miércoles, 2 de agosto de 2023

Algo movidito...



La badinerie o badinage es una danza breve y muy viva que toma su nombre del verbo francés badiner (bromear). El término comenzó a usarse debido a la inclusión de esta danza como uno de los movimientos de la suite barroca, al verse como una pieza breve, juguetona y alegre. Hacia el siglo XVI, los ritmos y danzas usados desde hacía mucho tiempo entraron a formar parte del repertorio de instrumentos que hasta entonces les habían despreciado, los compositores se volvieron gustosamente hacia este material y las danzas en cuestión se ampliaron y desarrollaron; la idea de escoger las más originales y las más adaptables de entre las danzas de la llamada Europa civilizada y unirlas en una concepción artística de conjunto se extendió cada vez más en el siglo XVII. Por su origen, las principales danzas que se incluyen en una suite son la Alemande germánica, la Courante francesa, la Zarabanda española y la Giga inglesa, a las que se suelen unir danzas más ligeras de origen francés (Gavota, Minué, Bourrée…) que globalmente se denominan «galanterías». La Badinerie, úlimo movimiento, de la Suite orquestal nº2 para flauta y cuerdas BWV 1067 de Johann Sebastian Bach es posiblemente el ejemplo más brillante y conocido de badinerie en la historia de la música. El catálogo completo de las obras de Johann Sebastian Bach abarca un total de 1128 piezas. Sabemos que, salvo la ópera, el maestro alemán se prodigó en todos los géneros. Por ello, llama la atención que en un género como la suite orquestal, muy de moda para la época, Bach haya escrito tan solo cuatro piezas en toda su vida. Desde luego, es música que puede calificarse de "light", o ligera, por la que Bach no se sentía especialmente inclinado, y de ahí su exigua producción. Las suites conformaban el lado ameno de la música pura, la forma con la que la nobleza se entretenía y pasaba un buen rato. El maestro, por su parte, prefería escribir música eclesiástica, o música que al menos incluyera el desafío de plasmar en ella una retadora fuga. Bach nunca tituló con el específico nombre de «Suite» a estas obras sino con el de Oberturas, aplicando así al conjunto la denominación que sólo concernía a la primera pieza del concierto y que adoptaba el esquema de obertura francesa; las suites para orquesta de Bach están netamente marcadas por la música francesa, lo cual dan fe las oberturas francesas con las que comienzan cada una de ellas y la ausencia de Alemande en las mismas. Curiosamente, la Suite nº2 carece de Courante y en su lugar aparece un episodio que no se asocia a ningún ritmo de danza en concreto, la conocidísima Badinerie que, bajo su aparente «facilidad», esconde más de una trampa para el instrumento solista.


 

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