
Friné, hija de Epicles, es el apodo
de una famosa hetaira griega,
célebre por su proverbial belleza pese a que se sabe bien poco de su
biografía (las principales fuentes que tenemos sobre su vida son
Ateneo de Náucratis, Alcifrón, Diogenes Laercio , Posidipo de
Casandrea, Idomenéo de Lampsaco y Pseudo-Plutarco, denominación que
se da al autor de varias obras literarias de la Antigua Grecia
inicialmente atribuidas a Plutarco), nacida, se supone que alrededor
del 371 a. C., en Tespias (Tespias, Tespis o Tespia, ciudad de la
región griega de Beocia al pie del monte Helicón, mirando al sur y
al golfo de Crisa, donde tenía su puerto llamado Creusis, mencionada
por Homero en la Ilíada). Su verdadero nombre era Mnesarete
("conmemoración de la virtud"), pero debido a su tez
amarillenta fue llamada Phrýnē ("sapo"), un apodo que se
le daba con frecuencia también a otras cortesanas y prostitutas. Al
parecer, huyó con su familia a Atenas en el 375 a. C., año en que
los tebanos volvieron a destruir la ciudad, poco antes de la Batalla
de Leuctra. De origen humilde, fue la amante y modelo predilecta de
Praxíteles, quien se inspiró en ella para la creación de varias
estatuas de Afrodita. Es conocida por el juicio en su contra por
impiedad,
en el que fue defendida por el orador Hipérides. La existencia real
de Friné no se cuestiona debido a los diversos testimonios cruzados
sobre la misma en relación a las estatuas para las que posó y al
hecho de ser un personaje muy conocido en su tiempo. Incluso la
mayoría de los autores sostienen que el juicio al que estuvo
sometida tiene visos de verosimilitud; el relato más antiguo nos lo
ofrece Posidipo que no menciona que Friné se desnudase delante del
tribunal, si bien escritores posteriores (probablemente Idomeneo fue
el primero) pudieron haber adornado la historia “sexualizando” el
relato al objeto de ridiculizar a este tipo de tribunales cargados de
demagogia.

Ateneo
de Náucratis es
la fuente de muchas anécdotas sobre Friné en su famoso ‘Banquete
de los eruditos’, una de
las obras más completas de la antigüedad helena; elogia
su belleza afirmando que
lo más hermoso de su
cuerpo era lo que no se veía; se tapaba con una túnica que le
cubría todo el cuerpo y no iba nunca a los baños públicos, por lo
que no era fácil contemplarla sin ropa. Pero en las fiestas
Eleusinias y en las de Poseidón se quitaba el vestido a la vista de
todos, se soltaba el cabello y se bañaba en el mar. Para el propio
autor, la imagen de Friné saliendo del agua inspiró a Apeles su
desaparecida famosa pintura de Afrodita Anadiomena, (Afrodita
saliendo del mar, también llamada Venus Anadiomena). Friné resultó
de inspiración para diversos artistas aunque el más destacado fue
Praxíteles, quien esculpió dos estatuas para ella, convirtiéndola
así en la primera escultura de la antigua Grecia que mostraba el
cuerpo de una mujer desnudo: una
de ellas fue la estatua de Eros, consagrada en el Templo de Tespias,
y otra una estatua de la propia Friné elaborada en oro macizo que se
podía contemplar en el Templo de Delfos, entre las estatuas de
Arquidamo III y Filipo II. Cuando Crates de Tebas vio la estatua, la
llamó «una ofrenda votiva
del libertinaje de Grecia».
Pausanias en cambio escribe que dos estatuas de Apolo estaban junto a
esta estatua y que estaba hecha de bronce dorado. Es casi una certeza
que Pausanias tiene razón en su afirmación de que se utilizó
bronce dorado. En tanto Plutarco reporta haber visto personalmente
las estatuas en Tespias y en la misma Delfos, Cavallini no duda de su
existencia, pero considera que la historia sobre el amor entre
Praxíteles y Friné es una invención de biógrafos posteriores.

Ateneo
alega que Friné era tan rica que se ofreció a financiar la
reconstrucción de las murallas de Tebas, que habían sido destruidas
por Alejandro Magno en el 336 a. C., con la condición de que se
inscribieran las palabras «Destruida por Alejandro, restaurada
por Friné la cortesana» sobre ellas. Tebas fue restaurada en
315 o 316 a. C., pero probablemente no sea cierto que Friné propuso
alguna vez reconstruir sus murallas. Diodoro Sículo escribe que los
atenienses reconstruyeron la mayor parte del muro y que Casandro
proporcionó más ayuda más tarde, sin mencionar la supuesta oferta
de Friné.
El
evento más conocido en la vida de Friné es su juicio aunque
no existe un texto que describa
a ciencia cierta lo que ocurrió. Ateneo escribe que fue defendida
por el orador Hipérides, quien habría sido uno de sus amantes. El
discurso de acusación fue escrito por Anaxímedes
de Lámpsaco según Diodoro Periegetes.
La defensa la llevó a cabo el orador y cuando parecía que el
veredicto iba a ir en su contra y acabaría siendo condenada a
muerte, su defensor llevó a cabo una maniobra que surtió efecto:
desnudó sus pechos frente a los jueces, todo
hombres (para Quintiliano, fue la propia acusada quien se despojó
voluntariamente de toda la ropa; según otras fuentes, solo les
mostró los pechos). En realidad, se trataba de un recurso legal
extremo: los griegos creían firmemente en lo bello es bueno como una
verdad absoluta. Su base era que, si algo era totalmente bello, era
imposible que pudiera albergar maldad alguna. Y funcionó. Tal
y como se cuenta, los magistrados creyeron que acabar con la vida de
alguien tan bello podría propiciar mala suerte ya que la veían como
una “sacerdotisa de Afrodita”. Así pues, mostraron su compasión
y la absolvieron. La cultura griega tenía una especial conexión con
la belleza. Los escritores griegos utilizaban una expresión
determinada
para significar la fusión de la belleza o nobleza de aspecto y de
bien moral como ideal de conducta personal; haciendo
una simplificación extrema se podría interpretar que una persona de
aspecto agradable era por definición más honesta y confiable por
regla general, algo que por cierto ha llegado hasta nuestros días en
forma de prejuicio y que si somos honestos en una introspección
sobre el tema la mayoría estaremos de acuerdo en esa percepción,
sea errónea o no. Ateneo, sin embargo, incluye también una
descripción diferente del juicio proveniente de la Efesia
de Posidipo de Casandrea,en la
que simplemente describe a
Friné estrechando la mano de cada miembro del jurado, suplicando
entre lágrimas por su vida, sin que se mencione su desnudez y
hay quien sostiene que el
relato de Posidipo es la versión auténtica y que Friné nunca
descubrió sus pechos ante el tribunal durante su juicio pues
tanto la primera descripción del juicio dada por Ateneo como el
relato más breve de Pseudo-Plutarco se derivan en última instancia
del trabajo del biógrafo Hermipo de Esmirna (c. 200 a. C.), quien
adaptó la historia de Idomeneo de Lámpsaco (c. 300 a. C.). El
relato de Posidipo es la versión más antigua conocida. Si en verdad
Friné se hubiese desnudado durante el juicio, Posidipo probablemente
lo habría mencionado en tanto era poeta cómico. Teniendo en
consideración el tipo de prendas que llevaban las mujeres en la
época, parece bastante improbable que Hiperides dejase desnuda a
Friné con un teatral golpe de túnica y la maniobra debía requerir
la colaboración de ella y su consentimiento a posar desnuda ante los
jueces. Por lo tanto, es probable que el desnudo de Friné
corresponda a una invención posterior, que data de algún tiempo
después del 290 a. C., cuando Posidipo era poeta activo. Idomeneo
estaba escribiendo durante esa época y
la evidencia sugiere que fue Idomeneo quien inventó la versión más
lasciva del episodio, posiblemente con el objeto de parodiar y
ridiculizar las exhibiciones de los demagogos atenienses en los
tribunales. Teniendo en cuenta su tendencia a atribuir el exceso
sexual a estos demagogos, el acto provocador de desnudar a Friné
encaja con el carácter que Hipérides había adquirido en la obra de
Idomeneo. Como suele pasar en la tradición biográfica, los
biógrafos posteriores no se dieron cuenta de que los biógrafos
anteriores no ofrecían una representación precisa de los
acontecimientos. También hay argumentos a favor de la veracidad del
desnudo de Friné. Las palabras "profetisa y sacerdotisa de
Afrodita" podrían haber indicado que Friné participó en las
fiestas de las Afrodisias en Egina. De ser cierto, esto habría
demostrado a los miembros del jurado que la diosa la favorecía y que
merecía compasión. Además, era aceptado en aquella época que
las mujeres eran especialmente capaces de provocar la simpatía de
los jueces. Es posible que madres y niños fueran llevados a
comparecer ante los tribunales con ese fin. Desnudarse los senos no
era atípico para las prostitutas o cortesanas y no se restringía a
ellas, y también podría haberse usado para despertar compasión.

Sea
real o no la historia, merece la pena indagar en las causas de la
popularidad de este relato que ha llegado hasta nuestros días a
través de la literatura y el arte con una profusión que resultaría
prolija mencionar. La figura de Friné ha llegado a nuestros días
gracias, también, a las obras de arte en las que se ha reflejado,
como el lienzo de ‘Friné
se dispone a bañarse en la playa de Eleusis’,
elaborada por Henryk Siemiradzki en 1889, o ‘Friné
en las fiestas Eleusinias’,
pintada por Louis Chalon en 1901. El juicio a Friné ha inspirado a
pintores a lo largo de la historia, empezando por Jean-Léon Gérôme
con Friné
ante el Areópago, aunque
nada en las fuentes indica que haya sido juzgada ante ese tribunal
específico, la Friné
de 1867 de Artur Grottger y siguiendo por su compatriota José
Frappa, con su «Friné»,
de 1904, y el británico Joseph Mallord William Turner, con «Friné
acude a los baños públicos como Venus»,
y también a escultores de la dimensión del estadounidense
Albert Weine, autor de Friné
ante los jueces,
en 1948, la escultura Friné
del escultor francés Alexandre Falguière. Nuestro
Francisco de Quevedo, el poeta
francés Charles Baudelaire escribió sus poemas «Lesbos»
y «La belleza»,
pensando en Friné, y el poeta y escritor austriaco Rainer Maria
Rilke produjo «Los
flamencos». El compositor
y director francés Camille Saint-Saëns escribió la ópera «Friné»;
el escritor, poeta y periodista Dimitris Varos y su colega polaco
Witold Jablonski, por su parte, publicaron sendos volúmenes sobre la
famosa hetaira.
El cine también se vio seducido por la historia; en
1953 se estrenó la película «Friné,
cortesana de Oriente», de
producción italiana y dirigida por Mario Bonnard.

El
juicio de Friné tuvo lugar en la Atenas del siglo IV a.C., en un
período en el que la ciudad de Atenas se encontraba en una fase de
decadencia política, aunque seguía siendo un centro cultural y
filosófico de importancia. En esta época, las mujeres en Atenas
tenían un papel muy limitado en la sociedad, y se las consideraba
ciudadanas de segunda clase. La
historia de Friné, o el mito, si así se prefiere, es claramente
poliédrica y admite numerosos puntos de vista según el cristal con
que se mire. Durante años ha representado la libertad de expresión
frente a la censura, pero también puede abordarse desde la
utilización del desnudo para la consecución de determinados fines,
o más allá del ámbito procesal de la historia que nos ocupa, la
utilización del desnudo tanto masculino como femenino en un ámbito
público como pena adicional vejatoria (exposición pública de la
desnudez) unida a la principal en épocas históricas (tortura y
muerte en los casos más extremos)
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