domingo, 18 de octubre de 2015

Boletìn nº 50 - Un vistazo somero al lío España-Catalunya (1) Antecedentes cercanos



Transcurridas ya unas semanas de unas elecciones autonómicas, en Catalunya, que desde el gobierno de esa autonomía se plantearon de inicio como plebiscitarias ante la negativa del actual gobierno central a permitir una consulta no vinculante (ver la hemeroteca de hace cuatro años) que ayudara a conocer lo que pensaba la ciudadanía de su relación con el Estado español de hoy, que desde los poderes públicos se negó que fuera plebiscitaria (aunque todos los actos de todos en campaña lo confirmaban) y que, finalmente nadie duda que tiene una pátina de referéndum, es hora de proceder a un somero análisis, no político, que no nos corresponde, sino de algunos elementos de management que tienen clara confluencia en la evolución de los hechos, y cómo se han gestionado por sus protagonistas, políticos o no.

Para intentar entender mínimamente el embrollo en que se ha convertido para toda España el resultado de esas votaciones, y para que el análisis desde el punto de vista de la gestión tenga sentido, hay que acudir a la hemeroteca y comprobar que los avisos civilizados en Madrid de Maragall y Montilla, por ejemplo, poco sospechosos de pujolistas, de que estaba creciendo entre la ciudadanía catalana una desafección, un desapego, un cabreo por los derroteros que registraban su relación con el resto del Estado, llena de menosprecios, ataques (incluida una campaña del PP en todo el país que formalmente era “contra el Estatut” pero que se convirtió de facto en “contra los catalanes”) e imposiciones, cayeron en saco roto. 

Sólo faltaba que el nuevo Estatut de la comunidad, que había pasado escrupulosamente todo el trámite legal, incluido el de su aprobación en el Congreso de los Diputados, fuera recurrido por el PP (no así otros Estatutos con artículos calcados), fuera aceptado el recurso y el tribunal determinara la nulidad de algunos extremos como el de que “los catalanes consideran  a Catalunya como una nación”, algo que por cierto, como sentimiento que es, no puede impedir ningún juez ni ningún tribunal (Eppur si muove, que diría Galileo) para calmar los ánimos.
Imagen ya del 2010. ¿De verdad no era necesario hablar?
En los años siguientes se produce un continuado e insensato cruce de declaraciones y acusaciones de uno y otro lado y un aumento palpable del desapego ciudadano, adobado, eso sí, con sucesivos boicots “patrióticos” declarados a los productos fabricados en Catalunya, acciones que son aplaudidas de manera incomprensible por quienes dicen querer gobernar para todos y que de esta manera consiguen votos para su partido (el colmo se produce cuando la empresa catalana Gas Natural lanza una OPA para adquirir Endesa y Dª Esperanza Aguirre, conocida dirigente del PP, se opone frontalmente a la operación puramente financiera y se descuelga públicamente con un “antes en manos alemanas que en catalanas”, sin que nadie en su partido discrepe de tal aberración ni, por supuesto, haya aunque sólo sean matizaciones posteriores).

Y en esas estamos cuando la voluntad popular le concede al PP el 35% de los votos en las elecciones legislativas de 2011, lo que, en aplicación de la vigente norma D’Hondt, le confiere la mayoría absoluta de diputados y senadores en las Cámaras. Y se inicia un indisimulado proceso de recentralización en todos los ámbitos, lo que conduce a la evidencia de que el sentimiento nacionalista catalán se dispara, hasta el punto que la participación en la manifestación, como siempre familiar, festiva y cívica (de ningún partido) de la Diada de septiembre de 2012 es (sin entrar en estériles guerras de cifras) millonaria aumentando las cifras de la manifestación pro-estatuto de 2010, con un detalle a tener en cuenta: la exhibición de banderas independentistas comienza a ser normal. Cualquier espectador mínimamente interesado puede comprobar que algo ha cambiado respecto de años anteriores, que la gente, cada vez más gente, expresa el deseo de ser escuchada, manifiesta su sentimiento de rechazo por cómo se siente tratada y protesta de ESTE gobierno y sus medidas, que percibe contrarias a las que han propiciado una convivencia respetuosa y positiva para la ciudadanía, lejos del ruido de los partidos sobre la misma.



Ante tal demostración del sentir ciudadano, el President Mas lleva a la práctica las teorías políticas que han defendido, entre otros, Ramón Jáuregui (PSOE) en sede parlamentaria o la mismísima María Dolores de Cospedal en convención de su partido (PP) en el sentido de que estadista es el que escucha a su pueblo y actúa en consecuencia. Mas, pues, escucha el creciente clamor ciudadano y propone al gobierno central la celebración de un referéndum legal para conocer en realidad el porcentaje de gente descontenta (no en clave independentista, claramente minoritaria entonces, ahí está la hemeroteca) y actuar TODOS en consecuencia, sobre la base de respetar el derecho de la ciudadanía a decidir y exponer lo que desea. Todos los agentes apuntan a que tal referéndum hubiera resultado claramente unionista, momento en el que podría hablarse, en función de porcentajes, de qué modificar por unos y otros para mejorar el marco de relación.

Pero la verdad es que la propuesta, y el necesario diálogo previo sobre ella fue recogida por el gobierno del PP como un declaración de guerra, y hay que recordar que fue el gobierno central y su partido quienes hablan a partir de ese momento (cuando nadie hablaba de independencia como ahora) de ruptura, fractura social, fronteras, discordia, conflictos, …

Es a partir de este punto que se puede aplicar el análisis de gestión empresarial a la evolución del tema, que es lo que nos disponemos a hacer.

Continúa...

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