domingo, 31 de octubre de 2021

En el día de los difuntos (I).


Una amiga, que decía tener la asignatura pendiente de visitar con calma Madrid, lo ha hecho 
recientemente y ha vuelto contando maravillas (no en todo, naturalmente) de lugares, 
especialmente ligados a la Cultura, que ha conocido en estos días allí, mostrando su 
veneración por, entre otros, el Palacio Real, el Auditorium, el Centro de Arte Reina Sofía, el 
Museo Thyssen, y el Museo del Prado, que la dejó deslumbrada. Y, respecto a este último, no 
es nada extraño; puesto que está considerado uno de los más importantes y visitados del 
mundo, siendo la institución cultural más importante de España. Singularmente rico en 
cuadros de maestros españoles de los siglos XV al XIX, según el historiador del arte e 
hispanista Jonathan Brown «pocos se atreverían a poner en duda que es el museo más 
importante del mundo en pintura europea». Con un nacimiento curioso, por cierto, porque en 
un decreto firmado el 22 de mayo de 1814, Fernando VII El Deseado, consiguió, muy 
hábilmente, privatizar todo el patrimonio real y hacerlo suyo, lo que incluía desde la colección 
pictórica acumulada por sus predecesores en el trono (con la que creó el Museo del Prado, en 
1819) hasta palacios en diversas ciudades españolas y señoríos reales desde época medieval. 
Pero eso es otra historia, no nos desviemos.

 

Pese a ser conocido, sobre todo, por la pintura española que alberga, la sección de pintura 
flamenca es la tercera del museo, tanto por cantidad como por calidad, solo por detrás de la 
española y casi al nivel de la italiana. El museo expone, entre otras obras, la mejor colección a 
nivel mundial de Hyeronimus Bosch, el Bosco, que incluye tres de sus obras capitales: los 
trípticos de El jardín de las delicias, El carro de heno y la Adoración de los Magos, así como las 
dos de Pieter Brueghel el Viejo, El triunfo de la Muerte y El vino de la fiesta de San Martín
Aprovechando que estos días son los destinados en todas las culturas (incluso con eso ñoño 
del Halloween, el truco y el disfraz infantil) a recordar la muerte y los muertos, tomando como 
base la pintura de Brueghel citada, nos permitiremos reflexionar sobre la Muerte (con 
mayúscula) en las artes plásticas desde un punto de vista, eso sí, de la tradición cultural y 
formación cristiana recibida.

 

La elaboración de imágenes es un impulso propio de los seres humanos desde que existen en 
el mundo que se acentúa ante situaciones desconcertantes: la imaginación intenta transformar 
lo ininteligible en una representación que pretende hacer accesible a la comprensión aquello 
que parece evadirla. En el caso de la muerte, ninguna imagen puede captarla y ofrecerla en 
todo su significado, pese a los variados modelos provenientes de la mitología, folclore, 
religiones, giros idiomáticos, arte y literatura. En la Edad Media y en el Renacimiento, en la 
cultura cristiana, se consideraba la muerte desde cinco puntos de vista principales, que sin 
duda influyeron en las representaciones artísticas:

	1) La muerte puede sobrevenir en forma brusca e inesperada a personas de toda 
edad y condición;
2) La fama terrena es transitoria, como sentencia poéticamente, entre otros, Jorge 
Manrique en sus conocidas Coplas a la muerte de su padre: “… ¿Qué se fizo el rey Don Juan? 
Los infantes de Aragón ¿qué se ficieron? ¿Qué fue de tanto galán, qué de tanta invención como 
trajeron?...
3) La belleza física, que decae con el envejecimiento, desaparece del todo con la 
corrupción del cuerpo después de la Muerte;
4) Al fin de los tiempos habrá una liberación final desde la tumba para presentarse al 
Juicio Final, en el que se recibirá premio o castigo sin fin, según las obras de misericordia 
hechas u omitidas durante la vida;
5) Las oraciones, misas, buenas obras y donaciones obtienen indulgencias en 
sufragio de las penas del Purgatorio.

 

A través de los siglos, distintos artistas asignaron distinta categoría al personaje de la Muerte: 
algunos lo visualizan como un ente derrotado por la muerte y resurrección de Jesús, otros 
como un enviado de Dios para castigar a los pecadores e instar a otros a que se enmienden, 
otros como un exterminador independiente que arrasa a débiles y poderosos, representándolo 
incluso como jefe de un ejército o llevando corona y séquito como un rey, a quien los 
poderosos rinden pleitesía. Por otra parte, en nuestra cultura estamos acostumbrados a la 
imagen de la muerte como femenina; sin embargo, en distintas épocas o regiones se la ha 
representado como hombre, mujer o de sexo no reconocible. Entre las posibles explicaciones 
para esta variación en el género de la personificación de la Muerte se mencionan las 
siguientes:

	– El sexo del personaje de la Muerte puede estar asociado al género gramatical de 
la palabra muerte en cada idioma. Por ejemplo: la palabra muerte es masculina en alemán, y 
femenina en castellano. Sin embargo en la Edad Media siempre se visualizaba a la Muerte 
como un hombre, pese a que el sustantivo latino mors es femenino;
– Consideraciones teológicas sobre quién trajo la muerte al mundo por haber 
cometido el pecado original.
– La imagen de la Muerte como un ‘doble’ de la persona viva: en este sentido, a 
veces se la representa como del mismo sexo que la persona que va a morir;
– Sexo de los personajes que inspiran al artista las imágenes, surgidos de la Biblia, 
de la mitología o de la creatividad de los autores.

 

La representación de la Muerte como personaje masculino predominó en la Edad Media y 
Renacimiento. El contexto teológico en que se consideraba la Muerte se desarrolló a partir del 
relato bíblico de la caída de Adán y Eva y su expulsión del paraíso. San Pablo, en la Carta a 
los Romanos y en la primera epístola a los Corintios afirma que la muerte es el salario del 
pecado. El pecado original fue la desobediencia de Adán y Eva a Dios. Dios había advertido a 
Adán, antes de la creación de Eva, que el castigo de comer el fruto prohibido sería la Muerte. 
La enseñanza paulina otorga la responsabilidad del pecado a Adán:por un hombre entró el 
pecado en el mundo y por el pecado, la muerte. Las pinturas medievales sobre la crucifixión 
de Jesús solían incluir al pie de la cruz el cadáver, el esqueleto o al menos el cráneo de Adán, 
para simbolizar que, al morir Cristo, vence a la muerte en este mundo, simbolizada por Adán. 
Desde el siglo VIII hasta el XIII hay imágenes de la Muerte como un hombre con barba, 
derrotado por la muerte de Jesús, ya sea ubicado al pie de la cruz o bajo el pie de Jesús. En 
algunas de esas obras, el carácter masculino de la Muerte –que posiblemente se refiere a 
Adán– contrasta con la representación de la Vida como una mujer. En una Biblia latina del 
siglo XIII conservada en la British Library se observa a la Muerte como un hombre algo 
faunesco, de piel oscura, con barba, que lleva una espada y una hoz que lanza miradas 
temerosas hacia atrás, escapando de un grupo de personas que le imploran angustiosamente 
que los deje morir. Durero publicó una xilografía en 1498 en donde ilustra el tema de los cuatro 
jinetes del Apocalipsis (1498), varones todos ellos  que simbolizan, respectivamente: la 
invasión de pueblos bárbaros, la guerra, el hambre y la Muerte. Este último jinete es un 
hombre musculoso enflaquecido, de rostro demacrado, semidesnudo, que lleva un tridente y 
va atropellando a hombres y mujeres de diversas condiciones sociales.

 

Un segundo enfoque teológico durante la Edad Media parecía centrar en Eva la 
responsabilidad del pecado y, consecuentemente, de la muerte. Al respecto, se cita un 
versículo de la primera epístola de San Pablo a Timoteo. Y el engañado no fue Adán, sino la 
mujer que, seducida, incurrió en la transgresión. En la Edad Media se hizo costumbre 
contrastar el papel de Eva como instigadora del pecado y de la muerte, frente a la función de 
María como mediadora hacia la vida eterna. En el contexto del pensamiento alegórico 
medieval, esto permitiría que la Muerte fuera visualizada como femenina. Posiblemente como 
resultado de esta línea de pensamiento, se hicieron en la Edad Media, aunque escasas, 
algunas representaciones de la muerte en forma de mujer, por ejemplo, en el pórtico del Juicio 
Final de la Iglesia de Notre Dame de París, que data de alrededor de 1210, se observa en un 
arco la imagen del cuarto jinete del Apocalipsis en versión femenina: con los ojos vendados, 
con sus senos flácidos sobre las costillas, siembra la muerte con las dagas que lleva en la 
mano, atropellando a un hombre con el galope de su caballo. En el drama alegórico de autor 
desconocido The Somonyng of Everyman ( La invocación de Everyman ), compuesto 
probablemente hacia fines del siglo XV, Dios hace venir a la Muerte, poderosa mensajera, que 
acude pronta a cumplir sus órdenes. Dios le encarga: Ve hacia el Hombre y dile de mi parte 
que deberá emprender un peregrinaje del que no será posible escapar; y que ha de llevar 
consigo sin dilación ni demora una cuenta cabal de sus actos. Por otra parte, en el auto 
sacramental Las cortes de la Muerte, atribuido durante mucho tiempo a Lope de Vega, se lee 
que el Hombre dice de la Muerte: ¿Por qué viene de repente? –Dirá que se lo debemos– por 
ahorrar de pesadumbres, –de quejas, dolor, enfermos,– de médicos y boticas. Responde ella: 
No, sino como ejemplo –para los que quedan vivos; – mas son tan locos y necios, –que lo que 
sucede a otros– juzgan imposible en ellos. Al atribuírsele poderío a la Muerte, se le confirió un 
aura de respetabilidad a su figura, que en los estratos sociales superiores empezó a ser 
considerada como de su mismo rango. En el devocionario Les Très Riches Heures del duque 
de Berry, completado hacia 1489, el maestro iluminador Jean Colombe ilustra al cuarto jinete 
del Apocalipsis como un caballero con vestimenta propia de la corte, con la espada 
desenvainada galopando en un caballo pálido sobre las tumbas del primer plano. Lo 
acompaña un séquito de cadáveres envueltos en su mortaja, llevando lanzas, hachas, palos y 
guadañas; avanzan hacia una multitud de soldados que retroceden asustados hacia la villa. A 
medida que los artistas se fueron independizando de las orientaciones y el control de la 
autoridad eclesiástica, se empezó a desarrollar el tema de La muerte y la doncella que 
introduce un componente erótico. Como se observa en dibujos de Nicklaus Manuel (1517) y 
de Hans Baldung (1520) , la Muerte es un personaje masculino musculoso que asedia a una 
joven, abrazándola y besándola con un carácter sexualmente explícito.
 

Y sigue... 

 

domingo, 24 de octubre de 2021

El esfuerzo y la recompensa.


Julius Henry Marx, más conocido como Groucho Marx (1890-1977), fue un actor, humorista y 
escritor estadounidense, conocido en principio principalmente por ser uno de los miembros de 
los famosos hermanos Marx (nada que ver con el otro Marx, Karl, el de El capital, de una 
comicidad cuando menos discutible, a partir de la lectura de Escorpión y Félix, una historia 
humorística - Skorpion und Felix, Humoristischer Roman , única historia cómica de ficción que 
ha sido escrita por él, probablemente bajo la influencia de Vida y opiniones del caballero 
Tristram Shandy1 - The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman, usualmente 
abreviada sólo como Tristram Shandy - de Laurence Sterne); está considerado el cómico más 
influyente de todos los tiempos, siendo sus frases, a pesar del paso del tiempo, destacadas en 
la cultura pop durante generaciones, incluso en la época actual. Icono del siglo XX, usó sus 
bazas, una mente rápida y una lengua afilada que utilizó para arremeter contra todo, lo que al 
final fueron también el motivo de su desgraciada vida personal. Advirtió que su ingenio le 
catapultaba a lo más alto y le procuraba Ia admiración de los demás. Su vida fueron sus 
bromas, se llevó el papel a casa y sus esposas e hijos acabaron siendo víctimas de sus 
punzantes y crueles chanzas. Una de estas frases lapidarias, que en el fondo hace referencia 
al período de la Gran Depresión estadounidense, en la que Groucho Marx perdió gran parte 
de su dinero al haberlo invertido en bolsa, dice más o menos que “salí de la nada, y tras 
muchos esfuerzos he conseguido llegar a la más absoluta miseria”. La fama y Ia miseria 
se vieron las caras, y eso le marcó. Sabía lo que era nacer pobre, y desarrolló una aversión 
neurótica al fracaso.

 

M
ás allá de esta anécdota y del personaje, el hecho nos hace cavilar sobre el binomio 
esfuerzo-recompensa. La cultura del esfuerzo es uno de los pilares conceptuales de nuestro 
sistema económico. En síntesis, viene a querer decir que toda dedicación, sacrificio y 
perseverancia obtiene justas y merecidas recompensas. Pero esta descripción teórica de la 
secuencia no se observa con tanta frecuencia en la práctica, por lo que resulta necesario 
matizar el carácter, en cierto modo fraudulento, de este concepto. En lo que se refiere al 
término esfuerzo, la palabra tiene dos sentidos coincidentes; el primario, físico (empleo 
enérgico de la fuerza física contra un impulso o resistencia), y el derivado, psíquico (empleo 
enérgico de la actividad del ánimo para vencer las dificultades que se oponen a cualquier logro). 
Por cierto, cabe decir que el impulso, resistencia o dificultad a vencer puede ser no sólo 
externo, sino también interno y en ese sentido, pensaba Platón (siempre la filosofía, en todo) 
que la vida racional se debe sobreponer a nuestras pasiones y creía Kant que Ia verdadera 
libertad consiste en la posibilidad de liberarnos de nuestras inclinaciones irracionales. 
Tal vez podamos delimitar mejor el campo semántico enumerando algunos términos sinónimos 
o afines. Mediante el término esfuerzo en sentido genérico se representan un conjunto de 
elementos subjetivos tales como disposición, autoexigencia, aliento, empeño, desvelo, 
voluntad o ánimo en la realización de algo. Esos elementos del esfuerzo, cuando éste tiende 
a la ejecución de una tarea, se amplían con la tensión, la fuerza, el impulso, la dedicación, la 
diligencia, el esmero, el vigor, la actividad, la tenacidad y la persistencia. Si, finalmente, la tarea 
esforzada se concreta, por ejemplo, en el estudio y aprendizaje, pueden ser añadidos 
elementos subjetivos peculiares como la atención, la aplicación, la concentración, la 
autodisciplina y la constancia. En un terreno más objetivo, el esfuerzo supone aporte y 
consumo de energía y, por ello, origina fatiga. Por lo dernás, si se aplica de forma asidua y 
persistente a un quehacer (trabajo o estudio), implica renuncia a otras actividades más (y más 
inmediatamente) gratiflcante.

 

La dialéctica esfuerzo-recompensa no está en entredicho. La motivación es el impulso que el 
ser humano necesita para progresar o autorrealizarse, y podríamos decir también incluso 
lucrarse, por hablar en el mismo lenguaje del sistema económico. Lo que sucede con la actual 
cultura del esfuerzo defendida por el sistema capitalista es, no obstante, que la obtención de la 
promesa nunca llega a concretarse más allá de probabilidades similares reservadas a los 
juegos de azar. El neoliberalismo imperante, sobre todo en lo económico, vende una 
concreción estadística de la cultura del esfuerzo absolutista. Pero al igual que sucede con los 
juegos de azar, tan solo una reducidísima proporción de los jugadores consigue el premio final. 
El engaño de la cultura del esfuerzo reside en la mentira y la complicidad sin la cual la velocidad 
de acumulación desproporcionada de la riqueza mundial sería imposible. Si todo esfuerzo 
obtuviera su recompensa, ¿cómo sería posible la existencia de tanta desigualdad en el 
mundo? ¿Es que en la mayoría de los países, por ejemplo los africanos, no se estaría 
esforzando nadie, ni siquiera para obtener su recompensa? ¿Es que en el mercado laboral 
occidental habría personas que se estarían esforzando 15.000 veces por encima de otras, 
justificándose así su anormal y escandalosa superioridad salarial? Paradójicamente, son 
aquellos que disfrutan de la opulencia y las posiciones más privilegiadas de la sociedad los 
que con más vehemencia defienden la falsa cultura del esfuerzo. Su mantra favorito consiste 
en asociar el «buen» o «mal» funcionamiento de la economía exclusivamente al primer 
axioma del concepto el esfuerzo, dejando en una inconcreción futura la segunda parte del 
mismo (la recompensa); de concretarla y garantizarla en el presente perderían inmediatamente 
su posición de privilegio. La lógica en la que se fundamenta la cultura del esfuerzo se basa en 
el incumplimiento exponencial de la secuencia del concepto, en el fraude y la negación de la 
recompensa tras haber realizado el esfuerzo. Solo mediante esta apropiación injusta, 
desproporcionada e indebida del esfuerzo de tantísimos es como una siniestra minoría de 
ciudadanos consigue perpetuarse a los mandos del actual sistema neoliberal.

 

Y
luego está la repercusión en el trabajo diario y en la salud (hablando de pandemias… ) Es 
conocido que el estrés2 conduce a una mayor activación del sistema nervioso autónomo, a una 
alteración del estado fisiológico en los sistemas corporales y, finalmente, a lesiones 
estructurales de órganos diana como corazón, vasos sanguíneos, cerebro, intestino, etc., y se 
ha propuesto un segundo concepto teórico del estrés: el concepto "recompensa", y es que, 
ante la frustración de expectativas de recompensa o la pérdida de gratificaciones esperadas, 
las estructuras neuronales sensibles provocan reacciones de tensión sostenida. Johannes 
Siegrist es un sociólogo médico y profesor universitario suizo que fue director del Instituto de 
Sociología Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf y 
director del posgrado en Salud Pública. Siegrist postuló el modelo de la crisis de gratificación 
profesional como un modelo de desarrollo de la enfermedad por la conexión entre el estrés en 
la vida laboral y la enfermedad, así como la salud socialmente diferencial en la vejez  En este 
sentido, Siegrist crea, el modelo esfuerzo-recompensa, y explica el estrés laboral y sus efectos 
sobre la salud en función del control de las personas sobre su propio futuro o, en palabras de 
Siegrist, las recompensas a largo plazo. La amenaza de ser despedido y de quedarse en el 
paro, la precariedad de los contratos de trabajo, los cambios organizacionales forzados, la 
degradación de categoría, la falta de expectativas  y de trayectoria profesional,  y la falta de 
consistencia del estatus son algunas de las variables de este modelo. Este modelo, que 
integra factores individuales como las estrategias personales de afrontamiento, considera que 
las altas demandas de trabajo, combinadas con el bajo control sobre las recompensas a largo 
plazo representa la situación de mayor riesgo para la salud psicosocial del trabajador y las 
recompensas a largo plazo vendrían determinadas fundamentalmente por tres factores:La estima: como el reconocimiento al trabajo, el apoyo social adecuado, el trato justo…
 etc. 
 – El control de estatus entendida como la estabilidad en el empleo, las perspectivas de 
promoción… etc. 
 – El salario.

 

Y,
por cierto, en época de pandemia, ¿cómo afecta el modelo de esfuerzo-recompensa al 
teletrabajo que ha venido, dicen, para quedarse? Pero ese es ya otro escenario y otro tema, 
para otro día. 
 
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1Obra que se publicó en nueve volúmenes, los dos primeros en diciembre de 1759 y los siete siguientes a lo largo de los ocho siguientes años. A pesar de constituir un éxito editorial desde el primer momento —tanto es así que convirtió a su autor en una celebridad de la noche a la mañana—, la obra no fue bien recibida por parte de la crítica de la época. Aun así, y quizá precisamente por su cuidada extravagancia, Tristram Shandy ha venido a considerarse como una de las mejores novelas cómicas en lengua inglesa, y como una predecesora, en cuanto a estilo, de muchas novelas modernas.

2El estrés laboral puede definirse como el resultado de la relación entre las exigencias o demandas del mundo laboral y la capacidad de los trabajadores para dar respuesta a tales demandas., dando lugar a un conjunto de reacciones emocionales, cognitivas, fisiológicas y del comportamiento ante ciertos aspectos adversos o nocivos del contenido, la organización o el entorno de trabajo. Este estado se caracteriza por altos niveles de excitación y angustia, alta emocionalidad negativa (ansiedad, miedo, irritabilidad, ira, depresión..), con la frecuente sensación de no poder hacer frente a la situación. El estrés laboral se considera un proceso interactivo en el que influyen las características de la situación (demandas) y las características del sujeto (recursos) para hacer frente a dicha situación. Si las demandas de la situación superan a los recursos del individuo, tenderá a producirse una situación de estrés en la que el individuo intentará generar más recursos para atender las demandas de la situación. En el modelo del desequilibrio esfuerzo-recompensa de Siegrist (citado más abajo), el estrés laboral depende del esfuerzo realizado, la recompensa recibida y el grado de compromiso personal con el trabajo: la falta de reciprocidad entre el esfuerzo gastado (alto) y las recompensas recibidas (bajas) crean un estado de malestar emocional, caracterizado por alta activación autonómica y elevada respuesta neuroendocrina. Esta situación de estrés puede agravarse con un estilo de afrontamiento individual rígido caracterizado por el sobrecompromiso.

 

viernes, 22 de octubre de 2021

... y muchísimas de arena. Confirmado.


 Decíamos ayer... 

Justo ayer, hace sólo un día, reflexionábamos sobre las paradojas y excusas oficiales alrededor de las medidas a tomar en serio para detener el cambio climático ocsionado por la acción humana y, mira por dónde, la BBC se descuelga publicando una filtración de documentos que demuestra que los gobiernos están dominados por lobbies (grupos de presión) de las ganancias de hoy, que reproducimos a continuación sin añadir ni un sólo comentario. ¿Para qué?

jueves, 21 de octubre de 2021

Una de cal y muchas de arena.

 


A menos de dos semanas del inicio de la cumbre del clima de Glasgow (COP26), que se celebrará en la ciudad escocesa durante las dos primeras semanas de noviembre, la revista médica británica The Lancet ha difundido un editorial (consulta de pago) en el que apunta a la COP26 como “la última y la mejor oportunidad para restablecer el camino para alcanzar las emisiones netas cero de dióxido de carbono mundiales de aquí a 2050″. “El interés público en el cambio climático es más alto que nunca, en parte debido a la participación y el activismo de los jóvenes a nivel mundial”. Esta debe ser la COP de la salud, debemos hablar de cómo el cambio climático está afectando ya a nuestra salud”,  


El cambio climático amenaza con revertir años de progreso en salud pública y desarrollo sostenible”, señala el estudio, que pone el foco en los “riesgos concurrentes e interconectados”. Es decir, a la coincidencia de fenómenos meteorológicos extremos, la transmisión de enfermedades infeccionas y la inseguridad alimentaria y falta de acceso al agua potable. Esta situación golpea especialmente a las zonas más vulnerables, apunta el estudio. "No hay nadie a salvo” y los riesgos sobre la salud de la crisis climática no solo se centran en los países menos desarrollados. Por ejemplo, el análisis recuerda que en todo el planeta hay “569,6 millones de personas que viven a menos de cinco metros sobre el nivel actual del mar”, lo que supone que puedan ser víctimas de “inundaciones más grandes, tormentas más intensas y salinización del suelo y el agua” debido al calentamiento global. “Muchas de estas personas podrían verse obligadas a abandonar permanentemente esas áreas y emigrar tierra adentro”, añade el estudio.


 El informe, que es la sexta edición de The Lancet Countdown (La cuenta atrás de The Lancet), llega en un momento en el que los países buscan la forma de salir de la crisis generada por la pandemia. “Muchos de los planes actuales de recuperación de la covid-19 no son compatibles con el Acuerdo de París y, por lo tanto, a largo plazo la salud se verá afectada”, recuerdan los autores de esta investigación. El estudio pone el foco, por ejemplo, en los combustibles fósiles, que siguen estando subvencionados a pesar de los efectos negativos que tienen sobre la salud y sobre el clima.


Más claro, el agua, ¿no?. Pues se ve que no, porque en un informe de la BBC, también de hoy (esas coincidencias... ) se pone sobre la mesa el coste en votos de las medidas de "economía verde" y se dan datos de gobiernos (Australia, la India y muchos más)  que parecen debatirse como si el problema fuera elegir entre economía (tal y como la conocemos hoy) y clima (de hoy y de mañana). Sin comentarios.

 

domingo, 17 de octubre de 2021

"Los viejos" y el Imserso (y II)


Y
la historia nos habla: los ancianos prehistóricos no dejaron, por supuesto, registro de sus actividades o pensamientos; sin embargo, podemos imaginar con cierta seguridad cuál fue su condición al comprobar que todas las culturas ágrafas que conocemos tienen una consideración parecida hacia sus viejos. Su longevidad es motivo de orgullo para el clan, por cuanto eran los depositarios del saber, la memoria que los contactaba con los antepasados, de modo que muchos de ellos se constituían en verdaderos intermediarios entre el presente y el más allá (no es de extrañar que los brujos y chamanes fuesen hombres mayores). La cultura griega y Atenas fue diferente; los ancianos fueron perdiendo poder desde la época arcaica pues el consejo de los ancianos sólo era un órgano consultivo y las decisiones las tomaban los jóvenes aunque el Areópago, institución aristocrática de personajes inamovibles e irresponsables, todos ellos ancianos arcontes, tenían amplios poderes parecidos a los de la Gerusía espartana (el régimen espartano tenía un senado -Gerusía- compuesto por veintiocho miembros, todos de más de sesenta años). La llegada al poder de los demócratas significó la ruina del Areópago, que perdió sus facultades políticas y judiciales, quedándole sólo las honoríficas. Los ancianos no volvieron a tener un papel importante y Atenas, en general, permaneció fiel a la juventud. La otra gran fuente cultural de nuestra civilización occidental proviene de la tradición hebreo-cristiana en la que, al igual que otros pueblos o tribus, en sus épocas más pretéritas, los ancianos ocuparon un lugar privilegiado1. Los ancianos están investidos de una misión sagrada, portadores de un espíritu divino; en cada ciudad el Consejo de Ancianos es todopoderoso y sus poderes religiosos y judiciales son indiscutibles. Pero los ancianos van perdiendo influencia política, como lo refleja el dicho de la época: "más vale mozo pobre y sabio que rey viejo y necio, que no sabe ya consultar". Se puede concluir que el anciano en el mundo hebreo ocupó un lugar relativamente importante basado en la dignidad que se le otorgaba en la Torá (libro sagrado de los judíos). 


Otra fuente importantísima de nuestra civilización occidental proviene de la cultura romana.
En ella, al anciano se le dedicó mucha atención y se plantearon los problemas de la vejez desde casi todos los aspectos: políticos, sociales, psicológicos, demográficos y médicos. El Derecho Romano tipificaba la figura jurídica del "pater familia"2 que concedía a los ancianos un poder tal que hoy catalogaríamos de tiránico y esta autoridad desorbitada del "pater familia" produjo consecuencias predecibles con conflictos que concluyen en verdadero odio a los viejos, pues, al perder el poder familiar y político y luego de haber concentrado la riqueza, la autoridad y la impopularidad, los ancianos cayeron en el desprecio y sufrieron los rigores de la vejez. Y llegó el cristianismo, con una importante paradoja: por un lado, los ancianos no fueron tópico de interés para los escritores de la Iglesia bisoña que fácilmente adoptó el espíritu griego que pretendía la excelencia, la virtud, la perfección y la belleza, atributos más próximos a la juventud, pero, por otro, la iglesia desde sus inicios se preocupaba de los desheredados y pobres, entre los cuales, los ancianos abundaban. La denominada "Edad Oscura" o "Alta Edad Media" es la época de la brutalidad y del predominio de la fuerza; en semejante ámbito cultural, no es difícil imaginar el destino de los débiles, lugar que les corresponde a los viejos. Para la Iglesia no constituyen un grupo específico, sino están en el conjunto de los desvalidos por lo que serán acogidos temporalmente en los hospitales y monasterios, para luego reencontrarse con la persistente realidad de sus miserias. Por fortuna, los cristianos no continuaron con la institución romana del "pater familia"; los misioneros clamaban a la conversión y su audiencia -mayoritariamente de jóvenes y de mujeres- debía luchar contra lo establecido o sumergirse en la "clandestinidad", su nueva convicción les hacía revelarse frente a los incrédulos, donde frecuentemente estaban sus viejos padres. El respeto a la obediencia de sus progenitores se repuso y se impuso cuando la sociedad europea estuvo cristianizada en su mayoría. 


Hoy casi no podemos imaginar que desde el siglo VI
en la Iglesia primó la ley del más fuerte, por tanto, los ancianos estaban desfavorecidos. Sin embargo, en ese ambiente supersticioso no lo pasaron peor que en otros períodos desfavorables; estaban sujetos a la solidaridad familiar para la subsistencia la Iglesia no tuvo una consideración especial por los viejos. Los pobres, en todos los tiempos, sufren sin distingo de edades. Para los ricos nace en el siglo VI otra alternativa y, entre los ancianos acomodados surge la preocupación de un retiro tranquilo y seguro. La inquietud creada por la Iglesia, de la salvación eterna, el temor al Dies irae, el naciente individualismo y, por consiguiente, este asunto personal con Dios, les permite pensar que la tranquilidad eterna se gana. El cristianismo traspasó todos los ámbitos en el medioevo, se vivió desde la religión, es una religión de la Historia, y escribió historia pero, para lo que nos ocupa, su política se tradujo en una familia estable y, por ende, más protectora de los ancianos. La catástrofe social provino de la peste negra, que mató a un tercio de la población de Europa en tres años pero las pulgas, portadoras de la Yersinia pestis, fueron caritativas con los viejos., matando preferentemente a niños y jóvenes, con lo que los ancianos se convirtieron en patriarcas. En resumen, la peste favoreció a los viejos que ganaron posición social, política y económica. 


E
l naciente espíritu individualista del Renacimiento, que florecía tras siglos de encierro en pequeñas ciudades amuralladas y pestilentes, ahogados de miedos, violencias y misereres, rechazó sin disimulo la vejez y todo aquello que representaba fealdad, decrepitud y decadencia. Fueron, quizás, los tiempos más agresivos contra los ancianos, con más encono aun contra las ancianas3 (las brujas). El arquetipo humano del Renacimiento lo personificaron los cortesanos y los humanistas y ambos rechazaron a los viejos, pues representaban todo aquello que quisieron suprimir. En el mundo moderno, un hito muy significativo en la biografía de todo ciudadano que trabaja, dentro de la estructura económica del Estado, es la jubilación, palabra tomada del latín jubilare que significaba "lanzar gritos de júbilo", aunque para la mayoría de nuestros contemporáneos sonaría a sarcasmo y nacida, en su origen, como una recompensa a los trabajadores de más de cincuenta años. Ya se conocen pensiones en los Países Bajos a los funcionarios públicos en 1844. En Francia los primeros en obtenerlos fueron los militares y funcionarios públicos; luego los mineros y otras labores consideradas peligrosas.Desde un punto de vista económico, se pasa de una gratificación benevolente a un derecho adquirido para dar un estipendio unos pocos años después de cierta edad, en la cual, probabilísticamente, hay una declinación de rendimiento. Así se crean los sistemas de seguros sociales y todo un modo de estudio de probabilidades de sobrevida. Con el aumento de las expectativas de vida, se mantiene el procedimiento, aunque postergando la edad de jubilación, en el bien entendido que si el viejo ya no es productor, a lo menos, es posible mantenerlo en un cierto nivel de consumidor.


 
Y, en este recorrido apresurado y a vuela-pluma por la historia, llegamos al hoy, a lo que estábamos, a un Imserso cuestionable porque “es para viejos”; las nuevas condiciones de vida no sólo han envejecido a los pueblos, sino que ahora el grupo de edad de mayor velocidad de crecimiento entre las sociedades democráticas neotecnológicas lo constituye la población sobre los 85 años. Además, la prolongación del lapso post jubilación conlleva un empobrecimiento progresivo, agravado por la mayor necesidad de asistencia médica. Al mismo tiempo, el porcentaje de menores de 15 años disminuye, los niveles de fecundidad continúan en descenso, la más amplia proporción de viudas está en directa relación a la mayor expectativa de vida de las mujeres, lo cual no representa, por cierto, del todo una ventaja. Según un estudio realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), una persona sería vieja 15 años antes de morir. Por tanto, en España, que es el segundo país (detrás de Japón) con mayor esperanza de vida (80,4 los hombres y 85,9 las mujeres4), la ancianidad llegaría a los hombres a los 65 años y a las mujeres, a los 70 pero «Nadie llamaría hoy anciano a alguien de 65 o 70 años salvo grave deterioro, que apenas gozara de autonomía o fuera económicamente dependiente». Más allá de la estadística, los sociólogos coinciden en que no existen criterios objetivos para establecer una edad en la que uno deja de ser adulto y se convierte en anciano y, precisamente, la idea de dependencia económica está implícita en la representación social de anciano. Y ahora, pese a todo y en su mayoría, son independientes gracias a un sistema de pensiones que hace 50 años no les proveía de suficientes recursos para vivir autónomamente. 


En definitiva, que esa idea que aún existe del rechazo a los viajes del Imserso porque es algo destinado a “viejos decrépitos
y yo no lo soy” habrá que desecharla: esa imagen de hace muy pocas décadas de una mujer de no más de 60 años, que medía 1,50 metros, vestía de negro con delantal, llevaba recogido en un moño el pelo blanco y su cuerpo acusaba toda una vida de trabajo duro dista mucho de la actual, donde cada vez más personas de más de 80 años disfrutan de una excelente salud, mantienen gran parte de sus capacidades físicas y cognitivas, desarrollan actividades y, además, tienen una actitud vital muy positiva. Y hay que apuntar que con unas ganas y una marcha…La edad en que uno es anciano es algo muy subjetivo, pero un documento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) define paciente en edad geriátrica como aquella persona por encima de los 80 años, “momento en que su declive físico empieza a ser estadísticamente evidente”

 

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1En el Libro de los Números del Antiguo Testamento que, como se sabe, cuenta los hechos acaecidos en el período de un milenio, por supuesto anterior a Jesús,, encontramos la descripción de la creación del Consejo de Ancianos como una iniciativa Divina: "Entonces dijo Yahvé a Moisés: Elígeme a setenta varones de los que tú sabes que son ancianos del pueblo y de sus principales, y tráelos a la puerta del tabernáculo... para que te ayuden a llevar la carga y no la lleves tú solo" (Nm 11:16 y 17).

2La familia en la cultura romana tenía un carácter extendido, pues los lazos jurídicos eran más numerosos que los naturales. La patria potestad regía no sólo a causa del nacimiento del mismo padre, sino incluso por adopción o matrimonio. El parentesco se originaba y transmitía por vía masculina. El "pater familia" concentraba todo el poder y no daba cuentas de su proceder. Era vitalicio y su autoridad ilimitada, podía incluso disponer de la vida de un integrante de su familia.

3Una muestra la encontramos en el, por otra parte, más grande humanista de le época, Erasmo de Rotterdam, que en su Elogio a la locura nos dice: "Pero lo que verdaderamente resulta más divertido es ver a ciertas viejas, tan decrépitas y enfermizas como si se hubieran escapado de los infiernos, gritar a todas las horas "viva la vida", estar todavía "en celo", como dicen los griegos, seducir a precio de oro a un nuevo Faón; arreglar constantemente su rostro con afeites; plantarse durante horas frente a un espejo; depilarse las partes pudibundas; enseñar con complacencia sus senos blandos y marchitos; estimular con temblorosa voz el amor lánguido, banquetear, mezclarse en la danza de los jóvenes, escribir palabras tiernas y enviar regalitos a sus enamorados"

4No confundir, en cualquier caso, la esperanza de vida (una cifra) con la calidad de vida, diferente en cada persona y relacionada con múltiples aspectos. La confusión entre ellas conduce a dislates tales como querer retrasar la edad de jubilación con el argumento de que, laboralmente (y hay que destacar este matiz conceptual) alguien con setenta años de edad está poco menos que en la flor de la vida.