Portugal es un territorio agazapado, oculto para la Europa oficial por la amplitud de su vecina España, pero no sólo guarda innumerables tesoros naturales y una hospitalaria humanidad, sino que su bagage cultural proporciona al buscador de belleza un incontable número de razones para detenerse en su idioma y sus costumbres. Siguiendo en su mayoría la estela de Amalia Rodrigues, muchos han sido los nombres de cantantes portuguesas que han saltado a la fama más allá de sus fronteras: Dulce Pontes, Misia, Mariza, Cristina Branco, cada una de ellas otorgando su personalidad al fado, o incluso intentando en algunos casos una cierta revolución estilística. A mediados de los 80 una guapa jovencita cantaba temas tradicionales portugueses en las tabernas de Lisboa. Qué poco podía imaginar Teresa Salgueiro que dos décadas después iba a ser referencia no sólo en su país sino en el resto del mundo. Y aunque gran parte del mérito sea de su voz, en realidad otros nombres tienen mucho que ver en esta historia, y son los de sus 'descubridores', Pedro Ayres Magalhaes y Rodrigo Leao. Magalhaes y Leao buscaban un cambio de rumbo en la forma de enfocar la música portuguesa, una apertura de miras que, manteniendo el respeto al fado y la tradición, abriera un nuevo camino y una necesaria forma de encauzar sus objetivos artísticos. Guitarrista el uno, teclista el segundo, miembros de grupos destacados del panorama portugués como Herois do mar y Setima Legao, necesitaban expresarse no por medio del fado, ni del rock ni de la música folk, sino por una nueva vía que englobara lo anterior en un nuevo contexto más cercano a la música de cámara que a movimientos más modernos, un estilo propio que iba a encontrar su auténtica forma de ser gracias a aquel encuentro con Teresa Salgueiro en una taberna del Barrio Alto, un grupo que fue más allá de Lisboa para llegar a practicamente cualquier rincón de un planeta que acogió una música especial, un caudal de expresividad con la fuerza de las raíces y la osadía de la modernidad. Cada día debería formar parte de los días de Madredeus.“Os Senhores da Guerra”, escrita por Francisco Ribeiro y Pedro Ayres, es una canción perfecta que combina la intensidad casi épica de un comienzo marcado por la pulsión rítimica del cello, subrayada con gravedad por los teclados y acentuada por las guitarras y el acordeón, que repite una melodía minimalista que no hace sino resaltar la tensión del conjunto, con una delicadeza y fragilidad en otros pasajes que la convierten en algo especial. No es necesario que Teresa Salgueiro haga ningún tipo de alarde vocal en esta ocasión para aumentar el dramatismo de la pieza. Nada más aparecer el disco “O espirito da paz” que la contiene, esta canción se convirtió en un clásico absoluto que llevó el nombre de Madredeus a lugares a los que aún no había llegado. La repercusión de “O Espirito da Paz”, desgraciadamente, marcó el final de una etapa en Madredeus con el abandono de su teclista Rodrigo Leao, quien iba a iniciar una exitosa carrera en solitario; aún aparecería un disco más de la banda con Leao en sus filas y con varias composiciones de éste pero eran, en su práctica totalidad, descartes de las sesiones de grabación londinenses de “O Espirito da Paz” y hoy en día, ni siquiera la voz de Teresa Salgueiro pertenece ya a Madredeus por lo que sólo Pedro Ayres Magalhaes sigue tirando del carro de este estandarte de la música portuguesa, el más internacional de sus grupos sin discusión.
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