domingo, 9 de mayo de 2021

La vacunación Covid ha de ser para todos.


Una de las grandes figuras de las letras en el conocido como Siglo de Oro de la literatura 
castellana es Don Francisco de Quevedo y Villegas, identificado popularmente sólo como 
Quevedo, que cultivó todos los géneros literarios de su época, dedicándose a la poesía desde 
muy joven, y escribiendo obras satíricas y burlescas (como las numerosas “dedicadas” a su 
eterno enemigo, Don Luis de Góngora), a la vez que graves poemas en los que expuso su 
pensamiento, algo típico del Barroco. La mayor parte de la producción poética de Quevedo es 
satírica, pero con sátiras mal dirigidas y, aunque consciente de cuáles son las causas 
verdaderas de la decadencia general, la sátira es para él más un mero ejercicio de estilo que 
otra cosa y la vierte contra el pueblo bajo más que contra la nobleza. Es autor de la letrilla 
satírica Poderoso caballero es don dinero, un poema sobre el poder del dinero a la hora de 
transformar, manipular e “ igualar” a todos, y que viene como anillo al dedo para reflexionar 
sobre la pandemia, la vacuna y todo eso. Y siguiendo la tendencia de lo que algunos llaman 
periodismo (?) en lo que es más importante el titular, aunque sea tendencioso, escogido 
generalmente sólo por razones comerciales de vender más/llegar a más lectores, que todo el 
desarrollo de la noticia/entrevista, nos guiaremos en esta ocasión sólo por el título de la letrilla.

 
Si algo hemos visto meridianamente claro es que esta pandemia, en general, no es que ella 
en sí haya producido nuevos males, sino que ha mostrado descarnadamente lo que ya antes 
iba mal (y que ahora va peor, claro) pero se consideraba “normal” y no se hacía nada. ¿O no 
llamaba la atención en el campo sanitario, ya antes, que las camas de UCI en los hospitales 
de todo un país como Mozambique (30 millones de habitantes), ex-colonia portuguesa, no 
llegaran a la veintena1? ¿Se ha ”descubierto” ahora y toca poner el grito en el cielo? El 
coronavirus, primero por la propia pandemia y ahora por las vacunas, está exponiendo 
crudamente las brechas que existen entre quienes tienen y quienes no tienen, tanto dentro de 
los países como entre ellos. El virus ha encontrado un terreno favorable para avanzar en un 
momento en el que más de la mitad de la población mundial carece de servicios sanitarios 
esenciales y tiene poca o ninguna protección social. Cerca de 100 millones de personas se 
están viendo empujadas a la pobreza extrema por no poder costear una atención médica.

 

Las pandemias sacan a la luz las deficiencias de cada sociedad. La desigualdad continua y 
creciente ya estaba presente en casi todos los países, incluso antes del brote de Covid-19. 
Apenas estamos percibiendo las primeras consecuencias económicas y sociales del virus. Las 
bases de datos revelan enormes diferencias en la capacidad de preparación y respuesta de 
los países de forma que los países en desarrollo y los que están en situación de crisis sufrirán 
el mayor deterioro, junto con los grupos que ya de por sí son vulnerables en todo el mundo: las 
personas que dependen de la economía informal, las mujeres (las mujeres están 
particularmente expuestas durante las crisis de salud. Además de conformar la mayor parte del 
personal sanitario de primera línea, si trabajan desde casa, es probable que deban asumir una 
carga aún mayor de trabajo doméstico y de cuidado de los hijos, y, en muchos casos, corren 
un mayor riesgo con sus parejas. Hay cada vez más datos que indican que la violencia 
doméstica está aumentando en todo el mundo a raíz de los confinamientos), las personas con 
discapacidad, los refugiados y desplazados, y los que, por la causa que sea, padecen 
estigmatización.

 
Poderoso caballero es don dinero. O “don voto” que para el caso es lo mismo. Y si no, que se l
o digan a esa Presidenta de esa Comunidad Autónoma española (y su coro mediático, 
naturalmente) que, para atacar al Gobierno Central (que tampoco está libre de culpa, ojo, pero 
ese es otro tema), engaña en tiempos de pandemia a sus votantes prometiéndoles una vacuna 
que ni está autorizada por la Agencia Europea del Medicamento ni tiene ella competencia 
(aunque le sobre el dinero, según dice) para adquirirla, competencia que corresponde, ni 
siquiera al Gobierno español, sino a la Unión Europea (UE), que la distribuye, aunque 
ciertamente países soberanos (no regiones) pueden comprar al margen de la UE y en lugar 
de ella. ¿Brindis al sol sólo para crispar? Pero la clave, no obstante, está en el dinero. Y ahí 
está el “ejemplo” de algunos países, modelo de solidaridad, en los que no hay ningún 
problema para vacunarse, incuso eligiendo la marca de vacuna, ni tienes esperas, ni has de 
hacer colas… si lo pagas. Aquello de las desigualdades. ¿Os suena?

 

Poderoso caballero es don dinero.
Pese a las abundantes y “bien documentadas” teorías 
negacionistas que corren por ahí2, el virus existe, causa miles de muertos en todo el mundo y 
su propagación no entiende de fronteras (que es una cosa artificial, de carácter hoy, 
básicamente, administrativo, entre países o entre regiones de un mismo país), razas, credos,...
¿y clases sociales? Ya se ha visto, desde hace meses, que el virus acentúa las desigualdades, 
y que un entorno económicamente privilegiado hace más difícil la propagación de la 
enfermedad, por la sencilla razón de que puede disponer de más y mejores medios para 
evitarla, en lo que se incluye el acceso a la vacunación, único instrumento que se ha revelado 
eficaz contra la pandemia3. Somos así a nivel individual; si yo puedo costeármelo…. Pero, ¿y 
a nivel colectivo?¿También la solución es diferente?

 
Pues algo de eso se barruntaba la Organización Mundial de la Salud, OMS, cuando ya se veía 
que la investigación en la(s) vacuna(s) estaba dando sus frutos y empezaba a asomar el 
problema de la distribución.  Por ello, junto a la Comisión Europea y Francia4 lanzó una 
iniciativa de colaboración mundial con la que acelerar el desarrollo de tratamientos, pruebas y 
vacunas contra el Covid-19 llamada Covax, cuyo objetivo es "garantizar un acceso justo y 
equitativo a las vacunas para todos los países del mundo" como “única solución 
verdaderamente global para esta pandemia porque es el único esfuerzo para garantizar que 
las personas en todos los rincones del mundo tengan acceso a las vacunas Covid-19 una vez 
que estén disponibles, independientemente de su riqueza5" ya que de nada vale estar 
vacunado en un territorio si en el vecino el virus campa a sus anchas. Covax está actuando 
como una plataforma de apoyo tanto para la investigación como para el desarrollo y fabricación 
de varios candidatos a vacuna y, además, se encarga de negociar su precio para que todos los 
países participantes puedan acceder a la vacuna contra la Covid-19, independientemente de 
sus ingresos. El objetivo que se ha marcado Covax en un periodo inicial es tener 2.000 
millones de dosis de vacuna frente al Covid disponibles para finales de 2021, con lo que 
pretenden proteger, sobre todo, a las personas más vulnerables o que tengan un riesgo más 
alto, como son los profesionales sanitarios. 

 

Esa es la teoría. En la práctica, las grandes potencias tratan de buscar soluciones para 
incrementar su ritmo de vacunación y lograr proteger a su población antes de que finalice este 
año. Sin embargo, el escenario es mucho más negro para la mayor parte de los países pobres. 
Un estudio económico ha advertido que 85 estados con escasos recursos no podrán inmunizar 
de forma generalizada a su población al menos hasta el año 2023. Pero eso ya se sabía 
porque esta alianza lo único que hace es donar las vacunas a los países, cuando muchas de 
las vacunas en desarrollo necesitan de una costosa infraestructura para su aplicación, sobre 
todo debido a que se deben a mantener guardadas en temperaturas muy bajas, temperaturas 
que no pueden garantizar la mayoría de sistemas sanitarios de los países más pobres y 
poseer esta infraestructura es requisito para acceder a las vacunas. El contraste, pues, entre 
los países ricos y los más pobres es grave. Según algunos informes, la mayoría de los países 
en desarrollo no tendrán acceso generalizado a las vacunas antes de 2023 como muy pronto, 
como se ha apuntado, con el problema añadido de que algunos de estos países, en particular 
los más pobres con un perfil demográfico joven, pueden perder la motivación para distribuir 
vacunas, especialmente si la enfermedad se ha propagado ampliamente o si los costes 
asociados resultan demasiado altos. Y eso, sin contar las demoras y retrasos en la producción 
y entrega de las vacunas que, si para un país rico es eso, un incómodo retraso que le obliga a 
rehacer la planificación, para un país pobre representa la eternización del problema.

 
Ya se ve que, cuando toca la realidad, cae de bruces una de las maniobras de manipulación 
más geniales jamás realizadas, una auténtica obra maestra en el arte de manejar la 
adormecida mente de la población el poner de moda ser pobre. Y sí, “se pondrá de moda”, 
porqué en eso consiste precisamente la genialidad de esta manipulación: en vendernos la 
escasez y la precariedad como si fueran un “producto” a desear. Puede parecer algo increíble 
o incluso surrealista, pero de hecho, la maniobra ya ha empezado de forma muy sutil durante 
la pasada crisis, antes de esta pandemia, y ya está calando, gota a gota, en la mente de 
muchas personas. Y es que el mundo, con pandemia o sin ella, está entrando en una fase 
radical de transformación hacia un nuevo paradigma socio-económico, en el cual la mayoría 
de la población vivirá en una situación mucho más precaria que la vivida hasta ahora y para 
mantener el sistema en pie durante esta delicada transición, será necesario que los 
ciudadanos lo acepten de forma dócil y controlada. Es por esta razón por la que se llevará a 
cabo esta obra maestra de la manipulación mental y social de la que ya anticipábamos algo 
en una entrada reciente de este blog pues esta manipulación consiste en asociar a la pobreza 
y a la escasez de recursos una serie de valores y actitudes que impliquen algún tipo de 
prestigio social pre-fabricado; convertir la precariedad en algo “cool”, “guay”, que “mole” y 
sobre todo, asociarle un sentimiento de superioridad moral.


Pero no, ser pobre es no poder hacer nada, nada en absoluto; en el mejor de los casos es no 
poder ir a comer fuera, no poder llevar a los niños al cine, no poder comprarles juguetes o 
llevarlos al centro de la ciudad,… o no poder vacunarse ante una pandemia letal. Poderoso 
caballero es don dinero. Dinero aparte, pero siguiendo/acabando estas reflexiones con la 
no-vacunación, es inevitable detenerse y parar cuentas de la carrera de obstáculos emocional 
en que han convertido las Administraciones el programa de vacunación (aunque algo tienen 
que ver también los medios de comunicación en general y algunos determinados en particular).  
Empezando, tal vez, por el sainete de las marcas autorizadas por las autoridades médicas (de 
las de, recordemos, casi dos centenares en proceso en todo el mundo), sus diferentes 
condiciones de conservación, su precio, distinto para cada una, sus variados niveles de 
producción y suministro, su eficacia, el número de dosis que precisa para ésta, sus riesgos de 
efectos secundarios (riesgos que son debidamente magnificados por los medios,  
particularmente los negacionistas o simplemente anti-gobiernos, pues resultan ser riesgos  
menores que los de, casi, cualquier medicamento que se adquiere en la farmacia sin receta y, 
desde luego, muy inferiores a los, no secundarios, sino directos, de un posible contagio del 
virus sin vacuna, aunque no nos engañemos, a quien le toca, le toca, pese a que el porcentaje 
sea irrisorio), el confuso baile de edades y prioridades (diferentes en cada país, eso sí, 
recomendadas en todos ellos por expertos médicos), etc., todo ello no hace sino disparar la 
desconfianza, el rechazo y el miedo a recibir la vacuna. La pregunta es ¿habría esos mismos 
recelos si el problema real fuera el de no poder acceder a la vacuna, personalmente o como 
país? 
 
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1Según los datos del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo), los países desarrollados tienen 55 camas hospitalarias, más de 30 médicos y 81 enfermeros por cada 10.000 habitantes.; en los países digamos que menos adelantados, en cambio, hay siete camas, 2,5 médicos y seis enfermeros para el mismo número de habitantes. Incluso algunos elementos básicos, como el jabón y el agua limpia, son un lujo para muchísimas personas. Además, los confinamientos han hecho más evidente la brecha digital. Miles de millones de personas (el 86% de la población mundial) no tienen una conexión fiable a Internet de banda ancha, lo que limita su capacidad para trabajar, continuar con su educación o sociabilizar con sus seres queridos.

2Los negacionistas rechazan la existencia del coronavirus en diferente grado. Para algunos no existe en absoluto y para otros puede existir, pero no con la gravedad que las autoridades sanitarias le confieren. En palabras de Alexandre López-Borrull, profesor experto en fake news de la Univertitat Oberta de Catalunya (UOC), "Algunas de las teorías negacionistas que hemos visto ante la Covid-19, podían tener y han tenido un coste en vidas. De la misma forma que ocurrió en África con el SIDA, crear un estado de desconfianza hacia las evidencias científicas genera descrédito y lleva a tomar decisiones erróneas".

3Según un estudio publicado en Catalunya, la vacuna ha hecho caer ¡un 92 %! el riesgo de muerte en las residencias de la tercera edad, tanto de residentes como de empleados.

4Conviene saber que durante la administración del presidente Donald Trump, Estados Unidos boicoteó la iniciativa y no fue sino hasta enero de 2021, que la administración de su sucesor, Joe Biden, anunció que Estados Unidos se incorporaría al fondo Covax lo antes posible

5Un caso especialmente sangrante es el de la India, uno de los reconocidos primeros fabricantes mundiales de vacunas, y uno de los que no disponen de unidades para su propia población.

 

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