domingo, 15 de septiembre de 2019

TT en las Redes: Camilo Sesto como excusa.

El pasado domingo, 8 de septiembre, saltó a los medios la noticia de la muerte del cantante 
Camilo Sesto (Camilo Blanes Cortés era su nombre oficial) y rápidamente se observó una 
respuesta en las Redes Sociales que, a la postre, resultaría tímida, lo que nos hace 
reflexionar sobre qué son y cómo se manejan eso que se ha dado en llamar tendencias de 
las Redes, registradas en reacciones agrupadas en ese horrible “palabro” de hashtag, de 
forma que, con el máximo de respeto hacia Camilo, y sin entrar en que su música guste o no, 
vamos a intentar poner en negro sobre blanco alguna de esas cavilaciones. 
 
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Se hace necesario para ello hacer un breve recorrido por la trayectoria del personaje, más 
que un cantante (compositor, actor, productor,…) aunque no nos ceñiremos a su música para 
evitar dar la impresión de que la estamos promocionando, pese a que será imprescindible 
alguna referencia.

El inicio es el de un chaval de familia humilde de posguerra, nacido en Alcoy (Alicante)  en 
1946 que, tras cantar en el coro de una de las parroquias de su localidad, en 1962 pasa a 
formar parte del conjunto Los Dayson, un grupo que actúa en la “BBC” (bodas, bautizos y 
comuniones) de su comarca, cantando las canciones de moda en ese momento. El paso 
siguiente es su viaje a Madrid donde canta para Los Botines, un grupo pop que había 
comenzado con mucha fuerza, pero que estaba ya de bajada. Camilo es un chico guapo y su 
estancia en Los Botines le sirve para que el cine se fije en él y hace uno de los papeles 
principales de la película coral “Los Chicos del Preu” (Pedro Lazaga, 1967) en la que también 
participó la cantante Karina.

Tras el servicio militar, y con la ayuda de Juan Pardo, graba su primer disco como Camilo 
Sexto. El disco es un rotundo fracaso pero, manteniendo la confianza de Juan pardo, cambia 
de compañía y, para evitar problemas legales con el nombre, que la antigua tenía registrado, 
cambia Sexto por Sesto, el nombre por el que se le conocería en adelante. En esos 
momentos es un cantante emergente cuya carrera avanza con cierta lentitud. Pero lo tiene 
todo: una cara aniñada que “las vuelve locas”, unos ojos que “las hipnotiza”, una voz de casi 
tres octavas de extensión, un timbre inconfundible que lo distingue a la primera escucha de 
otros solistas del momento que pugnan por el trono de la canción melódica: Nino Bravo, Tony 
Landa, Daniel Velázquez, Tony Ronald, Julio Iglesias, José Vélez, Lorenzo Santamaría... Pero, 
además, posee un valor añadido del que carece la mayoría: no depende de la inspiración de 
otros compositores. Él compone, y compone muy bien. Ese va a ser su gran secreto y para el 
análisis habrá que profundizar en el Camilo Blanes compositor, ciertamente oscurecido por el 
Camilo Sesto cantante estrella/showman.

Estaba claro que, con todas esas facultades, pronto o tarde el despegue estaba asegurado y 
ese despegue va a llegar en 1973 cuando un tema suyo ocupa el nº 1 absoluto de ventas en 
España, sucediendo en el puesto a Andy Williams y su “Tema de amor” de la película “El 
Padrino”, con música de Ennio Morricone. A partir de ahí la camilitis se desata. Se ha 
convertido en el cantante español que más vende aquí y fuera, con el número uno para cada 
canción que graba. En España, siempre muy aficionada al concurseo, arrasa: Mejor Cantante 
del Año, según la COPE, Trofeo a la Popularidad, Mejor Show del Año, etc. A principio de 1975 
recoge discos de oro por las ventas del año anterior en cuatro países, entre ellos España, y 
por primera vez hace una gira de recitales durante varias semanas por Estados Unidos, 
donde una de sus canciones es nominada al Grammy a la mejor canción.

Entonces Camilo Sesto va a hacer algo inesperado; podía haber seguido fabricando 
canciones que serían números uno, pero suelta de su bolsillo doce millones de pesetas de 
las de entonces para poner en escena en Madrid la obra “Jesucristo Superstar” (de Tim Rice 
y Andrew Lloyd Weber), que triunfaba en Londres y Nueva York. Para entender lo que era 
aquello, es necesario precisar que la tradición de comedia musical en España era nula y que 
lo más parecido existente entonces eran las revistas de Lina Morgan. Camilo va a ser el 
productor del espectáculo y va a encarnar el personaje principal. Junto a él, la cantante 
dominicana Ángela Carrasco, Teddy Bautista escapado de la jaula de Los Canarios, Dick 
Zappala, cantante de Azahar y también un tiempo de Los Canarios y un largo elenco. Todos 
lo ven una locura, pero el 6 de noviembre de 1975 se alza el telón con un éxito arrollador. El 
propio Lloyd Weber asistió a varias representaciones y declaró que Londres y Madrid habían 
sido los dos mejores espectáculos de su opera rock. La leyenda Camilo alcanza ya cotas 
“religiosas”. No todo es así de bonito. Un grupo de ultras  (tradicionalmente tolerantes, como 
es bien sabido) apedrea el teatro y agrede a los asistentes en varias ocasiones, acusando al 
espectáculo de blasfemia contra el Evangelio. Eran los días en que el dictador Franco 
agonizaba en el hospital y cualquier causa, por peregrina que fuera, servía para que el 
sector más reaccionario actuase, con consentimiento de las autoridades, intentando 
demostrar una fuerza de la que evidentemente carecían. Es libre, por cierto, el hacer 
analogías con los tiempos actuales.
 
 
El año 79 lo pasa casi por completo en el extranjero, llenando el Madison Square Garden el 
6 de noviembre con 45.000 personas, actuando al lado de Ángela Carrasco con quien se dice 
que mantiene una larga relación de algo más que compañerismo. Iniciada la década de los 80, 
el cantante se afinca en Los Ángeles (Estados Unidos) para centrarse en su carrera en el 
continente americano, olvidándose un tanto de su país, pero triunfando en Argentina, Chile y 
actuando de nuevo en el Madison de Nueva York el 12 de octubre, día de la Hispanidad. Ese 
mismo año fallece su padre, lo que hace al cantante replantearse muchas cosas y pisar un 
poco el freno de una vida absolutamente frenética.

En 1983 nace su hijo, fruto de una relación esporádica en México, y Camilo lo deja todo para 
luchar por su inesperado hijo hasta que un tribunal le otorga la patria potestad. Desde entonces, 
será su hijo la principal razón de su vida. Y aquí hay que hacer un paréntesis para explicar 
que Camilo Sesto siempre había tenido una preocupación por la infancia, especialmente por 
la más desfavorecida. Multitud de donativos a entidades y ONG dedicadas a la infancia, 
embajador de UNICEF,.... Puede asegurarse que jamás ha dicho NO a cantar gratuitamente 
en cualquier parte del mundo si los chicos más pobres o enfermos iban a ser los 
destinatarios de su esfuerzo. Además de un gran cantante, detalles así hacen de él un 
cantante grande.

En 1994 decide poner fin a su carrera musical como intérprete y se retira en su mansión de 
Miami (Estados Unidos), dice que para descansar y cuidar y educar a su único hijo. Pero a 
Camilo le hace cosquillas el micrófono y su retiro dura poco más de tres años, regresando a 
la actividad con actuaciones en todo el mundo, incluida España y editando varios 
recopilatorios de su obra. Tras una nueva semirretirada en 1999, se va a embarcar al año 
siguiente en otra de esas locas quimeras presuntamente imposibles. Él quiere un nuevo 
“Jesucristo Superstar” y va a recurrir de nuevo a Andrew Lloyd Weber para poner en los 
escenarios españoles esta vez la versión en castellano del musical “El Fantasma de la Ópera” 
que en el teatro funciona bastante bien, pero problemas legales impiden la publicación de un 
CD que aún sigue inédito.

Llueven ya los reconocimientos a una vida entregada a la música: en el programa de televisión 
de los primeros años de este siglo “Sé lo que Hicisteis” se le declara por votación popular el 
cantante español más famoso de la historia, seguido, por este orden, por Julio Iglesias, 
Raphael, Miguel Bosé y Nino Bravo. Asimismo, recibe el máximo galardón de los hispanos de 
Norteamérica y, en 2011, en plena gira de despedida, recoge en Las Vegas (Estados Unidos) 
el “Máximo Orgullo Hispano”, sólo en poder de unos pocos artistas. En 2010 anuncia su 
retirada definitiva de la música. Se despide de los escenarios españoles en el Palacio de 
Congresos de Madrid y elige para su último concierto la capital peruana, y en Lima canta por 
última vez el 11 de junio de 2011. Pasamos por alto en este resumen la faceta histriónica y 
exagerada de su vida (posiblemente alentada por él mismo), que hizo que fuera acusado en 
algunos medios de estar afectado por el VIH o su amor por la cirugía estética, que lo convirtió,
 a decir de algunos “bienintencionados”, en el Michael Jackson español.

En Norteamérica se le bautizó como el Sinatra Español, en toda Sudamérica como Camilo 
Superstar. Lo cierto es que ha sido el Rey Midas de la música española y todo lo que ha tocado 
lo ha convertido en oro; se le calculan unas cifras de ventas globales de 120 millones de 
discos. Un nombre fundamental para la música española y uno de los principales culpables 
del auge del pop latino. Una vida que deja exhausto solo con repasarla someramente. 
Despidámoslo/recordémosle con la que, a decir de los críticos musicales, es algo apabullante, 
una de las mejores baladas de la historia de la música española con una exquisita 
instrumentación y una interpretación vocal memorable. 
 
 
 
Y ahora viene la pregunta: ¿por qué, envidias aparte, ante la desaparición de alguien con una 
vida profesional tan densa (reconocida con la concesión a título póstumo de la Medalla de Oro 
a las Bellas Artes en el primer Consejo de Ministros tras su muerte), la aceptación popular 
que tenía su trabajo y los caminos que abrió a quienes le sucedían, la tendencia del hashtag 
#CamiloSesto a su muerte resultó tan raquítica relativamente, tanto en duración como en 
número de mensajes? Cierto que llevaba tiempo alejado de los focos, pero aún así… 
Posiblemente, esto tenga más que ver con cómo funcionan las Redes que con el personaje.

Para intentar entender algo, ¿qué es un hashtag? Hashtag, palabra que proviene del inglés y 
que podemos traducir por algo así como 'etiqueta',.se refiere a la palabra o la serie de palabras 
o caracteres alfanuméricos precedidos por el símbolo de la almohadilla (#), que se usa en 
determinadas plataformas web de internet.  Los hashtags son usados (sobre todo en Twitter) 
para clasificar los contenidos publicados en las redes sociales, lo que permite que haya mayor 
interacción  entre el contenido y otros usuarios interesados en el tema. Según eso,se puede 
decir que los hashtags son herramientas de comunicación. Se usan para clasificar” o 
identificar contenido en las redes sociales. El uso de hashtags no sólo facilita la ubicación de 
una palabra, tema o contenido. Además, ayuda a compartir información o intercambiar puntos 
de vista sobre algún acontecimiento o artículo. Por otro lado, cuando una gran cantidad de 
personas comparten contenido con el mismo hashtag, en Twitter, la convierten en Trending 
Topic (TT) o tendencia. El Trending Topic  hace referencia a un tema que ha sido comentado 
muchas veces o está en boga en una región o en el mundo entero.

Por ello, entre otros usos, la importancia de los hashtags en la competición política y electoral 
no siempre es orgánica o natural. La gestión “profesional” (o a veces fraudulenta) para 
conseguir algunos de esos trending topics también es una realidad, ya que depende de “un 
algoritmo que mide no solo la popularidad de los temas (en base al número total de tuits), sino 
la velocidad a la que se convierten en tendencia; es decir, cómo emergen ciertos debates en la 
red”. En cualquier caso, más allá de las estrategias para reforzar burbujas que ayudan (o no) a 
ampliar el electorado, los hashtags —su creación, gestión y monitorización— se han convertido 
hoy día en un elemento central para cualquier proyecto político o causa social. Y en un 
enorme imán para medir e identificar comportamientos, comunidades e intereses que 
permitan gestiones masivas de segmentación electoral y planificación política. Lo que hemos 
visto hasta ahora, seguramente, va a ser poco respecto al uso tecnológico en el futuro de 
toda esta data social y política.

 
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Y por ahí van a ir los tiros, por la manipulación interesada, y generalmente comprobable, de 
los TT. Sólo hace falta ver los triunfantes hashtags de truculencias, de deportistas “del día”, 
personas o hechos prácticamente desconocidos o, lo que es peor, vinculados por lo común a 
deleznables programas televisivos, frente a clamorosos silencios con personas (y no me ciño 
al personaje motivo de estas líneas) que, interesadamente, pasan (o se quiere hacer pasar) 
desapercibidas. Hemos comentado más arriba la utilización de TT en este sentido por la 
política; es una forma, no nos engañemos, de fabricar fake news.

Un ejemplo, de los muchos que se pueden encontrar cada día: hace pocas fechas, Oscar 
Camps, cabeza visible de la organización Open Arms (dedicada al rescate de náufragos del  
Mare Mortum que huyen de conflictos que amenazan sus vidas, y que este verano se ha 
visto envuelta en feas polémicas fruto, en el fondo, de la ineptitud, indiferencia e incapacidad 
de las instituciones oficiales ante esos problemas), ha sido objeto de una campaña en las 
Redes en la que se le definía como terrorista por realizar esta labor, reflejada en TT con 
miles de tweets registrados en un tiempo récord. Lo que pasa es que, si se rascaba 
superficialmente, todos los mensajes (repetido el mismo hasta la saciedad) estaban emitidos 
por bots1, por personas con cargo o representación de una determinada (de)formación 
política o por simpatizantes y proselitistas de la misma (haciendo “horas extras”, se supone), 
pero, para crédulos lectores sólo de titulares, que son muchos, el mensaje estaba lanzado y 
repetido. Difama, que algo queda. Y funciona.  
 
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Que nos disculpe Camilo Sesto, pero él nos ha servido de excusa para repetir una vez más 
lo que a veces hemos recordado en estas líneas: las Redes pueden ser una bendición del 
cielo o una maldición diabólica. De nosotros depende. 
 
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1Un bot (aféresis de robot) es un programa informático que efectúa automáticamente tareas repetitivas a través de Internet, cuya realización por parte de una persona sería imposible o muy tediosa.

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