sábado, 1 de agosto de 2026

... pero no eran brujas...


 


El gallego Carlos Núñez es uno de los talentos musicales más grandes que tenemos en España, está considerado como uno de los mejores gaiteros del Mundo y toca la flauta con gran delicadeza y sentimiento, como se puede comprobar en la canción de hoy: «María Soliña», aparecida en su álbum «Os Amores Libres», donde el gaitero trató de indagar sobre la música celta y su relación con las melodías tradicionales gallegas e, incluso, con culturas en principio bien alejadas de lo celta, como el flamenco; en este sentido, recomiendo «A Orillas del Río Sil«, interpretada por la cantaora Carmen Linares. Volviendo a la melodía de hoy, está dedicada a María Soliño (o Soliña), una mujer nacida en Cangas de Morrazo (Pontevedra) a finales del siglo XVI, que consiguió adquirir un estatus económico desahogado gracias al establecimiento, junto con su hermano y su marido, de una pequeña manufactura de pescado en el municipio. En 1617 Cangas fue atacada y saqueada por los piratas turcos, lo que llevó al empobrecimiento de su población, incluida la clase acomodada, y al enloquecimiento de muchas de sus mujeres, que padecieron el horror de la guerra y, a menudo, vieron como fallecían sus maridos y familiares en la defensa de la plaza, circunstancia que fue aprovechada por la minoría dominante de Cangas para culminar el saqueo, esta vez entre quienes aún poseían bienes preciados como los «derechos de presentación» en capillas y freguesías, es decir, los previsibles beneficios de estas entidades. Al parecer, María Soliño acudía a la playa por la noche (como otras mujeres), probablemente para rezar por su marido y hermano muertos en el ataque de los turcos; actitudes como ésta fueron suficientes para iniciar un proceso inquisitorial por brujería, en el que también se vieron envueltas otras mujeres de extracción social más humilde. María fue acusada de entregar su alma al diablo y de poseer poderes demoniacos; confesó ser bruja tras ser sometida a una cruel tortura, fue condenada a llevar el hábito de penitente durante seis meses y, por supuesto, fueron requisados todos sus bienes, entre ellos los «derechos de presentación», el principal objetivo del Santo Oficio y de los poderes económicos y políticos de Cangas. María Soliño fue capturada y torturada en Santiago de Compostela hasta que confesó ser bruja desde hacía dos décadas. Requisaron sus bienes y derechos de presentación y la condenaron a llevar el hábito de penitente por seis meses, pero no se sabe si murió antes o después del castigo, pues no hay acta de defunción. Por otra parte es presumible su muerte poco tiempo después de la tortura ya que, con setenta años (su edad cuando fue juzgada), los daños físicos y psíquicos sufridos en ella no podían dejar de notarse. Por culpa de sus posesiones y la avaricia de los nobles María Soliño murió pobre y sola. Pero siempre se mantuvo en la memoria colectiva, aunque su imagen se haya deformado como bruja y loca. Siendo como era una de las mujeres más ricas del pueblo, enseguida llamó la atención de los nobles. Nueve mujeres en total, entre ellas Soliño, fueron juzgadas y condenadas por diferentes acusaciones relacionadas con la brujería. Con los datos necesarios encontrados, y los que no, inventados, fue llevada a las cárceles secretas del Santo Oficio. Para disimular su reprobable propósito, los burgueses y la Inquisición mezclaron algunas mujeres que sí poseían derechos de presentación con otras que eran "pobres de solemnidad". Muchas de ellas se encontraban totalmente desamparadas, por haber quedado viudas tras los tristes sucesos de 1617. Existen distintas adaptaciones y versiones de la canción y ésta está maravillosamente cantada por la portuguesa Teresa Salgueiro, vocalista del grupo Madredeus.

 

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