domingo, 19 de abril de 2015

El poder de la confianza





Hay situaciones en las que, para hablar con propiedad de un tema que surge, es conveniente acudir al origen del concepto, porque no es la primera vez que alguien alude a algo en un sentido que nada tiene que ver con su significado real, y el presunto debate se puede convertir, en el mejor de los casos, en un diálogo de besugos en el que cada parte está hablando de cosas diferentes.

Viene a cuento esta puntualización porque, lamentablemente, resulta reiterativo el escuchar o leer que, actualmente, nuestro gobierno está “perdiendo la confianza” de los ciudadanos a pasos agigantados por unos asuntillos de casi toda índole que le salpican, a los que elude en público y de los que, al parecer, no proporciona la debida justificación al ciudadano, votante de su partido o no. Se evidencia entonces que lo importante para analizar estos hechos (someramente, por supuesto, pese a que realmente merecen un examen amplio que queda fuera del ámbito de este blog) es definir con cierta exactitud a qué nos referimos con eso de la confianza. Acudimos, pues, al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua y nos encontramos los siguientes significados para la palabra confianza:
Confianza.
(De confiar).
1. f. Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.
2. f. Seguridad que alguien tiene en sí mismo.
3. f. Presunción y vana opinión de sí mismo.
4. f. Ánimo, aliento, vigor para obrar.

Mal empezamos. Según lo que dice el DRAE, cuando se habla de “falta de confianza”, igual puede aludirse a desencanto en cuanto a una esperanza previa o merma en la presunción sobre uno mismo, con lo cual se amplía el abanico de razones por las que un político alude a la confianza, incluida la vanidad íntima.

Pero, disquisiciones teóricas aparte, cabe recordar que uno de los slogans más difundidos del partido en el gobierno fue el de Confianza en el futuro (no confundir con Con fianza en el futuro, pero eso es otra historia), luego debe pensarse que la aludida falta de confianza actual se refiere inequívocamente a la primera acepción del DRAE y a ella nos ceñiremos.  No se trata de analizar los actos que han originado esa falta de confianza, lo que queda al arbitrio de politólogos de uno u otro signo, sino, simplemente, de efectuar un acercamiento al cómo y por qué nace esa confianza fuente de poder.
En todas las organizaciones de personas, sea cual sea su objetivo[1] (social, empresarial, político, etc.) se produce una correlación evidente entre el ejercicio del poder y la confianza otorgada a quien lo ejerce por los componentes del grupo, de tal manera que cuanto mayor es la confianza del donante, mayor será el poder que pueda ejercer el depositante de la confianza.

Es evidente que si la confianza se otorga por una persona, el poder se ejerce precisamente hacia esa persona, y ese poder ejercido aumenta proporcionalmente hasta llegar a su máxima expresión en las organizaciones de tipo político, en los que la confianza otorgada (el voto) determina el desarrollar un ejercicio que, frecuentemente, se aleja de los postulados iniciales planteados para ganar esa confianza.

Del análisis de esas desviaciones surgen tres preguntas básicas:
-       ¿Cómo se adquiere la confianza? Existen dos caminos para ello: ganarla legítimamente en base a actuaciones o conseguirla mediante el engaño opuesto a las actuaciones. Un personaje como Abraham Lincoln puede obtenerla por afecto y respeto; porque inspira confianza. Un personaje como Bismarck[2] la consigue, sin duda, por métodos menos claros.
-       ¿Hasta dónde llega la confianza? El límite lo marca la propia naturaleza de la confianza y no la persona en que se deposita: un católico votante del partido en el gobierno tendrá un grado de confianza diferente hacia el jefe de su gobierno que hacia el Papa. Llevado al extremo, cuando en un mismo depositante convergen varios tipos de confianza, se produce un poder mesiánico. Y no hay nada peor que un político que se "venda" como mesiánico, con poder para todo.
-       ¿Qué hace el depositante con el poder que se le confiere? Ineludiblemente, la horquilla contempla las dos opciones: beneficiar, de forma recíproca, a quien se lo concedió, o explotar a éste como a un peón de un juego de ajedrez ambicioso inventado por él mismo. Para citar dos ejemplos extremos, Gandhi y Stalin utilizaron la confianza depositada en ellos de manera bien distinta...

Al final, siempre se busca algo o alguien que merezca el más amplio espectro de la confianza; y la búsqueda es, aunque no lo percibamos, crucial, porque, si el hallazgo no tiene el sentido buscado, tampoco inspira la confianza deseada y, por tanto, se vuelve perverso a la vez que impotente en su eficacia. Se llega, pues, al nudo gordiano de la reflexión sobre la situación actual: seguramente la falta de confianza proclamada viene originada por la perversión incompetente de aquel en quien se depositó. Porque en política hay que tener en cuenta una premisa, incómoda y manipulable, ciertamente, pero real: lo que empieza como confianza en el momento en que sale del votante (en forma de voto) se transforma en poder en manos del receptor, que, con demasiada frecuencia, interpreta que se le han dado con el voto las manos libres para usarlo a su antojo. (Si tú confías activamente en un individuo, con el voto le das un grado de poder sobre ti mismo. Si veinte personas depositan su confianza en el mismo individuo, el poder de éste aumenta proporcionalmente. En un ejemplo extremo, cuando ochenta millones de alemanes depositaron activamente su confianza en Adolf Hitler, lo que hicieron fue dotarle de un enorme poder. A decir verdad, el poder de Hitler -o el poder del ayatollah Jomeini, o el de cualquier otro demagogo- cabe definirlo sencillamente como la confianza depositada activamente en él por una multitud de personas. Es imposible no advertir esta transacción entre confianza y poder).

Con el permiso de Forges. Hay diferentes formas de recuperar la confianza...

Detallaremos este matiz citando lo expresado por Michael Baigent y otros[3] referente al cómo se capta a veces la confianza que concede el poder  “¿Qué medios utilizan los individuos o las instituciones (o ambos) para granjearse la confianza de sus seguidores? Una de esas técnicas es el empleo calculado de la intimidación y el miedo. El mecanismo es bastante conocido y no hay necesidad de extenderse en explicaciones. Consiste en proponer un adversario generalizado: el comunismo, el fascismo... Luego se procura que ese adversario parezca cada vez más omnipresente, cada vez más monstruoso en sus proporciones, cada vez más amenazador para todas las cosas que nos son queridas: la familia, la calidad de la vida, la patria. Una vez se ha generado suficiente pánico, lo único que queda por hacer es ofrecerse uno mismo, o bien ofrecer la institución a la que uno mismo pertenezca, como baluarte, muralla, refugio, puerto seguro. Las llamadas «lecciones de la historia» ya deberían habernos enseñado a ver la falsedad de semejantes ardides. Y, pese a ello, basta echar una mirada superficial al mundo de hoy para ver que todavía conservan su eficacia.

Hay estratagemas más sutiles. Los políticos, por ejemplo, suelen hacer llamamientos a la razón o al sentido común, o a lo que suele pasar por tales. Además, como todo el mundo sabe, no escatiman en promesas, que van dirigidas de modo concreto a las expectativas y las necesidades de la gente y, frecuentemente, es poco o nada probable que se cumplan. Pero al hacerlas, se reconoce de manera implícita que existen tales expectativas y necesidades. Y, con bastante frecuencia, este reconocimiento es suficiente en sí mismo: no hay necesidad de cumplir la promesa. De hecho, por regla general, se acepta la probabilidad de que no se cumpla, y nadie pedirá explicaciones a quien la haga y no la cumpla. El reconocimiento de las necesidades y las expectativas que implícitamente representa la promesa se considera como una muestra suficiente de que "hay buenas intenciones". Estamos desilusionados hasta tal punto que una simple muestra de buenas intenciones, no sólo nos apacigua, sino que nos proporciona un repositorio de confianza”.

O sea, que nadie se sorprenda, pues, ante la respuesta (real) dada a un encuestador por una señora en el madrileño barrio de Salamanca de que, más allá de evidencias de actuaciones erróneas, más allá de actitudes incompetentes, más allá de engaños argumentados profusamente con soporte de la hemeroteca, ella votaba a un determinado partido porque era una “cuestión de fe”. Ni siquiera confianza, que, por otra parte, queda incólume en su 3ª acepción del DRAE.


[1] La confianza y el abuso de ella no es privativa del ámbito político. Basta recordar el uso/abuso que se hizo en entidades como CAM, Bankia, Novacaixa Galicia, etc. del inocente “Tienes toda mi confianza” que le habían dicho a sus gestores de confianza personas con escaso conocimiento del mundillo financiero (a pesar de que personas (?) como Miguel Blesa los identificara como expertos financieros para justificar su estafa, pero eso también es otra historia) y a quienes, sin su consentimiento, enredaron en una telaraña en la que perdieron todos sus ahorros.

[2] Menos conocido entre nosotros que los otros personales citados, Otto von Bismarck, fue un político alemán considerado el fundador del Estado alemán moderno. Su política interior se apoyó en un régimen de poder autoritario (a pesar de la apariencia constitucional y del sufragio universal) destinado a neutralizar a las clases medias.

[3] Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln: The Messianic Legacy, Jonathan Cape Ltd., 1986

miércoles, 15 de abril de 2015

Como un juguete roto



El refranero, tan sabio él, en tanto que recoge en sus sentencias siglos de sabiduría popular, nos deja a veces en una frase todo un tratado de psicología combinada con sociología, como por ejemplo en esa que merece tildarse de perogrullada, y que afirma que “las cosas son como son… hasta que dejan de serlo”. Sin duda. Por cierto que hay autores que atribuyen la expresión a Antonio Machado, y más concretamente a uno de sus ”complementarios”, Juan de Mairena. Personalmente no he encontrado en la obra del poeta nada que lo atestigüe, pero dicho queda.

Una de las particularidades de los refranes, y en este se confirma, es que suelen ser extrapolables a personas, cosas, situaciones (no hay mal que cien años dure, reafirmando el dicho desde otra óptica), instituciones, etc.

Y si no, veamos un ejemplo cercano de una institución, antaño (un antaño, además, cercano en el tiempo) modélica y llena de prestigio internacional y hoy sumida en un mar de dudas y con muchas de sus decisiones cuestionadas con argumentos de peso, como es el Banco de España. Porque no es noticia recordar que no hace tanto tiempo que el Banco de España se tomaba como ejemplo de rigor y acierto en muchos ámbitos, y no solo dentro de nuestro país.

Un par de ejemplos:
-          Aunque solo fuera para hacer de contrapeso ante el gigante estadounidense y su influencia, el Banco de España tenía un ascendiente indiscutible en los países de habla española de América. Si entramos al detalle, en el mundo oscuro del blanqueo de capitales en esas zonas, lo que decía el Sepblac[1], adscrito al Banco de España, era tomado casi como libro de cabecera de obligado cumplimiento.
-          Cuando el Banco de España obligó a instaurar en las entidades financieras las llamadas provisiones estadísticas[2], con gran rechazo de la banca, e incluso con denuncia ante los tribunales[3], esta idea fue asumida como uno de los fundamentos, y así se reconoció, por el Comité de Basilea[4] en los estudios para la elaboración de lo que después serían los sucesivos Acuerdos de Capital destinados a mejorar la solvencia de las entidades.

Hay más ejemplos, pero éstos ya son de por sí ilustrativos de una aureola de prestigio de la institución que, lamentablemente para todos, se ha ido al garete.

Ya en los sucesivos escándalos financiero/bancarios provocados/alimentados por la crisis, de alzaron voces (tratadas con sordina, de acuerdo) acusando al Banco de España de inacción e incluso de dejación de responsabilidades ante algún que otro desmán que se iba conociendo y que, al parecer, podía haberse evitado.

Vinieron después declaraciones que, en el mejor de los casos pueden calificarse de desafortunadas, en las que el Gobernador del Banco de España[5] se convertía poco menos que en portavoz del gobierno en la defensa de su política económica, abogando públicamente, entre otras cosas, por la reducción de sueldos (¿aún más?) de los trabajadores, el aplauso sin fisuras a la reforma (?) laboral, etc. hasta desembocar en la última declaración por ahora, en la que equipara la austeridad aplicada (que no es tal, sino recortes indiscriminados de servicios esenciales) al patriotismo, en una clara exhibición de ignorancia de lo que ha sido y es la mal llamada austeridad para la mayoría de la sociedad, ni el patriotismo. Naturalmente, es deseable que el gobierno coincida en sus objetivos de estabilidad con el Banco de España. Pero de ahí a que éste se convierta en portavoz de las controvertidas políticas del gobierno, a las que se acusa en diferentes foros nacionales y extranjeros de promover las desigualdades y no la estabilidad, que es un objetivo funcional del Banco de España, va un abismo.

Sin embargo, donde ha quedado más en entredicho el prestigio de la institución fuera de nuestras fronteras ha sido en su actuación ante el Banco de Madrid, salpicado por el tema de la Banca Privada d’Andorra, especialmente antes de que saltara a la luz pública la nota del FinCEN estadounidense sobre ésta con graves acusaciones sobre blanqueo de capitales. Para intentar parar la posible bola de nieve, el Banco de España ha publicado un comunicado en el que defiende su actuación en la entidad, de la que tomó control el pasado 10 de marzo.

Con tal nota, el Banco de España pretende mitigar la polémica de parte de los trabajadores y clientes del banco, quienes mantienen que la liquidación de Banco Madrid, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo y la afectación de los depósitos por encima de 100.000 euros, es consecuencia de la fuga de capitales que provocó precisamente la decisión de intervenirlo por parte del Banco de España, al que culpan de precipitarse y sobreactuar (¿para demostrar ante las autoridades de supervisión americanas un rigor que antes brilló por su ausencia?) y de no haber impuesto en el primer momento un corralito controlado, lo que habría evitado, precisamente, la fuga de depósitos que provocó con las medidas posteriores.

Para acabarlo de arreglar, hay malestar en las fuerzas de seguridad por la tardanza en actuar, tardanza que habría permitido destruir pruebas a los supuestos blanqueadores.

Para que cada uno pueda llegar a sus propias conclusiones, la lectura de la  Nota informativa sobre las actuaciones del Banco de España en relación con el Banco de Madrid puede dar alguna pista, aunque deba reconocerse que no es habitual que la entidad justifique sus actuaciones, y quede la duda de si lo hace ante terceros, como una especie de excusa, por la dimensión extrafronteriza del caso. Y queda en el aire la gran pregunta: si es cierto, como se ha dicho y no se ha desmentido, que la autoridad de supervisión conocía hace meses los manejos en el Banco de Madrid, ¿por qué no actuó? Es eso lo que hace pensar en un juguete roto.



[1] Servicio Ejecutivo de la Comisión para la prevención del blanqueo de capitales, Unidad de información financiera española en ese campo y el de la prevención de la financiación del terrorismo.
[2] Mediante la Circular 9/1999 de 17 diciembre, el Banco de España introduce las denominadas Provisiones Estadísticas o anti-cíclicas, con lo que, durante las fases expansivas de la economía cada entidad crediticia destinaría una cantidad de sus beneficios, en esos momentos más elevados, a un fondo de dotaciones destinado a atender los impagos que se produjeran en una posible crisis económica. El cálculo de estas provisiones anti-cíclicas se basaba en datos estadísticos (de ahí el nombre) particulares de cada entidad, en el concepto de pérdida esperada conforme a la experiencia registrada del pasado. El sistema de provisiones estadísticas actuaba de forma inversa al de provisiones reales por morosidad, el primero intervenía en periodos de crecimiento económico y el otro en periodos de recesión.
[3] El argumento de la denuncia es que las dotaciones anti-cíclicas no eran fiscalmente deducibles, dado que no se referían a un impago real, sino en previsión de él. Hay que decir que, actualmente, por medio de la Circular 4/2004, de 22 de diciembre, del Banco de España incorporó las coberturas genéricas en sustitución de las dotaciones estadísticas, las cuales si pueden deducirse fiscalmente.
[4] El Comité de Basilea o, con más propiedad, Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (BCBS, sigla de Basel Committee on Banking Supervision), es la organización mundial que reúne a las autoridades de supervisión bancaria; su función es fortalecer la solidez de los sistemas financieros.
[5] Institución independiente, por definición.