miércoles, 28 de febrero de 2024

Para quien no le gusten las arias.



El aria, “
O mio babbino caro(Oh, papaíto querido, que no ...bambino...-niño-) de la ópera Gianni Schicchi, de Giacomo Puccini (Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini,1858-1924), es de sobras conocida, y bellísima; por algo la compuso el músico que más momentos sublimes ha aportado al repertorio operístico. Pero no sería lo mismo sin la soberbia interpretación de algunas sopranos, que enlazan un pianissimo con otro con indiferente suficiencia. Sobre el papel, se trata de cantar suavemente una nota de muy alto registro, y hacerla flotar el tiempo que sea menester. El símil, si me dejáis ponerme poético, sería el una barca deslizándose por un lago de aguas tranquilas, pero aún así, lleno de dificultades. Puccini coqueteó brevemente con temas ligeramente wagnerianos (quizá el primer músico italiano que comprendió que la enseñanza de Wagner iba bien con su teoría del «drama musical» y de la «ópera de arte total»— que en Italia fueron el centro del debate—, y concernía específicamente el lenguaje musical y la estructura narrativa), aunque en estas óperas, la música debe mucho más a Verdi que a su contemporáneo teutónico. Gianni Schicchi es una obra relativamente tardía, que toma como punto de partida cuatro versos del Canto XXX del Infierno de Dante Alighieri en su Divina Comedia: ‘El loco aquel es Gianni Schicchi / Por ganarse a la reina de las yeguas / Falsificar en si a Buoso Donati / Testando y dando norma al testamento’. El hilo argumental transcurre en Florencia en el año 1299: el rico Buoso Donati acaba de fallecer dejando la mayor parte de su fortuna a un monasterio. Los familiares, reunidos en torno al difunto, buscan desesperadamente el modo de cambiar el testamento a su favor. En medio de la confusión general, el joven Rinuccio afirma que Gianni Schicchi, padre de su amada Lauretta, es el único que puede ayudarles, y manda a alguien en su busca. Cuando llega Schicchi, los parientes lo desprecian, resistiéndose a aceptar la ayuda de un campesino recién llegado a Florencia, pero Lauretta suplica a su padre que los ayude, único modo de que los familiares acepten su boda con Rinuccio. Gianni Schicchi, conmovido por la petición de su hija, decide hacerse pasar por el muerto y pide a los parientes que llamen al notario para cambiar el testamento. Cuando llega el notario, Schicchi, imitando desde la cama la voz de Buoso, dicta el nuevo testamento: deja a los monjes cinco liras y algunos bienes a cada pariente. Por fin llega el momento de repartir la mejor parte de la herencia, la casa y los molinos. Buoso se lo deja todo a…¡Gianni Schicci!. En "O mio babbino caro", una de las más grandes melodías de la ópera italiana y un número que se ha convertido en un arquetipo del último florecimiento del romanticismo tardío en manos de Puccini, Lauretta, pues, ruega a su padre que vaya con ella a comprar un anillo para que pueda casarse, poniendo en marcha toda la falsificación. El tono del aria, de la que ofrecemos una versión de Kiri Te Kanawa con imágenes de la película Una habitación con vistas, es exagerado en su voluptuosidad, casi parodístico, que encaja perfectamente con el estado emocional melodramático de Lauretta. Gianni Schicchi es la única comedia de Puccini. Giovacchino Forzano escribe un magnífico libreto bufo teniendo en cuenta, obviamente, que los versos de Dante no son materia suficiente para un argumento, y el libretista pudo haberse basado en el denominado Anonimo fiorentino, colección de anécdotas publicadas entre 1866 y 1874, que incluye una historia más completa de Gianni Schicchi, un personaje que existió realmente.


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