viernes, 8 de junio de 2012

"Las tres preguntas", pero no de Tolstoi

Parece que el clima preapocalíptico de una semana atrás empieza a superarse. Estos días se nos está diciendo que la prima de riesgo de España se está moderando, que la Bolsa cambia su pertinaz color rojo por un tímido verde y que los mercados vuelven a confiar en nuestro país, y todo ello porque los mensajes emitidos desde los organismos europeos apuntan a un inminente rescate de la economía española. Si embargo, remedando el cuento de hadas de Tolstoi "Las tres preguntas", (aunque con temática y resultado diferentes), quedan por resolver tres minucias en cuanto a ese programa de rescate, a saber:
- ¿Cómo?
- ¿Cuánto?
- ¿Cuándo?

Vayamos por partes

¿Cómo? -  Debe distinguirse que el rescate debe ser del sistema financiero que ha conducido al desastre, pero no del país. La diferencia es importante porque lo segundo significa ceder a terceros el control de las cuentas, políticas y decisiones públicas (desaparición, de facto, de un gobierno autónomo, lo que no es el caso. Parece que se está abriendo paso la idea de crear un organismo europeo de supervisión, control y capacidad de sanción que, sobre una base similar al de un Fondo de Garantías de Depósitos, sea capaz de reordenar el marasmo de los bancos europeos. En nuestra opinión, la solución debe ir en ese sentido, en primer lugar porque permitir que los ciudadanos se vean obligados a salvar, con cargo a su estabilidad y futuro a las mismas entidades que los han empobrecido y, en algunos casos, estafado, es, sencillamente, inmoral. Pero, además, en estas situaciones se sustancia lo que en el mundo de las aseguradoras se conoce como riesgo moral, es decir, aquel originado por disminuir el nivel de cautela al saber que la actividad está asegurada: en efecto, si un banco sabe que a pesar de llevar a cabo las mayores barbaridades (sub-primes, ineficiencia operacional, preferentes,...), el Estado no permitirá que se hunda ni (¡absolutamente inaudito!) tendrá que dar explicaciones de su gestión, la debacle está asegurada. Si, por el contrario, se instituye un organismo centralizado bancario (cuña de la misma madera, que diría el castizo) que obligue a la formación de un fondo común para atender esas desviaciones, los mismos bancos serán los primeros interesados en que nadie se desmande para no tener que rascarse el bolsillo.

¿Cuánto? - Es inevitable acudir a Marx (sección Groucho) para poner de manifiesto que, pese a todo lo dicho y escrito, los mercados son más buenos que el pan. ¿Cómo se entiende si no que mantengan la confianza en nosotros ante la ceremonia de la confusión alrededor del posible montante de la ayuda a solicitar? Al igual que el misterio de la fórmula de la Coca-Cola, nadie sabe el tamaño del agujero de nuestras entidades. Tan sólo acudiendo al ministro de economía se barajan cuatro cifras diferentes, desde los 15.000 millones de euros como cifra total ("inferior a la destinada por el gobierno de ZP" !Cómo se aprovecha que el Ebro pasa por Zaragoza para intentar meter el dedo en el ojo al rival político aunque no venga a cuento y, además, sea contraproducente! ¿Verdad, señor ministro?) hasta 40.000 millones sólo para Bankia, más unos flecos sin importancia de otros 9.000 millones para CatalunyaCaixa y NovaCaixaGalicia. Fuentes europeas del partido del gobierno, desmentidas apresuradamente, cifran el asunto en hasta 120.000 millones de euros. Sin comentarios. La última situación, por ahora, es la orden del presidente del gobierno de estar calladitos unos y otros hasta que las auditoras independientes emitan su dictamen en los próximos días.

¿Cuándo? - A decir de los responsables políticos europeos, ya existen los instrumentos necesarios que pueden movilizarse casi de forma inmediata una vez que el gobierno español pida la ayuda que precise. Esperemos que también esté preparada la necesaria dosis de sentido común para arbitrar que los responsables (políticos y financieros) asuman su responsabilidad a través de una inexistente por hoy investigación como evidencia ante la masa de población votante de que eso de trabajar por el bien común es algo más que un slogan de campaña.


Y el cuento de Tolstoi.
El emperador de un lejano país pensó que si conociera la respuesta correcta a tres preguntas, siempre tendría todo bajo control. Las preguntas eran:
  • ¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa?
  • ¿Cuál es la gente más importante con la que trabajar?
  • ¿Cuál es la cosa más importante para hacer en todo momento?
Con el fin de obtener las respuestas verdaderas, anunció que daría una gran recompensa a quien se las pudiera facilitar; pero fue en vano, ya que nadie le dio ninguna satisfactoria. Así que el emperador decidió visitar a un sabio ermitaño, quien en realidad, en vez de darle las respuestas, ayudó al emperador a encontrarlas y comprenderlas por sí mismo.

Y ahí estamos

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