domingo, 5 de abril de 2015

Boletín nº 46/2.- Los paraísos "en serio"



Algunos nombres conocidos

Reconozcámoslo: la difícil labor de combatir la evasión fiscal ha frustrado a los responsables y técnicos de Hacienda (los que no tenían cuenta en Suiza, obviamente) a lo largo de décadas  porque, ante la imposibilidad de hacer desaparecer esos territorios, se trabaja en dos frentes: 

                - por un lado, se creó una convención sobre la ayuda mutua en materia fiscal como primer paso en un proceso voluntario de intercambio automático de información y en ese sentido, el G-20 instó a los paraísos fiscales a firmar al menos doce tratados de intercambio de información (recordemos la opinión documentada de Zucman sobre ellos).

- por otro, la OCDE ha venido elaborando normas para intentar controlar la ingeniería fiscal de las corporaciones multinacionales y que dificultarán la práctica de registrar sus beneficios en los paraísos fiscales con el fin de evitar el impuesto de sociedades. Por ejemplo, recuérdese que saltó a la luz pública que las multinacionales estadounidenses declaran la mitad de sus beneficios globales en seis centros offshore en Holanda, Luxemburgo, Irlanda, Bermudas, Suiza y Singapur. En palabras de Pascal Saint-Amans, director del Centro de Política Tributaria de la OCDE, “Empresas como Google y Apple actúan como si no existiera el Estado”.

En lo que se refiere al primer punto, habrá que convenir que los resultados distan un largo trecho de la euforia expresada unos años antes, ya que el informe del Foro Mundial sobre la transparencia fiscal de la OCDE del mismo año 2013 en que se publicó el libro de Zucman, y años después de los firmes acuerdos de Londres, dado conocer en Yakarta (Indonesia) destaca la existencia de 20 países[1] que no cumplen con los objetivos marcados por la OCDE de intercambio automático de información y de transparencia tributaria, considerados esenciales para eliminar la evasión tributaria mediante el uso de paraísos fiscales. Hay que decir que sí, que según el Foro citado, hay 74 países o jurisdicciones (y alguna de ellas, ciertamente, paraíso fiscal) que han firmado la convención sobre ayuda mutua en materia fiscal con la que empieza el proceso hacia el intercambio automático de información, y también hay que decir que, dentro de la vieja Europa, ni Suiza ni Luxemburgo están entre esos 74.

En el caso de Suiza, pese a su incumplimiento, su ministra de Finanzas afirma sin empacho que “vamos hacia un sistema de intercambio automático de información, pero es importante que haya un sistema, un patrón internacional, que sea aceptado por todos los centros financieros que son nuestros competidores”, o sea que, dicho de otra forma y en plata, “ya nos apuntaremos al intercambio de información cuando se compruebe que lo hagan todos y no haya otro remedio”. De hecho, las inversiones secretas de los residentes siguen contando con la protección del Estado y hasta de la Constitución suiza, aunque se han adoptado medidas contra las cuentas extranjeras.

El caso de Luxemburgo es algo más delicado ya que pese a que se encuentra en el corazón de la zona euro, que es miembro de la unión monetaria, que suele criticar el despilfarro del sur y que tiene un veto sobre todas las cuestiones relativas a la fiscalidad la UE, es uno de los países que se dedica a poner palos en la rueda del plan de la OCDE de establecer el intercambio automático de información en todos los paraísos fiscales.

Según Gabriel Zucman en la obra citada, Luxemburgo es “el paraíso fiscal de los paraísos fiscales, presente en todos las etapas del circuito, y utilizado por todos las otras plazas financieras”. Según otras fuentes[2], 2,5 billones de dólares están aparcados en vehículos offshore en el gran ducado. Y un botón de muestra: mientras el Gobierno luxemburgués se ha mostrado dispuesto a reformarse en sus declaraciones públicas, se dedica a crear una nueva fundación privada que “garantiza un elevado nivel de confidencialidad” a los inversores así como un almacén para guardar obras de arte conocido como la “fortaleza de arte”.

En su libro, Zucman propone como un primer paso efectivo aplicar sanciones comerciales a todos los paraísos fiscales que no participan en un sistema multilateral de intercambio automático de información, tal y como también ha propuesto un grupo de países europeos, entre ellos España, Francia y Reino Unido, pero….  como Luxemburgo forma parte de la UE no puede ser amenazado con sanciones comerciales. Por cierto que advierte también Zucman en su análisis que Luxemburgo podría desatar una “catástrofe como la de Irlanda o Chipre, debido al sobredimensionamiento de su sector financiero offshore”.


Existen estrechos lazos entre los dos grandes paraísos fiscales europeos, Suiza y Luxemburgo, porque más de la mitad de los 8.000 fondos comercializados por los bancos suizos están incorporados en Luxemburgo. “Invertir en un fondo luxemburgués mediante una cuenta suiza tiene mucho sentido para un evasor fiscal: Luxemburgo no retiene impuestos sobre pagos transfronterizos de modo que el evasor recibe el dividendo entero en su cuenta en Suiza. Esto no resulta tan atractivo si el fondo se incorpora en Suiza ya que se retiene el 35%. Así se complementan los paraísos fiscales europeos”, nos decía no hace mucho un experto en eso que se llama planificación fiscal.

En definitiva, fijémonos que la actividad sólo en los paraísos fiscales europeos[3] (de los que, como se ve, Andorra y Gibraltar juegan en otra división si no directamente en otra liga) tiene graves consecuencias macroeconómicas para la zona euro. Si se tienen en cuenta los billones de euros que alguna élite europea tiene aparcados en cuentas secretas en paraísos fiscales, los países de la UE, asegura Zucman “son más ricos de lo que pensábamos aunque los residentes más ricos esconden parte de sus activos en paraísos fiscales lo cual contribuye al empobrecimiento de los estados”.

Y no deja de ser curioso que la evasión fiscal masiva no sólo ha privado a los estados europeos de casi dos billones de euros de ingresos tributarios, sino que también ha sido el pretexto para reducir a lo largo de los años los impuestos sobre la riqueza y uno de los motivos de que la progresividad del sistema tributario en Europa haya ido bajando desde hace 20 años por extenderse la idea de que si se obliga a tributar, el dinero saldrá del país para terminar en un paraíso fiscal.


[1] Alguna reacción resulta realmente chusca: el secretario de las Islas Vírgenes Británicas (incluidas en la lista de países que no cumplen ni por asomo un mínimo compromiso), Neil Smith, dijo que la decisión de considerarlos “no cumplidores” no es justa con ellos, por ser un territorio industrializado donde los haya porque en las islas, con 40.000 habitantes, están registradas 850.000 empresas.

[2] Nick Shaxson, Treasure islands: Tax havens and the men who stole the world, Vintage.

[3] Es preciso recordar, y no es ninguna boutade, que numerosas voces autorizadas de organismos internacionales que conocen la materia han señalado en más de una ocasión que los paraísos fiscales más agresivos se encuentran en la City de Londres, el distrito financiero de Paris…o La Castellana, de Madrid. Sin el concurso operativo de entidades y corporaciones limpias, aunque sea solo actuando como corresponsales, sería imposible realizar la mayoría de las transacciones con origen o destino en paraísos fiscales al uso.

miércoles, 1 de abril de 2015

Boletín nº 46/1.- Los paraísos "en serio"



Después de publicar en el blog el anterior boletín destinado a reflexionar acerca del contexto auténtico y la repercusión real que tiene sobre nuestra economía la actividad financiera desarrollada en territorios recurrentemente demonizados por su cercanía y tildados de paraísos fiscales como son Andorra y Gibraltar, he recibido alguna comunicación en el sentido de que puede interpretarse que la esencia del contenido del boletín es quitar importancia al fenómeno de los paraísos fiscales y trasladarlo todo al terreno puramente político.


Nada más lejos de la realidad. Los paraísos fiscales o refugios financieros son un auténtico cáncer para el desarrollo económico y la estabilidad social de todo el mundo, una anomalía consentida que algún día habrá que tomar en serio para tratar de erradicarla. Fijarse en las particularidades respecto de España de territorios vecinos como Andorra y Gibraltar, y deducir de ello que se están poniendo a ese mismo nivel casero, y más político que económico al resto de paraísos, es como si se valora públicamente el buen criterio y la correcta política financiera aplicada por Caixa de Pollença y Caixa d’Ontinyent (mis respetos y reconocimiento a ambas) y extraer de ello la idea de que se está alabando la debacle habida/provocada/sufrida en el sector de las cajas de ahorro de este país.


Es por eso que parece conveniente detenerse a estudiar, aún de manera superficial, y como complemento a las reflexiones del boletín anterior, el tremendo impacto que causa globalmente la existencia (consentida, repito) de jurisdicciones que amparan el juego sucio con un dinero que nos afecta a todos.



La riqueza oculta


En el eterno binomio entre economía y estabilidad social, cada vez se perciben más voces autorizadas que abogan por la necesidad imperiosa de tratar de encontrar ya un equilibrio entre el desarrollo y el bienestar social, desde economistas tales como Stiglitz, Krugman, Piketty, etc. hasta prestigiosos intervinientes en foros económicos de alcance mundial, como el que se celebra anualmente en Davos, sin ir más lejos, donde alertan del riesgo real de conflictos serios y levantamientos sociales originados por la creciente brecha entre clases sin que a nadie parezca importarle este crecimiento de las desigualdades.


Hay que reconocer que el tema de los paraísos fiscales (nombre en el que incluiremos en esta entrada a los paraísos fiscales al uso, los refugios financieros, los refugios jurídicos, las jurisdicciones de normativa laxa, los territorios o países no cooperantes, etc.), muchos de ellos ligados a metrópolis serias, no pasaba de ser algo exótico y que, salvo que se descubrieran lazos flagrantes con el crimen organizado, blanqueo de capitales o terrorismo, raramente trascendía casi de charlas de café.  Pero llegó la actual crisis, y cuando, preparando la reunión de 2009 del G-20[1] en Londres en el 2009, se verifica que esta crisis financiera, engendrada en el mundo turbio de la banca en la sombra, está pasando una factura gigantesca a los estados occidentales, se incluye el tema de los paraísos fiscales dentro de la agenda de la cumbre y se acuerda en la citada reunión encargar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el diseño de un sistema de intercambio automático de información sobre cuentas bancarias que –según prometían los líderes de los grandes países–, acabaría con el secreto bancario desde Zúrich a Singapur. Esto es así porque en un momento en el que empieza predicarse la austeridad como única salida de la crisis, la evasión fiscal “al por mayor” choca con el espíritu de muchas democracias y genera una necesidad en los gobiernos de “hacer algo”[2] hasta el punto de que la meta alcanzable del acuerdo es que “dentro de 18 meses[3] no habrá secreto bancario”. Pero todo indica que poco se ha hecho, más allá de política de buenas intenciones, para combatir la evasión fiscal, cerrar los paraísos fiscales y prohibir la ingeniería fiscal de las grandes corporaciones multinacionales.


La sensación del ciudadano medio es justamente esa: que nunca se han pasado de las palabras grandilocuentes y de un catálogo de intenciones firmes pero, a la postre, huecas de contenido. Claro que eso puede ser sólo una sensación, aunque ¿con fundamento?

En 2013, cuatro años después del anuncio efectuado al final de la cumbre del G-20 en Londres en que se auguraba el fin casi inmediato de los paraísos fiscales, Gabriel Zucman, economista francés, en ese momento en la Universidad de Berkeley (California, EEUU), publicó un libro, La richesse cachée des nations  (La riqueza oculta de las naciones)[4], de contenido demoledor  ya que, barajando datos extraídos básicamente del Instituto Nacional de Estadística francés (Insee) y de la Reserva Federal de Estados Unidos, concluye que desde esas famosas declaraciones en el colofón de la citada cumbre de Londres, las fortunas extranjeras gestionadas solamente en Suiza se habían disparado un 14% para situarse en la cifra astronómica de 1,8 billones de euros (en término que a nosotros nos sean más comprensibles, esa era una cantidad suficiente para pagar la deuda pública española dos veces).



Y esta evolución es fácilmente comprensible si se tiene en cuenta que la OCDE, para cumplir el encargo del G-20, administra una política basada en el principio de name and shame (nombrar y avergonzar), es decir, sin aplicar sanciones porque mantiene la premisa de que “ningún país quiere ser la excepción mala”, lo que lleva a afirmar a Zucman que las medidas diseñadas por la OCDE hasta la fecha son poco más que una “máscara” y que la red de acuerdos con paraísos fiscales desarrollada con ellas está “llena de agujeros”, manteniendo que “creer que los centros offshore van a renunciar espontáneamente a gestionar las fortunas de los ultrarricos, sin la amenaza de sanciones, es una ingenuidad”.

Zucman calculaba en esa fecha que en todo el mundo los centros offshore esconden 5,8 billones (con b de barbaridad) de euros, suficiente, por cierto, para resolver de un plumazo la crisis de la deuda europea. Más de la mitad de los capitales que se esconden aún, por ejemplo, en Suiza son de origen europeo, calcula el experto, lo que hacen aún más sangrantes las políticas de austeridad, y da cifras: los evasores alemanes han ocultado 200.000 millones de euros en cuentas suizas, sus homólogos franceses e italianos ocultan 180.000 y 129.000 millones, respectivamente…. y capitales por valor de 80.000 millones de euros (para los nostálgicos, más de 13 billones, otra vez con b, de pesetas) de ciudadanos españoles han llegado a los bancos suizos desde España[5].





[1] El G-20 (Grupo de los 20) es un foro integrado por 19 países, más la Unión Europea, creado en 1999, en el que se reúnen regularmente sus jefes de Estado (o Gobierno), gobernadores de bancos centrales y ministros de finanzas. Es un foro de cooperación y consultas entre los países en temas relacionados con el sistema financiero internacional. Estudia, revisa y promueve discusiones sobre cuestiones clave en la economía mundial tanto para países industrializados como países emergentes con el objetivo de mantener la estabilidad financiera internacional, y de encargarse de temas que estén más allá del ámbito de acción de otras organizaciones de menor jerarquía.


[2] En la cumbre del G-20 celebrada en Londres en abril de 2009 (en la que España estuvo como país invitado), la lucha contra los paraísos fiscales era uno de los temas que más preocupaba, en concreto a las delegaciones francesa y alemana. Se llega a un consenso para publicar una lista de países no cooperantes y, al hilo de esa idea, la OCDE publica la lista de los Estados que menos cooperan y que, según indica la institución, "no se han comprometido a respetar los estándares internacionales". Como además, Suiza, Bélgica, Luxemburgo y Austria retiran sus reservas sobre el levantamiento del secreto bancario en caso de fraude el Primer Ministro Británico, Gordon Brown, llega a declarar que "esto es el principio del fin de los paraísos fiscales" y el documento final del acuerdo declara, en frase del Presidente francés, Nicolas Sarkozy, que "la era del secreto bancario ha terminado".

[3] Sin más valor que el de referencia temporal, los 18 meses de la cumbre de Londres se cumplían en octubre de 2010.

[4] Gabriel Zucman - La richesse cachée des nations / Enquête sur les paradis fiscaux, La republique des idees/Seuil, noviembre 2013


[5] Un inciso necesario en este punto: en tanto el libro se publica con voluntad académica y de investigación, la editorial lleva el control (y publica sus nombres) de los medios de información que han solicitado reseña oficial del volumen: en España, sólo se interesó La Vanguardia, ya se sabe, un diario de la periferia ajeno a las luchas cainitas de la Villa y Corte y, por lo tanto, sin relevancia en lo que diga. Sorprende esa indiferencia de los medios, precisamente, españoles, cuando, hablando de relaciones financieras oscuras en nuestro país, tenemos la lista Falciani que nos afecta de pleno, agujeros por doquier en nuestras entidades (a cargo del erario), descubrimientos diarios de que este o aquel personaje tienen cuenta en suiza (colaborando con ello patrióticamente a que el país salga de la crisis). Y sorprende, además, cuando el libro hace una referencia a la relación evidente entre los paraísos fiscales y la crisis financiera en Irlanda, Chipre, Estados Unidos, Francia,… y cuando cita a España lo hace en estos términos: en Espagne, l’ancien trésorier du parti au pouvoir dort en prison après avoir révélé un système de financement occulte par l’intermédiaire de comptes en Suisse. ¿Hace falta traducir?