martes, 7 de mayo de 2024

La voz de un iconoclasta.



Durante mucho tiempo las personas teníamos el sano miedo al ridículo que hacía que antes de realizar un acción meditáramos las consecuencias de nuestros actos, que si bien puede ser considerado una cortapisa a nuestra libertad y un medio por el que la sociedad infunde el miedo a
quien quiere destacar, visto el carajal actual de youtubers, opinadores, tertulianos, y demás fauna, la moderación siempre será virtud. Pero cuando nos lanzamos a hacer cualquier cosa también es muy importante que contemos con alguien que tenga el suficiente ascendiente para decirnos que nos equivocamos y que nos infunda el respeto/amor de no decepcionar yendo por el buen camino como dice la canción que hoy os traemos. Johnny Cash, The man in black, El hombre de negro” (realizó su primer concierto vestido de ese color, y ya el resto de su carrera optó por esa tonalidad para su indumentaria sobre los escenarios), nace en una granja de Arkansas en los años de la Gran Depresión y su infancia fue lugar de penalidades, trabajo duro y la muerte de su hermano mayor en un accidente laboral en un molino que le marcaría profundamente. Empezó en la música merced a su madre que le enseña a tocar la guitarra y a aficionarse al góspel. A a su regreso a EE.UU. después del servicio militar en Alemania, se muda a Tennessee y empieza a grabar con Carl Perkins, Jerry Lee Lewis y Elvis Presley en el llamado Million Dollar Quartet que le lanzará a la fama. Sin duda el momento más importante de su carrera fue la actuación en la prisión de Folsom donde interpretó su clásico Folsom Prison Blues que fue número uno en listas. Su popularidad entonces era enorme y decidió usarla como altavoz de sus posicionamientos sociales como la defensa del nativo americano y su denuncia de la pobreza. El primer número 1 de Johnny Cash llegó con este conocidísimo tema de 1956 con el que lo recordamos hoy; el single fue un completo éxito y vendió más de dos millones de copias. Sobre su génesis, Cash confesó en una entrevista que lo escribió en una noche entre bambalinas en Gladewater, Texas. El hombre que prometía “ir por el buen camino” llevaba dos años casado con Vivien Liberto y I walk the line sonaba a espontánea declaración de intenciones. La letra surgió sin afectaciones, en apenas veinte minutos, ya la tenía terminada. Y hay que reconocer que, aunque el artista se esforzó en ser fiel, la siempre tozuda realidad lo apartó del buen camino. Su mujer Vivien Liberto presentó una demanda de divorcio en 1966 por las continuas infidelidades de su esposo, que, además, abusaba de las drogas y el alcohol. La canción, desde luego, no deja entrever esas bajezas cuando dice: “Encuentro muy fácil ser fiel, me encuentro solo cuando termina el día, porque eres mía, voy por el buen camino”. O un poco más adelante: “Me das razones para un amor que no puedo esconder, por ti incluso intentaría cambiar el rumbo de las mareas, porque eres mía, voy por el buen camino”. En honor a la verdad, Johnny consiguió ir “por el buen camino” con su segunda mujer, June Carter, con la que estuvo casado hasta su muerte, casi se podría decir que por amor: murió apenas cuatro meses después que su esposa. Y, aunque las versiones de otros artistas han quedado eclipsadas por la voz de Cash, es justo citar aquí las de Hoagy Carmichael, George Jones, Ernest Tubb, Waylon Jennings o incluso la del actor Joaquin Phoenix, que la interpretó en la película sobre la vida de Cash con June En la cuerda floja. Originalmente era más lenta la melodía, pero finalmente quedó como hoy la conocemos, con sus versos susurrados y su ritmo inconfundible y revolucionario. La música arranca movida con las guitarras, el bajo y la batería tocada con escobillas para dar paso a la voz cantarina y profunda del vocalista que recita con perfecta dicción los versos


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