miércoles, 29 de julio de 2015

En todos sitios cuecen habas

A raíz de la ya famosa nota de las autoridades estadounidenses sobre la actividad detectada en la Banca Privada d'Andorra y sus filiales, cabe preguntarse si eso (la intervención de Estados Unidos) ocurre sólo cuando se trata de entidades y países "de segunda fila" y mientras tanto las grandes corporaciones siguen haciendo impunemente de las suyas en el campo oscuro del blanqueo de capitales. Máxime cuando saltan a la luz pública casos como el reciente de Deutsche Bank o el que ya se ha convertido en crónico, con antigüedad de más de 20 años y matices novedosos periódicos del Citibank.

Y hay que decir, pese a todas las apariencias, que el tema de la banca se lo toman muy en serio. Desde el punto de vista de la operativa con  los clientes, las entidades están supervisadas por un organismo, el FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation - Corporacion federal de seguros de depósitos) que garantiza los depósitos no especulativos de los clientes hasta 250.000 dólares) y que, a juzgar por la información que difunde (su actividad y resoluciones son públicas), no le ha temblado la mano en estos años difíciles para cerrar entidades que cojeaban en solvencia.

Por lo que se refiere al tema siempre delicado del blanqueo de capitales y el uso de entidades bancarias para llevarlo a cabo, un último ejemplo:  la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN, por sus siglas en inglés) del Departamento Tesoro de Estados Unidos,  emitió, el pasado jueves 23, una norma definitiva que impone una medida especial  contra el  FBME Bank Ltd, anteriormente conocido como el Banco Federal de Medio Oriente, mediante la cual prohíbe a las instituciones financieras estadounidenses abrir o mantener cuentas de corresponsalía o por pagar en nombre de esta entidad bancaria por la preocupación que suscita en su participación en operaciones de blanqueo de capitales

El FBME se fundó en Chipre en 1982 como filial del Banco del Líbano, que se convirtió en el mayor banco internacional de Chipre pero que en 1986 trasladó su central a las Islas Caiman y Chipre quedó como simple sucursal

De acuerdo con lo que explica el FinCEN,  la medida especial  contra el citado banco se basa en los siguientes aspectos:

- es utilizado por sus clientes para facilitar el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, la delincuencia organizada transnacional, el fraude, la evasión de sanciones, y otras actividades ilícitas a nivel internacional y en el sistema financiero de Estados Unidos;
- tiene fallos sistémicos en sus controles de prevención que atraen a empresas fantasmas de alto riesgo, es decir, las sociedades constituidas con el único propósito de mantener la aparente propiedad o fondos y que no se dedican a una  actividad empresarial legítima; y
- realiza un importante volumen de transacciones y actividades que tienen poca o ninguna transparencia y a menudo sin un propósito comercial legítimo aparente.

Una joya, vamos; lo preocupante, pese a todo, es que la iniciativa del FinCEN, según se declara, "está justificada y es necesaria para proteger el sistema financiero de Estados Unidos porque demuestra que los Estados Unidos no permitirá que un banco extranjero comprometa  el envío de fondos sucios a través de su sistema financiero.”

Esta imposición, en definitiva, restringirá la capacidad de FBME para acceder al sistema financiero de Estados Unidos y alerta a la comunidad financiera internacional de los riesgos que plantean al tratar con FBME.

Pero nada más. Y, cuando más allá de "chiquilladas" como la de la BPA, se pone de manifiesto la existencia de organizaciones como la descrita, que siguen operando con el beneplácito de todos en clara contradicción con el mensaje repetido de la voluntad de acabar con la corrupción y el delito financiero, uno no puede sino recordar con cierta perplejidad acciones expeditivas coordinadas entre todos los países (por lo tanto, se pueden hacer) como la que en lejano 1991 obligó a cerrar EN TODO EL MUNDO (también en España, donde tenía sucursales) el Bank of Credit and Commerce International, cuya jugosa historia podremos recordar otro día.

sábado, 25 de julio de 2015

De la subjetividad a la manipulación


Un amable comunicante que se me presenta como seguidor reciente de este blog,  me comenta entre otras cosas, que, en su opinión, las entradas del blog se perciben con un cierto grado de subjetividad si se compara, afirma, con las de otros blogs que también sigue. Agradezco su franqueza, lo que me da pie a reflexionar sobre este punto que podría desembocar en clara manipulación del lector “desprevenido”.

Para empezar, es necesario definir en qué marco cabe analizarse este comentario: un blog (del inglés web log)  se puede especificar como un sitio web (espacio digital organizado) que viene a ser algo así como una especie de diario personal de su autor, con contenidos de su interés actualizados con cierta frecuencia y a menudo comentados por los lectores. Es frecuente que los blogs dispongan de enlaces a otros blogs, a páginas para ampliar información, citar fuentes o hacer notar que se continúa con un tema que empezó otro blog.

Con esos antecedentes es, no solo comprensible, sino irrenunciable, que los blogs estén marcados por la subjetividad, y que, gracias a la informática, se convierten en una poderosa herramienta de comunicación ya que habitualmente, en cada entrada o artículo de un blog, los lectores pueden escribir sus comentarios y el autor darles respuesta, de forma que es posible establecer un diálogo enriquecedor para todos.

Otra cosa es estudiar cómo se expresa esa subjetividad[1] en los escritos, y si escribir algo pasado por el tamiz de la subjetividad puede llegar a ser pernicioso para alguien, admitiendo que, de esta forma, una noticia comentada subjetivamente deja de serlo para convertirse en opinión sobre ella, algo que, por cierto, conocen muy bien (y a veces usan descaradamente) en los medios de comunicación. En resumen, un blog, que es de ámbito reducido (aunque tenga gran difusión) y que, por naturaleza, es reflejo de lo que piensa (y quiere divulgar) su autor ES subjetivo porque ésta es la esencia de su existencia, en tanto que un medio de difusión, dirigido a todo el público y con capacidad para crear tendencias y opiniones, mantiene su derecho a opinar pero no a llevar a la confusión entre opinión y noticia disfrazando de objetividad, con frecuencia, la creación y/o alimentación de un sesgo o tendencia determinada .
Un ejemplo (de los muchos que se suceden en la convulsa cotidianidad que vivimos): si la noticia “Dos millones de catalanes se manifiestan en la calle en apoyo de la independencia de Catalunya” se publica en portada de un diario como “Dos millones de catalanes desafían la convivencia en Catalunya con gritos de “Independencia” en las calles”, parece evidente que el medio en cuestión prioriza su opinión (subjetiviza) en la forma en que quiere que llegue la noticia al lector.

Y no digamos cuando la publicación de un titular (ni siquiera una noticia) persigue la creación de estados de opinión. Siguiendo el tema de Catalunya (que da lugar diariamente a un volumen apreciable de despropósitos a la vista del espectador, en un sentido y en otro), hace pocos días un medio publicó el siguiente titular: “El obispo de Sant Feliu prohíbe a la monja Forcades hacer política desde el convento”, titular que hizo las delicias de muchos que, por lo que se ve, no tenían tiempo de leer la notica completa y fue reproducido y comentado hasta la saciedad en las redes sociales. Lo chocante es que, en el desarrollo de la noticia que sigue, claro, al titular, el periodista explicaba que Teresa Forcades, enclaustrada en el monasterio benedictino de Sant Benet, cerca de Montserrat, pidió autorización al Vaticano para exclaustrarse y dedicarse a la política y, con permiso del Vaticano y del obispo de la diócesis a que pertenece (Sant Feliu de Llobregat), Agustí Cortés, dejó el convento para concurrir a las elecciones autonómicas del 27S. El periodista, además, explica que la exclaustración autorizada por el Vaticano y por el obispo, significa que Forcades no dejará de ser religiosa, como hubiese sucedido con una dispensa, mantendrá todas las prerrogativas y podrá regresar al convento cuando finalice el plazo de un año prorrogable hasta tres.

¿A santo de qué, pues, el titular?

Contestando al comunicante del principio, este blog se siente orgulloso de su subjetividad, exponente de una cierta capacidad de análisis objetivo (no es una contradicción), y no renuncia a ella, que no es en modo alguno equiparable a esa “subjetividad” de manipuladores e intoxicadores vocacionales que, ellos sí, presumen de ser objetivos.


[1] Para entendernos, un texto subjetivo es aquel que muestra la opinión, ideas o sentimientos de quien lo escribe mientras que un texto objetivo, por el contrario, es el que muestra una información en la que no intervienen opiniones ni sentimientos (una noticia, un escrito de carácter científico…). Sin entrar en detalles, que un texto sea subjetivo u objetivo se aprecia en una serie de rasgos lingüísticos en su confección.

miércoles, 22 de julio de 2015

Boletín nº 48/y 2 - "El crepúsculo de las ideologías" – El caso español



En las postrimerías de la dictadura del general Franco, a finales de 1975, el cantautor valenciano Raimon dio a conocer en actuaciones en público su canción Jo vinc d’un silenci (Yo vengo de un silencio), que rápidamente pasó a engrosar la nómina de la canciones-protesta contra la situación social que se vivía, y una de cuyas estrofas se convirtió en bandera, concretamente aquella que dice Qui perd els origens, perd identitat (Quien pierde los orígenes, pierde identidad). Y algo de eso viene a la memoria cuando se escucha a un líder (?) de nuestra izquierda proclamar literalmente sin ruborizarse, a raíz de la consulta que se hizo al pueblo griego sobre su aceptación o rechazo de las imposiciones sociales a cambio de ayuda económica, que algunos referéndums son armas de destrucción. Y se queda tan ancho. Lo peor del caso es que, más allá del mero desliz que pudiera interpretarse en el caso griego, esta idea forma parte de sus principios identitarios y la lanza, por ejemplo, siempre que sale a colación la problemática para España de la voluntad del pueblo catalán de expresar libremente sus deseos en cuanto a la forma de encaje.

Si ya hemos comentado la problemática de la social democracia en toda Europa, el caso de España se agrava porque, además de participar de todos los pecados de sus colegas europeos, este líder (no es el único) nos ofrece una reflexión adicional y es que, una de dos: o ignora los orígenes políticos y las ideas que dieron lugar a su formación o prescinde de ellos, con lo que contribuye a la creación de un estado de confusión tal que es difícil mantener la confianza en él y/o en su partido, que muchoa electores no identifican con "el de siempre". La verdad es que no puede analizarse esta confusión si no se tienen en cuenta los orígenes del PSOE (la izquierda “civilizada” española) en su contexto histórico. Y para ello hay que remontarse a los años setenta del pasado siglo, años en los que  Franco envejece sin que sea posible en ese momento vislumbrar el margen de maniobra real  que tendrá el príncipe nombrado sucesor por el dictador a título de Rey en el imprescindible rediseño político.

Y es que todo es tan convulso…

Nos apoyaremos para esta visión de conjunto en algunas ideas ya publicadas en septiembre de 2013 por el periodista de La Vanguardia Enric Juliana con motivo del entonces cercano 40 aniversario del Congreso de refundación del Partido Socialista Obrero Español celebrado en Suresnes (Francia) en octubre de 1974.

En ese año, 1974, vivimos uno de los momentos críticos de la Guerra Fría ya que:
-          Hacía apenas un año del derrocamiento por las armas del gobierno socialista de Salvador Allende en Chile, mediante un golpe militar protagonizado por Augusto Pinochet y claramente alentado y protegido por Estados Unidos.
-          El 25 de abril de 1974, los jóvenes oficiales del ejército colonial portugués se habían levantado en armas contra el dictador civil Marcelo Caetano, sucesor directo del dictador António de Oliveira Salazar, e instauran un régimen de libertades bajo la tutela del Movimiento de las Fuerzas Armadas en el que el Partido Comunista Portugués comienza a tener una gran influencia.
-          El secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, comienza a pensar en una intervención armada de la OTAN en Portugal, con la posible colaboración del Ejército español. El Gobierno de Franco es consultado al respecto[1].
-          En Grecia ha caído la dictadura de los coroneles (julio de 1974) y se intenta una transición democrática bajo la dirección de Konstantinos Karamanlis, figura tutelada por Francia.
-          En Italia, única democracia parlamentaria bien asentada en el Mediterráneo, el Partido Comunista supera el 30% de intención de voto y amenaza con sobrepasar a la Democracia Cristiana.
-      En España, el Partido Comunista de España, que parece compartir la línea moderada de sus camaradas italianos, es la principal fuerza de oposición en un país civilmente aplastado por cuarenta años de dictadura.

Con ese escenario, los socialdemócratas centroeuropeos, especialmente los alemanes, están muy preocupados. No comparten la estrategia belicista de Kissinger y creen que lo mejor es promover nuevos liderazgos socialistas en el sur de Europa que intercepten la hegemonía de los partidos comunistas y de sus sindicatos. En concreto, en España, en una operación que ya piensa en un futuro sin Franco, hay que decidir cuál es la mejor apuesta entre distintos grupos que se reclaman socialistas o socialdemócratas. Willy Brand y su gente ya han llegado a una conclusión: el joven abogado Felipe González y las viejas siglas del PSOE son la mejor apuesta, y así, el congreso de los socialistas españoles en Suresnes (cerca de París) resulta un éxito, de modo que el viejo partido socialista español, muy dañado por el drama de la Guerra Civil y prácticamente hibernado durante la dictadura, renacía para jugar un papel estratégico de primer orden en el sur de Europa. La calidad de los políticos extranjeros presentes en el ceremonia de clausura del congreso así lo atestigua: Willy Brand, ex canciller de Alemania Federal y líder del Partido Socialdemócrata alemán; François Mitterrand, líder socialista francés y futuro presidente de la República, y Bruno Pittermann, socialdemócrata austríaco, superviviente de los campos de concentración nazis y en aquel momento presidente de la Internacional Socialista.

La citada hibernación del PSOE de todos esos años había facilitado por una parte la eclosión (clandestina) del Partido Comunista de España –el PSUC en Catalunya-, con estructuras en casi todas las ciudades del país y fuertemente respaldado por Comisiones Obreras, una de las novedades sociológicas de los años sesenta/setenta: un sindicato-movimiento que aprovechaba muy bien las estructuras legales del sindicato vertical. El PCE, elegido por el propio régimen como su adversario principal , tenía el prestigio de la clandestinidad, a pesar de sus frecuentes disensiones internas, y el apoyo de la URSS, pese a un distanciamiento doctrinal con ella que pronto tomaría el nombre de “eurocomunismo”. Por otra parte, la hibernación permitió la sucesiva aparición de diversos partidos socialistas de carácter regional que aquel mismo año 1974, en agosto, habían constituido en París la Conferencia Socialista Ibérica. Un mosaico de nuevo tipo: socialistas, federalistas, autogestionarios, cooperativistas… Profesores universitarios y los jóvenes cuadros sindicales de la USO, con notable incidencia en la banca y la enseñanza. Un mosaico. Convergencia Socialista de Catalunya (precursora del PSC), Partit Socialista del País Valencià, Partit Socialista de les Illes, Partido Socialista Galego, Eusko Sozialistak, Partido Socialista de Andalucía, Partido Autonomista Socialista de Canarias, Partido Socialista de Aragón, Convergencia Socialista de Madrid y otros grupos menores.


Con todo este embrollo, el PSOE de Suresnes, bien bautizado por el socialismo alemán y francés, y observado con buenos ojos desde Washington, tenía que competir tanto con un PCE que se había puesto como ejemplo de actuación el Partido Comunista Italiano como con el académico PSP del profesor Tierno Galván, y con ese mosaico citado más arriba de socialistas federales, y es curioso recordar que en esa lucha, mientras el PCE aceptaba en 1977 la bandera monárquica (una de las condiciones para su legalización), aún había banderas republicanas en los actos socialistas.

El PCE y el PSUC, que tenían un programa moderado, inicialmente ceñido a tres puntos principales: libertad, amnistía y restauración de los tres estatutos de autonomía de la República (Catalunya, Euskadi y Galicia) abogando por un referéndum sobre la forma de Estado, sin gran exhibición de bandera republicanas en sus actos, nunca defendieron abiertamente el derecho de autodeterminación. El PSP, por su parte, abogaba por un “Estado regional” con estatutos para nacionalidades y regiones históricas, y defendía la existencia de una segunda cámara que tomaría el nombre de Cámara de las Nacionalidades y de las Regiones. La Confederación Socialista Ibérica (en 1976, Federación de Partidos Socialistas), por último, defendía una España federal con acentos casi libertarios.

Sin embargo, el PSOE de Suresnes, ante la configuración del Estado español, integrado por diversas nacionalidades y regiones marcadamente diferenciadas, manifiesta que:
1) La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español.
2) Al analizar el problema de las diversas nacionalidades el PSOE no lo hace desde una perspectiva interclasista del conjunto de la población de cada nacionalidad sino desde una formulación de estrategia de clase, que implica que el ejercicio especifico del derecho de autodeterminación para el PSOE se enmarca dentro del contexto de la lucha de clases y del proceso histórico de la clase trabajadora en lucha por su completa emancipación.
3) El PSOE se pronuncia por la constitución de una República Federal de las nacionalidades que integran el Estado español por considerar que esta estructura estatal permite el pleno reconocimiento de las peculiaridades de cada nacionalidad y su autogobierno a la vez que salvaguarda la unidad de la clase trabajadora de los diversos pueblos que integran el Estado español.
4) El PSOE reconoce igualmente la existencia de otras regiones diferenciadas que por sus especiales características podrán establecer órganos e instituciones adecuadas a sus peculiaridades.

Sí, señor, sin tapujos ni medias tintas: la sagrada voluntad popular expresada libremente como principal herramienta de decisión. Visto desde la olla de grillos que es hoy la política española, puede parecer excesivo pero en absoluto lo es, debiendo interpretarse como la afirmación del derecho a rechazar corsés impuestos que condicionan una relación que ha de corresponder a esas voluntades, (¿recordáis eso de "la Europa de los pueblos" que sí pregona el socialismo frente al actual corsé de "la Europa de los Estados" al que se aferra la derecha?).

Después, claro, vinieron las rebajas, en esa y otras cosas, el bautismo constitucional, el desgraciado referéndum sobre la OTAN, el abandono del marxismo, el olvido de la causa republicana, el "café para todos" de nacionalidades, autonomias y regiones, y el eficaz pragmatismo felipista dirigido a obtener el gobierno aunque por el camino se tengan que dejar algunas cosillas. Algunos dirigentes socialistas se ponen nerviosos cuando hoy se les recuerda el programa de Suresnes. “Eso son cosas para los libros de historia, lo importante es el consenso constitucional”, Es decir que, conseguido, con gran eficacia, su objetivo primordial, que era unificar el espacio socialista, convertirse en el primer partido español y dejar a los comunistas en la cuneta de la historia, los protagonistas de Suresnes regresaron al bautismo y a la recta senda en la que no caben autodeterminaciones, ni federalismos libertarios.

El congreso de Suresnes nos explica algunas cosas interesantes sobre el revés de la trama de la reciente historia de España, de forma que cuando algunos exponentes de las nuevas corrientes del PSOE (Leguina, Bono, Ibarra, el propio Pedro Sánchez…) dicen que su partido es históricamente ajeno al federalismo, a la distinción entre nacionalidades y regiones, a una España entendida como “nación de naciones” y con ácido resentimiento señalan al díscolo socialismo catalán que se debate entre admitir o no esa cosa que ha venido en llamarse "derecho a decidir" como causante de todos los males, mienten (o exhiben ignorancia). Mienten a sabiendas, porque esos personajes conocen (deben conocer) muy bien cuáles fueron las palancas sentimentales e ideológicas que usó el PSOE de Suresnes para no quedar encerrado en el armario de la historia, entre bolas de naftalina. Mienten y exhiben discursos castizos muy del gusto de la derecha mediática madrileña para ganarse su favor y sus migajas. Allá ellos. Suben y bajan por la escalera de servicio.

Yendo, pues, más allá de la problemática común comentada para toda la social democracia europea, de la que también es sujeto pasivo, el socialismo español tiene un problema grave de identidad, exhibiendo por sus dirigentes desconocimiento en el programa, e incluso organizando ataques directos sobre aspectos que una parte de la militancia considera que son (y lo son) unas señas de identidad irrenunciables, como son los referéndums o, en general, las consultas democráticas.


[1] La Revolución en Portugal ha puesto muy nerviosos a los militares españoles y ha iluminado la mirada de los antifranquistas. El primer ministro Carlos Arias Navarro es favorable a una intervención en Portugal, para ganar puntos ante Estados Unidos. La División Acorazada Brunete, previamente desplazada a Badajoz, podría atacar por la espalda a los revolucionarios portugueses. El viejo general Franco, sin embargo, se ha mostrado remiso, dicen algunos cables diplomáticos. Franco, que dice conocer a los portugueses, teme que un ataque español incremente la adhesión de la población a los militares de izquierda. En la reunión reservada en la que se ha discutido la cuestión, el Generalísimo ha dicho a Arias que lo mejor es esperar. Franco, nacido en El Ferrol, siempre espera que el tiempo juegue a su favor, en tendencia que parece consolidarse para los dirigentes gallegos.

domingo, 19 de julio de 2015

Boletín nº 48/1 - "El crepúsculo de las ideologías" – Así va Europa



Tomamos prestado para esta reflexión el título de una obra del escritor y ministro de Franco Gonzalo Fernández De la Mora[1], El crepùsculo de las ideologías, publicada en 1965, en plena dictadura y cuando hablar de partidos políticos quedaba reducido exclusivamente a círculos íntimos protegidos de escuchas ajenas, en la que se defendía que las ideologías, en tanto que consideradas como formas primitivas de racionalidad y culpables del enmascaramiento y falseamiento de la realidad, serían sustituidas por la racionalidad plena, simbolizada en la tecnocracia y la racionalidad científica propias de la sociedad del bienestar que ya se empezaba a vivir en España dentro del denominado «desarrollismo».

Según esta idea central, dejando aparcada la ideología, los partidos hacen lo que les parece más adecuado para ganar elecciones (¡ya en 1965!), tarea en la que no juega un papel precisamente secundario la batalla en la propaganda. Debe admitirse, sin embargo (posiblemente por la época en que fue expuesta, en  la que la existencia de partidos políticos no pasaba de ser una utopía penada por las autoridades), que el ensayo podía ser relegado al rincón de la mera teoría política y esa tesis del crepúsculo de las ideologías peca claramente de confusa y, paradójicamente y ante todo, ideológica, ya que la defensa de una ausencia de ideología es ella misma una ideología en sentido negativo, en tanto que encubre problemas políticos que no pueden resolverse mediante la apelación a una razón que no puede ser científica ni tecnológica, sino basada en situaciones contingentes y posibilistas.

Tampoco las definiciones de ideología de De la Mora son muy precisas, porque la ideología no es, como decía el autor, un elemento meramente subjetivo, un error que mediante la acción de los intelectuales es traspasado a las masas, sino una doctrina ligada a una clase social que define su lugar en el mundo y sus intereses. Resulta interesante señalar la distinción que se hace  en la obra entre ideología y creencia, argumentando De la Mora que las creencias se refuerzan cuando se eclipsan las ideologías, y que se caracterizan por abarcar a una sociedad completa, sin distinción de clases: la religión católica en España, por ejemplo.

Con la “normalización” de la existencia de opciones políticas tras la promulgación de la Constitución de 1978, se llegó al convencimiento buenista de que los conflictos sociales serían sustituidos por mera gestión y administración de la cosa pública, desembocando al final en la evidencia de que los partidos simplemente buscaban lo mismo: llegar al gobierno.

Sin embargo, difícilmente puede sostenerse que la mera ausencia de ideología práctica en los partidos suponga el fin de las ideologías, sino que, fatalmente, alientan justamente lo contrario, como se observa en la falta de respuesta de los partidos “del establishment”  a las inquietudes de movimientos sociales como el 15M o la falta de reacción ante problemas que afectan a la misma estructura del Estado como el actualmente fallido encaje de Catalunya, temas a los que unos partidos carentes, a la postre, de otro programa que no sea el de ganar las elecciones cada cuatro años, son incapaces de hacer frente.

En los tiempos actuales, la ideología neoliberal ha globalizado el capital, su influencia y tratamiento mientras que las tesis tradicionalmente de izquierdas se han enzarzado en luchas locales que desvirtúan su acción. Cabe señalar, por tanto, que cuando se habla de cambios o de carencias en la ideología de una formación política, se entiende por defecto que se habla de las fuerzas de izquierda.

La grave crisis actual, nacida en 2008, y el serio aumento de las desigualdades debería haber empujado a lo que conocemos en conjunto como la socialdemocracia hacia posturas de izquierda y, sin embargo, no ha sido así (más allá de leves reajustes simbólicos). La socialdemocracia ha perdido credibilidad ya que cuando alcanza la responsabilidad de gobernar se adapta casi de inmediato a los requerimientos de los “mercados”  globalizados y mantiene en lo esencial, al parecer de modo resignado y pasivo, políticas económicas gratas a la derecha, asumiendo habitualmente el célebre “TINA” (There is Not Alternative - No hay alternativa) acuñado en su día por Margaret Thatcher[2]. En este sentido, todo parece indicar que la socialdemocracia ha renunciado a lo que fue su razón histórica de ser: redistribuir los bienes para disminuir las desigualdades sociales y regular el capitalismo con estrategias reformistas. Por tanto, se ha perdido una oportunidad única para relanzar políticas de cambio de rumbo que revirtieran la actual correlación de fuerzas tan favorable a los “mercados”.

Esto significa, en definitiva, que la socialdemocracia ha sido incapaz de capitalizar a su favor la actual coyuntura (el fracaso de François Hollande en Francia y,  por extensión en la “Europa de la austeridad”, es el paradigma más representativo al respecto). En este análisis nos centramos en Europa, donde no se puede importar el modelo de los Estados Unidos de América, por su tan diferente arquitectura institucional y competencial y por los límites estructurales del Banco Central Europeo que afecta a diferentes países. 

Haciéndonos eco de las tesis del sociólogo Ignacio Urquizu[3], hay que buscar causas objetivas y subjetivas en la actual situación de los partidos de la socialdemocracia.

Entre las objetivas, cabe destacar las siguientes:
-          El cambio del capitalismo industrial en favor del financiero especulativo, que ha implicado el fin del crecimiento económico continuo tradicional y la imposibilidad de aplicar políticas neokeynesianas de empleo a nivel nacional, con lo que la capacidad redistributiva interna es hoy menor que antaño.
-          Los cambios en la estructura de las clases sociales con la pérdida de centralidad y cohesión de la vieja clase obrera industrial y la mayor diversificación socio laboral, lo que se traduce en que la socialdemocracia ha perdido en buena medida sus bases tradicionales de apoyo ( trabajadores industriales y empleados)
-          El actual proceso neoliberal de integración europea liderado por las derechas, que complica extraordinariamente opciones genuinamente socialdemócratas toda vez que la unión económica y monetaria en curso implica una muy seria restricción para políticas sociales. No hace falta acabar con el ejemplo de Grecia para notar que es el actual sistema dominante en la UE el que dificulta estrategias de reformismo fuerte
-          Pese a algunas soflamas interesadas en ese sentido, el Estado-Nación , aunque sigue siendo el principal marco político de referencia para los ciudadanos, tiene hoy una capacidad “soberana” más reducida que en el pasado y la crisis de las democracias nacionales está a la orden del día con serias advertencia sobre la necesidad de cambiar el sistema
-          Hay cambios culturales que también inciden en los problemas de la socialdemocracia y que originan que, por un lado, la derecha se aleja del centro para consolidarse a la derecha, y éste es ocupado en parte por la socialdemocracia que deja entonces a buena parte de la izquierda huérfana de representación (los partidos a su izquierda casi nunca consiguen rellenar ese espacio).


Entre las causas subjetivas pueden señalarse:
-          La aceptación incondicional por parte de todos los agentes sociales del actual rumbo de integración europea hace que la socialdemocracia haya asumido una UE cada vez más disfuncional en lo institucional y con serios (y crecientes) problemas de legitimidad social. Está claro que la socialdemocracia es incapaz de invertir el actual proceso, pero lo más criticable es su completa sumisión fáctica  a los inflexibles imperativos de la “troika” (aunque esta denominación, tras el escándalo de la humillación al pueblo griego, se ha archivado, en la práctica las “recomendaciones” de sus instituciones siguen siendo obligatorias
-          La calidad del liderazgo socialdemócrata ha empeorado ostensiblemente, sobre todo por la generalización de la política de “puertas giratorias” que ha cooptado en empresas y círculos financieros a numerosos dirigentes socialdemócratas. Esto significa que la mentalidad pro-mercado y business friendly es mayoritaria en las élites socialdemócratas, de ahí que sus eventuales impulsos reformistas sean meramente ejercicios retóricos
-          Aunque puede haber deficiencias en la comunicación (ésta es una típica explicación oficialista en el seno de esta familia ideológica), el problema no es de forma, sino de fondo. Lo esencial es que la socialdemocracia hoy no resulta atractiva y su oferta es vaga y poco visible.

En palabras de Ashley Lavelle[4], la socialdemocracia actual rehúye el conflicto social, idealiza la “estabilidad” y se aleja de los sindicatos y los movimientos sociales. Con ello, se produce una aproximación al mundo de los negocios de tal suerte que sus diferencias con la derecha son inapreciables y parece formar un todo indiferenciado con ella (el establishment) al servicio de los poderosos.

Si los gobiernos  socialdemócratas no pueden cambiar nada relevante, la democracia se uniformiza de manera intrascendente puesto que da igual quién gobierne si ciertos intereses y líneas son intocables. La mera gestión del neoliberalismo (con leves reajustes sociales paliativos) socava las bases socialdemócratas (lo que implica retrocesos electorales en las formaciones tradicionales) y favorece objetivamente la irrupción de movimientos espontáneos de protesta al margen de los partidos. Un Estado del bienestar residual no es alternativa deseable y es totalmente insuficiente aferrarse a la expansión de derechos civiles para diferenciarse de la derecha (aborto, matrimonios gais) si las políticas económicas van a ser continuistas.

Esta aceptación resignada del statu quo de la socialdemocracia hace que muchos sectores sociales desfavorecidos busquen otras opciones de protesta, hoy mayoritariamente lideradas en varios países europeos por formaciones de la derecha radical populista, con raras excepciones de izquierda (Grecia o España). Por tanto, cuanto más se desplace la izquierda al  centro en tiempos de crisis y austeridad a ultranza, menos posibilidades tendrá la socialdemocracia como opción mínimamente atractiva y no dejará de perder apoyos sociales.


[1] Gonzalo Fernández de la Mora y Mon (1924 - 2002) fue un político y ensayista español, miembro del Consejo Privado de Don Juan de Borbón desde 1959, progresivamente se fue acercando al círculo de poder franquista y fue nombrado Subsecretario en el Ministerio de Asuntos Exteriores, Ministro Plenipotenciario de primera clase y fue Ministro de Obras Públicas al final de la dictadura.
Durante lo que se conoce como la Transición fundó la Unión Nacional Española, uno de los partidos que formó Alianza Popular. En 1977 dejó AP y la dirección de la UNE cuando dieron su apoyo a la Constitución de 1978 (suya es la frase «España no necesita constitución porque es un Estado perfectamente constituido»). En 1979 fue uno de los fundadores del partido Derecha Democrática  Española. Hay autores que afirman que los «inmovilistas» (que se oponían a los «aperturistas» en el intento de éstos por reformar el franquismo dentro del propio franquismo en sus últimos años) encontraron su filósofo en Gonzalo Fernández de la Mora quien, bajo el seudónimo Diego Ramírez, lanzaba violentas diatribas contra el aperturismo y la democracia.
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[2] Esta es una tendencia que se viene observando ya desde los años ochenta del pasado siglo, coincidiendo con los gobiernos, por ejemplo, de Felipe González en España o de Laurent Fabius en Francia y debe recordarse que fue presentada como “modernización” ideológica, siendo de hecho una renuncia a toda política de reforma del capitalismo y de control  sobre el mismo. La “tercera vía” apostó por el recorte del gasto público social, la reducción de impuestos a las grandes fortunas, las liberalizaciones, las desregulaciones y las privatizaciones (las nacionalizaciones quedaron totalmente descartadas), siendo la “competitividad” el gran mantra en detrimento de la igualdad, con la paradoja de que los partidos socialdemócratas empezaron a tener un entendimiento mucho más fluido con empresarios y financieros que con los sindicatos, éstos últimos, por cierto, cada vez más débiles

[3] Ignacio Urquizu – La crisis de la social democracia ¿qué crisis? –Editorial Catarata

[4] Dr.Ashley Lavelle - The death of social democracy: political consequences in the 21st century – Ashgate Publishing Limited, Aldeshort, UK