sábado, 25 de julio de 2026

Supersticiones y supersticiones.



Cuando hablas a cualquier persona de supersticiones enseguida su mente se desplaza a pueblos primitivos, a las prédicas en templos paganos, sinagogas, iglesias o mezquitas, o a la parte más inculta de una sociedad, a la cual por supuesto no creen pertenecer, y no han comprendido el concepto, ya que la RAE la define como “
Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón, y fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo” y eso es algo que está penetrando hoy profundamente en buena parte de la ciudadanía; ahora cualquier noticia, por absurda e irracional que sea, se propaga como la pólvora por las redes y se considera cierta en función de los millones de reenvíos, y es por esa difusión por lo que se le da o no carácter de verídica. Y el problema está en que nadie invierte ni un instante en contrastar la información que recibe, en pararse a pensar un poco la verosimilitud de lo que le meten por los ojos, porque en el fondo la superstición es otra forma de decir ignorancia. Stevland Hardaway Morris, más conocido como Stevie Wonder, es uno de los cantantes, multi-instrumentistas y compositores estadounidenses más importantes; ciego de nacimiento, desde muy pequeño demostró una portentosa capacidad de aprender a tocar instrumentos destacando las armónicas, lo cual llamó la atención del capitoste de la Mottown, que lo apadrina como su estrella infantil y que le hará rico a espuertas. Logra en 1970 un supercontrato que le convierte en una de las estrellas mejor pagadas del momento. Los setenta son años magníficos con temas como esa brutalidad de canción que es esta Superstition (una joya de producción e interpretación) buscando una evolución constante en su sonido con un experimentación total en estilos y virtuosismo en las interpretaciones (el sonido del clavinet, también conocido como clavicordio eléctrico, es uno de los elementos característicos de “Talking Book”, el decimoquinto álbum de Stevie Wonder, un trabajo de gran calidad que contiene, entre otros, el tema que recordamos). Ha vendido más de cien millones de discos, conseguido con 22 Grammys ser el solista más galardonado de la historia, y colocar un total de 10 números uno en EE.UU. La canción arranca con un ritmo trepidante de batería, al que le sigue uno de los riffs rítmicos más impresionantes de guitarra, que con unas notas agudas del clavinet y el bajo dan paso a la voz aguda y potente del vocalista que es apoyado por la sección de viento a todo trapo. La melodía la lleva el clavinet, apoyado con el bajo sintetizado que le da la profundidad característica que tiene la canción. Además hay una trompeta y un saxofón que le agregan una mayor atmósfera y fuerza a todo. A pesar de que, al menos desde mi punto de vista, el original grabado por Stevie Wonder es inmejorable, no son pocas las versiones que ha tenido esta melodía; acabamos con algunas de ellas, en concreto las debidas a Jeff Beck, Stevie Ray Vaughan, Quincy Jones, The Jackson Five, UB40 y los murcianos M Clan.




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