miércoles, 24 de octubre de 2018

La actualidad de la inteligencia emocional


Daniel Goleman es un periodista, escritor y psicólogo estadounidense, profesor de psicología en la Universidad de Harvard, conocido en todo el mundo, sobre todo, a partir de la publicación de su libro Emotional intelligence: why it can matter more than IQ (en castellano, Inteligencia emocional) en 1995 y sus secuelas, como Inteligencia social y otros.

El concepto de inteligencia emocional, en su expresión, tiene algo de oxímoron, porque mezcla dos ideas aparentemente opuestas, cual son la inteligencia y las emociones, como si dijéramos que estamos atravesando una época de calma turbulenta dominada por un silencio atronador y, para entenderlo, hemos de conseguir trascender las definiciones populares de inteligencia, que hacen importantes sólo los aspectos cognitivos, tales como la memoria y la capacidad para resolver problemas relacionados con el conocimiento.

Ya en 1920, el psicólogo y pedagogo Edward Lee Thorndike usó el término inteligencia social para describir la habilidad de comprender y motivar a otras personas y, en 1940, el psicólogo rumano-estadounidense David Wechsler describió la influencia de factores no intelectivos sobre el comportamiento inteligente y sostuvo contra corriente, además, que los tests de inteligencia no serían completos hasta que no se pudieran describir adecuadamente estos factores. Lo más relevante, sin embargo, para las ideas divulgadas por Goleman, fue que en 1983, el investigador y profesor de psicología, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2011, Howard Gardner, en su libro Inteligencias múltiples: la teoría en la práctica, introdujo la idea de que los indicadores de inteligencia, como el cociente intelectual tradicional, no explican plenamente la capacidad cognitiva, porque no tienen en cuenta ni la “inteligencia interpersonal” —la capacidad para comprender las intenciones, motivaciones y deseos de otras personas— ni la “inteligencia intrapersonal” —la capacidad para comprenderse uno mismo, apreciar los sentimientos, temores y motivaciones propios1.
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El interés por las repercusiones de las emociones en ámbitos como las relaciones en el trabajo (la economía, en todos los aspectos, ante todo) impulsó la investigación sobre el tema, pero la popularización del término en el que se unen los dos conceptos se debe a la obra de Daniel Goleman, pese a que el primer uso del término inteligencia emocional se atribuya a Wayne Payne, quien lo cita en su tesis doctoral de 1985 Un estudio de las emociones: el desarrollo de la inteligencia emocional y, antes que Goleman, Stanley Greenspan, Peter Salovey y John Mayer también habián propuesto modelos de inteligencia emocional, y ello aunque se sepa que la expresión ya había aparecido antes en textos de Beldoch y Leuner, ambos en la década de los años sesenta del siglo pasado.

No se trata aquí, aunque lo parezca, de quitar méritos a Goleman sino al contrario, ya que, sobre esos antecedentes, fue capaz de definir la naturaleza de la inteligencia emocional: las características de la llamada inteligencia emocional son: la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás y, lo que es más importante, diseñar y divulgar un modelo de aplicación práctica ampliamente admitido basado en que no sólo el hecho de regular las respuestas emocionales se puede aprender sino en que a la vez es un signo de madurez y de inteligencia. Así, en la primera infancia, habitualmente no regulamos nuestra respuesta emocional, simplemente la expresamos o explota y, socialmente, se acepta y se perdona este tipo de "sinceridad" en las respuestas emocionales de los niños más pequeños. A medida que se van haciendo mayores, la tolerancia ante esta inmediatez en las respuestas va disminuyendo hasta llegar a la madurez cuando, socialmente, se exige la regulación y el dominio emocional. Con su aprendizaje conseguimos equilibrar dos fuerzas opuestas. Por un lado, la necesidad biológica de la respuesta emocional, y por el otro, la necesidad de respetar determinadas normas de convivencia.

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La difusión de las propuestas de Goleman coincidió con una época socioeconómica de irracional euforia en todo el mundo en la que, por poner un ejemplo, se consideraba normal que una entidad financiera se marcara unos objetivos de crecimiento anual continuado representados por cifras de dos dígitos, y en la que, en definitiva sólo importaba el crecimiento de volumen y, por supuesto, de beneficios, como fuera y a costa de lo que fuera. En ese contexto, las ideas de Goleman fueron un descubrimiento para muchas empresas y organizaciones, que se apresuraron a incluir en los planes de formación para sus empleados, en particular aquellos planes con vertiente comercial y los destinados a gerentes de negocio y cuadros intermedios, un nuevo paradigma que, por cierto, había de incluir el término "emocional" (como, hábilmente, ya habían renombrado en sus catálogos de formación numerosas empresas de consultoría, asesoramiento, coaching, etc.) y que, siguiendo a Goleman, se encarnaba en saber afrontar los problemas confiados en las potencialidades propias, con fortaleza en el espíritu, en la mente y temple emocional; eso era tener éxito.

El dominio de las emociones, la tolerancia, la escucha activa, la flexibilidad, el respeto y la aceptación de la realidad se revelan como la llave de oro para cualquier persona, empresario, profesional o el mix de ambos que le permitirá ver claro e impedirá que el futuro lo encuentre estático, mudo y autista mirándose el ombligo porque se ha de admitir que el mundo actual, más que global es holográfico y todos estamos navegando con un destino que podrá conducirnos hacia la vorágine o hacia el horizonte del crecimiento. Pero tomemos conciencia de que quien timonea es uno mismo, por lo que el destino no es fatalista, sino una cuestión de actitud.

Pero llega la crisis, eso de la inteligencia emocional se toma como una moda teórica pasajera, cambian las prioridades; aunque paradójicamente, se debe definitivamente entender con la irrupción de la crisis, no sólo económica, que ya nada es igual, ni similar, ni parecido a lo que desde siempre uno estuvo acostumbrado a realizar, tanto en lo individual como en lo colectivo, tanto a nivel privado como público, empresarial o profesional. Particularmente, en lo empresarial, si se siguen llevando a cabo acciones de acuerdo con el viejo modelo, sin duda, se estará observando el futuro por el espejo retrovisor. Y es en estos momentos, cuando todo el mundo parece tan desmadrado y fuera de su cauce, cuando muchas personas parecen haber perdido la cabeza y el rumbo, permitiendo que los disvalores interfieran diariamente en sus vidas en un proceso de constante confusión, cuando realmente estamos presenciando el fin de una era y el inicio de otra, es cuando precisamente se pone en valor el nuevo paradigma emocional, donde las partes resultan más importantes que el todo y los sentimientos son la clave para interpretar y reinterpretar nuevamente a los fenómenos sociales del cambio. Así y solamente así, aceptando el cambio, podremos comprender el futuro proactivamente. En estos momentos de verdadera crisis es cuando se deben afrontar los problemas asociados a ella con la cabeza más firme que nunca sobre los hombros, dominando las emociones y depositando la confianza plenamente en las aptitudes emocionales para alcanzar el éxito; sin voluntarismos, pero con templanza, con la fe puesta en el bagaje intelectual que cada uno posea en el marco de las inteligencias múltiples, sin titubeos y con esperanza; todo encuadrado en la acción y la práctica constante.
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Esto que parece mera teoría, ya hoy, cuando algunos dicen que la crisis ya ha pasado, en una exhibición interesada de ignorancia, al confundir (y hay quien lo cree) la normalización de las ratios macroeconómicas con el final del problema (todo lo contrario, agrandado, ahí están los datos oficiales, para quien los quiera ver) socioeconómico, es utilizado en la práctica por muchas empresas, que valoran cada vez más a una persona resolutiva y preparada para vivir en un entorno que evoluciona continuamente, con especial énfasis en la aptitud de la inteligencia emocional, Las características de una persona con inteligencia emocional consisten en conocer sus emociones, saber controlarlas, mantener la atención en las metas, sentir empatía hacia los demás y saber relacionarse con éstos, declarando los expertos sobre este punto que "las organizaciones van a necesitar más que nunca seleccionar 'humanos' que destaquen por su pensamiento crítico, por su inteligencia social y colectiva, que sean creativos, innovadores. Que ya no se adapten al cambio sino que 'vivan' en el cambio, profesionales en formación continua, con carácter autodidacta y alta capacidad de resolución de problemas" aunque su perfil técnico pueda ser familiarizado con la tecnología, el mundo digital y la conectividad y comunicación constante, pongamos por caso. Pero siempre con un importante componente humano.

La capacidad intelectual y la preparación técnica de una persona para desempeñarse en un empleo o para desarrollar una actividad cualquiera se dan por sentadas y por ello ya tienen poca relevancia; en cambio ahora, de cara al futuro, hay que concentrarse en ciertas cualidades personales como: control emocional, iniciativa, empatía, flexibilidad, capacidad de persuasión, tolerancia y escucha activa entre otras. Cualquiera sea su responsabilidad, saber cómo cultivar esas aptitudes puede ser esencial para lograr el éxito en la actividad pues, aunque es sabido que lo que ahora conocemos como inteligencia emocional siempre ha sido portátil y se ha ejercitado en forma asistemática, ahora ha llegado el momento de tomar conciencia clara de su importancia y llevar a la práctica éstas aptitudes "distintas". Para lograr el éxito en todo proceso en donde se maneje una situación de incertidumbre o cambio, como sucede en los cambios de paradigmas, como en la actual coyuntura, el desarrollo de las aptitudes emocionales y su práctica constante es otra de las llaves de oro que abren puertas quizás antes ignoradas. Y, mensaje a las organizaciones, no todo se mueve con dinero; curiosamente, mover el ánimo, las mentes y la creatividad implica un esfuerzo, emocional, intelectual y físico, que se traducirá en productividad y quizás en dinero, pero nunca al revés.

La pregunta que siempre ha subyacido es: "Pero, en la práctica, ¿cómo llegar a descubrir y conocer realmente esas aptitudes?" Si realizamos una práctica constante y consecuente de las aptitudes emocionales como:la empatía, la escucha activa, el dominio de las emociones, el respeto por las diferencias, la tolerancia y la flexibilidad; aumentarán nuestras posibilidades de incrementar lo que podríamos llamar Cociente Emocional (CE) y, teniendo siempre presente que este CE no "se tiene", como el intelectual tradicional clásico sino que se cultiva y no tiene otros límites que aquellos que nosotros le impongamos, se llega a la conclusión de que es una cuestión de actitud, luego se puede afirmar, según esas premisas, que el éxito es voluntario, toda vez que practicando sistemáticamente las aptitudes emocionales - a través de técnicas y ejercicios específicos que trascienden, obviamente, estas reflexiones- se puede:
• Vencer el miedo al fracaso
• Aumentar los niveles de confianza (en nosotros principalmente).
• Maximizar la energía creativa.
• Concentrarnos en alcanzar los objetivos que nos propongamos.
• Convertir los problemas que surjan, en oportunidades.
• ...
Sólo trabajando nuestras emociones lograremos que nunca nos traicione la desconfianza.

Resultado de imagen de empatía

Un último apunte práctico para deshacer un malentendido usual: se ha ponderado más arriba la importancia de saber aplicar la empatía, pero es capital no confundirse con ella; se define como la aptitud para ponernos en el lugar de nuestro interlocutor, "estar en sus zapatos" pero sin perder nuestra identidad, pero, en la práctica, para que sea útil, se ha de saber la diferencia sutil que es que empatía no es mimetizarse con los demás, sino que es tratar de sentir, palpitar y sintonizar como lo hace quien está interactuando con uno pero sin dejar, jamás, de ser uno mismo. En la teoría, tener un buen tono empático posibilita aumentar la escucha activa y de esa manera, nada, absolutamente nada de lo que provenga de la otra parte interactuante, ha de pasar desapercibido, lo que aumentará la capacidad para obtener resultados exitosos tanto en las negociaciones, como en las mediaciones y en cualquier proceso que entrañe conciliar intereses, opiniones e ideas creativas.

¿CONCLUSIÓN?

En el año 1994 , Bill Gates anunció con anticipación este pronóstico: "Habrá un camino. No conectará dos puntos.Conectará todos los puntos. Su límite de velocidad será, la de la luz. No se irá de aquí hasta allá. Ya no habrá allá. Todos estaremos aquí". Y si todos estamos aquí, aprendamos definitivamente a estar bien en éste aquí con una actitud de mejora constante y una disposición emocional cada vez más eficaz.

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1En resumen simplista de lo que después desarrolló Goleman. La teoría de Gardner, en realidad, es mucho más compleja y puede resumirse como sigue: cada persona tiene ocho inteligencias o habilidades cognitivas (originalmente, siete, a las que Gardner añadió la "naturalista") que trabajan juntas, aunque como entidades semiautónomas. Cada persona desarrolla unas más que otras. Diferentes culturas y segmentos de la sociedad ponen diferente énfasis en cada una de ellas.
- Inteligencia lingüística. En los niños y niñas se aprecia en su facilidad para escribir, leer, contar cuentos o hacer crucigramas.
- Inteligencia lógico-matemática. Se aprecia en los menores por su interés en patrones de medida, categorías y relaciones. Facilidad para la resolución de problemas aritméticos, juegos de estrategia y experimentos.
- Inteligencia visual y espacial. Los niños y niñas piensan en imágenes y dibujos. Tienen facilidad para resolver rompecabezas, dedican el tiempo libre a dibujar, prefieren juegos constructivos, etc.
- Inteligencia musical. Los menores se manifiestan frecuentemente con canciones y sonidos. Identifican con facilidad los sonidos.
- Inteligencia corporal cinestésica. Facilidad para procesar el conocimiento a través de las sensaciones corporales. Los menores tienen una marcada capacidad para realizar actividades que requieren fuerza, rapidez, flexibilidad, coordinación óculo-manual y equilibrio.
- Inteligencia naturalista. Los niños y niñas piensan instintivamente. Tienden a dejarse llevar, observan el entorno, idean con material de la naturaleza, etc.
- Inteligencia interpersonal (inteligencia social). Se comunican bien y son líderes en sus grupos. Entienden bien los sentimientos de los demás y proyectan con facilidad las relaciones interpersonales.
- Inteligencia intrapersonal. Relacionada con la capacidad de un sujeto de conocerse a sí mismo: sus reacciones, emociones y vida interior.
Por todo ello, Gardner sostiene que el cociente intelectual tradicional no es una base común a todos los individuos, sino una base biopsicológica singular, formada por combinaciones de potencialidades múltiples que no siempre se despliegan, y no lo hacen como consecuencia de una educación estandarizada que no distingue los matices diferenciales del individuo.

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