viernes, 26 de julio de 2013

Más sobre fraudes a móviles

La actualidad hace que haya que seguir atentos a los teléfonos móviles, que demuestran una vulnerabilidad más acusada de lo que cabría esperarse. Para empezar, admitamos que todos los teléfonos móviles actuales, sin importar si son “smartphones” o no, cuentan con una tarjeta SIM que contiene registros de nuestra línea telefónica y de contactos personales y, aunque se pensaba que la tarjeta SIM no podía ser atacada por hackers, recientemente un investigador de seguridad alemán afirmó haber encontrado el cifrado y defectos de software de estas tarjetas, ya que logró intervenirlas y acceder a los protocolos de seguridad de los celulares en que estaban insertadas. La vulnerabilidad de esa intervención sólo afectaría al 13 por ciento  de las tarjetas SIM pero, debido a su volumen en el mundo, eso representa al menos 500 millones de posibles objetivos. 

Este fallo, advierte este experto, “abriría un nuevo campo” en el cual los ciberdelincuentes podrían copiar el contenido de la tarjeta SIM y controlar y grabar las llamadas y mensajes de texto que se hacen para ejecutar otro tipo de fraudes por teléfono.

Técnicamente, el fallo se basaría en dos aspectos: el primero, el protocolo de cifrado y seguridad  creado por IBM en la década de 1970, y el segundo, el relacionado con el lenguaje de programación Java Card, con el que se programaron unas seis mil millones de tarjetas.


Según  ha trascendido, dos grandes compañías fabricantes ya han iniciado la búsqueda de un "parche" para la vulnerabilidad SIM que oportunamente, una vez diseñado, se comprometen a compartir con otros operadores a través de la asociación GSM, que es una organización de operadores móviles y compañías dedicada al apoyo de la normalización, la instrumentación y promoción del sistema de telefonía móvil (Global System for Mobile, heredera del francés Groupe Spécial Mobile)  Incluso BlackBerry propuso el año pasado nuevos estándares para las tarjetas SIM.

Hechos como este alimentan el eterno dilema entre avances técnicos y seguridad y privacidad.


martes, 23 de julio de 2013

Bárcenas confirma la validez de las fases de blanqueo del GAFI

Si dentro de un tiempo (avances tecnológicos mediante) alguien tiene la oportunidad de echar un vistazo a este blog, seguramente el actual embrollo del "caso Bárcenas" ya se haya despejado y se hayan dilucidado las responsabilidades de unos y otros. Es más, seguramente los gobernantes de entonces puedan comprobar que la palabra B-á-r-c-e-n-a-s es perfectamente pronunciable, En cualquier caso, lo que es seguro es que la actual investigación sobre el caso está proporcionando material valioso a los estudiosos de delitos en los que, al parecer, está implicado el personaje, como el blanqueo de capitales.

Viene esto a colación por el informe 50721/13, que ha facilitado la Brigada de Blanqueo de Capitales de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) al Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional.
Esquema típico de blanqueo
El documento relata al juez que el proceso de blanqueo de capitales investigado se puede delimitar por las siguientes fases donde se encuadran las distintas operaciones realizadas y que, curiosamente, viene a dar plena validez a la antigua teoría del GAFI:

1. Fase de colocación de los fondos obtenidos derivados de la parte de las comisiones generadas por su participación en unión de Francisco Correa en las adjudicaciones de contratos públicos realizadas a empresas afines, y de otras fuentes de ingresos de origen desconocido en el sistema económico mediante la utilización masiva de efectivo principalmente como medio de pago.

"En este sentido", dice el informe, "conviene mencionar el empleo de dinero en metálico como forma principal de alimentar las cuentas abiertas en Suiza cuyo titular es Luis Bárcenas,  mediante al menos veintinueve ingresos en efectivo cuyo montante asciende a 3.897.920,93 euros, siendo a tenor del contenido de las notas internas de control redactadas por la entidad bancaria el propio Luís Bárcenas, la persona que en sus viajes a Ginebra o Lugano (Suiza) transporta el dinero, y lo deposita en las cuentas bancarias".

2. Encubrimiento o estratificación, consistente en la desvinculación de su origen de los fondos procedentes de las actividades delictivas mediante la utilización de complejas operaciones con el objetivo de dificultar su control, ocultar su origen y dificultar la identificación de la titularidad última de los mismos.

Dice el informe: "En este sentido se ha puesto de manifiesto la aplicación de los fondos expatriados a la realización de operaciones financieras especulativas mediante la compra de valores mobiliarios del mercado bursátil español hasta el año 2005, y partir de entonces la diversificación de la inversión adquiriendo valores de empresas extranjeras". Añade que invierte en bonos, fondos de inversión y en el mercado de divisas.

"En el periodo 1999-2011 obtuvo retornos derivados de los dividendos producidos por las acciones adquiridas, los intereses de los bonos, los rendimientos de los fondos de inversión y los intereses de la inversión en el mercado de dinero. Las órdenes de inversión están correlacionadas en la mayoría de los casos con las entradas de efectivo en cuenta.

3. Integración, los fondos ya blanqueados vuelven al sector de la economía real del que provenían o a otro diferente como fondos aparentemente legítimos. "Durante el periodo objeto de estudio los fondos generados de las operaciones financieras se reinvierten permaneciendo depositados en las cuentas bancarias hasta el año 2009 cuando se producen salidas de dinero vía transferencias.

La mayoría de estas operaciones, según la policía, pueden tener una correlación directa con los llamados 'papeles de Bárcenas', donde se ven ingresos de donativos que corresponderían -como se añade en otra parte del informe- con ingresos en las cuentas suizas.
 En definitiva, que así era cómo Bárcenas, con tres simples pasos "de manual", supuestamente blanqueaba el dinero.

lunes, 22 de julio de 2013

Fraudes a través del teléfono móvil

La firma de tecnología EMC Corporation ha publicado los datos de phishing (suplantación de personalidad) a nivel mundial que indican que en el 2012 se registraron en promedio, más de 37.000 ataques de phishing al mes, lo que se traduce en pérdidas aproximadas de 1.500 millones de dólares.

Paralelamente, la firma Anti Phishing Working Group (Apwg) ha dado a conocer el ranking de vulnerabilidad, que refleja que el sector financiero sigue siendo el principal blanco de los ataques cibernéticos en el mundo con casi el 35 % del total, seguido por los sistemas de pago on line (32 %) y el sector del juego o casinos on line, que en el cuarto trimestre de 2012 pasaron de un modesto 2,7 del trimestre anterior a casi el 15 % y empieza a aparecer cono un suculento bocado a los delincuentes.

Por lo que se refiere en concreto a los fraudes bancarios cometidos por ciberdelincuentes en todo el mundo, registraron en mayo pasado un incremento de 37 por ciento debido, entre otros motivos, a la reaparición del virus Bugat y su aplicativo malicioso BitMo que se instala en los teléfonos móviles de las personas con el fin de robarles información y las claves de acceso a sus cuentas bancarias. Según EMC Corporation, ese malware tiene la particularidad de que tiene una muy atractiva apariencia y el usuario acaba por descargarlo en el móvil sin calibrar el riesgo al que queda expuesto, ya que cuando accede a su banco desde el teléfono infectado, el virus redirige la comunicación a su propio portal para obtener los datos de la víctima y así cometer el fraude. La situación se complica, además, porque el malware tiene la facultad de bloquear los mensajes que la entidad bancaria envía al móvil de su cliente al detectar movimientos sospechosos en sus cuentas, haciendo que el robo pase desapercibido para la víctima.
La primera versión del virus Bugat se detectó en 2010 y con ella se atacaban, sobre todo, cuentas bancarias corporativas en las que constan intentos de "suplantar" transacciones de entre 100.000 y 200.000 dólares por día, pero todo indica que los ciberdelincuentes comenzaron a tener dificultades para defraudar este tipo de cuentas debido a los esquemas de protección implementados por los bancos, por lo que, en versiones más recientes del virus, han dirigido sus ataques hacia objetivos más vulnerables como el ciudadano común.

Boletín nº 26 - ... a la gestión del conocimiento



DEL CONOCIMIENTO DE LA GESTIÓN....

Hace un tiempo tuve la ocasión de colaborar con un organismo paraoficial que ayudaba a personas en situación de desempleo, y que reunían determinadas características, en la compleja y difícil labor de profundizar en el conocimiento (descubrimiento es el apelativo más certero que podría aplicarse en la mayoría de casos) de sus propias aptitudes y facultades con el fin de poderlas reflejar (y cómo hacerlo) en el frío documento que suele ser un curriculum vitae y de potenciarlas en la búsqueda de lo que en buen número de ocasiones era una alternativa que no se había ni siquiera tenido en cuenta.

Recuerdo la presencia de una situación repetitiva en las entrevistas, casi siempre en mujeres (ahí queda el trabajo de investigación a los sociólogos) y casi siempre con el perfil de persona perfeccionista volcada absolutamente en el trabajo, que contaban, además, con la total confianza de sus superiores jerárquicos.

Personalizaré la figura en el caso de una señora que se había visto afectada por un expediente de regulación de empleo de la empresa en la que hacía más de un cuarto de siglo que prestaba sus servicios ("Nos duele tanto como a ti, pero, ya ves, las ventas han bajado, hemos de tomar decisiones duras, y hoy te ha tocado a ti. Sí, sabemos que será difícil sustituirte, pero, bla, bla..."). Cuando explorábamos conjuntamente alternativas, salió, de pasada, el dominio de idiomas, y esta mujer, literalmente, se derrumbó: "Siempre pospuse su aprendizaje, porque el trabajo no me lo permitía, y yo sólo necesitaba saber lo que me exigía el puesto", reconocía entre inconsolables sollozos.

No sé si como tal situación extrema es ejemplo de nada, pero sí que el reflexionar sobre ella nos lleva de la mano por los vericuetos de la información, del conocimiento como herramienta profesional, del conocimiento como palanca de mejora y realización personal...y de la gran diferencia que existe (permitidme a estas alturas el juego de palabras) entre el conocimiento de la gestión y la gestión del conocimiento.

Antes de entrar de lleno en el tema, conviene eliminar algunos tópicos perniciosos; es indudable que estamos en la sociedad del conocimiento, que el volumen de información que nos llega cada día es inmenso, y eso nos puede hacer creer que sabemos. Craso error. No por tener cada día información acerca del conflicto palestino-israelí, pongamos por caso, podemos afirmar que lo conocemos hasta el punto de poder emitir un juicio ponderado sobre él, y no solo porque la información siempre nos llegue fragmentada y frecuentemente sesgada, sino porque aún no sabemos qué parte de esa información es necesaria para esa toma de postura ponderada (con independencia de que sea o no a gusto de todos). Algo así pasa cuando intentamos hablar de conocimientos profesionales, que hemos de saber distinguir qué información debe evolucionar hasta mejorar el conocimiento y cuál otra, sin despreciarla, no obedece a los objetivos deseados.



... a la gestión del conocimiento.

Posiblemente sea lo más razonable abordar esta reflexión intentando definir qué es eso que entendemos por conocimiento y también posiblemente podríamos convenir en que el conocimiento en una organización empieza a tomar forma cuando un individuo de la misma hace uso tanto de lo que sabe como de la información que tiene disponible para la resolución de un problema o para el desarrollo de un proyecto.

A partir de esta convención inicial, los expertos distinguen entre dos tipos de conocimientos (seguimos refiriéndonos a conocimientos en/de/para una organización):
                       
                        - explícito y
                        - tácito.

El primero es el que contiene los sistemas o fórmulas mediante las que se puede trasmitir a otras personas (un ejemplo habitual del mismo es el de la comunidad científica, que comparte con otros científicos los resultados de sus investigaciones).
El segundo, por el contrario, es el que toda organización tiene, pero que no queda plasmado ni registrado en ningún sitio ni manual, porque corresponde al del grupo de personas que componen en cada momento la organización en cada momento.

La principal consecuencia de lo dicho es la de que el conocimiento es un recurso importante para las organizaciones empresariales, lo que explica, por ejemplo, que empresas como Google o Microsoft coticen en la bolsa multiplicando varias veces su valor real contable. El conocimiento entraría así en la categoría de los activos intangibles (que muchos estudiosos tratan de cuantificar para medir con ellos el denominado capital intelectual[1])

Ahondando en el tema, leía no hace mucho una valiosa reflexión[2] por la que la autora se quejaba en voz alta del error que supone el tomar el foco de atención sesgado en temas de formación y, por consiguiente, de transmisión del conocimiento necesario. Venía a decir que solemos hablar de formación por extensión, entrenamiento, instrucción, desarrollo, enfatizando en el punto de vista de la empresa, que imparte, dirige y ofrece los conocimientos o experiencias mientras que raramente se habla del aprendizaje, en el que el protagonismo y la responsabilidad de aprender es del participante/aprendiz, como actor principal del proceso. En la transmisión del conocimiento, curiosamente, se da la paradoja de que quizá lo más importante no es la calidad de los contenidos sino el sentimiento de quien los recibe, en una amalgama de ingredientes que incluye pensamiento, escucha, experimentación, observación... y emoción.

Cualquier diseño de formación que se establezca para la adecuada transmisión de conocimientos debe fundarse en metodologías que tengan en cuenta estos elementos. Sirva como ejemplo el enseñar cómo lavar a un gato; es evidente que aprenderlo requerirá unos contenidos adecuados, una metodología eficaz e incluso unos sistemas de medición de la calidad de la formación recibida correctos, pero la validez de la adquisición de los conocimientos vinculados dependen en gran manera de la actitud de quien recibe la instrucción y de cómo perciba su utilidad (para uso doméstico por ejemplo, o como actividad cotidiana en una tienda de animales).

Pese a que la inquietud nacida alrededor de una adecuada gestión del conocimiento como herramienta que favorece el desarrollo de las organizaciones ya se percibe en los inicios de la ciencia económica[3], es el desarrollo tecnológico actual el que permite que podamos vislumbrar nuevos métodos de gestión que supongan un cambio profundo. Es decir no se entiende la “moda” de la Gestión del Conocimiento sin Internet y el desarrollo de las tecnologías de la información.

La evolución del desarrollo tecnológico ha sido tan importante en los últimos años, que ha supuesto muchos cambios profundos en la manera de trabajar, de hacer negocios, de relacionarse e incluso en la forma de la propia sociedad. Muchos de estos cambios están todavía en evolución y necesitan de un corpus teórico en el que asentarse. En este sentido, una vez admitida la definición del conocimiento, podríamos decir que la "gestión del conocimiento" es la teoría de gestión que responde a la adaptación de las últimas innovaciones tecnológicas en el tratamiento de la información y las telecomunicaciones.

Es usual hablar, en ese contexto, de la nueva era del Conocimiento o de la era de  la Sociedad de la información, en la que la correlación de fuerzas entre los recursos en los que se basa la economía mundial (tierra, capital trabajo y conocimiento) cambia radicalmente.
Uno de los errores más usuales al acercarse a los entresijos de la gestión del conocimiento derivada al concepto de "sociedad de la información" es equipar, precisamente la gestión de la información a la del conocimiento y no es extraño encontrarse profesionales que plantean con naturalidad esta equiparación. Sin entrar en profundizaciones, intentaremos explicar las diferencias.

.La gestión de la información se puede definir como el conjunto de actividades realizadas con el fin de controlar, almacenar y, posteriormente, recuperar adecuadamente la información producida, recibida o retenida por cualquier organización en el desarrollo de su actividades. En el centro de la gestión de la información se encuentra la gestión de la documentación (la información que queda plasmada en documentos) y que pude ser de tres tipos:

- Interna  que es la generada o recibida por la empresa en el ejercicio de sus funciones, es decir, son documentos que surgen de la actividad diaria de esa institución (tanto la documentación típicamente administrativa: contabilidad, correspondencia,..., como la documentación de gestión: informes, actas de reuniones, procedimientos de trabajo,  o la documentación técnica que refleja la propia actividad de la organización).
- Externa : además de la documentación producida por la propia empresa, ésta y las personas que trabajan en ella necesitan, a menudo, consultar y manejar fuentes de información externas como libros, revistas, bases de datos, Internet...
- Pública: es la que se origina para el público, para comunicar hechos, actividades, acontecimientos,...como las memorias, los catálogos de productos y servicios, la página web,...

Además de la gestión de la documentación existe, estrechamente relacionada con ella, la gestión de información repartida en bases de datos corporativas y aplicaciones informáticas, que no se conceptúan como documentos; pero que son una importante fuente de información registrada.
Resulta evidente que,, sin una adecuada gestión de la información, es imposible llegar a la gestión del conocimiento ya que las propuestas de ésta representan un modelo de gestión basado en la gestión eficaz de la información. Es por lo tanto el paso previo que debe darse  antes de tratar de implantar un sistema de gestión del conocimiento.

Avanzando un paso más, hay varios componentes que son necesarios para dar el salto de la gestión de la información a la gestión del conocimiento.

- En primer lugar, la gestión del conocimiento es un modelo de gestión de toda la organización, cosa que nunca ha sido la gestión la información.(En una muestra positiva histórica de adaptación, dependiendo del estilo del empresario y del de la empresa, se constata que los modernos sistemas de gestión de la información, cada vez más importantes a medida que las tecnologías ofrecían nuevas posibilidades, se adaptaban a los modelos de gestión existentes).
- En segundo lugar, para gestionar el conocimiento hay que tener en cuenta que este no se produce sólo por la gestión de la información, sino que deben intervenir procesos y personas. En una organización puede existir un perfecto modelo teórico de gestión de la información, pero si los individuos no lo utilizan, es imposible que se cree conocimiento. Por esta razón otra de las tendencias muy involucradas en la definición de la gestión del conocimiento es la que proviene de la gestión de los recursos humanos.

La gestión de la motivación, del talento, del trabajo en equipo y, sobre todo, la creación de un ambiente de trabajo que facilite la compartición de ideas, es una tarea a la que difícilmente se accede a través de la gestión de la información.

Pero, de repente, y por sorpresa, caemos en la cuenta de que estamos condicionados por esa cosa que se ha instalado entre nosotros para socavar nuestra confianza en la economía, en los valores, en el sistema político y en todo el entorno que nos resultaba confortable. Y nos preguntamos, ¿también afectará la crisis a la gestión del conocimiento?
.
¡Y de qué manera! Con tantas empresas ajustando personal y en un entorno tan austero, las compañías necesitan profesionales-orquesta capaces de cumplir distintas tareas cuando se requieran, profesionales a los que no se les "caigan los anillos" por encargarse de lo que toque, aunque esa tarea no esté, en principio, entre sus cometidos.
Y esta tendencia en las necesidades no es exclusiva de los empleados de base, sino que también se pide una cierta polivalencia para cargos directivos y mandos intermedios, pese a que las grandes compañías aún demandan perfiles muy especializados porque la especialización sigue siendo requisito imprescindible para que un profesional se incorpore a una firma en tanto que aporta experiencia y requiere de menos inversión inicial en formación. 

Naturalmente, algunos puestos requieren de una alta especialización, pero lo que se busca hoy es un equilibrio entre ésta y la capacidad de multitarea, dando por sentado en cualquier caso, que el grado de especialización o de polivalencia varía en función de la compañía y la tipología del puesto.

En nuestro país resulta más sencillo encontrar a un profesional polivalente que a uno especializado porque la formación universitaria española es más generalista que en otros países de Europa, lo que quiere decir que el conocimiento ligado al desarrollo profesional (el quid de la cuestión) si no es cubierto por las empresas, en la gestión tradicional, deberá serlo por los propios interesados en desarrollar su talento[4].

De ahí se deduce que la especialización no está sólo en los títulos universitarios, e incluso en la formación adicional sino en las personas, lo que se podría traducir como que la "especialidad" buscada ahora por las organizaciones es el compromiso, el aporte de ideas y la involucración en transformar tareas en resultados[5].

No debe de extrañar este "reparto de roles" entre el profesional y la empresa en el ámbito de la formación ligada al desempeño ni que la especialización se haga recaer más en la voluntad y en caracteres particulares actitudinales. No debe olvidarse que el nacimiento y desarrollo de la idea de "gestión del conocimiento" parte de la realidad empresarial y por lo tanto, lo que busca en última instancia al implantar un sistema, reglado o no, de gestión del conocimiento es aumentar el beneficio económico de las empresas. Sin embargo, sus esquemas pueden ser aplicables en otros entornos en los que lo que se busca no es el beneficio económico en sí de la actividad, sino el beneficio social o cultural de igual forma que ha sucedido con otras tendencias nacidas en el entorno de la empresa privada como la gestión de calidad, las técnicas de marketing o la planificación estratégica.

Las ideas claves a aplicar son las siguientes:

- La gestión del conocimiento, permite realizar más eficazmente el trabajo encomendado a la organización.
- Mediante la gestión del conocimiento las organizaciones favorecen que el individuo se desarrolle en su trabajo aportando ideas, al mismo tiempo que evita la “fuga de conocimiento” cuando las personas abandonan la organización.
- La gestión de la información es imprescindible, pero sólo se convierte en conocimiento cuando los individuos la aplican para la resolución de un problema.

¿Y la crisis? Pues está claro que en estos tiempos, en los que se solapa la propia crisis con el desarrollo vertiginoso de las innovaciones tecnológicas que conforman la citada "sociedad de la información", es, cuando menos, arriesgado formular opciones de futuro. Aún así, parece evidente que la tendencia marcada por las teorías de la "gestión del conocimiento" es imparable. La sociedad de la información requiere de organizaciones, tanto públicas como privadas, que se adapten a los nuevos baremos y que sean capaces de aprovechar, a través del desarrollo de las personas que las integran, y en beneficio mutuo, las tecnologías de la información, si bien hoy por hoy está por ver quién asumirá el peso de la transmisión del conocimiento necesario en la búsqueda de ese objetivo compartido.


[1] Según la teoría de Leif Edvinsson y Michael S Malone en su libro El capital intelectual (Barcelona, Gestión 2000, 1999), la mejor forma de entender el papel del capital intelectual es comparar la organización con un organismo vivo, como un árbol. Lo que se describe en los organigramas, los informes,...es el tronco, las ramas y las hojas. Pero, aunque esta sea la parte del árbol visible, no lo es todo. La mitad, al menos, del organismo, está bajo tierra, son las raíces. Estas, en nuestra metáfora, constituirían el capital intelectual de la organización: el estudio de las raíces de valor de la empresa
[2] Marta Romo - La formación está en crisis - Observatorio de recursos humanos, julio 2013
[3] Se asegura que el economista británico Alfred Marshall (1842-1924) fue el primer autor en hacer referencia a la importancia del conocimiento en la gestión y, por ende, en la economía. En su obra Principios de Economía, publicada en 1890 dice, al hablar de los agentes de la producción, que “el conocimiento es nuestra máquina de producción más potente” y que “la organización ayuda al conocimiento”.
[4] Al hilo de estas reflexiones, conviene señalar que los más perjudicados con esta nueva modulación de tendencias con los jóvenes; basta ver las colas en las oficinas de desempleo para notar que están llenas de profesionales (sobre todo jóvenes) con una excelente formación académica en la que se incluyen titulaciones, postgrados, cursos complementarios e idiomas, todo lo cual no les basta para encontrar empleo ya que las empresas, que quieren prescindir de la inversión inicial en formación, buscan experiencia, aunque no haya de ser necesariamente en un puesto de trabajo idéntico
Resulta eso un claro aviso a los poderes públicos porque pone de manifiesto su incapacidad en resolver la lacra del desempleo en jóvenes, que se ven forzados en muchas ocasiones a buscar esa mínima experiencia inicial fuera de España con el riesgo de que esa marcha se convierta en la pérdida definitiva de ese talento.
[5] Arancha Bustillo, Expansión, 15-07-2013

sábado, 20 de julio de 2013

Detroit como símbolo

De nada ha servido, a la postre, el voluntarioso video de Clint Eastwood en el intermedio de la última Superbowl, en el que el actor, representando a la Chrysler, hacía un ejercicio de transmisión de ánimo y de voluntad de superación para sortear los negros nubarrones que se cernían sobre la que fue capital mundial de la industria automovilística.
Finalmente se ha sabido que la ciudad es la protagonista de la mayor bancarrota de un municipio en la historia de los Estados Unidos, con una deuda en sus cuentas públicas de unos 20.000 millones de dólares. ¿Sorpresa? Pues, la verdad es que no, toda vez que hace tiempo que ya circulaban por la red imágenes apocalípticas de instalaciones y edificios tristemente abandonados cuando no convertidos en ruinas; y no hablamos sólo de edificios industriales o de oficinas, sino de otros cuyo uso nada tenía que ver directamente con la actividad fabril, sino con la VIDA de sus habitantes, como teatros, terminales de comunicaciones e incluso iglesias.
La pregunta que surge, por tanto es la de si podía haberse evitado esta situación (que, dicho sea de paso, no es nueva; es más, entre nosotros ya conocemos más de un municipio de España que está en suspensión de pagos) Es cierto que el declive de la ciudad no es nuevo,y que, por poner una cifra comparativa, su población hace cincuenta años era de más de 2 millones de personas frente a las escasas 700.000 actuales. Y por ahí ya encontramos señales de alerta y de aprendizaje de futuro: el municipio se dejo arrastrar por esa insensata alegría que dominó hace unos años en el ámbito público y en el privado, basada en la nefasta idea de que el crecimiento era eterno y por consiguiente, el municipio entraba en una espiral de endeudamiento para disponer de unos servicios que, curiosamente, en esa espiral siempre resultaban tercermundistas, a unos precios impositivos desorbitados.
Huellas de viejo esplendor

Hay, con todo, un factor añadido que puede servir de reflexión a nuestros poderes públicos, tan necesitados últimamente de sentido común y mesura en sus decisiones, y es la diferencia que hay entre la bancarrota de una empresa privada y la de una pública.
Mientras que el primer caso se resuelve en último extremo mediante la liquidación de los bienes de la sociedad en fallida, quienes sufren las consecuencias de la segunda son, primero los funcionarios, objetivo de recortes de todo tipo "para equilibrar las cuentas municipales" y, en segundo lugar, los ciudadanos a través de la merma y/o encarecimiento de servicios.

Por eso, volviendo al principio, puede que el anuncio de Eastwood  haya sido eficaz para Chrysler (que no está en bancarrota) pero es todo un símbolo para pensar en Detroit

domingo, 14 de julio de 2013

De posibles escarmientos a futuro

Estos días, que ya son meses, nos seguimos desayunando con noticias, a cual más llamativa, en un crescendo del que no se ve el final sobre la corrupción que al parecer ha sido modus operandi de unos y otros amparados por una absoluta falta de rigor en los controles y una sensación de impunidad/inmunidad consentida en sus acciones.
El Gobierno, presuntamente atrapado en esta espiral de corrupción a niveles difícilmente creíbles quiere recuperar, dentro del proyecto de la Ley de Transparencia, y como reforma de la ley de prevención de blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo, una medida que él mismo desdeñó en su día, cual es fijar lo antes posible un control reforzado sobre más de 300.000 "personas con responsabilidad pública" (las equivalentes a las que la Directiva Europea conoce como "expuestas políticamente" (PEP). Estos nuevos controles permitirán a los sujetos obligados, particularmente a entidades financieras, notarios y registradores, enviar alertas tempranas al Servicio de Prevención del Blanqueo de Capitales (Sepblac), sobre los posibles movimientos bancarios sospechosos, operaciones de compraventa o creación de sociedades que no se corresponden con la actividad pública que realizan y pueden entrañar riesgo de blanqueo. Naturalmente, estos controles y procedimientos son similares a los que ahora se aplican a los no residentes que abren una cuenta bancaria y, sobre cuyos movimientos, siempre que se superen determinados parámetros que se consideren de riesgo, se envía un informe de inteligencia financiera al Sepblac, que, en su caso, lo hace llegar a la Policía y al Ministerio Fiscal.

En definitiva, el proyecto de reforma prevé que este control reforzado se aplique a aquellas personas que "desempeñen o hayan desempeñado funciones públicas importantes en territorio nacional, en estados miembros de la UE o terceros países, tales como el jefe de Estado, presidente del Gobierno, ministros u otros miembros del Ejecutivo y demás cargos de la Administración del Estado". En esta pequeña modificación semántica también se incluye a parlamentarios, magistrados del Tribunal Supremo y Constitucional, los consejeros del Tribunal de Cuentas y del Banco de España, embajadores y encargados de negocios, el alto personal militar de las Fuerzas Armadas y directores, directores adjuntos y miembros del consejo de administración de una organización internacional

Con estas medidas, el Gobierno rectifica públicamente su posición inicial cuando se discutió el contenido de la actual Ley 10/2010 y admite (las evidencias actuales lo exigen) que, por desgracia, los controles previstos para políticos extranjeros deben ser igual de rigurosos para los nacionales,

miércoles, 10 de julio de 2013

Sentires y querencias económico-deportivos

Se habla estos días de la paradoja que representa que en un deporte en el que España ostenta primacía mundial, como es el balonmano, haya trascendido la noticia de la desaparición, por motivos económicos, de uno de sus máximos y más reputados exponentes como es el Atlético de Madrid. Es cierto que la crisis ha afectado de forma importante al mundo del deporte y, por desgracia, son usuales los nombres de equipos punteros de diferentes disciplinas en temporadas recientes que hoy son historia. No es casual que la desaparición del equipo de balonmano coincida en el tiempo con la de otro de los grandes en fútbol sala, como es el Caja Segovia ("tocado" seguramente por el desenlace de la aventura financiera de su marca patrocinadora, hoy en la órbita de Bankia).

Mirando hacia atrás puede convenirse que estas situaciones estaban cantadas desde el momento que se echa en falta una ley de financiación, apoyo en su caso, y transparencia de gestión de entidades deportivas, desde el fútbol o baloncesto hasta otros deportes absolutamente minoritarios. No se entendería, de otra forma, que cada inicio de temporada haya quinielas en muchos deportes acerca de qué equipos han de perder la categoría por motivos económicos, y menos se entiende que se hable con total ligereza de que tal o cual formación tiene una deuda importante con Hacienda, con la Seguridad Social, con proveedores, con los propios jugadores, etc., mientras leemos a continuación la millonada que piensa gastarse esa misma formación en fichajes.

Lo que ya es historia

Y esa ley debe ser sensible y elástica con el diferente soporte popular del deporte de que se trate; volviendo al balonmano, el caso del Atlético de Madrid (que hace dos escasas temporadas fue tabla de salvación para el extinto y prestigioso Ciudad Real, y continuador, aún más atrás del antiguo Atlético y del Neptuno) no es el primero, sino el último hasta hoy de muchos otros que le han precedido en época reciente como el Altea, el Cantabria, el Torrevieja, el San Antonio....
Sólo con unas reglas claras del juego económico-fiscal puede sanearse nuestro deporte, Y solo con unas reglas claras pueden evitarse agravios como el permitir la desaparición por deudas de un equipo (el Logroñés, por ejemplo) a la vez que se "salva" a otro con una situación financiera igual de caótica mediante una operación urbanística cuya presunta ilegalidad aún colea años después.
Pero es más: esas reglas de juego pueden contribuir a luchar contra la eterna sospecha de que determinados personajes utilizan los club deportivos para operaciones oscuras ligadas al delito de blanqueo de capitales, además, naturalmente de para su enriquecimiento personal.