miércoles, 1 de abril de 2015

Boletín nº 46/1.- Los paraísos "en serio"



Después de publicar en el blog el anterior boletín destinado a reflexionar acerca del contexto auténtico y la repercusión real que tiene sobre nuestra economía la actividad financiera desarrollada en territorios recurrentemente demonizados por su cercanía y tildados de paraísos fiscales como son Andorra y Gibraltar, he recibido alguna comunicación en el sentido de que puede interpretarse que la esencia del contenido del boletín es quitar importancia al fenómeno de los paraísos fiscales y trasladarlo todo al terreno puramente político.


Nada más lejos de la realidad. Los paraísos fiscales o refugios financieros son un auténtico cáncer para el desarrollo económico y la estabilidad social de todo el mundo, una anomalía consentida que algún día habrá que tomar en serio para tratar de erradicarla. Fijarse en las particularidades respecto de España de territorios vecinos como Andorra y Gibraltar, y deducir de ello que se están poniendo a ese mismo nivel casero, y más político que económico al resto de paraísos, es como si se valora públicamente el buen criterio y la correcta política financiera aplicada por Caixa de Pollença y Caixa d’Ontinyent (mis respetos y reconocimiento a ambas) y extraer de ello la idea de que se está alabando la debacle habida/provocada/sufrida en el sector de las cajas de ahorro de este país.


Es por eso que parece conveniente detenerse a estudiar, aún de manera superficial, y como complemento a las reflexiones del boletín anterior, el tremendo impacto que causa globalmente la existencia (consentida, repito) de jurisdicciones que amparan el juego sucio con un dinero que nos afecta a todos.



La riqueza oculta


En el eterno binomio entre economía y estabilidad social, cada vez se perciben más voces autorizadas que abogan por la necesidad imperiosa de tratar de encontrar ya un equilibrio entre el desarrollo y el bienestar social, desde economistas tales como Stiglitz, Krugman, Piketty, etc. hasta prestigiosos intervinientes en foros económicos de alcance mundial, como el que se celebra anualmente en Davos, sin ir más lejos, donde alertan del riesgo real de conflictos serios y levantamientos sociales originados por la creciente brecha entre clases sin que a nadie parezca importarle este crecimiento de las desigualdades.


Hay que reconocer que el tema de los paraísos fiscales (nombre en el que incluiremos en esta entrada a los paraísos fiscales al uso, los refugios financieros, los refugios jurídicos, las jurisdicciones de normativa laxa, los territorios o países no cooperantes, etc.), muchos de ellos ligados a metrópolis serias, no pasaba de ser algo exótico y que, salvo que se descubrieran lazos flagrantes con el crimen organizado, blanqueo de capitales o terrorismo, raramente trascendía casi de charlas de café.  Pero llegó la actual crisis, y cuando, preparando la reunión de 2009 del G-20[1] en Londres en el 2009, se verifica que esta crisis financiera, engendrada en el mundo turbio de la banca en la sombra, está pasando una factura gigantesca a los estados occidentales, se incluye el tema de los paraísos fiscales dentro de la agenda de la cumbre y se acuerda en la citada reunión encargar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el diseño de un sistema de intercambio automático de información sobre cuentas bancarias que –según prometían los líderes de los grandes países–, acabaría con el secreto bancario desde Zúrich a Singapur. Esto es así porque en un momento en el que empieza predicarse la austeridad como única salida de la crisis, la evasión fiscal “al por mayor” choca con el espíritu de muchas democracias y genera una necesidad en los gobiernos de “hacer algo”[2] hasta el punto de que la meta alcanzable del acuerdo es que “dentro de 18 meses[3] no habrá secreto bancario”. Pero todo indica que poco se ha hecho, más allá de política de buenas intenciones, para combatir la evasión fiscal, cerrar los paraísos fiscales y prohibir la ingeniería fiscal de las grandes corporaciones multinacionales.


La sensación del ciudadano medio es justamente esa: que nunca se han pasado de las palabras grandilocuentes y de un catálogo de intenciones firmes pero, a la postre, huecas de contenido. Claro que eso puede ser sólo una sensación, aunque ¿con fundamento?

En 2013, cuatro años después del anuncio efectuado al final de la cumbre del G-20 en Londres en que se auguraba el fin casi inmediato de los paraísos fiscales, Gabriel Zucman, economista francés, en ese momento en la Universidad de Berkeley (California, EEUU), publicó un libro, La richesse cachée des nations  (La riqueza oculta de las naciones)[4], de contenido demoledor  ya que, barajando datos extraídos básicamente del Instituto Nacional de Estadística francés (Insee) y de la Reserva Federal de Estados Unidos, concluye que desde esas famosas declaraciones en el colofón de la citada cumbre de Londres, las fortunas extranjeras gestionadas solamente en Suiza se habían disparado un 14% para situarse en la cifra astronómica de 1,8 billones de euros (en término que a nosotros nos sean más comprensibles, esa era una cantidad suficiente para pagar la deuda pública española dos veces).



Y esta evolución es fácilmente comprensible si se tiene en cuenta que la OCDE, para cumplir el encargo del G-20, administra una política basada en el principio de name and shame (nombrar y avergonzar), es decir, sin aplicar sanciones porque mantiene la premisa de que “ningún país quiere ser la excepción mala”, lo que lleva a afirmar a Zucman que las medidas diseñadas por la OCDE hasta la fecha son poco más que una “máscara” y que la red de acuerdos con paraísos fiscales desarrollada con ellas está “llena de agujeros”, manteniendo que “creer que los centros offshore van a renunciar espontáneamente a gestionar las fortunas de los ultrarricos, sin la amenaza de sanciones, es una ingenuidad”.

Zucman calculaba en esa fecha que en todo el mundo los centros offshore esconden 5,8 billones (con b de barbaridad) de euros, suficiente, por cierto, para resolver de un plumazo la crisis de la deuda europea. Más de la mitad de los capitales que se esconden aún, por ejemplo, en Suiza son de origen europeo, calcula el experto, lo que hacen aún más sangrantes las políticas de austeridad, y da cifras: los evasores alemanes han ocultado 200.000 millones de euros en cuentas suizas, sus homólogos franceses e italianos ocultan 180.000 y 129.000 millones, respectivamente…. y capitales por valor de 80.000 millones de euros (para los nostálgicos, más de 13 billones, otra vez con b, de pesetas) de ciudadanos españoles han llegado a los bancos suizos desde España[5].





[1] El G-20 (Grupo de los 20) es un foro integrado por 19 países, más la Unión Europea, creado en 1999, en el que se reúnen regularmente sus jefes de Estado (o Gobierno), gobernadores de bancos centrales y ministros de finanzas. Es un foro de cooperación y consultas entre los países en temas relacionados con el sistema financiero internacional. Estudia, revisa y promueve discusiones sobre cuestiones clave en la economía mundial tanto para países industrializados como países emergentes con el objetivo de mantener la estabilidad financiera internacional, y de encargarse de temas que estén más allá del ámbito de acción de otras organizaciones de menor jerarquía.


[2] En la cumbre del G-20 celebrada en Londres en abril de 2009 (en la que España estuvo como país invitado), la lucha contra los paraísos fiscales era uno de los temas que más preocupaba, en concreto a las delegaciones francesa y alemana. Se llega a un consenso para publicar una lista de países no cooperantes y, al hilo de esa idea, la OCDE publica la lista de los Estados que menos cooperan y que, según indica la institución, "no se han comprometido a respetar los estándares internacionales". Como además, Suiza, Bélgica, Luxemburgo y Austria retiran sus reservas sobre el levantamiento del secreto bancario en caso de fraude el Primer Ministro Británico, Gordon Brown, llega a declarar que "esto es el principio del fin de los paraísos fiscales" y el documento final del acuerdo declara, en frase del Presidente francés, Nicolas Sarkozy, que "la era del secreto bancario ha terminado".

[3] Sin más valor que el de referencia temporal, los 18 meses de la cumbre de Londres se cumplían en octubre de 2010.

[4] Gabriel Zucman - La richesse cachée des nations / Enquête sur les paradis fiscaux, La republique des idees/Seuil, noviembre 2013


[5] Un inciso necesario en este punto: en tanto el libro se publica con voluntad académica y de investigación, la editorial lleva el control (y publica sus nombres) de los medios de información que han solicitado reseña oficial del volumen: en España, sólo se interesó La Vanguardia, ya se sabe, un diario de la periferia ajeno a las luchas cainitas de la Villa y Corte y, por lo tanto, sin relevancia en lo que diga. Sorprende esa indiferencia de los medios, precisamente, españoles, cuando, hablando de relaciones financieras oscuras en nuestro país, tenemos la lista Falciani que nos afecta de pleno, agujeros por doquier en nuestras entidades (a cargo del erario), descubrimientos diarios de que este o aquel personaje tienen cuenta en suiza (colaborando con ello patrióticamente a que el país salga de la crisis). Y sorprende, además, cuando el libro hace una referencia a la relación evidente entre los paraísos fiscales y la crisis financiera en Irlanda, Chipre, Estados Unidos, Francia,… y cuando cita a España lo hace en estos términos: en Espagne, l’ancien trésorier du parti au pouvoir dort en prison après avoir révélé un système de financement occulte par l’intermédiaire de comptes en Suisse. ¿Hace falta traducir?

No hay comentarios:

Publicar un comentario