viernes, 1 de agosto de 2014

Otros efectos del fracking



De un tiempo a esta parte viene siendo objeto de encendido debate público la conveniencia o no de autorizar la instalación, en determinados parajes, de sistemas agresivos de extracción y almacenamiento de gas, llamados popularmente de fracking[1], un sistema, para algunos, “limpio” y, sobre todo, rentable, y para otros altamente dañino para el medo ambiente.

Poco se ha dicho hasta ahora, sin embargo, de otros motivos que conviene tener muy presentes a la hora de analizar la autorización o no de estas instalaciones, como es su impacto en la salud humana. En Estados Unidos, donde ya actualmente más del 60 % de los pozos de extracción instalados aplican esta técnica de fracturación hidráulica, un grupo de científicos de Pennsylvania y los estados vecinos ha constituido una organización sin ánimo de lucro - al parecer el primero de su tipo en los Estados Unidos, el Proyecto de Salud Ambiental del Suroeste de Pennsylvania (SWPA-EHP) – que, ante la falta de seguimiento oficial del tema por el Departamento de Salud, ofrece asesoramiento gratuito a las familias residentes en lugares cercanos a los pozos de perforación ya que se ha puesto de manifiesto que, tanto en Pennsylvania como en otras regiones afectadas por el auge de estas instalaciones, la gente se queja de dolores de cabeza, hemorragias nasales y erupciones en la piel. Pero debido a que no hay estudios completos sobre los efectos en la salud de la perforación de gas natural, es difícil determinar si sus problemas están relacionados con los pozos de gas y otras instalaciones de producción que han surgido en torno a ellos.

Ante este vacío, la EHP fue clara: "Vimos que la gente estaba enferma, y los riesgos [de extracción de pizarra] eran una posible fuente del malestar, luego no podíamos esperar a que se realicen o no estudios de su impacto sin proporcionar algún tipo de ayuda. Ya se están haciendo sobre el aire y la calidad del agua, pero no sobre la salud de las personas"

No es tarea fácil para la EHP, que cuando alguien culpa a sus problemas de salud a la perforación de gas, el personal de EHP tamiza para encontrar la explicación más probable teniendo en cuenta la historia clínica del paciente, su proximidad a la actividad de extracción y otros sitios industriales, etc.
Los registros que empiezan a documentarse hablan de que los pacientes afectados suelen tener una combinación de síntomas que incluyen problemas respiratorios, erupciones y lesiones, irritación de los ojos, hemorragia nasal, entumecimiento, hormigueo, dolores de cabeza, náuseas y vómitos. Estos síntomas se han relacionado con algunos de los productos químicos emitidos durante el desarrollo de la fracturación, incluyendo formaldehído, partículas y compuestos orgánicos volátiles. Otros compuestos pueden estar relacionados con la contaminación del agua.

Para acabar, en palabras de un responsable del Departamento de Salud, residente en el suroeste de Pennsylvania durante 15 años y que hace cuatro o cinco años se dio cuenta de los pacientes que llegan con síntomas extraños, incluyendo lesiones en la cara, “lo que EHP está tratando de hacer es loable y lo más positivo, pero es en absoluto suficiente... Es una gota en el océano de lo que realmente se necesita."

Este responsable da un dato final para la estadística: “La mayoría de afectados eran pobres y vivían en áreas con perforación de gas
 
¿Habrá conexión entre Industria y Sanidad en nuestro país ante el problema ya denunciado en otros países? ¿Conocerán estas iniciativas?




[1]El fracking, fracturación hidráulica, fractura hidráulica o estimulación hidráulica es una técnica para posibilitar o aumentar la extracción de gas y petróleo del subsuelo. El procedimiento consiste en la perforación de un pozo vertical en el cual, una vez alcanzada la profundidad deseada, se gira el taladro 90 grados en sentido horizontal y se continúa perforando entre 1000 y 3000 metros de longitud; a continuación, se inyecta a presión agua mezclada con algún material químico en el terreno, con el objetivo de ampliar las fracturas existentes en el sustrato rocoso que encierra el gas o el petróleo y que son típicamente menores a 1 mm, y favorecer así su salida hacia el exterior. Habitualmente el material inyectado es agua con arena y productos químicos, cuya finalidad es favorecer la rotura o incluso la disolución de la roca.
Debido al aumento del precio de los combustibles fósiles, que han hecho económicamente rentables el fracking, se está propagando su empleo en los últimos años, especialmente en Estados Unidos
Los partidarios del sistema argumentan los beneficios económicos por poder acceder a hidrocarburos antes inaccesibles. Sus oponentes, en cambio, señalan el impacto medioambiental que incluye la contaminación de acuíferos, elevado consumo de agua, contaminación de la atmósfera y sonora, afloración de los gases y productos químicos utilizados a la superficie, contaminación en superficie debida a vertidos, etc., sin descartar casos de incremento en la actividad sísmica, la mayoría asociados con la inyección profunda de fluidos relacionados con el fracking en el subsuelo.

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