domingo, 19 de febrero de 2023

Einstein en Barcelona.



Albert Einstein (1879-1955) es lo más parecido a un icono pop dentro del mundo de la ciencia, una de las personas más famosas del siglo XX, por lo que resulta cuando menos curioso lo poco conocido que es el hecho de que en 1923, hace ahora 100 años, estuvo de gira por España, traído por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, un organismo creado en 1907 para facilitar la estancia de nuestros científicos en el extranjero y la de los investigadores foráneos en España. En la visita estuvieron implicados grandes nombres de nuestra historia como Santiago Ramón y Cajal, del que el alemán dijo que era un “maravilloso viejo”, Gregorio Marañón y José Ortega y Gasset, gran defensor del físico hasta que éste, años más tarde, mandara un mensaje de apoyo al gobierno de la República. Durante la visita, Einstein visitó la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la Universidad Central, instituciones ambas con sede en Barcelona. Diez años después, a punto estuvo de volver el científico a España a ocupar una cátedra en la Universidad Central de Barcelona1. En su visita de 1923, Einstein pasó por Madrid, Barcelona y Zaragoza, donde dio conferencias, asistió a recepciones bajo los flashes curiosos de las cámaras, hizo varias visitas culturales (al Museo del Prado o a El Escorial) y, en definitiva, fue la estrella mediática del momento. Einstein era ya una figura mundial desde hacía años, y su Teoría de la Relatividad servía de inspiración para todos, desde los filósofos hasta a los políticos. En Barcelona visitó la sede de la CNT y se entrevistó con el dirigente sindicalista anarquista Ángel Pestaña. También hubieron visitas protocolarias al Ayuntamiento, la Real Academia, la Escuela Industrial, etcétera, En Madrid asistió a una recepción con Alfonso XIII. ¡hay que ver!: un científico como estrella popular: mucho han cambiado los tiempos desde entonces. Albert Einstein escribió en su diario: "Estancia en Barcelona. Mucho cansancio, pero gente muy amable, canciones populares, baile y comida. Ha sido agradable. En las conferencias, auditorio atento que seguramente no comprendió casi nada”. Parco, sin duda, así resume el físico su estancia catalana, que duró en total seis días y de la que todavía se conservan las facturas de las atenciones que el Ayuntamiento de la ciudad, empeñada en agasajarle, tuvo para con él. El físico llegó a la ciudad sin avisar, el 22 de febrero; nadie había recibido telegrama alguno con la hora o el día de su llegada, así que nadie fue a buscarle ni a él ni a su segunda mujer, Elsa, con la que viajaba, a la estación. El premio Nobel se fue entonces a casa del científico Esteve Terradas, a petición de quien había viajado a la ciudad, a quien tampoco encontró. Le dejó una nota en la que preguntaba en qué hotel tenía que alojarse. Después del encuentro con los ingenieros Casimir Lana Sarrate y Rafael Campalans, este último responsable de la Consejería de Pedagogía de la Mancomunitat de Catalunya, la institución que había invitado a Barcelona al premio Nobel, Campalans se comprometió a pagar a Einstein unas 3.000 pesetas por sus conferencias. Recibió 3.500 y pudo Einstein finalmente llegar al hotel Colón2.

Posiblemente en esta visita llame la atención, más que las propias conferencias en nuestro país por alguien de primerísima fila en todo el mundo (las vueltas que da la historia), que un científico en un viaje profesional a otro país visite un sindicato obrero, en este caso la CNT3, en la sede del Sindicato Único de Distribución, en la calle Sant Pere més Baix de la capital catalana. En cuanto a lo que acaeció en esa visita todos los relatos coinciden en una serie de puntos: que Pestaña presentó a Einstein; que éste estaba sorprendido por la enorme extensión del analfabetismo en España (mencionada por Pestaña); que contestó a la alusión de Pestaña a la represión opinando que se debía más a la estupidez que a la maldad, y que animó a los trabajadores a leer a Spinoza, «fuente de muchas cosas buenas y muy oportunos consejos». La mayoría de los reportajes, incluidos los de agencias de prensa, añadieron que Einstein le señaló a Pestaña: Yo también soy revolucionario, pero en el terreno científico. Con los científicos, me preocupan también las cuestiones sociales, por estimar que constituyen uno de los aspectos más interesantes para la humanidad. Estas palabras atribuidas a Einstein circularon a través de España, no sólo en la prensa diaria, sino también en las publicaciones anarquistas. La historia la reprodujo también el London Times. Einstein, sin embargo, negó firmemente haber pronunciado la controvertida frase y en el tren que lo llevaba desde Barcelona a Madrid el 1 de marzo le dijo a Andrés Révéscz, periodista de ABC, que él no era un revolucionario ni siquiera en la ciencia y que no creía en una sociedad socialista, «ni en el programa de producción de los comunistas» . El aspecto más notable de la denegación de Einstein es que las palabras que se le atribuyeron no eran características suyas, no sólo porque no representan sus opiniones políticas socialdemócratas, sino también porque en su viaje por España presentó la relatividad no como una revolución sino como una extensión o culminación («traducción» fue otra expresión que usó) de la física de Galileo y Newton. Consiguientemente le explicó a Révéscz que no era un revolucionario, ni siquiera en la ciencia, ya que trataba de conservar lo que podía ser salvado de la física clásica y eliminar sólo lo que obstaculizaba el progreso de la ciencia . La explicación más probable de esta comprensión errónea (si realmente la hubo: Einstein tenía facilidad para decir a los oyentes lo que justamente deseaban oír) es que los periodistas, que no entendían bien el francés, no pudieron seguir la conversación entre Einstein y Pestaña, atribuyéndole al primero las palabras del último. En un reportaje de la conversación publicado en Madrid, Pestaña señala en francés que, «así como el sabio alemán, con sus teorías, ha revolucionado la ciencia, los obreros, por medio de la unión, aspiran a revolucionar el orden económico existente». En esta versión, al parecer única entre os reportajes publicados en la prensa española, Einstein «contestó modestamente que él no había hecho más que deducir consecuencias de los primeros científicos y aconsejó a los obreros moderación al destruir o renovar porque no todo lo antiguo, dijo es malo». Los comentarios conservadores de este episodio fueron no sólo hoscos, sino que estuvieron impregnados de la falta de comprensión procedente de la perspectiva de la clase social; Ramiro de Maeztu, mientras reprendía a los sindicalistas por su fe ciega en lo que no podían entender, sospechaba que habían invitado a Einstein porque representaba el cambio en que una vez se creyó. Por otra parte, las palabras de Einstein a la CNT llevaron a la creación de otro mito: el líder sindicalista e historiador Diego Abad de Santillán ha escrito que como consecuencia de sus declaraciones en su comparecencia en la Confederación Einstein fue acusado en la prensa oficial de ser un anarquista revolucionario y que, como resultado de ello, en lugar de dar sus conferencias en Madrid, fue obligado a partir inmediatamente a París. Esta fantástica distorsión es aún más inexplicable si se considera que Abad de Santillán conoció personalmente a Einstein y que fue recibido por éste en su residencia berlinesa de Charlottenburg varios años después, cuando Einstein recibió a una delegación anarquista que protestaba por las injustas sentencias de muerte de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, los trabajadores inmigrantes italianos anarquistas, en Massachusetts, Estados Unidos.

Este incidente nos muestra Einstein como una figura comprometida con las causas populares y, al mismo tiempo, preocupada por su independencia política y su imagen pública. El pacifismo manifestado por Einstein públicamente, así como el rechazo a la firma del manifiesto de los intelectuales alemanes donde apoyaban a los objetivos militares del káiser en la Primera Guerra Mundial (el manifiesto de los 93) habían convertido Einstein en un auténtico héroe de las clases trabajadoras. Einstein se negó a firmar este manifiesto, que habían firmado todos sus colegas, como Max Planck entre otros. Además, en 1914 el físico alemán firmó un manifiesto contrario al conflicto bélico y favorable a la unidad de Europa. El científico llegaba a Barcelona convertido en una celebridad mundial después de haber ganado el premio Nobel por sus aportaciones a la física teórica y por el descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico, calificándolo la prensa como el Newton del siglo XX y comparándolo con los grandes genios universales Galileo y Copérnico. Ya en Madrid, Einstein fue recibido por el Rey Alfonso XIII. Como recuerdo del encuentro se tomó una curiosa fotografía en la que él aparece con los ojos abiertos mientras casi todos los demás, incluido el monarca, tienen los ojos cerrados. Y en Zaragoza, el ‘Heraldo de Aragón’ remite un suceso ocurrido durante la estancia del genio alemán en tierras mañas. Resultó que, al finalizar una de sus lecciones magistrales, los organizadores quisieron conservar la pizarra en la que Einstein se había apoyado para dar sus explicaciones. El físico no tuvo inconveniente e incluso tuvo a bien sellar su autógrafo en el encerado. No obstante, a día de hoy sigue sin conocerse el paradero de aquella pizarra. Einstein abandonó el país el 11 de marzo de 1923 y muchos historiadores y estudiosos concuerdan en que la visita del admirado nobel no supuso ningún impulso para las ciencias españolas como creían los impulsores de la visita, aunque sí fue útil para dar apoyo a la lucha sindical libertaria.

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1En 1933, debido al acoso nazi, el gobierno republicano ofertó al genio alemán la dirección de una cátedra creada ad hoc para él, el Instituto Einstein, que estaría adscrito a la Universidad Central de Barcelona. En Abril de 1933 Fernández de los Ríos, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, anunció precipitadamente que Albert Einstein había aceptado venir. El escritor Ramón Pérez de Ayala, entonces embajador en Inglaterra, tuvo una participación muy activa en la negociación. En realidad, todos los países se rifaban al genio: Inglaterra le ofrecía la ciudadanía británica, Francia un curso a su medida... como es bien sabido finalmente el destino elegido fue Estados Unidos. Al parecer, Einstein tenía planeado pasar temporadas en distintos países y es ahí donde podía encajar el ofrecimiento de España. La intención de Einstein era colocar en la dirección a un hombre de su confianza - se barajaron los nombres de algunos premios nobel y otros científicos acosados por el gobierno nazi- pero para ello Einstein tendría que haber tomado posesión de la cátedra, cosa que no pudo ser porque finalmente optó por Princeton y porque la situación política del país fue enrareciéndose como es conocido.

2Otras fuentes afirman que él y su esposa llegaron sin encontrarse con nadie y que se dirigieron a una «humilde pensión» en una calle cerca de la rambla de San Mónica (la «Cuatro Naciones», según la tradición local). Cuando el propietario conoció, por los periódicos, la identidad de su huésped fue a la habitación de Einstein y halló al físico sentado en la cama tocando el violín. El hotelero insistió en que Einstein fuera al Colón, como había sido planeado para él.

3Según su publicidad actual la Confederación Nacional del Trabajo fue fundada en 1910 en Barcelona, a partir de la unión de las sociedades obreras. La CNT es independiente de directrices políticas, en la que los que deciden son los trabajadores afiliados y no un comité de profesionales del sindicalismo, renuncia a la financiación del Estado y la Patronal y no deja las negociaciones en manos de intermediarios

 

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