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miércoles, 15 de abril de 2015

Como un juguete roto



El refranero, tan sabio él, en tanto que recoge en sus sentencias siglos de sabiduría popular, nos deja a veces en una frase todo un tratado de psicología combinada con sociología, como por ejemplo en esa que merece tildarse de perogrullada, y que afirma que “las cosas son como son… hasta que dejan de serlo”. Sin duda. Por cierto que hay autores que atribuyen la expresión a Antonio Machado, y más concretamente a uno de sus ”complementarios”, Juan de Mairena. Personalmente no he encontrado en la obra del poeta nada que lo atestigüe, pero dicho queda.

Una de las particularidades de los refranes, y en este se confirma, es que suelen ser extrapolables a personas, cosas, situaciones (no hay mal que cien años dure, reafirmando el dicho desde otra óptica), instituciones, etc.

Y si no, veamos un ejemplo cercano de una institución, antaño (un antaño, además, cercano en el tiempo) modélica y llena de prestigio internacional y hoy sumida en un mar de dudas y con muchas de sus decisiones cuestionadas con argumentos de peso, como es el Banco de España. Porque no es noticia recordar que no hace tanto tiempo que el Banco de España se tomaba como ejemplo de rigor y acierto en muchos ámbitos, y no solo dentro de nuestro país.

Un par de ejemplos:
-          Aunque solo fuera para hacer de contrapeso ante el gigante estadounidense y su influencia, el Banco de España tenía un ascendiente indiscutible en los países de habla española de América. Si entramos al detalle, en el mundo oscuro del blanqueo de capitales en esas zonas, lo que decía el Sepblac[1], adscrito al Banco de España, era tomado casi como libro de cabecera de obligado cumplimiento.
-          Cuando el Banco de España obligó a instaurar en las entidades financieras las llamadas provisiones estadísticas[2], con gran rechazo de la banca, e incluso con denuncia ante los tribunales[3], esta idea fue asumida como uno de los fundamentos, y así se reconoció, por el Comité de Basilea[4] en los estudios para la elaboración de lo que después serían los sucesivos Acuerdos de Capital destinados a mejorar la solvencia de las entidades.

Hay más ejemplos, pero éstos ya son de por sí ilustrativos de una aureola de prestigio de la institución que, lamentablemente para todos, se ha ido al garete.

Ya en los sucesivos escándalos financiero/bancarios provocados/alimentados por la crisis, de alzaron voces (tratadas con sordina, de acuerdo) acusando al Banco de España de inacción e incluso de dejación de responsabilidades ante algún que otro desmán que se iba conociendo y que, al parecer, podía haberse evitado.

Vinieron después declaraciones que, en el mejor de los casos pueden calificarse de desafortunadas, en las que el Gobernador del Banco de España[5] se convertía poco menos que en portavoz del gobierno en la defensa de su política económica, abogando públicamente, entre otras cosas, por la reducción de sueldos (¿aún más?) de los trabajadores, el aplauso sin fisuras a la reforma (?) laboral, etc. hasta desembocar en la última declaración por ahora, en la que equipara la austeridad aplicada (que no es tal, sino recortes indiscriminados de servicios esenciales) al patriotismo, en una clara exhibición de ignorancia de lo que ha sido y es la mal llamada austeridad para la mayoría de la sociedad, ni el patriotismo. Naturalmente, es deseable que el gobierno coincida en sus objetivos de estabilidad con el Banco de España. Pero de ahí a que éste se convierta en portavoz de las controvertidas políticas del gobierno, a las que se acusa en diferentes foros nacionales y extranjeros de promover las desigualdades y no la estabilidad, que es un objetivo funcional del Banco de España, va un abismo.

Sin embargo, donde ha quedado más en entredicho el prestigio de la institución fuera de nuestras fronteras ha sido en su actuación ante el Banco de Madrid, salpicado por el tema de la Banca Privada d’Andorra, especialmente antes de que saltara a la luz pública la nota del FinCEN estadounidense sobre ésta con graves acusaciones sobre blanqueo de capitales. Para intentar parar la posible bola de nieve, el Banco de España ha publicado un comunicado en el que defiende su actuación en la entidad, de la que tomó control el pasado 10 de marzo.

Con tal nota, el Banco de España pretende mitigar la polémica de parte de los trabajadores y clientes del banco, quienes mantienen que la liquidación de Banco Madrid, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo y la afectación de los depósitos por encima de 100.000 euros, es consecuencia de la fuga de capitales que provocó precisamente la decisión de intervenirlo por parte del Banco de España, al que culpan de precipitarse y sobreactuar (¿para demostrar ante las autoridades de supervisión americanas un rigor que antes brilló por su ausencia?) y de no haber impuesto en el primer momento un corralito controlado, lo que habría evitado, precisamente, la fuga de depósitos que provocó con las medidas posteriores.

Para acabarlo de arreglar, hay malestar en las fuerzas de seguridad por la tardanza en actuar, tardanza que habría permitido destruir pruebas a los supuestos blanqueadores.

Para que cada uno pueda llegar a sus propias conclusiones, la lectura de la  Nota informativa sobre las actuaciones del Banco de España en relación con el Banco de Madrid puede dar alguna pista, aunque deba reconocerse que no es habitual que la entidad justifique sus actuaciones, y quede la duda de si lo hace ante terceros, como una especie de excusa, por la dimensión extrafronteriza del caso. Y queda en el aire la gran pregunta: si es cierto, como se ha dicho y no se ha desmentido, que la autoridad de supervisión conocía hace meses los manejos en el Banco de Madrid, ¿por qué no actuó? Es eso lo que hace pensar en un juguete roto.



[1] Servicio Ejecutivo de la Comisión para la prevención del blanqueo de capitales, Unidad de información financiera española en ese campo y el de la prevención de la financiación del terrorismo.
[2] Mediante la Circular 9/1999 de 17 diciembre, el Banco de España introduce las denominadas Provisiones Estadísticas o anti-cíclicas, con lo que, durante las fases expansivas de la economía cada entidad crediticia destinaría una cantidad de sus beneficios, en esos momentos más elevados, a un fondo de dotaciones destinado a atender los impagos que se produjeran en una posible crisis económica. El cálculo de estas provisiones anti-cíclicas se basaba en datos estadísticos (de ahí el nombre) particulares de cada entidad, en el concepto de pérdida esperada conforme a la experiencia registrada del pasado. El sistema de provisiones estadísticas actuaba de forma inversa al de provisiones reales por morosidad, el primero intervenía en periodos de crecimiento económico y el otro en periodos de recesión.
[3] El argumento de la denuncia es que las dotaciones anti-cíclicas no eran fiscalmente deducibles, dado que no se referían a un impago real, sino en previsión de él. Hay que decir que, actualmente, por medio de la Circular 4/2004, de 22 de diciembre, del Banco de España incorporó las coberturas genéricas en sustitución de las dotaciones estadísticas, las cuales si pueden deducirse fiscalmente.
[4] El Comité de Basilea o, con más propiedad, Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (BCBS, sigla de Basel Committee on Banking Supervision), es la organización mundial que reúne a las autoridades de supervisión bancaria; su función es fortalecer la solidez de los sistemas financieros.
[5] Institución independiente, por definición.

jueves, 19 de junio de 2014

De malo bueno a bueno malo (o viceversa)

Estos días, junto con los fastos de la abdicación de Juan Carlos y la coronación de Felipe, está mereciendo atención en los medios (con un menor tamaño en la tipografía empleada) el pequeño movimiento de tierra causado por las declaraciones del todavía presidente de la Unión Europea, Durao Barroso, poc o menos que acusando al Banco de España de incompetente por, a su juicio intentar el alcance real de la crisis en España y formar una capa protectora a la banca que finalmente, resultaría inútil.

No es ahora momento ni lugar para criticar o elogiar tales acusaciones, de las que, por otra parte, hay fundadas sospechas de que tienen un trasfondo de verdad, en el sentido de que el Banco de España no podía ignorar la situación real de nuestra economía ni de las entidades sujetas a su supervisión y que todo indica que equivocó la actuación en el intento de corregirla (o en la inacción de no hacerlo), máxime cuando el propio responsable actual de la Asociación Española de Banca (AEB), anteriormente ligado al Banco de España, admite que "algunas cosas no se hicieron bien" aunque deja ver que no sería correcto pedir responsabilidades (?).

Hay, sin embargo, dos pequeños detalles que no pueden pasarse por alto, como son el momento elegido por Durao Barroso para lanzar sus críticas y la reacción corporativa de los dirigentes de nuestros bancos.

Respecto a la primera cuestión, es llamativo que Durao lance sus invectivas cuando está a punto de dejar el cargo, y uno se pregunta ¿Por qué ahora? ¿Se ha enterado de golpe? Es difícil creer que no lo supiera antes, con toda probabilidad "in time", en el tiempo que estaba ocurriendo. ¿Por que no lo denunció? ¿Peligraba su cargo? ¿Hubiera contribuido o no a una solución efectiva?.... Se admiten apuestas.
¿Nubarrones?

En cuanto a la segunda, algunos presidentes de bancos elogian sin dudar la actuación del Banco de España y, curiosamente, citan como ejemplo demostrativo de su correcto proceder la implantación de las provisiones anticíclicas,m olvidando muchos otros detalles no tan evidentes ni tan positivos. Lo que ocurre es que citar, precisamente, las provisiones anticíclicas en los riesgos asumidos es demostrar cierta desmemoria ya que fueron establecidas por el Banco de España en 1999, cuando "España iba bien" y cuantos aconsejaban (aconsejábamos) prudencia y rigor eran tachados de peligrosos visionarios negativos. La implantación de tales provisiones provocó que la mayoría de entidades pusieran a bajar de un burro (educadamente, por supuesto) al entonces Gobernador de la institución Luis Ángel Rojo, si bien la idea de buscar un mantenimiento de solvencia de las entidades ajeno al día a día fue tomada con entusiasmo por los redactores de los sucesivos Acuerdos de Basilea y, con cierto debate jurídico previo, incorporado a estos documentos. Es decir, que el argumento que usan para defender la actuación del Banco de España es muy anterior al indicado por Durao Barroso y, curiosamente, rechazado enérgicamente por los mismos que lo defienden.

¿Política, economía, ética...? También apuestas sobre la mesa.

domingo, 15 de junio de 2014

Management real y antimanagement (?) oficial

Dicen los que saben de estas cosas que en las empresas es fundamental, aunque sólo sea para mantener la presencia en el mercado, tener la mente fría y no confundir nunca la realidad exterior con lo que, eventualmente, pueda pensar la empresa de SU realidad, Hay más de un ejemplo en el que se puede comprobar que persistir en trabajar con "realidades" desenfocadas, ilusorias o directamente falsas suele conducir a resultados muy diferentes del esperado, cuando no una debacle empresarial en toda regla.

En el gobierno de un país pasa algo parecido, y empeñarse en desdeñar la realidad con el pretexto de que lo único cierto es lo que el gobierno piensa no conduce a nada bueno, sobre todo si tenemos en cuenta que el objetivo del gobernante no es, como interpretan visiblemente algunos, perpetuarse en el poder, sino trabajar para solucionar los problemas del ciudadano. Ya sé, ya sé , que eso suena a tópico manido, pero un somero vistazo a algunas iniciativas oficiales no hace sino corroborarlo descarnadamente, y si no, veamos un par de reflexiones sobre la evidencia de estos dislates.

1.- La "número 2" del Ministerio de Cultura, Sra Gomendio, plantea sin despeinarse el cambio del sistema de becas para el acceso a la enseñanza por el de créditos al estudiante.
Después de releer varias veces la noticia para asegurarse de que es así, uno se queda dominado por el pasmo, y se le agolpan numerosas preguntas a hacerle a la tal Gomendio (y, seguramente, a su jefe, ya que no es creíble que en una iniciativa así sea autónoma).
-¿Qué entiende por cultura?
-¿Qué entiende por enseñanza?
-¿Quién cree que tiene derecho al acceso a la enseñanza?
-¿Qué es para usted una beca?
-¿Tiene idea de cómo está el mercado de trabajo en España? porque se supone que sabe que el pretendido crédito debería pagarse con el salario de un, hoy por hoy, más que improbable trabajo (ya se sabe eso que pregonan en sus filas de "movilidad exterior")
...y muchas más alineadas con el deseo de saber que los responsables del Ministerio, precisamente de cultura, no pueden considerarlo como un departamento donde se haya que buscar la rentabilidad económica sino la social y colectiva por el crecimiento de la formación y cultura de TODOS los ciudadanos, no sólo los pudientes.

2.- El Gobernador del Banco de España, Sr. Linde, ha sorprendido en la presentación del informe anual de la institución con su petición de que se aumente la tasa del IVA para cumplir con los datos a comunicar a las autoridades comunitarias. Ya se sabe que actualmente (desde 1999 con el sistema europeo de bancos centrales) la principal función del Banco de España es "Definir y ejecutar la política monetaria de la zona del euro, con el objeto de mantener la estabilidad de precios en el conjunto de dicha zona" y que, por lo tanto, se preocupe por que sus datos sean lo mas ajustados a los criterios comunitarios, pero, por una parte no es bueno que la entidad olvide en el análisis su papel de supervisor bancario en la asunción de su parte de responsabilidad de la situación actual y, por otra, equiparar esa estabilidad a una subida de impuestos, es, cuando menos, arriesgado. Porque, veamos:
-¿Quién puede asumir hoy alegremente una subida de impuestos? Hablo del ciudadano. claro, no de las clases dirigentes.
-¿Mejoraría el concepto de Europa sobre nosotros si se atacara realmente el fraude fiscal y se revisara el sistema impositivo para hacerlo más justo? A lo mejor no era necesario subir impuestos...
-¿De verdad cree. como dice, que un mayor IVA (posible menos consumo) facilitaría la contratación de trabajadores?
... y también muchas más, no por previsibles sobre estos temas menos importantes.


El problema es que estas opiniones-actitudes-decisiones no son casos aislados y responden a una preocupante forma de entender la realidad, sólo la que quiere ver el poder y la auténtica, como "no está en la agenda", no existe. En definitiva, todo indica que los poderes públicos tienen una percepción de la realidad que no coincide con la que se ve y se palpa en la calle, con lo que, a pesar de que sean impuestas con o sin oposición, las medidas que proponen van claramente en dirección contraria de la deseada, no sé si por el gobierno y sus acólitos pero sí por la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Una última refllexión: de todos es sabido que una empresa que desprecie sistemáticamente la realidad  en lugar de adaptarsde a ella cuando diseña su estrategia, está llamada a hundirse y desaparecer. Sin hacer analogías.

lunes, 21 de enero de 2013

Boletín nº 20 - Actuaciones erróneas ante la crisis

¿Vencedores o vencidos?

Judgment at Nuremberg es una película de los años sesenta del pasado siglo, dirigida por Stanley Kramer y magníficamente interpretada por, entre otros, Spencer Tracy, Burt Lancaster, Marlene Dietrich, Montgomery Clift y Maximilian Schell, todos ellos parte de la historia del cine. El argumento de la película no es otro sino la dramatización de los históricos juicios celebrados en la ciudad alemana de Nuremberg, quince años después de acabada la Segunda Guerra Mundial, en los que se pretende centrar el tema en establecer la posición de determinadas personas, en especial jueces que aplicaban las leyes nazis durante el Tercer Reich, subyaciendo el dilema histórico de la posible responsabilidad del pueblo alemán con respecto al Holocausto. El juicio que desarrolla la película está basado en el verídico «caso Katzenberger» en el cual un hombre judío fue acusado de «relación impropia» con una mujer aria y sentenciado a muerte en 1942.

El título de la película en España, de ¿Vencedores o vencidos?, resulta, cuando menos, chocante, cuando no claramente ambiguo y confuso[1]. Lo cierto es que, al final, la óptica de análisis de un problema siempre es la de los vencedores en la contienda, lo que no resulta ninguna novedad y  pudiera afirmarse que es consustancial con la condición humana. Y seguramente es así, no solo por el proverbio cierto de que “la Historia la escriben los vencedores”, como se puede comprobar mediante la simple comparación de la forma de explicar, sobre todo en textos oficiales, por ejemplo, la batalla de las Navas de Tolosa desde el punto de vista musulmán y cristiano, o la batalla de Aljubarrota en libros portugueses o españoles, o visitando la Bretaña francesa, en la que el para nosotros histórico traidor Beltrán Duguesclin (ya sabéis, aquello de “ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor” para facilitar la eliminación del rey contrario al que le pagaba) es un auténtico ídolo, o, más recientemente, el observar los quebraderos de cabeza (auténticos y prolongados en el tiempo) que ha causado intentar definir el terrorismo ya que la consideración de terrorista o héroe depende de a favor de quién acabe el conflicto de que se trate.

Incluso en ámbitos aparentemente tan inocentes como el deportivo se cumple esta norma, de forma que, cuando un equipo gana, todo se le permite o perdona, mientras que cuando pierde, todo son críticas. Es la plasmación juiciosa que ha manifestado un jugador del Futbol Club Barcelona cuando un periodista (pseudo periodista, sin duda, a la busca de un titular truculento) le ha preguntado su opinión acerca de las dudas que está generando la actuación del entrenador del Real Madrid en la actual campaña. La respuesta ha sido simplemente que “Él siempre ha sido así. Sois vosotros, los periodistas, quienes, cuando ganaba su equipo, ensalzabais todos sus actos, aún los claramente sancionables, mientras que ahora, que no gana, ponéis en tela de juicio todo lo que hace”.
Lo dicho, ¿vencedores o vencidos? Es la misma actuación, pero…

Las decisiones formales ante la crisis

Recientemente se han levantado voces desde diferentes sectores que o bien cuestionan la actuación del Banco de España sobre todo en los albores de la crisis o, directamente, exigen determinar responsabilidades sobre las consecuencias de estas acciones o, según se mire, esta inacción.

De entrada, nuevamente se cumple aquello de que cuando “España va bien”, nadie se preocupa por saber si, además, también todo “se hace bien”, y es cuando las cosas resultan rematadamente mal cuando se echa la vista atrás, aunque, no nos engañemos, no siempre con la voluntad de saber qué falló realmente para corregirlo, sino para identificar en quién cargar el mochuelo…. hasta la próxima. Ya decía Ortega y Gasset que “España y yo somos así, señora” y cuando ocurren estas situaciones, la política, los eternos vencedores y vencidos, marcan la pauta de lo que se investiga o no y, eventualmente, lo que se aprovecha como enseñanza de lo investigado. Conviene, entonces realizar la reflexión sin sesgos partidistas, sin dejarse llevar por elementos que no sean propios del análisis estricto.

Para llegar a conclusiones válidas sobre las enseñanzas que pueden obtenerse con el análisis de hechos pasados, hemos de partir de la premisa de que se pensó que las decisiones que se tomaron fueron las adecuadas y éticas en cada momento, ya que, en caso contrario, la decisión errónea tomada a conciencia no suele hacer sino producir resultados adversos, y estas situaciones sí que se advierten en el momento en que se toma la decisión. Un ejemplo actual que confirma esta afirmación: en un banco al que se han destinado importantes ayudas públicas y en el que se está investigando vía judicial la gestión de sus dirigentes en el pasado inmediato, se está manteniendo en las oficinas la exigencia del mismo porcentaje de crecimiento en el mercado que tenían como objetivo cuando las cosas “iban bien”. Sin entrar a valoraciones detalladas, ésta aparece como una de las situaciones citadas en las que ya puede verse que no es la decisión adecuada al momento, por varias razones perceptibles incluso para un observador externo:

- la actividad bancaria se basa en la confianza, que en este caso está en entredicho.
- la clientela de entidades como la citada (la misma, en líneas generales, a la que se están ofreciendo continuamente nuevos productos) está públicamente esperando respuesta a sus reclamaciones en cuanto a productos inapropiados que les han ocasionado quebrantos de importancia.
- la situación del mercado financiero ha cambiado, tanto para las propias entidades como para la ciudadanía en general
- las posibilidades de ahorro de las familias, en general, han caído en picado.

En ese contexto, sólo a quien desconoce la realidad se le ocurre mantener los objetivos sin tener en cuenta ese cambio. Pero hay otro factor que abona la idea de que estas actitudes son inapropiadas, y es la codicia de algunos directivos, y su propensión a usar como herramienta de presión la consecución de estos objetivos y ligarla al mantenimiento del puesto de trabajo en momentos difíciles como los actuales, en una obscena ceremonia en la que se valora, no la validez del empleado ni la eficacia de su desempeño sino, simplemente, las cifras de venta alcanzadas, que no son ni siquiera totales, sino del/de los producto/s en campaña en ese momento. Quizá pueda pensarse que es excesivo, pero en estas actitudes puede reconocerse la teoría criminológica de Edwin Sutherland[2] ya que, a través de “formación interna”, los empleados aprenden técnicas de venta de productos en las que se incluye la justificación comercial de su bondad, es decir, por qué la competencia entre entidades, de la que se dice que sólo sobreviven las que se adapten a los mercados, exige vender, por ejemplo, preferentes, y se supeditan los ascensos, o el simple mantenimiento del puesto de trabajo, al cumplimiento de objetivos, en un ritual que suele ser público y periódico, premiando a las oficinas que más venden lo ordenado[3].

El caso del Banco de España, sin embargo, debe analizarse en otro contexto, del que no es ajeno el momento global en que, en teoría de Greenspan (ayer endiosado y hoy vilipendiado con igual fuerza), no era necesaria una vigilancia y supervisión estrictas ya que los mercados tendían a autorregularse.
Solamente bajo esa óptica, y sobre la evidencia de que la entidad tiene un fuerte sesgo político en su actuación (el gobernador del Banco de España, en teoría autónomo en su gestión, suele ser nombrado por el gobierno de turno), puede entenderse que en mayo de 2006, antes, como se ve, del inicio de la crisis, un número importante de inspectores de la Institución remitiera al Ministro de Hacienda Pedro Solbes (PSOE) una carta en la que criticaban la actuación del gobernador Jaime Caruana (PP) con, entre otros, los siguientes argumentos: “Los inspectores del Banco de España no compartimos la complaciente actitud del gobernador ante la creciente acumulación de riesgos en el sistema bancario, derivados de la anómala evolución del mercado inmobiliario nacional durante sus seis años de mandato….. Sólo su pasividad explica… que no se pusiera freno a los crecimientos del crédito que considere inadecuados”, basado todo ello en el criterio de que “El Banco de España cuenta con los medios normativos necesarios para ello”. A la vista del contenido, fundamentos técnicos y procedencia de esta carta cuesta creer que el nuevo gobernador Miguel Ángel Fernández, nombrado dos meses después por el PSOE, tampoco pusiera en marcha ninguna iniciativa en el sentido denunciado.
Parece poder afirmarse, pues, que se tomaron decisiones erróneas, habida cuenta de que la denuncia de los inspectores reflejaba una realidad ante la que hubo una inacción manifiesta. Aún en la distancia del tiempo transcurrido no acaba de entenderse cómo se permitió llegar a ese punto que podría calificarse como de no retorno y cómo se aplicaron finalmente soluciones inadecuadas.

En la generación anunciada de una situación de dificultad, España proclamaba que las cajas de ahorro eran la columna vertebral del sistema financiero, tanto por su vertiente financiera como por la obra social que mantenían. Prueba de ello era su inveterada voluntad de financiar el acceso a la vivienda de los particulares. Hay que señalar en este punto que esta voluntad de financiación a la vivienda particular por parte de las cajas se adulteró cuando también se empezaron a financiar a promotores: efectivamente debe distinguirse una operación de la otra, pese a que ambas son del mercado inmobiliario e influenciadas por la insensata euforia del momento, toda vez que en la financiación a la compra de una vivienda, el titular del crédito defiende su vivienda, cuya adquisición suele ser de primera necesidad para él mientras que en la financiación de una promoción, el titular del crédito defiende un negocio puramente mercantil, representado generalmente por una sociedad. Cuando estalla la burbuja inmobiliaria se pone de manifiesto que la inversión en el segundo sector de clientes comporta un riesgo mucho mayor que la inversión en el primer sector[4], lo que comportó serias dificultades para la mayoría de las cajas, de mayor o menor importancia en función de su agresividad previa, y hay que decir que con cierto disimulado regocijo de los bancos, que de esta forma “se resarcían” de los efectos de la crisis bancaria de 1974/1984 por la que las cajas les arrebataron una cifra importante de cuota de mercado.

Con este escenario se antoja como no muy acertado el no saber valorar la dimensión de la crisis que se avecinaba, particularmente cuando en 2008 se produce la quiebra de Lehman Brothers y, a su rebufo, la nacionalización parcial o total de grandes entidades financieras, no solo norteamericanas sino  también italianas, holandesas, británicas, belgas, alemanas o irlandesas. Sin dejarse influenciar por esta cadena casi coordinada de reacciones, el gobierno español continua proclamando ingenuamente que el sistema financiero español es de los más sólidos de Europa y, por lo tanto, casi inmune a la crisis. Este criterio “escaparate” cambia radicalmente cuando el Financial Times se hace eco en su primera página de la intervención por el Banco de España de la Caja Castilla-La Mancha y, para demostrar ante los ojos del exterior que se controla la situación de las entidades financieras españolas, se apuesta entonces apresuradamente por la solución de alentar las fusiones de cajas (de repente, las “malas de la película”) para ganar volumen y afrontar mejor la crisis, olvidando algo tan simple como que lo que marca la diferencia no es el volumen, sino la gestión y que la suma de dos o más entidades con problemas no es el equilibrio sino la suma de problemas.
Esta política, errónea ya cuando se planteó, propició el nacimiento de nuevas entidades que, en lugar de ganar, mostraban mucha mayor flaqueza al sumar las carencias de cada una de las componentes; si además se suman los aspectos políticos de las luchas por mantener las cuotas de poder en cada una de las fusiones de entidades de diferentes comunidades, no es difícil deducir que la solución de las fusiones contribuyó claramente a la ceremonia de la confusión y al caos económico en que se convirtió el proceso.

A estas alturas no parece necesario, aunque sí conveniente, recordar que, posiblemente, el mantenimiento del criterio de calidad de gestión por encima del volumen, podía haber permitido acciones y soluciones diferentes. En ese sentido no puede olvidarse que, con la excepción de la Caixa, Unicaja y el conglomerado de cajas vascas, debería de tomarse muy en consideración el ejemplo de las dos únicas cajas que han permanecido casi indemnes en el naufragio general, y no precisamente por su volumen de negocio sino por su estilo de gestión: la Caixa de Ontinyent (no debe ser casual que mantenga su logo de “la caja de las comarcas”) y Colonya, Caixa de Pollença.

Para acabar de redondear la cuestionabilidad de las decisiones de las autoridades financieras españolas en la crisis, cuando a mediados de 2010 la European Bank Authority pidió a los bancos centrales de los países miembros que sometieran a una prueba de resistencia a las entidades que representaran más del 50 % del sistema financiero del país (Santander, BBVA, la Caixa y Popular en nuestro caso), y el Banco de España, en actitud, sin duda, quijotesca pero difícil de entender conociendo los problemas de solvencia que iban apareciendo en los movimientos que se estaban produciendo entre las entidades, anunció que TODAS las entidades se sometieran a las pruebas. La publicación de los resultados de esos stress tests en el Financial Times, nuevamente en la portada, en la que se daba cuenta que no habían superado la prueba siete entidades bancarias europeas de las que cinco eran españolas, provocó un nuevo cataclismo, y el hecho de que de esas entidades con problemas dos fueran producto de fusiones, ni ayudaba a resolver el problema de credibilidad de la eficacia de las soluciones propuestas ni justificaba su inclusión en las pruebas.

Los hechos posteriores son demasiado recientes como para incluirlos en este análisis, pese a su relevancia: adjudicación de Unnim al BBVA, el escándalo de Bankia,  la adjudicación de la CAM al Banc de Sabadell, la adquisición de Banco de Valencia por la Caixa, etc.
Lo realmente importante es ver la repercusión de unas decisiones tomadas en momentos en los que ya se percibe que no son las adecuadas y cuando los criterios para hacerlo están viciados con elementos ajenos (en estos casos) a la economía.


[1] Algunas fuentes sostienen respecto del título en España (que no en la América de habla hispana, donde se mantuvo El juicio de Nuremberg) que, como Franco había sido aliado de los alemanes, y estos bombardearon y probaron sus armas en nuestro país durante la Guerra Civil, como está ampliamente informado y reconocido, se vieron obligados a poner un título ambiguo que jugando con alguna de las ideas de la película diera a entender que efectivamente aunque los alemanes habían sido vencidos, los americanos terminarían por darse cuenta de que tenían razón en su lucha contra el comunismo. En todo caso, el título para España es un eufemismo que trata de ocultar la verdadera dimensión ética de esta película.

[2] Edwin H. Sutherland (1883-1950), sociólogo americano, considerado como uno de los criminólogos más influyentes del siglo XX. Muy conocido por la definición de "asociación diferencial", que es una teoría general del delito y la delincuencia que explica cómo los marginados han llegado a aprender las motivaciones y los conocimientos técnicos para cometer actividades criminales de forma que el comportamiento se halla completamente modelado, en un proceso que atraviesa todas las biografías, por las experiencias adquiridas mediante procesos de enculturación permanentes.

[3] Conozco el caso muy cercano de un director de oficina bancaria que, en la época de las “primas únicas” (debe explicarse a las nuevas generaciones que era éste un producto que, merced a una laguna legal subsanable de interpretación de la Norma se ofrecía como opaco cuando no lo era), se negó a venderlo porque el producto no era como se decía, lo que le produjo incontables problemas con sus superiores. Cuando Hacienda solicitó las listas de titulares, se produjo un terremoto en todas las entidades que habían comercializado el producto… y el director que hemos citado recibió una felicitación pública del Director General de la entidad por el resultado de su actitud.

[4] No deja de resultar chocante hoy, seis años después del inicio de la crisis, que se sigan cargando las tintas sobre los impagados de las hipotecas de particulares, criminalizándolos por la situación de las entidades, cuando los porcentajes de impago de las promociones inmobiliarias triplican los de particulares.