martes, 7 de marzo de 2017

... y en esas llegó Trump...

Decir a estas alturas que las iniciativas político/sociales que viene tomando el nuevo Presidente de los Estados Unidos en el corto tiempo de su mandato provocan confusión y desasosiego diarios y continuados en todo el mundo no es ninguna originalidad ni ninguna novedad. Donald Trump ha conseguido despertar la consternación tanto en su propio país como en el extranjero con su retórica incendiaria y con una racha de órdenes ejecutivas (no todas posibles de realizar y, cuando menos, discutibles la mayoría de ellas) dictadas para cumplir sin matices las explosivas promesas de campaña, todo ello en menos de dos meses después de asumir la presidencia.

El ex promotor inmobiliario que es Trump va camino del récord: ya retiró a los Estados Unidos de un acuerdo comercial en la zona del Pacífico, trató de reducir la inmigración por el expeditivo método de prohibirla si procedía de determinados países que no le eran simpáticos, acusó de deshonestos a los medios que lo criticaban, atacó a jueces, y a servicios de Inteligencia de su país, desairó al primer ministro australiano, a China, a Suecia y se enfrentó públicamente con el presidente de México, dejando aparte en este resumen esa relación no se sabe bien si de amor o de odio con el entorno del Presidente ruso, Vladimir Putin, movimientos que han despertado honda preocupación en círculos, no solo de política exterior, sino en prácticamente todos los sectores y a todos los niveles.

El (pen)último toque de alarma lo ha divulgado alguien tan poco sospechoso de radical o extremista como la agencia de calificación Fitch. Sabido es que las agencias de calificación crediticia han sido objeto de fuertes (y merecidas) críticas por su desastroso papel en los inicios de la actual crisis y su protagonismo en las consecuencias de quiebras de corporaciones que se produjeron a pesar de que se les había asignado la máxima calificación en solvencia y fiabilidad por las agencias. Eso no quita para que Fitch, Moody's y Standard & Poors hayan sido reconocidas por la Securities and Exchange Commission (para los amigos, SEC, Comisión de Bolsa y Valores) de EE.UU.
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Pues bien, Fitch ha argumentado que la fiabilidad de Estados Unidos se está erosionando, destacando el "tono agresivo" de la administración y planteando que existe posibilidad de "cambios repentinos e imprevistos en las políticas estadounidenses" que podrían tener implicaciones globales negativas, incluso ya a corto plazo.

"Los principales riesgos para los créditos soberanos incluyen la posibilidad de cambios perjudiciales en las relaciones comerciales, la disminución de los flujos internacionales de capital, los límites de la migración que afectan las remesas y los intercambios de confrontación entre los responsables políticos que contribuyen a una mayor y prolongada volatilidad de los mercados financieros" .

Pensemos la preocupación que encierran estas palabras hechas públicas si partimos de la base de que las agencias de calificación tienden a adoptar un enfoque muy cuidadoso en política, especialmente en las grandes economías del mundo. Precisamente otra de las "tres grandes", Standard & Poor's, fue duramente criticada por los políticos por despojar a los Estados Unidos de su calificación crediticia "AAA" de primera categoría en 2011 debido a la "barbarie política" sobre las emisiones de deuda estadounidenses. Por lo tanto, el informe de Fitch se destaca por su evaluación optimista aunque dura.

No es la única Fitch en alzar la voz de alarma. El fundador de Bridgewater, el mayor grupo de fondos de cobertura del mundo, Ray Dalio, dijo en una nota reciente dirigida a sus clientes que estaba "cada vez más preocupado" por los primeros pasos de la administración Trump, desconcertado por los peligros de "nacionalismo, proteccionismo y militarismo" que representan.

También de esta preocupación se hizo eco Seth Klarman, de Baupost, otro gran fondo de cobertura, que advirtió en su carta anual a los inversores que los mercados eran demasiado optimistas e ignoraban la posibilidad de "una larga caída en la hegemonía del dólar, un rápido aumento de las tasas de interés y la inflación, y la angustia global", claro preludio de inestabilidad mundial.

"Las tendencias erráticas y el exceso de confianza en sus propios conocimientos y juicio que Donald Trump ha demostrado hasta la fecha son inconsistentes con un liderazgo fuerte y una sólida toma de decisiones", escribió Klarman. "El panorama general para los inversores es el siguiente: Trump representa una alta volatilidad, y los inversionistas generalmente aborrecen la volatilidad y procuran evitar la incertidumbre. No sólo es Trump sorprendentemente impredecible, parece que él es deliberadamente así; dice que es parte de su plan".

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¿Tratar con él?
Volviendo a Fitch, la agencia alerta sobre que si los peligros de los repentinos cambios en las políticas estadounidenses se materializan, perjudicarían el crecimiento económico mundial y aumentarían la presión sobre las finanzas públicas, que en muchos casos ya son débiles. "Los aumentos en el costo o las reducciones en la disponibilidad de financiación externa, particularmente si están acompañados por la depreciación de la moneda, también podrían afectar las calificaciones". En este sentido, afirma que los países primeramente en riesgo por el automático "efecto dominó" serían aquellos con "estrechos vínculos económicos y financieros con Estados Unidos que ya están bajo escrutinio de las agencias debido a desequilibrios financieros existentes o percepciones de marcos o prácticas injustas que rigen sus relaciones bilaterales con los Estados Unidos", y apunta a Canadá, China, Alemania, Japón y México, pero "es poco probable que la lista termine ahí"

"Cuando las barbas de tu vecino..." Parece que es buen momento para analizar si la tan cacareada recuperación va en serio.

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