sábado, 29 de marzo de 2014

Elegía al autor de le elegía a Ramón Sijé

Ayer, día 28 de marzo, hizo 72 años de la muerte en la cárcel de Alicante del poeta Miguel Hernández, enfermo y envejecido pese a contar sólo poco más de treinta años.
El hecho de que nuestras autoridades de (in)cultura hayan "rememorado" la fecha con un silencio que resulta clamoroso obliga a pensar que las ideas que defendía el poeta y que lo llevaron a la cárcel, siguen absolutamente vigentes, y que lo que debería ser y entenderse por todos como Cultura (con mayúsculas) está mediatizado por un discurso ideológico que orbita alrededor de un recentralismo totalitario que lleva, primero, al enfrentamiento buscado (y alentado por mor de unas decenas de votos), después al rechazo y, finalmente, al fracaso de la política errática con la que se quiere vestir la iniciativa.

Hora es de que las citadas autoridades reflexionen sobre la evidencia de que la Cultura no debe tener color político y se ha de mantener por encima de las ideologías. Eso, que tan palmario resulta, por ejemplo, en la ciencia (sería impensable por absurdo que un determinado avance tecnológico o científico se asignara en cuanto a su disfrute sólo a la facción política de aquellos que lo han descubierto o investigado), es motivo de un sinfín de problemas en lo que se refiere a la exposición de pensamientos o sentimientos.

De una forma o de otra, queda demostrado que los llamados delitos de opinión no son una rémora de un pasado que sigue presente entre nosotros, y que se usan los instrumentos "legales" (?) para contrarrestarlos. Como si la sensibilidad fuera patrimonio exclusivo de un color político. Un repaso a los nombres y las obras nos enseña que los sentimientos, incluso aquellos que representan una crítica al contrario no tienen por qué tacharse con una marca diferente. Por eso es por lo que resulta mezquino hurtar de reconocimiento público la obra de alguien por el simple hecho de ser políticamente contrario, como sucedió recientemente en el aniversario de la muerte de Machado y ocurre ahora con Miguel Hernández.

Como homenaje a la profundidad de sus versos, valga recordar la dramatizada versión (sin menospreciar otras. por supuesto) que el grrupo Jarcha hizo de su desgarradora Elegía a la muerte de su amigo Ramón Sijé, en la voz de Ángel Corpa.


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