miércoles, 8 de junio de 2016

Prioridades y transnarrativa




A un suspiro de distancia de que dé inicio una nueva campaña electoral que, según todos los indicios, cuando se haga el obligado escrutinio de la votación, no ofrecerá unos resultados muy diferentes de los obtenidos en las últimas de diciembre, que sólo sirvieron para verificar que tenemos una clase política trufada de pavos reales luciendo vistosamente un plumaje (solo visible para sus incondicionales) que a duras penas tapaba su desnudez y, a veces, sus andrajos interiores, aunque visiblemente incapaces, no ya de negociar, sino de algo tan simple como dialogar, atados en su mayoría a unas estúpidas líneas rojas demostrativas de una intransigencia con lo distinto a lo propio de consecuencias aún por ver, es hora de hacer y compartir unas reflexiones que, seguramente, aportan pocas novedades, pero que pueden servir para recordar dónde estamos.

¿”Inicio” de campaña?

Es difícil mantener la idea de que se inicia una campaña cuando se comprueba, a poco que se ejercite la memoria, que estamos acosados por una campaña permanente de unos y otros, una veces porque hay elecciones municipales, autonómicas, o las que toquen, otras porque los partidos alientan la tensión constante en sus simpatizantes frente a sus rivales políticos mediante arengas en forma de convenciones, seminarios, jornadas o cualquier sinónimo que se les ocurra, otras (in crescendo, por desgracia) en forma de reuniones convocadas de urgencia ante la publicación de noticias (frecuentemente del ámbito judicial) que, lógicamente, les pueden perjudicar y que requieren la adopción de un frente común externo con el fin de minimizarlas, negarlas, tirar balones fuera o, simplemente, acudir al socorrido “y tú, más”.

Pero, bien mirado, sí es una campaña diferente; primero desde el punto de vista estético porque los candidatos no están, como de costumbre, arropados por la decoración del logo de su partido y leyendo para los suyos ante un atril, sino en mercados, escuelas, en la cola del paro, etc., intentando hacer creer que, al menos mientras dura la campaña, se esfuerzan por pulsar la realidad ¡y admiten preguntas! Además se empeñan en demostrar que saben tocar la guitarra, bailar, hacer deporte,… (Hay que recordar en estas patéticas operaciones de imagen que un ilustre prócer español, conocido por aparecer en la llamada “foto de las Azores” llegó a declarar públicamente que “hablaba catalán en la intimidad”) ofreciendo espectáculos, en el mejor de los casos, chuscos.
¿Alguien ha visto lo de "carteles no"'

El otro factor visible de que realmente es una campaña diferente es que se advierte llegado el tiempo de hacer promesas. Nuevas, por supuesto ¿Quién se va a parar a pensar en las anteriores incumplidas? (Nadie, por cierto, a juzgar por las intenciones de voto de unos y otros). Lo incumplido se oculta o manipula, con la activa y necesaria colaboración de los medios de comunicación independientes[1] y santas pascuas. O sea, es el  “o yo o el caos” llevado a su máxima expresión, campaña del miedo incluida.

Pero es cierto; una campaña política seria debería orbitar en torno a cómo se gestionan las inquietudes y problemas que manifiestan los ciudadanos y, en el caso de partidos que han tenido responsabilidad de gobierno, evaluar sus acciones encaminadas a la solución de los mismos, y no en cuestiones como la situación en Venezuela o Grecia (curiosamente no en Arabia o Turquía, por poner un ejemplo), la radicalidad (¿de quien sólo exige el cumplimiento de la Constitución?), el comunismo (¿ignoran que ya el eurocomunismo de Carrillo no tenía nada que ver, aparte del nombre, con el que ellos dicen temer que vuelva?), etc. que pertenecen a planos distintos. Sí que debería influir en la campaña (y, en cambio se oculta celosamente o se minimiza) el perfil ético y de decencia de las organizaciones y/o de sus representantes, en los que se nos pide confiar.

Llegados a este punto, quizá ayude examinar cómo son las campañas en países con sistemas políticos homologables el nuestro, y se observe una diferencia fundamental; el electorado no admite (y el partido lo aparta inmediatamente del escenario) cualquier candidato sobre el que se cierna la más mínima sombra de deshonestidad o engaño, y la campaña en sí, siendo a veces agria no alcanza el nivel de agresividad y ataques y descalificaciones personales a los que estamos acostumbrados nosotros, y se suele ceñir al detalle de los logros (vale, magnificados) como generadores de confianza.

Si la base para el mantenimiento de la confianza (y nos tenemos que referir, por tanto, a la acción de gobierno, ideologías aparte, en el convencimiento de que las reflexiones son válidas para cualquier color político aunque, por razones de cercanía en el tiempo, sea la base lo sucedido en la última legislatura completa) no se entiende que se dé lugar a una retahíla de acciones de protestas ciudadanas ante la promulgación de cada Ley en sus diferentes ámbitos de aplicación, señal inequívoca del divorcio entre lo que se demanda realmente en la calle y lo que se negocia en los despachos. Este divorcio, mal gestionado, ha dado lugar a que lo que en principio fue un movimiento espontáneo ciudadano de protesta se convirtiera en un partido político (boyante, para más señas) ante la incapacidad de los partidos tradicionales para canalizar unas propuestas que evidenciaban que las normas que se iban promulgando, no solo eran ajenas sino que resultaban contrarias a las demandas de la ciudadanía.

Las prioridades

Hay que ser bienpensado con estos temas y deducir que si los poderes manejan una agenda de temas diferentes a los que son realmente importantes para el país es porque no saben gestionar prioridades, y no porque trabajan para ellos y el partido, sabiendo que reman en dirección contraria a la de sus votantes. Lo primero, siendo (que lo es) síntoma de ineptitud, es muy diferente de lo segundo, merecedor de la aplicación del Código Penal.

En cualquier manual de gestión de servicios públicos puede leerse que ésta ha de ir orientada a objetivos y resultados en un enfoque que debe buscar incrementar la eficacia mediante la combinación de herramientas de gestión y responsabilidad gubernamental. De ahí que se plantee como eje vertebrador de la acción de gobierno el planeamiento estratégico dado que es a través de él que se diseñan y describen los resultados y el modo de alcanzarlos y, dentro de este plan estratégico debe dominarse el cómo seleccionar los ámbitos de gasto y establecer prioridades ya que, en definitiva, las decisiones de gasto en los presupuestos (de eso se trata) deben estar orientadas al producto/servicio público que se quiere proveer o al resultado que se quiere alcanza teniendo en cuenta que sí, que son importantes los criterios políticos, pero que deberían seguir unas pautas de racionalidad económica, igualdad de oportunidades, seguridad personal y entorno económico adecuado para los particulares y las empresas.

La lógica de la gestión por resultados invierte la modalidad de gestionar al otorgar primacía y prioridad a los resultados por sobre las normas y procedimientos. Sin embargo, no sustituye sino que complementa a la gestión por normas. Incorpora como innovación la articulación de los diferentes componentes del proceso de producción institucional, tanto en sus aspectos objetivos como subjetivos: los insumos, las motivaciones e incentivos del ciudadano, el presupuesto, la petición y la rendición de cuentas; entre otros.

La implementación auténtica de esta forma de gestión (por resultados y no por sujeción estricta a la norma) tiende a dotar a la Administración Pública de un conjunto de metodologías y técnicas para lograr consistencia y coherencia entre los objetivos estratégicos del gobierno y las necesidades reales de la ciudadanía. Sin embargo, es cierto, la implementación de este sistema requiere conseguir que el servidor/gestor se deba al servicio público y no al servicio del partido o de grupos de interés corporativos y asignar los cargos de alta representación o alta dirección por criterios de méritos profesionales, con procesos abiertos y transparentes.

En este sentido, para contribuir a hacer ver a los responsables públicos que el partido no es el Universo conocido, y que hay vida más allá, nos atrevemos a sugerir humildemente desde estas líneas su participación en programas de aprendizaje y entrenamiento en acciones de transnarrativa[2] sometidos a un seguimiento serio en el que hacerles ver que su futuro personal no está tan ligado al partido como le quieren hacer creer y que sus acciones han de estar enfocadas SIEMPRE a quien le vota. Por ejemplo, planteemos un caso secuencial (sencillo) que en la realidad (virtual de la transnarrativa) sería mucho más sutil y complejo:

1.- Usted es el alcalde de una ciudad pequeña muy cercana a una gran urbe.
2.- Su partido anuncia en prensa la captación para la instalación en esa gran urbe de un conglomerado empresarial que proporcionará miles de puestos de trabajo nuevos.
3.- Usted piensa que es el momento de desempolvar un viejo proyecto para la construcción de una urbanización residencial y lo divulga a los cuatro vientos.
4.- Una empresa de energías renovables publica en su web que dicho proyecto no cumplía la normativa medioambiental.
5.- Usted da órdenes a los Servicios técnicos para que modifiquen de urgencia el pliego de condiciones y vuelve a publicar que están a punto de iniciarse las obras.

6.- Usted recibe por el conducto oficial una demanda de la compañía eléctrica con la que había habido un precontrato de servicios para el proyecto urbanístico por daños y perjuicios originados por la sorpresiva variación de las condiciones de la plica.
7.- Las redes sociales se inundan de críticas contra usted y contra su partido, que parece “mirar hacia otro lado” en todo este caso..
8.- Su partido (que es serio, no quiere verse envuelto en líos y se debe al ciudadano) le exige la dimisión y le retira la asistencia jurídica.
9.-…


Es, ya digo, un ejemplo de secuencia simple pero que vale para ver que las prioridades que el partido anuncia y da por buenas no siempre lo son, y que si el seguirlas conduce a tener que asumir responsabilidades personales…

De todas formas, en eso de tener claras las prioridades, no hacen falta complejas elucubraciones. El refranero, que es muy sabio, ya lo representaba contundentemente:

“Si vieras tu casa arder,
a tu mujer con un fraile
y en tu culo un avispero,
¿a dónde acudirías primero?”

Ya sé, ya sé, que en aras a la corrección política, corren versiones en las que se suaviza la figura del fraile y en las que se dice “… y en tu cara un avispero…” pero permitidme acudir, por su claridad y contundencia, a la fuente original. Además, si se echa mano de la tradición para justificar salvajadas como el Toro de la Vega y similares, no parecería razonable cuestionar el hecho de dar por válida la semántica original de un refrán popular.


Y es que el refrán de marras es una joya, con más enseñanzas de las que pueda parecer, de las que quizá sea la más relevante la que muestra la evidencia de que en la realidad la auténtica prioridad viene de fuera, sea o no un tema agendado. Seguramente, atendiendo al texto de refrán, puede estar ya “agendado” hablar con la mujer sobre sus devaneos, pero este es un tema que queda postergado por otros sobrevenidos, que no estaban en la agenda y que adquieren prioridad máxima de inmediato. Por eso llama la atención exhiban sin complejos el “eso no toca” cuando se les pregunta por algo que no está en SU agenda; pues mire usted, señor político, SÍ toca, si es  un problema que le plantea la ciudadanía, tenga usted o no la humildad de admitir que, al no agendarlo, no ha sabido calibrar su importancia.

Es lo que pasa en esta olla de grillos en que se ha convertido la política española con el incómodo tema de Catalunya (incómodo en tanto no se admita su realidad y se hable). Cuando se le preguntaba al presidente de gobierno en funciones sobre el tema soltaba con desparpajo un “eso no toca” y que él estaba para hablar de los temas que realmente importan a los españoles como el paro (irresuelto, por cierto), el aumento del PIB (y de la pobreza), la creación de puestos de trabajo (con salarios que no permiten vivir), etc. Tampoco tocaba hablar, claro, de temas de corrupción en sus filas y otras cosas que, según sus palabras, no importaban. Volviendo al tema de Catalunya, sorprende que tras manifestaciones año tras año de millones de personas reclamando un mejor trato (que es lo que se planteaba de inicio; eso de la independencia, el romper España y demás fue un invento del PP –ahí está la hemeroteca- para ganar votos, al que se adhirió con entusiasmo C’s y últimamente el PSOE en la penúltima muestra de la errática deriva de su Comité Federal), alguien diga “no toca” en lugar de admitir que no tiene ni pajolera idea de cómo encauzarlo. No es de extrañar, con esta exhibición de ignorancia y partidismo de unos y otros, se haya convertido en el tema que marca la campaña pero sólo para demonizar al rival según lo identifique o no como una línea roja vete a saber para qué.

A modo de reflexión final

A uno le gustaría asistir a una campaña en  la que se identificaran los problemas reales (no los que 
cada partido considere buenos PARA ÉL), se debatiera abiertamente sobre ellos y se pudieran comparar soluciones. A uno le gustaría asistir a una campaña en la que los candidatos no rehuyeran hablar de temas incómodos (¿para quién?) y aportaran su punto de vista sin demonizar a quien piensa diferente. A uno le gustaría...

Si defender el bien común es una utopía, la utopía es posible.


[1] En el capítulo de ocultación de noticias, es saludable leer los anuarios que, desde hace 6 años, viene publicando el Grup de Periodistes Ramon Barnils, http://www.media.cat,  observatorio crítico de los medios de comunicación (limitado, eso sí, al ámbito de los publicados  en catalán) con el subtítulo siempre de “los silencios mediáticos del año”.
En cuanto a la manipulación, y por acudir a un solo ejemplo cercano, parece cuestionable que el partido que ha gobernado los últimos 5 años presente ufano, como un triunfo, que ha hecho que “las pensiones siempre suban”, así sin más, prescindiendo del pequeño detalle de que han decretado un sistema de subida que hace perder año tras año poder adquisitivo a los pensionistas, incluso a aquellos que les votan.

[2] La transnarrativa, llamada originalmente cibernarrativa y cada vez más narrativa transmedia es una disciplina que nació ligada al desarrollo de los videojuegos y que en un principio se resumía en un árbol de decisiones lógicas para dar coherencia al juego de que se trataba. Pronto se advirtió, sin embargo, que la secuencia narrativa se podía hacer más compleja, más multidimensional, que el de las habituales opciones lineales de forma que los personajes y mundos narrativos pueden existir y desarrollarse fuera de la trama inicial y que en lugar de tomar decisiones pasivamente, el “espectador” convertido en protagonista puede/debe interactuar en páginas web, intervenir en juegos, seguir una cuenta de Twitter o participar en un vasto dispositivo de otras oportunidades en varias plataformas. En algo parecido a los juegos de rol, actualmente se usa la transnarrativa como herramienta de coaching en el sector público de diferentes países (Canadá, Australia, Reino Unido -donde cuentan que está haciendo furor en el entrenamiento a mandos de la Royal Air Force-, Israel y alguno otro) ya que permite al “alumno” comprobar que sus decisiones pueden provocar reacciones imprevistas ante las que debe saber reaccionar para no verse ÉL perjudicado.

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