sábado, 5 de enero de 2019

Eulogio Muñoa Navarrete, otra mutilación interesada de un testimonio vivo.

De John Lennon1, a quien el paso del tiempo está revelando como algo más que un cantante melenudo 
en un grupo de música pop, nos ha llegado una parte de su ideario y su filosofía en forma de frases 
cortas y lapidarias, sentencias impactantes que hacen pensar, como aquella, de las más conocidas, que 
asegura que “la vida es lo que te va ocurriendo mientras tú te dedicas a hacer planes”. De hecho, 
este aserto es una variante de lo que en matemáticas y física se conoce como Teoría del caos o Efecto 
mariposa, ya sabéis, esa que, dicho en lenguaje coloquial,  explica que las casualidades y los pequeños 
detalles no calculados pueden mandar a hacer gárgaras en uun santiamén la previsión de resultados del 
plan mejor diseñado.

Una de las múltiples variantes de la aplicación práctica de esta teoría se asocia al fenómeno de las 
fechas señaladas, en las que se llega a considerar anómalo que suceda algo diferente de lo natural y 
programado para esa fecha, a la que se ha asignado oficial y obligatoriamente una actitud o sensaciones 
determinadas. 
 
Una de las contadas imágenes que de Muñoa se conserva.
 
Y eso pasó en La Carolina tal día como hoy hace 17 años, el 5 de enero de 2002; en esta fecha, 
dominada en el calendario en exclusiva por el ajetreo de los mayores y el nervioso alborozo de los 
pequeños esperando ansiosamente la visita, esa misma noche, de los Reyes Magos para obsequiarles 
con los esperados regalos, coincidió con la llegada al final de sus días, en la residencia geriátrica pública 
Los Olivares, ubicada en un lugar integrado en la pequeña historia del pueblo, en donde estuvo en su día 
el hospital de beneficencia "de las monjas" y frente a lo que más recientemente fue el internado para 
estudiantes San Carlos Borromeo, y a falta de cinco días para que cumpliera 96 años, de un anciano, 
sólo y olvidado, residente hacía años en la institución. La verdad es que eso por sí sólo, lo aceptemos así 
o no, no es noticia; es moneda corriente que cuando alguien adquiere la categoría de estorbo, sea por 
edad o por otros motivos, se le procure arrumbar para que no moleste en un sitio como ése y se le  
abandone al único calor humano de los cuidadores del centro hasta el final de sus días. Y más si no se le 
conoce familia o entorno directos en el pueblo. Pero, cuando el fallecido ahora y aquí respondía en vida 
al nombre de Eulogio Muñoa Navarrete, algo chirría. ¿Desconocido? ¿Olvidado? ¿En La Carolina? El 
caso merece una reflexión, sin más motivo que reivindicar su figura en el aniversario de su pérdida.

Llegados a este punto, debo manifestar, sin falsa modestia, que cuanto haya en estas líneas de 
criticable o erróneo es, por supuesto, plena responsabilidad mía; por el contrario, en lo que se considere 
correcto y apropiado, el mérito debe ser compartido con mi buen amigo y carolinense de pro en la 
distancia Andrés Trapero, por la información aportada y por la participación en los debates previos 
acerca de algunos extremos del contenido. 
 
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Para empezar a situarnos, ¿quien fue Eulogio Muñoa Navarrete y qué vinculación tenía con La 
Carolina? En cuanto al personaje, todo parece indicar que nos encontramos ante un poeta que lo fue 
por auténtica vocación, sin que conste en su biografía preparación académica específica en letras (de 
ahí que él siempre se considerara de la Generación del 28, ya que la pertenencia, decía, a la Generación 
del 27 estaba reservada a poetas que habían ido a la universidad). Nació en 1906 en La Carolina 
(contemporáneo, pues, con sus paisanos también escritores Manuel Andújar y Juan Pérez Creus), dentro 
de una familia almeriense con ascendencia vasca en la que el padre trabajaba en la mina, oficio al que él 
también parecía destinado, puesto que, con sólo 12 años, ya tenía que trabajar acarreando mineral en la 
explotación minera “Araceli”; buscando progresar como persona y económicamente, y huyendo de la 
miseria y el riesgo que lo rodeaba, con sólo 15 años se trasladó a Madrid, donde en principio se ganaba 
la vida como albañil (se cuenta que su primer trabajo, a escondidas por ser menor de edad, fue el de 
ayudante de sepulturero), antes de entrar a trabajar como empleado de tendidos y cableado en la recién 
creada Compañía Telefónica (experiencia ésta que le serviría en su posterior exilio argentino) y 
empezar sus estudios, sin ninguna relación con las letras aunque empezando a colaborar publicando sus 
poemas en el periódico La Libertad. De convicciones republicanas y socialista (pero no de Indalecio 
Prieto ni de Largo Caballero, sino del fundador del PSOE Pablo Iglesias, le gustaba puntualizar), 
cuando acababa la guerra (in)civil se vió forzado a un exilio (que, en sus propias palabras, “durante y 
después de la guerra civil, convirtió a esta nación en un páramo desierto”) él sólo, dejando a Rosa, su 
segunda mujer, con la que se había casado justo un año antes de empezar la guerra, con los padres de 
ella. Había tenido una primera esposa, con la que se casó joven y de la que se divorció tras ocho años 
de matrimonio. El exilio empezó en el norte de África al ser él una de las últimas 2.638 personas que 
pudieron embarcar (sobrepasando con creces la capacidad "oficial" de carga) en el buque carbonero 
británico Stanbrook (“el barco de la derrota” por ser el último en el que se pudo escapar del bando 
vencedor de la contienda, y eso por heroica iniciativa personal de su capitán a la vista de tanta gente 
desvalida en el puerto, y desoyendo las instrucciones del armador del barco) el 28 de marzo de 1939, 
a punto de anunciarse el fin de la guerra el siguiente 1 de  abril, desde Alicante hasta Orán (Argelia) 
sorteando el bombardeo del crucero franquista Canarias, que bloqueaba el puerto de Alicante; al pisar 
tierra fue internado, como muchos de sus compañeros de travesía, en el campo de concentración de 
Boghari en el interior del Sáhara, bajo la custodia de fusileros senegales mercenarios y destinado, como 
mano de obra gratuita, para construir el viejo proyecto colonial francés del ferrocarril Transahariano, en 
su caso, para realizar el cableado de las instalaciones, no siendo liberado hasta casi al final de la 
contienda europea; después de la liberación, se mantuvo en Argel donde conoció a André Gide, Albert 
Camus y Emmanuel Robles2, entre otros escritores, publicando él sus primeros libros de poemas, en 
francés: Chemins de Grenade y La Marie des Quatre Vents3, publicados en España en traducción al 
castellano precisamente de Emmanuel Robles,   marchando posteriormente a Casablanca (Marruecos), 
donde permaneció hasta  1948; allí se dice que cultivó la relación con Manuel Machado4, que había 
sido Director literario de La Libertad cuando Muñoa publicó en ella, y allí publicó Romancero del sur
se trasladó posteriormente a Argentina porque a través de contactos con la Embajada, si marchaba a ese 
país presionarían oficialmente al gobierno de Franco para que le concedieran el pasaporte a su esposa, 
hasta entonces denegado, como así fue, de forma que el matrimonio, tras once largos años de separación, 
se reencontró en Argentina, donde aprovechó su experiencia laboral en Telefónica en Madrid para 
trabajar en la Compañía Estándar Eléctrica y colaboró en el diario bonaerense “La Prensa” al tiempo que 
publica Sonetos de viva voz y Una voz en el destierro. Gana en 1964 el premio de poesía del Certamen 
de la Hispanidad, indaga, a través nuevamente de la Embajada que los delitos que como republicano se 
le imputaban habían prescrito, viaja, con autorización de hacerlo, a España y, definitivamente, regresó 
en 1965 para vivir en Madrid y retoma como socialista la actividad política, entonces clandestina, 
mientras escribe y publica Diferente Ulises (tras ganar el primer premio del Certamen de poesía luso-
hispana de Évora), Sonetos para pecadores, Elegía en sí, Primera luz, Antología, Romancero celeste y  
Los ríos van a la mar y otros sonetos, en una obra poética caracterizada por su elegante lirismo y por el 
gusto por la métrica y temas tradicionales y clásicos recreando en ella, al mismo tiempo, por medio de 
una expresión poética cuidada y como fruto de una interiorización del mundo que lo rodea, los más 
diversos y emotivos momentos existenciales que han determinado su trayectoria biográfica ya que  
sostiene Muñoa que la experiencia vital es el soporte ineludible de toda «recreación» literaria. 
mediados de los años 90 decide trasladarse a vivir a La Carolina, donde nació y a la que le unen fuertes 
vínculos sentimentales y en ella, como se ha apuntado, fallece el 5 de enero de 2002, curiosamente a 
300 metros escasos de la casa donde había nacido, la número 6 de la calle de Carlos III, muy cerca del 
antiguo pilar donde abrevaba el ganado.
 
La catástrofe de la mina «Araceli»
El incendio de la mina Araceli, donde trabajaba, el 5-1-1921, en el que murieron 23 mineros, influyó sin duda en la decisión de Muñoa, ya huérfano de madre y con relaciones complejas con su padre, de irse del pueblo ese mismo año. (Foto de la noticia en el ABC el 11-1-1921)
 
  
 REMEMBRANZA
(LA CAROLINA)

De los bellos recuerdos de la infancia
vienen a veces a mi pensamiento
la Sierra limpia y pura, la fragancia
de las flores silvestres, el lamento

de alguna copla triste en la distancia,
los álamos mecidos por el viento,
el fragor de las Minas, la elegancia
del águila cruzando el firmamento.

Y en el Pueblo, la Ermita, el Monumento
dedicado a Las Navas, su arrogancia.
La linda Plaza del Ayuntamiento.

Y en el Paseo del Molino de Viento,
la niña rubia de doña Constancia
con su sonrisa y su mirar atento.

(Los ríos van a la mar y otros sonetos)

El amor de Muñoa por su terruño, influido, entre otras vivencias, por el hecho de que en él está enterrada 
su adorada madre, muerta de parto de su sexto hijo (sobrevivieron cuatro) cuando él contaba cinco años 
de edad, está presente más de una vez en su obra, teñida ocasionalmente de nostalgia, una nostalgia no 
ñoña sino plagada de lucidez  ante los auténticos penares pasados5, por lo que resulta difícil analizar 
buscando la ecuanimidad la otra cara de la moneda, la relación cambiante y voluble entre el pueblo y el 
poeta, especialmente desde el momento en el que toma la decisión, y la lleva a cabo, de regresar a La 
Carolina para pasar en ella, ya sólo, sus últimos años. Estamos de acuerdo en que el escritor no es 
considerado una figura literaria de primera fila (pese a que su obra es claramente elogiada en ambientes 
literarios como lo hace, por ejemplo, otro ilustre escritor republicano como Antonio Buero Vallejo6), 
por lo reducido de su obra, por ser socialmente minoritario el gusto por la poesía, por su larga ausencia 
del país y consecuente desconocimiento general de su existencia/obra, por ser republicano (este aspecto, 
aunque parezca increíble, pesa aún hoy negativamente en lugares como La Carolina; basta ver 
determinados mensajes en las Redes Sociales, algunos ampliamente reproducidos, de algunos 
"carolinenses de toda la vida" para verificarlo; cosas, seguramente, atribuibles a la "educación" recibida, 
según la hipótesis del reputado fiósofo y politólogo Sami Naïr, casualmente nacido en Argelia y profesor 
de la Universidad sevillana Pablo de Olavide), en una dinámica que excede el ámbito del pueblo, como, 
por ejemplo, que haya diferencia, según las fuentes consultadas, en la fecha de su muerte (2002 o 2005), 
hasta el extremo de que un “prestigioso” portal digital literario (cuyo nombre no citaremos por pudor) 
lo considera poeta vivo, pero de aquí a la indiferencia sobre él va un trecho. 

Lo azaroso y atípico de la relación formal con el pueblo se observa en pequeños detalles: la reedición (en 
plena dictadura, aunque ya en 1974) en la colección “La Peñuela. Cuadernos de poesía”, en La Carolina, 
de su Romancero del Sur, escrito en su exilio norteafricano, y la edición directa en La Carolina de  
Primera luz (Cabria) y Antología (1942-1982) (La Peñuela), cuando Muñoa ya había regresado a España 
y vivía en Madrid, lo que hace pensar en la sensatez y la sensibilidad de las “fuerzas vivas culturales 
municipales” de entonces, por encima de las evidentes diferencias en las ideas políticas. 
 
Imagen relacionada

 
 
Es razonable barruntar que con su regreso definitivo al pueblo se utilice su figura como “florero” de 
prestigio cultural; así puede interpretarse de que en el VII Congreso histórico sobre nuevas poblaciones, 
celebrado en 1996, Muñoa figure el último de la lista (¿de relleno?) en la Comisión organizadora formada 
por 17 personas, de ellos, 12 del ámbito político (para un congreso histórico, no lo olvidemos). Más 
indicativo resulta ver que en la presentación de la publicación, ese mismo año de 1996, de las Actas del 
IV Congreso del Centro de estudios sobre Nuevas Poblaciones “Miguel Avilés”, se cita textualmente que 
La solución a nuestros problemas ha llegado cuando menos lo esperábamos y de la mano y la generosidad 
de un miembro de nuestra asociación, el laureado poeta carolinense EULOGIO MUÑOA NAVARRETE, 
que ha sufragado los gastos de la edición con una contribución generosa que tanto le agradecemos y que 
tanto le honra. De la biografía y obra de este ilustre carolinense, Premio de la Fundación a las Artes, las 
Letras y la Cultura de 1992, hablamos en otro lugar (casualmente, no en el documento de la presentación). 
Aquí quede, de nuevo, nuestra gratitud por este gesto en pro de la cultura de las Nuevas Poblaciones. 
 
¿Y cuánto dura la gratitud? ¿Para morir tan sólo 6 años después, olvidado por todos en un asilo (su mujer, 
Rosa, a la que había dedicado el sentido poema Mi esposa - "... Siempre me acompañó sin un lamento, / 
con ternura sin par, con dulce acento..." -, había fallecido en 1996) ?

En fin, estoy dispuesto, Muerte amiga.
No necesito rezos ni mortaja.
Mi corazón te espera; está tranquilo.
Puedes venir el día que te plazca.

Y llega el día del reconocimiento formal, cuando hace dos años escasos, y también dos años después del 
fallecimiento del omnipresente “alcalde eterno”, Ramón Palacios, con su peculiar manera de hacer 
política, el Ayuntamiento de La Carolina, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica 52/2007 de 
26 de diciembre, publicada en el BOE y de obligado cumplimiento  - esa Ley que aquellos que proclaman 
airados que “las leyes están para cumplirse” son los que siempre argumentan en este caso, una y otra vez, 
que “no es momento” de cumplirla (¿de verdad? ¿en 10 años no ha habido ningún momento?) -, decide 
cambiar el nombre con resabios franquistas de ocho calles y, aunque el cambio global no es del gusto de 
todos, uno de las variaciones firmes es que a partir de ahora se llamará calle Eulogio Muñoa Navarrete la 
que hasta ahora se conocía como Onésimo Redondo7.
Loable iniciativa, pero, a juicio de un observador externo, y hablando de detalles, es inevitable traer alguno 
a colación en estas reflexiones, lo que provoca alguna sugerencia de mejora a futuro. Es cierto que, 
tanto Muñoa como Andújar y Pérez Creus recibieron en 1991 carta del Ayuntamiento informándoles 
de la intención del Consistorio de dedicarles algún espacio público, pero mientras los dos últimos fueron 
"agraciados" con ver su nombre en sendos colegios, el tema de Muñoa (¿por no tener "padrinos"?) resultó 
aparcado hasta más de veinte años después.
 
Por ello, hoy, aún con retraso, parece conveniente
 
 1.- Divulgar en el pueblo adecuadamente (¿empezando, quizá, por los centros educativos?) la figura 
y la obra de Muñoa, y su vinculación emocional con La Carolina. Poemas como Orfandad, Aquel viejo 
maestro, Mi padre, Yo tuve una patria, El hijo, por citar algunos además de los reproducidos en estas 
líneas, deberían ser de conocimiento obligado. Si se asocia su nombre sólo al de una calle (como sus 
contemporáneos Manuel Andújar o Juan Pérez Creus se asocian sólo al nombre de un colegio, en su caso), 
es evidente que el reconocimiento y la pregonada gratitud quedan cojos.

 2.- Cuidar en todos los extremos que su voluntad sea respetada; sin ir más lejos, en su tumba, en el 
cementerio de La Carolina, alguien, con la mejor de las voluntades, por supuesto, ha incluido en la lápida 
una cruz, cuando el poeta se declaraba ateo (“… un poco descreído y algo ateo...”) y pedía que, en su 
muerte, “no necesito rezos ni mortaja” porque "De tal suerte que ahora, siendo impío, / puedo decir a 
Dios: "Gracias, Dios mío / por ser gracias a Ti que soy ateo"" 8. Pero es más, parece que hay testigos 
de que Eulogio, residiendo ya en La Carolina, expresó su voluntad de que si la anunciada dedicatoria 
de un espacio público a su nombre  llegaba tras su muerte, entonces deseaba que fuera la "Plaza de los 
Jardinillos" la que recogiera su nombre (sus motivos tendría); en cualquier caso y visto qué calle le ha 
sido dedicada después de muerto, resulta evidente que no se respetó su póstumo deseo.
 
 3.- No ceder a la tentación de "edulcorar" su memoria trivializando los detalles de su ajetreada vida. 
Los hechos son los que son, no los que a veces nos cuentan y cómo lo hacen, y no vale de nada ocultarlos 
ni manipularlos, pues son tozudos y,cuando afloran, pueden tener consecuencias imprevisibles. En el caso 
de Muñoa, no "sale" de La Carolina a los quince años, como si fuera a hacer turismo, sino que tiene que 
escapar de las condiciones de trabajo infrahumanas de las explotaciones mineras de comienzos de siglo, 
en manos de concesiones a las multinacionales a las que se cede sin limitación alguna la explotación de 
 las vidas de los mineros; cuando se habla del exilio de su generación, se suele ocultar deliberadamente el 
asesinato intelectual provocado con él por el golpe de estado, pasando de puntillas sobre los motivos 
reales del exilio magnificando por contra como "normal" el regreso "del hijo pródigo", en los estertores 
del régimen que había mutilado emocional y económicamente, con la cobertura legal (el eterno problema, 
aún de actualidad, entre "legal" y "justo"9) de la Ley de Responsabilidades Políticas de Febrero del 39 
(BOE del 13-2-39), cuando no había acabado aún la guerra,  a toda una generación de librepensadores; 
siendo muy cuidadoso, en resumen, con que lo que se valora es LA PERSONA, pero sin infravalorar su 
entorno hostil que, precisamente, permite realzar mucho más su figura sencilla y del pueblo. 
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El Paseo del Molino de Viento como lo conoció Muñoa en su niñez....
 
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... y en la actualidad. Dar su luz a la memoria de Muñoa es tarea de todos.
Su ideario acerca de algunas formas de política, que sigue teniendo validez hoy, no se prodiga en su obra, 
con algunas excepciones como la que sigue, escrita en 1975, ya de regreso en España:
 
LOS DEMÓCRATAS
 
Bailaron con la música hitleriana
cuando Adolfo tenía la batuta.
No han cambiado de modos ni de ruta.
Saludan todavía "a la romana"
 
No contestan si no les da la gana.
No toleran que nadie les discuta.
Le dan al enemigo la cicuta
y ellos comen la bíblica manzana.
 
Como soy un demócrata sincero,
respeto a mi enemigo y le tolero 
que diga y haga de su capa un sayo. 

Mas no me digan, porque me hace gracia,
que son amigos de la democracia
teniendo al hitlerismo por tocayo.

Para acabar este recuerdo/homenaje a Eulogio Muñoa Navarrete, nada mejor que recurrir a lo que él dejó 
escrito para su epitafio íntegro, en el que se basa la inscripción (mutilada) de la lápida en su tumba: 

EPITAFIO
(Soneto con estrambote)

Aquí yace Muñoa Navarrete,
poeta de la bella Andalucía,
muerto de la fatal hipocondría
que le produjo tanto sonsonete.

Murió como vivió, siempre en un brete,
por mor de la acidez de su poesía;
pues en la tierra de Santa María
solo medra el venal y el alcahuete.

Muerto y bien muerto está. Como era feo,
un poco descreído y algo ateo,
bajó sin confesión a los infiernos.

Pero Luzbel lo echó con su tridente
a causa de un soneto irreverente
que dedicó a su rabo y a sus cuernos.

Subió a la tierra, pues. En ella yace.
Dejadle descansar. Descanse “in pace”.
 
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1John Lennon fue un artista, músico, cantautor, compositor, escritor, activista y actor británico que saltó a la fama como uno de los miembros fundadores de la banda inglesa de rock The Beatles, reconocida como la banda más comercialmente exitosa y críticamente aclamada en la historia de la música popular. Murió asesinado en Nueva York por un admirador desequilibrado.

2André Gide, escritor francés, Nobel de Literatura, del que la Iglesia Católica ha incluido su obra en el Índice de Libros Prohibidos. Albert Camus fue un escritor con obra muy conocida, también galardonado con el Nobel de Literatura, filósofo y periodista francés nacido en Argelia. Emmanuel Robles fue un escritor francés de origen español, nacido en Argelia, y del que Muñoa traducirá su obra para publicarla en España. 

3Dicen los críticos literarios que “sus poemas de evocación africana son espléndidos ejemplos de la síntesis que Muñoa logra entre la enumeración caótica — según la expresión del lingüista e hispanista Leo Spitzer — y las diversas formas de unidad que estructuran la obra”

4Manuel Machado, poeta y dramaturgo, hermano del también escritor Antonio Machado.

5Para los psicólogos queda la ardua tarea de indagar en las motivaciones de la nostalgia, e incluso el enaltecimiento, de un pasado representado por ambientes y lugares de los que, literalmente, se ha huído y que en sus propias palabras, en el poema Yo tuve una patria, de su Antologia“… Era aquella patria pequeña y lacerada / una casa de adobes recocidos, / una madre muerta, / un padre silicoso, / unos hermanos tristes, / descalzos, desnutridos / y poco más que la panza al aire...”. Quizá pueda interpretarse como una muestra más de lo defendido frecuentemente en estas mismas páginas de que el pasado hay que respetarlo y extraer enseñanzas de él pero jamás añorarlo ni mucho menos anclarse en él y empeñarse en repetirlo porque eso equivale a repetir también unos roles que son diferentes de los actuales y de los que se planean para el futuro.

6Antonio Buero Vallejo fue un dramaturgo, galardonado mucho después de la dictadura con el Premio Cervantes, republicano, que, acabada la guerra (in)civil, había estado condenado a muerte con otros compañeros por «adhesión a la rebelión». 

7Esto merece una reflexión adicional; según las normas generalmente aceptadas para la nomenclatura de los callejeros, los nombres de los espacios públicos no han de generar rechazo ni controversia política, se suelen consensuar y deben priorizarse los de personas o entidades vinculadas al lugar y/o que hayan hecho algo por él.
¿Qué hizo Onésimo Redondo por La Carolina?
Para empezar, la calle que se bautizó con su nombre pertenece a un grupo de viviendas que se construyó en los años 60, con lo que cabe pensar que el nombre impuesto obedecía a motivaciones meramente políticas del consistorio de turno.
Pero veamos el personaje: Onésimo Redondo Ortega fue un político castellano (nada que ver con La Carolina) fundador de una organización política que, junto con otras, fue embrión de lo que se conoce históricamente como “fascismo español”, y fue acribillado a balazos por un grupo de anarquistas a los que él confundió con falangistas por el color de sus banderas. Aunque sus Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, que así se llamaba la organización que fundó, están consideradas una formación fascista, los historiadores le describen como representante del «reaccionarismo católico castellano», encuadrado también en un «fascismo agrario» y un «tradicionalismo». Se caracterizó, además, por su antisemitismo, llegando al punto de publicar en 1932 en el seminario Libertad una traducción del conocido libelo Los protocolos de los sabios de Sión (cuyo objetivo era justificar ideológicamente los pogromos que sufrían los judíos). Identificó a Hitler como una suerte de adalid del cristianismo frente al marxismo. Todo un ejemplo para el pueblo, vamos; lo triste es que alguien defienda aún hoy mantener una calle con su nombre.

8Sus convicciones personales no empecen su absoluto respeto por los creyentes y sus ritos: "...Rezaré una oración por los que en nombre / de la libertad cayeron abatidos,... "

9Entre otras muchas aberraciones jurídicas (que después tienen su influencia/reflejo en la sociedad, no se olvide), era legal con efectos retroactivos que "... quedan fuera de la Ley todos los partidos y agrupaciones políticas y sociales que, desde la convocatoria de las elecciones celebradas en dieciséis de febrero de mil novecientos treinta y seis, .. , así como los partidos y agrupaciones aliados ... por el solo hecho de serlo,...", y era legal porque se promulga/impone una ley de obligado cumplimiento que así lo dice, pero ¿era justo cuando ordenaba que "... Los Tribunales encargados de imponer las sanciones estarán compuestos por representantes del Ejército, de la Magistratura y de la Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S., que darán a su actuación conjunta el tono que inspira al Movimiento Nacional.... "? Cosillas como ésta deberían hacer pensar a ciertos políticos y sus coros mediáticos antes de tachar al adversario político de "delincuente" porque incumple una ley, (prohibido hacerlo, por cierto, por la Directiva (UE) 2016/34 del Parlamento Europeo y del Consejo, - 9-3-2016 -, en vigor y también de obligado cumplimiento), y preguntarse como políticos (se entiende que seguramente los Registradores de la Propiedad, entre otros, no tengan desarrollada esa capacidad de análisis, obligados como están a seguir en su actuación unos protocolos rígidos, pero los políticos, sí deberían tenerla) ¿de qué ley se trata?¿quién y cuándo la promulgó? ¿para qué? Y no perder la sensatez.

9 comentarios:

  1. Miguel esta hecho un tio genial. Me ha gustado un monton. Un abrazote de la hermana chica de tu gran amigo Andres

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    1. Es un placer volver a saludarte después de tantos años, María Luisa. Un abrazo y gracias por los elogios (compartidos).

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  2. Confirmando lo que dices al comienzo de tu semblanza en palabras de John Lenon: “la vida es lo que te va ocurriendo mientras tú te dedicas a hacer planes”.
    Quien nos iba a decir, sobre todo a mí, que resultado de un paseo deslavazado, por un lugar raramente visitado, y como consecuencia de un soneto descalabrado, epitafio en una lapida demasiado llamativa por sus rosas de un color fucsia demasiado llamativo para el lugar un cuatro de Noviembre de 2018, dieciséis años después de su perdida iba a ser el detonante para que tomáramos conciencia del recuerdo y las vivencias de un paisano al que tuvimos tan cerca y tan lejos a la vez.
    Como a ti y a mí, a tantos otros que le anduvieron cerca.
    La misma sorpresa que mostraron en la Biblioteca Buero Vallejo de Alcorcón, lugar a donde me llevó la búsqueda de sus obras y donde tenían olvidado que había sido su premio CIUDAD DE ALCORCON en 1972 con su obra LOS RIOS VAN A LA MAR Y OTROS SONETOS y donde además tenían como obsequio de Eulogio un ejemplar de su ANTOLOGIA 1942-1982 dedicada y autografiada por él mismo, a buen seguro hoy les tienen en lugar más relevante.
    Cuando te lo comenté, te pusiste manos a la obra y el resultado no ha podido ser mejor. Creo que de esta forma has contribuido con su recuerdo a hacerlo un poco mas nuestro ya que forma parte de nuestra mas reciente Historia. Gracias Miguel. Un abrazo

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    1. Gracias, sobre todo, a tus aportaciones, que sirvieron de primer acicate en la investigación.
      A raíz de este caso es inevitable pensar en tantas personas anónimas cuya contribución a lo que somos (nostalgias ñoñas aparte) nunca será reconocida, máxime si se evidencia que, por una causa o por otra, se oculta la vivencia de quien sea que no interesa recordar.
      Ojalá este modesto homenaje sirva para despertar conciencias y alentar la sensatez SIEMPRE por encima de ideologías.
      Y no estaría de más hacer un estudio serio de coterráneos (como, precisamente, le gustaba decir a Muñoa) en la diáspora. Ahí queda la idea.

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  3. He disfrutado mucho con la lectura, y más con la historia de vuestras indagaciones. Ojalá sirva este texto para su redescubrimiento, reconocimiento y para dedicarle esa plaza de los jardinillos, que era su deseo. Para empezar ya has empapado de su figura a esta carolinense que visitará su calle y curioseará su lápida para reírse de quién decidió cambiar su epitafio por caridad cristiana o...por si acaso. Habrá que abrirle una merecida entrada en la Wikipedia un día de estos, y tu blog tiene que ser la fuente.

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    1. Gracias por tus palabras.
      Si estas líneas facilitan que una persona (aunque sea sólo una) se interese por el desconocimiento de Muñoa y muchos casos como el suyo, es para sentirse satisfecho.
      Saludos.

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  4. Mi más sincera felicitación por tu magnífico trabajo de investigacion.
    Me alegra, a la vez que te agradezco enormemente, que hayas 'resucitado' a nuestro querido Eulogio 17 años después de su muerte, rindiéndole este merecido homenaje.
    La Carolina tiene que conocer a Eulogio y su obra.
    Pienso en él y me vienen muchos recuerdos a la memoria... Su mente tan bien estructurada, a pesar de sus muchos años... Lo veo sentado en la pequeña biblioteca de la residencia 'Los Olivares', con su gran lupa, leyendo o escribiendo.
    Entrañable Eulogio...
    Un afectuoso saludo. Mari Feli

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  5. Son un auténtico privilegio para mí tus palabras, especialmente viniendo de alguien que lo conoció y trató en vida. Si hemos contribuído al reconocimiento de su persona y su obra, poniendo de manifiesto algunas paradojas "oficiales", ha sido un logro. Por él. Saludos.

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  6. Las casualidades…
    Tenía varios libros del poeta olvidados que he releído este mes; me ha impulsado su lectura a rebuscar otras obras suyas en librerías antiguas porque en el pueblo no se hallan; recientemente he adquirido y leído Sonetos para pecadores…, y he pensado, como ya antaño lo hiciera, que a tan buen poeta le sobran méritos para ser conocido, qué menos que por sus paisanos; iniciar la lectura de su obra entre los estudiantes del instituto del pueblo; conmemorar el centenario de su nacimiento para el que tan solo faltan cuatro años…
    Después me he encontrado por casualidad con un artículo que ya había expresado de manera encomiable cuanto estaba pensando…, tu artículo Miguel: “Eulogio Muñoa Navarrete, otra mutilación interesada de un testimonio vivo”.
    Gracias por este ratito tan agradable que me has dado, y me sumo a tu justificada petición final porque “aún, con retraso, parece conveniente”, muy conveniente, cuanto propones.

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