martes, 30 de abril de 2013

¿Y cuando la política de austeridad se basa en un error de cálculo?

Llama la atención el poco eco mediático que suelen tener noticias que van a contracorriente de las tendencias y decisiones políticas, aún cuando esas noticias estén debidamente documentadas. Y llama la atención en particular porque, cuando existe la opción de admitir un error y obrar en consecuencia , nuestros representantes políticos se enrocan en el castellano "sostenella y no enmendalla" aplicando sordina y desdén hasta que se olvida el asunto, cubierto por sucesivas capas hediondas de novedades suministradas por la actualidad cotidiana.
Digo esto porque hace unos días se hizo público que las políticas de austeridad a ultranza aplicadas por los gobiernos de medio mundo se basaban en unos cálculos e hipótesis mantenidas por los reconocidos economistas de la Universidad de Harvard vinculados anteriormente al FMI Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff  en el artículo publicado en 2010 con el nombre de Growth in a time of debt (Crecimiento en época de endeudamiento,cuyo original en inglés puede leerse clicando aquí), que pretendía identificar un umbral crítico, un punto de inflexión, para la deuda pública de forma que una vez que la deuda supera el 90% del producto interior bruto, afirmaban, el crecimiento económico cae en picado.(hay que decir que el prestigio y credibilidad de los autores no es casual y fruto de esta hipótesis, sino que les viene por la publicación de estudios anteriores como el celebrado This time is different. Eight centuries of financial folly (Esta vez es distinto. Ocho siglos de necedad financiera), de 2009 sobre la evolución de las sucesivas crisis económicas).
Pues bien, esta hipótesis, acogida de manera entusiasta por los dirigentes económicos de los países azotados por la crisis como receta indiscutible, se ha demostrado errónea en su cálculo y en las consecuencias que comporta. Técnicamente, Reinhart y Rogoff ha tenido que reconocer después de permitir que otros expertos analizaran sus cálculos que en ellos habían omitido algunos datos, que emplearon unos procedimientos estadísticos poco habituales y muy cuestionables y que sí, cometieron un error de codificación de Excel. Corrigiendo estos errores se llega al resultado que otros investigadores han descubierto: cierta correlación entre la deuda elevada y el crecimiento lento, sin nada que indique cuál de ellos causa qué, pero sin rastro alguno de ese umbral del 90%. Son muchos los economista que han señalado que una correlación negativa entre la deuda y el comportamiento económico no significaba necesariamente que la deuda elevada fuese la causa de un crecimiento lento y que podría ocurrir perfectamente lo contrario, que el mal comportamiento económico condujese a una deuda elevada. De hecho, este es evidentemente el caso de Japón, que se endeudó enormemente después de que su crecimiento se hundiese a principio de los noventa.
Pero, en cualquier caso, lo que realmente importa no es lo que quisieron decir, sino el modo en que se ha interpretado su trabajo: los entusiastas de la austeridad anunciaron a bombo y platillo que ese supuesto punto de inflexión del 90% era un hecho probado y un motivo para recortar drásticamente el gasto público incluso con un paro elevadísimo.

Por eso debemos situar el fiasco de Reinhart y Rogoff en el contexto más amplio de la obsesión por la austeridad, por el evidentemente intenso deseo de los legisladores, políticos y expertos de casi todo el mundo occidental de, por ejemplo, dar la espalda a los parados y, en cambio, usar la crisis económica como excusa para reducir drásticamente los programas sociales.


Lo que pone de manifiesto el asunto de Reinhart y Rogoff es la medida en que se nos ha vendido la austeridad con pretextos falsos. Durante tres años, el giro hacia la austeridad se nos ha presentado no como una opción sino como una necesidad. Los defensores de la austeridad como único camino para la recuperación afirman que las investigaciones económicas han demostrado que cuando la deuda supera el 90% del PIB, es la antesala del apocalipsis. Pero no es exactamente así: un par de economistas hicieron esa afirmación, mientras que muchos otros no estuvieron de acuerdo. Los responsables políticos han abandonado a los parados y han recortado programas sociales tomando la senda de la austeridad porque quisieron, no porque tuviesen que hacerlo.

Siguiendo este criterio, y en palabras del premio Nobel crítico con el sistema Paul Krugman, "los sospechosos habituales simplemente encontrarán algún otro análisis económico cuestionable que canonizar, y la depresión no terminará nunca"

jueves, 25 de abril de 2013

El "bitcoin", ¿nueva burbuja?

En momentos en que empiezan a perderse las referencias de valor de los patrones tradicionales y el miedo acecha en cualquier ámbito, surge, como de la nada, el asidero de los mundos virtuales que, con el beneplácito de una sociedad confusa crecen desorbitadamente sin que nadie sepa exactamente ni el origen ni el funcionamiento ni la utilidad final. Así ha nacido el "bitcoin", que podría traducirse como "moneda electrónica" o "ciberdivisa" y que se entiende como forma prometedora de efectivo electrónico, fuera del control de los bancos centrales y muy bien visto por los hackers, que generó enormes expectativas en su nacimiento en 2009, pero que podría enfrentar enormes problemas y tiene nerviosos a los especuladores.

Para profesionales con conocimientos de tecnología, fanáticos de las divisas y especuladores de la Internet, bitcoin era una gran promesa, creada, distribuida y autenticada sin la intervención de bancos ni gobiernos. Sus características criptográficas, además, hacen que resulte prácticamente imposible falsificarla y el relativo anonimato de su uso permite su flujo por Internet sin temor a interferencias de censores ni reguladores.
En medio de la crisis europea de divisas, un creciente número de empresas dijeron que aceptaban bitcoins para determinados bienes y servicios, lo que provocó la subida del valor del bitcoin hasta más de 250 dólares.Pronto, no obstante, se vino todo abajo. y la pasada semana, según bitcoincharts.com, que observa las transacciones por Internet, el precio del bitcoin cotizaba a 40 dólares, lo que hizo que los expertos se preguntaran si la divisa puede sobrevivir a todos estos vaivenes feroces.

 Un elemento clave en el uso de esta divisa es un volumen y conexión de usuarios que permiten a la red de bitcoin contar con la capacidad procesadora necesaria para mantener una operación transparente y continua. (Estos usuarios son compensados periódicamente con bitcoins nuevos).
Los criptógrafos discuten acerca de si el bitcoin está bien diseñado, pero lo que realmente cuenta es si puede ser usado para comprar cualquier cosa, y los datos demuestran que muchos comercios los están aceptando para vender medicinas, música, artículos de consumo e incluso coches.

Es llamativa en ese punto la experiencia que un programador argentino relató a Associated Press sobre cómo cambió bitcoins por dólares a una pareja de turistas australianos que querían dinero con la cotización del mercado paralelo, pero sin  tener que ir a una “cueva” de cambistas ilegales para obtenerlo. El programador, por su parte, quería más bitcoins para proteger a sus ahorros de la inflación que hay en Argentina.
Símbolo de la nueva moneda cibernética

Pero no todo es tan limpio en los bitcoins: uno de los destinos más llamativos de los bitcoins es un portal en el que traficantes de droga anuncian sus productos en un ambiente "relajado" similar al de Amazon o eBay, con carrito para las compras incluido y la posibilidad de hacer comentarios sobre el servicio y de leer los que han hecho otros. El sitio usa una red que permite el anonimato, para ocultar la ubicación de sus servidores, y los pagos con bitcoins hacen que no haya nada escrito.
No son éstos usuarios, por otra parte, los únicos interesados en los bitcoins. Los hackers de una campaña para distorsionar el tráfico online en 2011 recibieron miles de dólares en bitcoins tras prometer a sus partidarios que el dinero sería usado para lanzar ataques cibernéticos al FBI.

Y precisamente un informe de ese organismo (aunque hay dudas sobre su autoría) y que fue filtrado por Internet el año pasado decía que “dado que el bitcoin no tiene una autoridad centralizada, detectar actividades sospechosas, identificar a sus usuarios y obtener registros de transacciones resulta problemático para las  autoridades” y añade que la red podría transformarse en “una herramienta útil para actividades ilegales que trascienden el mundo cibernético”, como la pornografía infantil, al tráfico de drogas y el terrorismo.

lunes, 22 de abril de 2013

Cuestiones incómodas sobre temas muy serios

Siempre se han tomado los daños colaterales (en particular los referidos a conflictos bélicos) como algo que debe minimizarse en lo posible y, frecuentemente, como algo inevitable pero no deseado.
En los tiempos que corren, en los que nuestra cotidianeidad está presidida por dos problemas de gran alcance social y de solución compleja como son los desahucios y  las participaciones preferentes (sin olvidar por eso otras lacras como el paro, la corrupción, la desconfianza hacia la clase política, los recortes de nunca acabar, etc.) también debe reflexionarse sobre aspectos, en general poco aireados, pero que existen y que dan una nueva dimensión a algunos protagonistas de estos problemas generales, dominados por una cierta forma de picaresca carpetovetónica.

Por lo que se refiere al problema de los desahucios, respecto del que desde estas mismas páginas venimos abogando por la necesidad de revisar seria y serenamente la actual Ley Hipotecaria  como única solución válida y duradera a través de la definición de un marco de actuación justo para todas las partes intervinientes., la simplificación lleva a no tener en cuenta evidencias de actuaciones, minoritarias sin duda, que, sin embargo, deben abordarse:

1.- Es innegable que las entidades financieras han hecho barbaridades en el estudio (?) y concesión de préstamos hipotecarios, incluyendo en ellas las "indicaciones" interesadas del valor de la garantía a consignar por los peritos "independientes". Sin embargo, no por ello debe eludirse la responsabilidad del peticionario que se ha embarcado, y ha embarcado a avalistas de buena fe aunque incautos, en financiaciones de un importe tal que sabía que un simple constipado le impediría atender las amortizaciones. Otra cosa es que, en la mayoría de ocasiones, la aparición del fantasma del paro ha precipitado la situación adversa, pero debe admitirse que un porcentaje no despreciable de incumplidos lo son de préstamos asumidos ya de inicio por un importe por encima de razonables posibilidades de devolución con lo que, lamentablemente, ni con la dación se puede arreglar. Lo triste de estos casos es que, su existencia alimenta la verborrea incontinente de algunos/as políticos/as que exhiben su ignorancia mediante ataques pseudo políticos a todo lo que se mueve y se aparte de la consigna de su partido.
2.- No es cierto que las entidades, o al menos, no todas las entidades, se precipiten a ejecutar los préstamos en cuanto entran en mora. La realidad es que, mientras hay un resquicio para negociar, incluso planteando daciones de pago en algunos casos, se negocia. Siempre se producen ocasiones extremas, naturalmente, pero no debe generalizarse porque no sería correcto. Y no porque las sucesivas chapuzas legislativas del gobierno hayan indicado que sea así, sino porque es voluntad inveterada de la banca el que lo sea (cabe recordar en este punto que las cifras estadísticas de las daciones en pago acordadas atendiendo el RD gubernamental son ridículas mientras que las cifras reales totales de dación son estimables)

En lo tocante al problema de la estafa generalizada de las participaciones preferentes (con ese u otro nombre comercial) y, a pesar de las declaraciones no desmentidas de algún muy alto cargo de una entidad en el sentido de que se habían comercializado correctamente, también se han producido casos que merecen reflexión:
1.- Es posible que, de haber permitido la UE el tratamiento que las entidades prevían de estos instrumentos financieros, el alcance del problema hubiese sido menor, lo que no es disculpa par la banca , que ya sabía que esas participaciones debían tratarse como lo que eran, capital, aportado en teoría por accionistas y sujeto, por tanto, a fluctuaciones de valor.
2.- No todos los compradores de preferentes fueron engañados. Debe admitirse la existencia, seguramente poco significativa, de clientes afectados por el "síndrome Sofico" (o Fidecaya, o Forum Filatélico, o...), es decir, dispuestos a asumir riesgos por "un cuartillo más" pese a las advertencias de sus asesores. Y, lo que es grave, muchos de estos asesores, presionados por sus superiores jerárquicos, ni conocían las características ni los riesgos que comportaban tales productos. Como se mencionaba en los desahucios, son estas minorías las que permiten declaraciones extemporáneas de políticos/as avezados en seguir la disciplina de partido pero desconocedores de la realidad social.



Sin embargo, hay que dejar bien claro que estas reflexiones en ningún momento pueden interpretarse como que los problemas que las originan deban tomarse con ligereza. Soluciones YA, antes de que escapen de control y aumente el nivel de gravedad de la conflictividad aparejada

miércoles, 17 de abril de 2013

El sainete del fin de los paraísos fiscales

Cuando la semana pasada se supo que la reunión de los ministros de economía de los países de la UE se había cerrado con un rotundo fracaso en sus aspiraciones de llegar a un acuerdo en la adopción de estrategias comunes de crecimiento para salir de la crisis, alguien pensó que convenía sacar a pasear, como contrapunto, el espantajo de la "firme voluntad" de establecer políticas encaminadas a acabar con los paraísos fiscales ya que, según cifras que, al parecer, se manejaron, se escapan del control fiscal en la UE por ese concepto, del orden de 1 billón (con "b" de burrada) de euros.

Por cierto, no consta la reacción ante esa "voluntad decidida" de los representantes, por ejemplo, del Reino Unido o los Países Bajos, ambos con territorios de ultramar que son conocidos refugios financieros. ¿O quizá, simplemente, les dio la risa tonta en el momento de publicarse la declaración?

Es curioso que haya coincidencia temporal entre el hecho expuesto y la divulgación del resultado de una documentada investigación realizada por el Consorcio internacional de periodistas de investigación (International Consortium of Investigative Journalist - ICIJ) en la que, tras quince meses de rastrear sólo 10 de los paraísos fiscales conocidos como Singapur, islas Cook o islas Virgenes, están en condiciones de demostrar la relación financiera con esos territorios de personas de 170 países. Como dato, se señalan más de 122.000 empresas offshore instrumentales, 12.000 intermediarios  y casi 130.000 registros sobre esas personas.
En lo que respecta a España, ha tenido repercusión la inclusión en la lista, junto a un centenar de personas más, de la baronesa y mecenas Carmen Thyssen-Bornemisza, que aparece en los documentos por una empresa de las Islas Cook a través de la que compra obras de arte a casas de subastas como Sotheby's y Christie's, como hizo con 'Molino de agua en Gennep' de Van Gogh. En el caso de la baronesa, y aunque esta estructura le permite obtener ventajas fiscales, su abogado ha explicado que utiliza los paraísos porque dan "máxima flexibilidad" para intermediar en la compra de obras.

Watermill at Gennep by Vincent Van Gogh
Molino de agua en Gennep, de Vincent Van Gogh.

Además de las operaciones perfectamente legales, la investigación descubre cómo las ventajas del  mundo 'offshore' permite prácticas delictivas como fraude y evasión fiscal, que a su vez son germen potencial de la corrupción política. En definitiva, se trata de grandes sumas de dinero fuera del control público de los gobierno. Lo escandaloso de todo ello es que muchos de los bancos más importantes del mundo han trabajado de forma agresiva para proveer  a sus clientes de empresas en paraísos financieros. En todos los casos, contaron con la inestimable colaboración de firmas especializadas en la creación llave en mano de vehículos offshore, cuya base de datos forma parte del trabajo de investigación abordado por el ICIJ.
Una industria bien pagada de asesores, contables, intermediarios y otros ha ayudado a ocultar las identidades y los intereses de negocio proveyendo refugio en muchos casos para el blanqueo de capitales y otras conductas irregulares. Se han puesto de manifiesto casos reales de administradores y abogados suizos que ayudaron a clientes de todo el mundo a crear las empresas extranjeras y fideicomisos con el fin de evadir impuestos o de ocultar bienes a unos herederos demasiado ambiciosos.

Y llega el tercer acto del sainete al coincidir también ambos sucesos con el juicio por la petición de extradición efectuada por las autoridades suizas (!) a la Justicia española del ciudadano que "filtró" un listado con 130.000 clientes de la banca transalpina que, rápidamente fue adquirido por Alemania, Francia y otros paises (se dice que permitió también al fisco español echar el guante a algunos contribuyentes "despistados").
Sin entrar en consideraciones jurídicas de la extradición, la primera pregunta que a uno se le ocurre es: ¿se quiere de verdad luchar contra los paraísos fiscales o es simplemente un tema que se saca a colación para dar un titular periodístico pomposo y nada más?

"Estemos atentos a la programación"

lunes, 8 de abril de 2013

Boletín nº 23: ¿Qué vende una entidad financiera?



EL CUENTO DE LA LECHERA

Poco podía imaginarse Esopo, uno de los más conocidos fabulistas de la antigua Grecia, que su obra tendría tantas adaptaciones y enfoques diferentes a lo largo del tiempo. Y eso no tiene por qué ser malo: es síntoma de que sus fábulas pueden adaptarse a la realidad de cada momento. Es diferente de los cuentos de Perrault o de los hermanos Grimm, que aparte del cambio de envoltorio estético o temporal, poco puede cambiarse porque ya llevan la moraleja inducida.

En una muestra más de que, no sólo las parábolas o las metáforas, sino también las normas que inspiran algunas de esas parábolas, son cambiantes, comparemos, os invito a comparar dos “versiones” de un mismo cuento, con conclusiones radicalmente diferentes. Ambas narraciones propuestas se basan en el archiconocido cuento de la lechera; la primera es la que nos ofrece el escritor Víctor González[1] y que dice así:

La lechera iba camino del mercado, con el consabido cántaro de leche en precario equilibrio sobre su cabeza. Este principio es bien conocido.
Mientras caminaba iba soñando y hablando en voz alta, haciendo planes para el futuro:
-Con el dinero de la venta de la leche compraré una segunda vaca, así tendré más leche para vender y ganaré más dinero. De ese modo podré comprar una tercera vaca, y después una cuarta y una quinta... y así sucesivamente hasta hacerme rica. Un día, en lugar de una vaca, me compraré una villa en Niza y me retiraré a descansar y disfrutar de mi dinero.
En principio, nada que objetar. Visto así no parecía un mal plan. Sin embargo, la lechera, abstraída en sus pensamientos, tropezó con un tejón que cruzaba por allí y casi se le cae el cántaro al suelo. Por suerte eso no ocurrió, pero a partir de ese momento dejó de darle a la cabeza y fue mucho más atenta al camino.
Llegados a este punto del cuento conviene señalar que la lechera era una mujer muy fuerte, su vaca era buenísima y el cántaro contenía cien mil litros de leche. Una lechera normal no podría con tanto peso.
En cuanto estuvo instalada en el mercado empezó a vender leche. Aunque no tenía conocimientos de marketing ni sabía nada de fluctuaciones del mercado, oferta, demanda y todo eso, tuvo la rara ocurrencia de ponerle a la leche un precio exageradamente alto: cien euros por litro.
Sus colegas lecheras comentaban:
-Esmeralda está loca. ¿Quién va a pagar esa barbaridad por un litro de leche? Nadie.
Pero ella no hizo caso y se limitó a esperar confiadamente. Cuando la gente llegaba a su puesto y veía el precio de la leche se decía:
-Esta leche tiene que ser extraordinaria. De otro modo no podría valer tanto.
Y todos compraban al menos un cuartillo, aunque solo fuera para probarla.
Se corrió la voz. Algunos millonarios caprichosos le compraron varios cientos de litros y, a media mañana, un afamado fabricante de quesos se llevó toda la que le quedaba.
Esmeralda se puso a hacer cuentas. Había vendido los cien mil litros, a cien euros por litro, total diez millones de euros. No estaba nada mal para una sola mañana.
Con aquel dinero montó una gigantesca instalación agropecuaria de última generación, con ordeñadoras automáticas y todo. Incluso tenía su propio lacteoducto con el que enviaba la leche directamente a los supermercados de todo el mundo.
Al final no se compró la villa de Niza, sino en Saint Tropez que le pareció más chic. Y allí vivió feliz hasta el final de sus días.

La segunda propuesta es una adaptación algo más antigua, del siglo XIII, y se la debemos al Infante Don Juan Manuel, que la incluyó en el “Libro del conde Lucanor” (cuento VII) y dice así:

Lo que sucedió a una mujer que se llamaba doña Truhana
Otra vez estaba hablando el Conde Lucanor con Patronio de esta manera:
- Patronio, un hombre me ha propuesto una cosa y también me ha dicho la forma de conseguirla. Os aseguro que tiene tantas ventajas que, si con la ayuda de Dios pudiera salir bien, me sería de gran utilidad y provecho, pues los beneficios se ligan unos con otros, de tal forma que al final serán muy grandes.
Y entonces le contó a Patronio cuanto él sabía. Al oírlo Patronio, contestó al conde:
- Señor Conde Lucanor, siempre oí decir que el prudente se atiene a las realidades y desdeña las fantasías, pues muchas veces a quienes viven de ellas les suele ocurrir lo que a doña Truhana.
El conde le preguntó lo que le había pasado a esta.
- Señor conde -dijo Patronio-, había una mujer que se llamaba doña Truhana, que era más pobre que rica, la cual, yendo un día al mercado, llevaba una olla de miel en la cabeza. Mientras iba por el camino, empezó a pensar que vendería la miel y que, con lo que le diesen, compraría una partida de huevos, de los cuales nacerían gallinas, y que luego, con el dinero que le diesen por las gallinas, compraría ovejas, y así fue comprando y vendiendo, siempre con ganancias, hasta que se vio más rica que ninguna de sus vecinas. Luego pensó que, siendo tan rica, podría casar bien a sus hijos e hijas, y que iría acompañada por la calle de yernos y nueras y, pensó también que todos comentarían su buena suerte pues había llegado a tener tantos bienes aunque había nacido muy pobre. Así, pensando en esto, comenzó a reír con mucha alegría por su buena suerte y, riendo, riendo, se dio una palmada en la frente, la olla cayó al suelo y se rompió en mil pedazos. Doña Truhana, cuando vio la olla rota y la miel esparcida por el suelo, empezó a llorar y a lamentarse muy amargamente   porque había perdido todas las riquezas que esperaba obtener de la olla si no se hubiera roto. Así, porque puso toda su confianza en fantasías, no pudo hacer nada de lo que esperaba y deseaba tanto. Vos, señor conde, si queréis que lo que os dicen y lo que pensáis sean realidad algún día, procurad siempre que se trate de cosas razonables y no fantasías o imaginaciones dudosas y vanas. Y cuando quisiereis iniciar algún negocio, no arriesguéis algo muy vuestro, cuya pérdida os pueda ocasionar dolor, por conseguir un provecho basado tan sólo en la imaginación.
Al conde le agradó mucho esto que le contó Patronio, actuó de acuerdo con la historia y, así, le fue muy bien.
Y como a don Juan le gustó este cuento, lo hizo escribir en este libro y compuso estos versos:

En realidades ciertas os podéis confiar, mas de las fantasías os debéis alejar

Como veis, llama la atención que, con un mismo inicio, el resultado es radicalmente diferente, fundamentado todo en el tener en cuenta o no los cambios en la realidad. Viene esto a cuento observando lo que debería de ser, lo que ha sido y lo que es actualmente la actividad comercial en el ámbito de las entidades financieras, en un momento en el que olvidar los efectos de la continuada crisis (unida a “historias” particulares) se revela suicida para las entidades y demoledor para sus empleados, protagonistas de esa actividad.


¿Qué vende una entidad financiera?

Aún hoy pueden verse empresas de formación que ofrecen en su catálogo de acciones destinadas a empleados de entidades financieras “cursos de técnicas de venta” en cuya oferta suelen incluir un importante número de palabrejas rimbombantes (y vacías) de pretendida pertenencia al máximo nivel del argot profesional bancario; lo relevante, sin embargo, no es que existan esos cursos sino que haya responsables de formación en entidades financieras que los adquieran.
¿Técnicas de venta? Para vender ¿qué? ¿Productos? ¿Servicios? ¿A quién?

Para no equivocarnos, tomemos un ejemplo. Imaginemos que un agente comercial de una empresa de equipamientos del hogar quiere venderme una taza decorada para el café; por supuesto, yo puedo evaluar el color, el tamaño, el peso, el material de que está hecha, su fragilidad, su manejabilidad, y todos cuantos aspectos requiera del producto, de forma que el papel del vendedor, al que se le supone una cortesía y respeto adecuados, naturalmente, no tiene mayor importancia. Igual ocurre con una lavadora, un coche o una casa, pongamos por caso.

Pero, ¿qué pasa si el agente comercial de turno, en este caso representando a una entidad financiera, quiere “colocarme”[2] un plan de pensiones?  No se trata ya de que lo que me ofrece sea una opción de futuro que, a lo largo del tiempo, pueda estar sujeto a variaciones legales, de mercado y otras difícilmente evaluables hoy, sino algo mucho más profundo. Todos los productos y servicios que ofrecen las entidades financieras están supeditados a que la Autoridad de Supervisión (el Banco de España) los autorice y, además, deben ceñirse al marco legal, lo que significa que las ofertas del banco A, necesariamente, se parecen casi como una gota de agua a otra a las del banco B, con excepción de su nombre comercial y el hecho de que estén agrupadas en paquetes que integren determinado producto y determinado servicio. ¿En qué se fundamenta, pues, que yo me decante por A y no por B, siendo en el fondo, como es, el mismo producto intangible el que se pretende “vender”? Se llega a la conclusión de que, en igualdad de condiciones, lo que hace inclinar la balanza a un lado u otro no es el producto sino lo intangible que lo rodea: quién lo ofrece, cómo lo hace y a quién representa.

Llegados a este punto, las preguntas que nos hacíamos unas líneas más arriba obtienen su respuesta irrefutable: una entidad financiera vende, sobre todo, credibilidad y confianza. El mejor producto ofrecido por quien no inspira confianza nunca se adquirirá, y hay que recalcar que ese quien se refiere, tanto a la persona del gestor comercial como la entidad que representa.

El problema (uno de ellos) que ha tenido la banca en los últimos tiempos es que  parece haber olvidado los principios en los que se basa su propio negocio y se ha abocado a una insensata carrera por ganar tamaño de la forma que sea, aún a costa de vulnerar la confianza básica de sus clientes y, sobre todo, de los que aún no lo son. No es retórica: un cliente puede sentirse frustrado de la actuación de SU banco y, por las razones que sean, seguir manteniendo la relación, pero si comenta su frustración en una simple charla de café, es difícil que sus contertulios admitan iniciar relación con la entidad en entredicho. No hay que olvidar que la confianza cuesta ganarla, pero se puede perder en un instante y que muy mal ha hecho la banca en pretender querer imponer el tempus de sus previsiones de crecimiento sin tener en cuenta las necesidades y expectativas de los clientes y del mercado (no clientes) en general.

¿Qué debe exigirse a un gestor comercial de una entidad financiera y qué debería exigirse a la organización que representa?

Basta volver a revisar los catálogos de empresas de formación citados anteriormente y vigentes aún hoy (algunos de ellos de autores considerados no hace mucho casi como gurús del tema y transformados ahora en comparsas de una realidad cambiante que, no solo no han sabido prever, sino que no entienden y, por consiguiente, les sobrepasa en sus reacciones[3]) para advertir que, en la reciente antigua escuela de formación comercial, se cargaban las tintas para el logro de la eficacia en el perfil del gestor, ponderándose que sus valores estuviera alineados con los de la organización, que acreditara un “talento innato” para la labor comercial (?), que desarrollara una fuerte capacidad de motivación, etc. Prescindiendo, a veces, incluso de que tuviera un conocimiento profundo y exacto del producto que debía ofrecer[4], extremo éste que ha llevado a barbaridades tales como “colocar” (se demuestra lo perverso del vocablo) productos complejos como las hoy famosas participaciones preferentes ignorando el gestor sus características particulares.

En contraposición, y como complemento a esta escuela, coexiste otra que mantiene que, además del perfil de servicio del gestor, de su motivación, de los inexcusables valores éticos y morales, debe acompañarse de conocimiento exacto del producto o servicio que ofrece, en su caso de las características económico/financiero/fiscal/legales, del perfil de cliente al que se dirige (del cual forma parte, no se olvide, sus necesidades), y… de la entidad a la que representa. Ya deben archivarse en el pasado las acciones comerciales en las que (con suerte) se comunicaba al gestor sólo  un argumentarlo comercial para ofrecer el producto de forma masiva, prescindiendo de si el perfil del cliente al que se le ofrecía era el adecuado.

Como se observa, se ha apuntado ya que el gestor debe de acreditar en sus habilidades un conocimiento suficiente de la entidad a la que representa, y eso no ya por la evidencia de que los valores éticos deben estar alineados, sino porque, en esta labor de ganar limpiamente la confianza del cliente, el primer y más importante escalón lo representa el gestor, su profesionalidad y valores, que facilitan la relación; es decir, lo que está en juego es su propia imagen. En ese sentido es directamente inmoral hacer recaer en el gestor el peso de la eficacia de su labor si no tiene el debido respaldo y acompañamiento de su entidad. Debe evaluarse, entonces, además de lo que se exige al gestor, lo que debe exigirse a la entidad a la que representa.

Si se da por bueno que la banca vende credibilidad y confianza (aunque, como es obvio, el resultado final de esa combinación ante el cliente es la firma de un contrato, es decir, la venta de un producto o servicio), no basta con que estos aspectos pueda ofrecerlos el mejor gestor si la entidad a la que representa no los ofrece.

Un ejemplo de estos días. Alguna de las entidades españolas intervenidas por la insolvencia de sus cuentas, inmersas en episodios oscuros de sus gestores actuales o anteriores, atrapadas en la espiral aún irresuelta de reclamaciones fundamentadas de engaño por parte de un número elevado de clientes, … parecen ajenas al devenir de los acontecimientos y siguen presionando a sus empleados (que se juegan su prestigio personal, no lo olvidemos) manteniendo campañas de “colocación” (volvemos al vocablo) sin caer en la cuenta, aparentemente, de que lo que está en entredicho es el nombre de la entidad y que, en tanto no se recupere la confianza y la credibilidad en la entidad, los esfuerzos de los gestores son baldíos. Prescindiendo, incluso, de que las posibles campañas estén o no bien diseñadas, enfocadas y desarrolladas. No está de más traer a colación la opinión de expertos en Management relacional cuando afirman que “las organizaciones que intentan ir de la mano con sus clientes y entender sus preocupaciones… generalmente establecen las relaciones más duraderas a largo plazo y tienen más valorada la reputación[5]”. Habrá que preguntar a la banca, entonces, si busca una relación duradera basada en la confianza mutua o prefiere la venta de un producto de una campaña. Curiosamente la respuesta la da la misma banca: en el terreno resbaladizo y oscuro de la prevención del blanqueo de capitales, cuando argumenta ante el cliente las razones en conseguir la información requerida en cumplimiento de la exigencia debida de conocimiento, el principal motivo expuesto es que la firma de un contrato entre ambas partes, establecido sobre la previsión de una relación duradera, puede obligar a la entidad a contrapartidas derivadas del perfil y la operativa del cliente. Cierto, pero surge, entonces la pregunta: ¿por qué no se aplica también esta norma en la actividad comercial distinguiendo, de entrada qué cliente se busca y, dentro de ellos, a cuál se dirige y a cuál no de terminada campaña?

Lo que resulta llamativo es que esta evidencia de la importancia del prestigio y valores de le empresa en sus acciones comerciales, que parece novedosa, ya era motivo de atención años antes de la irrupción de la crisis. En el Foro de Davos de 2004, casi una cuarta parte de los altos directivos presentes consideraron que el principal factor a tener en cuenta al diseñar la estrategia de una empresa es la reputación, junto con la calidad de los productos y servicios, confirmando que la reputación (intangible encarnado por la percepción que se tiene de una organización, tanto interna como externamente) incide directamente en la imagen (formada por lo que se dice y lo que se hace) de marca (representada por sus productos y servicios frente a los de la competencia) de la empresa.

Y aún así, volviendo al principio, hay empresas de formación (?) y gurús de la misma (??) que siguen considerando al cliente como un ente amorfo, sin expectativas, criterio ni necesidades más allá de las financieras que se le suponen o que se le crean (???) para cuya satisfacción le es indiferente que la relación sea con una u otra entidad, que sólo debe clasificarse en función de una supuesta potencialidad de cifras y pretendidos volúmenes de negocio en lugar de identificarlo dentro del camino a recorrer para ganar su confianza. La rentabilidad económica de la relación, si es que se produce la consolidación del largo recorrido del trato, será siempre un añadido y nunca LA prioridad. Así lo han entendido las entidades que no han sucumbido a la fiebre de crecer por crecer y se han mantenido en un escenario de crecimiento con sus clientes, más pausado, pero, sin duda, más seguro y, desde luego, mucho más gratificante.

Conclusiones apresuradas

Es difícil admitir que la actual banca, con una dilatada historia a su espalda, pueda haber olvidado también, como ha pasado con el estudio de los riesgos que asume, unos principios inalterables que rigen las relaciones entre un cliente y SU banco. Queda excluida de esta reflexión la llamada banca de negocios que de banca, como no nos cansaremos de repetir, sólo tiene el nombre. Asimilando la idea de banco a la de intermediario financiero dirigido por personas y enfocado a personas (sí, precisamente como dicen los slogans de multitud de entidades), cuesta creer que desviaran su rumbo hasta llegar a la situación actual. Aún peor: a una situación irreal en el caso de entidades intervenidas, ajenas a la evolución del mercado financiero de las personas y responsable, ocasionalmente, de las consecuencias negativas de la ignorancia de esa evolución.

Es posible que, como en la primera versión del cuento que leíamos al inicio, la lechera se compre el apartamento de Saint Tropez, si se dan la conjunción de exageraciones que propone el autor, pero es mucho más probable que debamos atender a las enseñanzas del conde Lucanor y atendernos a realidades: conocer la esencia de nuestro negocio, interesarnos por las preocupaciones de nuestros clientes, saber hacia dónde y con quién queremos crecer y tener el sentido común y la paciencia suficiente de llevarlo todo a la práctica. Querer imponer el tempus de nuestros deseos, si éstos no coinciden con la realidad, se oponen a los de nuestros clientes o vulneran las normas, puede salir bien una vez, pero al final es preludio de consecuencias nefastas.


[1] Víctor González, “El río que ase secaba los jueves (y otros cuentos imposibles)”. Ed. Anaya.
[2] Nefasto vocablo que debería ser desterrado del argot profesional porque ya denota la poca importancia que se le dan a las necesidades del cliente frente al apremio de cumplir cupos por parte del comercial.
[3] Sin ánimos de hacer publicidad, no está de más recordar obras que llevan a la reflexión sobre este aspecto como “Quién se ha llevado mi queso”, de Johnson Spencer , y otras similares
[4] Hay que admitir, en honor a la verdad, que en la fiebre de continuas campañas comerciales de los más variados segmentos de clientes, productos o servicios, el conocimiento exacto de qué se ofrecía, aunque solo fuera para responder adecuadamente a dudas planteadas por la clientela,  se convertía en tarea harto difícil
[5] Terry Hannington, “Cómo medir y gestionar la reputación de su empresa”, Ed. Deusto

sábado, 6 de abril de 2013

Para los que tienen hipoteca en curso

A menos de un mes para que desaparezca uno de los índices de referencia hipotecaria más utilizados como es el IRPH (Índice de referencia de préstamos hipotecarios), tanto de bancos como de cajas y, por descontado, de la CECA (Confederación española de cajas de ahorro) y que, dicho sea de paso, era el que, casualmente, se ofrecía con más frecuencia, se empieza a instalar un estado de confusión generalizada sobre el cómo puede afectar esta desaparición a las hipotecas con esa referencia y, en su caso, cuál otro tipo puede resultar más interesante para el deudor.
Hay que decir, de entrada, que el Banco de España debe pronunciarse al respecto, pero, en tanto no lo hace, no está de más revisar el escenario en que nos encontramos.

Actualmente, los tipos de referencia más usuales (entendiendo que, habitualmente, a ese tipo se le añade un diferencial que SIEMPRE debe estar abierto a negociación) son los que siguen: IRPH de bancos, IRPH de cajas, IRPH del total de entidades, Euribor (índice europeo que sustituyó al antiguo Mibor en España), CECA, Deuda Pública e IRS, principalmente.

Recordemos muy por encima las características particulares de cada uno de ellos, indispensable para poder elegir correctamente el sustitutivo más adecuado:

- El IRPH es la media aritmética simple de los tipos de interés medios aplicados a los préstamos con garantía hipotecaria a plazo igual o superior a tres años. Como se ha apuntado, el IRPH ofrece tres modalidades diferentes: Bancos, Cajas de Ahorro y la totalidad de las Entidades,en los que, naturalmente:
  • IRPH de bancos: es la media de los préstamos a tres años concedidos por estas entidades.
  • IRPH de cajas de ahorro: se calcula según las ofertas hipotecarias de las cajas de ahorros.
  • IRPH del Conjunto de Entidades: una media de los dos anteriores.
Se publica por el Banco de España en el BOE, y aún pueden encontrarse hipotecas antiguas en las que se le denomina como DGTPF (Dirección General del Tesoro y Política Financiera).

-  El Euribor (Euro Interbank Offered Rate, es decir, tipo europeo de oferta interbancaria) es un índice de referencia publicado diariamente que indica el interés promedio al que las entidades financieras se ofrecen a prestar dinero a otros bancos. Se calcula usando los datos de los 44 principales bancos que operan en Europa, y su valor mensual es muy utilizado como referencia para los préstamos bancarios. Se trata, por tanto, de un tipo de interés de mercado y no de un tipo de interés que fije el Banco Central Europeo. Antes de la integración en el euro, en España se aplicaba el referido a nuestras entidades, calculado de forma similar al Euribor, que era conocido como Mibor (Madrid interbank offered rate), y que, como ya se ha dicho, fue sustituido por el Euribor.

- El índice Ceca se calcula mensualmente promediando el precio de los préstamos hipotecarios y el de los préstamos personales ofrecidos por las cajas de ahorro.

-  El índice de la Deuda Pública, poco utilizado, está representado por la rentabilidad semestral de los bonos del Tesoro.

- El novedoso en España IRS (Interest rate swap), que no sustituye al Euribor, es un índice que refleja el coste del dinero a cinco años sin prima de riesgo. La cuota hipotecaria del IRS se revisaría cada 5 años. Al ser un índice nuevo, conviene saber que es más caro que el Euribor,como se lo demuestra su evolución en los últimos diez años, en los que ha se ha mantenido entre un 0,10 y 0,15 más alto. 

A la vista de este panorama, cada deudor puede decidir lo que más le convenga en función de su operaciòn en concreto, partiendo de la base de que, a expensas de lo que finalmente determine el Banco de España, la entidad no puede imponer unilateralmente el tipo sustitutivo del que desaparezca.

En cualquier caso, conviene no olvidar que el Banco de España publica cada mes los diferentes índices mediante una media de las diferentes ofertas del mercado hipotecario inscritas por las entidades.

Para acabar, y ahora que desaparece, una mención al por qué el IRPH mantiene siempre, por lo general, un valor que está por encima del Euribor (o del Mibor cuando éste era el vigente) entre un 1.5% y un 2% por encima, aunque su oscilación es más lenta, en especial en la bajadas. Se debe, simplemente, a que el IRPH se basa en el promedio de tipos en operaciones ya formalizadas, que, por lo tanto, ya incorporan un diferencial, con lo que el IRPH le añade un segundo diferencial. Al calcularse por promedios, su evolución no registra tantas oscilaciones como el euribor de cada día-
Lista la banca, ¿no?

viernes, 5 de abril de 2013

En todas partes cuecen habas

Cuando el ambiente que nos rodea empieza a resultar irrespirable sin que nadie, al parecer, tome conciencia de ello, y los desayunos se convierten en hara-kiris producidos por la lectura de la actualidad del día, siempre más árida que la de la víspera, una de las soluciones para respirar es simplemente sacar la cabeza afuera en la confianza de que así se aliviarán los males, aunque solo sea intentando tomar nota de lo que funciona bien en el exterior para ver de trasladarlo como bálsamo de nuestras heridas.

Y ese saludable ejercicio, a veces, nos muestra que una cosa es predicar y otra dar trigo, parafraseando al siempre sabio refranero, ya que se descubren cosas que nos asombran por su similitud a las nuestras. No es que uno se alegre de los males ajenos, pero sabiéndolos es la única manera de evaluar cómo los afrontan quienes deben hacerlo y, entonces sí, ver si las soluciones son extrapolables. No vale sólo el erigirse en líder dando a entender que los problemas son "de otros" aplicando sordina a los propios.

Viene todo esto a cuento por una noticia divulgada por Reuter acerca de los males que aquejan a la banca alemana (sí, alemana, del país que "ha superado sus problemas" y exige sin rubor la aplicación de medidas de austeridad extrema a los demás, no nos engañemos, para salvar a su banca a costa de sacrificios generalizados, en particular a los países de "la periferia".

Reproducimos algunos contenidos del artículo, que puede leerse completo (en inglés) clicando aquí, y que está dedicado a analizar la situación actual del Deutsche Bank:

Alemania se ha vuelto tan dependiente de Deutsche Bank para engrasar las ruedas de su economía impulsada por las exportaciones que parece dispuesta a pasar por alto escándalos relacionados con su banco más grande.
Deutsche es uno de los bancos europeos investigados por los reguladores de Europa y Estados Unidos por su presunto papel en el affaire del amaño de las tasas de interés de referencia.  Se espera en los próximos días un informe del regulador alemán sobre esta presunta participación y en él se pondrá a prueba el compromiso de Alemania para mantener
fuerte el Deutsche por el bien de su economía. Ese compromiso es un tema sensible a empleados, clientes y accionistas del banco, así como a los los líderes empresariales que se han posicionado junto a los directivos de la entidad, y esta base de apoyo es crucial para Deutsche, especialmente en un año electoral alemán cuando los excesos de los bancos y los fallos de gestión percibidos podrían convertirse en un tema de campaña.


En 2008, Deutsche ocupaba el quinto lugar entre los mayores financiadores a empresas alemanas, detrás de HVB, Dresdner Bank, Royal Bank of Scotland y Commerzbank, con una cuota de mercado del 7,23 por ciento. Cuatro años más tarde, el Deutsche Bank es el segundo mayor proveedor de financiación corporativa en Alemania detrás sólo de Commerzbank. Pero la necesidad de un banco alemán global es aún más grave para las empresas pequeñas y medianas, la columna vertebral de la economía. Estos pequeños fabricantes altamente especializados exportan bienes en todo el mundo, pero no tienen la capacidad de mantener múltiples relaciones con los bancos para solucionar el cambio de divisas, la cobertura de tasa de interés y financiación de las exportaciones.


 Pero Deutsche Bank, esclavo aún de ciertas "alegrías" pasadas, tiene una relación a veces difícil con los políticos, en la que no es menor, entre otros, el allanamiento de la sede de Frankfurt, a finales de 2012 en el marco de una investigación por evasión fiscal, blanqueo de capitales y obstrucción de la justicia sobre una estafa que implica los permisos de comercio de carbono. Como consecuencia, 25 personas del banco están siendo investigadas.
No tiene desperdicio la excusa que presenta un alto directivo de la entidad al hablar del problema: "Muéstrame el banquero que en 2008 no tenía algún problema. Si quieres un director ejecutivo  intachable necesitas a alguien con menos de cuatro años de experiencia, lo que te lleva a un licenciado de 25 años de edad", para acabar preguntándose: "¿Hay que eliminar la banca de inversión en conjunto para apaciguar a los dioses de los sacrificios."

martes, 2 de abril de 2013

Algunos efectos del caso Chipre para España

No es patrioterismo a estas alturas proclamar que la bondad de nuestro clima, la belleza del entorno (aún), la calidez de las gentes, etc., hace tiempo que se han erigido en poderoso imán para atraer a nuestras costas residentes e inversores de diferentes nacionalidades, ni constatar que, tras la caída del muro de Berlín y la adopción por Rusia de un sistema de economía muy parecido al occidental, los ciudadanos rusos se han hecho habituales de nuestras ciudades y pueblos, particularmente los situados en la franja de costa comprendida entre Girona y Cádiz, con especial presencia en la Costa Brava, Costa Dorada y Costa Blanca.

Pues bien, a raíz del cataclismo representado por el caso de Chipre, y de la sospecha de que los capitales rusos depositados en la isla hacía tiempo que habían empezado a huir de ella hacía tiempo, se ha sabido que algunos de ellos buscaron refugio en nuestro país.

Efectivamente, según datos manejados por la Udyco (Unidad de delincuencia y crimen organizado) de la Policía Nacional, en los últimos dos años se han detectado fuertes inversiones inmobiliarias en el segmento de la Costa Blanca situado entre Calp y Benidorm (zona de especial atractivo para los compradores rusos).
Se asegura que la facturación por la venta de inmuebles a ciudadanos rusos en los últimos tres años sobrepasa los 1.300 millones de euros (corresponden a la compra de más de 6-000 inmuebles a un precio medio de unos 200.000 euros), en operaciones perfectamente legales.

Lo relevante es el contenido

Lo llamativo, sin embargo, no es ese dato en sí, sino la conexión de estos hechos con el lío de Chipre: la vinculación de la costa mediterránea en general con el dinero "oscuro" no es nueva y, en información actualizada, el Banco de España ha alertado a la Fiscalía Anticorrupción de la posibilidad de que inversores rusos estén aprovechando España para tratar de blanquear fondos provinentes de Chipre mediante transferencias ordenadas por ciudadanos de la Federación Rusa para pagar una propiedad inmobiliaria. Analizando en profundidad este supuesto, se concluye en que, efectivamente, en los tres últimos años se han producido compras legales de inmuebles, con un similar origen de los fondos, por valor de los citados 1.300 Millones de euros.... sólo que han llegado 5.000 millones con un perfil similar. Las entidades bancarias han rechazado transferencias por la cantidad restante, que son las operaciones que se están investigando por la Fiscalía.
Uno no gana para sobresaltos, y no es descartable que se produzcan más líos aún ni más dolores de cabeza (confiemos que no a nivel ciudadano) con el malhadado precedente creado en torno al rescate de Chipre.

Una sociedad a dos velocidades

Cuando se habla, dentro de las posibles soluciones al marasmo económico (el financiero, el fiscal, el sociológico, el.... quedan fuera de estas soluciones) que representa en Europa la actual crisis, de la implantación de "dos velocidades" en una futura política de unión monetaria que obligaría a reenfocar la situción financiera diseñada para la Europa de hoy, lo que sí parece tomar cuerpo es que es la sociedad la que da señales de polarización, y eso se percibe en variados síntomas.

- La brecha entre ricos y pobres se acentúa a ojos vista (es aquello de que la crisis no afecta a todos por igual o que hay quienes aún pueden considararla como oportunidad)
- El bienestar se va convirtiendo a pasos agigantados en beneficiencia, con sueldos a la baja, empleo cada vez más precario, ayudas sociales en retroceso, sanidad y educación destinadas sólo a quienes puedan pagarlas, y ello frente a la impúdica asimilación de las figuras del parado pobre y la de gandul (¿a qué si no la desfachatez de los gobiernos de "vender" las ayudas de miseria como instrumentos para activar la búsqueda de empleo, ofreciendo la imagen del desempleado como de quien, sabiendo que está rodeado de ofertas de trabajo, permanece tumbado a la bartola exprimiendo las arcas públicas? ¿no sería conveniente promover políticas encaminadas a que el parado pudiera realmente encontrar un empleo?)
- Las obligaciones fiscales de unos y de otros no son, ni de lejos, las mismas. Mientras el trabajador por cuenta ajena está sometido al cumplimiento  estricto de sus obligaciones fiscales (por supuesto, pero como debería ser para todos los demás segmentos), el propio gobierno reconoce unas importantes bolsas de fraude sin que se vean iniciativas para atajarlas, salvo la subida de impuestos... para quienes ya los pagan.
- Los problemas del sistema que afectan directamente a la ciudadanía (estafas en la comercialización de participaciones preferentes de entidades financieras, desahucios declarados ilegales por el Tribunal de Justicia Europeo, ayudas a la banca con el dinero de todos, ....) no son tratados de igual forma para el perjudicado que para quien es causa del perjuicio.


Y podríamos seguir desgranando síntomas de estas dos velocidades. Sin embargo, hay uno que lo resume todo, y es la diferente velocidad, ahora sí, entre la visión de la realidad desde los políticos (elegidos por el pueblo) y desde el pueblo que los eligió. Basta para ello observar la insensibilidad con que los diputados, en general, asisten al drama de los desahucios, intentando comparar de forma inicua las urgencias de quien se ve despojado de su casa porque, después de engrosar las listas del paro, no puede pagar las amortizaciones del préstamo hipotecario con el que la adquirió, a las del diputado que recibe una Iniciativa Legislativa Popular avalada con casi un millón y medio de firmas y que remite a incluirla dentro de un paquete legislativo a proponer en no sé cuántos meses (y eso cuando, como ha sucedido, no tiene la cachaza de afirmar sin rubor que no se prevé en la presente legislatura) ¿de qué sirve entonces la solicitud formal de revisar una ley, siguiendo los cauces legalmente establecidos?
La democracia no es el sistema mediante el que el ciudadano participa en él emitiendo su voto cada cuatro años, sino el que debe permitir al político elegido ser sensible permanentemente a las cambiantes necesidades de sus electores y actuar en consecuencia, y si eso le obliga a poner de manifiesto las posibles incongruencias del partido que le indica qué botón debe presionar en determinada votación, poder hacerlo en beneficio de la sociedad que lo ha elegido, y que eso no sea noticia.
De otra forma (pero no sólo con eso), parece inevitable que la fractura social siga su tendencia hasta hacer una sociedad no igualitaria sino de velocidad variable.