viernes, 24 de noviembre de 2017

El futuro en el pasado

¿Quién no conoce, o al menos le suena por haberlo visto u oído, el nombre de Séneca? Y no solamente como el nombre de una calle o de un centro de enseñanza (que los hay a espuertas) sino como el de alguien importante ¿o no?

Recordemos. Lucio Anneo Séneca (4 a. C.- 65 d. C.), fue un filósofo, político, orador y escritor romano nacido en la Córdoba hispana (¡ah! por eso, posiblemente, suene más, por el paisanaje) conocido por sus obras de carácter moralista. Consumado orador, fue una figura predominante de la política romana durante la era imperial, (fue cuestor, pretor y senador - magistrado para cuestiones fiscales, magistrado con jurisdicción en Roma y miembro del Senado, respectivamente - del Imperio romano durante los gobiernos de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón) siendo uno de los senadores más admirados, influyentes y respetados; a causa de este extraordinario prestigio, fue objetivo tanto de benefactores como de enemigos, y fue precisamente Nerón, convertido en enemigo, quien lo condenó a muerte, propiciando su suicidio abriéndose las venas.
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"La muerte de Séneca", de Manuel Domínguez
De tendencias moralistas, como ya se ha apuntado, Séneca pasó a la historia como el máximo representante del estoicismo1 y moralismo romano tras la plena decadencia de la república romana, provocada porque la sociedad romana había perdido los valores de sus antepasados y se trastornó buscando el placer en lo material y mundano, dando lugar a una sociedad turbulenta, amoral y antiética, que al final la condujo a su propia destrucción (¿a alguien le suena esta deriva?).

De entre sus obras, agrupadas por los estudiosos, principalmente, en Consolaciones, Diálogos y Tragedias, quizá la que ha ejercido mayor influencia posterior (curiosa y concretamente, entre los autores del Siglo de Oro español) sea el "diálogo" titulado Sobre la brevedad de la vida que, según los expertos, fue escrito con toda probabilidad en el año 55 tras el asesinato de Claudio y la subida al poder de Nerón.

Séneca viene a decir en ella que no es que la vida sea corta sino que más bien somos nosotros los que perdemos el tiempo. La mayoría de la gente se queja porque la vida es breve y porque el tiempo parece correr velozmente, principalmente para aquellos que se acuerdan tarde de vivirla. Según él, tenemos el tiempo justo para realizar lo que es importante, de modo que la duración de la vida depende del uso que hagamos de ella y cuando la vida se ha dilapidado en cosas inútiles, en el momento de abandonarla sentiremos que se nos ha escurrido de las manos.

Séneca nos dice que sólo en el balance último nos daremos cuenta del tiempo que perdimos litigando, discutiendo, peleando, en conversaciones banales con gente que no nos interesaba, con personas molestas, preocupándonos por el dinero, con enfermedades que provocamos nosotros mismos o cumpliendo con inútiles obligaciones sociales y que, si restamos todo este tiempo realmente desperdiciado de nuestras vidas podremos ver que en realidad, efectivos, sólo vivimos pocos años, muchos menos de los que tenemos según el calendario.

Séneca se pregunta entonces ¿por qué la gente pierde su tiempo en cosas banales que no le aportan nada y que la hacen sentir vacía? Él cree que es porque no se detienen a pensar que cuentan con un tiempo limitado que siempre es menor de lo que creen; no se puede dejar para la vejez la vida virtuosa o decidirse a vivir plenamente cuando se es viejo porque ninguno tiene garantía de ser longevo. Séneca estaba convencido que si la vida durara mil años igualmente se vería reducida a su expresión más breve, porque sólo la razón la prolonga y el hombre desde que existe ha tenido vicios que oscurecen la razón

En un pasaje de Sobre la brevedad de la vida se puede leer: La vida se divide en tres momentos: el que ha sido, el que es, el que será. De ellos, el que ahora recorremos es corto, el que vamos a recorrer es dudoso, el que hemos recorrido es seguro. En éste es justamente en el que la Fortuna pierde todo derecho, pues no puede ya someterse de nuevo al albedrío de nadie.

Y ¿a santo de qué viene ahora resucitar las ideas del estoicismo de Séneca referidas al tiempo, y más concretamente al tempus fugit? Pues la verdad es que, tras una vivencia personal reciente que, con vuestro permiso, compartiré con vosotros, es inevitable que el magín se dispare, casi por su cuenta, a reflexionar sobre estas cosas. Veréis, resulta que hace muy pocos días, a través de las Redes Sociales (se ha de ser muy cuidadoso y respetuoso con las expresiones que usamos, y, en según qué casos, no conviene caer en la rutina de decir "gracias a las Redes Sociales", que puede quedar banal, frívolo e incluso cruel), merced a una de esas figuras que suelen pasar desapercibidas y a las que a veces no damos ninguna importancia que son los amigos de los amigos me ha llegado (tarde) la noticia de que hace ya algún tiempo nos dejó Jesús, un amigo de la infancia y adolescencia.
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Rememorando, Jesús es (era, ya disculparéis la inercia de los tiempos verbales empleados) uno de los del grupo de chavales que compartimos los 7 años del bachillerato de entonces y, teniendo en cuenta que ese era al final un grupo de 13 estudiantes, de los 62 que iniciamos el primer curso (todos chicos, en una época de enseñanza segregada por sexos, y a la edad en que se reafirma la personalidad), no es difícil pensar que éramos una cuadrilla altamente cohesionada, con nacientes complicidades y con una gran confianza entre nosotros. Pero el final del ciclo académico supuso la separación de prácticamente todos sin que fuera fácil mantener un contacto fluido y cercano pese a las distancias (ahora nos puede parecer increíble, pero en aquellos años, el tener un simple teléfono en casa era un lujo, a menudo, inalcanzable), lo que condujo a un absoluto perder la pista de la gran mayoría y cada uno se centró (afortunadamente por otra parte) en SU presente enfocado a SU futuro.

En el caso de Jesús, recuperamos el contacto muchos años después por puro azar, y la última intención mutua era vernos "y tomar un café para recordar  viejos tiempos" con ocasión de un viaje casual previsto a la zona donde él tenía ahora su residencia; sin embargo, una conjunción de circunstancias adversas imposibilitó el encuentro... que ya no se podrá realizar, como tampoco con Juan o Carlos, componentes también del "grupo de los 13" que igualmente nos han dejado.

Parafraseando a Séneca, La vida se divide en tres momentos: el que ha sido, el que es, el que será, y los recuerdos de vivencias compartidas, en este caso, con Jesús pertenecen al momento que ha sido que, volviendo a Séneca, es justamente en el que la Fortuna pierde todo derecho, pues no puede ya someterse de nuevo al albedrío de nadie. Es decir, que de nada vale aferrarse a él, que fue como fue y nos enseñó lo que nos enseñó. Desde estas líneas y en este blog hemos mantenido (y nos reafirmamos) en que no es bueno anclarse en la nostalgia sin más porque eso nos puede condicionar la visión hacia el futuro, propio y del entorno inmediato. No es incompatible (y, por cierto, algunos políticos deberían saberlo y admitirlo para no dar mensajes partidistas engañosos) amar profundamente todo aquello que contribuyó a forjarnos con el luchar denodadamente por un futuro mejor visto con los ojos de hoy en un marco, posiblemente, distinto.

Es evidente que el pasado, nuestras vivencias, se deben respetar (malo si no se respetan, sea por desidia propia... o porque no merezcan respetarse) pero se han de poner en el sitio que les corresponde porque no son el hoy. Una vivencia se identifica con unos hechos, unos lugares y unas personas concretos; los hechos quedan difuminados con el paso del tiempo, los lugares también se difuminan aunque mantengan su poder de evocación como los conocimos porque siempre están cambiando hasta el punto de que es lo más normal del mundo el uso de expresiones del tipo "ésto ya no es lo que era" al referirnos a lugares que conocíamos de determinada forma (ya dijo Heráclito, cinco siglos antes de Cristo, aquello de «En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]» aunque se cita erróneamente, debido a una obra de Platón, como «Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río»), y nos quedan en este análisis las personas para ayudar a mantener vivo el recuerdo de una vivencia común, aún cuando las percepciones puedan ser diferentes. Por eso es tan doloroso cuando una persona del pasado nos deja, aunque, como en el caso de Jesús, la relación se había convertido en un Guadiana, porque se constata la pérdida de un nexo de unión con unas experiencias comunes en un período que resultó decisivo para nuestro hoy.
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Si hemos de ser sinceros a la hora de evaluar la importancia real del pasado en el cómo afrontamos/diseñamos el futuro, no debemos olvidar la evidencia de que nosotros también cambiamos cada día. Decía el hoy olvidado escritor Antonio Gala que si un día nos cruzáramos con el niño que fuimos, no sólo no lo conoceríamos sino que, además, no lo entenderiamos. Y, posiblemente, sea así; lo que pasa es que el que aquel niño que no reconocemos actuara de esa manera que ahora no entedemos ha hecho que hoy seamos como somos (pese a que, ocasionalmente, seguimos sin entenderlo, pero eso es otra cosa). Los recuerdos y las personas asociadas a ellos, pues, hay que respetarlos, hay que reservarles su adecuado lugar en la memoria, pero nunca aferrarse a ellos para condicionar un futuro, necesariamente, sin ellos.

Para acabar estas reflexiones, parece oportuno recordar la canción Hier encore2 (Ayer todavía), compuesta por Charles Aznavour en septiembre de 1964, cuando él contaba 40 años de edad, y que, rápidamente, se convirtió en un hit en todo el mundo, tanto por su agradable melodía como por el mensaje que transmite lo que dice, cruzando el charco a EEUU, primero como Only yesterday (Sólo ayer) y, después, con una nueva letra en inglés del periodista y letrista Herbert Kretzmer, con el nombre con que hoy es conocida, Yesterday, when I was young (Ayer, cuando era joven), que habla de un hombre que reflexiona sobre su vida pasada recordando y siendo consciente de cómo había desperdiciado su juventud en actividades egocéntricas e insensatas, y que, ahora que es mayor, no puede sino lamentarse de que no podrá hacer todo lo que había planeado. Para esta ocasión propongo escuchar la versión en inglés del instrumentista estadounidense, actor y cantante especializado en música country Roy Clark grabada en enero de 1969 (pese a que en Youtube indica 1967). Esta versión está considerada por la critica, y por el mismo Aznavour, como la mejor de todas las que se han hecho. Vaya en recuerdo de las enseñanzas de Séneca y en homenaje a todos los "Jesús" que han formado parte de nuestras vivencias de un pasado, quizá, lejano.


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1El estoicismo es la concepción ética de la escuela filosófica griega y grecorromana según la cual el bien no está en los objetos externos, sino en la sabiduría y dominio del alma, que permite liberarse de las pasiones y deseos que perturban la vida. La escuela fue fundada por las ideas de Zenón de Citio en el siglo IV a. C.y, en ella, el estoicismo consideraba la filosofía dividida en tres partes: la lógica, la física y la ética.

2Según la revista musical especializada Billboard, la canción, en inglés o francés, registraba más de 90 versiones ya en 1972, entre las que destacaban las de Bing Crosby, Shirley Bassey, Dusty Springfield, Roy Clark, Mel Torme, Lena Horne, Andy Williams, Jimmy Durante, Bobby Bare, Al Martino, The Peanuts, Glen Campbell, Eddy Mitchell, Dean Reed, Johnny Mathis, Marc Almond, Patricia Kaas, Nora Aunor, etc. (todo un catálogo de artistas), lo que no excluye versiones posteriores, como la de Patrick Bruel, Amanda Lear en 2001 o Elton John en 2008.
En español hay, entre otras menos conocidas, la de Los Catinos, la de Dyango o, incluso, Julio Iglesias, que también la ejecuta.

martes, 21 de noviembre de 2017

Mirando hacia atrás con...

John James Osborne, o, simplemente, John Osborne (1929 – 1994), nada que ver con los bodegueros andaluces, fue un dramaturgo, guionista y actor británico, muy crítico en su obra con el establishment, obra en la que exploró, en una vida productiva de más de 40 años, muchos temas y géneros, escribiendo para el teatro, el cine y la televisión. De vida extravagante e iconoclasta, a juzgar por sus biografías, es famoso por la ornamentada violencia de su lenguaje, que no sólo empleaba a favor de las causas políticas que apoyaba sino también, según se cuenta, contra su propia familia, incluyendo sus esposas e hijos, aunque, al parecer, ellos a menudo dieron como contrapartida lo que recibieron.

Llegó a la escena británica en una edad de oro de la misma, pese a que la mayoría de las grandes obras provenían de los Estados Unidos y Francia por una aparente ceguera de las obras británicas al tratamiento de las complejidades del período de posguerra. Precisamente Osborne fue uno de los primeros escritores en debatir acerca de los objetivos del Reino Unido en la época postimperial y el primero en cuestionarse sobre un escenario el sentido de la monarquía.

El abrumador éxito de su obra de 1956 Look Back in AngerMirando hacia atrás con ira») transformó el teatro inglés y, a raíz de ella, consiguió que el desprecio fuese admisible e incluso una emoción estereotipada en el escenario, argumentó en pro de la sabiduría limpiadora del mal comportamiento y del mal gusto, y combinó una incansable veracidad con un ingenio devastador.

El protagonista de esta obra (la primera del llamado "realismo de fregadero"), Jimmy Porter,sirvió para bautizar a los "jóvenes iracundos", esa generación de jóvenes británicos que no habían vivido la Segunda Guerra Mundial pero que tenían que sobrevivir a sus consecuencias sintiendo que ya no quedaban "causas valientes por las que luchar" (en palabras de Porter). Sin embargo, lo que no queda claro, incluso al llegar al final, es el motivo de esta ira devastadora: los terribles y continuos ataques verbales de Jimmy, aunque dirigidos a su esposa Alison y a su compañero de piso Cliff (además de al "establishment", por supuesto), no parecen tener unas motivaciones bien definidas. De hecho, aunque Porter profesa casi reverencia por la clase trabajadora, la obra ni siquiera parece aliarse claramente con la izquierda política.

Lo que provoca la ira de Jimmy, que es un hombre culto que, a pesar de su educación universitaria, apenas puede conseguir un trabajo en una tienda de caramelos, parece ser una enfermiza incapacidad de sentir, de conmoverse y, en suma, de sufrir. Alison, su esposa, proveniente de una familia de clase media-alta, representa todo lo que Porter desprecia (en pocas palabras, un "monumento al desapego"). Pero nada de lo que él diga o haga podrá "provocarla": Jimmy, que considera su vida personal y profesional muy frustrante, y vive, además, lleno de amargura a causa de la sociedad que le rodea, pronostica que sólo el dolor de la pérdida más íntima, la muerte de un hijo antes de haber nacido, podrá transformarla en un "ser humano de verdad".
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Con esta controvertida obra llevada también al cine, en película dirigida por Tony Richardson y con un soberbio Richard Burton en el papel de Jimmy Porter, John Osborne quiso rebelarse contra el servilismo e inacción política de la sociedad británica de la época, especialmente de los dramaturgos. Es curioso, por tanto, que Osborne se valiera precisamente del formato de la "obra bien escrita" en Mirando hacia atrás con ira: la obra no sorprende en cuanto a estructura dramática, y la verborrea de Jimmy chirría un poco en relación al realismo "de fregadero" de la escenografía. Pero asusta -y mucho- que, por los temas tratados, esta obra tenga vigencia más de sesenta años después. Sobre todo con la que está cayendo.

Aunque hay que reconocer que, si bien es verdad que, si se nos pregunta, cada uno de nosotros podría facilitar unos cuantos nombres de personas reales con una actitud similar a la de Jimmy Porter, y que el desencanto social y la indignación son como los de la obra de Osborne, si tomamos como referencia el título, seguramente cuadraría más el de Mirando hacia atrás con perplejidad. ¿O no causa perplejidad, entre otras muchísimas cosas, el ver, por ejemplo, con ira, que se está saqueando impune e irresponsablemente el fondo de pensiones, mirar atrás y comprobar que el fondo se creó coincidiendo con las penurias de la dura posguerra y que, incluso en crisis económicas anteriores ¡crecía! y, es más, ningún inepto indecente se hubiera atrevido a tocarlo?

Los vistazos de comparación de muchas situaciones del presente con las del pasado, suelen comportar frecuentemente esas incoherencias, a veces difíciles de justificar.

Pero, si hay hoy una situación que nos descoloca y que, mirando hacia atrás, nos causa cada vez más perplejidad en su gestión es lo que se ha dado en llamar "el tema catalán". Para empezar, ¿cómo es posible que un contencioso iniciado hace sólo 7 años (ojo, no nos confundamos, hay un sentimiento, seguramente minoritario, muchísimo más antiguo) como la reivindicación del derecho a opinar sobre el encaje de Catalunya dentro del Estado español se haya convertido en el marasmo actual en el que lo que se debate es la independencia de Catalunya? Un inciso de contenido exclusivamente psicológico: aplicando principios conductuales, el independentismo está ganando por goleada toda vez que ya todos los ámbitos sociales hablan con normalidad de la independencia de Catalunya (a favor o en contra, naturalmente, con más pasión que argumentos o viceversa, de forma agresiva o sosegada,...), lo que era del todo inimaginable hace unos pocos años, lo que se traduce en que se debate algo que, psicológicamente hablando, se considera posible.

Resulta evidente que, en todo este tiempo, las dos partes en litigio han cometido errores, pero, sin entrar en vericuetos políticos e intentando analizar objetivamente sólo la gestión del problema, ciertamente se observa un mayor número de fallos, algunos clamorosos, precisamente en la parte de cuyo lado está el poder y, por tanto, la capacidad de conducir el litigio a buen puerto.

Veamos algunos, sin mencionar antecedentes (pese a que tienen su importancia) de denuncias de desapego popular en sede parlamentaria por parte de ¡dos! Presidentes de la Generalitat, la recogida de firmas "contra los catalanes", el recurso del PP sólo al nuevo estatuto catalán, y no a otros con articulado similar, el recorte e impugnación del mismo por el Tribunal Constitucional (TC), los recurrentes ataques a la lengua, etc., todo ello caído en oídos sordos, como quien oye llover.

Y llega el fallo del TC sobre el Estatut y la primera manifestación multitudinaria (que se hará anual, siempre con participación masiva) de una ciudadanía descontenta a la que, prescindiendo de si son o no mayoría, nunca desde entonces se ha escuchado y atendido, queriéndola tratar oficialmente como si fuera una acción meramente folklórica. Un detalle comprobable en las imágenes: en esos años NO se veía prácticamente ninguna "estelada", bandera independentista. Visto el poco caso que las instituciones estatales hacen de las demandas ciudadanas (insisto, sean o no mayoritarias), el gobierno catalán asume la responsabilidad de plantearlas con el nombre de "derecho a decidir" la forma de estar dentro del Estado español (ver hemeroteca) como un referéndum en Catalunya, lo que ofrecería información para gestionar adecuadamente el resultado.
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Sorpresivamente, la respuesta fue un NO cerrado a la autorización de la consulta o a dialogar sobre ella rubricado con un "Porque yo no quiero" repetido con profusión por el Presidente del Gobierno dentro y fuera del Parlamento, en una actitud que define a un gobernante, dispuesto a hacer prevalecer sus opciones personales antes que conocer la opinión de la ciudadanía (¿porque el conocerla le obligaría a tomar decisiones para gestionar lo que él mismo define como el primer problema de España?), ajeno a las consecuencias que tal actitud puede provocar para todos. Lo preocupante es que ese aserto fuera jaleado por los suyos, la mayoría de medios y parte del tejido social como una demostración de fuerza, cuando realmente acredita la debilidad de quien no tiene argumentos, aunque sí la razón de la fuerza.

Formalmente, la negativa a la celebración de la consulta se fundamentan en:
1) Incumple la ley
2) Ataca a la convivencia
3) No todo el pueblo catalán es partidario de la consulta
4) La decisión en todo caso, afecta a la soberanía de toda España


1) Aparte de que numerosos juristas aseguraron que lo que se pedía entonces era perfectamente legal y constitucional (hemeroteca), la situación era calcada a la del referéndum para entrar en la OTAN, que SÍ se celebró y se aceptó su resultado. Pero, es más, respecto del valor relativo de algunas leyes, recordemos una anécdota real: el Capitán William Kidd (cuya leyenda dio lugar a varias obras literarias entre las que destaca La isla del tesoro, de Robert L. Stevenson), fue un marino escocés al servicio, a finales del siglo XVII, del holandés rey Guillermo, III de Inglaterra y II de Escocia, quien se dice que le concedió patente para sus actos, que se dedicaba a saquear y hundir las naves con bandera de países enemigos de la patria, cumpliendo una ley que se promulgó para amparar, justamente, estas acciones. Eso sí, en una prueba de coherencia política, Kidd se convirtió en un instrumento de la guerra entre Tories y Whigs, porque al asaltar un barco con bandera francesa (amparado por la ley) pero que no era francés (quedaba fuera de esa ley), fue encarcelado, juzgado en el Parlamento de Londres, condenado a muerte y ejecutado. Por cierto, se sabe que todas sus cartas enviadas desde prisión al rey Guillermo, para quien trabajaba, solicitando clemencia fueron rechazadas. En este caso, queda patente que lo relevante es la interpretación de la ley, el fondo y significado de ella y no solo su literalidad.

2) En un peligrosísimo ejercicio de provocación, los contrarios a la consulta y al diálogo se dedicaron a sembrar la idea (que ha calado) de que mantener ideas políticas diferentes, que la consulta que se planteaba (no la independencia, ojo, que vino después) convierte per se, cualquier relación personal en un infierno, que la política es algo de "buenos y malos", que las personas de diferentes territorios sólo pueden ser enemigos o que el lugar de nacimiento de padres o abuelos marca indefectiblemente la actitud de la persona de hoy ante el futuro. Como decía un pensador madrileño finisecular, hay mucha gente que vive en nuestro país cultivando su odio. El cainismo sigue dominando la política y la convivencia, lo cual no es precisamente una novedad porque España está fracturada desde el retorno de Fernando VII tras su forzado exilio en Francia. En estos dos últimos siglos hemos sufrido guerras civiles, asonadas y crueles enfrentamientos en una nación partida en dos. Los españoles siempre hemos buscado cualquier pretexto para matarnos. Cualquiera con dos dedos de frente que sea capaz de pensar en las próximas generaciones en lugar de en las próximas elecciones sabe que la convivencia y las relaciones personales han de seguir sea cual sea el resultado del litigio y que, por tanto, es irresponsable y peligroso azuzar enfrentamientos artificiales que, además, no son ciertos. Y respecto a la actitud de los descendientes de emigrantes, ¿calificarían de renegada a Anne Hidalgo (alcaldesa de París, española de nacimiento), a Donald Trump (presidente de EEUU, hijo de inmigrantes alemanes)... o a Juan Carlos I (nacido en Italia)?

3) En España, no todos los aficionados al fútbol son hinchas del Real Madrid, ni todos los ciudadanos son católicos, ni toda la ciudadanía tiene la misma opción política, luego extraer y difundir la idea de que la opción separatista pacífica conduce necesariamente al caos es pueril y manipulador; si eso fuera así, los nuevos países (una treintena en el mundo desde 1990) nacidos a través de un referéndum estarían en guerra civil continua ya que en ninguno de ellos hubo un 100% a favor; al contrario, cuando, como recientemente en Guinea Ecuatorial, el presidente del gobierno es reelegido en una votación con un 98% de votos favorables, algo huele mal.
Diálogo y respeto si se buscan soluciones estables. Lo demás es intoxicar.
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El diálogo SIEMPRE se basa en las diferencias,
4) Todo apunta que apelar en estas cuestiones (no en otras) a la soberanía es una burda manipulación engañando con un ataque al patriotismo que no es tal, sino la certificación de la incapacidad de gestionar un problema y el buscar excusas para ello, Vamos a ver: si una Comunidad Autónoma (la que queráis) plantea unos agravios al Gobierno Central, entre ellos deben solucionarlo y, en todo caso, a mí, en otra comunidad, sólo me ha de preocupar cómo el Gobierno Central ha pensado que no me afecte ese contencioso, y en modo alguno debo permitir que ese Gobierno Central me diga que yo debo impedir que la Comunidad Autónoma presente sus agravios. Es doctrina del Derecho Internacional que la solución a estos contenciosos ha de ser escrupulosamente bilateral, como bien sabe el gobierno español, ¿o acaso votó un murciano, pongamos por caso, en el referéndum de 1968 para la independencia de Guinea ESPAÑOLA? ¿o se apeló a la soberanía para abandonar a su suerte a los ciudadanos ESPAÑOLES del Sahara ESPAÑOL? ¿o cuando se cedieron los territorios del antiguo Protectorado de Marruecos? Y si vamos a la escena internacional, ¿votó Gales en el referéndum de Escocia? ¿ha votado España, miembro de la UE, en el Brexit, para salir el Reino Unido de ella? No, apelar a la soberanía en asuntos como éste es manipular y engañar a la gente, predisponiéndola, manejando sus sentimientos, contra el "diferente".

Resumiendo, y huyendo, repito, de vericuetos políticos, sí que parece desprenderse que, aplicando modelos de gestión empresarial de discrepancias entre filiales (que son normales y, a veces, sonadas), se ha errado en el caso actual el planteamiento inicial al no querer conocer el motivo, origen y alcance de la discrepancia y se han sembrado excusas y responsabilidades de terceros, cuando menos, cuestionables, buscando una complicidad en la no-gestión del problema. Tal visión no puede dar jamás una solución estable y duradera a la discrepancia sino, como mucho, que quede acallada un tiempo con el riesgo de que rebrote con mayor dimensión y virulencia. Mirando hacia atrás, no muy lejos, la verdad, ya es perceptible que el diseñar un planteamiento posiblemente erróneo (y el sostenello y no enmendallo, quizá por aquello de la captación de unos votos) condiciona la política o no-política a aplicar y el que sea imposible vislumbrar un desenlace razonablemente satisfactorio para todas las partes, que es el objetivo que se busca cuando en el mundo empresarial se ha de gestionar una discrepancia, por incómoda que resulte.

Remedando lo que nos dice la Biblia, dad al César lo que es del César... y lo que es política sólo a los políticos, rogando sobremanera que éstos sean honestos, sepan qué es la política y sus responsabilidades en democracia y, ya puestos a pedir, que sean un poco (sólo un poco) inteligentes y abiertos.

jueves, 16 de noviembre de 2017

La banda de Moebius

Los amantes del comic o historieta (eso que el gran Hugo Pratt, entre otros, definió como "literatura dibujada") están habituados a identificar a cada uno de sus autores con un mismo estilo a lo largo de toda su obra; así pasa, por citar sólo clásicos, con Ambrós (independientemente de que nos refiramos a El Capitán Trueno o a El Corsario de Hierro, pongamos por caso), con Gago (El guerrero del antifaz o El aguilucho, por ejemplo) o con cualquier otro. También pasa lo de unidad de estilo con los que no suelen tener personajes "fijos" en su obra: Luis García, Enric Sió, Esteban Maroto, Milo Manara, los autores de ese comic en principio ajeno a nuestra tradición como es el japonés de Naruto, etc., incluso, naturalmente, los dibujantes de humor como Forges, Mingote,..., en los que basta ver una viñeta para identificarlos sin atisbo de duda. Eso no debe de interpretarse como que su obra no evoluciona, sino que ofrece un patrón que la distingue en particular de la de otros dibujantes, pero de evolucionar, vaya si evoluciona: sin ir más lejos, el Asterix que dibujaba Uderzo en Asterix el galo se parece como un huevo a una castaña al Asterix del mismo dibujante en ¡El cielo se nos cae encima!.

Pero siempre hay excepciones. Veamos con cierto detenimiento una excepción clamorosa echando un vistazo a la obra de un reconocido mundialmente artista de la historieta, identificado en más de un estilo que, además, él mismo se cuidaba de distinguir con firmas diferentes.

Jean Giraud (1938 - 2012) fue un dibujante de historietas e ilustrador francés, que se dio a conocer con el seudónimo Gir en el afamado western El Teniente Blueberry y su saga para luego revolucionar la historieta de ciencia ficción con el seudónimo de Moebius y obras como El garaje hermético o El Incal . Tal fue su fama, que los medios de comunicación de su país llegaron a clasificarlo como compañero de los llamados nuevos filósofos franceses (nouveaux philosophes).

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Jean Giraud como Gir
Vayamos por partes.

Nacido en un suburbio de París, cuando tiene 16 años se traslada a México ya que su madre se casa con un mexicano. Allí descubre la pintura, el jazz moderno, el sexo y la marihuana (excediendo la superficialidad de esta entrada, en la que no lo comentaremos, estos "descubrimientos" tienen su impacto en su trayectoria vital y en su obra). Vuelve a París para realizar el servicio militar, siendo destinado primero a Alemania (16 meses) y después a Argelia.

Tras dibujar la serie Frank et Jeremie para la revista Far West, trabaja como aprendiz de uno de los grandes maestros de la historieta franco-belga. Alcanzó, sin embargo, la celebridad como dibujante del western El Teniente Blueberry, de 1964, para el que firmaba como Gir, y cuyas aventuras se alargan hasta 2007. El teniente Blueberry, con millones de ejemplares vendidos, transmite la sensación de que será imposible ver mejor reflejado el western en el tebeo (con el permiso, quizá, de Mac Coy o de Manos Kelly, ambos de nuestro gran Hernández Palacios). Con el personaje, tan íntegro como pendenciero, tan leal como amante de las mujeres, el lector recorre años del mejor y más real salvaje Oeste, incluida su decadencia.

Con el mismo estilo y firma publica otros personajes como Jim Cutlass, y firma algunos trabajos con su nombre completo, Jean Giraud, pero, curiosamente, al tiempo que dibuja westerns, se dedica a leer con dedicación ciencia-ficción, y así nace su alter ego Moebius, que representa la aparición en el mundo de la historieta de un nuevo modo de narrar y dibujar que trastoca todos los géneros, en una metamorfosis en su creación: “La metamorfosis corre por toda mi obra. No es la metamorfosis clásica, la de Ovidio, que habla de la vida donde todo cambia siempre en una misma dirección, del nacimiento a la muerte... Va, cuentos para niños. Lo que hago es distinto: muestro el pánico de ver las cosas que se van, la dificultad de dar identidad a los actos". Dibujando como Moebius explota lo infinito y lo terrenal, lo inmortal y lo perecedero, lo fantástico y la imaginería del pasado, pese a ser un hecho de que durante décadas fue el personaje de Blueberry quien mantuvo económicamente a Giraud, como él mismo reconoció: “¿Que si Gir paga las locuras de Moebius? Es una realidad histórica. Gir es una profesión; Moebius, un estado del alma. Me es difícil definir a Moebius, porque ahí soy artista. Pero, ¿qué es ser artista en nuestro mundo? Necesitas sobrevivir, y entonces los artistas se convierten en vendedores, debes gustar a los otros o ceder parte de ti para comer. No sé, no sé...”

Jamás se cerró a ninguna posibilidad artística, aunque nunca apreció el manga japonés y, paralelamente a su labor como historietista e ilustrador, Jean Giraud participó en los diseños de multitud de películas conocidas, como Alien, Dune, Tron, Masters of the Universe, Willow o Abyss, donde inspiró con sus dibujos el desarrollo de la escenografía, siendo galardonado en varias ocasiones por esta actividad.

En su última etapa, pasados los 65 años de edad, decidió dejar la marihuana (que, recordemos, había descubierto en su adolescencia, en México) y emprender la realización de un diario para reflejar la experiencia, que acabará dando lugar a la que sería su obra póstuma, Inside Moebius, una metanarración en la que sus propios personajes se enfrentan a su creador, el giro final de un viejo creador que vuelve a explorar en su interior y que disfruta de la autoironía.

Y ¿por qué el nombre de Moebius? En palabras del propio Giraud, "no tanto para ocultarme como para inventar algo sobre mí mismo que fuera más allá de mí mismo. Moebius no está detrás, sigue una existencia paralela a la mía" y toma prestado el nombre del matemático y astrónomo alemán August Ferdinand Möbius (1790 – 1868), conocido, sobre todo, por su descubrimiento de la banda de Möbius o de Moebius (realmente la banda fue co-descubierta simultáneamente en forma independiente por los matemáticos Moebius y Johann Benedict Listing, también alemán, aunque se le asigne solamente el nombre del primero). En la decisión de Giraud tiene que ver el magnetismo que ejerce una de las ideas que subyace en la banda: cambiar radicalmente, incluso de orientación, sin dejar de ser uno mismo.

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Jean Giraud como Moebius

La banda o cinta de Möbius o Moebius es uno de esos sencillos objetos geométricos que rozan la magia y, para entendernos, no es más que una cinta de papel, preferentemente larga para manejarla con soltura, cuyos extremos se han unido girándolos. Prescindiendo de complicadas fórmulas matemáticas para parametrizar su representación geométrica, lo cierto es que la banda de Moebius tiene unas propiedades curiosas:

- Es una superficie que sólo posee una cara: Si se colorea la superficie de una cinta de Moebius, comenzando por la «aparentemente» cara exterior, al final queda coloreada toda la cinta, por tanto, sólo tiene una cara y no tiene sentido hablar de cara interior y cara exterior.

- Tiene sólo un borde: Se puede comprobar siguiendo el borde con un dedo, apreciando que se alcanza el punto de partida tras haber recorrido la totalidad del borde.

- Es una superficie no orientable: Una persona que se deslizara «tumbada» al través sobre una banda de Moebius, mirando hacia la derecha de la cinta, al recorrer una vuelta completa aparecerá mirando hacia la izquierda.

- Si se corta una cinta de Moebius a lo largo, se obtienen dos resultados diferentes, según dónde se efectúe el corte: a) Si el corte se realiza en la mitad exacta del ancho de la cinta, se obtiene una banda más larga pero con dos vueltas; y si a esta banda se la vuelve a cortar a lo largo por el centro de su ancho, se obtienen otras dos bandas entrelazadas. A medida que se van cortando a lo largo de cada una, se siguen obteniendo más bandas entrelazadas. b) Si el corte no se realiza en la mitad exacta del ancho de la cinta, sino a cualquier otra distancia fija del borde, se obtienen dos cintas entrelazadas diferentes: una de idéntica longitud a la original y otra con el doble de longitud.

Precisamente por sus sorprendentes propiedades, la banda de Moebius ha sido y es utilizada en campos tan dispares como la matemática, el arte, la ingeniería, la magia, la ciencia, la arquitectura, la música, el diseño, la literatura, etc., ya sea de manera explícita o simplemente como una metáfora. Y el hecho de que, en puridad, su "anverso" y su "reverso" sean la misma cosa, abre el abanico de su relación con las humanidades, con el pensamiento, ya que incorpora nuevas formas de ver la realidad relacionando la cinta de Moebius con el tránsito entre lo conocido y lo desconocido. Ilustra el modo en que el pensamiento puede exponer oposiciones binarias como interno/externo, amor/odio, significante/significado, verdad/apariencia,.. y aún siendo radicalmente distintos así esos términos opuestos no son vistos como separados sino como continuos. Por ejemplo, el discurso del gobernante se presenta como continuo respecto del discurso del analista. La banda de Moebius ayuda también a comprender cómo es posible “atravesar el fantasma”: dado que sus dos lados son continuos, se puede pasar del interior al exterior, o al revés (aunque resulta imposible decir en qué punto preciso se ha realizado dicho pasaje).
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La banda o cinta de Moebius

Las últimas aplicaciones conocidas de la banda de Moebius son en el campo de la psicología, la educación (en lo que son pioneras las universidades argentinas)... y la política, si bien ningún estratega de ninguna formación política, máxime si está en el poder, lo reconocerá porque sería como reconocer que se sirven de la doblez y de la imposición de un barniz uniforme en todo.

Lejos ya del lampedusiano Que todo cambie para que todo siga igual (frase lapidaria de Giovanni Tomasi de Lampedusa que aparece en su única novela, El Gatopardo, que ha pasado a definir el cinismo con el que los partidarios del Antiguo Régimen italiano se amoldaron al triunfo inevitable de la revolución, usándolo en su propio beneficio), la verdad es que con las nuevas tecnologías de la información/desinformación, se pueden crear y explotar impunemente eso que se ha dado en llamar postverdades y que es lo que siempre hemos conocido como mentiras, con el fin de que todo siga igual sin tener que aparentar que algo cambie.

Un ejemplo, entre muchos, del influjo de la (des)información en la creación de mundos paralelos que originan unas buscadas decisiones sesgadas, como en la banda de Moebius, lo tenemos recientemente en algo tan fuera de duda como debe ser el Congreso: a la crítica de un portavoz de un partido de la oposición acerca de la nula asunción de responsabilidad política (no confundir con la responsabilidad judicial, por favor, que es otra cosa) por parte de conocidos afectados por casos de corrupción, la vicepresidenta del gobierno, en vez de dar explicaciones (si las hay) para justificar tal evidencia, argumenta que "la responsabilidad política la han decidido los ciudadanos con su voto". Y se queda tan ancha. Y la aplauden.

Aparte del cuestionable "echar pelotas fuera" en tema tan inmoral, aplicando las propiedades de la banda de Moebius, está iniciando llegar al punto de giro y cubrir TODO el futuro con una capa de barniz tal que el votante no tenga la información necesaria para tomar decisiones pensadas, y lo considere eso normal, y ello en claro beneficio propio. Y no comentemos la sangrante constatación de que con esa actitud de rechazar responsabilidades personales (no lo olvidemos, aplaudida por los suyos) está amparando a muchos que siguen pensando que la ética es algo teórico que les suena que abordaron en una clase de filosofía un día que ellos no asistieron al aula.

Y así nos va. Es un tema palmario de manipulación al que, en el fondo, nunca nos acostumbraremos y ante el que la única "vacuna" (siempre parcial) es la búsqueda y contraste de información veraz. El problema serio añadido a la aplicación de la banda de Moebius es que un día descubrimos que la democracia en la que nos dicen que vivimos es en realidad una dictadura (en toda su extensión o sólo como dictadura de mayorías), pero es imposible saber con precisión en qué momento y con qué empezó la involución.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Delitos y delitos.

La Historia (con mayúsculas) nos instruye sobre aquellos hechos que los gobernantes de turno consideran que jalonan el camino que, a través del tiempo, nos ha conducido a donde estamos. Pero frecuentemente hace falta algo más que la Historia (con mayúsculas) para saber algo más de esos hechos y, a veces, los motivos que los han producido y el ambiente social en el que se han desarrollado. 

Por ejemplo, hace pocas semanas ha tenido lugar la celebración del Día de la Hispanidad, que se conmemora cada año el 12 de octubre, rodeado, como siempre de la polémica (en la que no entraremos) acerca de la conveniencia o no de su celebración, que se percibe diferente a ambos lados del Atlántico, tanto en los mensajes oficiales como en la respuesta de la ciudadanía, debido, sobre todo a la excesiva edulcoración oficial que, cuando le conviene, prioriza "descubrimiento" por encima de "conquista" o al revés, olvidando el aún pendiente ejercicio de contrición por los excesos cometidos en el proceso que afectan a la vida cotidiana de la gente, a sus historias (con minúsculas) que son, en definitiva, las que conforman la Historia (con mayúsculas). Y eso, no solo porque los "pequeños hechos" condicionan la gestación, desarrollo y consecuencias de los "Grandes Hechos", sino además porque, como saben los buenos historiadores (los políticos y sus medios de comunicación son otra cosa), pueden influir poderosamente en el análisis objetivo e interpretación de éstos. 

No puede hablarse, por ejemplo, de los efectos de la crisis financiera de 2008 en España prescindiendo de la actuación de las Cajas, del gobierno, del Banco de España o de las agencias de calificación internacional y sus cosillas.

Hablando de estas cosillas, y retomando lo de la Hispanidad, precisamente este año 2017 hace 400 años que "La Monja Alférez" confesó que era una mujer, y no un hombre, para eludir la pena de muerte a que la condenaba un tribunal por haber matado a un jugador en un tugurio, según consta en el manuscrito M282 de la Biblioteca Universitaria de Zaragoza, Relación de una monja que fue huyendo de España a Indias, primer relato autobiográfico de Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", copia del acta redactada el ocho de julio de 1617 por el escribano de su Magestad.

¿Y quién fue "la monja alférez" y qué relación tiene con la Hispanidad?
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Para resumir, Catalina de Erauso y Pérez Galarraga (1585 -1650), que éste era su nombre, es uno de los personajes más legendarios y controvertidos del Siglo de Oro español. Nacida en San Sebastián de padre militar, cuando tenía cuatro años, sus padres la llevaron al convento de El Antiguo, del que escapó una década más tarde siendo una joven novicia. Una vez libre, se cortó el pelo y viajó por toda la Península durante cuatro años antes de embarcarse para buscar aventuras en las Indias, donde trabajó como comerciante, soldado y arriero durante casi dos décadas vestida de hombre sin ser descubierta. Lucha contra los indios araucanos, asumiendo así el papel de cruel y sanguinario conquistador, y consigue el título de alférez pero debido a las múltiples quejas que existían contra ella por su crueldad contra los indios, no fue ascendida al siguiente rango militar. Esta frustración provocó que por un tiempo se dedicará a cometer actos vandálicos, como asesinar a cuanta persona se le atravesaba en el camino, provocar numerosos daños y quemar sembrados enteros. Se bate en duelos en múltiples ocasiones pero gracias a sus dotes en el manejo de la espada consigue siempre salvar su vida.

Finalmente, en 1623 fue detenida en Huamanga, Perú, a causa de una disputa en la había dado muerte a un parroquiano. Para evitar su ajusticiamiento pidió clemencia al obispo Agustín de Carvajal, al que confesó que era en realidad una mujer y que había estado en un convento. Tras comprobarse que era cierto que se trataba de una mujer y que además era virgen, el obispo la protegió y fue enviada a España, donde la recibió el rey Felipe IV, que le mantuvo su graduación militar y, lo que ha pasado a la posteridad, la apodó "monja alférez", y le concedió una pensión por sus servicios a la Corona en el Reino de Chile. Catalina visitó Roma, donde fue recibida por el papa Urbano VIII, que la autorizó a continuar vistiendo de hombre. De vuelta a América, se instaló en lo que hoy es México, donde murió, si bien no se saben con exactitud el lugar ni las causas de su muerte, ni dónde reposan sus restos. Queda abierto el debate sobre la conveniencia de conmemorar historias así para justificar la Historia.

Desde el punto de vista de personaje literario, Catalina de Erauso escribió, o hizo escribir, su autobiografía alrededor del año 1630, que fue publicada por primera vez en 1829 en París por Joaquín María de Ferrer bajo el título: Historia de la Monja Alférez, doña Catalina de Erauso, escrita por ella misma, é ilustrada con notas y documentos por D. Joaquín María de Ferrer, en la que el escritor francés Alexis de Valon se basó para publicar en 1847 el relato Catalina de Erauso. Y después hay La Monja Alférez de Luis de Castresana, La Monja Alférez de Juan Pérez de Montalbán, La Monja Alférez de Domingo Miras... y The Spanish Military Nun, de Thomas de Quincey, obra en la que Catalina se convierte de ser, según las crónicas, un personaje brutal, un asesino ocasional que contaba sus crímenes con indiferencia y un soldado castigado por su crueldad con los indios, en una muchacha hermosa y lozana, un héroe militar, una heroína romántica que por la fuerza de las circunstancias y cierta viveza de genio -que el autor encuentra disculpable- reparte estocadas entre los insolentes pero mantiene siempre el sello de pureza y religión de sus años de convento.
 
¿Manipulación o romanticismo? Veamos si la figura del autor de Quincey nos da alguna pista.

Thomas de Quincey (1785 – 1859), periodista, crítico y escritor británico del Romanticismo, y considerado como autor marginal, aunque admirado por Borges, Poe, Baudelaire y otros, que supo crear un estilo propio a partir de las experiencias de la vida, era, como se suele decir, un culo inquieto; nacido en Manchester, ya a los diecisiete años se escapó de la casa familiar con la intención de llegar a Londres (parecido a lo que había hecho "la monja alférez"). La escapada no pudo ser más desastrosa, al poco se queda sin dinero y se ve obligado a alimentarse de bayas y raíces y a malvivir como escribiente público y secretario de campesinos analfabetos. Sin embargo, reconciliado con su familia, pudo continuar sus estudios en la universidad de Oxford donde se hizo adicto al opio, usado originalmente para luchar contra los dolores que le producían unas neuralgias que padecía, e instalarse más tarde en Grasmere (en el centro de Inglaterra, en la zona de los Lagos) donde compartió tertulias literarias con Coleridge y William Wordsworth, entre otros.

El propio Thomas de Quincey escribió su autobiografía en tres entregas de su obra: Confesiones de un inglés comedor de opio (Confessions of an English Opium-Eater, 1821, traducido a veces como Confesiones de un opiómano inglés o Confesiones de un opiófago inglés), su continuación, Suspiria de profundis (1845) y Apuntes autobiográficos (1853). Pero si por una obra es especialmente conocido de Quincey es por Del asesinato considerado como una de las bellas artes, un sutil ensayo en clave de humor sobre filosofía estética y moral, en la que el autor parte de los crímenes reales cometidos por John Williams para construir un texto único "sobre los principios del asesinato, no con objeto de reglamentar la práctica sino de esclarecer el juicio". En él se indican consejos tan útiles como, por ejemplo, que "el sujeto elegido (para ser asesinado) debe gozar de buena salud". Según de Quincey, el crimen es reprobable cuando se proyecta pero, una vez consumado, algo ha de obtenerse de él. Un crimen ha de tener una estética, los detalles sangrientos quedan para el populacho, pero el hombre refinado debe buscar en el detalle elegante que convierta al asesinato una verdadera obra de arte. Asesinar, sí, pero con arte, viene a decir. Reflejado este arte, pese a todo, en una de las mejores muestras de la literatura en lengua inglesa.
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El libro contiene una frase, que ya forma parte de los anales del tratamiento del pensamiento lógico en la literatura: Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente.

Superado el pasmo que produce su lectura y la asimilación de ideas vertidas en ella, que consideramos contradictorias de acuerdo con nuestro sentido común, no me negaréis que viene como anillo al dedo para reflexionar superficialmente sobre algunos aspectos de los delitos y su importancia, alejado de corsés de teoría jurídica.

Dice el Diccionario de la Real Academia de la lengua Española que "delito" es la "Acción que va en contra de lo establecido por la ley y que es castigada por ella con una pena grave" (el subrayado es nuestro, o sea no contra lo que es justo). Más allá de vericuetos jurídicos, está generalizada la sensación de que delincuente, en cambio, no es quien se ajusta al incumplimiento de lo que define el DRAE como delito, sino el que mata, roba, maltrata personas o animales, es pederasta, es sobornador o corrupto, trafica con drogas, efectúa vertidos contaminantes en un río y, por desgracia, un largo etcétera de actos, estén o no incluidos como delito en el Código Penal1. Lo que ocurre es que ciertas leyes obedecen únicamente a voluntades partidistas, se derogan o modifican cuando cambia el color del gobierno, pero formalmente son leyes y, sobre el papel, hay que cumplirlas en tanto estén vigentes.

Para entendernos, "ley” y “justicia” son dos conceptos que muchas veces se suponen inseparables, tanto así que hay un gran número de personas bienintencionadas (junto a otras malintencionadas que alientan la confusión "barriendo para casa") que se confunden en cuanto a la diferencia que hay entre los mismos y usan ambas palabras de manera indistinta sin tomar en consideración algunos elementos diferenciadores entre la una y la otra.

- Las leyes son un conjunto de reglas y guías establecidas por instituciones con el objetivo de regular a su criterio el comportamiento de los ciudadanos de una nación. Dicho de forma breve y clara, las leyes son las que indican lo que se permite hacer y lo que no, sea o no justo.

- El concepto de justicia, por otra parte, se basa en los de igualdad, derecho, ética y moral; así este concepto recoge la idea de que todos los individuos deben de ser tratados de igual manera. Su relación con las leyes viene dada por el hecho de que se considera que las mismas deben ser iguales para todos, es decir, que si alguien con un buen status social comete un crimen debe ser castigado del mismo modo en que se castigaría a alguien que no tenga el mismo status. Asimismo, la justicia no está supuesta a discriminar atendiendo a aspectos como la etnia, religión, ideología política, credo, lengua, casta…de una persona. De ahí que se diga que no siempre todas las leyes son justas, y por ejemplo, en los Estados Unidos alguna vez la esclavitud de personas de color era algo completamente legal (la ley así lo permitía).

En definitiva, la justicia tiene más que ver con el sentido de la moral, mientras que las leyes, a pesar de que están supuestas a ser justas, en ocasiones pueden estar determinadas más por conveniencia del Estado en particular o incluso en beneficio de un grupo determinado dentro de dicho Estado lo que llega a pervertir el concepto de "estado de derecho".
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Es por ello que se ha de ser muy prudente en calificar (y especialmente en jalear que la ciudadanía crédula lo haga) a alguien de delincuente por acusársele de vulnerar una ley, con la carga peyorativa que ello comporta. En el enrevesado tema de Catalunya (será curioso ver cómo tratan los historiadores del futuro las historias de su Historia, según cuál sea el resultado final del conflicto) tenemos un ejemplo, al ver cómo el gobierno, sus voceros y sus fans tratan alegre e irresponsablemente de delincuentes y exigen pena de prisión a quienes sólo vulneran una ley que se puede cambiar y que no afecta a la moral ni a la justicia aunque sí al status y a la "razón de ser" de los tradicionales "vencedores" o "conquistadores" (corramos un tupido y pudoroso velo sobre la evidencia, que nadie discute pero que este gobierno prefiere ocultar, de que si hace años, cuando lo que se pedía era radicalmente diferente de lo que se plantea ahora y era legalmente posible - Herrero de Miñón, del PP, ente otros, dixit -, la respuesta de esos "vencedores" hubiera sido "hablemos" en lugar del cerril y mantenido "no quiero", la situación sería muy otra. Al César lo que es del César...). Porque, vamos a ver, ¿por qué es un delincuente (con ese nombre) quien reclama pacíficamente su derecho a votar, aunque la ley vigente no lo contemple, y no lo es quien hace oídos sordos a la transposición a nuestro ordenamiento jurídico de una directiva europea obligatoria, también vigente (incumple, pues, la ley), que protege a la ciudadanía de ciertos abusos, aquí aún legales, en temas de desahucio, por ejemplo?

Seguramente no es el símil más afortunado, pero sí suficientemente ilustrativo: no hace tantos años, una mujer que pedía la separación de su marido (no existía la figura jurídica del divorcio), se exponía cuando menos al rechazo social2, a ser tachada de delincuente de inmediato, y al ingreso en prisión (hubo casos, como es sabido) en aplicación de leyes vigentes. Con esos antecedentes cercanos en el tiempo, ¿alguien en su sano juicio, incluyendo aquellos radicalmente opuestos a la Ley de divorcio porque mantienen que atenta contra sus creencias religiosas, se atrevería a tachar de delincuente a Su Majestad Letizia Ortiz, reina de España, sea ahora o sea en el momento de su boda con Felipe, por ser entonces divorciada de una unión anterior? Porque no olvidemos que muy recientemente alguien, en situación idéntica era una delincuente con riesgo de ser encarcelada. Seamos muy cautos, prudentes y respetuosos al adjetivar a las personas e intentemos conocer antes, en su caso, cuál es y de qué tipo es la norma de la que se las acusa incumplir.

Desde estas líneas hemos abogado en ocasiones por la, a nuestro juicio, necesaria revisión del Código Penal, teniendo como norte inalterable la consecución de la identidad quasi matemática de ley = justicia, al igual que la también imprescindible revisión de una Constitución que cuando fue redactada hace 40 años estaba rodeada de ruido de sables, que se ha de hacer bajo el respeto de los Derechos Humanos, a los que deben someterse también, lógicamente, todas las leyes que emanen de esa nueva Constitución.

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1En este sentido, no deja de llamar la atención que, de forma recurrente, cuando se engancha a un evasor, un corrupto o similar (siempre "presunto", por descontado) con las manos en la masa, ya sea en la lista Falciani, en Luxeleak, en Panama's papers, en la (pen)última de Paradise's papers,... el primer argumento de sus abogados es que el latrocinio se ha llevado a cabo "dentro de la ley". Para pesarlo. Algo huele a podrido. 

2En el que intervenían otros factores, por supuesto; para la prensa de la época, la mujer soltera que convivía con el torero El Cordobés era su novia; en cambio, la pareja en idéntica situación del quinqui El Lute era su barragana. Ahí está la hemeroteca.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Pensamiento lógico y pensamiento lateral

En la película Alexander, dirigida el año 2004 por Oliver Stone, en la que se glosa la niñez y juventud, hasta llegar a la edad adulta del gran Alejandro Magno – Collin Farrell, pasando por sus tormentosas relaciones de adolescencia con su padre Filipo II de Macedonia – Val Kilmer (sobre cuya paternidad existen dudas fundadas) y unas no menos complejas relaciones con su madre Olimpia de Epiro – Angelina Jolie, hay una secuencia, filmada sin duda para satisfacer las tendencias estético-culturales actuales pero que resulta poco creíble en la realidad o, cuando menos, chocante, y es aquella en la que Aristóteles1 – Christopher Plummer imparte sus conocimientos a Alejandro joven, junto con otros compañeros, no en un foro o en campo abierto, sino en las ruinas de un edificio.

Más allá de la película y sus anacronismos estéticos, lo cierto es que para la historia de la civilización antigua las hazañas de Alejandro Magno (Alejandro III de Macedonia el Grande, en puridad) supusieron un torbellino de tales proporciones que aún hoy se puede hablar sin paliativos de un antes y un después de su paso por el mundo. Y aunque su legado providencial (la extensión de la cultura helénica hasta los confines más remotos) se vio favorecido por todo un abanico de circunstancias favorables que reseñan puntualmente los historiadores, su biografía (en la que no entraremos) es en verdad una auténtica epopeya, la manifestación en el tiempo de las fantásticas visiones homéricas y el vivo ejemplo de cómo algunos hombres descuellan sobre sus contemporáneos para alimentar incesantemente la imaginación de las generaciones venideras. Y algo tuvo que ver en todo ésto Aristóteles, de quien, con los años, confesaría Alejandro que le enseñó a «vivir dignamente»; y por el que siempre sintió una sincera gratitud.
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No es el de Alejandro, ni de lejos, el único caso que demuestra la efectividad de ejercer las acciones de gobierno incorporando a ellas puntos de vista no estrictamente políticos, o incluso, en su caso, estrictamente bélicos; así se puede observar, por ejemplo, en el libro El arte de la guerra, atribuído al militar y estratega chino Sun Tzu, unos 500 años a. C., que no solo es popular entre los teóricos militares, sino que también se ha ganado una gran aceptación entre los líderes políticos y los de gestión empresarial porque, a pesar de su título, El arte de la guerra aborda estrategias de un modo amplio, incidiendo en la administración pública y la planificación y describe, naturalmente, teorías para las batallas, pero también aboga por la diplomacia y el cultivo de las relaciones con los oponentes como algo esencial para la salud de un estado.

Sin entrar a tomar partido, pero sí constatando que se están tomando medidas cuyas consecuencias, hoy por hoy, son imprevisibles, es inevitable fijarse en la montaña rusa en que se ha convertido el contencioso planteado inicialmente como una mejora en la relación entre Catalunya y España y que hoy está presentado, sin serlo, en un tema exclusivamente jurídico, por la cerrazón de unos y otros (aunque como siempre en estos casos, más por unos que por otros, según sopla el viento). El intentar analizar con cierta objetividad el incumplimiento de los sabios consejos de El arte de la guerra en este caso para desembocar en el marasmo actual nos retrotrae a unos años atrás, cuando lo que se planteaba era posible. Sólo caben entonces dos alternativas: o no se sabe o no se quiere buscar una solución.

Llegados a este punto de divergencia, permitámonos la licencia de olvidar lo que recoge la hemeroteca (sería dramático que se pudiera comprobar a través de la citada hemeroteca que estamos como estamos porque una parte se hubiera enrocado en el "no quiero", lo que sería pregonar incompetencia arrogante jugando de manera insensatamente peligrosa por una falta de sensatez personal con el bienestar social actual y con el futuro de todo un país). Partamos, pues, de la premisa de que lo que falla en la búsqueda de una solución duradera es el método a aplicaren esa deseada y deseable mejora de relaciones. No olvidemos en ese contexto las palabras de Albert Einstein: «Una locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo», luego parece razonable que, para dar salida a una situación enquistada hay que hacer algo diferente a lo que hacíamos. Pero, ¿qué?, porque la verdad es que se nos ha habituado en todos los tiempos, en las escuelas y en las universidades, a estimular y cultivar el pensamiento lógico o vertical, que, si bien es eficaz, resulta incompleto con frecuencia. El pensamiento lógico, selectivo por naturaleza, ha de complementarse con las cualidades creativas de otro tipo de pensamiento, llamado lateral, que es el conjunto de procesos mentales destinados al uso de información de modo que genere ideas creativas mediante una reestructuración inteligente de los conceptos ya existentes en la mente.

La eficacia del pensamiento lateral es fácilmente observable cuando se gestionan soluciones para modelos rígidos en los que:
- Es extremadamente difícil modificar un modelo.
- La información incorporada a un modelo (caso), no se puede usar fácilmente asociada a otro modelo diferente.
- Se percibe concentración, todo lo que tiene cierta semejanza con un modelos estándar se percibe como si fuese el mismo
- Los modelos se crean a veces formando divisiones más o menos arbitrarias.
- Hay una gran continuidad en el sistema.
- La secuencia u orden de la información de entrada desempeña un papel demasiado importante en el desarrollo de los modelos, dificultando el orden óptimo de datos posteriores.
- Hay una tendencia de pasar bruscamente de un modelo (caso) a otro en vez de conferir a la evolución de las ideas, una transición más suave.
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El pensamiento lateral es una forma específica de organizar los procesos de pensamiento, que busca una solución mediante estrategias o algoritmos no ortodoxos, que normalmente serían ignorados por el pensamiento lógico. El pensamiento lateral está íntimamente relacionado, pues, con los procesos mentales de la perspicacia, la creatividad y el ingenio. Se trata de una forma definida de aplicar estos recursos de la mente a un tema o problema dado, oponiendo nueva información con ideas viejas. Se obtendría así una modificación de la idea antigua como resultado de los nuevos conocimientos. Por ello, el pensamiento lateral tiene como función también la liberación del efecto restrictivo de las ideas anticuadas, lo que conduce a cambios de actitudes y enfoques, a la visión diferente de conceptos inmutables hasta entonces. La liberación del efecto moralizador de las viejas ideas y el estímulo de nuevas ideas es una doble función del pensamiento lateral.

En el pensamiento lateral se busca a veces información que nada tiene en común con el problema que se estudia, mientras en el pensamiento lógico o vertical sólo se busca lo que está relacionado con dicho problema. El pensamiento lateral no pretende sustituir al pensamiento vertical: ambos son necesario en sus respectivos ámbitos y se complementan mutuamente; el primero es creativo, el segundo selectivo. El pensamiento lateral aumenta la eficacia del pensamiento vertical, al ofrecerle nuevas ideas para su elaboración lógica. El pensamiento lateral es, en definitiva, un modo diferente al habitual de usar la mente y se constituye en un hábito y en una actitud mental.

Pese a todo, el pensamiento lateral inspira cierta desconfianza, principalmente porque se ignora el mecanismo de la perspicacia y la subordinación de la información a los modelos establecidos, que actúan como clisés limitadores de nuevas ideas. El pensamiento lateral aumenta la eficacia del pensamiento vertical al poner a su disposición un gran número de ideas, de las que aquél puede seleccionar las más adecuadas y es útil sólo en la fase creadora de las ideas y de los nuevos enfoques de problemas y situaciones. Paradójicamente, su selección y elaboración final corresponden al pensamiento lógico o vertical.

Culturilla: el término fue acuñado por el profesor maltés Edward de Bono, catedrático de la Universidad de Oxford en su libro New Think: The Use of Lateral thinking publicado en 1967, que se refiere a la técnica que permite la resolución de problemas de una manera indirecta y con un enfoque creativo.

No pretendemos convertir esta entrada en una clase de psicología aplicada, por lo que a modo de resumen, solo recordaremos que hay cuatro elementos clave en el proceso de pensamiento lateral para resolver problemas, que son:

- Comprobación de suposiciones: al enfocar un problema con un pensamiento lógico o vertical es posible que no se encuentre la solución. Usualmente, se llegan a deducir cosas que son factibles pero que seguramente no son la respuesta buscada. Con una "mente abierta" se enfrenta a cada nuevo problema que se presenta.

- Hacer las preguntas correctas: lo más importante en el pensamiento lateral es saber qué preguntas deben formularse. Cuando se utiliza este método para resolver problemas se debe comenzar haciendo preguntas generales para enmarcar adecuadamente el problema. Luego, examinar los datos conocidos con preguntas más específicas sometiendo a examen las hipótesis más obvias, hasta alcanzar una visión alternativa cercana a la solución.

- Creatividad: es otra herramienta clave del pensamiento lateral o creativo. La costumbre de ver los problemas siempre desde un mismo enfoque no siempre ayuda a resolverlos2. Se trata entonces de enfocarlos creativamente desde otro ángulo. La perspectiva lateral será más efectiva a la hora de resolver cuestiones aparentemente no convencionales.

- Pensamiento lógico: para lograr un pensamiento lateral adecuado es un requisito refinar el análisis de modo lógico, la deducción y la disciplina del razonamiento, ya que sin estos elementos el pensamiento lateral sería un pensamiento anhelante, que sólo se limita a extraer ideas excéntricas.
El pensamiento lógico es importante porque permite poner orden en los pensamientos, expresarlos con claridad, realizar interpretaciones o deducciones correctas, descubrir falsedades y prejuicios, así como saber asumir actitudes críticas ante determinadas situaciones. Además de todo ello, el pensamiento lógico permite, en el campo de la investigación científica, suministrar el empleo correcto de los esquemas válidos de inferencia, proporcionar legalidad a los procedimientos deductivo, inductivo y analógico, establecer las bases para toda operación racional, y finalmente, realizar de manera coherente, consistente y sistemáticamente todo el proceso de investigación.

Pero, desde luego, la aplicación del pensamiento lateral no es una panacea de que se encontrarán soluciones, creativas o no, a los temas presentados, como tampoco es panacea el pensamiento lógico; ni siquiera la combinación de ambos. Para la mayoría de ocasiones en la práctica cotidiana, lo verdaderamente eficaz es eso que llamamos sentido común, y además tenemos la seguridad de que hay temas cuya atención escapa, tanto al pensamiento lógico como al lateral por sí mismos. Veamos:

Adolphe Quételet (1796 – 1874) fue un astrónomo, matemático, sociólogo y naturalista belga, fundador del Observatorio real de Bélgica y responsable, con sus trabajos, de que la palabra "estadística" tenga el significado que hoy le conocemos, que, aprovechando que Francia había empezado a publicar sus estadísticas de crímenes en 1825, tuvo la ocurrencia de examinarlas, llegando a la conclusión de que el número de asesinatos se mantenía prácticamente constante año tras año, incluso que la proporción de medios empleados (pistola, cuchillo, puños, veneno,...) parecía seguir un patrón, lo que, en su vertiente de sociólogo, lo expresó así fundamentalmente:

- El delito es un fenómeno social que puede conocerse y determinarse estadísticamente.
- Los delitos se cometen año con año con absoluta regularidad y precisión.
- Los factores que influyen como causas de la actividad delictiva son: el clima, la pobreza, la miseria, el analfabetismo, etc.

Dejando aparte el tercer factor, el de causalidad, el análisis de los dos primeros llegó a  plantear serias dudas morales a Quételet, toda vez que si bien en un año cualquiera es imposible saber quién se convertirá en asesino, es posible predecir estadísticamente en cualquier año el número probable de asesinatos que se producirán, lo que le llevó a cuestionar de forma muy seria la responsabilidad personal (ahora sí ligada al factor de causas) y la ética del castigo. Y eso porque, en su opinión, si la sociedad se mostraba como una máquina que fabricaba un número regular y mantenido de asesinos, ¿no indicaba ésto que era la sociedad, no el individuo, la culpable de los asesinatos?

Ahí queda eso, que aún hoy resulta políticamente recurrente como debate, que queda abierto a someterlo a un ejercicio de pensamiento lateral si alguien se atreve, y que viene a corroborar que, como Alejandro Magno o Sun Tzu, la buena política debe ser continua compañera de viaje de otras ramas del saber como filosofía, lógica, retórica, metafísica, estética, ética, etc., curiosamente disciplinas que algunos designan como prescindibles en los planes de estudio generales.
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Ejemplo clásico de pensamiento lateral gráfico: "Cómo unir los 9 puntos con 4 rectas sin levantar el lápiz del papel". (Hay que romper con la idea que nos limita a la actuación DENTRO del cuadrado representado por los 9 puntos)

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1Es cierto que si bien la educación de Alejandro fue inicialmente dirigida por Leónidas, un austero y estricto maestro macedonio que daba clases a los hijos de la más alta nobleza, que lo inició en el ejercicio corporal pero también se encargó de su educación, a los trece años fue puesto bajo la tutela de Aristóteles, el filósofo que más influyó en la filosofía y las ciencias. Durante cinco años sería su maestro, en un retiro de la ciudad macedonia de Mieza. Aristóteles le daría una amplia formación intelectual y científica en ramas como filosofía, lógica, retórica, metafísica, estética, ética, política, biología, y otras tantas áreas. Sin embargo, no hay ni la más pequeña prueba de que Aristóteles influyera en Alejandro, ni en objetivos ni en métodos 

2No me resisto, cuando se habla de cambio de enfoque, a reproducir íntegramente una historia suficientemente ilustrativa, del propio De Bono: "Hace muchos años, cuando una persona que debía dinero podía acabar en la cárcel, un comerciante de Londres tuvo la desgracia de deber una suma elevada a un prestamista. A éste, que era viejo y feo, le gustaba la preciosa hija adolescente del mercader. Y le hizo una oferta. Dijo que cancelaría la deuda del mercader si a cambio se quedaba con la joven.
Tanto el mercader como la hija se horrorizaron con la propuesta, de manera que el astuto prestamista sugirió que fuera la providencia quien dirimiese el asunto. Les dijo que metería una piedrecita negra y otra blanca en un monedero vacío y que entonces la joven debía extraer una. Si escogía la negra, sería su esposa y se cancelaría la deuda del padre. Si escogía la blanca, podría quedarse con el padre y la deuda también se cancelaría. Pero si se negaba a sacar una piedrecita, sería el padre quien iría a la cárcel y ella quien pasaría hambre.
El comerciante aceptó a regañadientes. Estaban en un sendero, sembrado de piedrecitas, del jardín del mercader mientras hablaban y el prestamista se detuvo para recoger los dos guijarros. Cuando los cogía, la chica, con ojos de lince a causa del miedo, se fijó en que el hombre tomaba los dos negros y los metía en el monedero. Acto seguido, el prestamista pidió a la chica que escogiese la piedrecita que decidiría su destino y el de su padre.
Imaginad que estáis en ese sendero del jardín del mercader. ¿Qué habríais hecho si hubierais sido la desgraciada chica? ¿Qué le habríais dicho si hubierais tenido que aconsejarla?
¿Qué tipo de razonamiento utilizaríais para resolver el problema? Tal vez creáis que un análisis lógico minucioso debería solucionar el problema, si es que tiene solución.
Este tipo de pensamiento es, sencillamente, el pensamiento vertical. El otro tipo es el pensamiento lateral. Los pensadores verticales por lo general no resultarían de gran ayuda para una chica en esta situación. Según su manera de plantear el problema, hay tres posibilidades:
1. La chica debería negarse a extraer la piedrecita.
2. La chica debería demostrar que hay dos guijarros negros en el monedero y poner en evidencia el engaño del prestamista.
3. La chica debería extraer la piedrecita y sacrificarse para salvar a su padre de la cárcel.
Ninguna de estas posibilidades es demasiado útil, ya que si la joven no coge la piedrecita su padre va a la cárcel, y si la coge entonces se ha de casar con el prestamista.
El relato muestra la diferencia entre el pensamiento vertical y el lateral. Los pensadores verticales se centran en el hecho de que la chica tiene que extraer una piedrecita. Los pensadores laterales, en cambio, lo hacen en la piedrecita que queda fuera. Los pensadores verticales adoptan el punto de vista más razonable de una situación y acto seguido intentan resolverla de manera lógica y atenta. Los pensadores laterales tienden a examinar todas las maneras diferentes de ver un problema, en vez de aceptar las más prometedoras y actuar en consecuencia.
La joven del relato metió la mano en el monedero y sacó un guijarro. Sin mirarlo, hizo un movimiento torpe y lo dejó caer en el sendero, donde se confundió inmediatamente entre los demás.
—¡Oh, qué torpe soy! —dijo—. Pero no pasa nada… si mira en el monedero, me podrá decir qué piedrecita he cogido gracias al color de la que queda.
Como el guijarro que queda es, evidentemente, negro, no queda más remedio que asumir que había extraído el guijarro blanco, ya que el prestamista no osaría admitir su deshonestidad. De esta manera, al usar el pensamiento lateral, la chica cambia lo que parece una situación imposible por otra increíblemente ventajosa.
En realidad, la situación de la joven es mucho mejor que si el prestamista hubiera sido honesto y hubiera puesto una piedrecita blanca y otra negra dentro del monedero, ya que entonces sólo hubiera tenido una posibilidad equitativa de salvarse. Tal y como están las cosas ahora, se asegura que se quedará con el padre y a la vez consigue la cancelación de la deuda".

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Día de difuntos.Vida vs. muerte

El día 1 de noviembre es la fecha instaurada por la Iglesia Católica para conmemorar de forma agrupada y colectiva a aquellas personas declaradas como "Santos" y de las que el día que se dedica a su celebración pasa desapercibido por la razón que sea.
Como quiera que un día así es marcado como canónicamente festivo, la gente aprovecha para recordar a sus deudos visitando, con más o menos recogimiento, el lugar donde reposan sus restos mortales, sin prestar demasiada atención a que el día señalado por la Iglesia para honrar a los Fieles Difuntos es el siguiente, el 2 de noviembre, que ya no es festivo, por cierto.

No tiene ninguna importancia esa progresiva suplantación de fechas; lo relevante es que se propone un día, el que sea, para reflexionar sobre aquella verdad incuestionable de “Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris” (Recuerda hombre, que eres polvo, y que al polvo regresarás), con los matices de que la Iglesia sólo dedique el día a recordar a los fieles difuntos, a los miembros del club. ¿Qué pasa? ¿Que los no católicos no merecen ser incluidos en el respeto y el recuerdo? Sin olvidar que, precisamente, el respeto y el recuerdo van íntimamente ligados a cada persona, por lo que, en teoría, es discutible que se englobe en un mismo día "de difuntos" a Hitler y a Juan XXIII, ambos católicos, pongamos por caso, o a un fusilado y a quien se apuntó voluntario al pelotón de ejecución para fusilarlo.

No  nos perdamos; decíamos que lo relevante es poder destinar un tiempo a reflexionar sobre el traspaso que a todos llega. Por eso el título de esta entrada el Vida vs. muerte, puntualizando que la utilización del término vs. (versus) se refiere al significado original de la locución latina. En efecto, Versus es una palabra latina que suele abreviarse "vs." y significa «hacia»,y en su origen se refería al movimiento de ida y vuelta ejecutado por el labrador al arar la tierra. Pero esta palabra ha sido introducida por la cultura inglesa dominante con el significado de «contra» (por ejemplo: Occidente versus Oriente como sinónimo de Occidente contra Oriente). Y pese a que este uso de la palabra ha sido, tradicionalmente, impropio del español, ha acabado por imponerse hasta el punto de que ha acabado por ser aceptado por la Real Academia Española en su diccionario.

Nos quedamos con el significado original y hoy (por mañana) es el día de pensar que, necesariamente, todo lo vivo se encamina a la muerte. No pretendemos elucubrar sobre esta evidencia, sobre la que se han vertido (y se siguen vertiendo, y se vertirán) ríos de tinta, pero hemos recordado, a través de la música del cantautor catalán Lluis Llach, lo importante del posicionamento ante la llegada de lo inevitable.
La canción se llama Vida, y hoy es una fecha en que merece la pena escucharla:


El poema en que se basa la música es en catalán, y en 2013 fue versionado por Estrella Morente con motivo de la anual Maratón solidaria de TV3, la cadena pública catalana de televisión, para recaptar fondos, en esa ocasión destinados a la investigación contra las enfermedades neurodegenerativas. La versión, con el característico embrujo de la cantaora, también fue cantada en catalán, por lo que a continuación, para quien lo vea conveniente, se incluye la traducción al castellano:

 Tal vez me abandonen las palabras
o tal vez me abandonéis vosotros,
o solo los años me dejen
a merced de alguna ola,
a merced de alguna ola.
Mientras llega todo esto,
que por fuerza ha de llegarme,
tal vez tenga tiempo aún
de robarle a la vida
y así llenar mi bagaje.
Mientras llega todo esto....vida, vida!

Todavía veo, a veces,
a veces veo, todavía,
mis ojos de niño que buscan
más allá del vidrio helado
un color en la tramontana.
Voces sensatas me dijeron
que era inútil cansarme,
pero un sueño nunca me cansa
y a pesar de mi barba
soy un  niño en la mirada.
A veces veo, todavía...vida, vida!

Si envejezco en las palabras,
si envejezco en las palabras,
por favor cerrad la puerta
y huid de la añoranza
de una voz que se apaga.
Que no me ha de dar pena,
que no me dará pena alguna
y andaré de rama en rama
para escuchar lo que canten
nuevos pájaros en mi paisaje.
Que no me dará pena alguna....es vida, vida!

Si la muerte viene a buscarme,
si la muerte viene a buscarme
tiene permiso para entrar en casa,
pero sepa, desde ahora,
que nunca podré amarla.
Y si he de partir con ella,
y si he de partir con ella
todo lo que quede de mí,
sean gusanos, ceniza
o un acorde de mi viaje
quiero que canten este signo...vida, vida!

Tal vez me abandonen las palabras
o tal vez me abandonéis vosotros
o solo los años me dejen
a merced de alguna ola,
a merced de alguna ola.
Mientras todo esto llega...vida, vida!
Mientras todo esto llega...vida, vida!
Mientras todo esto llega...vida, vida!
Mientras todo esto llega...vida, vida!