jueves, 2 de febrero de 2012

Adios al Dr. Estapé

Nos acaba de dejar el maestro de economistas Fabián Estapé. La mayoría de los medios glosarán debidamente su figura y obra, fundamental en los últimos cincuenta años de España, en los que compartió tiempo histórico con otros nombres de ecos imborrables como Luis Ángel Rojo, Joan Sardá, José Luis Sampedro (aún por suerte entre nosotros), Enrique Fuentes, etc.
No es este el espacio, por lo tanto para glosas, pero sí, como siempre para reflexión y nos merece una atención especial el hecho de que Estapé, desde posiciones políticas alineadas con el nacionalismo moderado, colaboró eficazmente con un régimen político en el que no creía para contribuir a sacar al país del marasmo económico en que se encontraba, inmerso en una autarquía suicida. ¡Cuánto han de aprender los políticos actuales! Eso, y no soflamas incendiarias es lo que debe hacerse si realmente se piensa que el bien común es el bien común y no el interés del partido. Y por eso resultan especialmente patéticas las declaraciones desdeñosas de una figura actual de la política económica criticando con sorna la evolución del Dr. Estapé desde las posiciones apuntadas a la afiliación al PSUC (comunistas catalanes).... cuando el crítico anduvo precisamente el camino contrario.
Fabián Estapé Rodríguez

Afortunadamente nos queda su huella. Y los que fueron sus alumnos, los que participaron en la introducción en España de Galbraith o Schumpeter y forman parte del marco eonómico actual, sabrán trasladar esa entrega y esa clarividencia. Queda en el aire la pregunta del millón: ¿qué hubiera propuesto el Dr. Estapé para acometer la situación actual?

miércoles, 1 de febrero de 2012

Educación de la ciudadanía

Era de esperar. Una de las primeras iniciativas del nuevo gobierno ha sido el anuncio de un cambio en los programas educativos con cambios que afectan a la duración de la Eso y la enseñanza secundaria de forma que se adelante el inicio de la posibilidad de elección de os planes formativos superiores.
Con todo, el anunciado caballo de batalla representativo del cambio propuesto es la sustitución de la asignatura de Educación para la ciudadanía por la de Educación cívica y constitucional, con el argumento de que la primera contiene cuestiones controvertidas y se presta al adoctrinamiento ideológico
Ya. Y consignar en el propio título de la asignatura la interrelación cívica/constitucional no es ideológico, ¿no?. Dejamos para otro momento el comentar sobre el uso de lengua  vehicular y cómo hacerlo, pero, ceñido sólo al aspecto señalado, es preocupante que los poderes públicos sigan pensando que la educación es un arma arrojadiza entre partidos olvidando que es el sustrato del futuro. 
Si los políticos que están de manera alterna en la oposición y en el poder leyeren con una mínima amplitud de miras las conclusiones de los sucesivos informes PISA que se han ido publicando y, en un esfuerzo de objetividad analizaran por qué estamos a la cola en eficacia educativa llegarían a la conclusión de que la educación es un tema DE ESTADO y no de partido y que, independientemente de quién esté en el poder, la formación mínima exigida a nuestros jóvenes tiene unos estándares razonables (y ¡ojo! homologables por el resto de países en una situación global de requisitos cada vez en mayor convergencia). Así se evitan, por ejemplo, situaciones patéticas de ridículo académico como las ocurridas en algún país hermano en el que, según quién está en el gobierno, se cita un período de su historia reciente como dictadura o como régimen autoritario. Hemos de saber en realidad qué queremos, cuáles son las materias básicas que no cambiarán con quién este en el gobierno, qué necesidades posteriores, alineadas con el mercado laboral y profesional deben contemplarse, de qué medios disponemos...
  
La calidad de la educación recibida es el poso para la eficacia de una posterior formación universitaria y el determinante de la adecuación a un mercado laboral que aglutine la formación con la estructura de la actividad del país. Sólo así pueden evitarse casos sonrojantes de recién titulados, con dos masters y tres certificaciones de especialidad que defienden con ardor y argumentos sólidos su opción política y la relación con su trabajo pero que son cuasi analfabetos funcionales en la resolución de problemas aritméticos simples (¿raiz cuadrada de 121? Pero eso, ¿no lo hace la máquina?) o en la interpretación de textos complejos (y no digamos si se topan por error con unos versos como los de Rodrigo Caro: "Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa." Sin comentarios)
El management del futuro está en manos de los educandos de hoy. Es responsabilidad nuestra facilitar que la educación que reciben sea la que el futuro demanda.