domingo, 16 de junio de 2024

Otros HH.



Hoy, vayamos unos cuantos años (en concreto, algo más de sesenta) atrás: a principios de los años 60 del pasado siglo, decir sin pistas HH tenía unas inmediatas connotaciones futbolísticas, pues Mr.HH era Helenio Herrera, que fue entrenador del F.C.Barcelona y seleccionador nacional español; sin embargo, en música, decir H.H. es citar a los Hermanos Hermoso, uno de los mejores grupos de voces que ha dado la música española. Carlos, Fermín y Jaime Hermoso Asquerino, de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz.) Pero esta doble H no fue su primer nombre, pues sus primeras apariciones las hicieron como Los Hermanos Heras, palabra, esta última, que reunían las sílabas iniciales de sus dos apellidos. La historia de "Los HH" comienza al finalizar la década de los 50, cuando el padre le regaló una guitarra a uno de ellos, convaleciente de una enfermedad; con aquella guitarra, los tres hermanos, aún unos niños, sueñan con un público, con discos, con actuaciones radiofónicas e, incluso, con apariciones en una televisión que parecía tan lejana para el común de los mortales por aquellos años, perfeccionan con entusiasmo el acople de sus voces y empiezan a actuar cara al público y en programas de radio. Se presentan bajo el nombre de "Los Sanluqueños", primero, y "Los Hermanos Heras", más tarde. Su repertorio se componía fundamentalmente de temas en español de The Platters copiados a puro oído de los discos de Los 5 Latinos. A principios de los 60 inician sus estudios universitarios y en verano hacen galas en las que ponen de manifiesto sus extraordinarias dotes vocales, que no pasan desapercibidas. En 1963 empiezan a vender discos en una cantidad aceptable, obtienen un gran reconocimiento y la discográfica pone una pequeña orquesta detrás de Los H.H. Además, van a incluir canciones magistrales que el trío andaluz va a bordar en sus versiones españolas. “El ritmo de la lluvia” («Rhythm of the Rain», canción del grupo estadounidense The Cascades, publicada en noviembre de 1962), que hoy recordamos, la grabó medio mundo, y de ese medio mundo triunfó en castellano en las voces de Miguel Ríos, Gelu, los gibraltareños Albert & Richard y Los H.H., aunque la que de verdad se iba a llevar el gato al agua sería la francesa Sylvie Vartan. Una de esas canciones de toda la vida de la que nuestros protagonistas consiguen una muy buena versión, poniendo de manifiesto el gran conjunto vocal que eran, amoldando su estilo a las suaves canciones melódicas y apartándose progresivamente del rock y el twist. Con una nueva discográfica van a conseguir un gran hit, “Aquel amanecer de Mayo”, alcanzando los puestos de honor del hit parade y, de paso, darán a luz una de las más grandes baladas de la historia del pop español. A esta época corresponden también la versión de "River deep mountain high" ("Río sin fin"), de Tina Turner, y las magníficas interpretaciones de "Unchained melody" ("Melodía encadenada"), de los Righteous Brothers, y de "Aleluya nº 1” de Luis Eduardo Aute. En la búsqueda por ampliar su campo musical el trío graba dos Lp's dedicados a la música hispanoamericana e incluso hace alguna que otra incursión en la música clásica, llegando a adaptar "El lago de los cisnes" de Tchaikovsky y el "Aria de la suite en Re" de J. Sebastian Bach. Dedicados a sus respectivas familias y a sus profesiones, el grupo inicia una paulatina retirada del panorama musical español aunque, de ningún modo, dada la profunda vocación de los tres hermanos, habría de ser definitiva. Los H.H. son un exponente de la mejor canción ligera española de los 60 y uno de los pocos tríos de voces destacables de la historia musical española. El buen gusto de su repertorio, su excelente dicción, la perfecta afinación de sus juegos vocales les hacen unos imprescindibles en la historia del pop español.




jueves, 13 de junio de 2024

Humor y dictaduras.

 


Los regímenes autoritarios no entienden de humor. No obstante, muchos humoristas no renuncian a reírse de ellos: una forma de resistencia por la que colegas en otros países tienen mucho respeto. El auge de la ultraderecha es un hecho en toda Europa. Decía Federico Fellini que “la época del fascismo elevó la imbecilidad al rango de pensamiento político”. El prestigioso poeta y dramaturgo alemán Bertold Brecht afirmaba que no se debe combatir a los dictadores sino ridiculizarlos y así, el humor se convierte en un arma no sólo de resistencia sino también de construcción. “La risa, el humor y los chistes políticos suelen ser –en la acertada definición de George Orwell– pequeñas revoluciones y enemigos acérrimos del autoritarismo, las dictaduras y los totalitarismos”. Se dice que el humor es la mejor combinación de la tragedia con el tiempo. Esta máxima aumenta el mérito de tantos anónimos personajes que, desde su trinchera de ingenio y cuando fue necesario, combatieron la incidencia de la dictadura con su humor de combate. ¿Qué humor surgió en torno a los totalitarismos del siglo XX1? ¿Qué chistes se hacían en los campos de concentración? Un viejo chiste soviético decía: “Un juez sale de su juzgado partiéndose de risa. Otro juez se le acerca y le pregunta de qué se ríe tanto. ‘¡Acabo de oír el mejor chiste del mundo!’ ‘¡Pues cuéntamelo!’ dice el otro juez. ‘No puedo —dice el primero, aún secándose los ojos por las carcajadas—. ¡Acabo de sentenciar a un tío a diez años por contarlo!’”. ¿Se reían los italianos de Benito Mussolini? ¿Sabíais que Franco es el dictador sobre el que más humor se ha hecho? Se dice que el humor es la mejor combinación de la tragedia con el tiempo. Esta máxima aumenta el mérito de tantos anónimos personajes que, desde su trinchera de ingenio y cuando fue necesario, combatieron la incidencia de la dictadura con su humor de combate. Aquí no es nuevo: la Dictadura de Primo de Rivera es un periodo esencial para comprender los inicios de siglo XX en España. La Dictadura recoge a una población desilusionada con la política y termina creando un fuerte sentimiento republicano en ella, llegando incluso a terminar derrocando al rey. De igual forma, tras el colapso de los sistemas creados artificialmente por la Dictadura, el conservadurismo quedaría desmembrado y sin liderazgo. Este estado de “catatonia política” permitirá a las izquierdas llevar la iniciativa en la década siguiente. Una vía de crítica, en ese contexto de pérdida de libertades, era la crítica enmascarada con humor gráfico, donde la simbología y los juegos de palabras permitían la interpretación de los dobles mensajes y escapar a la censura. De esta forma, nos encontramos que uno de los principales canales para la disidencia, en un contexto de negación de la libertad de expresión, fue el del humor gráfico. Los chistes fueron una válvula de escape ante unas condiciones de vida con frecuencia insoportables. Se dice que incluso los mandatarios los contaban, porque eran plenamente conscientes de las contradicciones y limitaciones de un sistema que, sin embargo, defendían para mantenerse en el poder.


Hasta las sociedades democráticas necesitan los chistes,
quizá no tanto para mantener la moral, sino simplemente porque forman parte de la naturaleza humana y, reconozcámoslo, pocas cosas resultan instintivamente más agradables que reírse de un poderoso. Pero las democracias también necesitan lo contrario de los chistes: las discusiones agrias, el intercambio de argumentos encendidos y los enfrentamientos francos. En España, sin embargo, últimamente en lugar de amparar ambas cosas con normalidad, y con una cierta indiferencia cuando es necesario, se está intentando sofocarlas. Por un lado, los chistes: Willy Toledo por su Facebook, César Strawberry (condenado por hacer chistes en Twitter sobre el Rey o los Grapo), Cassandra Vera (condenada y luego absuelta, por bromear con Carrero Blanco),… y a psar de que en una democracia no se homenajea a dictadores y tiranos, aunque resulte extremadamente desagradable, uno de los rasgos que caracteriza a muchas democracias es, precisamente, que permiten homenajear a dictadores y tiranos. Las bromas de mal gusto pueden producir repulsa o sentimientos de ofensa, la exaltación de un dictador es un insulto deliberado a todas sus víctimas, pero deberíamos soportar esas cosas sin reprimirlas penalmente. Por supuesto, ningún Gobierno democrático afirmará jamás que quiere limitar la libertad de expresión e incluso los ciudadanos más libertarios reconocerán que la libertad de expresión está llena de zonas grises y es imposible que carezca de restricciones Lo difícil no es estar a favor de la libertad de expresión, sino decidir dónde poner la línea roja y esa línea roja hay que ponerla lo más lejos posible porque cuando prohíbes a los demás expresar sus opiniones, por desagradables o chuscas que sean, estás invitándoles a que hagan lo mismo con las tuyas cuando sean ellos quienes lleguen al poder. En otro chiste soviético, un fiel camarada le preguntaba a otro si, cuando por fin se alcanzara el verdadero comunismo tras el periodo de transición, sería necesario que siguiera existiendo la KGB, la temible policía secreta. El otro le respondía: “No, camarada. Cuando por fin lleguemos al verdadero comunismo ya no será necesaria la KGB porque la gente habrá aprendido a detenerse a sí misma”.


En un tiempo oscuro como fue la década de los cuarenta del siglo XX en España, la gente buscó ese momento grato que podían proporcionarle los medios de comunicación de masas, convertidos desde que se crearon en los transmisores de los distintos modos de expresión. Hoy sabemos que la oferta que nos ofrecen es enorme, pero entonces, en un país abatido por la pobreza, la incomunicación y la inexistencia de soportes que los difundiesen, fue muy difícil acceder a su disfrute para pasar un rato de asueto. Efectivamente, la televisión no existía, el cine no podía verse en todos los lugares y la radio estaba condicionada por la presencia de la electricidad. Otros difusores, como por ejemplo el fonógrafo, eran muy escasos. Por ello, en ese momento histórico, la historieta se convirtió en una de las primeras industrias dedicadas al entretenimiento, no en cuanto al dinero generado, pero, sí en lo concerniente a su difusión y popularidad entre la gente. Existe la idea entre los investigadores de la Historia Contemporánea de que la Guerra (in)Civil no acabó en 1939, sino que lo hizo en 1952, momento en que se dejan sin efecto las cartillas de racionamiento, un elemento inequívoco de la presencia de la escasez. Pese a ello, hay quien alarga aún más este periodo de tiempo de hambre y miseria, pero se cree que al producirse este evento se llegó a un momento suficientemente significativo como para pensar que por fin se terminó ese periodo de sufrimiento para la mayoría de la población. Sea como fuere, entre 1939 y 1952 se llegaron a editar algo más de mil colecciones diferentes de tebeos entre las que estaba todo el espectro posible que soporta este tipo de cultura de masas: cuadernos de pocas páginas y precio asequible, revistas infantiles y juveniles provistas de textos e historietas, suplementos dominicales de periódicos y revistas, publicaciones de humor, etc. O sea, que si el cómic, tebeo o historieta es un medio cuyo poder de comunicación es grande, usarlo para imbuir de unas ideas concretas a sus usuarios no es difícil. Por ello, en los primeros años de posguerra, con una población que tenía grandes carencias en cuanto a su grado de alfabetización y a la que los medios de comunicación de masas no llegaban con demasiada facilidad, el tebeo se constituyó en un elemento de primer orden para el adoctrinamiento político. A modo de ejemplo, en un tebeo de la época se insertó una historieta en la que al final un niño reflexionaba sobre «¿para qué tendré que estudiar si para matar rojos, que es lo que yo quiero, no se necesita?». La contienda determinó que los ideales políticos sin subterfugios entrasen de manera masiva en la historieta. Rataplán, Alegría Infantil, Camaradas, Calderilla o el Almanaque Pionero mostraron en sus páginas el adoctrinamiento y la lucha por el control ideológico del mundo infantil republicano, mientras que entre los tebeos de los insurrectos habría que destacar Flechas, Flecha, Pelayos y el que resultaría de la unión de estos últimos: Flechas y Pelayos.


Prácticamente, desde que el 1 de Octubre de 1936 se le concede a Franco la Jefatura del Estado en la Capitanía General de Burgos, los tebeos contienen esta ideología oficial del régimen. Hasta los nuevos editores estaban insuflados de fervor nacional. Hubo empresas surgidas en los primeros años de la dictadura que se llamaron Editorial Española, Editorial España, Editorial Iberia, Ediciones Patrióticas, etc. Por su parte, tampoco los títulos de las revistas no se quedaron atrás al respecto. Por ejemplo, los «capitanes», «sargentos», «tenientes» y otras graduaciones militares similares fueron algo muy corriente para añadir al nombre o al adjetivo del personaje principal de alguna colección. Además, hubo cabeceras que aludían también a su condición patriótica como Bravo Español, Centurias y las citadas Pelayos, Flecha y Flechas y Pelayos. Fray Justo Pérez de Urbel, el director de esta última, imprimiría un fuerte toque religioso-político-militar; Flechas y Pelayos fue el franquismo hecho tebeo. Diversión, sí, pero para acceder a ella había que permitir forzosamente la exposición manifiesta de los valores patrios, lógicamente, los que el régimen aquel consideraba como buenos, excluyendo los que a su juicio no lo eran; incluso las editoriales cuya sede social se hallaba en ciudades que habían quedado en la zona republicana debían pedir permiso de edición para cada número que fuesen a editar, aunque fuese la misma cabecera.


En ese contexto, en el que una publicación desaparecía por su ideología o, simplemente, por estar en el momento o lugar “equivocados”, la revista satírica valenciana La Traca no cayó en el olvido por casualidad, su pérdida fue provocada, una memoria mutilada; el régimen franquista acabó con una publicación cuyo acceso, incluso hoy en día, ha resultado una tarea casi imposible, pues la destrucción de muchos de sus números no ha evitado que, escondidos aquí y allá, quedarán algunos ejemplares que dieran cuenta de la que fue una de las revistas de más éxito del país, con una tirada en 1931 de medio millón de ejemplares, solo comparable a la que consiguió cincuenta años después Interviú. La huella que dejó, sin embargo, fue imborrable, en gran medida por su cruzada contra la Iglesia o el auge de los regímenes autoritarios. No en vano, sus dibujantes fueron los primeros y únicos en caricaturizar la figura del dictador Francisco Franco, a quien se retrataba vestido de mujer o enamorado de apuestos hombres marroquíes. El atrevimiento, sin embargo, tuvo sus consecuencias una vez llegó la dictadura, que silenció a sus impulsores a base de fusil ya que lo primero que hizo la vanguardia falangista cuando entró en València fue ir a los estudios de Radio Valencia a buscar al editor de la revista y algunos de sus compañeros para fusilarlos. El hecho ejemplifica hasta qué punto el editor de La Traca llegó a convertirse en enemigo personal de Franco (siempre afeminado) y Queipo de Llano (un alcohólico siempre borracho), quienes, después de la victoria fascista, hicieron todo lo posible para extirpar cualquier recuerdo de la revista y sus principales responsables. La represión fascista sería especialmente terrible para el editor Vicent Miguel Carceller y Bluff –pseudónimo con que firmaba Carlos Gómez–, que fueron detenidos y torturados para que revelaran la identidad de Tramús. Al editor le harían comerse un ejemplar de su revista. Pero el silencio que guardaron ambos salvaría la vida de Enric Pertegàs Ferrer, uno de los ilustradores valencianos más avanzados de su tiempo, famoso por sus desnudos femeninos, y que viviría hasta el 1962.


Fundada el 1884 en València, fue editada inicialmente en valenciano y pasó por diferentes épocas y cierres, muy a menudo por orden gubernativa, puesto que su humor salvaje e irreverente, especialmente ácido con la Iglesia, le comportó muchos problemas con la censura a lo largo de toda su existencia. El 1908 tomaba el timón de la editorial Vicent Miguel Carceller, periodista y escritor –autor de una docena de obras tanto en castellano como en valenciano– muy próximo a las ideas blasquistes. De hecho, el mismo Blasco Ibáñez colaboraría con La Traca, así como otros intelectuales y poetas de la época orden, como Carles Salvador o Maximilià Thous. La Traca forma parte de un género periodístico muy común a Europa y en los EE.UU. desde finales del siglo XIX hasta muy entrado el XX que a diferencia de los primeros diarios, ya no busca su público entre la gente acomodada, sino en la población más humilde. En todos los países, estas publicaciones tuvieron un gran éxito gracias a ser una prensa muy barata y defender los intereses de su público. Su tono satírico no escondía una toma de posición política radical y explicada de forma sencilla y directa. En el caso de La Traca se plasmaría en un profundo republicanismo, anticlericalismo y valencianismo. La extrema represión que sufrió La Traca y su equipo prácticamente la hicieron desaparecer de la memoria colectiva valenciana. Solo los últimos años se han acometido algunas iniciativas para recuperar la memoria de la fructífera tradición de ilustración satírica valenciana que se encontraba entre las más avanzadas de su tiempo, hasta que la dictadura la suprimió de golpe. “El citado semanario se dedicaba de la manera más baja, soez y grosera a insultar a las más altas personalidades representativas de la España Nacional, de la dignidad de la Iglesia y los principios informantes del Glorioso Movimiento Salvador de nuestra Patria, aprovechando la popularidad adquirida en años anteriores, en beneficio de la subversión marxista”, reza el documento que formalizaría el asesinato del editor y dibujante. De esta forma, el régimen acusaba a ambos de los delitos de adhesión a la rebelión militar, previsto y penado en el artículo 238 párrafo 2º del Código de Juticia Militar, una pena de muerte a la que sumaba otra de treinta años de reclusión mayor para el dibujante José Mª Carnicero Hernández.

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1“En una dictadura, cuando uno se planta en medio de la plaza del pueblo y empieza a gritar que el tirano es un imbécil, le pueden detener por dos cosas: por escándalo público y por divulgar un secreto de Estado”. Josep Pernau (1930-2011) recoge en el libro Humor de combate: cómo sobrevivir a las dictaduras, de Roca Editorial, un sinfín de ocurrencias como ésta; historias que han servido de desahogo a multitud de personas en épocas de opresión. Desde un anonimato inevitable, la risa clandestina y mordaz se alza siempre como la mejor arma en tiempos difíciles.


martes, 11 de junio de 2024

... y se hizo himno...



Si la obra de Luis Eduardo Aute debiera ser definida a en una sola canción, pocas reflejarían mejor su espíritu artístico y político, amén de su relevancia en la cultura popular hispanohablante, que '
Al Alba'. Compuesta originalmente en 1974 para Rosa León (Rosa León Conde), que, comprometida desde siempre con causas políticas, en 1975 la cantó como una crítica soterrada a los últimos fusilamientos del franquismo y, por extensión, a la pena de muerte, Aute la reinterpretó y regrabó en 1978 para su disco Albanta, acaso el más celebrado, y hoy es la pieza que más brilla en su extenso repertorio musical. La de Aute y 'Al Alba' es, además, la historia de una canción que se inserta de forma magnífica en el complejo contexto político y social de finales de los setenta, no sólo como relato personal sino también como reflejo de las tensiones, la incertidumbre y la censura que atravesaban el corazón de España en las postrimerías de la dictadura franquista. Según manifestaciones del propio Aute, la canción no fue escrita de forma premeditada pensando en los condenados a muerte. Él había tratado de componer un tema contra la pena de muerte pero no quedó satisfecho con los resultados y compuso entonces esta canción de amor que en principio no tenía relación con los fusilamientos; cuando le presentó el tema a Rosa León, que era quien a iba interpretarlo, fue ella quien le comentó que parecía que relataba la historia de una ejecución al amanecer. Unos días antes de los fusilamientos, cuando Rosa, en un concierto, dedicó la canción a los condenados, fue el momento a partir del cual esta canción quedó definitivamente ligada a los fusilamientos. Y es que 'Al Alba' es una canción bañada en sangre, si bien camuflada por la exquisita delicadeza compositiva de Aute. Es una tonada donde el espectro del verdugo ("la guadaña", "miles de buitres callados van extendiendo sus alas", "pólvora de la mañana") se cierne inevitablemente sobre su víctima. Las figuras retóricas ahondan en la oscuridad que acecha al otro lado de la esquina, una oscuridad doblemente reflejada en la nocturnidad del fusilamiento y en la opacidad de la noche, el descanso eterno ("presiento que tras la noche vendrá la noche más larga"). La melodía compuesta por Aute y una letra preñada de un profundo significado metafórico condujeron a una lectura inevitable: 'Al Alba' era un canto a los últimos fusilados por el franquismo. A la altura de 1975 España se encaminaba a poner el final a la alargada sombra de Franco. 39 años después del golpe de estado que había acabado con la Segunda República y quemadas todas las fases que definirían históricamente a la dictadura, los gobernantes franquistas, intranquilos ante la precaria salud del dictador, la incertidumbre ante el futuro y las crecientes presiones internacionales para con su actitud represiva, aplicaron la pena de muerte a varios condenados por terrorismo en Burgos y Barcelona. Para el franquismo la represión era la respuesta lógica. Ante una situación de amenaza evidente por parte de grupos cada vez más y mejor organizados, capaces de reflejar las debilidades estructurales de la dictadura, las autoridades necesitaban enviar un mensaje a la población: aún somos fuertes, aún tenemos la situación controlada. Cualquier acto violento contra las fuerzas del orden, cualquier forma de ataque será castigado del modo más duro posible. Los propios procuradores franquistas eran conscientes de que mantener impertérrita la dictadura sería una tarea complicada. Tanto los grupos opositores como la población anhelaban un cambio y un giro hacia la democracia. Pero aún con Franco en la cama, las autoridades se resistían a aceptar su destino. En el contexto en el que fue escrito el tema, la gente necesitaba una canción para cantársela los unos a los otros, sirvió al pueblo para poder comunicarse, necesitaban cantar canciones que, de alguna manera, significaran abrirse al futuro y a la democracia. La gente la hizo suya. Y Aute es patrimonio cultural, sin ninguna duda, con canciones absolutamente mágicas, es eterno y trasciende a todo. Llegará a todas las generaciones.



Preciosa la música, sin o con letra.



E
l beso es una de las trágicas Leyendas del gran Gustavo Adolfo Bécquer, ambientada en Toledo y relacionada con la rima LXXVI del mismo autor, que también escribió: «Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso... yo no sé qué te diera por un beso». Uno de los libros más bellos y poéticos de la Biblia, El Cantar de los Cantares. comienza diciendo: «Que me bese con los besos de su boca» y en los Evangelios se habla de un beso que es sinónimo de traición, uno de los besos más famosos de la historia, el beso de Judas. Pero hoy nos referiremos a otra leyenda. El término “zarzuela” nació en el siglo XVII con las obras musicales cortesanas concebidas para interpretarse en la residencia de caza real, el Palacio de la Zarzuela, en las afueras de Madrid; las primeras obras denominadas zarzuelas datan de 1657, obra del autor y dramaturgo madrileño Calderón de la Barca. Durante la primera mitad del XVIII la zarzuela se aproximó cada vez más a los estilos musicales de la ópera seria contemporánea, que rápidamente sustituyó a la zarzuela como el entretenimiento preferido de la corte. A partir de esa época las zarzuelas se encargaban fundamentalmente para los teatros públicos y las exigencias del público que acudía a los teatros pasaron a ser más importantes que el gusto real. Los decenios 1920-1940 señalan una etapa significativa en la historia del género lírico español que es el arranque de un nuevo concepto de la zarzuela grande a la que una nueva generación de compositores y escritores confiere un esplendor inesperado; lo que más destaca es la trilogía del famoso tándem Soutullo-Vert: La Leyenda del Beso, zarzuela en dos actos con libro de Enrique Reoyo, José Silva Aramburu y Antonio Paso (hijo), La del soto del Parral y El ultimo romántico. El gallego Reveriano Soutullo Otero (1880-1932) y el levantino Juan Vert Carbonell (1890-1931) forman la pareja más famosa de compositores del género lírico. Su producción en común, que dejó treinta y una zarzuelas, se inició en 1919 y firmaron títulos que marcaron la historia lírica en el siglo XX. La leyenda del beso, zarzuela que es casi una ópera (a la música, indudablemente de gran calidad, se la puede considerar como una ópera en sí, dado el tratamiento tan profundo de las voces y la riqueza orquestal, raramente contempladas en la zarzuela hasta la llegada de autores como Sorozábal, Guridi o Usandizaga, necesitando siempre de buenos cantantes y músicos), fue estrenada en 1924 y se hizo especialmente célebre su intermedio instrumental, una preciosidad, atenta no sólo a la tradición, sino con claros guiños y ciertas referencias de clima acústico, se aporta en ella una cuidada orquestación, una evidente habilidad en la integración de los solistas y del coro, así como un gran conocimiento de las voces y, sobre todo, una sobresaliente capacidad para la creación melódica y lírica. Muchos años después, en los ochenta, Juan Carlos Calderón arregló ese intermedio para que lo cantara el grupo Mocedades, todo terciopelo, con letra de Luis Gómez-Escolar, y fue un exitazo: Amor de hombre. ¿Y cuál es esa leyenda del beso? Como siempre, hay una maldición de por medio sobre una muchacha, Amapola, gitana a la sazón, y un enamorado aristócrata, Mario, que la pretende. La leyenda dice que quien la bese…morirá. Y, claro, el protagonista la besa y sucede … No quiero hacer un spoiler y conoceréis el sorprendente final escuchando una de las poquísimas grabaciones que hay de la obra completa. La Leyenda del beso alcanzó un éxito popular envidiable, muy particularmente el famoso intermedio que ha llegado a convertirse en pieza de repertorio de orquestas y bandas y que es una de las propinas habituales con que nuestras orquestas cierran los conciertos que ofrecen fuera de nuestras fronteras. Además de esta brillantísima página instrumental, la zarzuela contiene momentos muy interesantes. Música lírica, expresiva y dramática, que destaca por la excelencia de su instrumentación, aspecto muy cuidado por los compositores.

 





domingo, 9 de junio de 2024

Las verdades del barquero.



Hace años, en un trabajo que tuve (y que pasó a la historia) dirigido, no sólo por una persona tóxica que, en el fondo, era una buena persona con desdoblamiento de personalidad, sino por un auténtico maestro de la manipulación, la embaucación y todo lo que se quiera de ese estilo en la doble personalidad, descubrí esta canción (junto al escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, que se ve que la adoraba, y el director de cine Pedro Almodóvar, que la incluyó en la banda sonora de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”) que, salvando las distancias emocionales y de sentimientos, le sentaba como un guante. Guadalupe Victoria Yolí Raymond, mejor conocida como La Lupe, nacida en San Pedrtio, un pueblecito cerca de Santiago de Cuba ("Nací en un pueblo pequeño, nadie lo sabía hasta que me fui”), marcó la historia de la época dorada de la salsa, y gracias a ella fue conocida como “The Queen of Latin Soul”. Sus delirios en el escenario eran tan impresionantes como el tono de su voz; era habitual en sus presentaciones que se arrancara la peluca, atacara al pianista y tirara sus joyas y zapatos al público. La Lupe fue un enigma, un ataque de nervios: diva incontrolable y también una de las cantantes más expresivas del género afrocaribeño, tuvo una voz privilegiada, y lo que más sorprende —más allá de las actitudes estrafalarias que la transformaron en leyenda— es la ternura que imprimió a grandes temas de su cancionero como este Puro teatro. Lupe Victoria cursó estudios de maestra antes de lanzarse en los clubes nocturnos de La Habana con Los Tropicuba, un trío que integraba junto a su primer esposo. Una joven Lupe se inspiró para cantar después de ver una actuación televisiva de Edith Piaf; la Lupe era una cosa increíble, tenía una de las mejores voces y la habilidad de interpretar cualquier género musical, y, de la noche a la mañana se transformó en una tormenta de pasión para el público cubano. Locuras o no, la época entre el final de los años 60 y principio de los 70 fue la cúspide comercial de la cantante, cuando se dio a conocer como “The queen of Latin Soul” con discos clásicos y ganancias millonarias, gracias a canciones como “La tirana”, “Puro teatro” y su versión en inglés de “Fever”. Además de vender millones de discos, fue invitada a tocar en festivales de rock con artistas como Iron Butterfly, Jethro Tull, The Supremes y Ray Charles, buscando atraer a la multitud del pop psicodélico. Durante la década de los años 70 La Lupe fue eclipsada por “la otra reina” de la música tropical, Celia Cruz, pero hasta el día de hoy, su discografía sorprende con su variedad y elegancia. Lamentablemente, La Lupe no supo aprovechar su éxito. Un segundo matrimonio fallido, su involucración en la santería y la pésima administración de su fortuna la dejaron en la bancarrota (se rumoreaba que la adicción a las drogas, los problemas de dinero, el incendio de un apartamento y una caída debilitante la estresaron severamente, obligándola a confiar en la misericordia de los refugios para personas sin hogar); a fines de los 80, se convirtió al cristianismo y grabó discos de música religiosa. El 28 de febrero de 1992 sufrió un paro cardíaco fulminante mientras dormía en un humilde apartamento que compartía con su hija Rainbow en el Bronx neoyorkino. Tuvo un velorio como cualquier persona común y fue enterrada en una tumba que se encuentra en el cementerio St. Raymond’s del Bronx, barrio que ahora tiene La Lupe Street. La Lupe murió predicando, y era muy feliz haciendo eso, sufrió mucho, pero no murió con esa penuria. La Lupe murió feliz. Había sido una luchadora toda su vida, superando obstáculos raciales, políticos y personales en el camino. “Soy negra y cubana, no agrado a mucha gente por esto. Prejuzgaron porque eres negro, prejuzgaron porque estás gordo… Había prejuicio en Cuba, pero no me importa. También había prejuicios en Estados Unidos cuando vine aquí. Sigo peleando por La Lupe, sigo peleando… hago música soul porque me gusta. ¡Cantaría en China siempre que la gente tuviera alma!". Su trayectoria, prácticamente olvidada por una generación, fue rescatada por la comunidad homosexual hispana.



jueves, 6 de junio de 2024

Leyendas...

 


Friné, hija de Epicles, es el apodo de una famosa hetaira griega1, célebre por su proverbial belleza pese a que se sabe bien poco de su biografía (las principales fuentes que tenemos sobre su vida son Ateneo de Náucratis, Alcifrón, Diogenes Laercio , Posidipo de Casandrea, Idomenéo de Lampsaco y Pseudo-Plutarco, denominación que se da al autor de varias obras literarias de la Antigua Grecia inicialmente atribuidas a Plutarco), nacida, se supone que alrededor del 371 a. C., en Tespias (Tespias, Tespis o Tespia, ciudad de la región griega de Beocia al pie del monte Helicón, mirando al sur y al golfo de Crisa, donde tenía su puerto llamado Creusis, mencionada por Homero en la Ilíada). Su verdadero nombre era Mnesarete ("conmemoración de la virtud"), pero debido a su tez amarillenta fue llamada Phrýnē ("sapo"), un apodo que se le daba con frecuencia también a otras cortesanas y prostitutas. Al parecer, huyó con su familia a Atenas en el 375 a. C., año en que los tebanos volvieron a destruir la ciudad, poco antes de la Batalla de Leuctra. De origen humilde, fue la amante y modelo predilecta de Praxíteles, quien se inspiró en ella para la creación de varias estatuas de Afrodita. Es conocida por el juicio en su contra por impiedad2, en el que fue defendida por el orador Hipérides. La existencia real de Friné no se cuestiona debido a los diversos testimonios cruzados sobre la misma en relación a las estatuas para las que posó y al hecho de ser un personaje muy conocido en su tiempo. Incluso la mayoría de los autores sostienen que el juicio al que estuvo sometida tiene visos de verosimilitud; el relato más antiguo nos lo ofrece Posidipo que no menciona que Friné se desnudase delante del tribunal, si bien escritores posteriores (probablemente Idomeneo fue el primero) pudieron haber adornado la historia “sexualizando” el relato al objeto de ridiculizar a este tipo de tribunales cargados de demagogia.


Ateneo
de Náucratis es la fuente de muchas anécdotas sobre Friné en su famoso ‘Banquete de los eruditos’, una de las obras más completas de la antigüedad helena; elogia su belleza afirmando que lo más hermoso de su cuerpo era lo que no se veía; se tapaba con una túnica que le cubría todo el cuerpo y no iba nunca a los baños públicos, por lo que no era fácil contemplarla sin ropa. Pero en las fiestas Eleusinias y en las de Poseidón se quitaba el vestido a la vista de todos, se soltaba el cabello y se bañaba en el mar. Para el propio autor, la imagen de Friné saliendo del agua inspiró a Apeles su desaparecida famosa pintura de Afrodita Anadiomena, (Afrodita saliendo del mar, también llamada Venus Anadiomena). Friné resultó de inspiración para diversos artistas aunque el más destacado fue Praxíteles, quien esculpió dos estatuas para ella, convirtiéndola así en la primera escultura de la antigua Grecia que mostraba el cuerpo de una mujer desnudo: una de ellas fue la estatua de Eros, consagrada en el Templo de Tespias, y otra una estatua de la propia Friné elaborada en oro macizo que se podía contemplar en el Templo de Delfos, entre las estatuas de Arquidamo III y Filipo II. Cuando Crates de Tebas vio la estatua, la llamó «una ofrenda votiva del libertinaje de Grecia». Pausanias en cambio escribe que dos estatuas de Apolo estaban junto a esta estatua y que estaba hecha de bronce dorado. Es casi una certeza que Pausanias tiene razón en su afirmación de que se utilizó bronce dorado. En tanto Plutarco reporta haber visto personalmente las estatuas en Tespias y en la misma Delfos, Cavallini no duda de su existencia, pero considera que la historia sobre el amor entre Praxíteles y Friné es una invención de biógrafos posteriores.


Ateneo alega que Friné era tan rica que se ofreció a financiar la reconstrucción de las murallas de Tebas, que habían sido destruidas por Alejandro Magno en el 336 a. C., con la condición de que se inscribieran las palabras «Destruida por Alejandro, restaurada por Friné la cortesana» sobre ellas. Tebas fue restaurada en 315 o 316 a. C., pero probablemente no sea cierto que Friné propuso alguna vez reconstruir sus murallas. Diodoro Sículo escribe que los atenienses reconstruyeron la mayor parte del muro y que Casandro proporcionó más ayuda más tarde, sin mencionar la supuesta oferta de Friné.


El evento más conocido en la vida de Friné es su juicio
aunque no existe un texto que describa a ciencia cierta lo que ocurrió. Ateneo escribe que fue defendida por el orador Hipérides, quien habría sido uno de sus amantes. El discurso de acusación fue escrito por Anaxímedes de Lámpsaco según Diodoro Periegetes3. La defensa la llevó a cabo el orador y cuando parecía que el veredicto iba a ir en su contra y acabaría siendo condenada a muerte, su defensor llevó a cabo una maniobra que surtió efecto: desnudó sus pechos frente a los jueces, todo hombres (para Quintiliano, fue la propia acusada quien se despojó voluntariamente de toda la ropa; según otras fuentes, solo les mostró los pechos). En realidad, se trataba de un recurso legal extremo: los griegos creían firmemente en lo bello es bueno como una verdad absoluta. Su base era que, si algo era totalmente bello, era imposible que pudiera albergar maldad alguna. Y funcionó. Tal y como se cuenta, los magistrados creyeron que acabar con la vida de alguien tan bello podría propiciar mala suerte ya que la veían como una “sacerdotisa de Afrodita”. Así pues, mostraron su compasión y la absolvieron. La cultura griega tenía una especial conexión con la belleza. Los escritores griegos utilizaban una expresión determinada para significar la fusión de la belleza o nobleza de aspecto y de bien moral como ideal de conducta personal; haciendo una simplificación extrema se podría interpretar que una persona de aspecto agradable era por definición más honesta y confiable por regla general, algo que por cierto ha llegado hasta nuestros días en forma de prejuicio y que si somos honestos en una introspección sobre el tema la mayoría estaremos de acuerdo en esa percepción, sea errónea o no. Ateneo, sin embargo, incluye también una descripción diferente del juicio proveniente de la Efesia de Posidipo de Casandrea,en la que simplemente describe a Friné estrechando la mano de cada miembro del jurado, suplicando entre lágrimas por su vida, sin que se mencione su desnudez y hay quien sostiene que el relato de Posidipo es la versión auténtica y que Friné nunca descubrió sus pechos ante el tribunal durante su juicio pues tanto la primera descripción del juicio dada por Ateneo como el relato más breve de Pseudo-Plutarco se derivan en última instancia del trabajo del biógrafo Hermipo de Esmirna (c. 200 a. C.), quien adaptó la historia de Idomeneo de Lámpsaco (c. 300 a. C.). El relato de Posidipo es la versión más antigua conocida. Si en verdad Friné se hubiese desnudado durante el juicio, Posidipo probablemente lo habría mencionado en tanto era poeta cómico. Teniendo en consideración el tipo de prendas que llevaban las mujeres en la época, parece bastante improbable que Hiperides dejase desnuda a Friné con un teatral golpe de túnica y la maniobra debía requerir la colaboración de ella y su consentimiento a posar desnuda ante los jueces. Por lo tanto, es probable que el desnudo de Friné corresponda a una invención posterior, que data de algún tiempo después del 290 a. C., cuando Posidipo era poeta activo. Idomeneo estaba escribiendo durante esa época y la evidencia sugiere que fue Idomeneo quien inventó la versión más lasciva del episodio, posiblemente con el objeto de parodiar y ridiculizar las exhibiciones de los demagogos atenienses en los tribunales. Teniendo en cuenta su tendencia a atribuir el exceso sexual a estos demagogos, el acto provocador de desnudar a Friné encaja con el carácter que Hipérides había adquirido en la obra de Idomeneo. Como suele pasar en la tradición biográfica, los biógrafos posteriores no se dieron cuenta de que los biógrafos anteriores no ofrecían una representación precisa de los acontecimientos. También hay argumentos a favor de la veracidad del desnudo de Friné. Las palabras "profetisa y sacerdotisa de Afrodita" podrían haber indicado que Friné participó en las fiestas de las Afrodisias en Egina. De ser cierto, esto habría demostrado a los miembros del jurado que la diosa la favorecía y que merecía compasión.​ Además, era aceptado en aquella época que las mujeres eran especialmente capaces de provocar la simpatía de los jueces. Es posible que madres y niños fueran llevados a comparecer ante los tribunales con ese fin. Desnudarse los senos no era atípico para las prostitutas o cortesanas y no se restringía a ellas, y también podría haberse usado para despertar compasión.

 



Sea real o no la historia, merece la pena indagar en las causas de la popularidad de este relato que ha llegado hasta nuestros días a través de la literatura y el arte con una profusión que resultaría prolija mencionar. La figura de Friné ha llegado a nuestros días gracias, también, a las obras de arte en las que se ha reflejado, como el lienzo de ‘Friné se dispone a bañarse en la playa de Eleusis’, elaborada por Henryk Siemiradzki en 1889, o ‘Friné en las fiestas Eleusinias’, pintada por Louis Chalon en 1901. El juicio a Friné ha inspirado a pintores a lo largo de la historia, empezando por Jean-Léon Gérôme con Friné ante el Areópago, aunque nada en las fuentes indica que haya sido juzgada ante ese tribunal específico, la Friné de 1867 de Artur Grottger y siguiendo por su compatriota José Frappa, con su «Friné», de 1904, y el británico Joseph Mallord William Turner, con «Friné acude a los baños públicos como Venus», y también a escultores de la dimensión del estadounidense Albert Weine, autor de Friné ante los jueces, en 1948, la escultura Friné del escultor francés Alexandre Falguière. Nuestro Francisco de Quevedo, el poeta francés Charles Baudelaire escribió sus poemas «Lesbos» y «La belleza», pensando en Friné, y el poeta y escritor austriaco Rainer Maria Rilke produjo «Los flamencos». El compositor y director francés Camille Saint-Saëns escribió la ópera «Friné»; el escritor, poeta y periodista Dimitris Varos y su colega polaco Witold Jablonski, por su parte, publicaron sendos volúmenes sobre la famosa hetaira. El cine también se vio seducido por la historia; en 1953 se estrenó la película «Friné, cortesana de Oriente», de producción italiana y dirigida por Mario Bonnard.


El juicio de Friné tuvo lugar en la Atenas del siglo IV a.C., en un período en el que la ciudad de Atenas se encontraba en una fase de decadencia política, aunque seguía siendo un centro cultural y filosófico de importancia. En esta época, las mujeres en Atenas tenían un papel muy limitado en la sociedad, y se las consideraba ciudadanas de segunda clase. L
a historia de Friné, o el mito, si así se prefiere, es claramente poliédrica y admite numerosos puntos de vista según el cristal con que se mire. Durante años ha representado la libertad de expresión frente a la censura, pero también puede abordarse desde la utilización del desnudo para la consecución de determinados fines, o más allá del ámbito procesal de la historia que nos ocupa, la utilización del desnudo tanto masculino como femenino en un ámbito público como pena adicional vejatoria (exposición pública de la desnudez) unida a la principal en épocas históricas (tortura y muerte en los casos más extremos)

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1 Las hetairas griegas no eran simples prostitutas, sino mujeres cultas y libres, pues en Atenas había una clara distinción entre las llamadas pornai (prostitutas corrientes) y las hetairas: mujeres educadas que recitaban poemas, bailaban y cantaban, y solían tener pocos clientes. Sus servicios incluían la conversación, la danza, la música y la estimulación intelectual, y llevaban peinados enrevesados como los de las mujeres de clase alta, además de prendas transparentes en contraste con el resto de mujeres, que vestían de lino.

2"Asebeia" fue un cargo criminal en la antigua Grecia por "profanación y burla de objetos divinos", por "irreverencia hacia los dioses del Estado" o por "falta de respeto hacia los padres y antepasados muertos". Se traduce al español como "impiedad".

3Una curiosidad: en el caso de Friné está en el origen de los actuales abogados. Efectivamente, en la Antigua Grecia estaban prohibidos los abogados por el temor de que la persona hábil en el arte de la oratoria pudiera seducir a los jueces. Los hombres tenían que defenderse a sí mismos. Cuando las mujeres eran las acusadas, podían requerir el servicio de un «orador». En la Grecia de aquel tiempo regía una justicia popular. El tribunal estaba compuesto por ciudadanos elegidos por sorteo y las partes debían defenderse a sí mismas, de acuerdo con la Ley de Solón. Para los griegos, el mejor sistema de descubrir la verdad entre dos personas era poniendo a una frente a la otra, dejando que cada una contara el asunto a su manera, aportando las pruebas que considerasen relevantes, sin permitir que un tercero interviniese en lo que denominamos hoy careo. El jurado estaba compuesto por 6.000 ciudadanos, aunque normalmente sus miembros variaban según los temas a tratar; para un proceso privado solían ser 201, pero cuando era público su número variaba de 501 a 1501, todos elegidos por sorteo. Y como no todos los que tenían problemas legales habían nacido con el don de la oratoria, solían contratar los servicios de los logógrafos jurídicos, antecedentes directos de los actuales abogados, quienes, tras estudiar los casos, les daban forma y redactaban un discurso que luego, sus clientes, memorizaban para exponerlo ante el jurado popular. La acusación contra Friné era de las más graves que se podían articular contra nadie y ella lo sabía muy bien (el gran filósofo Sócrates se vio obligado a suicidarse por una acusación idéntica), por lo que pidió ayuda a su amigo y también amante Hipérides, uno de los mejores oradores del momento. para que la representara ante el Aerópago. (foro del Tribunal Superior). A pesar de que Hipérides se lo preparó a fondo y de que fue una de las mejores intervenciones de su vida, no consiguió convencer al jurado con su conmovedor discurso, que le había escrito ex profeso Anaxímedes de Lámpsaco. Por ello se vio obligado a utilizar su “bala de plata” o, dicho de otro modo, el «plan B». Pero eso es otra historia. Así aparecieron los jurisconsultos, que eran los que evacuaban las consultas que se les hacían sobre cuestiones jurídicas, y los “oratores”, que eran los que informaban ante los tribunales y de esa manera nació en Roma, antecedente y fuente de la civilización occidental, un oficio vital hoy en día para beneficio de todos los ciudadanos. En el foro romano, donde se administraba públicamente justicia, hacían lo mismo que en Grecia. En esto también copiaron los romanos a los griegos y fue precisamente en Roma, de la que España fue provincia, en el foro, en el aerópago romano, donde nació el oficio de abogado.

lunes, 3 de junio de 2024

Revuélcate, Beethoven.



Últimamente se está poniendo de moda que cantante veinteañeros anuncien que se retiran de la música porque están agotados;
cuando el rock nació. gente como el que hoy traemos al blog actuaban un par de horas, desmontaban el equipo, se metían en una furgo y se iban a otro estado a tocar al día siguiente tras descansar, si podían, un rato en un sórdido motel, y así día tras día por una miseria porque amaban la música. Ellos eran titanes que revolucionaban el arte con cada canción que componían y que les olvidemos es pecado mortal. Chuck Berry (Charles Edward Anderson Berry) nace en una familia de clase media afroamericana, y con dieciséis años es arrestado por atraco a mano armada, pasando tres años en el reformatorio donde profundiza su afición por la guitarra. Empieza a tocar con una banda donde va aprendiendo el oficio y tomando protagonismo hasta que entra en contacto con Muddy Waters que le convence para que grabe en solitario; su primer sencillo es una de esas joyas del rock que es Maybellene que enseguida se cuela al Top5 de las listas americanas. En 1956 esta tremenda Roll Over Beethoven revoluciona la música por su fuerza y consigue dar el salto a las listas inglesas y le convierte en enormemente popular, pero al año siguiente comprobará como ser negro en EE.UU. seguía siendo ser culpable de cualquier acusación y es condenado a tres años de cárcel por un delito falso. Cuando sale de la cárcel se da cuenta de que su productor le ha estafado aunque no por ello dejó de tocar por medio mundo hasta su muerte en 2017 a los 90 años. Roll over Beethoven, que se traduce por algo así como "Revuélcate Beethoven" haciendo referencia a la expresión "roll over in their grave" o "revolcarse en su tumba", hace referencia a que ésta sería la reacción de Beethoven ante la nueva era musical liderada por Berry en los años 50, además en ella se busca que el rock and roll y el rhythm and blues reemplacen la música clásica en las estaciones de radio. No cabía un gramo más de chulería en aquella pretensión de "aplastar" al maestro de la música clásica, pero el tiempo dio la razón al padre del rock and roll: lo que nació en aquellos años al compás de su guitarra, de su voz y de otros colegas como Jerry Lee Lewis, Little Richard, Bill Haley o Buddy Holly se convirtió en el género musical más popular del siglo XX. Prueba de ello es que aquella mezcla de ryhthm and blues, country y otras fuentes del folclore americano anidó en las generaciones posteriores -empezando por los Beatles, los Rolling Stones y Bob Dylan- dando lugar a un enorme contenedor de estilos bautizado con la etiqueta "rock". Se cuenta que esta canción surgió en respuesta a Lucy, hermana del guitarrista, quien siempre estaba tocando música clásica en el piano de la familia por encima de Berry, quien claramente quería interpretar música más popular. A pesar de que constantemente se nombran las palabras rockin’ y rollin’, la música que se supone debe reemplazar a Beethoven y Tchaikovsky debe ser el rhythm and blues. Podría decirse que si Beethoven hubiera existido en los años 50, sin duda habría sido la estrella de rock del momentos; su obra, al igual que la de Berry, surgió en un momento en el que se abría una nueva era para la música. Muchas veces se le acusó, por parte de sectores más conservadores, de componer obras inaudibles y ruidosas, no obstante, al igual que Chuck Berry, logró crear obras que contaron con el favor del público. Era el sonido nuevo del momento y al igual que Berry abriría la puerta a muchos otros compositores que se encontraban abiertos a la experimentación con nuevos sonidos y tendencias en la Europa del siglo XIX. La letra, pues, está llena de referencias a la música contraponiendo la música clásica a la moderna que es capaz de hacerte bailar y llenar de vida. El arranque es uno de los más célebres de la historia de la música con sus notas de guitarra que da paso al piano, bajo y batería, y después a la voz del cantante con su timbre agudo y chillón.