sábado, 12 de noviembre de 2016

Trabajo y pobreza

Vaya por delante que, ideologías aparte, a uno le encantaría creer a pie juntillas que lo que dice el Gobierno, particularmente cuando se refiere a actividades centradas en las necesidades sociales, es rigurosamente verdad, y que los resultados que ofrece en su información (siempre mejorables, por supuesto) son muestra evidente y continuada de que trabaja por solucionarlas. Pero, al menos en este Gobierno nuestro, parece que exista un denodado e indisimulado empeño en dar continua  y machaconamente pistas demostrativas de una aparente vocación de engaño y manipulación sin que los medios de comunicación, críticos a veces (¿cuando se lo mandan?), destaquen flagrantes incoherencias.

Y no me refiero, claro, al análisis que se podría hacer del grado de (in)cumplimiento de los programas electorales por la acción de gobierno posterior1, que se erigen en indicador infalible de su credibilidad, sino a los edulcorados y tendenciosos informes de gestión con los que periódicamente nos regalan/manipulan/engañan/indignan. En este terreno ocupa un recurrente "lugar de honor" la machacona afirmación usada con cualquier excusa por todos los miembros del Gobierno o militantes del partido que lo respalda de que por fin nos ha llegado la recuperación y que esta crisis de valores que nos quieren hacer creer que es sólo económica, ya es historia superada satisfactoriamente.

A la vista de los datos que el Gobierno divulga, parece evidente que se mueve en mundos para-lelos diferentes de lo que se observa en la tozuda realidad que nos rodea.¿Cómo se puede hacer bandera de una pregonada "recuperación económica" sólo porque la cifra estadística de personas que no tienen trabajo se ha reducido? Si eso fuera verdad, las cotizaciones habrían crecido y no sería necesario esquilmar, como vienen haciendo, la hucha de las pensiones, ni la pobreza se encuentra en un porcentaje de crecimiento, por ahora, imparable, ni se hubieran mantenido las cifras de desahucios, ni...
Claro, que estas deducciones podrían ser sólo impresiones personales infundadas si no fuera porque coinciden con informes de organizaciones tan poco sospechosas de ser manipuladoras como Cruz Roja, Cáritas, Intermon Oxfam, etc. que se ve que, como el Bautista, predican en el desierto.

Hoy, para actualizar datos, nos detendremos en la última información publicada por Ofideute, servicio de información, asesoramiento y mediación dependiente de la Generalitat de Catalunya dirigido a las familias con dificultades para atender el pago de créditos o préstamos hipotecarios y que se encuentran, por esta causa, en riesgo de perder su vivienda principal, así como la gestión de la mediación del alquiler social obligatorio derivado de la Ley catalana 24/20152.

El Servicio, puesto en marcha en 2012, ha atendido ya más de 15.000 casos y, según Ofideute, el perfil medio de quien acudía en busca de ayuda era (nótese el uso del pretérito como tiempo verbal) el de mujer, en paro, de 45 años, que vive en un hogar de tres miembros, que acredita ingresos de 700 euros y el alquiler que ha de pagar es de 400, en un retrato robot no excluyente de otras situaciones ni limitado a lo que tradicionalmente se ha considerado como "personas desfavorecidas"; este es el caso, sin ir más lejos, de tantos boyantes autónomos y profesionales liberales (incluyendo profesiones de prestigio como economistas, abogados, ingenieros o arquitectos) que antes del inicio de la crisis ni se habían imaginado que, en relativamente poco tiempo, tendrían que recorrer, venciendo seguramente un sentimiento inicial de vergüenza, a los servicios sociales para poder realizar algo tan simple como subsistir.
Resultado de imagen de vivir dignamente es un derecho

El dato serio, que desmonta de un plumazo el inicuo triunfalismo del Gobierno y sus altavoces mediáticos con el mantra de la tan cacareada recuperación justificada por el aumento del número de contratos de trabajo (sin entrar nunca al detalle de su duración, características, salario contemplado y minucias así) es que el 30 % de los solicitantes de estas ayudas urgentes para poder pagar el alquiler o la cuota de la hipoteca tiene trabajo. Sólo que ese trabajo, pregonado como un triunfo por/del Gobierno, no le permite vivir con un mínimo de dignidad.

¿Recuperación? Sin comentarios.

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1En este punto resulta muy preocupante que los medios de comunicación españoles en general, con periodistas que se muestran tan incisivos con alguna formación política, no hayan considerado que sea noticia publicable las declaraciones efectuadas por el flamante Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación del nuevo Gobierno de Rajoy, Alfonso Dastis (¡diplomático de carrera!) con motivo de haber resultado elegido Presidente de los Estados Unidos el magnate Donald Trump pese al reguero de excesos verbales e inconveniencias, cuando menos polémicas, pronunciadas durante la campaña electoral. Pues bien, el señor Dastis, para justificar el voto a Trump, no ha tenido reparo al afirmar que "ya se sabe que en campaña es normal hacer promesas que luego no se cumplen". ¿De verdad se admite esto como normal? Seguramente y lamentablemente sí porque se sabe y les siguen votando. 

2Formalmente, la LEY 24/2015, de 29 de julio, de medidas urgentes para afrontar la emergencia en el ámbito de la vivienda y la pobreza energética, fue recurrida, en un alarde de sensibilidad social enmascarado por el disfraz de la asfixia a cualquier iniciativa de Catalunya que se tilda usualmente de "acción independentista", por el Gobierno de Rajoy, en cuanto a "aspectos procesales", lo que provocó de manera automática la suspensión cautelar por el Tribunal Constitucional .

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