miércoles, 26 de diciembre de 2018

“La maté porque era mía” ¿Sólo un tango?

Lamentablemente, la actualidad cotidiana nos ofrece a veces temas para la reflexión asaz 
delicados y desagradables, aquellos temas que provocan indignación y desasosiego sólo 
citarlos. Y uno de ellos es el de las víctimas crecientes de la llamada violencia de género, 
tanto si la reflexión se hace desde el punto de vista jurídico como desde el mucho más 
complejo punto de vista social.

Las estadísticas de mujeres asesinadas (es obsceno hablar de “muertas”, como si fuera 
producto de una gripe) por sus actuales o anteriores allegados, mayoritariamente hombres, en 
una aplicación psicótica de un pretendido y perverso sentido de la propiedad, o por 
desconocidos desequilibrados, por el simple hecho de ser mujer, no paran de crecer y ya no 
son noticia de portada… salvo que se hayan producido los asesinatos en circunstancias que 
alimenten escarbar en el morbo durante días y días para vender más diarios o rellenar más 
horas en la parrilla de la cadena de televisión de turno.

Desde el año 2003, año en el que empezaron a contabilizarse estos casos, han sido 
asesinadas en nuestro país, en números redondos, un millar de mujeres, una cifra mayor que 
todas las víctimas de la organización terrorista ETA en sus 60 años de historia. No se trata, 
por supuesto, de establecer paralelismos entre los dos fenómenos, no comparables, sino de 
poner encima de la mesa la evidencia de que si bien contra ETA se consiguió con relativa 
facilidad el consenso político y la unidad social, en el caso de la violencia contra la mujer, ni 
hay consenso político sobre el cómo y cuando abordar el problema ni, tristemente, unidad 
social, prioritaria sobre la política, para impulsar ésta. ¿Por qué? ¿Porque son mujeres? Eso 
conduce a una pregunta, seguramente simple: ¿habría la misma parsimonia socio/política si 
las víctimas fueran hombres a manos de mujeres? Cualquier intento de razonar cualquier 
respuesta a esa pregunta resulta, cuando menos, inquietante, en particular si se considera 
que, salvo en las dictaduras, numerosas iniciativas legales obedecen a presiones sociales 
que exigen soluciones a determinadas situaciones que, de otra forma, pasarían, quizá, 
inadvertidas a los legisladores. 
 
Resultado de imagen de mi marido me pega martes y trece
Lo grave es que sigue provocando risas.
 
No nos engañemos; el maltrato a la mujer por el sólo hecho de serlo (en un abanico que 
abarca desde el simple maltrato psicológico hasta el asesinato) tiene un importante sustrato 
de aceptación social como parte de una cultura (?) heredada y, lo que es peor, aún vivida en 
muchos núcleos familiares como normal. Recientemente, un gag (de gusto discutible, por 
supuesto) de un humorista, en un programa televisivo de humor, con la bandera de España, 
dio lugar a que José María Yuste, componente del que fue grupo humorístico de éxito Martes 
y 13, dijera en una entrevista telefónica que ”El gag de la bandera es una soberana gilipollez. 
Primero no tiene gracia ni talento y ofende a millones, entre ellos a mí; el humor hay que 
hacerlo con talento, si lo haces sin talento eres un paria. ¿Qué consigues con eso? ¿Qué 
consigue ese hombre, ese humorista como... en fin... con eso? Ofender a millones de 
personas, no tener ninguna gracia y quedar en ridículo”. Nada que decir, si no fuera porque, 
hablando de talento y ofensas, aún se puede recordar a Yuste un gag de Martes y 13 en el 
que uno de los componentes del dúo, maquillado como para mostrar un rostro lleno de 
hematomas, dice a la cámara con expresión compungida: “Mi marido me pega… lo normal” 
¿Y eso no ofende? Es evidente que no cuando su visionado aún provoca risotadas en 
algunos que, incluso, consiguen tapar un desasosiego bochornoso en otros. El tema tiene, 
pues, raíces más profundas. ¿Y si tuviera algo que ver con la cultura recibida?

A finales de 1969, un todavía poco conocido Manuel Vázquez Montalbán1 publicó en la 
revista Triunfo una serie de artículos sobre la vida social de la España popular entre los años 
40 y los 60 que, bajo el epígrafe Crónica sentimental de España, serían editados más tarde 
en libro por su enorme impacto. Aquellas crónicas representaron un rotundo éxito no sólo 
para el autor, sino para la gente que pudo ver, por fin, representadas a través de palabras los 
sinsabores y las alegrías más recónditas de sus difíciles vidas en aquellos años. La guerra 
(in)civil española fue tan absorbente para el imaginario artístico que los años posteriores, 
sumidos en el dopaje franquista, quedaron muy relegados. Vázquez Montalbán hundió la 
mirada en la larga posguerra española y extrajo retratos y pequeñas historias conmovedoras 
que aunque nos llegaron en blanco y negro, tenían su peculiar colorido. En ellos, analizaba 
la vida cotidiana para reflejar la evolución sentimental y moral de los españoles, y el autor se 
fijaba, como una suerte de hilo conductor, en cómo se articulan los mecanismos de la canción 
para contribuir a forjar el imaginario colectivo, en unos años en los que éste concedía un lugar 
de privilegio a toreros y folclóricas y el amor debía ser casto y puro, siempre bajo la bendición 
de Dios. Y así, las coplas y los temas de mayor éxito del franquismo se convirtieron en 
eficaces transmisores de normas de conducta moral. 
 
Resultado de imagen de Cancionero general del franquismo

 
De ahí a recopilar (en dos volúmenes) las canciones que reflejaban una época en un  
Cancionero general del franquismo, un paso. El índice temático del mismo iba desde el 
erotismo (como se veía entonces) a las canciones del absurdo pasando por lo que ahora son 
joyas para el estudio sociológico como la religión, la familia o el machismo. Ojeando el  
Cancionero se observa que la copla o el bolero en él recogidos expresan sentimientos 
exacerbados sobre el amor, el desamor, la pasión,…siempre desde un óptica increíblemente 
machista. Responde a la expresión de los sentimientos y la realidad en unas épocas 
determinadas y por tanto se supone que, por pura evolución social, quedan descontextualizadas 
totalmente de la nuestra, y habría que tomarlas como parte del folclore y ejemplo del papel 
que representaba la mujer entonces (¿sólo entonces?). En la copla se refleja a dos prototipos 
de mujer: la mujer víctima, sufrida, la sometida en silencio, y la mujer mala, de esas que 
fuman, beben y aman apasionadamente. 

 - Algunas muestras: La Lirio es una de ellas, una niña a la que la Bizcocha 
(proxeneta) tiene en un café de marineros (prostíbulo) y se la vende a un cubano 
(posible pederasta) por 50 monedas de oro. ¡Tela el tema! 

 - En la copla siempre está presente el desamor, el destino como algo previamente 
escrito y difícil de modificar. A veces la mujer pierde su identidad (yo soy esa) y "lo 
mismo me llaman Carmen que Lolilla que Pilar, con lo que quieran llamarme me 
tengo que conformar…" es "la que no tiene nombre, …la perdición de los hombres" 
"y yo que mintiendo me gano la vida…….." De este modo la mujer no sabe ni quién 
es, supeditada siempre al hombre "no me llames Dolores, llámame Lola, que ese 
nombre en tus labios sabe a amapola"

 - También está Triniá, mujer con una apariencia semejante a la de la Virgen 
Santísima pero con algo en la mirada que hace presentir que “no es buena” y que 
se deja seducir por el brillo de las joyas de un banquero americano con el que se 
marcha, dejando a otro "hecho un desgraciao" 

 - Siempre provocadoras "pasaban los hombres y yo sonreía" se deja seducir por un 
hombre de ojos verdes que, en pago por sus servicios, "pa un vestío" le quiere 
regalar pero tal ha debido ser la noche de pasión que ella no lo acepta "yo te dije 
estás cumplío, no me tienes que dar ná".

 - El maltrato también está presente en la copla: "cruzó los brazos pa no matarla" 
"temió ser débil y perdonarla" El perdón como símbolo de debilidad, quizá matarla 
hubiese sido más de hombre, es por eso que la maldice para que sea como la falsa 
monea "que de mano en mano va y ninguno se la quea" evidenciando el escaso 
valor de la mujer que no pertenece a ningún hombre.

 
 
 - La mujer se deja comprar y es siempre bien pagá por un hombre que la cree de 
su propiedad. Es una mujer que por amor se deja humillar y que incluso está 
dispuesta a morir " que se me paren los pulsos si te dejo de querer, que las 
campanas me doblen si te falto alguna vez" ella soporta las infidelidades, soporta 
que no reconozca al hijo que han tenido entre ambos, a pesar de ello ella asegura 
que "sin embargo te quiero"

 - Otra pobre mujer es la que se queda a la lima y al limón, soltera y sola en la vida 
porque no tiene quien la quiera a los 30 años, "sólo el viento, de noche, es quien le 
ronda la calle" pero ella "nunca pierde la esperanza" aunque "se han casado sus 
amigas, se han casado sus hermanas…". Mientras, el tiempo pasa factura a su 
belleza. Finalmente logra casarse y dar con ello una bofetada simbólica a todos. 

  - Y así la mayoría de coplas, como La zarzamora, La ruiseñora, y muchas otras 
protagonistas femeninas en las que se imbuía que su tratamiento (diferente al de 
los hombres, por decirlo de forma suave) era el “normal” para las mujeres.

 - Y el prototipo de hombre en la copla es el de muy hombre, muy español (y 
“mucho español” como decía aquel en su peculiar forma de enfatizar) y si es infiel, 
es,siempre, por su hombría, mientras que ellas lo son porque son MALAS aunque, 
a veces, esos hombres cabales donde los haya, como Antonio Vargas Heredia
sean capaces incluso de matar. Claro está, por motivos de ellas ("pero por culpita 
de una hembra gitana, su faca en el pecho de un hombre se hundió, los celos 
malditos tuvieron la culpa y preso en la trena de rabia lloró”) 

Lo dramático es que, a pesar de que estos estereotipos sobre la mujer están en teoría mal 

vistos socialmente hoy, la cruda realidad es que siguen existiendo, si no no se entiende que 
haya todavía tantos hombres que creen que las mujeres son de su propiedad y hacen verdad 
aquello de "la maté porque era mía y ella sola se murió". Que nadie crea, además, que esta 
lacra se ciñe al franquismo en nuestro país o que es cosa de países en vías de desarrollo o 
está ligada al nivel profesional y/o cultural de las personas porque se equivocaría; en cuanto 
a su ámbito, esa “normalidad” de nuestra copla también la encontramos, por ejemplo, en la 
Argentina de Gardel, de quien fueron y son populares algunos tangos, tan proclives como 
género a grandes fatalismos y tragedias domésticas (Tomo y obligo, Noche de Reyes, La 
maté porque era mía – el título lo dice todo -, etc.), que son auténticas apologías de la 
violencia contra la mujer, en el México de El preso número nueve (¡cantado por una mujer, 
además!), más de lo mismo, pero también en civilizados países anglosajones, donde el 
fenómeno pasa más desapercibido (como en la archiconocida Delilah, uno de los grandes 
éxitos del cantante galés Tom Jones, un fragmento de cuya letra, en traducción libre, dice 
“ ..Ella era mi mujer, cuando me engañó, me di cuenta y perdí la cabeza ¿Por qué, por qué, 
por qué, Delilah?… ...Al romper el día, cuando el amante se alejó conduciendo, yo estaba 
esperando, crucé la calle hacia su casa y ella abrió la puerta. Se quedó de pie riendo, sentí el 
cuchillo en mi mano y no rió más...”), por no hablar de algunas letras actuales de canciones 
de ritmos latinos como el reggaeton ¡para adolescentes y con mayoría de chicas en los 
conciertos! ni de algunos videoclips de moda musical, si se pueden considerar así, que son 
una oda al control, los abusos, las (asumidas y consideradas “normales”) agresiones sexuales 
y asesinatos de mujeres justificados todos ellos por esa sensación de “propiedad traicionada”. 
 
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Todo esto actúa como un sistema “educativo” perfecto de comportamientos machistas, junto 
con el lenguaje cargado de sexismo2 que utilizamos involuntariamente, las imágenes que 
recibimos, el uso de la ropa que refuerza los géneros, etc., y tantas cosas que van 
construyendo, sin que nos percatemos, la fortaleza del machismo y la misoginia. Porque 
nacemos indefensos, con nuestros cerebros casi en blanco y lo que vamos viendo, oyendo, 
saboreando… terminará por conformar, de manera imperceptible, ese ser adulto que 
llegaremos a ser. Todo lo que “mamamos” se convierte en una impenetrable superestructura 
mental que nos determina, llámese ideología, llámese ética, llámese cultura. Sólo aplicando 
un exigente sentido crítico en la edad adulta podremos salir de esa costra ideológica heredada, 
cuestionar los valores que se nos adhirieron en nuestro entorno y tomar una postura realmente 
nuestra ante los problemas de la vida, sin aceptar o rechazar a priori, lo que la “costumbre” nos 
dice que es bueno o es malo. 

Es evidente que, para combatir con sensatez este flagelo, lo primero que debe hacerse es 
estar convencido de que se ha de cambiar, poco a poco seguramente, la mentalidad y la 
actuación en el entorno cercano y no fiarlo todo a las normativas. En estas fechas navideñas 
en las que estamos, y coincidiendo con el conocimiento del (pen)último asesinato de una chica 
por el simple hecho de ser mujer, corren por las Redes mensajes del tipo “Por un 2019 en el 
que cada mujer que salga de su casa regrese sana y salva”, que, en el fondo no hacen (con 
buena voluntad, por descontado) sino admitir la existencia del peligro; el objetivo serio debe 
ser precisamente que no sean necesarios estos mensajes, que la sociedad asuma de una vez 
por todas que una mujer es, como el hombre, una persona, en igualdad de derechos que él. 
Todos los derechos. Nada más. Y nada menos.

Para ayudar a este cambio necesario, la actitud de las autoridades contribuye decisivamente; 
estamos habituados a asistir, cada vez que se produce un asesinato, a fuertes y contundentes 
declaraciones de condena, manifestaciones, banderas a media asta,.. ¿Algo más? ¿Se llevan 
a cabo planes de modificación de los planes educativos que no sean en el fondo alimento de 
lucha partidista (con muchas mujeres votando a los partidos que se empeñan en perpetuar el 
modelo machista, pero esa es otra cuestión) que se eterniza sin abordar realmente el 
problema? ¿Se revisan las leyes relacionadas sin que algunas formaciones políticas tengan el 
cinismo de hacer detener el debate parlamentario sobre ellas porque, por ejemplo, en el título 
del anteproyecto figura la palabra “género”, sin entrar en el contenido? ¿… ? 
 
 
Para acabar, un documento publicado por la Organización de las Naciones Unidas. Pensemos 
que hace referencia a TODO EL MUNDO:

En 2018, sorprende todo lo que queda aún por hacer en cuanto al derecho a la igualdad de 
género.

    -Según datos de Naciones Unidas, el 19% de las mujeres de entre 15 y 49 años dijeron 
que habían sufrido violencia física o sexual a manos de su pareja en el último año.
    -En 2012, la mitad de las mujeres víctimas de homicidio intencional habían sido asesinadas 
por su pareja o un familiar frente a un 6% de hombres.
    -En el año 2000, una de cada tres mujeres entre 20 y 24 años se había casado antes de 
cumplir los 18 años.
    -Aunque en la última década la mutilación genital ha disminuido, hoy en día se sigue 
practicando en un número elevado de países.
    -El tiempo dedicado a los cuidados asistenciales y trabajo doméstico no remunerados 
es el triple para las mujeres que para hombres, contribuyendo a la brecha de género.
    -La participación de las mujeres en órganos legislativos únicos o en parlamentos 
nacionales solo alcanza, en 2017, el 23,4%.
    -En los 67 países de los que se disponen datos, menos de un tercio de los puestos 
directivos superiores e intermedios los ocupaban mujeres.
    -Hoy en día, 130 millones de niñas no van a la escuela.

Hace pensar en todos los aspectos referidos a la mujer, ¿no?, y la constatación de que es 
un problema que traspasa nuestras fronteras no sólo no tranquiliza sino que multiplica la 
preocupación. 
 
 
 
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1Manuel Vázquez Montalbán (1939 - 2003) fue un escritor español de personalidad casi inabarcable que se definió a sí mismo como "periodista, novelista, poeta, ensayista, antólogo, prologuista, humorista, crítico, gastrónomo, culé y prolífico en general", campos todos en los que destacó. Es conocido sobre todo por sus novelas, particularmente las protagonizadas por el inclasificable detective Pepe Carvalho, aunque no debe olvidarse su poesía, dentro del grupo de los “novísimos” ni sus múltiples y variados, aunque lúcidos ensayos sobre periodismo, política, sociología, deporte, historia, cocina, biografías, literatura o música y durante cierto tiempo se le tuvo como un experto en franquismo. Utilizó también para alguna de sus obras los seudónimos de Luis Dávila y Manolo V el empecinado.


2En palabras de María Irazusta en su libro/biblia del insulto titulada Eso lo será tu madre (Espasa).“Siendo un zorro un hombre astuto, una zorra es una prostituta. Y, por supuesto, nada tiene que ver un respetable hombre público con una mujer pública, una prostituta. Es que, además, un fulano es alguien sin identificar, mientras que una fulana es una prostituta; un golfo es un pillo, un juerguista, en cambio una golfa es una prostituta; un cualquiera es un pobre don nadie, mientras que una cualquiera es una prostituta; y aquel que no tiene un destino determinado y está perdido nos produce cierta aflicción, mientras que una perdida es una prostituta. Y no teniendo lobo atisbo de menosprecio, una loba puede ser desde una femme fatale, devoradora de hombres, hasta –¡cómo no!– una prostituta… ¡Qué obsesiones continúan adheridas a nuestra cultura para que tantas palabras de uso común, en femenino, designen invariablemente a una prostituta! Y para rematar, cuando se quiere acentuar que algo no solo es malo, sino pésimo, pues ya se sabe: esto es una puta mierda o esto está de puta pena”.
Más allá de los insultos y tacos, la imagen estereotipada y negativa de las mujeres se extiende al refranero (La mujer que no es hacendosa, o puta o golosa), los neologismos o los eufemismos y llega a expresiones tan coloquiales y repetidas como “esto es un coñazo”. El hombre, sin embargo, sale bastante mejor parado en el lenguaje. Sus genitales tienen connotaciones positivas (“esto es la polla”, “esto es cojonudo” o "poner los cojones sobre la mesa"), los refranes reafirman su supremacía frente a la mujer e incluso hacen apología de la violencia de género (A la mujer y a la burra, cada día una zurra), ciertas palabras, además de las citadas más arriba, tienen distintas connotaciones dependiendo del sexo al que hagan referencia (gobernante/gobernanta, verdulero/verdulera, secretario/secretaria) y hasta los animales salen ganando cuando se escriben en masculino (un gallo es un hombre fuerte y valiente, mientras que un gallina define a una persona cobarde, pusilánime y tímida).
En un momento en el que el debate sobre el rol de la mujer en la sociedad está de plena actualidad se hace fundamental reivindicar que el lenguaje, principal instrumento para expresar las ideas y reflejar la cultura de un determinado lugar en una situación concreta, vaya evolucionando y dejando en desuso las palabras que alimentan las diferencias entre hombres y mujeres. Si el diccionario es un reflejo de la realidad y del lenguaje que utilizan sus hablantes podemos empezar por “poner los ovarios sobre la mesa”, utilizar zorra para destacar lo lista que es nuestra vecina del quinto sin importarnos con quien se acueste o darle un poco al coco e inventarnos una correspondencia femenina para palabras que no la tienen como hombría o caballerosidad.

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