domingo, 4 de enero de 2015

Año nuevo, viejos dramas

Cada año se hace presente por estas fechas la misma catarsis colectiva de considerar el cambio de año poco menos que como un antes y un después en la vida, incluso haciendo creer por algunos que todo cambiará (a mejor, por supuesto) y que con el año se cierra un compartimento estanco y se abre otro que no tiene nada que ver con el pasado.
La ilusión es necesaria, naturalmente, máxime en estos tiempos oscuros y difíciles que nos ha tocado vivir en los que, ante el desdén general de los poderes públicos de todos los países, se están subvirtiendo los valores y los pilares de la sociedad en un deslizamiento, por el momento, incontrolable, que está poniendo patas arriba todo lo que se había logrado en aras de la eterna lucha por la armonía y la convivencia. Pero la ilusión necesita alimentarse de hechos, y los hechos son tozudos en demostrar tendencias contrarias, precisamente, al sentido de esas ilusiones.

Si algo tiene el cambio de año es (aparte del número) la facultad de ejercer de contable/controlador y poder revisar la evolución numérica, desde el cierre del año anterior, de las magnitudes que influyen en la vida cotidiana, no quedándonos con la cifra fría del cierre del año, es decir, la evolución desde el día 1 de enero del año que se ha ido hasta este nuevo 1 de enero de cosillas tales como los precios, los sueldos, el dramático porcentaje de paro, y menudencias similares, que nos ayudarán a ver la realidad de las tendencias más allá de insulsos discursos grandilocuentes centrados en una palabra como recuperación, desmentida una y otra vez por los hechos.

A fuer de sincero, a uno le gustaría llenar todas y cada una de las entradas de este blog de noticias y comentarios que confirmaran sin ninguna duda la ansiada recuperación y, particularmente, aquellas referidas a la reconquista de unos valores globales que hacen aguas por todos sitios.
Pero no.

Por ejemplo, a la hora de cerrar contablemente el año, se comprueba, según Bloomberg, que en 2014, las 400 personas más ricas del mundo han incrementado sus fortunas en 92.000 millones de dólares, de tal modo que su valor colectivo ahora alcanza 4,1 billones de dólares.
Es verdad que a nivel mundial, la riqueza de los hogares ha sido en 2014 superior a los niveles previos a la llegada de la crisis, de forma que, según The Guardian, en Estados Unidos dicho índice se ha incrementado un 11,4%, en Europa un 10,6%, en África un 6% y en Asia Pacífico, un 3,4%.

En particular, en España la recuperación de los mercados financieros desde comienzos de 2013 ha hecho aumentar en un 25% el número de millonarios, en una tendencia que se explica técnicamente por la subida del valor de la bolsa y de la deuda pública en ese periodo, junto a la apreciación del euro.Pedro no nos engañemos; el aumento de millonarios no equivale a recuperación, Por desgracia, la desigualdad humana sigue creciendo: los ricos se hacen cada vez más ricos, mientras millones de personas continúan atrapadas en la pobreza. Las 85 personas más ricas del mundo concentran la misma riqueza que el 50% de la población más pobre. Dicho de otra forma, los 85 multimillonarios más ricos del planeta, entre ellos nombres conocidos como los de Carlos Slim, Bill Gates y Mark Zuckerberg, disponen de tanto dinero como las 3.500 millones de personas más pobres. En palabras de una periodista de Oxfam, "Estas personas son tan grotescamente ricas que si, por ejemplo, Bill Gates decidiera gastarse un millón de dólares al día, tardaría 218 años para agotar sus fondos"


Sólo como información estadística, según los cálculos de los analistas de Credit Suisse, para poder formar parte de la mitad más rica de la humanidad una persona debe tener un patrimonio neto equivalente a 3.650 dólares estadounidenses. Las personas que pertenecen a la mitad inferior poseen entre todas menos del 1% de la riqueza total del planeta.


Para integrar el 10% de la clase acomodada, el umbral es mucho más alto: 77.000 dólares. Finalmente, hace falta contar con un patrimonio evaluado en casi 800.000 dólares para pertenecer al 1% de los más ricos. Estos son los que controlan el 48,2% de toda la riqueza acumulada en el mundo.



El Reino Unido es el único país del grupo de los siete países más desarrollados económicamente donde las diferencias en los niveles económicos hacia la igualdad social han mermado en lo que va de siglo XXI. Pero la creciente desigualdad sigue siendo una tendencia muy propia de los países en desarrollo.  

 Quizá, con todo, lo peor de todo es la falta de respuesta de los gobiernos, que parecen aceptar la situación como una maldición divina sin tomar ninguna iniciativa para intentar enmendar el rumbo. Y, en este escenario, es de agradecer que sean personajes como Warren Buffet, Bill Gates, .. encuadrados en la sección de multimillonarios quienes llamen la atención sobre los desequilibrios (sin renunciar a sus fortunas, obviamente). 
El último a apuntarse al carro ha sido el fundador y director ejecutivo del consorcio Alibaba Group (la pesadilla de Amazon), Jack Ma, que dice que haber sido declarado en la revista Forbes el hombre más rico de China le hace infeliz, y que eso le causa "gran dolor" al ser consciente de la responsabilidad que eso implica. El multimillonario dice que"solo quería hacer cosas"pero ahora no solo le preocupa el precio de las acciones y pensar en el futuro de sus negocios, sino que la gente lo mira diferente por la calle, lo tratan mejor a causa de su riqueza y no por ser como es. En estas condiciones el empresario se ve obligado a buscar cómo utilizar su enorme riqueza para retribuir a la sociedad. Al mismo tiempo quiere ser él mismo y que la gente lo vea como "un tipo que se divierte siendo quien es". 

Acabamos con una referencia a los resultados de una encuesta mundial realizada a finales de 2014 por el portal de negocios Business Insider relativa al índice de percepción de la felicidad (la encuesta es, cuando menos, curiosa, y puede leerse - en inglés - clicando aquí),  y su comparación a los obtenidos 7 años atrás.

En 2007, el 57% de los encuestados en los países ricos contestó con cifras definidas en la encuesta como de "personas satisfechas con su vida". En países considerados emergentes, el porcentaje fue entonces del 33% y en los países pobres únicamente del 16%.
Sin embargo, las respuestas han variado considerablemente desde entonces. Este año, el 54% de los encuestados en países ricos respondió que se considera feliz, mientras que en naciones emergentes, el porcentaje aumentó al 51%. Los países más pobres continúan, sin embargo, siendo los más infelices.
Según 'Business Insider', por lo tanto, los resultados de la encuesta ponen de manifiesto que existe una clara correlación entre la sensación de felicidad y el aumento de ingresos que permitan afrontar los problemas cotidianos.  

¡No me diga!


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