lunes, 14 de septiembre de 2026

Mejor quisiera estar muerto...



Un vistazo a la memoria (histórica); son de infausta memoria algunos penales como El Dueso, el de San Marcos,… pero hoy nos fijaremos en uno andaluz, siempre en el imaginario colectivo del pueblo, y tan arraigado ya desde finales del siglo XIX, el Penal de El Puerto de Santa María, Cádiz, que fue centro de opresión de centenares de españoles durante la Restauración Borbónica, tanto fue así que, una vez exiliada la Monarquía en la década de los años treinta, Joaquín de la Oliva y Juan Mostazo Morales compusieron la copla titulada "Carceleras del Puerto":

 

Mejor quisiera estar muerto,

que preso pa’ toa la via,

en ese penal del Puerto,

Puerto de... Puerto de Santa María…,

 

una copla que fue utilizada en 1939 para la película `Carmen la de Triana´, dirigida por Florián Rey e interpretada por Imperio Argentina, film que tuvo su versión alemana, grabada a la par, y que inspiró años después a la cinta `La niña de tus ojos´, de Fernando Trueba. A partir del 18 de julio de 1936 el Penal se transformó, todavía más si cabe, en un lugar terrorífico donde inocentes (hay múltiples registros) eran hacinados. Por la noche sucedían las terribles sacas que, todavía hoy, quedan sin esclarecer. Durante los primeros meses, tras el golpe de Estado, si bien había conocimiento por parte militar de los asesinatos que se producían, no ocurría lo mismo con el lugar donde se llevaban a cabo, a la vez que también se desconocía donde quedaban depositados los cadáveres. El término municipal de El Puerto de Santa María, o Puerto Real, fueron testigos de aquella barbarie y aun, hoy día, desconocemos que aconteció con los cuerpos de multitud de gaditanas y gaditanos que dieron con sus huesos en las infrahumanas celdas del Penal. En los primeros meses de 1937 comenzaba a funcionar la Justicia (?) Militar franquista de manera "legalizada". Continuaron los fusilamientos entre los presos del Penal con la diferencia de que ahora lo hacían con una condena a muerte bajo el brazo. Estos asesinados eran enterrados, en la inmensa mayoría de los casos, en el Cementerio de El Puerto. La manera caótica en la que fueron inhumados en fosas, y posteriores obras realizadas en las distintas sepulturas, hacen muy dificultoso cualquier intento de recuperación de los restos de los presos de El Penal. Igualmente sucedió con los presos que fueron encarcelados una vez finalizada la guerra. Sin embargo, en estos casos se les sumaba el atenuante de que muchos venían desde lugares muy lejanos, lo que se llamó el "turismo penitenciario". Alejados de sus familias que podían, en cierto modo, ayudarles a resistir ante la penosa situación que las autoridades los mantenían, su supervivencia se hacía muy complicada. Con todo, se detecta cierta sensibilidad reformista: el exconvento de la Victoria, en Puerto de Santa María, se destina al cumplimiento de penas por parte de mayores de 60 años y deficientes físicos de importancia, aunque persistirán muchas de las ideas punitivas del siglo XVIII. Las carceleras y coplas de presos son condensaciones narrativas, microhistorias, donde en hondo (jondo) decir irrefrenable, roto y desgarrado (el quejío, el jipío), se canta [se cuenta] acerca de la justicia/injusticia desde abajo. Su clamor es la queja, el dolorido malestar de un mundo marginal por irredento, que reivindica dignidad y libertad a la vez que pide clemencia, pero no desde la sumisión sino en la gestualidad altiva, rebelde y casi revolucionaria, de la compostura de sus intérpretes, y que a pesar de todo no logra ocultar una recóndita angustia calibrada de amargura; de pura amargura: "las carceleras y coplas de presos son una mina riquísima de protestas contra la administración de justicia española, nada envidiable, por cierto" (Colección de Cantes Flamencos, de 1881), cuyo asunto, dice, "es el llorar, mejor que el cantar, las fatigas, los trabajos, y los tormentos y durísimos castigos que pasan los pobres presos, condenados a cadena y a otras penas análogas, y una elocuente protesta contra los bárbaros e injustificados tratamientos de que son víctimas nuestros presidiarios, a quienes se somete muchas veces a horribles torturas o tormentos por una pequeña falta de disciplina"."No sé cómo ya no estoy/ con caenas amarrao/ mardisiendo mi fortuna,/ ar paraje qu'he yegao". La (¿premeditada?) torpeza ortográfica, que alude a irregularidades o inseguridades de dicción, contribuye a que las emociones que contienen y despiertan las coplas nos lleguen más populares y desasidas; esa ceceante ingenuidad colabora en la tarea de darnos de esos creadores desclasados, perseguidos, o en todo caso atrapados en, o conocedores de, la cultura de la pobreza, una imagen de su casi siempre inerme condición social

 

 

 


Lo imposible.

M.C. Escher - Historia Arte (HA!)Pequeños descubrimientos y pequeñas alegrías en las plataformas televisivas: hace unos días encontré en una de ellas este maravilloso documental de la BBC titulado The Art of the Impossible: MC Escher and Me (2015) acerca de la relación entre el matemático británico Sir Roger Penrose y el artista neerlandés Maurits Cornelis Escher. No sabía yo de lo intrincado de dicha relación, que acabó convirtiéndose en colaboración y admiración mutua, así que recomiendo echarle un vistazo al documental mientras se pueda. Incluso el mismísimo Picasso sale por ahí. Lo más importante es que Penrose no supo nada de la existencia de Escher hasta 1954, cuando se topó con una exposición de Escher en Amsterdam. Fascinado, al volver a Inglaterra trabajó en algunos diseños geométricos y matemáticos inspirados por lo que vio y el famoso Triángulo de Penrose llegó a manos de Escher, quien le devolvió por correo una nueva obra que había creado inspirado por el famoso triángulo, ni más ni menos que Ascendiendo y descendiendo, uno de sus más icónicos trabajos. Es interesante que hasta ese primer contacto Escher no hubiera indagado mucho más en las «figuras imposibles» –como las llamaba Penrose– pero a partir de ahí surgieron nuevas ideas y nuevos diseños, como el de Belvedere o la Cascada, de los que existen cientos de variantes, algunas llevadas incluso al cine, como la famosa escalera infinita de la película de 2010 de Christopher Nolan con Leonardo di Caprio Inception (Origen). En el documental, Penrose explica cómo descubrió a través de Escher las intrincadas complicaciones de la división regular del plano, su tratamiento de las simetrías, el infinito y otros conceptos. Escher no era matemático, pero irónicamente es con toda probabilidad el artista más admirado por los matemáticos, con obras suyas ilustrando todo tipo de libros y artículos relacionados con estos conceptos. Además de eso, también inspiró el arte psicodélico de la época hippie y no pocas portadas de álbumes musicales. El asunto tiene su miga porque finalmente fue Escher quien con sus ideas, misterio y divagaciones inspiró a Penrose en sus investigaciones científicas, cosmológicas y matemáticas. Algunas de las que creó, como la famosa teselación no periódica de Penrose se las envió a Escher, quien a su vez las convertía en diseños con animales y otros seres interesantes. Estas teselaciones existen hoy en día como parte de la decoración de suelos y edificios, entre otros sitios. La matemática es una ciencia que siempre ha ejercido una enorme fascinación en numerosos artistas. Desde Fidias (el artista griego que hace 2.500 años ya aplicaba el número áureo, el número de la proporción divina, en sus esculturas) hasta Le Corbusier, pasando por Leonardo Da Vinci. Pero nadie como Escher ha sabido plasmar sobre el papel sus leyes y principios. Porque Escher no sólo pintaba o grababa: lo que hacía en realidad era reflexionar (y a veces solucionar) con imágenes problemas de la geometría euclidiana y no euclidiana. Lo que explica por qué es sin duda el artista preferido de los matemáticos, muchos de los cuales han elegido sus obras para ilustrar sus manuales científicos.

 


Más allá del documental, Maurits Cornelis Escher (1898-1972) nunca fue un estudiante sobresaliente y sus conocimientos matemáticos formales se reducían a los que tenía de la educación superior. Comenzó a estudiar arquitectura, pero lo abandonó para centrarse en su carrera de artista gráfico. A pesar de esta carencia teórica, las matemáticas y la geometría son un elemento clave de su trabajo. El holandés estaba tan interesado en conceptos como la teselación y la división regular del plano —que descubrió en la Alhambra de Granada en 1936 donde pasó días copiando cuidadosamente los diseños geométricos repetitivos que decoraban el palacio— que los convirtió en un elemento central de su obra: decenas de sus grabados están rellenos de repeticiones de figuras animadas cuyos espacios crean nuevas formas. Más adelante, Escher se preguntó si sería posible ir un paso más allá y recubrir el plano con figuras que, manteniendo su forma y engarzadas unas a otras, fueran cambiando de manera regular de tamaño. La solución de cómo llevar a cabo estas construcciones la encontró en el artículo matemático Crystal Symmetry and Its Generalizations y, a partir de estas investigaciones científicas —de las que el propio artista reconocía no terminar de entender todos los conceptos—, desarrolló un conocimiento de las matemáticas en gran medida visual e intuitivo. En la siguiente fase, sus composiciones empezaron a explorar errores de perspectiva en estructuras que, a primera vista, parecían plausibles, pero que estudiadas más de cerca resultaban imposibles de crear. En el Congreso Internacional de Matemáticos de Amsterdam, se expusieron unos grabados suyos y, desde entonces, el diálogo que mantuvo con matemáticos y cristalógrafos fue una fuente de inspiración para sus construcciones imposibles, sus ilusiones ópticas y sus representaciones del infinito. Esta intersección entre matemáticas y artes cristaliza en Galería de grabados, en la que desafía las leyes de la perspectiva al crear una repetición infinita y distorsionada para la que no tenía ni los medios ni los cálculos para completarla. Así, en la distorsión de Escher, el tamaño de los cuadrados de la trama crecían según se movían desde el centro hacia afuera y decrecía en sentido inverso, un bucle similar al que ocurre al quitar el tapón de un lavabo lleno de agua. Esa era la estructura detrás de la imagen.


Pero los grabados y dibujos de Escher también ejercieron un efecto hipnótico en otra categoría muy distinta a la de los matemáticos: los hippies,los seguidores de la generación beatnik y los adictos en general a la psicodelia. Un amor que sin embargo no fue recíproco y que con el paso del tiempo y con el uso no autorizado y a destajo de imágenes de Escher en posters, camisetas y discos acabaría dando paso a una auténtica aversión por parte del artista hacia toda esa gente (Escher se permitió el lujo de rechazar la oferta que en 1969 le hizo Mick Jagger ofreciéndole dinero a cambio de emplear una de sus obras en la portada de uno de los discos de los Rolling Stones, concretamente en 'Let it Bleed'. "Querido Mauritius, durante bastante tiempo he tenido entre mis manos tu libro y no dejo nunca de sorprenderme cada vez que lo hojeo. Creo que tu trabajo es absolutamente extraordinario", comenzaba la carta de Jagger. Escher respondió con una escueta misiva enviada, tal como le pedía Su Satánica Majestad, a su representante y en el que rechazaba tajantemente la oferta. "Y por cierto: le ruego que le diga al señor Jagger que para él no soy Maurits, sino el señor Escher", concluía con un toque de indisimulada mala educación). Maurits Cornelis Escher siempre fue un tipo complicado y, además, con una tendencia irrefrenable hacia la depresión y la melancolía. Pero su familia era rica. Así que, para tratar de sacarle de ese estado de tristeza infinita en el que estaba encallado sus padres decidieron que unas buenas dosis de sol, de luz y de espíritu sureño podrían ser la mejor de las medicinas y con 22 años se lo llevaron de viaje por España (Madrid, Toledo, Granada) y por Italia (Florencia, San Gimignano, Volterra, Siena, Ravello, Castrovalva). En España ya se sabe que se quedó boquiabierto con La Alhambra y, en concreto, con la simetría de sus mosaicos, con la repetición de sus formas. Pero Italia también le hechizó, hasta el punto de que siguió viajando regularmente a ese país, donde conoció a Jetta Umiker, la joven suiza con la que se casó cuando ya hacía un año que Escher vivía en Roma; en total estuvo residiendo en la capital italiana 12 largos años. Escher abandonó Italia en 1936, con gran pesar; tomó la decisión después de que un día del mes de febrero de ese mismo año su hijo llegara a casa vestido con el uniforme de los balilla, la organización de las juventudes fascistas, la versión mussoliniana de las Juventudes Hitlerianas. A Escher, un tipo sensible, casi le dio un soponcio. En julio dejó Italia y se trasladó con sus familia a Suiza, pero se llevó para siempre la impronta que Italia dejó en su arte. Escher no era el genio autista y aislado del mundo que el estereotipo le ha colgado. Durante su estancia en Italia no sólo se relacionó con críticos y artistas, no sólo conoció el futurismo y el arte de la escuela romana sino que fue permeable a algunas influencias. Con la Segunda Guerra Mundial, el artista se estableció en Baarn, Países Bajos, donde  vivió hasta 1970. Sus dos últimos años los pasó en la Casa Rosa Spier de Laren (al norte de los Países Bajos). Escher consiguió gran fama en vida; sin embargo, el triunfo le llegó ya mayor, hasta los cincuenta años dependía todavía económicamente de sus padres porque apenas vendía unos pocos grabados. En su caso, su «descubrimiento» no fue gracias a un marchante como suele ser habitual en los artistas, sino a un grupo de matemáticos y científicos que le organizaron su primera exposición en Ámsterdam en 1954, una muestra que dejaría una gran huella en muchos arquitectos que se sintieron inspirados por el trabajo de Escher. 


"Sólo quienes intentan cosas absurdas alcanzarán lo imposible". Eso pensaba el artista, y si por absurdo se entiende lo inverosímil, lo asombroso y lo paradójico, a eso dedicó él justamente la mayoría de sus 73 años de vida: a explorar el terreno de lo increíble, a transformar la materia real en imágenes irreales, a bucear en el infinito, a investigar el mundo de las simetrías, a crear mosaicos pictóricos en los que las figuras que los componen se transforman casi por arte de magia en otras... Todo ello, con obsesiva precisión matemática. Su profundo interés por la naturaleza y su increíble capacidad de observar el mundo de un modo distinto queda atestiguado por sus dibujos de escarabajos, saltamontes, flores y charcos, y también le fascinaban paisajes, especialmente los montañosos, algo fácil de comprender si se tiene en cuenta que su Holanda natal es un país tan plano que con sus 112 metros el campanario de Utrech es el segundo punto más elevado del país. "Mi trabajo es un juego... Un juego muy serio", sentenció en alguna ocasión, porque a Escher le gustaba jugar, le maravillaban los juegos y las ilusiones ópticas, algunas de las cuales llegó a conocer de forma intuitiva y otras a través del estudio, y también le extasiaban los objetos imposibles, esos objetos que sobre el papel parecen lógicos, posibles, pero que si tratan de llevarse a cabo en tres dimensiones no hay manera de realizarlos, y las exposiciones de su obra siempre incluyen juegos, pensados para distintas alturas, para que tanto niños como adultos puedan adentrarse de manera lúdica en el complejísimo mundo de este artista. El infinito fue también otra de las grandes obsesiones. Pero, a pesar del aire metafísico que destilan la mayoría de sus obras, Escher se declaraba ateo. Aunque en alguna ocasión aseguró que no estaría mal que existiera el punto omega, el punto de máxima complejidad y conciencia al que según el científico jesuita Pierre Teilhard de Chardin tiende el universo en su evolución. Porque en lo que desde luego Escher sí que creía era en la sacralidad de la naturaleza. 


Escher es el maestro de las figuras imposibles, las ilusiones ópticas y los mundos imaginarios, siempre interesado por representar con tridimensionalidad espacios paradójicos que desafían a los modos tradicionales de representación, se podría decir que abrazó el relativismo de su época. El mundo es mucho más de lo que se nos presenta ante el ojo, como bien sabían los artistas, literatos, intelectuales y científicos de la época; el mundo es inquietantemente relativo. Escher es un artista difícil de clasificar aunque muy ingenuamente lo clasificamos dentro del Op-art, pero sin duda este movimiento (posterior a él) no representa el conjunto de su trabajo. A veces sencillo, a veces conceptual, a veces con mensaje o a veces sin él, su trabajo se basó en soluciones a problemas, juegos visuales y muy elaborados guiños al espectador, que a veces rozan lo onírico, lo abstracto y lo conceptual. Le gustaba el blanco y negro, la simetría, lo infinito y lo limitado, las metamorfosis en las figuras… El espacio es el protagonista en sus cuadros, ya sea por su estructura, su superficie o su proyección en un plano como espacio tridimensional. Sea como sea, sus ilustraciones son uno de los ejemplos más interesantes del estudio del espacio y la psicología del arte en la historia. Maurits Cornelis Escher fue un prolífico artista gráfico –se calcula que su producción ascendió a más de 4.000 litografías y grabados en madera y unos 2.000 dibujos y borradores– que alcanzó tanta fama, que de algunas de sus obras se hicieron miles de reproducciones y, tras su muerte, las creaciones más populares de su legado se vendieron masivamente. Además de artista gráfico, Escher realizó ilustraciones para libros, diseñó tapices, sellos postales y murales. Sus figuras imposibles, mundos imaginarios y fondos reticulados con diversos patrones se han utilizado en infinidad de portadas de revistas y libros o en campañas publicitarias.


Tan cerca y tan lejos...


 


Portugal es un territorio agazapado, oculto para la Europa oficial por la amplitud de su vecina España, pero no sólo guarda innumerables tesoros naturales y una hospitalaria humanidad, sino que su bagage cultural proporciona al buscador de belleza un incontable número de razones para detenerse en su idioma y sus costumbres. Siguiendo en su mayoría la estela de Amalia Rodrigues, muchos han sido los nombres de cantantes portuguesas que han saltado a la fama más allá de sus fronteras: Dulce Pontes, Misia, Mariza, Cristina Branco, cada una de ellas otorgando su personalidad al fado, o incluso intentando en algunos casos una cierta revolución estilística. A mediados de los 80 una guapa jovencita cantaba temas tradicionales portugueses en las tabernas de Lisboa. Qué poco podía imaginar Teresa Salgueiro que dos décadas después iba a ser referencia no sólo en su país sino en el resto del mundo. Y aunque gran parte del mérito sea de su voz, en realidad otros nombres tienen mucho que ver en esta historia, y son los de sus 'descubridores', Pedro Ayres Magalhaes y Rodrigo Leao. Magalhaes y Leao buscaban un cambio de rumbo en la forma de enfocar la música portuguesa, una apertura de miras que, manteniendo el respeto al fado y la tradición, abriera un nuevo camino y una necesaria forma de encauzar sus objetivos artísticos. Guitarrista el uno, teclista el segundo, miembros de grupos destacados del panorama portugués como Herois do mar y Setima Legao, necesitaban expresarse no por medio del fado, ni del rock ni de la música folk, sino por una nueva vía que englobara lo anterior en un nuevo contexto más cercano a la música de cámara que a movimientos más modernos, un estilo propio que iba a encontrar su auténtica forma de ser gracias a aquel encuentro con Teresa Salgueiro en una taberna del Barrio Alto, un grupo que fue más allá de Lisboa para llegar a practicamente cualquier rincón de un planeta que acogió una música especial, un caudal de expresividad con la fuerza de las raíces y la osadía de la modernidad. Cada día debería formar parte de los días de Madredeus.“Os Senhores da Guerra”, escrita por Francisco Ribeiro y Pedro Ayres, es una canción perfecta que combina la intensidad casi épica de un comienzo marcado por la pulsión rítimica del cello, subrayada con gravedad por los teclados y acentuada por las guitarras y el acordeón, que repite una melodía minimalista que no hace sino resaltar la tensión del conjunto, con una delicadeza y fragilidad en otros pasajes que la convierten en algo especial. No es necesario que Teresa Salgueiro haga ningún tipo de alarde vocal en esta ocasión para aumentar el dramatismo de la pieza. Nada más aparecer el disco “O espirito da paz” que la contiene, esta canción se convirtió en un clásico absoluto que llevó el nombre de Madredeus a lugares a los que aún no había llegado. La repercusión de “O Espirito da Paz”, desgraciadamente, marcó el final de una etapa en Madredeus con el abandono de su teclista Rodrigo Leao, quien iba a iniciar una exitosa carrera en solitario; aún aparecería un disco más de la banda con Leao en sus filas y con varias composiciones de éste pero eran, en su práctica totalidad, descartes de las sesiones de grabación londinenses de “O Espirito da Paz” y hoy en día, ni siquiera la voz de Teresa Salgueiro pertenece ya a Madredeus por lo que sólo Pedro Ayres Magalhaes sigue tirando del carro de este estandarte de la música portuguesa, el más internacional de sus grupos sin discusión.