sábado, 12 de agosto de 2017

El humor, esa herramienta política

Tal día como hoy, 12 de agosto, festividad de San Fortino en México, nació en ciudad de México hace 106 años Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, conocido simplemente como Mario Moreno, y más como Cantinflas, que fue un actor y comediante, ganador del Globo de Oro en 1956 con una gran trayectoria cinematográfica, que lo hace ser uno de los comediantes más grandes y recordados de habla hispana y como el más reconocido comediante mexicano de todos los tiempos. Se dice de Mario Moreno que es el «Charles Chaplin de México».
Salió de los barrios pobres donde tuvo origen su personaje Cantinflas, que gozó de una enorme popularidad, y que venía a ser el típico «pelado» asociado con parte de la identidad nacional de México, sobre todo de las clases bajas.
Además de actor y empresario, Mario Moreno también llegó a entrar en la política de su país y, aunque de perfil conservador, su reputación como portavoz de los desprotegidos le proporcionó autenticidad y se convirtió en una figura importante en la lucha contra el "charrismo" sindical, que es la práctica del gobierno de un solo partido, para manejar y controlar a los sindicatos.

Hoy día, las generaciones jóvenes ni lo conocen, y en los adultos seguramente queda fijado el cliché del personaje capaz de hablar y hablar... sin decir nada pues entre las cosas que lo hicieron querido por el público estaba el uso cómico del lenguaje en sus películas; sus personajes (casi todos una variación del mismo personaje, pero en diferentes papeles y situaciones) entablaban una conversación normal para después complicarla al punto de que nadie entendía lo que estaba diciendo. El personaje de Cantinflas, en sus películas, era particularmente proclive a ofuscar la conversación cuando hablaba con alguien a quien le debía dinero, cuando cortejaba señoritas o cuando trataba de salir de problemas con las autoridades, arreglándoselas, por cierto, para humillarlas sin que se dieran cuenta.

Hay que decir en su honor que la Real Academia Española incluyó el verbo cantinflear y las palabras cantinflas y cantinflada en su diccionario en 1992. Posteriormente añadió los adjetivos cantinflesco, cantinflero y acantinflado y el sustantivo cantinfleo.

Cantinflas, con su estilo, demostró que el humor se puede utilizar como herramienta contra los abusos de las autoridades. No es nuevo; entre otros muchos autores, Josep Pernau, en su libro Humor de combate: cómo sobrevivir a las dictaduras (Roca Editorial, 2007) reconoce el poder del humor como herramienta de resistencia política y desde un anonimato inevitable, la risa clandestina y mordaz se alza siempre como la mejor arma en tiempos difíciles; en este caso, recoge en el libro historias que han servido de desahogo a multitud de personas en épocas de opresión1.
Se dice que el humor es la mejor combinación de la tragedia con el tiempo. Esta máxima aumenta el mérito de tantos anónimos personajes que, desde su trinchera de ingenio, y cuando fue necesario, combatieron la incidencia de la dictadura con su humor de combate. El libro es, en realidad, un reconocimiento a todos ellos.

Por eso es tan preocupante la deriva actual en este terreno; comparar la libertad con que se hacía humor en los años 70 y 80 del pasado siglo (novedad de tetas y culos aparte) en todos los sentidos de ideologías con el corsé de pensamiento y expresión de hoy, causa alarma. Un país que permite (y sigue votando) con normalidad e indiferencia que un gobierno elegido por recuento de número de votos favorables (no confundir con democrático; que sea democrático es otra cosa, más ligada con sus acciones) se atreva a procesar ¡por lo penal! a través de SU fiscalía a quien hace chistes políticos o similares, curiosamente sólo en una dirección ideológica (teniendo en cuenta que, naturalmente, esos chistes no tienen por qué ser del agrado de todos y haya quien los considere, legítimamente, de mal gusto o incluso irreverentes) mientras participa, alienta y jalea la burla, chanza, menosprecio y amenaza de quien piensa diferente al estándar oficial, consagrando de esta manera (aunque culpe al otro, claro) la idea permanente de las dos Españas inentendibles e irreconciliables, ese país, decíamos, jamás podrá diseñar un futuro común.


Pero volvamos hoy con Cantinflas en su aniversario. A medida que fue haciendo películas, sus cintas muestran un cambio: del personaje de la picaresca urbana y popular sólo quedaría un humor basado en el uso reiterativo del "cantinflismo", es decir, de esa habilidad ya mencionada para hablar mucho y no decir nada. Poco a poco, Mario Moreno (no su personaje) se convirtió en un portador de juicios y críticas contra la sociedad "pueblerina", en particular, y contra la humanidad, en general. De este modo, arremetió con singular énfasis contra la "aristocracia desnaturalizada" del Poder, haciendo que triunfara lo auténtico sobre lo falso. Y eso sí que se entendía ¡vaya, si se entendía! Se constituyó en el hombre que siempre decía la verdad, aunque en forma sarcástica, y sufrió las consecuencias, en el ejercicio de su profesión, de esa fidelidad a sí mismo.
Si en sus interpretaciones denunciaba las desigualdades sociales y la insolidaridad, en la vida real obraba en paralelo, realizaba obras caritativas y llegó a montar una oficina para los necesitados. La última etapa de su vida, después de enviudar, estuvo marcada por su participación en actos sociales y políticos (incluso llegó a pronunciar un discurso en la Asamblea de las Naciones Unidas). 

Precisamente rescatamos aquí el discurso ante la ONU, pero no el real sino el de la ficción (?), de la película de 1966 Su Excelencia

Sin comentarios, salvo el de que el discurso tiene 51 años y, con matices, es de rabiosa actualidad.

¿Tiene vergüenza quien debe tenerla?

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1Como muestra, un ejemplo: "En una dictadura, cuando uno se planta en medio de la plaza del pueblo y empieza a gritar que el tirano es un imbécil, le pueden detener por dos cosas: por escándalo público y por divulgar un secreto de Estado".

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