viernes, 27 de abril de 2012

La formación necesaria

A raíz de la publicación de los dos últimos boletines de management dedicados a la formación he recibido algunos comunicados coincidentes en su fondo, que puede resumirse en la pregunta de que, si la formación no es per se en las actuales circunstancias una garantía razonable de acceso al empleo, si la formación específica queda ceñida al ámbito interno de las organizaciones, ¿qué tipo de formación debe priorizarse como elemento de mejora y aumento de oportunidades?
La pregunta tiene su enjundia, ya que nos lleva a reflexionar sobre el modelo de enseñanza y, sobre todo, de su adecuación a la realidad socio-laboral. Partimos de la base de que en la identificación formación = enseñanza, la tendencia es a estandarizar materias/profesiones de forma que con la obtención de un título se entiende que se dominan, de forma genérica, las materias que corresponden a una determinada profesión. Peor esto no siempre es así, o al menos, no de forma tan simplista. Acudiendo, por ejemplo, como paradigma, a la banca (tan de actualidad a su pesar), es un hecho incuestionable que la banca es un oficio que no se adquiere con títulaciones más o menos acertadas; dicho de otra forma, el desarrollo del oficio no está contemplado en ningún título académico, si bien algunas de las disciplinas que lo integran pueden perfeccionarse con la debida formación. De aquí se desprende que, para muchas profesiones, la formación necesaria no se adquiere en las universidades y se abre la opción de acudir a consultoras de formación especializadas que conozcan al dedillo tanto los entresijos de la profesión de que se trate como las tendencias del mercado. Es por eso que se citaba en los boletines que la formación no ha de "cautivar" sino, simplemente, resultar eficaz, aunque sea árida (otra cosa es que se ha de trabajar para que sea amena, accesible y "amiga").
Y si bien, con algunas excepciones de pseudo gurús anclados en el tiempo que ofrecen enseñanzas generalmente vacuas en lo referido a la profesión, sí que se encuentra a faltar un mejor y mayor conocimiento de la realidad del mercado, lo que convierte la mayoría de los cursos, algunos masters y otros tantos post-grados en apuestas vacías.
Porque, veamos: ¿cual es la tendencia laboral actual cuando hoy mismo se han publicado unas cifras de incremento del paro según la EPA realmente inquietantes? ¿alguien piensa que en esos EREs, despidos masivos o ajustes puntuales, sólo afectan a la mano de obra no cualificada? ¿A qué entonces esa saturación de cursos o masters para formar directivos o mandos intermedios?
Paralelamente, se alienta, o al menos eso se dice, la emprendeduría. ¿Cuántos cursos de formación hay para emprendedores? Casi se pueden contar con los dedos de una oreja.

Claro, no es formación fácil de diseñar: ¿qué requiere conocer un emprendedor?
- Identificar nichos de negocio que se adecuen a sus conocimientos y capacidades,
- Gestionar su universo relacional, tanto desde el punto de vista comercial (futuros proveedores, clientes, competidores,..) como profesional genérico (tendencias del mercado que ha elegido, normativas, reglamentaciones, ...)
- Relaciones humanas, incluyendo en ella gestión de los equipos
- Acompañamiento emocional: un emprendedor debe saber que tiene derecho a equivocarse y que no debe fallarle la fuerza para levantarse en caso de caída...
- ...
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Hay que notar que son materias que raramente se tratan en la formación al uso, por lo que, la respuesta (simple, merece un desarrollo posterior en su caso) a los comunicantes es que el sistema está mal enfocado y debería atender más a la formación de emprendedores que de directivos tal como demanda la realidad social, de forma, se nos antoja, irreversible.
Tarea de las consultoras serias en formación. El reto está lanzado.

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