jueves, 17 de septiembre de 2026

Avant la lettre


Una de las primeras canciones de éxito, de 1968, del cantante catalán Lluís Llach, hoy más conocido por haber sido recientemente diputado soberanista del Parlament de Catalunya (representante de una generación de músicos suficientemente amplia -cosecha de 1948-, se descubrió su obra en una copia ciclostilada de L’estaca, La gallineta o alguna versión apócrifa del mismo El bandoler), fue “El bandoler”, una canción en la que Llach canta con dos tesituras de voz muy distintas. La letra tuvo pequeñas modificaciones a lo largo del tiempo. En la contracubierta de este disco, el autor explicaba la génesis de la canción: “Un amigo de Valls me dejó un libro que trataba de los mossos d'esquadra y de los bandoleros del siglo pasado ("Historia de las escuadras de Cataluña", de José Ortega Espinós, de 1859), y encontré la historia del bandolero Joan Serra; su carácter me impresionó, se me ocurrió una letra y encima puse una música, procurando que tuviera tantos contrastes como el personaje y los cambios de voz estuvieran muy marcados. Así nació “El bandoler””. Pero, ¿quién fue Joan Serra? ¿Por qué le llamaban 'La Pera'? Parece que nació en Valls y cuando tenía diez años entró en unos terrenos del Mas Robuster con unos amigos, el propietario les sorprendió robando peras y les persiguió. Serra se encaró y recibió un tortazo. El futuro bandolero respondió con una frase lapidaria: "Los niños se hacen mayores y yo no olvidaré lo que ha pasado". Su vida cambió definitivamente durante la guerra de la Independencia española; Serra había sido reclutado para ella pero disparó y mató al cabo Francesc Rosell, se escapó, cambió de bando y se unió a un grupo de afrancesados con carta blanca para hacer lo que les apeteciera. Según la leyenda, Serra se distinguió por su crueldad: mataba por el gusto de matar y encontraba placer al ver morir a sus víctimas. Eso sí, antes de cada asesinato dejaba tiempo a la víctima para rezar un Credo y después ponía dos velas en la ermita de la Virgen del Carmen de Valls. Un día, Serra regresó al Mas Robuster, fue a buscar al campesino, le recordó su encuentro de años antes y lo golpeó hasta creerle muerto pero el propietario de El Mas aún tuvo tiempo, en medio de la agonía, de contar la historia a unos conocidos que le fueron a auxiliar. Por aquellos hechos, por haber matado a un hombre por una pera, le quedó el mote: La Pera. La Pera también amó. Se enamoró de una chica llamada Maria, del Mas d'en Simó y fue en ese lugar en el que fue detenido; lo sentenciaron por la muerte de tres personas y el incendio de tres caseríos. Curiosamente, entre las muertes que se le imputaron no estaba la del campesino de Mas Robuster que dio origen a su mote. Dicen las crónicas que el día del ajusticiamiento, Valls se llenó de gente que quería seguir el final del bandolero. Joan Serra 'La Pera' fue colgado en la horca y posteriormente descuartizado. Joan Serra es un bandolero mitificado del siglo XIX; un personaje de novela. En la historia real de ese bandolero se sobreponen muchas versiones legendarias (el motivo de su renombre, el terror que sembró a la sociedad, las diferentes versiones en torno a su muerte...).  Pero la ficción lo aleja del psicópata sanguinario y lo presenta como un soldado que se puso junto a los llamados caragirats, que apoyaron a las tropas napoleónicas, por no pasar hambre y porque se sentía atraído por sus ideales. Su historia ha ido pasando de generación en generación en Valls, su ciudad natal. Y Llach la popularizó más allá de ese entorno geográfico gracias a su canción aunque cantar sobre bandoleros no era algo exactamente nuevo: ya el Nuevo Mester de Juglaría lo hizo sobre “El Pernales” y Benito Moreno (y después Boney M.) sobre “El Lute”, entre otros.



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