El gallego Carlos Núñez es uno de los talentos musicales más grandes
que tenemos en España, está considerado como uno de los mejores gaiteros del
Mundo y toca la flauta con gran delicadeza y sentimiento, como se puede
comprobar en la canción de hoy: «María Soliña», aparecida en su álbum «Os
Amores Libres», donde el gaitero trató de indagar sobre la música celta y
su relación con las melodías tradicionales gallegas e, incluso, con culturas en
principio bien alejadas de lo celta, como el flamenco; en este sentido,
recomiendo «A Orillas del Río Sil«, interpretada por la cantaora Carmen
Linares. Volviendo a la melodía de hoy, está dedicada a María Soliño (o
Soliña), una mujer nacida en Cangas de Morrazo (Pontevedra) a finales del siglo
XVI, que consiguió adquirir un estatus económico desahogado gracias al
establecimiento, junto con su hermano y su marido, de una pequeña manufactura
de pescado en el municipio. En 1617 Cangas fue atacada y saqueada por los
piratas turcos, lo que llevó al empobrecimiento de su población, incluida la
clase acomodada, y al enloquecimiento de muchas de sus mujeres, que padecieron
el horror de la guerra y, a menudo, vieron como fallecían sus maridos y
familiares en la defensa de la plaza, circunstancia que fue aprovechada por la
minoría dominante de Cangas para culminar el saqueo, esta vez entre quienes aún
poseían bienes preciados como los «derechos de presentación» en capillas y
freguesías, es decir, los previsibles beneficios de estas entidades. Al
parecer, María Soliño acudía a la playa por la noche (como otras mujeres),
probablemente para rezar por su marido y hermano muertos en el ataque de los
turcos; actitudes como ésta fueron suficientes para iniciar un proceso
inquisitorial por brujería, en el que también se vieron envueltas otras mujeres
de extracción social más humilde. María fue acusada de entregar su alma al
diablo y de poseer poderes demoniacos; confesó ser bruja tras ser sometida a
una cruel tortura, fue condenada a llevar el hábito de penitente durante seis
meses y, por supuesto, fueron requisados todos sus bienes, entre ellos los
«derechos de presentación», el principal objetivo del Santo Oficio y de los
poderes económicos y políticos de Cangas. María Soliño fue capturada y
torturada en Santiago de Compostela hasta que confesó ser bruja desde hacía dos
décadas. Requisaron sus bienes y derechos de presentación y la condenaron a
llevar el hábito de penitente por seis meses, pero no se sabe si murió antes o
después del castigo, pues no hay acta de defunción. Por otra parte es
presumible su muerte poco tiempo después de la tortura ya que, con setenta años
(su edad cuando fue juzgada), los daños físicos y psíquicos sufridos en ella no
podían dejar de notarse. Por culpa de sus posesiones y la avaricia de los
nobles María Soliño murió pobre y sola. Pero siempre se mantuvo en la memoria
colectiva, aunque su imagen se haya deformado como bruja y loca. Siendo como
era una de las mujeres más ricas del pueblo, enseguida llamó la atención de los
nobles. Nueve mujeres en total, entre ellas Soliño, fueron juzgadas y
condenadas por diferentes acusaciones relacionadas con la brujería. Con los
datos necesarios encontrados, y los que no, inventados, fue llevada a las
cárceles secretas del Santo Oficio. Para disimular su reprobable propósito, los
burgueses y la Inquisición mezclaron algunas mujeres que sí poseían derechos de
presentación con otras que eran "pobres de solemnidad". Muchas de
ellas se encontraban totalmente desamparadas, por haber quedado viudas tras los
tristes sucesos de 1617. Existen distintas adaptaciones y versiones de la
canción y ésta está maravillosamente cantada por la portuguesa Teresa Salgueiro,
vocalista del grupo Madredeus.
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