miércoles, 6 de octubre de 2021

Del volcán y del "turismo volcánico".


 Dejando a un lado todo lo relativo a esta pandemia de nunca acabar del Covid-19 que hace meses que nos trae a todos por el camino de la amargura, o por añadidura a ella, por aquello de que “éramos pocos y parió la abuela”, o en una demostración hiriente de que Murphy, sí, ese de las Leyes, realmente existe, en las últimas semanas también nos distrae en nuestro día a día la anunciada erupción1, también de nunca acabar, del volcán en la montaña/parque natural de Cumbre Vieja, en la isla canaria de La Palma. Poca broma; cuando se escriben estas líneas, la lava u otro tipo de material piroclástico que ha escupido el volcán por sus varias bocas activas se ha llevado por delante más de un millar de casas en los campos arrasados (y con ellas el presente, pasado,… y futuro de miles de personas), ha destruido cultivos, obligado a la evacuación de centenares de personas, invadido y cortado carreteras, afectado instalaciones de servicios básicos como el suministro de agua, etc., en una espiral que parece no tener fin. El drama y la tragedia se han adueñado de esta pequeña isla desde la erupción, pero la espectacularidad de este fenómeno de la naturaleza también está atrayendo a los primeros turistas.


En este contexto, además de periodistas (y “perrodistas”, si se me permite), científicos, fuerzas de seguridad y otros profesionales, están llegando curiosos para ver de cerca la erupción pese a que las fuerzas de seguridad ya han mostrado su descontento con las llegadas masivas, que generan más tráfico del habitual en las carreteras, ya de por sí insuficientes en la situación actual, pero para muchos, tanto españoles como extranjeros, la experiencia es única (el problema añadido con esto es que hay familias cuyas casas han quedado bajo el magma que no encuentran ninguna casa para alquilar pues éstas están copadas por los turistas; la mayoría de damnificados están en segundas residencias si las tienen, casas de vecinos, familiares o amigos y los que no, en establecimientos turísticos de forma provisional). Opiniones, varias, para todos los gustos: un canario recuerda que vio la erupción del Teneguía2 y que está muy emocionado por haber venido a ver ésta, un forastero reconoce que "es algo fantástico y una experiencia muy fuerte, aunque entiendo que es una situación muy difícil para los que viven aquí" y una isleña recuerda el turismo supone una importante inyección económica. Lo cierto es que el turismo de volcanes ya existía, seducidos por sus historias (el Vesubio y Pompeya, el Popocatépetl y México, el Krakatoa e Indonesia - por cierto, en este volcán hay una anécdota jugosa: su erupción y el nacimiento de la isla homónima inspiró la película de 1969 rodada en España Al este de Java, protagonizada por Maximilian Schell y Diane Baker, sin embargo, todo ocurrió al oeste de Java, no al este –, Kilauea y Hawaii – casualmente, también en erupción estos días - y otros) pero ha crecido enormemente en los últimos años. Islandia es un gran ejemplo de ello: desde la erupción del impronunciable Eyjafjallajökull en 2010, cuyas cenizas, recordemos, tuvieron cerrado el espacio aéreo del norte de Europa casi una semana, la llegada de turistas se ha multiplicado por cuatro e Islandia pasó de recibir unos 490.000 turistas en 2010 a superar los 2 millones en 2019. Obviamente, tanto Islandia como La Palma en este caso ofrecen más que volcanes, pero la lava de estos días y los paisajes son dos de sus principales atractivos.
 

Esto es un espectáculo y sabes que, en España, o lo ves ahora o ya nunca más”, en palabras de una agencia que ya ha organizado un viaje a la isla canaria con clientes interesados en observar de cerca la lava estudiando la zona para buscar localizaciones desde las que poder fotografiar con seguridad el volcán (dicen en la agencia), y pensando ya en organizar un nuevo viaje dentro de 15 días, en que, seguramente, el volcán siga en erupción. Pero no es sólo cosa de empresas privadas. Un día después de que el volcán entrara en erupción, la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, envió un mensaje a través de unas declaraciones en Canal Sur Radio a todos los turistas que quisieran disfrutar de este «espectáculo tan maravilloso»: «Hay que aprovechar esto como un reclamo (…), que la isla se convierta en un reclamo para aquellos turistas que quieran ver este espectáculo tan maravilloso de la naturaleza», unas declaraciones por las que más tarde pidió perdón. «Me solidarizo con la situación tan dramática que existe en la isla, ya habrá tiempo para hablar del turismo y de cómo recuperar el reposicionamiento». Sin embargo, los vecinos de La Palma están indignados ante el aumento del turismo volcánico: A los palmeros no les hace ninguna gracia porque, dicen, lo que ellos están viviendo no es para admirar, sino para lamentar, por lo que ya han dejado ver su descontento ante este tipo de turismo: "Imaginen la escena de personas llorando por la pérdida de todo lo que poseían, mientras al lado otros sacan fotos para Instagram”. Además, los vecinos de La Palma también expresan su indignación: "Esto es un tragedia. Yo he perdido todo lo que tenía. Es un desastre, un infierno, no un espectáculo", lamenta un hombre, mientras que otra mujer critica que "hay mucha gente que ha perdido todo como para que solo vengan los turistas por una simple foto". Creen que no es el momento de que las miradas curiosas estén en la Palma. 

Ilustración de Doré para "El infierno" de la Divina Comedia, de Dante Alighieri.

El referirse ese buen hombre al infierno para identificar la situación nos permite a nosotros desviarnos conceptualmente y orillar
por un momento el monotema (ojo, muy importante, que nadie lo infravalore, e indicador de la necesaria empatía) tragedia/espectáculo de la erupción del volcán de Cumbre Vieja. El infierno… Durante los últimos 2000 años nada ha causado más temor íntimo entre quien ha recibido educación cristiano/católica que el infierno, un lugar “adonde las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden [...] inmediatamente después de la muerte para sufrir las penas o fuego eterno", o sea, destinado a castigar en las llamas “del centro de la tierra” (un volcán, vamos) a las almas perdidas por toda la eternidad; libros, poemas y relatos lo han descrito como un fuego que no se extingue jamás, en el que los pecadores pagan sus faltas para siempre. Ha sido un pilar importante en la catequesis de la religión católica, a la par con la idea del cielo, donde las almas bondadosas alcanzan la gloria perpetua. Por eso, la noticia de que el papa Francisco habría dicho, en consonancia con algunos teólogos que no lo consideran un lugar sino un estado de sufrimiento, que el infierno no existe y que las almas alejadas de Dios simplemente desaparecen causó una tormenta internacional que dejó un mar de dudas. Aún así, la existencia de Cielo, Infierno y Purgatorio, no es exclusiva del cristianismo; paradójicamente, la lectura más similar se encuentra en el islam y casi todas las religiones creen y conculcan entre los suyos la salvación y la condenación eternas. Así, la mayor parte de las religiones antiguas creía en la vida de ultratumba, aunque no necesariamente en el infierno. 


Claro que, bien mirado, hay muchas clases de infierno
s cotidianos, no sólo los volcanes con su fuego eterno físico, y si no, que se lo pregunten a la escritora mallorquina Carme Riera, que cuenta sus memorias: «Todos los niños sufríamos, entonces, y teníamos unas pesadillas horribles. El sentimiento de culpa durante el franquismo era horroroso. Hubiéramos podido ser tan felices sin él, nos robaron una infancia feliz. La religión y las costumbres ancestrales marcaban el único camino que seguir y, fuera de él, sólo quedaba el infierno. A los miedos infantiles naturales, a la oscuridad o al abandono, añadíamos el miedo al infierno, terrorífico. Recuerdo con horror el descubrimiento de unas postales eróticas y lo que llegó a atormentarme, tuve hasta fiebre, creía que me saldría una joroba como condena». Y no siempre el volcán es el que arroja, desde el centro de la tierra, el magma que nos abrasa; a veces está en nuestro interior, como nos demuestra el escritor Malcom Lowry en su Bajo el volcán, novela, todo sea dicho, de lectura imprescindible aunque no fácil; toda la novela transcurre en un solo día, el Día de Muertos (2 de noviembre) de 1938, jornada aciaga para el ex cónsul británico en México, un hombre alcoholizado, arruinado por los fantasmas de su mente y de su pasado y cuyos oscuros sentimientos de culpabilidad alimentan una soterrada voluntad de autodestrucción. Incapaz de reaccionar al regreso de su ex mujer, el ex cónsul deja que ella se acerque de nuevo al hermanastro de él, trotamundos implicado en actividades políticas (con referencias continuas a la guerra -in-civil española). Y durante las veinticuatro horas en que transcurre la novela, en un México que simboliza al tiempo el paraíso y el infierno terrenales, con escenas donde el infierno tiene nombre y apellidos y, además, ese infierno es descrito a cámara lenta, una técnica narrativa que Lowry dominaba, se suceden alejamientos, malentendidos y encuentros conflictivos, y hasta violentos, con personajes de toda índole. Mientras el ex cónsul, cada vez más ensimismado, naufraga lentamente en sus delirios etílicos ante los ojos de quienes lo acompañan, éstos asisten impotentes a los estragos de su trágica caída. Efectivamente, la novela puede llegar a tumbar al lector desprevenido, más atento a la lava candente que todo lo cubre, que a aquello que realmente sucede bajo un volcán. 


Pero dejémonos de simbolismos y teorías y volvamos a la cruda realidad. Lo cierto es que en el parque natural de Cumbre Vieja, situado en la isla de La Palma, en Canarias, atravesado por un sendero llamado popularmente Ruta de los Volcanes (¡!), se ha iniciado una erupción volcánica, que nadie puede saber cuándo acabará, ocasionando pérdidas de biodiversidad, económicas (viviendas, fincas, locales, negocios, instalaciones, etc.) y el desalojo de los habitantes de las localidades cercanas. Y el drama humano seguirá cuando la erupción deje de ser noticia de portada en los medios. Tengámoslo en cuenta.
---------------------------------------

1En el año 2000, el científico británico, geólogo investigador de la University College de Londres, Simon Day dirigió un polémico proyecto de investigación que terminó con un documental en la BBC en el que predecía el colapso de la isla en una futura erupción con el consiguiente deslizamiento de gran parte de la isla al mar que provocaría un megatsunami que llegaría desde Canadá hasta Argentina y arrasaría toda la costa este de Estados Unidos, destruyendo ciudades como Nueva York, Washington D.C. o Miami. Si bien es cierto que científicamente esto ocurrirá en algún momento, las posibilidades de que lo haga en un futuro cercano son muy remotas, ya que tendría que ser un tipo de erupción muy concreta, y teniendo en cuenta el reducido tamaño del acuífero de la isla esto es poco probable.

2El Teneguía es un volcán situado también en la isla de La Palma, que se creó durante una erupción que se extendió desde el 26 de octubre al 18 de noviembre de 1971, la más importante si se exceptúa la actual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario