viernes, 23 de noviembre de 2018

¿Fin de la prensa escrita...o de la cultura?

Durante mucho tiempo yo había comprado diariamente los periódicos (así, en plural, porque 
determinadas informaciones y/u opiniones es imprescindible contrastarlas, pero eso es otro 
tema) en el mismo kiosco cuando salía de casa por la mañana, y cuando eso ocurre acaba 
creándose una cierta corriente de complicidad con el kiosquero de turno, quien, de alguna 
manera, termina convirtiéndose en algo así como tu agente literario, que te informa 
puntualmente de las novedades que le van llegando y que él intuye que se ajustan a tus 
gustos, según interpreta de los comentarios y las conversaciones diarias, siempre cortas y 
apresuradas1. 
 
 
Resultado de imagen de kiosco de prensa

 
Posteriormente, los cambios de lugar de trabajo fundamentalmente, provocan también 
cambios en estas rutinas, de forma que de un tiempo a esta parte las diferentes actividades 
cotidianas hacían que alternara la compra de la prensa, según los días, en un kiosco 
tradicional o en un bazar que es papelería-juguetería-tiendaderegalos-prensa-chucherías,... 
o sea una auténtica “cosería”. Y la semana pasada, al intentar comprar la prensa en este 
bazar, los periódicos habían desaparecido de unos anaqueles ocupados, solamente, por 
revistas de papel couché; y, al preguntarle al tendero si es que había habido retraso en el 
reparto, confirmó que no, que dejaba de recibir la prensa diaria “porque la tengo que 
devolver cada día porque no se vende excepto la del fin de semana por las promociones de 
vajillas ollas, foulards y esas cosas”. Toca, pues, hacer un “peregrinaje” por la zona buscando 
dónde comprar los diarios y al hacerlo se confirma lo que, realmente, ya se había observado 
pero a lo que, como no había afectado hasta ese momento, no se le había prestado atención, 
y es el hecho de que están desapareciendo de nuestro paisaje urbano, y de manera 
acelerada, los kioscos de prensa, la mayoría ya con las persianas metálicas (“decoradas” 
con múltiples graffiti) bajadas.

Es cierto, la prensa escrita parece haber perdido la batalla ante la inmediatez de la 
información (y de otras cosas como las fake news, que existen y se propagan como hongos 
por las Redes) por Internet, sin advertir que, para estar informados, son canales diferentes; 
complementarios pero diferentes. Y no lo digo por la diferencia física entre acceder a conocer 
las principales noticias del día en unos titulares a través de una pantalla pulsando 
nerviosamente un teclado y el ojeo de un diario en papel ante una humeante taza de café, 
viendo qué colaboradores opinan hoy y sobre qué para leerlo después, sin desechar, 
naturalmente, que más tarde se busque también ampliación/actualización de algún detalle en 
la Red. No, la diferencia va más allá y se percibe sutilmente en que se ha conseguido, por 
alguna “fuerza obscura”, sin duda, que todos se vean (nos veamos) dominados por una 
irracional prisa, que hace, entre otras cosas, que se identifique información con titulares, y 
para eso, la verdad, sobra la prensa escrita, que debe ser algo más que un titular impactante. 
Las Redes ofrecen numerosos, y a veces vergonzosos, ejemplos de que el titular se parece 
como un huevo a una castaña a la noticia que desarrolla, pero como sus lectores/seguidores/
usuarios sólo leen (y creen a pie juntillas) el titular… Esta manipulación no es tan habitual ni 
tan descarada, aunque también se dé, en la prensa escrita. 
 
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Pero la evidencia de que con esta tendencia no sólo se pierde la saludable costumbre de 
profundizar en la noticia, más allá del titular, y contrastarla para poder formarse una opinión 
argumentada sobre ella, sino que el matiz de que ya no se leen tampoco los artículos de los 
colaboradores, hace pensar en que el problema es mucho más serio y trasciende los límites 
de la prensa escrita, e incluso nuestros límites geográficos nacionales y es un fenómeno de 
alcance mundial. 
 
Por ahí parece que van los tiros, porque, más allá de la prensa escrita y de España, Michael 
Busch, consejero delegado de Thalia, la principal cadena de librerías alemana, declara que 
estamos preocupados porque han desaparecido seis millones de lectores en Alemania en 
pocos años. No se trata de una nadería, sino de un terremoto. No podemos seguir como 
hasta ahora (…) debemos ser capaces de atraer de nuevo muchas personas al libro y a la 
lectura. Pero igualmente estamos inquietos por las consecuencias sociales de la no lectura. 
Cuando ahora la gente dice que tiene menos tiempo para los libros, quiere decir que cada 
vez se ocupan menos a fondo de los temas, tienen menos tiempo para sí mismos y para 
entusiasmarse con buenos relatos. Significa que también imaginan menos historias en su 
cabeza. En la compañía nos hemos preguntado por qué es bueno leer. Y hemos concluido 
que porque creemos que el mundo mejora con más lectura y contenidos inspiradores”.

Volviendo a nuestro país, según el barómetro de hábitos de lectura, el 40,3% de los 
ciudadanos españoles no leen nunca un libro  y en cinco años el número de personas que 
leen a diario ha descendido en más de un millón. Es decir, que lo que explica Busch de su 
país, vale para el nuestro. Otro elemento significativo política y socialmente que se aprecia 
y documenta en Alemania es que la extrema derecha crece allí donde hay menos librerías, 
donde existe un menor acceso a la lectura. El auténtico populismo (no el que políticos 
ignorantes de todos conocidos se empeñan en acusar) se alimenta de los menos ilustrados, 
de los que apenas reflexionan, de los que están dispuestos a creerse cualquier cosa. “La 
superficialidad es tierra abonada para el radicalismo”, advierte Busch. El problema de un 
mundo con menos lectores no es lo que se pierden quienes no leen, sino el daño que pueden 
causar al resto los náufragos de la cultura.



Durante la década de los años 60 del pasado siglo, el conocido y controvertido cineasta y escritor Woody Allen escribió una serie de relatos, que después recopiló en el libro Getting even (algo así como Desquitarse), llamado en España, en traducción libérrima Cómo acabar de una vez por todas con la cultura.2 Toda una premonición, la del traductor, porque todo indica que la cultura, tal como muchos la entendemos, tiende a su desaparición, aunque no en la forma que se puede deducir de la obra de Allen, sino sustituida, sin que a nadie parezca preocuparle, por lo que dictan, cada vez con menos pudor, las Redes Sociales.



Una de las pruebas de que con esta tendencia actual se manipula impunemente al lector residual que aún subsiste es la paulatina desaparición (como los kioscos) de las librerías y la concentración de la venta de libros en Grandes Almacenes o Grandes Superficies. Y alguien puede pensar ¿qué diferencia hay para el lector entre comprar un libro en una librería tradicional, de barrio, o en la sección de libros de unos grandes almacenes? Pues, si nos ceñimos al acto de comprar, ninguna, es cierto, pero si abrimos el abanico de acciones vinculadas, se abre también el de las diferencias, porque se comprueba que entre los “daños colaterales” de la consolidación de la actual tendencia está la figura del librero, con consecuencias variadas, alguna de ellas nefasta en muchos aspectos. Aún guardo en la memoria con cierta nostalgia un bar-librería al que durante un tiempo íbamos con frecuencia a tomar café; en puridad era un cuchitril, con dos mesas de bar, una barra de escasos tres metros, unas estanterías a rebosar de libros a la venta… y un barman-librero con unos conocimientos y un ojo clínico para enmarcar de cuyas recomendaciones podías fiarte con los ojos cerrados (recuerdo que en una ocasión le compré un libro del que me habían hablado muy bien, y al entregármelo me dijo: “No le gustará”. Y no me gustó, aunque nunca se lo reconocí). Si desaparecen las librerías al uso, desaparecen con ellas los libreros, pero en las grandes cadenas comerciales y, especialmente en los portales digitales de libros, aparecen recomendaciones de lectura. ¿cuál es el problema, entonces? No se puede generalizar, por supuesto, pero estas recomendaciones pueden manipularse para inducir a ciertas lecturas, direccionando de forma encubierta a los presuntos lectores hacia la “cultura” que se pretende desarrollar. 
 
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Librerías y tertulias desaparecidas


Con un ejemplo de un sistema ya ensayado, entre los ya detectados, se verá más fácilmente esta manipulación subrepticia partiendo, en este ejemplo concreto, de que las recomendaciones de los portales se basan en algoritmos en los que tiene un peso importante el volumen de ventas de un título (luego, aparentemente, su aceptación por el gran público). Pues bien, supongamos que hay una organización interesada en difundir un libelo de manera que no se la identifique con él en primera instancia; para ello, uno de sus ideólogos mediáticos de cabecera” escribe el libelo en forma de libro de título sugerente aunque calculadamente ambiguo para que resulte atrayente para todas las tendencias; la organización compra toda la primera edición (recuperando el gasto al vender internamente los libros a sus asociados, firmados por el autor o por el mandamás supremo, según decidan), con lo que el libelo pasa automáticamente a encabezar el ranking de libros recomendados (se ha agotado en un tiempo récord) pero desabastecidos y se tiene que programar deprisa una reedición, esta sí, distribuida con normalidad con el fin de atender la demanda creada artificialmente. Y no es ficción.


Sin profundizar más, ¿seguro que es excesivo hablar de que la tendencia actual es la de acabar con la cultura (o direccionarte para conocer sólo la que interesa a los manipuladores de turno, que viene a ser lo mismo) con la excusa de los cambios a los que obliga  lo queramos o no) la evolución tecnológica?

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1Tal vez en este contexto no esté de mas evocar las reflexiones sus citadas por esta relación real publicadas en el boletín de management GEISNEWS, número 39, de mayo de 2002:
En la estación de tren de la ciudad donde vivo hay, como en la mayoría de estaciones de tren, un quiosco de prensa. Bueno, realmente no está en el propio edificio de la estación, sino en una esquina de la plaza, a la entrada.
Su clientela, claro, la conforman los pasajeros que, con más o menos prisa y arrastrando en general generosas dosis de somnolencia matutina, entran o salen de la estación. Es un ritual que se suele cumplir cada mañana: llegar al quiosco, controlar con el rabillo del ojo si ya llega el tren y cruzar tres palabras tópicas de cortesía con José, el quiosquero, mientras abonan el precio del diario que han comprado.
Después, también están como clientes los vecinos del barrio. La relación que se establece con ellos es diferente: salen de casa con el propósito exclusivo de comprar la prensa o aprovechan el momento de la compra para tomar el primer café calentito de la mañana en la cafetería de la estación antes de pasar también por la panadería y hacer el recorrido completo.
Su noción del tiempo que destinan a comprar el diario es, en este caso, diferente: ya no tienen que estar pendientes de si se acerca el tren; al contrario, su llegada, y la gente que sale presurosa, es tema para prolongar la charla que, durante unos minutos, comparten con José. Y el quiosquero, consciente de la diferencia entre estos y los madrugadores, se adapta a cada una de las dos clientelas, disfrutando, además, con ellas.
Pero esto no siempre ha sido así. El quiosco ha sido regentado, a lo largo del tiempo, por diferentes propietarios. Unos han durado más y otros menos.
Por las razones que sean, no habían conseguido una respuesta satisfactoria de sus clientes y el negocio había ido apagándose. Sin embargo, el producto que ofrecían en sus vitrinas era siempre el mismo; las marcas, también las mismas (ni siquiera había la posibilidad de gestionar marcas blancas o segundas marcas de productos); el precio de venta, único para todos los compradores, y la rapidez de servicio, idéntica. Es más, en alguna ocasión se había intentado diversificar el producto con la venta de chucherías y caramelos. ¿Qué pasaba?
Quizá la respuesta haya que buscarla en las particularidades de la relación que hacen que un cliente se sienta atendido y satisfecho en un nivel que ni le haga pensar en cambiar de quiosco. En definitiva, en eso que se erige como el Grial de muchas empresas, particularmente de servicios: la fidelización de los clientes.
Lo habéis adivinado: ese kiosco ya no existe.

2Cómo acabar de una vez por todas con la cultura está compuesto por diecisiete relatos de los que solamente tres fueron escritos especialmente para este libro. Incluye una revisión irónica de muchos de los elementos de la cultura actual, tomando en clave de humor los elementos principales de la historia reciente e incluyendo situaciones propias del absurdo que intentan llevar al lector a replantearse su percepción sobre los personajes y situaciones. En esta obra se encuentran temas que serán recurrentes en su obra, como el psicoanálisis y su condición de judío, especialmente significativas en esta obra en la que incluye artículos sobre Adolf Hitler en clave de humor siguiendo la línea de Charles Chaplin en la película El gran dictador.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Incendios y cambio climático

Es noticia estos días (quizá sea más exacto decir “estos meses”) los pavorosos incendios 
que están arrasando el estado norteamericano de California que ya se consideran los 
mayores de la historia del estado y que, aunque técnicamente cabría definir como incendios 
forestales, la verdad es que están devastando zonas habitadas, reduciendo a cenizas 
numerosas casas y otros bienes (de lo que es ejemplo que ha arrasado casi por completo la 
ciudad de Paradise, de 26.000 habitantes, a unos 280 kilómetros al noreste del área de la 
bahía de San Francisco, donde desde el jueves pasado se mantiene activada la alerta roja 
por la mala calidad del aire a causa del humo proveniente del incendio a esa distancia), y lo 
que es peor, llevándose consigo vidas humanas que, en el desastre actual, sobrepasan la 
cifra de cincuenta personas muertas, además de más de dos centenares desaparecidas. 
 
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El fuego de los incendios actualmente activos se inició en tres focos diferentes y ha quemado 
hasta ahora una superficie superior al triple de nuestro Parque de Monfragüe, particularmente 
en el norte y sur del estado de California, siendo menos virulento el que quema en el centro 
geográfico del estado. Llama  la atención que el foco del sur haya prácticamente circuncidado 
el casco urbano de la ciudad de Los Ángeles, cebándose en el barrio de Malibú, conocido por 
ser residencia de muchas celebridades del mundo del espectáculo, que han perdido 
devoradas por el fuego sus lujosas mansiones, sin que la actuación de los más de ocho mil 
bomberos destinados en las zonas a la lucha contra el fuego pudieran impedirlo.
Efectivamente, el cuerpo de bomberos pidió la evacuación de las áreas y más de 250 mil 
personas, entre las que se encontraban las celebridades que tenían sus casas en las zonas 
de riesgo (Malibú, Calabasas e Hidden Hills principalmente), fueron retiradas de sus hogares. 
Ese fue el caso de Lady Gaga, Iggy Azalea, Kim Kardashian, que solo fueron evacuadas, 
mientras que, por ejemplo, Miley Cyrus o Gerard Butler, así como otros cientos de personas, 
han visto sus casas destruidas por el incendio. En este punto se suscita una pregunta, 
posiblemente, simple: ¿habrían construido/comprado estos personajes su casa, lujosa o no, 
en zona conocida de riesgo no teniendo problemas económicos para elegir otra ubicación si 
fuera necesario? Tal vez alguno sí, desde luego, por la razón que sea, pero ¿todos? Ergo, 
cabe suponer que no era zona de riesgo. ¿por qué ahora sí? 
Aquí puede estar la clave, ya que los propios bomberos han reconocido no disponer de 
medios (resulta indicativo que, incluso, hayan adaptado a toda prisa para participar en las 
tareas de extinción un trimotor DC-10, antiguo avión cisterna para repostar en vuelo) ni de 
conocimientos técnicos para afrontar estas catástrofes, al contrario de otros países como los 
que integran el Mediterráneo europeo, que están habituados a estos fenómenos, ligados en 
parte a a climatología. 
 
 
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Y es que el estado de California pasa por soportar unas elevadísimas temperaturas para la 
zona y época (más de 43ºC cuando se iniciaron los incendios) y una sequía anormal que 
hace a la vegetación más propensa a quemarse y esparcir el fuego, así como vientos secos 
que cargan el fuego y aumentan la velocidad y el área de destrucción, hasta el punto de 
hacer al gobernador del estado, Jerry Brown, advertir que “los fuegos severos serán la nueva 
normalidad” porque, lo que parece indudable es que, como dicen los expertos, la naturaleza 
genera los vientos que atizan las llamas y el cambio climático provocado por el ser humano a 
largo plazo mata y reseca los arbustos y árboles que les sirven de combustible, Los factores 
naturales y el calentamiento global provocado por el ser humano se conjuran fatalmente” en 
estos incendios. 

Para Michael Mann, profesor de ciencias de la atmósfera en la Universidad Estatal de 
Pensilvania, el cambio climático está contribuyendo al nivel de estos eventos: “No estamos 
diciendo que el cambio climático está causando literalmente que ocurran los eventos. Lo que 
podemos concluir ahora con mucha confianza es que el cambio climático está haciendo que 
estos eventos sean más extremos”. Mann explicó que cuando se calienta la atmósfera, 
contiene más humedad y se producen inundaciones más grandes; en tanto que, cuando se 
calienta el planeta, se obtienen olas de calor más frecuentes e intensas; y cuando sucede 
con los suelos, empeora la sequía. Unes todo eso y son ingredientes para incendios 
forestales sin precedentes, expresó el profesor, quien alertó además sobre el papel del 
cambio climático en provocar que el clima extremo permanezca en la misma área durante 
varios días, lo cual lleva a eventos sin precedentes de calor o lluvia. Estos cambios afectarán 
a todo el mundo; sin ir más lejos, se ha publicado el anuncio de los científicos de que, en 
nuestro entorno, en los Pirineos, se prevé para el año 2050 la mitad de nieve que ahora, con 
un mes menos de permanencia, por no hablar de otros desórdenes recientes como las riadas 
e inundaciones localizadas en lugares, a priori, impensables, o las alteraciones de los ciclos 
agrarios en algunas cosechas determinadas. 
 
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Foto de ls zona por la NASA

 
Ante esta situación, California reclama ayuda de emergencia de la administración federal 
mientras el presidente Donald Trump, en lugar de tratar de dar su apoyo de los afectados y a 
los equipos que luchan contra los fuegos, se ha dedicado a culpar las autoridades estatales 
por lo que ha calificado mala gestión de los bosques, escribiendo en su red social con su ya 
proverbial sentido de la sensatez y su peculiar forma de expresarlo uno de sus comedidos 
tuits afirmando que “No hay otra razón para estos incendios forestales masivos, mortíferos y 
costosos en California salvo el hecho de que la gestión forestal es tan mala. Miles de 
millones de dólares entregados cada año, tantas vidas perdidas, todo debido a la pésima 
gestión de los bosques”, a pesar de que, en opinión de los especialistas, “aunque la 
gravedad de los incendios obedece a varios factores, la gestión forestal no es una de ellos” 
por la tipología forestal de las zonas quemadas. En concreto, el decano de la facultad de 
ecología de la Universidad de Michigan, Jonathan Overpeck, dijo que los incendios en el 
oeste son cada vez más grandes y graves y esto “no se debe tanto a la mala gestión sino a 
que asamos nuestros bosques, forestas y praderas con el cambio climático que se agrava 
constantemente. Los incendios se han vuelto más devastadores debido a las grandes 
oscilaciones del clima debido al calentamiento global”. Visto el desánimo y las críticas que 
provocaron sus tuits del fin de semana, el presidente trató de enmendarse, al menos en parte. 
Los bomberos, la agencia federal de emergencia y los equipos de respuesta urgente son 
impresionantes y muy valientes. Gracias y que Dios os bendiga a todos”, escribió. 

En rueda de prensa posterior, el gobernador del estado, Jerry Brown, matizó a Trump 
diciendo que, efectivamente, tanto a nivel federal como estatal se debe mejorar en la gestión 
forestal, pero sostuvo que el cambio climático es la gran fuente de este problema. “Aquellos 
que lo niegan están contribuyendo a estas tragedias de las que estamos siendo testigos y 
continuaremos viendo en los próximos años”. 
 
 
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Poca broma con el cambio climático, que existe realmente1 y es cada día es más perceptible. 
Y el tomar o no iniciativas de acciones encaminadas a controlar lo que en él depende del 
hombre define al gobernante que piensa en el futuro del planeta o de quien piensa sólo en 
mantener su poltrona y el poder, aún a costa del bienestar de las generaciones venideras. Y 
esa comparación es lo que nos hace reflexionar. Por un lado, en Europa, la noticia calentita 
de que a partir de 2050 (2040 en Dinamarca) todos los vehículos-turismos deberán ser 
eléctricos o propulsados con hidrógeno, y por otro los incendios de California y la sensibilidad 
presidencial ante ellos, nos hace concluir que los actuales Estados Unidos han dejado de ser 
un aliado del planeta. Donald Trump dio rienda suelta en su día a sus creencias más radicales 
y decidió romper con el “debilitante, desventajoso e injusto” Acuerdo de París contra el cambio 
climático. La retirada del pacto firmado por 195 países marca una divisoria histórica. Con la 
salida, el presidente de la nación más poderosa del mundo no sólo dio la espalda a la ciencia 
y ahondó la fractura con Europa, sino que abandona la lucha ante uno de los más inquietantes 
desafíos de la humanidad. La era Trump, oscura y vertiginosa, se acelera. Ni siquiera el grito 
unánime de la comunidad científica fue escuchado. Trump puso la lupa en los “intereses 
nacionales” y consumó el giro aislacionista frente a un acuerdo refrendado por todo el planeta, 
excepto Nicaragua y Siria. “He cumplido una tras otra mis promesas. La economía ha crecido 
y esto solo ha empezado. No vamos a perder empleos. Por la gente de este país salimos del 
acuerdo. Estoy dispuesto a renegociar otro favorable para Estados Unidos, pero que sea justo 
para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y 
Pittsburgh por delante de París”, clamó Trump; es la doctrina de América Primero. Ese 
programa, mezcla de patriotismo económico y xenofobia, que contra todo pronóstico le hizo 
ganar la Casa Blanca, y a cuya amalgama apela Trump cada vez que ve peligrar su estabilidad 
política.

Lo dramático es que Estados Unidos es el origen del 15 % de las emisiones mundiales de 
dióxido de carbono2 al aire, sólo superado por China, que emite el 30 %, y muy por delante del 
total de países de la UE, con un 9 %. En este marco, el Acuerdo es un compromiso no 
vinculante y cada país es libre de decidir su propio camino a la hora de recortar emisiones de 
gases de efecto invernadero. Lo importante del Acuerdo era evitar que a finales de siglo la 
temperatura mundial supere en dos grados el nivel preindustrial (ahora mismo ya ha 
aumentado 1,1º y el nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio 
Climático - IPCC, por sus siglas en inglés -, establecido por la ONU, alerta de la posibilidad de 
que la temperatura suba 1.5 grados entre 2030 y 2052 si el calentamiento global continúa). 
Para lograrlo, Barack Obama ofreció reducir las emisiones de EEUU entre un 26% y 28% para 
2025 respecto a los niveles de 2005. Pero las medidas que puso en marcha ya han sido 
frenadas por Trump. 
 
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De nada vale que Donald Trump haya reconocido recientemente que el cambio climático “no 
es un engaño", si a la vez asegura que desconoce si está causado por el hombre: “Creo que 
algo está pasando. Algo está cambiando y volverá a cambiar. No creo que sea un engaño, 
creo que probablemente hay una diferencia. Pero no sé si está causado por el hombre", 
expuso en una entrevista, aunque afirmó sibilinamente que los científicos tienen una "gran 
agenda política" y argumentó que no quiere perjudicar a la economía estadounidense con 
políticas ecológicas. “No quiero dar miles de millones de dólares y miles de millones de dólares. 
No quiero perder millones y millones de empleos. No quiero estar en desventaja", declaró.

Y mientras, California sigue en llamas.
 
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1Pese a astracanadas negacionistas de un gobernante conocido por todos (que ya había dado muestras de su sensibilidad medioambiental cuando calificó de “hilillos de plastilina” las emisiones de fuel contaminante desde el barco hundido en el desastre ecológico del Prestige frente a las costas gallegas. Si después ¡en Galicia! lo votan…) que quiso disimular su ignorancia partidista sobre el tema citando sus opiniones como si fueran de “su primo”, que sí decía que era experto en la materia. Ahí está la hemeroteca y la videoteca para quien quiera recordarlo en detalle. 

2El dióxido de carbono (CO2) es un gas incoloro y vital para la vida en la Tierra por ser la principal fuente de carbono, pero es un importante gas de efecto invernadero. La quema de combustibles de carbono desde la Revolución Industrial ha aumentado rápidamente su concentración en la atmósfera, lo que ha llevado a un calentamiento global. Es además la principal causa de la acidificación del océano, ya que se disuelve en el agua formando ácido carbónico.

jueves, 1 de noviembre de 2018

El rechazo de la pobreza no es igual que el rechazo del pobre.


Una de las películas con más reposiciones en las televisiones españolas1 tras su estreno en las pantallas de cine en 1990, señal de la aceptación popular del tema que toca y de cómo lo trata, es la comedia romántica americana Pretty woman, dirigida por Garry Marshall, que encumbró a su protagonista femenina, la actriz Julia Roberts (después de que el papel fuera rechazado "por humillante" por una veintena de actrices de primera fila entre las que se encuentran Meg Ryan, Michelle Pfeiffer, Daryl Hannah, Valeria Golino, Jodie Foster, Helen Hunt, Bridget Fonda, Diane Lane, o Brooke Shields), y que estaba inspirada en la letra de la canción de 1964 Oh, pretty woman, del entonces semiolvidado Roy Orbison, canción que fue incorporada a la banda sonora de la película y que contribuyó al éxito popular de ambas.


El argumento, ya archiconocido, de la película es que Edward Lewis (papel interpretado por Richard Gere) es un rico hombre de negocios que viaja regularmente a Los Ángeles, donde siempre se aloja en la misma suite de un lujoso hotel, y habiendo discutido con su novia, sus socios le plantean la necesidad de ir acompañado a una importante reunión de negocios. Entonces, lleva al hotel como acompañante a una prostituta, Vivian Ward (Julia Roberts), de comportamientos un tanto vulgares; Edward se siente atraído por la espontaneidad de la mujer y le ofrece quedarse toda la semana con él en previsión de que lo acompañe a más actos sociales a cambio de 3000 dólares y ella accede. A lo largo de esa semana, los dos se irán conociendo y desarrollarán sentimientos. Finalmente, se enamorarán y formarán una pareja estable, en la que se destacará, curiosamente, la influencia de ella sobre el cambio de actitud de Edward.

La película supuso la nominación para la concesión de varios premios cinematográficos de interpretación o técnicos, aunque finalmente sólo consiguiera un Globo de Oro a mejor actriz de comedia Julia Roberts, y el protagonista principal, Richard Gere, quedara a las puertas. Hablemos de él: Richard Gere, que no sólo es un actor estadounidense galardonado con un premio Globo de Oro (no por Pretty woman, obviamente), sino que es cada vez más conocido y respetado/criticado por su faceta de activista. Como actor, comenzó a actuar en la década de los 60, llegando a la fama en 1980 por su papel en la película American Gigolo, que de alguna manera lo dejó marcado como un símbolo sexual. Luego pasó a protagonizar varias películas exitosas, incluyendo Oficial y caballero, la misma Pretty woman, Las dos caras de la verdad, Chicago, y un largo etcétera. Como activista, la búsqueda de su "verdadero yo" lo llevó a abrazar la fe budista y a ser uno de los principales discípulos estadounidenses del Dalai Lama siendo un budista reconocido y un persistente activista en la lucha por los derechos humanos en el Tíbet, que fue el principio de sus compromisos públicos; también ha prestado su apoyo a la causa por los derechos de los pueblos indígenas y otras causas en defensa de los derechos humanos.

Su última cruzada es hacer visibles los problemas de los "sin techo". Por ello, rodó en 2014 la película Invisibles (Time Out of Mind) , en la que interpreta a un sin techo que lucha día a día por conservar su dignidad en las duras calles de la ciudad de Nueva York. Se trata de un proyecto personal en el que el actor ha estado involucrado durante muchos años y que él mismo ha logrado sacar adelante como productor. En sus propias palabras, “Estoy muy orgulloso de este trabajo porque es importante concienciarse y sensibilizar a la población sobre temas que nos afectan de una manera muy directa”. En la película se puede ver a un Richard Gere muy alejado de la imagen de galán a la que estamos acostumbrados.; interpreta a George, un hombre que lo ha perdido todo y que intenta sobrevivir como puede en un mundo que le da la espalda, ejerciendo la mendicidad y deambulando por las aceras sin rumbo fijo, sin futuro ni esperanza. “En la película hemos intentado reflejar esa desolación, el deterioro físico y mental al que están abocadas las personas que se encuentran en estas condiciones, el odio y el sentimiento de culpabilidad al que pueden llegar a autosometerse. Todos somos frágiles, pero todavía más cuando todo se desmorona a nuestro alrededor”. El actor asegura haberse intentado poner en la piel de muchos de estos ciudadanos anónimos a los que él mismo lleva años viendo en las avenidas de Manhattan. "La película es muy sensorial. He dormido en la calle para conocer el problema de los sin techo. No tengo miedo a remangarme y meterme en faena. Si hago algo, doy el cien por cien; si no, prefiero no hacerlo. Quería que la gente sintiese la ansiedad de lo que supone no tener para comer, temer que te agredan, la indefensión y frustración que sienten estas personas". Para reflejar la realidad, al actor le grababan con cámaras ocultas desde diferentes puntos en las calles de Nueva York, por las que paseaba caracterizado del personaje "y con la carga emocional que supone ser una persona con estas circunstancias. Ha sido la primera vez que me he sentido invisible en 45 años como estrella. Nadie me prestaba atención. A lo lejos veían una persona sin hogar y preferían no verme. Nadie me reconoció porque no me miraron a los ojos. Durante 45 minutos, nadie me dijo nada. Si eso me pasa a mí, imaginaos a una persona común. Quiero que esta película sirva para ver en profundidad lo que decidimos mirar y lo que no, lo que somos y nuestro lugar en este mundo". Casualmente, su pareja actual es española, Alejandra Silva, y también, como él, está sensibilizada por estos temas al ser madrina de la Fundación RAIS, que trabaja en España ayudando y acogiendo a personas y familias sin hogar o que viven en el umbral de la pobreza.

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Gere caracterizado para "Invisibles"

Por todo ello, estos días pasados fue noticia, de esas que pasan desapercibidas, que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibió a Richard Gere, Alejandra Silva y al presidente de la Fundación RAIS, Fernando Vidal, con el fin de "mantener una charla" sobre la problemática de la exclusión social que sufren las personas sin hogar, identificada como aporofobia2, y cómo la Fundación les ayuda a encontrar una salida a su situación.

El tema de fondo es ver si se consigue pasar de "una charla" en el tratamiento de la problemática. La aporofobia consiste, por tanto, en un sentimiento de miedo, odio y en una actitud de rechazo al pobre, al sin medios, al desamparado. Tal sentimiento y tal actitud son adquiridos toda vez que la pobreza es una característica circunstancial en la vida de los seres humanos y en ningún caso forma parte de la identidad; no es una condición permanente de las personas, sino una situación indeseable e injusta, pero superable. La posibilidad de que las personas puedan salir de la situación de pobreza y abandonar la exclusión social suele llevar asociado un efecto de culpabilización individual de las personas de su situación de pobreza, ya que no se tienen en cuenta las circunstancias sociales, políticas y/o económicas que influyen en los procesos de exclusión. Las creencias y mitos generados en este proceso de culpabilización son las ideas que subyacen a la aporofobia («están en la calle porque quieren», «tendrían que ponerse a trabajar», «son unos vagos», etc.) Además, la aporofobia se transmite a partir de una construcción social que relaciona a las personas pobres con delincuencia, situándolas en el imaginario social como posibles delincuentes antes que como potenciales víctimas de la discriminación y la violencia. Existen políticas públicas orientadas sólo a la seguridad y a la convivencia así como prácticas periodísticas en torno a la pobreza y la exclusión social que favorecen la transmisión de una imagen de criminalización de la pobreza. Estas prácticas políticas, sociales y mediáticas generan representaciones deshumanizadoras de las personas en situación de extrema pobreza y crean una distancia simbólica entre «nosotros» y «ellos». De este modo, a través de procesos de deslegitimización y exclusión moral la ciudadanía "normal" no se siente obligada a aplicar con ellos las normas morales, reglas sociales y consideraciones de justicia que aplican con la población que no está excluida socialmente.

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Lo que llama la atención es que la aporofobia está más arraigada y extendida de lo que nos pueda parecer, y a veces se manifiesta en cosas inocentes e intrascendentes a las que no se les da importancia y se consideran normales. Un ejemplo:

Soy miembro de un grupo en las Redes Sociales en el que frecuentemente se da rienda suelta a un ejercicio de nostalgia basado en la añoranza de la infancia en La Carolina, pueblo de esforzado pasado y crisol minero, un pueblo, unas costumbres y unas gentes que, se quiera o no, representan a un pasado que no volverá. Y así debe asumirse toda vez que ni el pueblo, ni las costumbres, ni siquiera nosotros, son/somos los mismos que se evocan (¿o alguien puede mantener que el pueblo que recuerdan sus abuelos es el mismo que recuerda él y el mismo que el actual aunque en todos se conserven algunos edificios identificativos? Por no hablar de las personas... ). En este ejercicio de añoranza resulta llamativo observar que, con raras excepciones, el pueblo en su historia y sus gentes viene representado por los mismos elementos urbanos históricos y/o monumentales acompañados de unas alabanzas al centro urbano bienestante y sus habitantes, cerrando los ojos (¿menospreciando?) sistemáticamente ante esos suburbios de extrarradio "pobres", como si nunca hubieran existido, olvidando su capital contribución (frecuentemente como mano de obra oprimida y manipulada) a que el pueblo sea hoy lo que es. Y es bueno reivindicar a esas personas al margen de las etiquetas que se han colgado a su entorno. Es habitual en todas las latitudes lo de las etiquetas, está asumido, pero cabe darle una vuelta a la idea. 
 
Hablemos un poco de sociología.

En todas las culturas y a lo largo de los tiempos, la noticia de que una ciudad o territorio está en un proceso de crecimiento convierte el lugar en un poderoso polo de atracción de gente, mayoritariamente de personas que intentan mejorar su situación socioeconómica o desarrollarse al amparo de esa coyuntura de crecimiento. Cuando eso ocurre, lo habitual es que se creen núcleos precarios de viviendas en el extrarradio que, o se consolidan como barrio urbano entrando en un proceso de equiparación al resto de la ciudad, o sus primeros habitantes encuentran acomodo en la ciudad dejando subsitir como marginal el barrio... o se hace desaparecer porque esa marginalidad lo ha convertido en otra cosa.

En La Carolina hubo hasta hace poco más de medio siglo un espacio, de unos 50.000 metros cuadrados, delimitado por las calles Linares, Tejar de Salmerón, Buenavista y Huertas, llamado "el ejido", formando un bosque artificial plantado de eucaliptos3 (y conocido por ello por la gente como "el lejío de los quininos") que respondiendo a su nombre, era un campo de propiedad pública del pueblo, lindante con él, que no se labraba, y donde solían reunirse los ganados (aún habrá quien recuerde la en su día floreciente feria anual de ganado que se celebraba, básicamente, en el ejido). Para situarnos, el límite claro de las casas del casco urbano de entonces era la calle Linares, su opuesta, la Buenavista, y cerraba el rectángulo por el lado cercano a la estación de tren la calle de las Huertas y por el lado que daba a donde comenzaba el camino a las minas, la calle del Tejar de Salmerón.
Pues bien, las casas construidas en la calle Buenavista (la de la parte de fuera del ejido) en su mitad cercana a la estación, pronto adquirieron el status social de "normales" mientras que las de la mitad situada hacia la calle de las minas, incluyendo las que se hicieron en Tejar de Salmerón y detrás, arrastraron durante años la identificación de "barrio de los gitanos", con todo lo que eso representaba (y aún hoy representa) de estigma en muchos ámbitos sociales.

Visto desde hoy, esta actitud es una clara muestra de aporofobia inconsciente, por lo que no está de más reivindicar a las personas, siempre por encima de las etiquetas.


Para empezar, es excesivo para alguien que conociera el barrio, llamarlo "de los gitanos" ya que en él sólo vivían tres o cuatro familias de esta etnia, con abundante chiquillería, entre los que descollaba Justo "el gitano", que nunca dio problemas, como lo podría atestiguar la parsimonia con que solía hacer la frecuente ronda la pareja de la Guardia Civil, saludada por todo el mundo.
El barrio, como tal, empezaba en la esquina donde tenía la tienda la Zoíla, que daba a la calle donde empezaba el camino que llevaba al tejar, en pleno campo de olivos, calle donde vivían la "Polonia" y su prole y la "Patro"4. Las familias que lo habitaban, digamos que "económicamente débiles", rezumaban una dignidad, una solidaridad (perceptible como una cosa normal, como cuando a Paniagua el piconero se le incendió la cuadra donde almacenaba el cisco, se ve que mal apagado; gracias al rápido trabajo de los vecinos en un tiempo en que no había bomberos ni nada parecido, se apagó el incendio y se evitó su propagación a las casas) y unas ganas de vivir/mejorar que, vistas desde hoy, cabe calificar de auténticas y envidiables. Recordemos unos cuantos personajes de esta pequeña historia como homenaje a los que "nunca se ven": la Gregoria y sus hijos, que pronto alzaron el vuelo, la "Vitoria", que tenía a todos sus hijos desperdigados por toda España, y que buscaba como loca a quien le pudiera leer la carta de insegura y temblorosa caligrafía que había recibido de su hijo menor, Paco, la niña de sus ojos, que estaba en Málaga; la Rosario, que compartía casa con Juana "la pitirra", las tres hijas y el marido de ésta, Pepe Arias, de quien guardo un recuerdo y agradecimiento imborrables pues, en circunstancias familiares muy dolorosas, fue de los pocos que me brindó apoyo y compañía con total cercanía pese a que hacía más de treinta años que no nos veíamos debido a mi ausencia; la Cecilia y su misterio, ya que me regaló un libro de cuentos que tenía ella ¡en inglés! (en aquel ambiente); Julián, su mujer, María, y sus hijos, Severo y Juan, que vinieron a vivir a la casa de la Águeda cuando ésta e fue(¿o murió?)....
El barrio, realmente, sufría de cierto aislamiento social, y aparte de Biedma el cartero, Monsalve el practicante y pocos más, no era habitual cruzar el ejido para visitar a nadie, sino que se concertaban en el centro del pueblo, a pesar de que, muchos de los problemas que no se querían ver y que se ahacaban sólo al barrio eran comunes, como el de la vivienda. Y si no, que se lo digan, entre muchos otros, a Catalina, una catalana que ocupaba, junto con su hijo, una única habitación que daba al patio interior de una de las casas de la ya "civilizada" calle del Campo entre las panaderias de Carmen "la palala"y la de "la morena".
Ninguno de éstos ni de otros perfiles humanos similares pasarán a ser recordados como las "fuerzas vivas" del pueblo, pero de ahí a su ocultación, negación y rechazo sociales va un abismo.

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¿Es o no un ejercicio de etiquetar, manipular y ocultar unas realidades? Aporofobia... Técnicamente, las fobias son trastornos de ansiedad características en personas que desarrollan un miedo irracional a personas, animales, objetos o situaciones que en realidad no siempre representan una amenaza real. Sin embargo, fuera del ámbito psiquiátrico y de la Psicología Clínica también se ha utilizado este término para crear palabras que denotan un rechazo social o un odio injustificado a personas de cierto colectivo, o simple sensación de repulsión ante el diferente, como es el caso. 

Así pues,esta fobia no es un trastorno mental, sino más bien de una disfunción social que refuerza la marginalización de personas en una posición vulnerable. Es por eso que puede convertirse en un patrón de conducta fácil de aprender, ya que no tiene consecuencias negativas directas e inmediatas sobre quien reproduce esa actitud.

Ahora bien... ¿qué es lo que leva a muchas personas a reproducir aporofobia contra la gente más vulnerable? Veámoslo.

- Razones ideológicas
Hay varias ideologías que llevan a despreciar a los pobres. Algunas de ellas vinculadas a la derecha política5, por ejemplo, se basan en la idea de meritocracia para partir de la presuposición de que el hecho de ser pobre o no serlo es básicamente una cuestión de actitud personal y de fuerza de voluntad. Esto, además de ser falso (los mejores predictores de pobreza son variables que escapan al control del individuo: la renta familiar, el país de nacimiento, la salud de los padres e incluso el Coeficiente de Inteligencia de éstos), reproduce un discurso que favorece la marginalización de los pobres.

- Disonancia cognitiva
En psicología se conoce como disonancia cognitiva el estado de tensión psicológica y de malestar que aparece cuando dos ideas contradictorias entre sí chocan. La aporofobia también puede basarse en la incomodidad que genera tener a gente pobre en las proximidades y no hacer nada para mejorar su situación. Este hecho puede llevar a crear prejuicios simplemente para justificar esa falta de ayuda, algo relacionado con el concepto de disonancia cognitiva.

- Prejuicios por falta de contacto
También es posible que la aporofobia sea causada por la falta de contacto directo con personas pobres, lo cual hace que la visión que se tiene de ellas se base en los prejuicios, los estereotipos e incluso una criminalización que reproducen algunos agentes políticos o medios de comunicación. Esto es algo que muchas veces también está en la raíz del racismo o la xenofobia.
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Que resulte malsonante quizá sea lo de menos.
Pero, ¿se puede hacer algo contra la aporofobia?

Combatir la aporofobia es complicado, ya que la pobreza es algo generalizado alrededor de todo el mundo y es fácil que este rechazo social se contagie de un lado a otro. Además, hay pocas entidades comprometidas en defender los intereses de las persona con pocos recursos. En este sentido, un modo de combatir la aporofobia es lo que está haciendo Richard Gere, divulgar una visión de la pobreza anti-esencialista, que no la vincule "la esencia" de las personas sino al modo en el que por varias circunstancias deben vivir. También es importante hacer esto sin normalizar la pobreza, como si fuese algo predestinado y consustancial a todas las sociedades, que no se puede evitar.

Pese a todo, la tendencia económica actual en todo el mundo promueve que la riqueza personal depende más del nivel económico de los padres que del esfuerzo. Por supuesto, las variables de personalidad y la inteligencia también contribuyen a la movilidad socioeconómica, pero tienen un peso muy inferior, más cercano al de la suerte. (según el economista Thomas Piketty, conocido por sus análisis históricos de la evolución de la economía en diversos países, en las sociedades en que la herencia es poco importante el trabajo tiene un peso mucho mayor en el enriquecimiento, por el contrario, cuanto más se concentran los patrimonios en un número reducido de personas más difícil resulta hacerse rico mediante el propio esfuerzo. El estancamiento de la población que tiene lugar actualmente en la mayor parte del mundo incrementa aún más esta acumulación de la riqueza).

Las explicaciones de ciertas políticas que atribuyen la estabilidad económica de la persona sólo a su esfuerzo y a su capacidad desestiman variables no modificables más importantes como el entorno. Aunque el esfuerzo o la suerte son indispensables para hacerse rico, no hay que olvidar que la mejor forma de ganar dinero es nacer teniéndolo, pero eso no debe comportar rechazar a quien ha tenido otra cuna sólo por esa razón, por la cuna. Y la solución nunca es hacerlo invisible.

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1 Para quien tenga curiosidad, el primer pase televisivo fue en 1994 por TVE y, desde entonces, se ha emitido por diferentes canales más de veinte veces, liderando con holgura en casi todas las reposiciones las listas de audiencia, un récord reconocido para una película que jamás ha bajado del 1.000.000 espectadores, moviéndose entre el 55,6% y el 11,5% de cuota de pantalla.


2 En contadas ocasiones se conoce el nombre de "los padres" de una palabra: greguería, de Ramón Gómez de la Serna, putrefacto, de Federico García Lorca, y pocas más. La aporofobia (del griego άπορος (á-poros), sin recursos, indigente, pobre; y φόβος, (fobos), miedo) es una de ellas. Se refiere al miedo hacia la pobreza y hacia las personas pobres, la repugnancia y hostilidad ante las personas pobres, sin recursos o desamparadas. Fue creada como palabra en los años 1990 por la filósofa Adela Cortina Orts, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, Premio Internacional de Ensayo Jovellanos en 2004, Premio Nacional de Ensayo en 2014 y directora de la Fundación Étnor, Ética de los negocios y las Organizaciones Empresariales, para diferenciar esta actitud de la xenofobia, que solo se refiere al rechazo al extranjero, y del racismo, que es la discriminación por grupos étnicos poniendo en valor la evidencia de que socialmente no se discrimina ni margina a personas inmigrantes o a miembros de otras etnias cuando tienen patrimonio, recursos económicos y/o relevancia social y mediática.


3El bosque se taló y el terreno se recalificó para construir en él el grupo de casas "sociales" y edificaciones (con la excepción del edificio del colegio con fachada a Huertas, que ya existía) que hay ahora.


4Tarea para los sociólogos: es muy curioso que, en una sociedad profundamente patriarcal como aquella, se recuerde en general, y hayan dejado más huella, las mujeres que los hombres.



5El lema "Caudillo de España por la gracia de Dios" ha evolucionado al de "Dios es de derechas" que se oye decir con aplomo, de forma que lo que es una simple boutade insensata deviene en un mensaje lacerante cuando es asumido así y repetido por ciertos sectores de la jerarquía eclesiástica (y encuentran auditorio), los mismos que abominan, por ejemplo, de la Teología de la Liberación y movimientos similares olvidando que el mandato evangélico de proteger al débil, desvalido u oprimido casa muy poco con las políticas que ellos propugnan.