domingo, 10 de octubre de 2021

¿Qué es realmente el 12 de octubre?


Todos los seres humanos necesitan (necesitamos) una cierta dosis de credulidad para poder 
vivir sin problemas añadidos a los propios de la existencia; sin ir más lejos, absolutamente 
nadie recuerda la fecha de cuando vino a este mundo, lo que no impide aplomo y seguridad 
en ella cuando sale el tema. ¿Por qué? Evidentemente porque quien desde siempre nos ha 
transmitido ese dato goza, para nosotros, de total credibilidad y ni se nos ocurre cuestionar o 
poner en duda lo que nos dice. Amén. Y algo similar pasa cuando se nos afirma y se nos 
enseña, por ejemplo, que el 16 de julio de 1212 tuvo lugar la Batalla de las Navas de Tolosa, 
que el 18 de julio de 1936 se produjo la sublevación armada que condujo a nuestra guerra 
(in)civil, o que el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón descubrió América. Incuestionable. 
¿O no?

 

El próximo día 12 de este mes de octubre se celebra el Día de la Fiesta Nacional de España, 
declarada por la Ley 8/87, también conocido como Día de la Hispanidad o  Día de la Raza, 
el avistamiento de tierra (por el marinero sevillano Rodrigo de Triana) en el primer viaje de 
exploración y descubrimiento de Cristóbal Colón de lo que luego se denominaría América, 
según el Boletín Oficial del Estado en su promulgación porque la fecha “simboliza la 
efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del 
Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de 
España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más 
allá de los límites europeos”. Cada vez hay más voces, sin embargo, que sostienen que el 12 
de octubre constituye simbólicamente el inicio de una ocupación político militar que tuvo como 
resultado el exterminio de más de 80  millones de personas y la esclavitud. La colonización 
supuso para los pueblos ocupados la destrucción de su sistema político, la represión de su 
espiritualidad y sus sistemas culturales, que devino en pérdida de diversidad para el conjunto 
de la humanidad. La colonización, significó un sometimiento aún mayor de las mujeres 
indígenas, que sufrieron violaciones masivas como parte de la estrategia de dominación. La 
colonización instauró estructuras político-sociales profundamente racistas y discriminadoras 
que se mantienen hasta hoy y que son la base de las principales desigualdades, conflictos 
armados, violaciones de derechos humanos y de la situación de vulnerabilidad de las 
poblaciones indígenas, por lo que cada vez se oye más el “nada que celebrar”.

 

¿Y si a todo ello se le añade la duda razonable, avalada por multitud de investigaciones 
científicas (que no han hecho variar ni un ápice las doctrinas oficiales), de que el 12 de octubre 
de 1492 no se descubrió nada, que lo que hoy identificamos como América ya hacía tiempo 
que era conocida por los europeos1? Empecemos por el enigmático personaje del Almirante: 
se acostumbra a otorgar a Cristóbal Colón el papel de un explorador con suerte que se topó, 
por pura casualidad, con unas tierras en medio del océano y que nunca fue realmente 
consciente de lo que había descubierto. Se suelen señalar como definitivos una serie de 
errores de cálculo en la medida de la circunferencia terrestre. Sin embargo, cada vez son más 
los que sostienen que en aquella época ya se sabía mucho sobre el mundo y sus medidas. La 
propia firma de Cristóbal Colón (en la que aparece ·S··S· A ·S·X M Y y ni rastro de su nombre 
o apellidos) es uno de los muchos asuntos oscuros que generan controversia; muchos autores 
han orientado sus teorías sobre la interpretación de esa firma bajo una perspectiva de un 
Colón religioso, evangelizador, portador de Cristo, etc., pero si se es fiel a la visión del Colón 
eminentemente marino y cartógrafo, cabe descifrar la firma de Colón descifrando a la vez un 
mapa sorprendentemente preciso que oculta la ruta entre las Islas Canarias y unas pequeñas 
islas del Caribe.

 

Cuentan las crónicas que cuando Cristóbal Colón regresa de América, tras su primer viaje, es 
recibido por los Reyes Católicos en la ciudad de Barcelona. Colón ve entonces culminada su 
empresa y necesita recuperarse físicamente pero, mucho más, mentalmente, pues los años 
previos al viaje fueron tiempos de indagaciones y hallazgos sorprendentes en libros y mapas 
que no podía explicar a nadie y ahora, por fin, una vez confirmados sus aciertos, ya podía 
revelar todos sus secretos de antes de iniciar su viaje, que sólo los dijo a la Reina Isabel, los 
mapas, las técnicas de navegación y lo más relevante, la posición exacta, con sus rumbos y 
distancias, de las tierras que se iba a “descubrir”. Cristóbal Colón fue, ante todo, un gran piloto 
de la marina mercante y un extraordinario cartógrafo y sus descubrimientos no fueron casuales 
ni fruto del azar o de la temeridad aunque no podía explicar todos sus descubrimientos por 
temor a que se apropiasen de su ciencia. Finalmente, tras muchos años de insistencia y 
cuando estaba ya a punto de abandonar, consigue su anhelado encuentro con la Reina Isabel, 
un encuentro tranquilo y con tiempo para poder explicarle a ella todos los detalles de lo que 
había descubierto. La Reina, convencida, decide apoyar el viaje de Colón y, tras ese encuentro 
se firman en abril de 1492 las conocidas Capitulaciones de Santa Fe, previas al viaje y que 
concretan los términos y condiciones de los acuerdos entre los Reyes y Colón en lo referente 
al viaje que planteaba Colón. Sin embargo, a pesar de que el descubrimiento era todavía solo 
una posibilidad, las Capitulaciones, firmadas meses antes de iniciarse el primer viaje, 
empiezan así:"Las cosas suplicadas y que vuestras altezas dan y otorgan a don Cristóbal de 
Colón en alguna satisfacción de lo que ha descubierto2 en los mares océanos y del viaje que 
ahora con la ayuda de Dios ha de hacer....", escrito así en un documento sustancial, firmado 
por los Reyes y formalizado meses antes al inicio del viaje. La ruta y la posición de las tierras 
al otro lado del océano había sido descubierta por Colón es lo que se interpreta oficialmente, 
no el continente, hasta el punto de que éste, el 11 de mayo de 1499 pasó a llamarse “América” 
en honor al funcionario italiano Amerigo Vespucci, quien se percató de que las tierras 
“descubiertas” por Colón no pertenecían a las Indias.

 

Existen dos grandes ejemplos incuestionables sobre estos hechos: dos magníficos mapas, 
uno realizado en el año 1375 por el cartógrafo judío mallorquín Abraham Cresques o su hijo 
Jehudá y que se conoce como el Atlas Catalán y otro del año 1424 del veneciano Zuane 
Pizzigano3. Ambos mapas, muy anteriores al viaje de Colón, evidencian un excelente y preciso 
conocimiento de las distancias y posiciones de las tierras del mundo conocido que no podía 
hacerse por casualidad; los cartógrafos tuvieron que disponer de esas medidas y posiciones 
tomadas por los marinos en sus viajes y para ello, se precisaban instrumentos como los 
cuadrantes, astrolabios, brújulas, tablas astronómicas, etc., y sobre todo era necesaria la 
comprensión del mundo y del movimiento de sus cielos. ¿Quienes fueron estos marinos?

 

Llegamos así a las diversas teorías que circulan sobre el tema. La primera es la de los 
vikingos, originarios del norte de Europa, que durante siglos saquearon barcos y poblaciones 
enteras, aterrorizando a todos aquellos que se encontraban a su paso. Tras sus incursiones 
por el mundo han quedado leyendas que describen sus viajes a través del Atlántico y el 
desembarco en tierras que, 500 años después, fueron llamadas americanas. Por cierto, un 
equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) español 
ha comprobado que este dato histórico, al que no se daba crédito, puede ser real. La historia 
de que los vikingos habían cruzado el Atlántico, era vieja, de hecho muy antigua, aparece en 
las páginas de las Sagas nórdicas, la antigua colección escandinava de mitos y leyendas, que 
relata el apogeo de la conquista y exploración vikinga hace 1.000 años. Según ellas, un 
vikingo llamado Leif Erikson (hijo del legendario Erik el Rojo) había liderado una expedición 
desde la nueva colonia nórdica en Groenlandia, y fue incluso más al oeste, navegando hacia 
el mundo desconocido, en busca de tierras y recursos para suplir las carencias de la colonia 
de Groenlandia, y encontró: una tierra de bosques y prados, con arroyos llenos de salmón, y 
crucialmente encontró vides de uvas silvestres y dice, por eso llamó al nuevo territorio, 
Vinlandia. Hay un mapa muy antiguo, que se debate si es auténtico, llamado el mapa de 
Skálholt, que muestra el Promontorium Winlandiae ("promontorio o cabo de Vinlandia") y se 
pensaba que eso localizaba la península nórdica de la isla de Terranova (en la costa noreste 
de Norteamérica). Esta y otras evidencias son las pruebas de que efectivamente los 
escandinavos arribaron antes que Colón, pero no se les puede adjudicar el título de 
descubridores del Nuevo Mundo, porque al regresar nunca dieron a conocer el importante 
hallazgo, no se conectaron con Europa ni mandaron nuevas expediciones al continente.

 

La teoría china afirma que los chinos llegaron al nuevo continente 70 años antes que Colón, 
en 1421. El 8 de marzo de aquel año una flota de 800 juncos, de mayor tamaño que las 
carabelas de Colón y con una tripulación de un millar de hombres cada uno, se hizo a la mar 
bajo el mando de almirantes eunucos, entre ellos Zheng He, militar, marino y explorador chino, 
conocido por sus grandes expediciones navales realizadas entre 1405 y 1433, leales al 
emperador Zhu Di, con la misión de "llegar hasta los confines de la tierra para recabar tributo 
de los bárbaros más allá de los mares" y unir al mundo en la armonía que predicaba Confucio. 
Durante su travesía de más de dos años, la flota habría explorado partes de Africa, del norte y 
sur de América, Australia y Nueva Zelanda e incluso la Antártida, y crearon asentamientos. 
Las investigaciones que afirman que exploradores europeos, incluido Colón, realizaron sus 
travesías con ayuda de mapas realizados sobre las experiencias chinas, no satisfacen a todos 
los historiadores, pero han fomentado el interés de editoriales y televisiones de todo el mundo, 
ávidos de hacerse con una buena historia. Aún así, lo primero que establecen estos estudios 
es que, debido a las “corrientes marinas negras” que van desde Asia a América y luego 
retornan, navegantes chinos habrían colonizado esas tierras. Pero a estos hombres de 
ninguna manera se les puede dar el crédito de descubridores, pero sí de pobladores. Además, 
dicen, se han descubierto astilleros cantoneses que datan del 200 a. C.,  donde ya se 
construían carabelas similares a las que usó Colón.

 

También se habla de Abubakari II, del imperio de Malí, del que se dice que en 1311 llegó 
hasta centroamérica, de ahí que existan de rastros de civilización africana en Brasil, previos a 
la deportación de los esclavos. O la llegada de Madog ab Owain Gwynedd, que fue, según la 
tradición, un príncipe galés que se embarcó en 1170 y llegó al continente americano. También 
hay leyendas hindúes que hablan de navegantes de la India. Y una última teoría que afirma 
que los Templarios también estuvieron en América. Los buques de la Orden del Temple 
cruzaron el Atlántico y llegaron hasta las costas americanas casi 100 años antes que Colón. 
De hecho los mayas adoraban a Kukulkán, un dios blanco y con barba poblada, algo insólito 
porque esta cultura la formaban hombres lampiños por genética. La Orden de los Pobres 
Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, conocidos popularmente como Templarios, fue 
durante la Edad Media una poderosa orden militar afiliada a la Iglesia Católica. Dedicados 
originalmente a defender a los peregrinos cristianos en Tierra Santa, no tardaron en acumular 
impresionantes riquezas y grandes dosis de poder que les valieron el odio de muchos 
poderosos de la época. Uno de los mayores misterios históricos en los que han estado 
envueltos comenzó en el año 1307, cuando una flota compuesta por docenas de barcos, en la 
que los templarios escaparon de la persecución del rey francés Felipe IV, salió del puerto 
francés de La Rochelle y desapareció sin dejar rastro, y se afirma que es posible que los 
barcos llegaran a América casi 200 años antes que Cristóbal Colón. Por lo tanto, se dice que 
estuvieron en esas tierras y hasta pudieron trazar un mapa, el cual llegó a Colón, quien 
contrariamente, pues, a lo que relata la historia, sabía perfectamente que llegaría a un nuevo 
mundo y no a las Indias. La leyenda dice que cuando los conquistadores españoles llegaron a 
la Península del Yucatán, escucharon decir que unos hombres blancos ya habían estado allí y 
que habían entregado su conocimiento a los nativos. Otra hipótesis afirma que, de acuerdo al 
testimonio de religiosos que acompañaron a Colón, los nativos no se extrañaron al divisar las 
cruces de los guerreros porque ya las conocían.

 

Todas esas teorías, repasadas a vuela pluma, ponen en entredicho que fuera Colón el primer 
hombre en llegar a tierras americanas y, si la cartografía de su época daba por seguro que la 
Tierra era plana, los vikingos cinco siglos antes habían cruzado sin temor un océano que 
parecía no tener fin. Entonces, ¿qué es el 12 de octubre?

----------------------------------------

1Inevitable recordar el episodio “Lisa, la iconoclasta”, emitido en la séptima temporada de la corrosiva serie televisiva estadounidense de dibujos y ficción Los Simpson en el que el personaje de Lisa descubre que el legendario y respetado fundador de la ciudad, Jebediah Springfied, era en realidad un vicioso impostor presunto asesino y un fiasco, pero no lo hace público en atención al arraigado valor social del falso mito.

2Más misterios en este punto: el Papa Inocencio VIII muere en Roma el 25 de Julio de 1492, exactamente ocho días antes de la partida de Colón desde Palos de la Frontera al amanecer del viernes 3 de agosto. El monumento funerario de este Papa alberga un misterio, y es que aún hoy en día existe el gran reto por desvelar una inscripción con un texto inquietante que no ha sido decodificada con claridad y que dice: "Novi orbis suo aevo inventi gloria". ("Suya es la gloria del descubrimiento del nuevo mundo"). Todo parece indicar que este texto en su lápida de mármol negro hace referencia a una hipótesis según la cual el Nuevo Mundo ya había sido descubierto por Colón o por algún otro navegante designado por él en el año 1485, es decir, siete años antes de la fecha oficial de octubre de 1492. ¿Ese viaje fue organizado por el romano pontífice que, al parecer, conocía de cerca a Colón (hay quien sostiene que el marino era hijo ilegítimo del Papa), con la colaboración y el apoyo de los genoveses y los florentinos? ¿Cómo es posible que se anuncie el descubrimiento de un Nuevo Mundo con ocho meses de anticipación al descubrimiento de ese Nuevo Mundo? ¿Cuál fue la participación real que tuvo Inocencio VIII en el Descubrimiento de América? Hay tantas preguntas sin respuestas con infinidad de detalles por aclarar, pero esto sólo se podrá esclarecer cuando sea posible acceder al Archivo Secreto de los papas, una sección hasta hoy intocable de la Biblioteca Apostólica Vaticana. Solo el papa puede autorizar que un documento archivado en esa sección sea desclasificado y su contenido sea dado a conocer al resto de la humanidad así que la relación entre Colón y el papa Inocencio VIII seguirá siendo un misterio.

3La Carta o Mapa de Pizzigano es un mapa cartográfico donde se pueden apreciar islas del Océano Atlántico Norte al oeste de España y Portugal incluyendo los descubrimientos portugueses e islas legendarias como Antillia. En este mapa aparecen cuatro islas al oeste de Europa, mucho antes de que ningún europeo se adentrara tanto en el Atlántico. Y algunos autores afirman que fue una expedición en 1421 la que cartografió estas islas y a la que los italianos tuvieron acceso

 

miércoles, 6 de octubre de 2021

Del volcán y del "turismo volcánico".


 Dejando a un lado todo lo relativo a esta pandemia de nunca acabar del Covid-19 que hace meses que nos trae a todos por el camino de la amargura, o por añadidura a ella, por aquello de que “éramos pocos y parió la abuela”, o en una demostración hiriente de que Murphy, sí, ese de las Leyes, realmente existe, en las últimas semanas también nos distrae en nuestro día a día la anunciada erupción1, también de nunca acabar, del volcán en la montaña/parque natural de Cumbre Vieja, en la isla canaria de La Palma. Poca broma; cuando se escriben estas líneas, la lava u otro tipo de material piroclástico que ha escupido el volcán por sus varias bocas activas se ha llevado por delante más de un millar de casas en los campos arrasados (y con ellas el presente, pasado,… y futuro de miles de personas), ha destruido cultivos, obligado a la evacuación de centenares de personas, invadido y cortado carreteras, afectado instalaciones de servicios básicos como el suministro de agua, etc., en una espiral que parece no tener fin. El drama y la tragedia se han adueñado de esta pequeña isla desde la erupción, pero la espectacularidad de este fenómeno de la naturaleza también está atrayendo a los primeros turistas.


En este contexto, además de periodistas (y “perrodistas”, si se me permite), científicos, fuerzas de seguridad y otros profesionales, están llegando curiosos para ver de cerca la erupción pese a que las fuerzas de seguridad ya han mostrado su descontento con las llegadas masivas, que generan más tráfico del habitual en las carreteras, ya de por sí insuficientes en la situación actual, pero para muchos, tanto españoles como extranjeros, la experiencia es única (el problema añadido con esto es que hay familias cuyas casas han quedado bajo el magma que no encuentran ninguna casa para alquilar pues éstas están copadas por los turistas; la mayoría de damnificados están en segundas residencias si las tienen, casas de vecinos, familiares o amigos y los que no, en establecimientos turísticos de forma provisional). Opiniones, varias, para todos los gustos: un canario recuerda que vio la erupción del Teneguía2 y que está muy emocionado por haber venido a ver ésta, un forastero reconoce que "es algo fantástico y una experiencia muy fuerte, aunque entiendo que es una situación muy difícil para los que viven aquí" y una isleña recuerda el turismo supone una importante inyección económica. Lo cierto es que el turismo de volcanes ya existía, seducidos por sus historias (el Vesubio y Pompeya, el Popocatépetl y México, el Krakatoa e Indonesia - por cierto, en este volcán hay una anécdota jugosa: su erupción y el nacimiento de la isla homónima inspiró la película de 1969 rodada en España Al este de Java, protagonizada por Maximilian Schell y Diane Baker, sin embargo, todo ocurrió al oeste de Java, no al este –, Kilauea y Hawaii – casualmente, también en erupción estos días - y otros) pero ha crecido enormemente en los últimos años. Islandia es un gran ejemplo de ello: desde la erupción del impronunciable Eyjafjallajökull en 2010, cuyas cenizas, recordemos, tuvieron cerrado el espacio aéreo del norte de Europa casi una semana, la llegada de turistas se ha multiplicado por cuatro e Islandia pasó de recibir unos 490.000 turistas en 2010 a superar los 2 millones en 2019. Obviamente, tanto Islandia como La Palma en este caso ofrecen más que volcanes, pero la lava de estos días y los paisajes son dos de sus principales atractivos.
 

Esto es un espectáculo y sabes que, en España, o lo ves ahora o ya nunca más”, en palabras de una agencia que ya ha organizado un viaje a la isla canaria con clientes interesados en observar de cerca la lava estudiando la zona para buscar localizaciones desde las que poder fotografiar con seguridad el volcán (dicen en la agencia), y pensando ya en organizar un nuevo viaje dentro de 15 días, en que, seguramente, el volcán siga en erupción. Pero no es sólo cosa de empresas privadas. Un día después de que el volcán entrara en erupción, la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, envió un mensaje a través de unas declaraciones en Canal Sur Radio a todos los turistas que quisieran disfrutar de este «espectáculo tan maravilloso»: «Hay que aprovechar esto como un reclamo (…), que la isla se convierta en un reclamo para aquellos turistas que quieran ver este espectáculo tan maravilloso de la naturaleza», unas declaraciones por las que más tarde pidió perdón. «Me solidarizo con la situación tan dramática que existe en la isla, ya habrá tiempo para hablar del turismo y de cómo recuperar el reposicionamiento». Sin embargo, los vecinos de La Palma están indignados ante el aumento del turismo volcánico: A los palmeros no les hace ninguna gracia porque, dicen, lo que ellos están viviendo no es para admirar, sino para lamentar, por lo que ya han dejado ver su descontento ante este tipo de turismo: "Imaginen la escena de personas llorando por la pérdida de todo lo que poseían, mientras al lado otros sacan fotos para Instagram”. Además, los vecinos de La Palma también expresan su indignación: "Esto es un tragedia. Yo he perdido todo lo que tenía. Es un desastre, un infierno, no un espectáculo", lamenta un hombre, mientras que otra mujer critica que "hay mucha gente que ha perdido todo como para que solo vengan los turistas por una simple foto". Creen que no es el momento de que las miradas curiosas estén en la Palma. 

Ilustración de Doré para "El infierno" de la Divina Comedia, de Dante Alighieri.

El referirse ese buen hombre al infierno para identificar la situación nos permite a nosotros desviarnos conceptualmente y orillar
por un momento el monotema (ojo, muy importante, que nadie lo infravalore, e indicador de la necesaria empatía) tragedia/espectáculo de la erupción del volcán de Cumbre Vieja. El infierno… Durante los últimos 2000 años nada ha causado más temor íntimo entre quien ha recibido educación cristiano/católica que el infierno, un lugar “adonde las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden [...] inmediatamente después de la muerte para sufrir las penas o fuego eterno", o sea, destinado a castigar en las llamas “del centro de la tierra” (un volcán, vamos) a las almas perdidas por toda la eternidad; libros, poemas y relatos lo han descrito como un fuego que no se extingue jamás, en el que los pecadores pagan sus faltas para siempre. Ha sido un pilar importante en la catequesis de la religión católica, a la par con la idea del cielo, donde las almas bondadosas alcanzan la gloria perpetua. Por eso, la noticia de que el papa Francisco habría dicho, en consonancia con algunos teólogos que no lo consideran un lugar sino un estado de sufrimiento, que el infierno no existe y que las almas alejadas de Dios simplemente desaparecen causó una tormenta internacional que dejó un mar de dudas. Aún así, la existencia de Cielo, Infierno y Purgatorio, no es exclusiva del cristianismo; paradójicamente, la lectura más similar se encuentra en el islam y casi todas las religiones creen y conculcan entre los suyos la salvación y la condenación eternas. Así, la mayor parte de las religiones antiguas creía en la vida de ultratumba, aunque no necesariamente en el infierno. 


Claro que, bien mirado, hay muchas clases de infierno
s cotidianos, no sólo los volcanes con su fuego eterno físico, y si no, que se lo pregunten a la escritora mallorquina Carme Riera, que cuenta sus memorias: «Todos los niños sufríamos, entonces, y teníamos unas pesadillas horribles. El sentimiento de culpa durante el franquismo era horroroso. Hubiéramos podido ser tan felices sin él, nos robaron una infancia feliz. La religión y las costumbres ancestrales marcaban el único camino que seguir y, fuera de él, sólo quedaba el infierno. A los miedos infantiles naturales, a la oscuridad o al abandono, añadíamos el miedo al infierno, terrorífico. Recuerdo con horror el descubrimiento de unas postales eróticas y lo que llegó a atormentarme, tuve hasta fiebre, creía que me saldría una joroba como condena». Y no siempre el volcán es el que arroja, desde el centro de la tierra, el magma que nos abrasa; a veces está en nuestro interior, como nos demuestra el escritor Malcom Lowry en su Bajo el volcán, novela, todo sea dicho, de lectura imprescindible aunque no fácil; toda la novela transcurre en un solo día, el Día de Muertos (2 de noviembre) de 1938, jornada aciaga para el ex cónsul británico en México, un hombre alcoholizado, arruinado por los fantasmas de su mente y de su pasado y cuyos oscuros sentimientos de culpabilidad alimentan una soterrada voluntad de autodestrucción. Incapaz de reaccionar al regreso de su ex mujer, el ex cónsul deja que ella se acerque de nuevo al hermanastro de él, trotamundos implicado en actividades políticas (con referencias continuas a la guerra -in-civil española). Y durante las veinticuatro horas en que transcurre la novela, en un México que simboliza al tiempo el paraíso y el infierno terrenales, con escenas donde el infierno tiene nombre y apellidos y, además, ese infierno es descrito a cámara lenta, una técnica narrativa que Lowry dominaba, se suceden alejamientos, malentendidos y encuentros conflictivos, y hasta violentos, con personajes de toda índole. Mientras el ex cónsul, cada vez más ensimismado, naufraga lentamente en sus delirios etílicos ante los ojos de quienes lo acompañan, éstos asisten impotentes a los estragos de su trágica caída. Efectivamente, la novela puede llegar a tumbar al lector desprevenido, más atento a la lava candente que todo lo cubre, que a aquello que realmente sucede bajo un volcán. 


Pero dejémonos de simbolismos y teorías y volvamos a la cruda realidad. Lo cierto es que en el parque natural de Cumbre Vieja, situado en la isla de La Palma, en Canarias, atravesado por un sendero llamado popularmente Ruta de los Volcanes (¡!), se ha iniciado una erupción volcánica, que nadie puede saber cuándo acabará, ocasionando pérdidas de biodiversidad, económicas (viviendas, fincas, locales, negocios, instalaciones, etc.) y el desalojo de los habitantes de las localidades cercanas. Y el drama humano seguirá cuando la erupción deje de ser noticia de portada en los medios. Tengámoslo en cuenta.
---------------------------------------

1En el año 2000, el científico británico, geólogo investigador de la University College de Londres, Simon Day dirigió un polémico proyecto de investigación que terminó con un documental en la BBC en el que predecía el colapso de la isla en una futura erupción con el consiguiente deslizamiento de gran parte de la isla al mar que provocaría un megatsunami que llegaría desde Canadá hasta Argentina y arrasaría toda la costa este de Estados Unidos, destruyendo ciudades como Nueva York, Washington D.C. o Miami. Si bien es cierto que científicamente esto ocurrirá en algún momento, las posibilidades de que lo haga en un futuro cercano son muy remotas, ya que tendría que ser un tipo de erupción muy concreta, y teniendo en cuenta el reducido tamaño del acuífero de la isla esto es poco probable.

2El Teneguía es un volcán situado también en la isla de La Palma, que se creó durante una erupción que se extendió desde el 26 de octubre al 18 de noviembre de 1971, la más importante si se exceptúa la actual.

domingo, 3 de octubre de 2021

"Quién se ha llevado mi queso" en la práctica.


Recientemente he encontrado la desagradable sorpresa de que mi banco (al que no haré ningún 
tipo de publicidad, ni positiva ni negativa, diciendo su nombre) ha cargado unas comisiones en 
la cuenta. Puesto en contacto con ellos, toda vez que la cuenta se aperturó con exención por 
escrito de todo tipo de comisiones, la conclusión es que las condiciones han cambiado (en 
virtud de una cláusula que figura en la letra pequeña del contrato que faculta a la entidad a 
cambiar las condiciones de las cuentas poco menos que cuando le venga en gana, sin aviso al 
cliente y sin encomendarse a Dios o al diablo) y que la razón última del cargo de comisiones 
recibido es PORQUE SÍ, habida cuenta de que los diferentes amables empleados que me 
atendieron tampoco supieron explicar el motivo. Más allá de las cuestiones éticas (o de simple 
desvergüenza) que rodean el asunto, la situación conduce a unas reflexiones sobre el ayer y el 
hoy de nuestro sistema bancario, alrededor del dicho de que la banca siempre gana, que los 
bancos tienen, en el fondo, la culpa de todas las crisis y que nunca pagan ninguna condena; 
en definitiva, un negocio privilegiado porque nunca pierde: si asume altos riesgos y obtiene 
beneficios, éstos se privatizan, y si lo que obtiene son pérdidas (aunque sean por una gestión 
nefasta), éstas, en lugar de privatizarse, se socializan. ¿Cuál es el origen de la banca?  Y 
¿cómo ganan dinero los bancos? ¿y en el futuro?

 
El origen de la banca se remonta al antiguo Egipto. En el milenio IV a.C., el pago de impuestos 
se centralizaba en almacenes estatales donde se guardaba el grano de las cosechas para el 
pago de deudas y, de este manera, los agricultores dejaban su cosecha en los almacenes de 
la misma forma que hoy los ahorradores depositan su dinero en depósitos bancarios, aunque 
no fue hasta el milenio II a.C. cuando se dieron los primeros préstamos en forma de grano 
entre agricultores y mercaderes en ciudades de Fenicia, Asiria y Babilonia: el grano se 
guardaba en los palacios y su cuantía se anotaba en tablillas de barro. No obstante, los 
primeros protobancos públicos llegaron en el siglo IV d.C. de la mano del Imperio romano. 
Éstos no solamente aceptaban depósitos, sino que también prestaban con un interés, 
cambiaban moneda y aceptaban órdenes de pago, las primeras transferencias de dinero. Los  
banchieri, cambistas que operaban sentados en bancos de las plazas públicas de Lombardía, 
Italia, fueron el origen de la banca moderna, y de su nombre, en el siglo XII. Los primeros 
bancos privados, como el Banco de San Giorgio, surgieron ofreciendo una gran variedad de 
operaciones, así como la separación de actividades financieras de las comerciales. Debido a 
la prohibición canónica de la usura y, en general, a los préstamos con interés, los primeros 
banqueros fueron exclusivamente judíos, porque no estaban subordinados a las leyes de la 
Iglesia. 

 

Durante el siglo XIII, los templarios sustituyeron a los judíos como potencia bancaria en 
Europa: crearon una red de comercio religioso-militar en aras de proteger al peregrino que iba 
a Tierra Santa, lo que permitió que se convirtieran en tesoreros de la Iglesia y de los reyes 
europeos, facilitando su apogeo. No fue hasta el siglo XIV cuando la Iglesia levantó el veto a 
la usura permitiendo la creación de los llamados montes de piedad, instituciones que velaban 
por los intereses de las clases más pobres; más tarde, éstos se reconvirtieron en banca 
privada y algunos siguen funcionando en la actualidad, como el Monte dei Paschi di Siena: 
creado en 1472, el banco más antiguo del mundo en activo. El sistema bancario se extendió 
por toda Europa ya en los siglos XVI y XVII, cuando también surgió el primer banco nacional, 
el Banco de Inglaterra (si bien este banco nació como entidad privada, Inglaterra prohibió el 
establecimiento de nuevos bancos en 1844 y nacionalizó el Banco de Inglaterra, que se 
convirtió así en el primer banco central del mundo, encargado principalmente de controlar la 
emisión de moneda en el país). La figura de los bancos centrales no tardó en extenderse por 
los demás países europeos; con ellos se buscaba crear agencias independientes del Gobierno 
para evitar que la política monetaria cambiara con cada Administración y mejorar así la 
estabilidad económica. Mientras, la banca privada jugaba el papel de intermediaria financiera 
entre empresas, particulares y los bancos centrales, que ejercían de “banco de bancos” 
prestando dinero a la banca privada. 

 

En el desarrollo de este rol, el modelo de negocio fundamental de la banca ha sido prestar 
dinero con una tasa de interés superior a la pagada por los ahorros depositados, de forma que, 
a mayor margen de interés, mayor rentabilidad del banco en proporción a los ahorros 
depositados y créditos concedidos. El hecho de que los bancos presten a un interés mayor del 
que ellos pagan se justifica en la teoría en el riesgo asumido tanto en plazos como en 
cantidades (pensemos por ejemplo en una hipoteca: tanto la cantidad prestada como el plazo 
de devolución son mucho mayores que la gran mayoría de cuentas de ahorro, sin cantidad 
mínima y generalmente con disponibilidad inmediata para el depositante). Sin embargo, en la 
actualidad este modelo de negocio apenas es rentable. Llevamos ya varios años con tipos de 
interés cercanos a cero (e incluso por debajo) y aunque los bancos siguen prestando a tasas 
mayores de las que ellos pagan por los depósitos, la diferencia lleva años reduciéndose, tal 
como indican los datos. Si los márgenes bajan, habrá que aumentar los volúmenes (es decir, 
dar más préstamos y captar más ahorros), pero esto no es posible en el contexto actual: por 
un lado, el enfriamiento de la actividad económica implica menos demanda de crédito y por 
otro lado, para evitar quiebras bancarias como la de Lehman Brothers u onerosos rescates 
públicos como el de Bankia, los bancos centrales están obligando a las entidades financieras 
a aumentar sustancialmente sus reservas de capital. Es decir, ahora los bancos tienen que 
mantener mucho más dinero 'aparcado' para hacer frente a posibles pérdidas, lo que también 
recorta sus posibilidades de ofrecer crédito.

 

En este contexto, ¿cómo consiguen los bancos mantener la rentabilidad? Aunque no hay 
'magia', las entidades financieras sí han tenido que agudizar el ingenio para sobrevivir a la 
reducción de su principal fuente de ingresos y las comisiones son una de las nuevas fuentes 
favoritas de ingresos para la banca ya que no implican riesgo, al contrario que, por ejemplo, 
los pagos de intereses de un préstamo. En el pasado, incluso reciente, los mayores márgenes 
de interés compensaban la gratuidad de ciertos servicios que son costosos para los bancos 
(por ejemplo el uso de tarjetas o las transferencias a otras entidades) mientras que en la 
situación actual son muchos los bancos que han empezado a cobrar por servicios que antes 
eran gratuitos (con especial impacto en un país como España, el segundo de la Unión 
Europea con los servicios bancarios más caros, después de Italia). Notablemente, han subido 
las comisiones cobradas por servicios a clientes de otros bancos, como en el caso de los 
cajeros automáticos. Además de cobrar comisiones por los servicios prestados, en el contexto 
actual a los bancos le resulta especialmente interesante ejercer de intermediarios. Es posible 
que el banco haya ofrecido contratar con ellos un seguro, un plan de pensiones o un fondo de 
inversión: no es casualidad que publiciten precisamente esos productos. En este caso, los 
bancos ejercen de meros intermediarios de la compañía de seguros o gestión de activos (que 
son quienes realmente venden el producto), y se llevan su comisión sin incurrir en riesgos.

 

Los que peinan canas (por peinar algo) recordarán que, hace décadas, la banca, 
acostumbrada a crecimientos anuales de dos dígitos, le tenía auténtico pavor a escuchar que 
los modelos de negocio de intereses altos estaban en revisión en todo el mundo y 
particularmente en esa Europa que nos había abierto recientemente las puertas a través del 
Mercado Común, lo que se traducía en que la banca extranjera y su operativa eran “el coco” 
que vete a saber por donde saldría, aunque todo apuntaba (y se decía en voz baja) que era 
necesaria una profunda reconversión, particularmente del número de sucursales y de 
empleados. Era la época en que, como los bares, había una lujosa oficina de un banco o una 
caja de ahorros en cada esquina y en cada núcleo habitado, lo que contrastaba con lo que 
comentaban los viajeros de que en el extranjero apenas se veían por las calles sucursales 
bancarias. Sin embargo, pasadas dos décadas del siglo XXI, una crisis financiera y una 
pandemia, ya no  se destaca tanto sobre nuestros vecinos europeos. Ahora, la digitalización y 
la presión de los supervisores para la concentración bancaria (desaparecieron por ensalmo 
en poco tiempo una cincuentena de cajas de ahorro, gran cantidad de cooperativas de crédito 
y numerosos bancos en rápidos procesos de fusión/absorción) unidos al cambio de hábitos de 
los clientes, la baja rentabilidad (ya apuntada) y la caída del negocio por el parón económico 
forzado por el coronavirus está llevando a las entidades a afrontar una nueva reconversión de 
sus estructuras, que a la postre servirá para adelantar la revolución bancaria que debería 
haberse producido con mucha más calma y sin agobios. Pero, desde el inicio de la crisis 
financiera de 2008 y hasta finales de 2021 se perderán 112.000 puestos de trabajo directos en 
la banca, según las previsiones de los analistas.

 

En esto, llegó el coronavirus. Después del susto de la crisis del 2008, la gran banca afrontaba 
los primeros compases del año 2020 con la esperanza de recoger resultados positivos gracias 
al giro en su modelo de negocio, tras apostar por el aumento de su partida de comisiones, 
pero la pandemia truncó sus planes y provocó una contracción anual del beneficio. Todas las 
entidades cayeron a doble dígito, excepto una, CaixaBank, que solo redujo su beneficio en un 
8,2%, por la reestructuración de plantilla que había realizado en 2019. Respecto a los ingresos 
recurrentes los grandes bancos cayeron igualmente por la disminución del negocio habitual 
como consecuencia de las restricciones a la actividad empresarial. En esta situación de 
retroceso económico, a las entidades solo les queda la opción de evolucionar y de adaptarse 
a los nuevos tiempos, en los que el mercado digital es el futuro y el modelo de negocio de la 
banca tradicional está quedando totalmente obsoleto, y aunque es cierto que aún quedan 
clientes (sobre todo, de edad) que apuestan por ello, mantener toda la estructura para ese 
segmento de clientes resulta ineficiente. La digitalización, consecuencia de una adaptación del 
modelo de negocio del sector, el cual se ve obligado a competir con nuevos jugadores no 
bancarios que están robando una buena parte de su base de clientes, es la única salida que 
les queda a los bancos para sobrevivir en el siglo XXI, en un proceso de cambio que todo 
indica que ha venido para quedarse definitivamente. El terreno de juego ha cambiado y 
competir en este entorno es muy difícil. La banca, al parecer, está practicando una huida hacia 
adelante, tratando de sobrevivir en un entorno hostil. Es un tema generacional y de tiempo. 
Todavía hay segmentos de la población que no pueden o no quieren adaptarse a los nuevos 
modelos. Pero la siguiente generación jamás pisará una sucursal bancaria y todo se hará vía 
app, con o sin bancos tradicionales.

 

Esa revolución tecnológica ha traído, pues, una plétora de apps y webs de servicios 
financieros ajenas a la banca tradicional: agregadores que permiten a los clientes gestionar 
sus finanzas desde el móvil, tarjetas de créditos virtuales, brókers low-cost e incluso bancos 
100% on-line que aprovechan sus bajos costes operativos para ofrecer servicios, ahora sí, sin 
comisiones. Esta competencia es otra amenaza más a la ya limitada rentabilidad de los 
bancos tradicionales. Sin embargo, la banca ha optado por seguir el refrán 'si no puedes con 
tu enemigo, únete a él', y son muchas las entidades que están dedicando importantes 
recursos a adquirir competidores digitales o lanzar los suyos propios y decenas de bancos han 
creado sus propias incubadoras de startups financieras para asegurarse su parte del pastel. 
De este modo, los bancos están consiguiendo atraer a nuevos clientes nativos digitales y 
'millenials' que si bien no se sienten atraídos por la banca tradicional, sí lo están por estas 
'marcas blancas' online. Gracias a esta competencia interna, buena parte de los clientes 
'robados' por la banca digital a la banca tradicional acaban quedando en casa.

 
Lo que parece claro es que la forma de gestionar el negocio ha cambiado. Y si los bancos no 
lo ven, ya pueden ir subiendo comisiones.