron que proteger, pues la tierra de esta región es la mas fértil del continente, con unos ríos que sirven no solo para regar los campos sino también como vías de transporte; esta tierra siempre ha sido deseada por otros pueblos, que han robado y esclavizado a su gente, intentado exterminar a todo el pueblo, han robado su rica cultura. Pero Ucrania es un pueblo que siempre ha superado las dificultades y sale adelante. Sin embargo la cultura ucraniana se percibe internacionalmente como parte de la cultura rusa. Incluso ahora, después de que Ucrania ha tenido casi veintisiete años de independencia y con cientos de años de historia a cuestas, la historia de Ucrania a menudo se presenta como rusa. Mykola Gogol, Volodymyr el Grande, Kyivan Rus’, Anna de Kyiv; todo esto es ucraniano, pero ha sido hábil y fraudulentamente presentado como ruso.

Monumento a Volodymyr el Grande en Kyiv.

La historia de Ucrania ha sido reescrita, cambiada e interpretada durante años para adaptarse al gusto y el orden de los rusos, lo que incluso incluye los logros actuales de los ucranianos. ¿Por qué, por ejemplo, la palabra «Ucrania» no se menciona en ningún lugar de los carteles de la Ópera Nacional y el Ballet de Ucrania, se describe como el «Ballet ruso»? Con su agresión militar en el este de Ucrania, Rusia, al parecer, busca destruir todo lo ucraniano, no solo geográficamente sino también moral y mentalmente. La rusificación progresiva, que ha estado en curso durante cientos de años en Ucrania, se ha elevado a un nivel superior: la depreciación de los ucranianos en su conjunto. La imposición de tales «atajos» sobre el pasado común, hace que hoy los ucranianos no tengan rostro. Un artista ucraniano puede estar nominado a un premio por Rusia, borrando el límite entre dos países diferentes con diferentes visiones del futuro. Por ejemplo, en el otoño de 2017, el cantante ucraniano Ivan Dorn fue nominado para los MTV Europe Music Awards como representante de Rusia. Y el artista ucraniano Kazimir Malevich ha sido considerado durante mucho tiempo como parte de la cohorte rusa, sin duda porque es probable que Ucrania no de importancia a tales “errores inocentes”. Es más, la propaganda mezcla cosas que las personas respetan con lo que el gobierno quiere que acepten; por ejemplo, el Príncipe ucraniano Volodymyr el Grande, quien, según la propaganda rusa, era un “príncipe de toda Rusia que sentó las bases para la creación de una nación rusa única y allanó el camino para la construcción de un Estado ruso fuerte y centralizado”. El hecho de que el príncipe de Kyiv no tenga nada que ver con Moscú es irrelevante. La grandeza, patriotismo y leyendas sobre el patrimonio histórico son mucho más importantes para los rusos y la propaganda no se puede superar. Aún así, los ucranianos deben tratar de proteger su historia y cultura para crear una nueva perspectiva y aumentar la visibilidad de Ucrania en los medios de comunicación extranjeros.


Serhii Vasylkivskyi – Elección del Coronel Martin Pushkar como señor y comandante del regimiento de Poltava

Y esto abarca todos los campos. Por ejemplo, tomemos la famosísima escuela pictórica rusa de temas históricos, definidos los cuadros por el contenido más que por el estilo artístico. Las obras en la pintura histórica suelen representar escenas de la historia secular o popular y excluyen temas religiosos, mitológicos o alegóricos; esta escuela, podremos comprobar que está plagada de artistas ucranianos. Dentro del contexto del arte ucraniano, Antin Losenko, un cosaco de Hlújiv (ciudad en el norte del país) quien pasó la mayor parte de su carrera creativa en Europa Occidental y San Petersburgo fue el primero en introducir este género de pintura, muy en boga en Francia e Inglaterra, a Europa Oriental, y no sólo el género de la pintura histórica, sino también, en ella, el contenido de la historia de las tierras ucranianas. Sin embargo, el género de la pintura histórica se desarrolló por completo en el contexto ucraniano sólo hasta la segunda mitad del siglo XIX. Taras Shevchenko incluyó muchos temas históricos en sus dibujos y obras gráficas. En la Ucrania occidental bajo dominio austro-húngaro, el pintor de género histórico de mayor importancia fue Kornylo Ustyianovych y este género encontró a su maestro más destacado a principios del siglo XX en la persona de Mykola Ivasiuk, cuya obra se volvió especialmente popular. Pero la influencia más significativa en el desarrollo de la pintura histórica en la Ucrania bajo el yugo moscovita fue puesta en ejecución de manera magistral por el legado del ucraniano Ilya Repin. Su pintura realista marcó el estándar para pintores ucranianos emergentes, que llegaron a aspirar el popularizar la historia de los cosacos ucranianos. Como profesor de la Academia de Arte de San Petersburgo, Repin también influenció de forma considerable a sus estudiantes ucranianos, destacando entre otros Opanas Slastion, Mykola Ivasiuk, antes citado, Mykola Pymonenko, Fotii Krasytsky, y Semen Projorov, así como a otros pintores ucranianos dentro de la academia, como Serhii Vasylkivsky.

Ilya Repin. Procesión de Pascua en la región de Kursk.


Il
ya Yefimovich Repin nació en 1844 en Chuhuiv, poblado del distrito de Zmiiv en la provincia de Járkiv; y falleció en 1930 en Kuokkala, Finlandia. Siendo un niño, a los 13 años, entró de aprendiz en el taller de un artista local dedicado a los iconos llamado Iván Bunakov. Igualmente, empezó a estudiar la técnica del retrato. En 1866 se trasladó a San Petersburgo e ingresó en la Academia Imperial de las Artes donde ganó la medalla de oro de un concurso de la Academia y con ella una beca para estudiar en Francia e Italia. Así es como Repin vivió en París, donde recibió la influencia de los impresionistas, lo que influyó decisivamente en su forma de usar la luz y el color., pero su estilo continuó siendo más afín al de los maestros de la vieja escuela, especialmente Rembrandt, y nunca llegó a convertirse en un impresionista. Desde 1882 vivió en San Petersburgo, realizando frecuentes visitas a su tierra natal ucraniana y viajes ocasionales al extranjero. A lo largo de su carrera retrató a la gente común, tanto ucraniana como rusa, aunque en sus últimos años también representó en sus obras a miembros de la élite del Imperio Ruso, la intelligentsia, la aristocracia y al propio zar Nicolás II: el novelista León Tolstói, el científico Dmitri Mendeléyev, el jurista y político Konstantín Pobedonóstsev, el filántropo y mecenas Pável Tretiakov, los compositores Modest Músorgski, Aleksandr Borodín, Aleksandr Glazunov, Mijaíl Glinka y Antón Rubinstein y el poeta y pintor ucraniano Tarás Shevchenko, entre otros. Sus obras se enmarcan dentro del realismo, con esa profundidad psicológica y sin ocultar a veces el descontento social. Salvando las distancias, se podría decir que Ilya Repin fue a la pintura lo que Feodor Dostoievski a la literatura, aunque ni de lejos fue tan reconocido universalmente. Pero, si por algo es más conocido el nombre de Repin, es por su adscripción al movimiento de Los Itinerantes (el nombre completo era Sociedad de Exposiciones de Arte Ambulante); en 1863, un grupo de catorce estudiantes dejaron la Academia Imperial de las Artes de San Petersburgo, renegando del inevitable academicismo de la institución, agravado por el espíritu conservador de muchos de sus maestros y de la separación clasista, con la intención de acercar el arte a la gente de las provincias, con absoluta independencia del apoyo estatal. Durante las dos primeras décadas de su existencia el dirigente de la sociedad fue Iván Kramskói, amigo y consejero del coleccionista Pável Tretiakov, fundador del museo nacional de arte ruso de Moscú, que lleva su nombre; en total la sociedad organizó 48 exposiciones itinerantes en San Petersburgo, Moscú, Kiev, Járkov, Kazán, Oriol, Riga, Odessa y otras ciudades. Observemos que, casualmente, muchas de las exposiciones tuvieron lugar en ciudades ucranianas.

Ilya Repin - Sesión solemne del Consejo de Estado.

Hoy día, la obra de Repin (recomendable) que no está en colecciones privadas se puede admirar, sobre todo, en el Museo
ruso de San Petersburgo y en la Galería Tretiakov, Nacional de arte ruso, en Moscú, pero no acaba aquí la rusificación de Ucrania y el menosprecio o ninguneo hacia ella: su propia capital, Kyiv, se conoce en todo el mundo con la forma rusa de Kiev. Habrá que recordar que, aunque Ucrania sea un día DE Rusia, nunca será Rusia, a pesar de que, en su día, formara parte del conocido como Imperio ruso, desintegrado tras la revolución de octubre de 1917.
No obstante, ¡ojo!: para Ucrania, y para cualquier territorio en su situación, caer en el ultranacionalismo es sólo un pequeño pasito. Y entonces se estaría hablando de otra cosa.

------------------------------------------

1El códice de Hipacio es un compendio de tres crónicas: la Crónica de Néstor, la Crónica de Kiev y la Crónica de Galitzia y Volinia. Es la fuente más importante de datos históricos de la parte sur de la antigua federación de tribus eslavas orientales desde finales del siglo IX hasta mediados del XIII de Kiev.

 

miércoles, 16 de marzo de 2022

De memoria personal a Memoria Histórica.

 


He leído (por fin) después de varias semanas de que me llegara, y de “ir dejándolo para mañana” un artículo/reportaje/homenaje, escrito a cuatro manos para la revista del Campo de Gibraltar “Cuatro esquinas” por el hijo y la nieta, a una victima de la atroz represión franquista en el pueblo gaditano de Jimena de la Frontera, prolongando la persecución a otros pueblos además de Jimena, donde, en palabras del arqueólogo responsable de las exhumaciones de fosas comunes en el municipio, en el cementerio y en el castillo, en atención a las diferentes capas en que se encuentran los cadáveres, “Ya bastante avanzado el franquismo, aquí se seguían cometiendo crímenes de lesa humanidad. Hay víctimas de la represión caliente, del verano del 36, un grupo de personas que volvieron de Málaga tras la caída de la ciudad en febrero del 37 y más personas ejecutadas por aplicación de la Ley de Fugas con constancia documental que lleva hasta el año 49”. Superado el primer horror de los espeluznantes detalles de la lectura, que no reproduciré, y buscando el análisis (tengo mis dudas acerca de que siempre sea más conveniente éste que la reacción visceral), he caído en la cuenta de que precisamente hoy, 16 de marzo de 2022, hace ochenta y cinco años que asesinaron (sí, asesinaron; y no es sólo una opinión personal; así, “Asesinado/fusilado”, consta en su ficha R0172007 del Registro Civil de Málaga), yendo a parar sus restos mortales a una fosa común en el cementerio de San Rafael, de la ciudad andaluza, a Manuel, uno de los hermanos de mi madre, un crimen por el que nadie pidió nunca perdón, ni los soldados voluntarios (asesinos vocacionales por tanto) que integraban los pelotones de fusilamiento, ni responsables funcionales o políticos, que no forma parte (o sí) de la Historia pero que, a nivel familiar tuvo trágicas consecuencias.


Es necesario un somero contexto histórico: en febrero de 1937, unos días después de que las tropas franquistas, sublevadas contra la República el 18 de julio de 1936, comenzaran su ataque definitivo contra la ciudad de Málaga, una zona caracterizada por tener un fuerte movimiento obrero, en vistas de lo que se les venía encima y temiendo por la segura represión tras la toma de Málaga, más de 100.000 milicianos y civiles malagueños abandonaron su ciudad en dirección a Almería, ciudad que en ese momento se hallaba bajo control republicano. El camino elegido fue la actual carretera N-340, que no había sido cortada, pero sí que estaba siendo duramente bombardeada desde mar y aire, en lo que se conoce como Desbandá (en fino, según los historiadores, la masacre de la carretera de Almería), en la que los huidos, en su mayoría mujeres y niños, a pie, descalzos incluso, eran bombardeados desde el aire por aviones alemanes e italianos y desde el mar por buques nacionales. Narran las crónicas de la época, según recuerda la historiadora Lourdes Peláez, “cómo los barcos franquistas (entre ellos, el tristemente famoso Crucero Baleares) acompañaban tranquilamente en paralelo y por el flanco derecho la huida de la población, que dejaba atrás Málaga por la única carretera posible, esculpida en la roca encima del mar, mientras los bombardeaba”. A los muertos de aquella huida habría que sumar muchos más en Málaga una vez que cayó el 8 de febrero a manos de los sublevados. “Las informaciones de diarios de la época como El Centinela describen como Málaga ya no era una ciudad, era una carnicería, con mujeres saltando por la ventana, olor a carne quemada o los fascistas tiroteando por las calles indiscriminadamente a gente indefensa”, explica la historiadora citada. Además, mucha gente de los pueblos que atravesaban les negó el socorro por miedo también a las represalias del ejército franquista.


A continuación de la toma de Málaga el día 8 de febrero de 1937 tuvo lugar una de las represiones más duras ocurridas en la zona sublevada que se desarrolló bajo la estela de los 2.500 muertos que había habido durante los primeros meses de la guerra, así como la destrucción de iglesias y el saqueo de las viviendas de la burguesía y la aristocracia malagueñas por facciones republicanas. En la ciudad quedaron miles de simpatizantes republicanos y militantes de izquierda: algunos de ellos fueron fusilados de inmediato, y el resto fueron encarcelados, pero por poco tiempo; la propia prensa falangista hablaba el 13 de febrero de 1937 de al menos 6.000 prisioneros y el historiador Hugh Thomas afirma que durante la primera semana tras la conquista de la ciudad fueron asesinadas unas 4.000 personas. A día de hoy se sabe que esta cifra no es exagerada y que incluso podría ser mucho mayor, ya que en 2010 había confirmadas más de 3.600 ejecutados en las fosas de los cementerios de Málaga. Muchos de las víctimas fueron fusiladas en las playas sin juicio previo, y otras lo fueron tras brevísimos juicios a cargo del consejo de guerra recién establecido tras la conquista de la ciudad. El hecho de que numerosas personalidades republicanas hubieran huido de la ciudad por la carretera de Almería no fue un problema para las nuevas autoridades, pues las represalias también alcanzaron a sus familiares que se habían quedado en Málaga. Uno de los fiscales de Málaga encargados de los procesos sumarísimos fue el que años después fue presidente de gobierno Carlos Arias Navarro, por entonces un joven abogado que había pasado seis meses en la cárcel de la ciudad.


Detengámonos en él. Este singular personaje ostentó el título, concedido por Franco, de marqués, llegando a ser nombrado gobernador civil de León en 1944, director general de Seguridad en 1957, alcalde de Madrid en 1965 y presidente del Gobierno al final de la dictadura franquista, el que con tanta pena lloró en la televisión la muerte del dictador es conocido con el apodo de Carnicerito de Málaga, calificativo escogido debido al cierto aspecto de torero, con su bigotillo y su mirada fría, todo ello unido a la facilidad con que le daba trabajo a los sepultureros con los cuerpos de los indeseables para con el “Glorioso Alzamiento Nacional”. Nacido en Madrid en 1908, ejerció como abogado y notario y consigue por concurso público el cargo de fiscal siendo destinado a Málaga en 1933, cuando ya estaba proclamada la República en España. El joven fiscal se caracterizaba por su carácter recio y autoritario, apenas salía y solamente se dedicaba a su trabajo y a su fervor religioso. Tres años llevaba en su lugar de trabajo, cuando aquel 18 de julio sus correligionarios se sublevaron en armas contra la República. Debido a sus ideas y a su afinidad con los sublevados, fue sustituido del cargo de fiscal y para evitar su detención y poniendo en marcha su avispado cerebro, pensó que para seguir manteniéndose en territorio ahora hostil, la mejor manera era la de unirse al enemigo. Para ello y anteponiendo su odio visceral a otras corrientes ideológicas que no fueran las que él consideraba puras, meditó que la forma más segura de subsistir en zona roja era poniéndose el disfraz de anarquista, ganándose de paso la amistad de bastantes personas de influencia entre partidos y sindicatos. Con esta simulación se dedicaba a realizar periódicamente transmisiones de radio a sus compañeros sublevados en Sevilla, estos informaban personalmente al general Queipo de Llano de los acontecimientos en la ciudad de Málaga, la actividad portuaria y objetivos para ser bombardeados, por lo que el general sabía de muchos de los movimientos que se desarrollaban en Málaga. Arias Navarro fue descubierto; detenido por un grupo de milicias y conducido a Málaga (estaba fuera de ella, en el pueblo de Pizarra, escondido), en el viaje hasta la capital le acompañaba Pelayo Varea, hijo del juez que lo había escondido, para evitar, según Arias Navarro, que fuese asesinado en el camino por los anarquistas. En su breve estancia en prisión es reconocido por un amigo anarquista, que intercede por él y es puesto en libertad. Entonces Arias Navarro desaparece del panorama de la ciudad hasta febrero de 1937. Cuando Málaga fue ocupada, el anarquista que había intercedido por él fue detenido por las tropas franquistas y se quedó estupefacto al ver a su amigo y compañero de patrulla anarquista ocupando el cargo de capitán honorario adscrito al cuerpo jurídico militar del ejercito franquista, firmando innumerables sentencias de muerte. El acompañante salvador de Arias Navarro en el viaje desde Pizarra hasta Málaga también fue detenido, nadie intercedió por él, Pelayo Varea Rodríguez fue condenado a pena de muerte, notificándosele la sentencia en la cárcel de Málaga el 26 de febrero de 1937; a las doce de la noche del 2 de marzo fue fusilado. Se cuenta que, en los Consejos de Guerra en los que actuaba de fiscal, en algunas ocasiones y debido al enorme trabajo por los cientos de procesos pendientes, cuando se le hacía tarde, levantando la voz decía: “Como es muy tarde y no tenemos tiempo de deliberar, pena de muerte para los restantes”. Y luego, presidente del gobierno de TODOS los españoles.


En este escenario de aguas revueltas, Manuel, recién admitido como Guardia de Asalto (la Policía de la República que en la sublevación franquista se mantuvo fiel a la II República), fue destinado a Málaga, donde ya estaba destinado, también como Guardia de Asalto su hermano Antonio. Manuel, sin haber tomado aún las armas, fue apresado y posteriormente fusilado sin juicio (así lo recoge la ficha del Registro a la que nos hemos referido, que también dice que no se le conocía ninguna otra actividad anti-régimen, luego fue fusilado sólo por vestir un determinado uniforme, como muchos otros). Los detalles de todo el proceso permanecen en una insondable bruma, pues su hermano Antonio, libre, cayó en un mutismo absoluto después, sobre todo para la familia, dominado por unas emociones que con nadie compartió mientras vivió, hasta el punto de que la base de la investigación (sin saber a ciencia cierta si había algo que investigar) se produjo con los años, uniendo palabras o frases en su día deslavazadas, de aquí y de allá. Para redondear la situación, otro de los hermanos, Salvador, fue hecho prisionero por los franquistas y enviado al temido Penal del Dueso1, en Cantabria, donde estuvo recluido varios años, y el más pequeño, Francisco (Paco en la familia) fue apresado y enviado al Campo de concentración de León, hacinado en el antiguo convento de San Marcos, hoy elegante y pomposo Parador de turismo sin historia del mismo nombre. Para paliar el hacinamiento se creó el Batallón de trabajadores, que construyó forzado y en condiciones penosas el acceso a lo que sería símbolo de los vencedores, el Monasterio del Valle de los Caídos; para más humillación, por edad, tuvo que hacer después el Servicio Militar con los franquistas, llamados ahora nacionales Tal cúmulo de adversidades con algunos de sus hijos con el firme convencimiento, además, de que no habían hecho nada punible para ellas, propició que la abuela Manuela se viera gravemente afectada en su salud, física y psíquica, perdiera sus ganas de vivir y se viera acortado, consecuentemente, su tiempo de vida.


En la inacabable posguerra (aún hoy, más de ocho décadas después, hay impunidad para los actos de la familia-herederos de los vencedores, pero no la de los vencidos, por no mencionar a los herederos políticos de unos y otros y las diferentes varas de medir) con su cultura oficial del miedo impuesta, había que ocultar que alguien de la familia había sido asesinado/fusilado (volvemos a la ficha) por los buenos, y demostrar la adhesión al Régimen con hechos en todos los aspectos. Así, para las nuevas generaciones, cualquier mención al tío Manuel, como mucho, era la de “lo mataron en la guerra”, sin entrar en detalles, y de Antonio, Salvador o Paco, ni palabra. De esas fechas de después de la guerra, hay que recordar que el Frente de Juventudes se creó como una sección de la Falange para el encuadramiento y adoctrinamiento político (un ejemplo es el inclasificable librito de Historia (?) “Yo soy español”, de Agustín Serrano, obra obligatoria en todas las escuelas, ésta y otras en las que se afirmaba, entre otras cosas, que los habitantes de las Cuevas de Altamira eran españoles de pura cepa mientras que el cordobés Moisés Ben Maimón (Maimónides) -judío- o el malagueño Al-Mansur (Almanzor) -musulmán- no lo eran) de los jóvenes españoles según los principios del llamado Movimiento Nacional (la sublevación militar contra la República), el conglomerado de fuerzas político-sociales que lo apoyaron, que daría origen a la Guerra (in)Civil con la que Franco se hizo con el poder; parte de ese Frente de Juventudes era la Organización Juvenil Española – OJE (transformada en asociación de voluntariado en 1976 aunque manteniendo los mismos valores), que organizaba anualmente unos campamentos que eran prácticamente la única oportunidad con la que contaban los niños, no las niñas, de la época para poder disfrutar de algo parecido a unas vacaciones siempre que, eso sí, se acreditara que sus familias eran adictas (además de adeptas, por supuesto) al Régimen. O sea que este pensar en las generaciones posteriores a la contienda formaba parte de ese estudiar en su conjunto las diversas formas de una política del miedo, incluyendo el silencio impuesto, encaminada a asegurar la sumisión aunque, en voz baja y en círculos íntimos, se seguían recordando hechos que marcaron más de una vida. Aún hoy, ese miedo profundo e inarticulado que educó a generaciones de españoles, se transmite por el medio familiar y ambiental. Y va acompañado de la ideología nacionalista españolista que cada día emiten los políticos y los medios de comunicación de la corte, propiedad del IBEX, y se adereza con el resentimiento y la envidia de los unos hacia los otros. La utilización del miedo como vehículo de sumisión y sometimiento fue empleado por la dictadura franquista con un doble objetivo: por un lado, para amedrentar, humillar y condenar al silencio y a la marginación emocional a quienes habían perdido la guerra; y, por otro, para la construcción de la «Nueva España» monolítica. El franquismo, a lo largo de cuatro décadas, diseño un sistema coercitivo estructural que evolucionó hasta hoy mismo en objetivos, métodos e intensidad.


Por eso fue después, mucho después, que supe la especial importancia para todos nosotros de la fecha de hoy, 16 de marzo, y supe la propia fecha, porque, como mantiene el escritor (autor de El traslado y de El testimonio como acto de supervivencia) y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de México Enrique Díaz Álvarez, tomando como referencia el enfoque del poema épico de Homero sobre la Guerra de Troya, no recordar al vencido es fusilarlo otra vez. Manuel, como tantos y tantos otros, parafraseando al cantautor chileno Víctor Jara (que también fue asesinado por otros sublevados en armas), “...murió sin saber por qué le acribillaban el pecho… ¡ay, qué ser más infeliz el que mandó disparar sabiendo cómo evtar una matanza tan vil!… ” y, como dijo aquel: “Porque fueron, somos; porque somos, serán”.


---------------------------------------------------------------

1El penal de El Dueso es un centro penitenciario de España ubicado en el municipio cántabro de Santoña. Tuvo un destacado papel durante la guerra civil española y la dictadura franquista, acogiendo presos políticos, militares y personajes públicos republicanos . Desde el 25 de agosto de 1937 el penal fue habilitado como campo de concentración para más de 3.000 detenidos Republicanos (en el Penal fueron internados al menos otros 7.419 presos antifranquistas, en este caso ya con condenas en firme). Ese mismo otoño, el tribunal militar instalado allí dictó 510 sentencias de muerte, muchas de las cuales se ejecutaron en la vecina playa de Berria. También se produjeron “sacas representativas”, eligiendo republicanos al azar para asesinarlos. En una ocasión, como respuesta a una cacerolada de protesta por el apaleamiento de un compañero, se masacró a 42 prisioneros seleccionados aleatoriamente. La mayor parte de los sentenciados a muerte por fusilamiento eran trasladados en camiones a las tapias del cementerio de Santander, para su ejecución y posterior “desaparición”. En el mismo penal también se ejecutaba por medio de garrote vil. En el Penal de El Dueso se ejecutaron más de un millar de sentencias de muerte. Mantuvo el uso como recinto concentracionario hasta el 4 de agosto de 1938 en que definitivamente pasó a depender de la Dirección General de Prisiones y hoy es una prisión para presos comunes.

 

domingo, 13 de marzo de 2022

Y sin embargo, te quiero.

 


La reciente conmemoración (que no “celebración”, repetimos una vez más) del Día Internacional de la Mujer, ese día, de todo un año, destinado en todo el mundo a recordar que la lucha inacabable de la mujer por conseguir la igualdad con el hombre en el reconocimiento y desarrollo de sus derechos, nos sigue ofreciendo paradojas de la existencia de feministas “avant la lettre” donde menos se espera, basta con echar una ojeada alrededor, por ejemplo, en esta ocasión, a la tan conocida copla española. Habitualmente se tiene la copla como un género que fomenta valores machistas, como el amor romántico más opresivo o, directamente, la misoginia1, pese a los esfuerzos de gente como Carlos Cano, seguramente por otras razones, por reivindicarla. Sin embargo, algunas de las mujeres que triunfaron en este formato tan teatral fueron lo que actualmente conocemos como mujeres empoderadas. Por ejemplo, viniendo de una familia trabajadora y muy humilde, Raquel Meller se convirtió en una estrella de gran personalidad e influencia social, y Concha Piquer dirigía su propia compañía cuando pocas mujeres podían desempeñar ese trabajo, lo que hacía transitar trágicas historias musicadas a través de una doble vertiente, entre el papel de la mujer como objeto sexual y la liberación femenina en tiempos de severa influencia de la iglesia católica y, más allá de la personalidad y la manera de situarse frente a los grilletes de la sociedad del momento de algunas de estas artistas, encontramos incluso algunas letras con contenidos que podríamos reclamar, con la debida contextualización, feministas. O sea, que en la música que escuchaban nuestras abuelas, la banda sonora del barrer y el fregar, la melodía de la ropa recién tendía, la sinfonía de los cuidados, el ritmo de las labores invisibles que sostenían y sostienen el mundo, era una presencia en nuestra memoria colectiva que siempre había estado allí y que, desde lo intelectual, parece algo difícil de abordar; en ese tiempo o más tarde, con Rocío Jurado, Carmen Sevilla o Juanita Reina, ya se cantaban las opresiones que sufrían las mujeres, particularmente, aunque no las únicas, de clase obrera, desde los malos tratos al trabajo del hogar, además de la maternidad o la diversidad sexual, en coplas, cuplés y zarzuelas.


Al final la copla retrata, con sus claroscuros, la opresión femenina. Por eso habla de malos tratos, del trabajo del hogar o de pobreza desde una perspectiva de género. Y precisamente esto explica gran parte de la invisibilidad de la copla, aparte de su vínculo con el
franquismo, que está más que estudiado y superado; la ruptura que la dictadura supuso durante cuatro décadas, y la inexplicable tardanza en recuperar todo este patrimonio explica que el vínculo de la copla con lo femenino y una feminidad de clase obrera es lo que no se le perdona. Y si no, que se lo digan a una María Jiménez, que compuso la rompedora canción Se acabó, y después sufrió maltrato por parte de su marido, Pepe Sancho. Ahora puede ser el momento en que nos paramos a pensar en esto porque tiene mucho que ver con los temas que se están reivindicando desde el feminismo. En la copla, cuando analizas las historias, la cuestión de género quizá sea más vistosa al estar cantadas, generalmente, por mujeres y centradas en retratar el amor romántico como institución opresiva contra la mujer, pero es que a la vez que narra eso, está contando historias de clase todo el tiempo. Sin ir más lejos, si no fuera pobre, ¿María de la O se tendría que casar con un hombre que no quiere? Por supuesto que no. De hecho, esos matrimonios económicamente forzados eran descritos en pleno franquismo como cárceles para estas mujeres. Y muchas cantaron alegres que preferían “quedarse para vestir santos” antes que aguantar a un mal marido. Y toca hablar de la copla como estrategia de resistencia y supervivencia en plena pandemia global del Covid-19, o de esas “folclóricas” de origen humilde que gracias a su éxito vivían libres y, en cierto modo, ajenas a las convenciones sociales. De cómo saltaron a la fama en los mismos concursos de talentos que hoy siguen insistiendo en que, si te esfuerzas lo suficiente, tú también puedes triunfar. Y de cómo la miseria impregna todos estos relatos y muchos amores desgraciados.


Un
caso paradigmático es el de Rocío Jurado2, que además de cantar al placer femenino cuando éste era un tabú social en temas como Lo siento mi amor o Si amanece, se “despachó a gusto” con Ese hombre, e hizo declaraciones absolutamente políticas en un momento en que a las mujeres apenas se las tenía en cuenta o sea que, cuando en España casi nadie, ni siquiera en el mundo intelectual, se declaraba feminista o se tenía cierto miedo a esa palabra ella lo decía, cuando ser gay era siempre un chiste, ella decía que era progay absolutamente seria y sin ninguna fanfarria. Tal vez ahora se está poniendo en valor a estas mujeres transgresoras, pero si no se ha hecho es también por una cuestión de elitismo cultural y de clasismo, también por su origen de mujeres del sur, andaluzas, y ojalá se siga haciendo esa recuperación y esa puesta en valor. Pioneras del feminismo en escena que, sin embargo, lo tuvieron más complicado para llevar aquellos desafíos a sus hogares. En una época en la que había censura ellas no se autocensuraban. Eran artistas que, mucho antes de que existiese el me too, tuvieron que luchar contra el ego de una sociedad machista. Y lo hicieron a través de un género, el de la copla, aquel que escuchaban nuestras madres y abuelas y que fue germinando en ellas, copla a copla, un cambio de mentalidad. La copla cantada por mujeres reflejaba, en realidad, todas las opresiones que tenían las mujeres del momento. Madres solteras, amantes…”. Artistas como Rocío Jurado, María Jiménez o Imperio Argentina rompieron el tabú de la violencia machista en un momento en el que no existía ni se pensaba que hubiera Ley de violencia de género aunque solo hablaron del maltrato físico; la violencia psicológica era y sigue siendo hoy algo muy cuestionado, de forma que de ella no hablaban entonces las folclóricas.


Pero, abierta la caja de Pandora del análisis, no todo es copla, y otras artistas también pusieron su granito de arena en la denuncia de una penosa, aunque socialmente aceptada, situación endémica que se daba (y se da) en torno a la mujer. Es el caso de Mari Trini, que
fue clave en la cultura del feminismo en la música española y es que, desde pequeña tenía esta inquietud por componer, se fue a Londres, a París y cuando volvió hizo un disco con canciones de otros (Luis Eduardo Aute o Patxi Andión) porque le dijeron que una mujer no sabe componer, por suerte luego salieron de ella grandes temas como 'Yo no soy esa'", el himno feminista que lanzó durante el franquismo, en una especie de contestación al "Yo soy esa" de Juanita Reina, que veinte años atrás había retratado a la mujer dependiente del hombre y del amor, o como “Cuando me acaricias”, que estuvo en un tris de no pasar la censura. Otro hito, no limitado a la música, lo protagonizo Rocío Dúrcal, cuyo desembarco profesional en el teatro fue con la obra ‘Un domingo en Nueva York’, de Adolfo Marsillach, en la que el tema principal era la pérdida de la virginidad, un tema tabú por aquella época; más tarde, con Bárbara Rey, rodó la películaMe siento extraña’ en la que ambas protagonizaron una de las primeras imágenes de la homosexualidad femenina con ellas dos en la cama. Después de esta película, Rocío Dúrcal abundó el mundo de la interpretación para dedicarse a la canción, donde a la postre sería más conocida y donde, de hecho, muchas de sus canciones hablan de la libertad de la mujer, como ‘Ya te olvidé’.


No puede faltar la conexión política de esas muestra de ir a contracorriente,
no sólo en la música, y eso se puede observar en Pepa Flores, la niña convertida en prodigio bajo el nombre de Marisol, que siempre defendía que solo era “una niña absolutamente normal que hacía las cosas con naturalidad”, una autenticidad que fue dirigida y normativizada para convertirla en símbolo del Régimen franquista haciendo de su desparpajo flamenco malagueño un símbolo español, una expropiación cultural sufrida durante siglos por el pueblo andaluz que tuvo en ella su máxima representante. El guion se vino abajo cuando Pepa quiso ser Pepa, quiso hacer desaparecer a Marisol y alejarse de las cámaras para hacer su vida en Málaga. Los últimos momentos como Marisol se dieron en una Pepa Flores joven y llena de rebeldía poco disimulada, un choque evidente e incómodo en una sociedad en transición que seguía midiendo la moral de las mujeres del Estado español desde su supuesta minoría de edad y una educación que anulaba su mirada y no hacía deseables sus posicionamientos. Pepa Flores había dejado de ser una niña y sus decisiones eran, por tanto, cuestionadas. La portada que protagonizó desnuda en 1976 para la revista Interviú se convirtió en todo un símbolo de la transición y de la decisión de dejar de ser la niña Marisol. Su autor fue acusado de atentando a la moral y de escándalo público en una “nueva España” que supuestamente estaba libre de censura. Pasados los años, Pepa Flores logró liberarse de Marisol y empezó a ser Pepa Flores también artísticamente, vinculando su carrera a proyectos sociales y de izquierdas. Su disco más reivindicativo, Galería de Perpetuas, tiene olor a lucha de pueblo e historias de mujeres pobres sumidas en situaciones machistas y en él incluso dedica una canción a una mujer lesbiana. Algunas letras parecen contar algo de la historia de la propia artista: “Como quieres tú que olvide aquello que yo decía de que el hombre tie’razón y la mujer es la esclava pa’servirlo de por vida. De que cuando más me pegue, más lo tengo que querer […]. Por eso te digo, Juan, que pa’mí cumplo sentencia por aquello que canté, robándole a la mujer su dignidad y su vergüenza”. La parte más desconocida de la trayectoria de Pepa Flores es su vinculación al comunismo y al anarquismo que, lejos de entenderlo como una elección personal, los medios seguían pintando a la artista como una extensión de las elecciones de los hombres que la rodeaban.

 



------------------------------------------------------------

1Resulta chocante que la misoginia, el odio o la aversión a la mujer por el simple hecho de serlo, se presenta frecuentemente como una cualidad de índole filosófica inherente y necesaria a grandes pensadores.

2Aún corre por Youtube la grabación de una entrevista que le hicieron en televisión que no tiene desperdicio:

“– ¿Me puedes decir tu talla de sujetador?

Yo qué te voy a decir. El único sujetador que me importa es el mental, que es el que tú te tenías que poner para no hacerme esas preguntas.”

Así de rotunda respondía a aquella pregunta machista y rancia, hecha ¡por una mujer! que, era la tónica del momento en la España gris de finales de los 60. Una sociedad anquilosada y mojigata ante la que se enfrentó con su voz, su inteligencia y su revolución estética, con aquellos escotes imposibles en vestidos que perfilaban sus curvas. Trajes que quedaban lejos de la pomposidad de las batas de cola y con los que Rocío Jurado solo quería demostrar una cosa: que valoraba su cuerpo como un patrimonio absolutamente propio, y de nadie más.