domingo, 25 de julio de 2021

Música y Disney.


Siguen las efemérides, hoy la del día de Santiago, y ¿cómo deslindarlo del Camino? El 
Camino de Santiago ha ejercido, desde su origen, una gran influencia en las distintas 
manifestaciones del arte y entre ellas, de una forma notable, la música, porque la Ruta 
Jacobea ha sido durante siglos cauce bidireccional de difusión por el que llegan hasta 
Compostela los conocimientos y las expresiones musicales de los que se desplazan con el 
ideal de alcanzar la ciudad del Apóstol, pero también ocurre que estos conocen y transmiten 
las expresiones artísticas de los habitantes de lugares que atraviesa el Camino, que luego 
difundirán en sus lugares de procedencia. Pues vamos con la música. A raíz del 
descubrimiento fortuito del general desconocimiento social que hay de figuras insignes como 
el músico Bacarisse, y pasando por alto (por falta de espacio, no porque el tema no lo 
merezca) las razones político/ideológicas de ese desconocimiento, sólo nos queda reflexionar 
acerca, en este caso, del binomio música-educación. Ya de por sí, el tema de la educación (al 
que se le han destinado varias reflexiones en este blog) es algo sumamente complejo, aunque 
sólo sea por su indisoluble conexión con el futuro, ese gran desconocido por definición y, 
obviamente, con las necesidades supuestas de las generaciones futuras  Y aquí entra en 
juego eso que llamaremos planes educativos..Para hacer referencia a ellos es importante 
señalar que hoy en día nuestras sociedades suponen que la educación ya no es una parte de 
la esfera privada de cada familia sino que la misma forma parte de la esfera pública y, por 
tanto, es responsabilidad de los Estados y de los diferentes niveles gubernamentales 
encargarse de planear la educación en todos sus niveles, formatos y alcances para la 
población. Así, los planes educativos parten desde el Estado para bajar a una sociedad a la 
que se quiere educar en la transmisión de determinados valores, ideales, historia, símbolos, 
alcances, metas y objetivos. Los Estados organizan planes educativos que deben ser luego 
evaluados a futuro para determinar si están logrando los objetivos propuestos o si deben ser 
reformados por otros que se adapten mejor a las necesidades de la sociedad del momento.

 

Sin embargo, los planes educativos no
deben de ser solamente una responsabilidad exclusiva 
de los gobiernos y esto es así debido a que los mismos imponen una estructura de 
conocimientos dictados por la sociedd y el proceso por el cual se debe llevar a cabo, pero son 
los docentes y las instituciones educativas quienes piensan, deciden y actúan para cumplirlos, 
utilizando determinadas metodologías, estructuras, compromisos, etc. En este sentido, el 
accionar de los docentes y su forma particular de planear el año educativo es importantísimo 
para establecer las pautas a cumplir por parte de los alumnos pero también los elementos a 
observar por parte de los docentes y las referencias a las cuales atenerse en caso de duda o 
desorden. Según eso, es normal que los planes de estudios cambiarán en cada etapa 
estudiantil. Además, hay que señalar que pueden (y deben, posiblemente) variar con el tiempo; 
y es que los planes de estudios han de renovarse para estar completamente adaptados a la 
realidad de nuestros días. Gracias a ese “guion”, los padres y alumnos podrán observar qué 
tipo de conocimientos se prioriza, así como las bases de su educación. 
 

Pero vamos con la música y la enseñanza. No está de más empezar diciendo que la música 
ha sido uno de los grandes logros del hombre, no solo por sus complejidades como disciplina 
artística sino también por las múltiples formas en que puede enriquecer la vida de una persona. 
Los beneficios neurológicos y psicológicos de la música van de mano en mano con las fuertes 
emociones que una pieza musical puede desatar en la persona que la escucha, pero no se 
puede dejar a un lado el valor y la efectividad de la música como herramienta didáctica y gran 
aliado para los maestros en el aula. A lo largo de la historia de distintas culturas la música ha 
estado ligada de una forma u otra a la educación y varios estudios han demostrado los efectos 
positivos que puede tener en el desarrollo intelectual y emocional de los niños. En la antigua 
cultura griega se califica a Pitágoras y sus seguidores como los creadores de la teoría musical 
griega ya que ellos relacionaban los sonidos con las matemáticas y la astronomía. En este 
período también encontramos “La República”, obra que contiene pasajes en los que Platón 
destaca la importancia y necesidad de una temprana educación musical, con todas sus 
bondades, considerando la música esencial para una verdadera educación integral. En la 
antigua China, Confucio no concebía la educación sin la música, a la que consideraba la 
segunda más importante de las seis artes esenciales en las que educar a los jóvenes, que eran, 
por cierto: ceremonias, música, tiro con arco, conducción de carros, escritura y matemáticas. 
En cambio, en España parece que «la música distrae de las demás asignaturas», según dijo 
el ministro ¡de Educación! José Ignacio Wert, y ya no es obligatoria en educación primaria. 

 

Sin embargo, numerosos estudios científicos señalan que la música tiene efectos positivos en 
el desarrollo cognitivo, creativo, intelectual y psicológico de los niños. Incluso se ha 
demostrado que la música estimula el hemisferio izquierdo del cerebro, el encargado del 
aprendizaje del lenguaje, los números y el uso de la lógica. En opinión de expertos, que la 
música aumenta la capacidad de memoria, atención y concentración de los niños no es nada 
nuevo. Como tampoco lo es la relación existente entre música y matemáticas. El trabajo 
melódico favorece la memorización de textos y la correcta acentuación de las palabras e 
incluso mejora la dicción; el trabajo auditivo con melodía y timbre beneficia la capacidad de 
concentración y el aprendizaje de otras lenguas, mientras que el trabajo rítmico ayuda a la 
comprensión de las relaciones matemáticas. El aprendizaje musical ayuda a la sociabilización 
y fomenta la colaboración, el espíritu crítico y el respeto cuando se hacen actividades 
colectivas. Además, a través de las canciones se pueden aprender valores, hábitos, el 
alfabeto, las tablas de multiplicar, etc. Por ejemplo, podemos relacionar la tabla del número 
tres con el ritmo del vals. Es más, a partir del estudio de un instrumento se pueden trabajar 
muchas asignaturas: geografía (de dónde es originario), historia (cuándo apareció), 
matemáticas (tamaño y proporciones), física (acústica y sonoridad), plástica (dibujándolo o 
creándolo con distintos materiales) y todo lo que se le ocurra al profesor. 

 

No son teorías; según la neurociencia, la música ejerce un poder de transformación sobre el 
cerebro y sobre el funcionamiento de la mente. Muchas investigaciones reflejan cómo la 
música proporciona un desarrollo de ambos hemisferios cerebrales. El hemisferio izquierdo 
ayuda a desarrollar el aprendizaje del lenguaje, los números y el uso de la lógica y el 
razonamiento, y se encargaría de la percepción rítmica y del control de mecanismos de 
ejecución musical, en tanto que el hemisferio derecho destaca por centrarse en la percepción 
y ejecución musical, la creatividad artística y la expresión musical. En muchas ocasiones se 
ha argumentado su enseñanza con base en los beneficios no musicales que consigue, tales 
como el desarrollo social, motriz, afectivo, creativo y de conocimiento y que tienen una 
influencia muy positiva sobre la cohesión del grupo de clase. Es decir, si el aprendizaje debe 
ser una actividad social porque es muy difícil aprender solos, la mejor manera de aprender 
música es precisamente en compañía de otros, puesto que invita a participar activamente en 
un proyecto común con un mismo objetivo para todo el grupo: cantar o tocar una canción. Y 
entonces es el grupo de clase, y no el alumno de manera individual, quien asume las 
ocurrencias que se pueden generar cuando aceptamos la creatividad y el pensamiento lateral, 
y no importa tanto que las ocurrencias sean o no coherentes, sino que las están generando 
los alumnos porque están inmersos en un proceso mental. 

 

Para los incrédulos, la música y las matemáticas, por ejemplo, están íntimamente ligadas 
hasta el punto de que para algunos la música es matemática con la emoción del ser humano 
puesta ahí. Una canción normal suele tener cierta forma y su estructura es matemática y 
lógica. Por otro lado, la música además de ser un arte también es una ciencia sustentada en 
la acústica, ya que el músico debe entender leyes físicas y matemáticas para sacar el mejor 
provecho posible de lo que crea e interpreta. La historia, la geografía y las ciencias naturales 
son otras materias que se pueden beneficiar de la música, pero esta herramienta no está 
limitada a estas opciones. El poder de la música es tal que sin importar la edad puede tener 
un profundo efecto en quien la escucha, pero en el contexto de la educación la realidad es 
que, mientras más temprano la música forme parte de la vida de un estudiante, más óptima 
será su influencia. Esto es muy importante durante los primeros diez años de vida de un 
estudiante ya que su cerebro es mucho más receptivo y puede ser mucho más beneficioso 
para el desarrollo académico y personal del individuo. Más allá de todos estos beneficios, la 
música también puede ser una simple estrategia y herramienta didácticas. Sin embargo, en 
España, la música sigue siendo considerada como una materia secundaria, que aparece y 
desaparece del currículo educativo según los designios políticos. Como tampoco es 
convenientemente defendida por algunas familias que ignoran todos sus beneficios.

 

Dejémoslo aquí y veamos un caso de la utilización de la música como herramienta. 
Seguramente con la pandemia se nos ha pasado por alto que el pasado mes de noviembre 
de 2020 un clásico de Walt Disney cumplía nada más y nada menos que 80 añitos: Fantasía
que en España se estrenó seis años más tarde. Walt Disney desarrolló con ella una obra 
única en la que acompañaba a diferentes piezas de la música clásica con unos cortos de 
animación maravillosos, nada que ver con los largometrajes a los que nos tiene 
acostumbrados. Pese a ser un estilo innovador o simplemente diferente, su primer paso por 
taquilla fue un contundente fracaso. Con el primer intento no se quedaron conformes, así que 
en Disney decidieron reeditar la película, sin tocar la música, y volver a estrenarla, algo que 
se repitió en varias ocasiones y en diferentes años. No fue hasta la reedición de 1969 que los 
espectadores comenzaron a tener reacciones positivas ante Fantasía. De hecho fue esta 
versión reeditada la que fue todo éxito y le dio a la película la reputación de la que goza hoy 
en día.  

 

El germen del proyecto comenzó cuando Walt Disney se encontró con el director de la 
Orquesta de Filadelfia, Leopold Stokowski y le comentó que tenía pensado crear un corto 
basado en El aprendiz de brujo de Paul Dukas. Cuando el presupuesto se disparó, en vez de 
dejar de lado el corto, decidieron realizar una película con varios cortos animados 
acompañados de un programa de concierto sinfónico con los clásicos más célebres, dirigido 
por el propio Stokowski. En total, 500 personajes animados se dividían en siete segmentos:  
Tocata y fuga en re menor (una ambiciosa pieza de apertura que se atrevía a jugar con formas 
y colores puros a ritmo de Johann Sebastian Bach), El cascanueces (o Piotr Ilych Tchaikovsky 
conoce a unas setas bailarinas) El aprendiz de brujo citado (innegable plato principal), La 
consagración de la primavera (¡Igor Stravinsky explicado con dinosaurios, para desesperación 
de los creacionistas!), la Sinfonía Pastoral de Ludwig van Beethoven (ojo: el torso de las 
centauras estuvo a punto de ser censurado por el Código Hays), la Danza de las Horas de 
Amilcare Ponchielli (cuya idea principal, una hipopótama haciendo ballet, la acercaba 
bastante a una Silly Symphony - serie de cortometrajes animados sin personaje fijo producidos 
por Walt Disney entre 1929 y 1939 - clásica) y Una noche en el Monte Pelado de Modest 
Musorgsky (también conocida como la que mató de miedo a varias generaciones de niños, 
aunque su coda a ritmo del Ave Maria de Franz Schubert es bellísima).

 

Trascendiendo la divulgación musical y centrándonos en los aspectos técnicos, en realidad, la 
etiqueta que convierte Fantasía en una película «educativa» se ajusta mal a lo que nos ofrece 
el film: un derroche inaudito de talento en el campo de la animación, servido de la mejor forma 
posible. El resultado final de tanto atrevimiento se ha entendido bastante mejor al cabo de los 
años. Los elitistas han perdonado los pecados veniales de la película, y quienes no soportan 
un cuarteto de cuerda ya no sienten la necesidad de airear su rechazo. Considerada 
vanguardista en su época, Fantasía se ha convertido en una de las películas más conocidas 
de todos los tiempos y es considerada un clásico dentro del género de la animación. Para la 
creación de la película hicieron falta tres años y el talento de mil artistas y técnicos de Disney 
además de los cien músicos de la orquesta de Stokowski. Para muchos autores y críticos es 
una obra de arte de un género nuevo, un puente entre las artes y una «forma de presentar el 
arte». Por ello en 1990, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos seleccionó la película 
para su preservación en su Registro Nacional de Películas por ser “cultural, estética e 
históricamente significativa”.

 
Divulgando la música…



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