lunes, 3 de febrero de 2014

El triunfalismo pesimista

Se ha celebrado estos días, como es bien sabido, la Convención del partido que sostiene el gobierno con su mayoría parlamentaria absoluta. No es este el lugar de analizar el acto (sitios de sobra hay más expertos en ello) pero si es lícito traer a colación algunos aspectos llamativos del mismo.
Coinciden medios de diferente color político en señalar que el blindaje interno que, al parecer, han tenido las sesiones, ha perseguido lanzar al exterior una imagen de unidad de criterio que, también al parecer, no se corresponde exactamente con la realidad. Ciertamente, se ha querido transmitir el leitmotiv de que la recuperación económica en nuestro país es un hecho, obviando algunos detalles cotidianos que chirrían, cuando no chocan de frente con ese optimismo, y pasando por alto problemas que afectan directamente a miembros significados del partido del gobierno, y del propio gobierno, que preocupan a la ciudadanía votante y de los que, naturalmente, se exigen explicaciones, cada vez con mayor firmeza.

Tal vez por todo eso, se han cargado las tintas, únicamente, en el mantra de la recuperación, con un injustificado triunfalismo electoralista con la intención de que ese argumento haga ganar votos olvidando todo lo demás. Dicho sea de paso, un indicador (aunque no el único) de la veracidad de ese optimismo está a punto de producirse, cuando la publicación mensual de la evolución de las cifras de paro permita deducir si la economía española ya es capaz de producir empleo neto, que es lo que se busca.

Pero es más, y el gobierno, si no se  pierde en artimañas electoralistas y piensa realmente en el futuro de este país, debe tener muy en cuenta antes de que sea demasiado tarde, es que una de las enseñanzas de la observación de cómo transcurre esta crisis, es que no es cíclica sino estructural. Realmente, si en su día los poderes no se hubieran dedicado con afán a tapar vías de agua únicamente en el sector financiero, ya habrían notado que el gran batacazo se produjo por el fallo del sector del ladrillo, sostén de nuestra economía y que, en los años anteriores, no se había hecho NADA para sustituirlo o, cuando menos, complementarlo. Así llegamos al día de hoy, en que se habla sólo del turismo (y los poderes públicos lo corean entusiasmados) como motor de recuperación, ¿Y la industria? ¿Y el I+D+i? No se están dando las condiciones para alentar la creación de pymes ni de financiar proyectos viables, y no debería tener que recordarse, por obvio, que, en una época en que las grandes compañías están aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid para meter la tijera de forma indiscriminada en sus plantillas, la solución al paro hay que buscarla en las pymes, pasito a pasito, pero con una confianza y seguridad razonable de futuro que hoy por hoy no existe.


No son solo elucubraciones: basta con ver cómo han capeado el temporal países de nuestro entorno que en su día apostaron por potenciar un tejido industrial que ha soportado el embate y facilitado la vuelta a una cierta normalidad. La solución no parece estar en dificultar aún más la realización del espíritu emprendedor. con medidas fiscales y laborales (?) que, a poco que se rasque, sólo buscan réditos electorales o imagen exterior de firmeza (?) política

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