domingo, 11 de marzo de 2018

Música, músicos y un mundo de sensaciones.

La película de 1965 Sonrisas y lágrimas (The Sound of Music originalmente y La novicia rebelde en su distribución en Hispanoamérica), que lanzó a la fama a Julie Andrews y Christopher Plummer, es una adaptación de la novela La historia de los cantantes de la familia Trapp y narra en forma de musical edulcorado una parte de la historia real en la que, pocos meses antes de que Austria se uniera a la Alemania de Hitler, en la ciudad de Salzburgo una novicia llamada María (Julie Andrews) es enviada a casa de un viudo capitán de la antigua Marina Imperial austriaca llamado Georg von Trapp (Christopher Plummer) para que trabaje como institutriz de sus hijos, con los que entabla amistad a través de la música y acaba casándose con el viudo capitán, viviendo con él y los niños en Salzburgo. Formado un grupo musical en el que intervenía toda la familia, María, ya en la vida real, planeó una gira ficticia a América, y así fueron cómodamente en tren a Italia, de donde siguieron subrepticiamente a Londres y de ahí finalmente lograron emigrar a los Estados Unidos. Dicen las crónicas que allí siguieron cantando durante años, pero, al parecer, dejaron de hacerlo cuando el grupo empezaba a tener miembros de fuera de la familia.

Este es, posiblemente, un caso extremo y anecdótico del influjo del mundo de la música en los avatares de la vida pero lo que es una evidencia es que la música tiene incidencia real sobre nuestros procesos mentales, sensaciones y percepciones. La música ejerce una importante fuerza emocional sobre las personas, sobre nuestro comportamiento en cualquier etapa de la vida.

La música está más presente en nuestras vidas de lo que pensamos. Desde que somos muy pequeños, estamos expuestos a la voz de las personas de nuestro entorno, que nos llega en forma de una melodía muy particular, especialmente la de los padres. La música está muy relacionada con la inteligencia emocional, por lo que escucharla de la forma adecuada permite desarrollar y controlar ciertas habilidades como la empatía, es decir, la capacidad de ponerte en el lugar de otra persona, de compartir sus sentimientos.

Por hablar sólo de algunos aspectos que genera, confianza, placer, sensación de unidad con los demás y el mundo, amor por la Naturaleza, euforia, tranquilidad, ganas de hacer cosas y acercarnos a los demás. También el recuerdo de momentos y lugares bellos, sensaciones de apertura espiritual, elevación del nivel de consciencia, alegría sin causa, lágrimas… Estas son sólo algunas de las variadas e intensas emociones y sensaciones que puede provocar en los seres humanos la música, esa singular combinación de melodía, ritmo y armonía, que para el filósofo griego Platón “es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”, y que según el dramaturgo y novelista irlandés Oscar Wilde era “el arte más cercano a las lágrimas y los recuerdos...”. Según sea suave, lenta y relajante, o trepidante, rápida y estimulante, la música puede provocar en la persona que la escucha un impacto sentimental tan variado como intenso.
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Si hubiéramos de censar los beneficios de la música,seguramente los podríamos agrupar, más o menos, como sigue:

- Aísla al estrés. Un mínimo del 25% de las enfermedades que sufrimos hoy día está asociado al estrés y, afirman los psicólogos, escuchar media hora de música suave aunque sea dos veces por semana, reduce significativamente los niveles de estrés y ansiedad. Escuchar música suave también ayuda a reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial y, por tanto, reduce el riesgo de sufrir problemas de salud.

- Aumenta el rendimiento porque la música no solamente elimina la sensación de fatiga, cansancio y aburrimiento sino que actúa como un estimulante que aumenta la productividad. Un estudio realizado en 2005 demostró que escuchar música mientras se hace ejercicio aumenta la pérdida de peso y ayuda a ser constante.

- Facilita el sueño. Escuchar música de baja frecuencia induce a la relajación, y facilita y mejora el sueño. Esto ayuda a que nos pongamos en un estado saludable: los efectos del estrés y la ansiedad desaparecen.

- Aumenta el optimismo. La música también puede ser usada para trasladarnos a un estado de ánimo mucho más positivo. Gracias a la música recordamos momentos felices, pero también aumentamos la autoestima y la confianza en nosotros mismos. Otro de sus múltiples beneficios es que cuenta con la virtud de cambiar el ánimo de una persona rápidamente, y ayuda a tener autocontrol, mejora el poder de seducción y vence la timidez. Todo eso hace que la convierta en el mejor remedio para uno mismo.

- Invita a socializar. La música une a personas que comparten una pasión similar. Ayuda a conocer gente nueva, a hacer vida social y a unir grupos.

- Facilita meditar. Las melodías suaves tienen un efecto mágico y relajante sobre los estados de tensión y el estrés del día a día. Ayuda a meditar a muchísima gente que hasta entonces tenía dificultades para hacerlo, y está demostrado que dedicar unos minutos al día a la música de baja frecuencia es una de las mejores técnicas de relajación que existen.

Pero si nos preguntamos si provoca el mismo efecto en todas las personas y en todas las culturas, es decir, si la música es verdaderamente un lenguaje universal, como suele afirmarse, hemos de puntualizar que, de acuerdo a un reciente estudio del Instituto Max Planck de Neurología de Leipzig (Alemania), la respuesta es afirmativa, ya que los sentimientos expresados musicalmente se entienden igual en todo el mundo y la música logra superar sin mayores dificultades las barreras entre las culturas.Sabemos que, en la antigüedad, Pitágoras, Aristóteles y Platón ya creían que la música puede influir a nivel físico y emocional, además de que estaban convencidos de que aumenta el bienestar social y mejora la calidad de vida, aunque hemos de reconocer que las opiniones no siempre han sido favorables; ahí está, sin ir más lejos, Napoleón Bonaparte (a quien, paradójicamente, Berlioz, Fauré, Tchaikovsky y hasta el mismísimo Beethoven, entre otros, le dedicaron obras) y su famosa afirmación de que “La música es el más bello de los ruidos... pero ruido al fin.”.
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Desde la antigua Grecia, pues, se tiene constancia de la existencia de formas de notación musical; sin embargo, es a partir de la música de la Edad Media, principalmente el canto gregoriano, cuando se comienza a emplear el sistema de notación musical que evolucionaría al actual y dejaría constancia de la música que se hacía. Las distintas formas de notación musical y los soportes empleados han sido muy diversos a lo largo de la historia, y son objeto de estudio por parte de los musicólogos e historiadores de la música en la actualidad. Los diversos sistemas de notación dan testimonio de la realidad artística y cultural del momento, de forma que, si bien es cierto que desconocemos la música que escuchaba Pitágoras y sólo nos quedan las pinturas y relieves, y contados hallazgos arqueológicos, que nos muestran los instrumentos que utilizaban, a partir de la Edad Media podemos comprobar que la buena música no tiene edad, y que provoca similares emociones ahora que cuando se compuso.

Es el caso de "Greensleeves" (algo así como "Casquivana"), canción y melodía tradicional del folklore inglés de la que la leyenda, muy extendida, asegura que fue compuesta por el Rey Enrique VIII (1491-1547) para su amante y futura reina consorte Ana Bolena. No se sabe si la leyenda es cierta, pero la canción todavía se asocia comúnmente a dicha dama en la opinión pública. Y probablemente circuló primero oralmente y después en forma de manuscrito, como mucha música de uso social, mucho antes de que fuera impresa. En la obra de Shakespeare Las alegres comadres de Windsor, escrita alrededor de 1602, el personaje de Ama Ford se refiere dos veces, sin ninguna explicación, a «la melodía de Green Sleeves». Desde que la técnica permite conservar registros sonoros, son centenares las versiones grabadas (con y sin letra) de la melodía, en prácticamente todos los estilos, desde el jazz a la música celta. Incluso hay referencias en música "culta" ya que, en 1934, el compositor británico Ralph Vaughan Williams compuso una Fantasía sobre Greensleeves, así como una versión para piano y violín de la misma melodía.

Lo relevante para lo que nos ocupa es la constatación de que sigue despertando en todas las versiones los mismos sentimientos.



Con los adelantos técnicos, hoy día puede encontrarse música "por encargo" que, a través de la aplicación de sintetizadores, mezcladores de sonidos y otras novedades técnicas, consiguen piezas musicales, a veces con resultados apreciables, en las que se intenta remedar el funcionamiento fisiológico de los resortes que activan determinadas sensaciones, derivado de la transmisión de ondas desde el oído hasta el cerebro, pasando por el sistema nervioso central.

Pero si es cierto, y lo es, que la música nos permite explorar los sentimientos a fin de, en definitiva, lograr hacer cambios positivos en nuestro estado de ánimo y emocional y ser capaces de desarrollar un sentido de control de nuestras vidas, no es descabellado pensar que eso es posible a través de experiencias de otro, es decir, que, de alguna forma, nos convertimos en reflejo emocional del compositor de esa música que nos está influyendo.

La composición musical tiene mucho de arte y mucho más de brujería; lograr que con la combinación del sonido de siete notas musicales principales en determinados tonos, ritmos, intensidades,... y usando diferentes instrumentos para expresarlo (es diferente como se oye un Do al piano, al oboe o al cello, pongamos por caso) nuestro ánimo se vuelva triste, soñador o eufórico, trasciende las barreras de la comprensión racional y entra en el terreno de la magia,

Claro, que si Mozart compuso por un lado La marcha turca y por otro la Lacrimosa, por fuerza hemos de convenir en que todas las composiciones tienen un algo de registrar el estado anímico del compositor en ese momento y no, seguramente, en toda su obra, y si esa sensación se transmite a nosotros al escucharla, nos convertimos sin saberlo en replicantes anímicos del compositor. A lo largo de la historia de la música encontramos que, en una obra con una cierta uniformidad en su llegada a nuestros oídos, pueden percibirse ramalazos de tratamientos, más altos o más bajos en su aspecto emocional que el resto de obra, que parecen obedecer a baches emocionales del autor. Es lo que se observa, por ejemplo, escuchando atentamente Cuadros de una exposición, de Mussorgsky.1
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Famoso retrato de Mussorgsky pintado por Ilya Repin
Unos antecedentes necesarios: en 1873 fallece a los 39 años, víctima de un ataque cardíaco, Victor Hartmann, arquitecto, acuarelista, diseñador y amigo personal de Modest Mussorgsky. Éste, que no era la más estable de las personas, se hundió en una profunda depresión, estaba obsesionado por la muerte de su amigo y por una irracional creencia de que era en parte responsable de ella2. Empezó a beber, vendió algunas de sus pertenencias para obtener ingresos, sufría de alucinaciones, desapareció durante días, se involucró en un alboroto y le echaron de su apartamento. Vladimir Stassov, amigo tanto de Hartmann como de Mussorgsky, estaba preocupado por la salud mental y física de este último y creía que podría ser de ayuda para el compositor si le comprometía en alguna actividad en honor de Hartmann, así que organizó un año después de los hechos, a modo de homenaje, una exposición de alrededor de 400 obras del artista. Mussorgsky asistió a la exposición y se sintió conmovido por lo que veía, pero no pudo componer una pieza conmemorativa para Hartmann (que era lo que le sugirió Stassov) hasta algunos meses más tarde. Cuando finalmente se puso a trabajar, decidió escribir una suite para piano de diez movimientos, cada uno de los cuales representaba uno de los cuadros de Hartmann, en la que intenta evocar a partir de la música los cuadros contemplados y las sensaciones allí percibidas. El nexo de unión entre todos los movimientos era un tema de "paseo", tema común que, a decir del propio Mussorgsky, lo representa a él mismo en la transición entre cada cuadro.

En la audición estamos ante un ejemplo de música programática, ese tipo de música de carácter descriptivo (que tuvo su momento de mayor esplendor en el romanticismo) que tiene como objetivo evocar ideas o imágenes extra-musicales en la mente del oyente. Mússorgsky realizó un conjunto de piezas brillantemente descriptivas que adquieren unidad y continuidad con el repetitivo tema del "paseo" (Promenade), destacando en el conjunto una salvaje y furiosa pieza llamada Baba Yaga que debe su nombre a la bruja de una leyenda rusa que vivía en una cabaña en ruinas sostenida por gigantes patas de pollo. Pero, como contrapunto obligado por la desaparición de Hartmann, compone la pieza Il vecchio castello (así, en italiano), apaciguada y a la vez melancólica tonada, acentuada por la posterior orquestación de Ravel, que está inspirada en la acuarela de un viejo castillo italiano en ruinas, y la figura en ella de un trovador que escribe poesía y toca música. Las imágenes musicales de Mússorgsky transmiten un sentimiento de nostalgia por una época cuyo esplendor, junto con las personas asociadas a él, desapareció hace mucho tiempo.



En suma, a través del trabajo y sentimiento de los músicos, la música es capaz de crearnos/transmitirnos sensaciones que hacen aparecer imágenes que, seguramente, están guardadas en algún lugar de nuestro mundo interior, nos trae recuerdos de épocas pasadas, de encuentros y de desencuentros y, a la postre, la música está presente en todos los momentos de nuestra vida, incluso en los de soledad, de euforia o de depresión, también como compañera y cómplice de esos momentos.

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1Modest Petrovich Mussorgsky (1839 - 1881) Compositor ruso, el que mejor supo reflejar el alma del pueblo ruso, a pesar de las profundas carencias de su preparación técnica. Músico de formación autodidacta, muchas de sus obras quedaron inacabadas por falta de conocimiento del oficio de compositor, pero a pesar de ello revelan un talento y una originalidad que ejercerían una profunda influencia en autores posteriores. Hijo de un terrateniente, su vida transcurrió en el medio rural  hasta que fue destinado por su familia a seguir la carrera militar pero, en 1857 entró en contacto, en San Petersburgo, con los compositores Balakirev, Borodin, Cui y Rimski-Korsakov, con quienes formaría el Grupo de los Cinco y dejó el ejército para iniciar carrera en la música ganándose la vida de forma discontinua como funcionario. De su obra destaca la magistral ópera Boris Godunov, el ciclo vocal Canciones y danzas de la muerte, la suite pianística Cuadros de una exposición, orquestada posteriormente por Maurice Ravel, y la pieza orquestal Una noche en el Monte Pelado. Epiléptico y alcohólico, Mussorgsky falleció prematuramente sin poder acabar una nueva ópera, Jovanchina, culminada por Rimski-Korsakov.

2Se cuenta que su pena se mezclaba con sentimientos de culpa, pues recientemente había estado paseando con Hartmann cuando el arquitecto tuvo un primer ataque y no podía respirar. En lugar de llevarle a un médico, Mussorgsky trató de calmar al afligido Hartmann: "Descansa un poco, tranquilo, y luego seguiremos" Debido a este incidente, Mussorgsky ilógicamente se culpaba a sí mismo por la muerte de Hartmann: "Cuando recuerdo esta conversación, me siento desdichado, porque me comporté como un cobarde con temor a la enfermedad. Este temor existía porque yo temía preocupar a Hartmann, ¡así que me comporté como un tonto niño de escuela!",se puede leer en su correspondencia posterior.

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