sábado, 1 de diciembre de 2018

A vuelta con la/s patria/s

Que determinados ritos y costumbres de todas las religiones encubren un poso de fanatismo 
irracional, resulta indiscutible; ahí tenemos, si no, para confirmarlo, algo de lo que se 
relaciona con celebraciones aparentemente anodinas, como, sin ir más lejos, la celebración, 
el pasado día 24 de noviembre, de la festividad católica de San Juan de la Cruz. El santo, 
nacido como Juan de Yepes Álvarez, fue un religioso y poeta místico del renacimiento 
español, cofundador con Santa Teresa de Jesús de la Orden de los Carmelitas Descalzos. 
Como poeta, se considera junto con, precisamente, Santa Teresa, la cumbre de la mística 
experimental cristiana y desde 1952 es el patrono de los poetas en lengua española.

Nada llamativo hasta ahí ¿verdad? ¿Y si se recuerda que se veneran sus reliquias1? Pues 
efectivamente, porque tras una azarosa vida, Juan de Yepes muere en Úbeda (Jaén) cuando 
había sido llamado a Segovia por su Orden para ocupar determinado cargo. Tras su muerte, 
su cuerpo es despojado y se inician los pleitos entre Úbeda y Segovia por la posesión de sus 
restos. Estos, mutilados, se trasladan tres años después clandestinamente a Segovia, en 
cuyo Convento de los Carmelitas Descalzos reposan (?) actualmente, con excepción de 
alguna de sus reliquias, que se reparten por lugares por donde pasó en vida. O sea, una 
inmoral lucha, mutilaciones incluidas, por determinar, en base a vete a saber qué 
motivaciones de poder, prestigio o económicas, de dónde es y dónde corresponde trasladar 
sus restos, prescindiendo de sus propias opiniones o sentimientos en vida. 
 
 
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Estatua de San Juan de la Cruz en La Carolina (Jaén), ciudad de la que es patrono y donde se custodia una reliquia suya.
 
Casualmente coincidiendo con la fecha del 24 de noviembre, y en el ámbito familiar nos dejó 
la tía “caraqueña”, como la llamaba alguien que tampoco está ya con nosotros, a una edad 
avanzada pero llena de proyectos. Es de justicia reconocer que con sus defectos, virtudes y 
contradicciones (como todos), se ha ido un ser humano que, parafraseando al gran Antonio 
Machado, era, en el buen sentido de la palabra, bueno. Su biografía es tan anodina (o no) 
como la de millones de personas que conforman eso que llamamos gente corriente, sin 
heroicidades especiales destacables (o sí, pero no se magnifican); sin embargo, aparte de 
los sentimientos que afloran por/tras su pérdida, nos apoyaremos con sumo respeto en 
algunos rasgos de su memoria de vida para seguir reflexionando sobre el tema delicado al 
que dedicamos hace unas semanas una entrada de este blog del patriotismo y las patrias.La caraqueña” nació en tiempos de la República en una ciudad de Catalunya, y ésta fue su 
primera patria, usando en su entorno hasta el final de sus días, pese a la distancia, el idioma 
catalán, con el que se comunicaba, sentía y rezaba. Se casó joven con quien después sería 
“el caraqueño”, de familia inmigrante en Catalunya desde otra zona empobrecida de la 
España de la posguerra, inquieto y ambicioso hasta el punto de proponer marcharse sólo a 
América, sondear las posibilidades de trabajar allí hacia un futuro digno y volver a buscar a 
su joven esposa para llevarla con él. Y así hicieron.   

Ya en Venezuela, no fueron fáciles los inicios, no, estando solos en un país entonces extraño, 
con sólo su cabeza y sus manos para abrirse camino, pero, poco a poco, en un día a día 
plagado de esfuerzos y privaciones no confesadas, añorando una tierra, una familia, unas 
costumbres que quedaron lejos, van creando un trabajo que dé estabilidad, un círculo de 
personas con algunos intereses comunes en quienes confiar mutuamente y con quienes 
relacionarse, y… una familia propia, con la llegada de unos hijos sobre los que expresan la 
voluntad de que también sean españoles, pese a que paralelamente van descubriendo e 
integrándose en la nueva tierra de acogida.

Con el paso del tiempo, y una vez conseguida una razonable estabilidad socio-económica, 
deciden volver con frecuencia a España, con el fin de ver y vivir lo que en su juventud no 
pudieron hacer y mantener los lazos de afecto y cariño con los que habían dejado aquí al 
marchar y es entonces cuando empieza a observarse a través de ellos que eso del 
patriotismo, del amor y respeto por una tierra, sus gentes y sus costumbres es un sentimiento 
personal adquirido y que evoluciona, nunca algo que se pueda imponer, pues en su caso 
conviven espontáneamente su deseo de recuperar el pasado con el ofrecimiento a su entorno 
cercano de conocer la que ahora es su tierra, con la que se sienten identificados: el turismo 
de Isla Margarita, los Andes, Colonia Tovar, Canaima,.. la cocina de las hallacas o las arepas, 
la música popular de José Luis Rodríguez o Mirla Castellanos, todo lo que presentaba y 
sentía como suyo ahora . 
 
 
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Canaima. Al fondo, el Salto del Ángel, cascada de mayor altura del mundo.
 
Fue por aquel tiempo cuando yo oí del “caraqueño” una de las más sensatas definiciones de 
“patria” que he conocido. Resulta que alguien le hizo esa estúpida pregunta que sólo cabe 
que la haga quien no tiene dos dedos de frente y necesita poner etiquetas a los demás para 
aplicarles en el trato el cliché que le han dicho que corresponde: “ Y tú ¿qué te sientes? 
¿más venezolano que español o al revés? ¿cuál es tu patria?” A lo que la respuesta 
(antológica y contundente) fue “La patria es donde crecen los hijos”. Más certero, 
imposible, para quien conserve la facultad de pensar. El pasado merece respeto, quizá 
nostalgia, pero es eso, pasado, y el futuro es otra cosa que no debe anclarse al pasado. Si 
uno ha vivido/conocido en un determinado entorno, diferente del que viven sus hijos, debe 
educar a éstos, por supuesto y siempre, en el respeto a lo antiguo pero, recíprocamente, él 
debe respetar lo nuevo y no despotricar contra él salvo que busque sembrar odios.

Pero llegan tiempos convulsos para el país de acogida, y, con excepción de quien se queda a 
afrontar con determinación los problemas in situ, los jóvenes, que ya son dos generaciones, 
buscan fuera un futuro mejor, básicamente en España (en lo que podría interpretarse como 
una operación de regreso a los orígenes) y Estados Unidos. Para colmo de males, coincidiendo 
en el tiempo, “el caraqueño” sufre un accidente médico cerebral, a consecuencia del cual 
acaban sus días con nosotros y es enterrado en Caracas. Y pensando en todo ello se confirma 
que el patriotismo es un sentimiento en el que pueden confluir razones muy diversas en su 
mayoría ligadas al concepto de futuro.
Por un lado, los que han venido a España para mejorar su futuro reivindican su símbolo que es 
su españolidad, aunque añoren las hallacas o las playas de Margarita, que son el pasado. Y los 
que buscan el futuro en Estados Unidos da la impresión de que no hubieran tenido un pasado 
fuera de allí, a juzgar por su entusiasta proselitismo de los tópicos estadounidenses como St. 
Valentine’s day, Halloween, Giving day,...que, no nos engañemos, diseñan su futuro buscado. 
No es una crítica sino la evidencia de algo común a todos los lugares, tiempos y personas, 
que el futuro NUNCA se articula sobre el pasado, genere éste nostalgia o ganas de olvido.

¿Y “la caraqueña”? Realmente, los suyos indagan sobre si saldrá del país atormentado en el 
que ahora vive, pero ella manifiesta su voluntad de que se queda en el que, dice, es su tierra, 
y que, cuando llegue su hora, sea puesta junto al “caraqueño” para estar unidos el futuro de 
eternidad, dando sin darse cuenta una sublime razón de en qué puede basarse el concepto 
“patria” y el sentimiento vinculado, nunca en el pasado. Descanse en paz en la patria por ella 
elegida. 
 
 
 
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1Una reliquia es una parte del cuerpo de una persona, o todo él, venerado por algún motivo. En general, en el catolicismo, se refiere a cuerpos de santos; o, en sentido más amplio, a objetos que tienen un gran valor sentimental para alguien.

viernes, 23 de noviembre de 2018

¿Fin de la prensa escrita...o de la cultura?

Durante mucho tiempo yo había comprado diariamente los periódicos (así, en plural, porque 
determinadas informaciones y/u opiniones es imprescindible contrastarlas, pero eso es otro 
tema) en el mismo kiosco cuando salía de casa por la mañana, y cuando eso ocurre acaba 
creándose una cierta corriente de complicidad con el kiosquero de turno, quien, de alguna 
manera, termina convirtiéndose en algo así como tu agente literario, que te informa 
puntualmente de las novedades que le van llegando y que él intuye que se ajustan a tus 
gustos, según interpreta de los comentarios y las conversaciones diarias, siempre cortas y 
apresuradas1. 
 
 
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Posteriormente, los cambios de lugar de trabajo fundamentalmente, provocan también 
cambios en estas rutinas, de forma que de un tiempo a esta parte las diferentes actividades 
cotidianas hacían que alternara la compra de la prensa, según los días, en un kiosco 
tradicional o en un bazar que es papelería-juguetería-tiendaderegalos-prensa-chucherías,... 
o sea una auténtica “cosería”. Y la semana pasada, al intentar comprar la prensa en este 
bazar, los periódicos habían desaparecido de unos anaqueles ocupados, solamente, por 
revistas de papel couché; y, al preguntarle al tendero si es que había habido retraso en el 
reparto, confirmó que no, que dejaba de recibir la prensa diaria “porque la tengo que 
devolver cada día porque no se vende excepto la del fin de semana por las promociones de 
vajillas ollas, foulards y esas cosas”. Toca, pues, hacer un “peregrinaje” por la zona buscando 
dónde comprar los diarios y al hacerlo se confirma lo que, realmente, ya se había observado 
pero a lo que, como no había afectado hasta ese momento, no se le había prestado atención, 
y es el hecho de que están desapareciendo de nuestro paisaje urbano, y de manera 
acelerada, los kioscos de prensa, la mayoría ya con las persianas metálicas (“decoradas” 
con múltiples graffiti) bajadas.

Es cierto, la prensa escrita parece haber perdido la batalla ante la inmediatez de la 
información (y de otras cosas como las fake news, que existen y se propagan como hongos 
por las Redes) por Internet, sin advertir que, para estar informados, son canales diferentes; 
complementarios pero diferentes. Y no lo digo por la diferencia física entre acceder a conocer 
las principales noticias del día en unos titulares a través de una pantalla pulsando 
nerviosamente un teclado y el ojeo de un diario en papel ante una humeante taza de café, 
viendo qué colaboradores opinan hoy y sobre qué para leerlo después, sin desechar, 
naturalmente, que más tarde se busque también ampliación/actualización de algún detalle en 
la Red. No, la diferencia va más allá y se percibe sutilmente en que se ha conseguido, por 
alguna “fuerza obscura”, sin duda, que todos se vean (nos veamos) dominados por una 
irracional prisa, que hace, entre otras cosas, que se identifique información con titulares, y 
para eso, la verdad, sobra la prensa escrita, que debe ser algo más que un titular impactante. 
Las Redes ofrecen numerosos, y a veces vergonzosos, ejemplos de que el titular se parece 
como un huevo a una castaña a la noticia que desarrolla, pero como sus lectores/seguidores/
usuarios sólo leen (y creen a pie juntillas) el titular… Esta manipulación no es tan habitual ni 
tan descarada, aunque también se dé, en la prensa escrita. 
 
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Pero la evidencia de que con esta tendencia no sólo se pierde la saludable costumbre de 
profundizar en la noticia, más allá del titular, y contrastarla para poder formarse una opinión 
argumentada sobre ella, sino que el matiz de que ya no se leen tampoco los artículos de los 
colaboradores, hace pensar en que el problema es mucho más serio y trasciende los límites 
de la prensa escrita, e incluso nuestros límites geográficos nacionales y es un fenómeno de 
alcance mundial. 
 
Por ahí parece que van los tiros, porque, más allá de la prensa escrita y de España, Michael 
Busch, consejero delegado de Thalia, la principal cadena de librerías alemana, declara que 
estamos preocupados porque han desaparecido seis millones de lectores en Alemania en 
pocos años. No se trata de una nadería, sino de un terremoto. No podemos seguir como 
hasta ahora (…) debemos ser capaces de atraer de nuevo muchas personas al libro y a la 
lectura. Pero igualmente estamos inquietos por las consecuencias sociales de la no lectura. 
Cuando ahora la gente dice que tiene menos tiempo para los libros, quiere decir que cada 
vez se ocupan menos a fondo de los temas, tienen menos tiempo para sí mismos y para 
entusiasmarse con buenos relatos. Significa que también imaginan menos historias en su 
cabeza. En la compañía nos hemos preguntado por qué es bueno leer. Y hemos concluido 
que porque creemos que el mundo mejora con más lectura y contenidos inspiradores”.

Volviendo a nuestro país, según el barómetro de hábitos de lectura, el 40,3% de los 
ciudadanos españoles no leen nunca un libro  y en cinco años el número de personas que 
leen a diario ha descendido en más de un millón. Es decir, que lo que explica Busch de su 
país, vale para el nuestro. Otro elemento significativo política y socialmente que se aprecia 
y documenta en Alemania es que la extrema derecha crece allí donde hay menos librerías, 
donde existe un menor acceso a la lectura. El auténtico populismo (no el que políticos 
ignorantes de todos conocidos se empeñan en acusar) se alimenta de los menos ilustrados, 
de los que apenas reflexionan, de los que están dispuestos a creerse cualquier cosa. “La 
superficialidad es tierra abonada para el radicalismo”, advierte Busch. El problema de un 
mundo con menos lectores no es lo que se pierden quienes no leen, sino el daño que pueden 
causar al resto los náufragos de la cultura.



Durante la década de los años 60 del pasado siglo, el conocido y controvertido cineasta y escritor Woody Allen escribió una serie de relatos, que después recopiló en el libro Getting even (algo así como Desquitarse), llamado en España, en traducción libérrima Cómo acabar de una vez por todas con la cultura.2 Toda una premonición, la del traductor, porque todo indica que la cultura, tal como muchos la entendemos, tiende a su desaparición, aunque no en la forma que se puede deducir de la obra de Allen, sino sustituida, sin que a nadie parezca preocuparle, por lo que dictan, cada vez con menos pudor, las Redes Sociales.



Una de las pruebas de que con esta tendencia actual se manipula impunemente al lector residual que aún subsiste es la paulatina desaparición (como los kioscos) de las librerías y la concentración de la venta de libros en Grandes Almacenes o Grandes Superficies. Y alguien puede pensar ¿qué diferencia hay para el lector entre comprar un libro en una librería tradicional, de barrio, o en la sección de libros de unos grandes almacenes? Pues, si nos ceñimos al acto de comprar, ninguna, es cierto, pero si abrimos el abanico de acciones vinculadas, se abre también el de las diferencias, porque se comprueba que entre los “daños colaterales” de la consolidación de la actual tendencia está la figura del librero, con consecuencias variadas, alguna de ellas nefasta en muchos aspectos. Aún guardo en la memoria con cierta nostalgia un bar-librería al que durante un tiempo íbamos con frecuencia a tomar café; en puridad era un cuchitril, con dos mesas de bar, una barra de escasos tres metros, unas estanterías a rebosar de libros a la venta… y un barman-librero con unos conocimientos y un ojo clínico para enmarcar de cuyas recomendaciones podías fiarte con los ojos cerrados (recuerdo que en una ocasión le compré un libro del que me habían hablado muy bien, y al entregármelo me dijo: “No le gustará”. Y no me gustó, aunque nunca se lo reconocí). Si desaparecen las librerías al uso, desaparecen con ellas los libreros, pero en las grandes cadenas comerciales y, especialmente en los portales digitales de libros, aparecen recomendaciones de lectura. ¿cuál es el problema, entonces? No se puede generalizar, por supuesto, pero estas recomendaciones pueden manipularse para inducir a ciertas lecturas, direccionando de forma encubierta a los presuntos lectores hacia la “cultura” que se pretende desarrollar. 
 
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Librerías y tertulias desaparecidas


Con un ejemplo de un sistema ya ensayado, entre los ya detectados, se verá más fácilmente esta manipulación subrepticia partiendo, en este ejemplo concreto, de que las recomendaciones de los portales se basan en algoritmos en los que tiene un peso importante el volumen de ventas de un título (luego, aparentemente, su aceptación por el gran público). Pues bien, supongamos que hay una organización interesada en difundir un libelo de manera que no se la identifique con él en primera instancia; para ello, uno de sus ideólogos mediáticos de cabecera” escribe el libelo en forma de libro de título sugerente aunque calculadamente ambiguo para que resulte atrayente para todas las tendencias; la organización compra toda la primera edición (recuperando el gasto al vender internamente los libros a sus asociados, firmados por el autor o por el mandamás supremo, según decidan), con lo que el libelo pasa automáticamente a encabezar el ranking de libros recomendados (se ha agotado en un tiempo récord) pero desabastecidos y se tiene que programar deprisa una reedición, esta sí, distribuida con normalidad con el fin de atender la demanda creada artificialmente. Y no es ficción.


Sin profundizar más, ¿seguro que es excesivo hablar de que la tendencia actual es la de acabar con la cultura (o direccionarte para conocer sólo la que interesa a los manipuladores de turno, que viene a ser lo mismo) con la excusa de los cambios a los que obliga  lo queramos o no) la evolución tecnológica?

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1Tal vez en este contexto no esté de mas evocar las reflexiones sus citadas por esta relación real publicadas en el boletín de management GEISNEWS, número 39, de mayo de 2002:
En la estación de tren de la ciudad donde vivo hay, como en la mayoría de estaciones de tren, un quiosco de prensa. Bueno, realmente no está en el propio edificio de la estación, sino en una esquina de la plaza, a la entrada.
Su clientela, claro, la conforman los pasajeros que, con más o menos prisa y arrastrando en general generosas dosis de somnolencia matutina, entran o salen de la estación. Es un ritual que se suele cumplir cada mañana: llegar al quiosco, controlar con el rabillo del ojo si ya llega el tren y cruzar tres palabras tópicas de cortesía con José, el quiosquero, mientras abonan el precio del diario que han comprado.
Después, también están como clientes los vecinos del barrio. La relación que se establece con ellos es diferente: salen de casa con el propósito exclusivo de comprar la prensa o aprovechan el momento de la compra para tomar el primer café calentito de la mañana en la cafetería de la estación antes de pasar también por la panadería y hacer el recorrido completo.
Su noción del tiempo que destinan a comprar el diario es, en este caso, diferente: ya no tienen que estar pendientes de si se acerca el tren; al contrario, su llegada, y la gente que sale presurosa, es tema para prolongar la charla que, durante unos minutos, comparten con José. Y el quiosquero, consciente de la diferencia entre estos y los madrugadores, se adapta a cada una de las dos clientelas, disfrutando, además, con ellas.
Pero esto no siempre ha sido así. El quiosco ha sido regentado, a lo largo del tiempo, por diferentes propietarios. Unos han durado más y otros menos.
Por las razones que sean, no habían conseguido una respuesta satisfactoria de sus clientes y el negocio había ido apagándose. Sin embargo, el producto que ofrecían en sus vitrinas era siempre el mismo; las marcas, también las mismas (ni siquiera había la posibilidad de gestionar marcas blancas o segundas marcas de productos); el precio de venta, único para todos los compradores, y la rapidez de servicio, idéntica. Es más, en alguna ocasión se había intentado diversificar el producto con la venta de chucherías y caramelos. ¿Qué pasaba?
Quizá la respuesta haya que buscarla en las particularidades de la relación que hacen que un cliente se sienta atendido y satisfecho en un nivel que ni le haga pensar en cambiar de quiosco. En definitiva, en eso que se erige como el Grial de muchas empresas, particularmente de servicios: la fidelización de los clientes.
Lo habéis adivinado: ese kiosco ya no existe.

2Cómo acabar de una vez por todas con la cultura está compuesto por diecisiete relatos de los que solamente tres fueron escritos especialmente para este libro. Incluye una revisión irónica de muchos de los elementos de la cultura actual, tomando en clave de humor los elementos principales de la historia reciente e incluyendo situaciones propias del absurdo que intentan llevar al lector a replantearse su percepción sobre los personajes y situaciones. En esta obra se encuentran temas que serán recurrentes en su obra, como el psicoanálisis y su condición de judío, especialmente significativas en esta obra en la que incluye artículos sobre Adolf Hitler en clave de humor siguiendo la línea de Charles Chaplin en la película El gran dictador.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Incendios y cambio climático

Es noticia estos días (quizá sea más exacto decir “estos meses”) los pavorosos incendios 
que están arrasando el estado norteamericano de California que ya se consideran los 
mayores de la historia del estado y que, aunque técnicamente cabría definir como incendios 
forestales, la verdad es que están devastando zonas habitadas, reduciendo a cenizas 
numerosas casas y otros bienes (de lo que es ejemplo que ha arrasado casi por completo la 
ciudad de Paradise, de 26.000 habitantes, a unos 280 kilómetros al noreste del área de la 
bahía de San Francisco, donde desde el jueves pasado se mantiene activada la alerta roja 
por la mala calidad del aire a causa del humo proveniente del incendio a esa distancia), y lo 
que es peor, llevándose consigo vidas humanas que, en el desastre actual, sobrepasan la 
cifra de cincuenta personas muertas, además de más de dos centenares desaparecidas. 
 
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El fuego de los incendios actualmente activos se inició en tres focos diferentes y ha quemado 
hasta ahora una superficie superior al triple de nuestro Parque de Monfragüe, particularmente 
en el norte y sur del estado de California, siendo menos virulento el que quema en el centro 
geográfico del estado. Llama  la atención que el foco del sur haya prácticamente circuncidado 
el casco urbano de la ciudad de Los Ángeles, cebándose en el barrio de Malibú, conocido por 
ser residencia de muchas celebridades del mundo del espectáculo, que han perdido 
devoradas por el fuego sus lujosas mansiones, sin que la actuación de los más de ocho mil 
bomberos destinados en las zonas a la lucha contra el fuego pudieran impedirlo.
Efectivamente, el cuerpo de bomberos pidió la evacuación de las áreas y más de 250 mil 
personas, entre las que se encontraban las celebridades que tenían sus casas en las zonas 
de riesgo (Malibú, Calabasas e Hidden Hills principalmente), fueron retiradas de sus hogares. 
Ese fue el caso de Lady Gaga, Iggy Azalea, Kim Kardashian, que solo fueron evacuadas, 
mientras que, por ejemplo, Miley Cyrus o Gerard Butler, así como otros cientos de personas, 
han visto sus casas destruidas por el incendio. En este punto se suscita una pregunta, 
posiblemente, simple: ¿habrían construido/comprado estos personajes su casa, lujosa o no, 
en zona conocida de riesgo no teniendo problemas económicos para elegir otra ubicación si 
fuera necesario? Tal vez alguno sí, desde luego, por la razón que sea, pero ¿todos? Ergo, 
cabe suponer que no era zona de riesgo. ¿por qué ahora sí? 
Aquí puede estar la clave, ya que los propios bomberos han reconocido no disponer de 
medios (resulta indicativo que, incluso, hayan adaptado a toda prisa para participar en las 
tareas de extinción un trimotor DC-10, antiguo avión cisterna para repostar en vuelo) ni de 
conocimientos técnicos para afrontar estas catástrofes, al contrario de otros países como los 
que integran el Mediterráneo europeo, que están habituados a estos fenómenos, ligados en 
parte a a climatología. 
 
 
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Y es que el estado de California pasa por soportar unas elevadísimas temperaturas para la 
zona y época (más de 43ºC cuando se iniciaron los incendios) y una sequía anormal que 
hace a la vegetación más propensa a quemarse y esparcir el fuego, así como vientos secos 
que cargan el fuego y aumentan la velocidad y el área de destrucción, hasta el punto de 
hacer al gobernador del estado, Jerry Brown, advertir que “los fuegos severos serán la nueva 
normalidad” porque, lo que parece indudable es que, como dicen los expertos, la naturaleza 
genera los vientos que atizan las llamas y el cambio climático provocado por el ser humano a 
largo plazo mata y reseca los arbustos y árboles que les sirven de combustible, Los factores 
naturales y el calentamiento global provocado por el ser humano se conjuran fatalmente” en 
estos incendios. 

Para Michael Mann, profesor de ciencias de la atmósfera en la Universidad Estatal de 
Pensilvania, el cambio climático está contribuyendo al nivel de estos eventos: “No estamos 
diciendo que el cambio climático está causando literalmente que ocurran los eventos. Lo que 
podemos concluir ahora con mucha confianza es que el cambio climático está haciendo que 
estos eventos sean más extremos”. Mann explicó que cuando se calienta la atmósfera, 
contiene más humedad y se producen inundaciones más grandes; en tanto que, cuando se 
calienta el planeta, se obtienen olas de calor más frecuentes e intensas; y cuando sucede 
con los suelos, empeora la sequía. Unes todo eso y son ingredientes para incendios 
forestales sin precedentes, expresó el profesor, quien alertó además sobre el papel del 
cambio climático en provocar que el clima extremo permanezca en la misma área durante 
varios días, lo cual lleva a eventos sin precedentes de calor o lluvia. Estos cambios afectarán 
a todo el mundo; sin ir más lejos, se ha publicado el anuncio de los científicos de que, en 
nuestro entorno, en los Pirineos, se prevé para el año 2050 la mitad de nieve que ahora, con 
un mes menos de permanencia, por no hablar de otros desórdenes recientes como las riadas 
e inundaciones localizadas en lugares, a priori, impensables, o las alteraciones de los ciclos 
agrarios en algunas cosechas determinadas. 
 
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Foto de ls zona por la NASA

 
Ante esta situación, California reclama ayuda de emergencia de la administración federal 
mientras el presidente Donald Trump, en lugar de tratar de dar su apoyo de los afectados y a 
los equipos que luchan contra los fuegos, se ha dedicado a culpar las autoridades estatales 
por lo que ha calificado mala gestión de los bosques, escribiendo en su red social con su ya 
proverbial sentido de la sensatez y su peculiar forma de expresarlo uno de sus comedidos 
tuits afirmando que “No hay otra razón para estos incendios forestales masivos, mortíferos y 
costosos en California salvo el hecho de que la gestión forestal es tan mala. Miles de 
millones de dólares entregados cada año, tantas vidas perdidas, todo debido a la pésima 
gestión de los bosques”, a pesar de que, en opinión de los especialistas, “aunque la 
gravedad de los incendios obedece a varios factores, la gestión forestal no es una de ellos” 
por la tipología forestal de las zonas quemadas. En concreto, el decano de la facultad de 
ecología de la Universidad de Michigan, Jonathan Overpeck, dijo que los incendios en el 
oeste son cada vez más grandes y graves y esto “no se debe tanto a la mala gestión sino a 
que asamos nuestros bosques, forestas y praderas con el cambio climático que se agrava 
constantemente. Los incendios se han vuelto más devastadores debido a las grandes 
oscilaciones del clima debido al calentamiento global”. Visto el desánimo y las críticas que 
provocaron sus tuits del fin de semana, el presidente trató de enmendarse, al menos en parte. 
Los bomberos, la agencia federal de emergencia y los equipos de respuesta urgente son 
impresionantes y muy valientes. Gracias y que Dios os bendiga a todos”, escribió. 

En rueda de prensa posterior, el gobernador del estado, Jerry Brown, matizó a Trump 
diciendo que, efectivamente, tanto a nivel federal como estatal se debe mejorar en la gestión 
forestal, pero sostuvo que el cambio climático es la gran fuente de este problema. “Aquellos 
que lo niegan están contribuyendo a estas tragedias de las que estamos siendo testigos y 
continuaremos viendo en los próximos años”. 
 
 
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Poca broma con el cambio climático, que existe realmente1 y es cada día es más perceptible. 
Y el tomar o no iniciativas de acciones encaminadas a controlar lo que en él depende del 
hombre define al gobernante que piensa en el futuro del planeta o de quien piensa sólo en 
mantener su poltrona y el poder, aún a costa del bienestar de las generaciones venideras. Y 
esa comparación es lo que nos hace reflexionar. Por un lado, en Europa, la noticia calentita 
de que a partir de 2050 (2040 en Dinamarca) todos los vehículos-turismos deberán ser 
eléctricos o propulsados con hidrógeno, y por otro los incendios de California y la sensibilidad 
presidencial ante ellos, nos hace concluir que los actuales Estados Unidos han dejado de ser 
un aliado del planeta. Donald Trump dio rienda suelta en su día a sus creencias más radicales 
y decidió romper con el “debilitante, desventajoso e injusto” Acuerdo de París contra el cambio 
climático. La retirada del pacto firmado por 195 países marca una divisoria histórica. Con la 
salida, el presidente de la nación más poderosa del mundo no sólo dio la espalda a la ciencia 
y ahondó la fractura con Europa, sino que abandona la lucha ante uno de los más inquietantes 
desafíos de la humanidad. La era Trump, oscura y vertiginosa, se acelera. Ni siquiera el grito 
unánime de la comunidad científica fue escuchado. Trump puso la lupa en los “intereses 
nacionales” y consumó el giro aislacionista frente a un acuerdo refrendado por todo el planeta, 
excepto Nicaragua y Siria. “He cumplido una tras otra mis promesas. La economía ha crecido 
y esto solo ha empezado. No vamos a perder empleos. Por la gente de este país salimos del 
acuerdo. Estoy dispuesto a renegociar otro favorable para Estados Unidos, pero que sea justo 
para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y 
Pittsburgh por delante de París”, clamó Trump; es la doctrina de América Primero. Ese 
programa, mezcla de patriotismo económico y xenofobia, que contra todo pronóstico le hizo 
ganar la Casa Blanca, y a cuya amalgama apela Trump cada vez que ve peligrar su estabilidad 
política.

Lo dramático es que Estados Unidos es el origen del 15 % de las emisiones mundiales de 
dióxido de carbono2 al aire, sólo superado por China, que emite el 30 %, y muy por delante del 
total de países de la UE, con un 9 %. En este marco, el Acuerdo es un compromiso no 
vinculante y cada país es libre de decidir su propio camino a la hora de recortar emisiones de 
gases de efecto invernadero. Lo importante del Acuerdo era evitar que a finales de siglo la 
temperatura mundial supere en dos grados el nivel preindustrial (ahora mismo ya ha 
aumentado 1,1º y el nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio 
Climático - IPCC, por sus siglas en inglés -, establecido por la ONU, alerta de la posibilidad de 
que la temperatura suba 1.5 grados entre 2030 y 2052 si el calentamiento global continúa). 
Para lograrlo, Barack Obama ofreció reducir las emisiones de EEUU entre un 26% y 28% para 
2025 respecto a los niveles de 2005. Pero las medidas que puso en marcha ya han sido 
frenadas por Trump. 
 
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De nada vale que Donald Trump haya reconocido recientemente que el cambio climático “no 
es un engaño", si a la vez asegura que desconoce si está causado por el hombre: “Creo que 
algo está pasando. Algo está cambiando y volverá a cambiar. No creo que sea un engaño, 
creo que probablemente hay una diferencia. Pero no sé si está causado por el hombre", 
expuso en una entrevista, aunque afirmó sibilinamente que los científicos tienen una "gran 
agenda política" y argumentó que no quiere perjudicar a la economía estadounidense con 
políticas ecológicas. “No quiero dar miles de millones de dólares y miles de millones de dólares. 
No quiero perder millones y millones de empleos. No quiero estar en desventaja", declaró.

Y mientras, California sigue en llamas.
 
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1Pese a astracanadas negacionistas de un gobernante conocido por todos (que ya había dado muestras de su sensibilidad medioambiental cuando calificó de “hilillos de plastilina” las emisiones de fuel contaminante desde el barco hundido en el desastre ecológico del Prestige frente a las costas gallegas. Si después ¡en Galicia! lo votan…) que quiso disimular su ignorancia partidista sobre el tema citando sus opiniones como si fueran de “su primo”, que sí decía que era experto en la materia. Ahí está la hemeroteca y la videoteca para quien quiera recordarlo en detalle. 

2El dióxido de carbono (CO2) es un gas incoloro y vital para la vida en la Tierra por ser la principal fuente de carbono, pero es un importante gas de efecto invernadero. La quema de combustibles de carbono desde la Revolución Industrial ha aumentado rápidamente su concentración en la atmósfera, lo que ha llevado a un calentamiento global. Es además la principal causa de la acidificación del océano, ya que se disuelve en el agua formando ácido carbónico.