domingo, 24 de enero de 2021

La pandemia como excusa.


Pues veréis, resulta que hace unos días se produjeron en casa unas filtraciones en el tejado y 
las correspondientes goteras en el interior, como consecuencia de los temporales de estos días; 
al llamar a la compañía aseguradora para proceder al arreglo del desperfecto, aprovechando 
que el Pisuerga pasa por Valladolid, daban largas a la resolución porque “las restricciones por 
la pandemia” limitaban su trabajo ¡para calibrar el alcance y arreglar, en su caso, los 
desperfectos de un siniestro! Más allá de que hoy siguen las discusiones, y la mancha del 
techo también sigue creciendo, esta anécdota real da pie a reflexionar sobre las ocasiones en 
que la pandemia, el coronavirus, el Covid-19 se usa como excusa para casi todo.

 
Es cierto que pese a los negacionistas y los seguidores de las teorías conspiratorias, se ha de 
convenir que el Covid-19 existe y que se ha llevado por delante cientos de miles de vidas en 
todo el mundo. La mayoría de los gobiernos decidieron, con el chino a la cabeza, que la mejor 
manera de luchar contra el contagio del virus era confinarnos en nuestras casas, cerrar 
empresas, limitar actividades y reducir nuestros movimientos al mínimo, mientras no aparezca 
la vacuna. Pero como esta situación no hay economía que la aguante empezamos con las 
populares desescaladas para volver a la “normalidad”; otros líderes (curiosamente todos 
populistas de derechas), como Donald Trump en EEUU, Jair Bolsonaro en Brasil o Recep 
Tayyip Erdogan en Turquía, han minimizado el impacto de la pandemia y han sido reacios a 
adoptar medidas drásticas enarbolando el fantasma de la recesión. En todo caso, el fenómeno 
del coronavirus es real. El temor a que se instale entre todos una enfermedad contagiosa, de 
la que se conoce muy poco todavía, ha llevado a paralizar el proceso de producción de medio 
mundo y, realmente, hay el peligro de recesión con o sin restricciones.

 

Y es que coronavirus es la simple palabra que resume todos nuestros males, los males 
pasados, los presentes y los futuros, una palabra que representa y justifica todo lo que va mal, 
la excusa perfecta, la coartada a todo lo que no funciona ahora o ya no funcionaba. Y si 
hablamos de la situación crítica de la sanidad española con/por esta pandemia no estamos 
descubriendo nada nuevo; realmente, y por desgracia, la sanidad ya estaba mal cuando todo 
iba bien y ahora se repite sin solución: médicos residentes que giran y giran por nuestro mapa 
sin saber destino, sin brújula ni estrella que les guíe, enfermeras que tienen más contratos en 
un año que una empresa de telefonía móvil, investigadores, especie en extinción que, de 
existir la Inquisición, ya se habría extinguido definitivamente, quirófanos a todo lujo cerrados 
por falta de personal y de recursos, listas de espera, listas de espera, listas de espera,…

 
Y en estas llega el coronavirus con sus contagios masivos, confinamiento y muertes (sí, sí, 
muertes). La guerra biológica en la era del confort, equipos de protección en busca y captura 
y el precio del esparadrapo y del papel higiénico disparados en bolsa, miedo a todo y aplausos 
a las 20 horas cada tarde. Un sálvese quien pueda anestesiado y perplsejo, nuestro pan y 
circo de cada día, esperando una vacuna con formato de crema solar, que las agujas siempre 
han dado no sé qué, y ya no hay procesiones (que están prohibidas) para rezar y pedir que se 
acaben las desgracias planetarias y reine la paz mundial, o sea que esta desgracia va para 
largo, y después de largos meses, confinados, ingresados, desescalados, desconfinados, 
vigilados, rastreados y enterrados, te das realmente cuenta que no hemos aprendido nada, 
pues el hombre es el único animal que tropieza varias veces con la misma piedra, tropieza 
hasta cogerle cariño a la piedra, reminiscencias del paleolítico.  Pero no hay que preocuparse, 
con la tercera ola (¿o es aún la primera mal gestionada?) será el personal sanitario el que 
salga a aplaudir al balcón, a las 20 horas, puntual, por lo bien que lo ha hecho nuestra 
ejemplar y ejemplarizante sociedad, deseando que haya disfrutado del verano, de sus últimas 
vacaciones remuneradas tal vez, de las reuniones con familia y amigos, pero sobre todo 
deseando que vuelvan a disfrutar de un nuevo confinamiento, un confinamiento ‘made in 
Spain’, lamentando que los aplausos del pasado no hayan servido para cambiar las cosas, no 
hayan servido para conseguir que la sociedad defienda una Sanidad que es de todos y no nos 
haya llevado en volandas para luchar por los derechos que todos nos merecemos. ¿Quién 
sabe? A lo mejor nos merecemos sobrevivir con las migajas que caen de la mesa.

 

Y precisamente con eso de que sea la primera, segunda, tercera,… ola (ni se sabe) de esta 
maldita pandemia en diferentes autonomías de España (de lugares del extranjero, ni hablemos) 
y, por lo tanto, con restricciones también diferentes, ¿alguien puede explicar por qué es malo 
que las comunidades autónomas, que son las que tienen la competencia sanitaria, tomen 
decisiones dispares entre ellas, para frenar la expansión del virus? ¿por qué si en las distintas 
comunidades autónomas la incidencia de la pandemia es diferente, las medidas tienen que 
ser las mismas? Y, sobre todo, ¿por qué esa aplicación de medidas diferentes ha de 
convertirse en inmoral arma política arrojadiza entre unos y otros? Creo, humildemente, que 
se está generando mucha confusión con este tema, quizá con intención recentralizadora de 
competencias por parte del Estado, cuestionando el sistema autonómico; o lo que sería peor, 
que aún sabiendo que la única manera posible legal de afrontar la pandemia es respetando 
las competencias autonómicas, porque de otra forma habría que retirarlas esa competencia 
otra vez, se trata, simplemente, de desgastar al gobierno. Aunque cabe la posibilidad por lo 
que se ve y oye de que en el subconsciente de mucha gente, en donde incluyo a no pocos 
políticos, tertulianos y periodistas, no se tenga asimilado, todavía, que España es un Estado 
constitucionalmente descentralizado aunque con muchas rémoras. Para ser más claro, hay 
una parte de los españoles que no se toma en serio el sistema autonómico (sólo hay que 
echar un vistazo a las Redes Sociales) porque, más allá de que algunos partidos y su corte 
mediática están tratando de torpedear al gobierno a cuenta del virus, hay un mar de fondo que 
está aprovechando la pandemia para cuestionar el estado de las autonomías, y volver a un 
centralismo absurdo que solo está en la mente del nacionalismo español de esa España una, 
grande y libre con epicentro en Madrid.

 
En este punto hay que decir que Madrid, pongamos por caso, no es España y que las 
decisiones que toma su presidenta en esta situación delicada de pandemia sólo afectan y 
generan confusión en los madrileños, no en los vascos o extremeños. Otra cosa es que ella 
se haya creído que está por encima de todos sus colegas presidentes autonómicos y del 
gobierno. Pensemos que el virus nos va a acompañar durante un tiempo y salvo que 
queramos un nuevo confinamiento nacional en casa, decretado por el Gobierno central, son 
las comunidades autónomas las que tienen la capacidad legal de aplicar medidas, por tanto, 
no hagamos caso a la campaña de confusión a la que están jugando algunos medios de 
comunicación, y atendamos a las instrucciones que dicta el gobierno de nuestra comunidad, 
principalmente. Salvo que usted necesite viajar y tenga que informarse de las medidas en el 
resto de las comunidades, de la misma forma que lo tiene que hacer si quiere viajar a 
cualquier país del mundo.

 

Los efectos de la gestión de la pandemia sobre la economía (léase índice de pobreza), 
educación (más pobreza), derechos humanos, etc, merecen reflexiones aparte. Ahí queda.

 

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