miércoles, 18 de marzo de 2015

Boletín nº 45/y 4 - "Paraísos" de andar por casa



Con esta entrada damos por finalizada la ojeada superficial sobre la realidad de los territorios llamados paraísos fiscales, muy diferentes entre sí a veces y los condicionantes políticos que hacen que la lucha contra los efectos que provocan en la economía y bienestar  mundial no pasa de ser, frecuentemente, alarde retórico con voluntad mediatica y el deseado, pregonado y exigido intercambio de información como primer paso ineludible en esa lucha se supedita a intereses políticos que debería tener otros cauces Nos hemos ceñido para ese somero análisis a los "paraísos cercanos", aquellos, con los que, en teoría, sería más interesante y fácil llegar a acuerdos. Con Andorra (lamentablemente de actualidad estos días debido a la operativa inapropiada de alguna de sus entidades y no porque sea o no paraiso fiscal) ya hemos visto que no ha sido esxactamente así, pero...


¿Y Gibraltar?

Analizar el caso de Gibraltar, y particularmente en cuanto a su relación con España, es algo que requiere un acercamiento sumamente prudente y con guantes de seda para no dar lugar a malentendidos políticos ya que no debe de olvidarse que desde la cesión de la soberanía sobre este territorio al Reino Unido en virtud del Tratado de Utrecht hace tres siglos, su reclamación por España también ha sido un Guadiana con diferentes métodos pero primando siempre quizá el aspecto de poder político sobre cualquier otro.

Gibraltar es geológicamente un peñón, de una extensión de unos 7 km. cuadrados, situado en el extremo meridional de la península ibérica, al este de la bahía de Algeciras, que domina la orilla norte del estrecho de igual nombre, comunicando el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Alberga una población de unos 30.000 habitantes (de origen diverso, principalmente compuesto por ciudadanos de ascendencia británica, andaluza – en clara minoría -, genovesa, maltesa, portuguesa, árabe o judía), y tiene una economía basada hoy en el sector de servicios, principalmente como centro financiero, turístico (en alza) y puerto franco pese a que no hace muchos años (hasta 1983, en que se cerraron los astilleros de la Marina Real Británica) estaba sustentada tradicionalmente en la provisión de servicios al Ministerio de Defensa del Reino Unido, que representaba un 60 % de la economía gibraltareña.

Posiblemente resulte útil, para ver y entender la evolución de Gibraltar como paraíso fiscal y su impacto en España, echar una ojeada a algunos hitos históricos recientes. Tras la segunda guerra mundial, en la que el peñón fue protagonista estratégico como puerto de escala y punto de aprovisionamiento de la flota británica, España planteó la situación de Gibraltar ante las Naciones Unidas que, finalmente adoptó por medio de su Asamblea General las resoluciones de 1966 y 1967, por las que se instaba al inicio de conversaciones entre España y Reino Unido para poner fin a la situación, salvaguardando los intereses del pueblo gibraltareño. Como respuesta, se celebró un referéndum en el que el 99,64% de los votantes expresó su voluntad de permanecer bajo soberanía británica. En 1969, la constitución otorgada por el gobierno británico transformó Gibraltar en un territorio británico de ultramar[1] (British Overseas Territory) y se estableció también la transferencia de los asuntos internos al ejecutivo local, elegido por los propios gibraltareños.

La concesión de este mayor autogobierno fue interpretada por las autoridades españolas como una contravención del Tratado de Utrecht y, en 1969, el gobierno español eliminó las comunicaciones terrestres entre España y Gibraltar (es decir, cerró la frontera, conocida como “verja”), y los accesos permanecieron cerrados hasta 1983, con la llegada al poder de Felipe González pese a que sólo se abrieron en principio al tráfico peatonal. El prolongado cierre fue traumático tanto para la economía de toda la zona del Campo de Gibraltar y sus pueblos (ya que varios miles de españoles trabajaban en la colonia) como para la de Gibraltar en sí, que sufrió una crisis económica en la que fue necesaria una fuerte inyección de más fondos de los habituales por parte del Reino Unido.

Fue entonces, y particularmente tras el tratado de adhesión del Reino Unido a la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1973, cuando Gibraltar, amparada en su condición de territorio de la misma, pero, en tanto que con el status de “territorio especial”, exento del IVA y al margen de la unión aduanera, desarrolló una legislación fiscal que la convirtió en un activo centro financiero off-shore con ventajosas condiciones fiscales. Se definieron así dos tipos de compañías: las exentas (exempt companies) y las cualificadas (qualifying companies), que, residentes en Gibraltar, no tienen actividad económica ni comercial en el territorio. Estas compañías pagan un impuesto anual prácticamente simbólico y otro, sobre beneficios, testimonial (2 % en el caso de las compañías cualificadas; 0 % si se trata de exentas). Adicionalmente, no existe ningún tipo de control de cambios para las personas físicas o jurídicas residentes en Gibraltar. Ese régimen fiscal llevó a que la OCDE incluyera al territorio en la lista de paraísos fiscales en junio de 2000, pero en diciembre de 2008, el Tribunal de Primera Instancia de la Unión Europea reconoció el derecho de Gibraltar a tener un régimen fiscal propio, y desapareció de la lista de paraísos fiscales de la OCDE a la vista de la consolidación práctica del compromiso, adquirido en 2002, de mejorar la transparencia de sus sistemas regulatorio y fiscal y establecer un intercambio efectivo de información en materia fiscal con otros miembros de la OCDE, lo que quiere decir que, a efectos formales, para la OCDE, comparte la misma condición que otros estados miembros, como el Reino Unido, EE.UU., Alemania,… o España. Hoy, por ejemplo, se concentra en Gibraltar la práctica totalidad de la actividad financiera de las compañías de seguros que operan en el Reino Unido o gran  número de casinos virtuales. Todo legal, por supuesto.

Aun así, Gibraltar prácticamente no aparecía en el mapa de interés de las autoridades fiscales españolas hasta que éstas notaron que empezaron a afluir al peñón negocios de miles de expatriados que vivían a lo largo de la Costa del Sol y hasta que se divulgó que en operaciones como Ballena Blanca (que se desinfló posteriormente hasta el tamaño de un boquerón), también ciudadanos españoles usaban la operativa legal del peñón para eludir impuestos, especialmente por transacciones con inmuebles situados en territorio español, además de revelarse la existencia de otros usuarios españoles del sistema financiero gibraltareño, debidamente aportados, guiados y asesorados por bancos españoles establecidos al efecto en la roca (o simples corresponsales de éstos).

Actualmente, según datos del Registro de Compañías de Gibraltar, de las 15.673 empresas activas (en su argot, al corriente de obligaciones tributarias) registradas a finales del 3º trimestre de 2014, sólo 66 (el 0,4%) tienen en su accionariado a algún ciudadano español residente en España. En total, sólo 102 ciudadanos españoles residentes en España son accionistas, mayoritarios o minoritarios, de una empresa con sede en Gibraltar. 

No obstante, la experiencia en todos los territorios con regímenes fiscales favorables al ciudadano o empresa extranjera nos enseña que suelen actuar como imán para el dinero manchado, y no precisamente en términos fiscales. Es por eso que Gibraltar (y, por supuesto, el Reino Unido en este caso) tiene un cuidado escrupuloso en defender su actuación contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo y en demostrar que estos delitos, no solo le son ajenos, sino que son perseguidos con decisión por su gobierno. En este sentido, Gibraltar, que, recordemos, es miembro de la UE desde 1973, trece años antes del ingreso de España, ha aplicado desde su inclusión todas las directrices y normativas financieras impuestas por la UE, incluyendo todas las medidas contra el blanqueo de dinero. En el 2001 y 2007 Gibraltar se ofreció a ser estudiado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para determinar si cumplía con las directrices internacionales fiscales y de anti blanqueo de capitales y el informe[2], en el que el FMI declara que se  usaron los mismos procedimientos para analizar a Gibraltar que hubieran usado para cualquier otro país, respalda que el rigor de los controles aplicados impide la utilización de la plaza como centro de blanqueo de capitales. Eso no quiere decir que no se haya usado en operaciones oscuras[3] aunque sin ostentar el protagonismo que algunos medios le quieren otorgar[4] y, en definitiva, en unos porcentajes que pueden equipararse al del resto de países de la OCDE. También sería arriesgado no reconocer que Gibraltar (y de rebote, España) es vulnerable a ser utilizado en rutas de tráfico de droga o para el contrabando, pero eso es con independencia de que sea o no un paraíso fiscal y, en honor a la verdad, hay que recalcar que en investigaciones y seguimiento de esos casos sí que hay colaboración entre las fuerzas de seguridad de Gibraltar y de España, entre otras cosas porque las “beneficiarias” de algunas de esas operaciones son la vecina La Línea, y otras poblaciones del Campo de Gibraltar y la costa gaditana.

Llegados a este punto, y ya que se menciona la colaboración en las investigaciones y seguimiento, conviene echar la vista atrás, al inicio de esta entrada para recordar dos cosas.
-       - La evidencia de que es mucho más relevante y efectivo en la lucha contra los paraísos fiscales el intercambio de información, el convenio de colaboración entre países, que el propio hecho de que determinado territorio tenga o no regímenes fiscales duales favorables.
-       -  El acuerdo formal por el que aquellos territorios que firman y cumplen este tipo de acuerdos dejan de tener la consideración de paraísos fiscales en tanto que permiten la persecución del presunto delincuente, cliente de sus entidades financieras.

Y es aquí donde se encuentra una paradoja importante en la consideración de Gibraltar como paraíso fiscal por parte de España. Efectivamente, sea a través de acuerdos bilaterales de intercambio de información tributaria (en virtud de la trasposición a la legislación gibraltareña de la correspondiente Directiva de la UE[5] o por su pertenencia a la OCDE, que le obliga a cumplir con el Convenio Multilateral sobre Asistencia Administrativa Mutua en Materia Fiscal), Gibraltar intercambia información en esta área con 64 países o jurisdicciones, y España se encuentra también vinculada a este intercambio por su pertenencia tanto a la UE como a la OCDE. Dicho de otra forma, Gibraltar está obligada ya hoy día a intercambiar información fiscal si España le plantea un requerimiento judicial u oficial para ello, en virtud de la Directiva europea[6] y del Convenio de la OCDE, como, por otra parte, admite el gobierno español en una respuesta parlamentaria al diputado Gaspar Llamazares sobre temas fiscales publicada en el Boletín Oficial de las Cortes Generales de 25 de abril de 2013[7],por lo que resulta, cuando menos chocante la postura oficial de España qued sigue considerando ella sola a Gibraltar como paraíso fiscal, como no cooperante, a la vez que declara que hay puerta abiertas a la colaboración.


Conclusiones (¿definitivas?)

En este pequeño acercamiento a la realidad en el entorno cercano (casi doméstico) de España en ese pregonado combate contra los paraísos fiscales y sus efectos negativos (evidentes y dramáticos, sin ninguna duda) para la estabilidad económica de los países y el bienestar de los ciudadanos, se observa que el peso de la estrategia política es determinante en las acciones que puedan iniciarse, hasta el extremo de chocar frontalmente esa voluntad expresada de luchar contra la actividad financiera opaca y los condicionantes surgidos de la política y de las relaciones internacionales.

Los casos de nuestros vecinos  Andorra y Gibraltar, aunque radicalmente diferentes, son suficientemente ilustrativos de este aspecto. En el primero, no se le ha dado al parecer el rango debido a las razones históricamente cercanas de su uso por ciudadanos españoles, llegando tarde y mal a la deseada regularización (buena para el fisco español pero también para los depositantes), y en el segundo se viene supeditando todo al contencioso de la soberanía que, siendo importante, debe ubicarse en un nivel diferente, este sí, político, ya que si se entiende que la lucha contra los efectos de los paraísos fiscales pertenece al ámbito político y está sujeta a sus veleidades, debe admitirse que es una lucha perdida de antemano.

Sin embargo, es notorio que la voluntad política bien administrada tiene un peso indudable en esta contienda, como lo demuestra el cataclismo que se ha desencadenado estos días a raiz de la nota del FinCEN sobre las actividades de un banco andorrano (y, de rebote,su filial española, incomprensiblemente con informacíón ya sabida por el Banco de España y el Sepblac sin que se hubiera tomado ninguna iniciativa), que puede acabar, no ya con Andorra como paraíso fiscal (que no lo era, como vimos en la entrada anterior de este mismo boletín, sino con Andorra como plaza financiera. Con una pregunta en el aire: ¿Hubiera sido igual la actitud de EEUU y de las autoridades nacionales del territorio del banco cuestionado si en lugar de Andorra hubiera sido Cayman Island, Liechtenstein, Bahamas,  etc.?
 Y aunque no sea comparable el caso, ni mucho menos, es saludable tener en cuenta que los refugios financieros también pueden "desaparecer": ahí tenemos el caso de Nauru, que de paraíso fiscal en los años 90 del pasado siglo (albergando negocios no demasiado limpios) ha pasado, por diversas razones, a una situación en la que su gobierno no tiene dinero y el Banco Nacional de Nauru está en quiebra y es insolvente. ¿La excepción que confirma la regla?


[1] Los territorios británicos de ultramar (British Overseas Territories), jurídicamente NO forman parte integrante del Reino Unido si bien sus habitantes han votado para seguir siendo territorios británicos. En general no son administrados directamente por el Reino Unido sino que tienen su propio gobierno que los administra, y el Reino Unido se encarga de su protección, de las relaciones exteriores y asuntos de negocios. Cada territorio tiene un gobernador elegido por el monarca del Reino Unido, que trabaja como representante del «Gobierno de Su Majestad» y se encarga y tiene el poder de la seguridad en el territorio y de la representación entre el territorio y el Gobierno Británico así como de  hacer cumplir las leyes.

[2] "Gibraltar - Assessment of the regulation and supervision of financial services"  (en inglés). International Monetary Fund: Monetary and Exchange Affairs Department. octubre de 2001.

[3] Es de sobras conocido que, junto con la isla de Man y Chipre, Gibraltar fue utilizado como centro de las finanzas internacionales por los grupos empresariales rusos Yukos / Menatep. En un caso que tiene su origen en el final de la Unión Soviética y que aún hoy ofrece numerosos puntos rodeados de bruma, el exoligarca Mijail Jodorkovski, como accionista individual más grande del Grupo Menatep (dueño de la petrolera Yukos), con una participación directa del 9,5% más un 50% adicional a través de un fideicomiso especial del que es el único beneficiario (unos 16.000 millones de dólares USA en suma), y algunos de sus socios de negocios, crearon, asesorados por la firma estadounidense de abogados Clifford Chance y el banco suizo UBS, una elaborada serie de holdings extraterritoriales diseñada para mantener sus tenencias de acciones de Yukos a seguro. Tras detectar la justicia rusa algunas irregularidades en Yukos, Jodorkovski fue juzgado y arrestado, y es curioso constatar que antes de su arresto, Yukos estaba en conversaciones de  colaboración y/o intercambio accionarial con ExxonMobil y ChevronTexaco, ahora en espera.

[4] El pasado 23 de febrero (coincidencia curiosa de fechas), el diario ABC publicó un artículo llamado Quince grupos de crimen organizado tienen conexiones con Gibraltar en el que mostraba su preocupación, lógica por otra parte, por el hecho de que el peñón pudiera convertirse en rampa de lanzamiento del crimen organizado y su repercusión en España. Sin entrar en lo razonable de esta preocupación y en el deseo de que no hubiera ninguno, lo cierto es que suena alarmista el citar quince grupos en Gibraltar como una cifra desproporcionada (no nos engañemos, en cualquier caso: lo ideal es que no hubiera ninguno ni en Gibraltar ni en ningún otro sitio) cuando, en palabras de Ignacio  Cosidó, Director General de la Policía, los grupos de delincuencia organizada detectados en suelo español son casi 400. Si tenemos en cuenta la predilección de estos grupos por actuar, sobre todo, en la Costa del Sol. Madrid y Catalunya, para poner un ejemplo comparativo, quizá mejor si es alejado del entorno de Gibraltar, sólo en Catalunya operan más de 130 grupos.

[5]  La UE, a través de su Comisario europeo de Mercado Interior, Michael Barnier, certificó públicamente en noviembre de 2013 que Gibraltar no tiene pendiente de trasposición ninguna Directiva sobre el intercambio de información, asistencia mutua fiscal o lucha contra el blanqueo de capitales y que no existe contra Gibraltar ninguna queja fundamentada por faltas de comunicación o intercambio de información en dichas materias.

[6] La Directiva 2011/16/UE fue traspuesta por Gibraltar en su legislación con entrada en vigor el 1 de enero de 2013. Esta ley abarca el intercambio de información fiscal entre todos los territorios miembros de la UE. De esta manera, la UE rechaza de plano el secreto bancario y obliga a sus miembros a contestar a cualquier requerimiento proveniente de otra jurisdicción UE

[7] En http://www.congreso.es/public_oficiales/L10/CONG/BOCG/D/BOCG-10-D-261.PDF#page=236  puede consultarse el documento íntegro. El párrafo que nos ocupa, en la respuesta del gobierno: “Con respecto al territorio de Gibraltar, ya existen instrumentos que permiten el intercambio de información.
Mediante la transposición de la Directiva 2011/16/UE del Consejo de 15 de febrero de 2011 relativa a la cooperación administrativa en el ámbito de la fiscalidad y por la que se deroga la Directiva 77/799/CEE, dirigida a dar un nuevo impulso a la asistencia entre las Administraciones tributarias de los Estados miembros y configurada como un instrumento para superar los efectos negativos de la creciente internacionalización de los mercados, realizada parcialmente a través del Real Decreto 1558/2012, de 15 de noviembre, por el que se adaptan las normas de desarrollo de la Ley 58/2003, de 17 de diciembre, General Tributaria, a la normativa comunitaria e internacional en materia de asistencia mutua, se establecen obligaciones de información sobre bienes y derechos situados en el extranjero, y se modifica el reglamento de procedimientos amistosos en materia de imposición directa, aprobado por Real Decreto 1794/2008, de 3 de noviembre (BOE 24 de noviembre), se refuerza la cooperación para la liquidación de tributos en la UE y sienta las bases para un amplio intercambio automático de información sobre numerosos tipos de rentas.
Esta Directiva resulta también aplicable al territorio de Gibraltar, permitiendo que España solicite información que pueda ser pertinente para la liquidación de los tributos”

domingo, 15 de marzo de 2015

Boletín nº 45/3 - "Paraísos" de andar por casa



Acontecimientos recientes han puesto a este pequeño país de candente actualidad y han mostrado, de paso, la determinación de su gobierno al reaccionar de forma inmediata para atajar cualquier atisbo de connivencia o permisividad con el delito del que se acusa a una entidad financiera del Principado. Como inciso necesario en el contenido que se desarrolla en el presente boletín, se publicó con fecha 13-03 la entrada al blog "Aprendiendo de los pequeños", más enfocada a la reflexión sobre las reacciones que han provocado la noticia  que la noticia en sí, suficientemente tratada por los medios (aunque con importantes sesgos tendenciosos en alguno de ellos, todo hay que decirlo) y aún en pleno proceso,, tanto de actuaciones como de información.. 
Como quiera que los sucesos ocurridos no afectan, en principio, a la política económica ni fiscal del país (sí, casi con toda seguridad, a su mapa bancario, pero eso ya es otro ámbito), ni a sus acuerdos de intercambio de información con terceros, podemos seguir exponiendo de la forma prevista algunas particularidades de Andorra como "paraíso cercano" 

¿Cómo estamos con Andorra?

Estamos habituados a escuchar el nombre de este país asociado a la divulgación de la noticia de que el personaje público Fulanito o Menganita ha decidido nacionalizarse andorrano para aliviar la carga impositiva que soporta sobre los pingües beneficios de su actividad deportiva, artística o similar, o bien cuando se publica en los medios que Zutanito tiene parte de su fortuna personal en una entidad andorrana. Sin embargo, aunque el decirlo cause extrañeza, Andorra NO ES un paraíso fiscal.

Empecemos por el principio: Andorra es un pequeño principado situado en los Pirineos, entre Francia y España, con una extensión de menos de 500 km. cuadrados, y algo más de 80.000 habitantes, entre los que hay un 35 % de españoles y menos de un 10 % de franceses. Políticamente, el país tiene la Jefatura del Estado compartida por dos co-príncipes: el Presidente de la República Francesa y el Obispo de la Seu d’Urgell, en España.

El pilar fundamental de la economía andorrana es el turismo, recibiendo una media de 11 millones de visitantes al año. Otras actividades menores como la agricultura, en especial el cultivo de tabaco, la ganadería y algunas pequeñas industrias de transformación (cigarrillos y muebles), completan su balanza de pagos. La situación económica ha sido tradicionalmente excelente, ostentando además el nivel de desempleo más bajo del mundo (técnicamente igual a cero).

Andorra fue durante muchos años un refugio seguro para los capitales de las clases más acaudaladas sólo habitantes de zonas cercanas (ya que no dispone de aeropuerto ni autopistas para llegar a ella), en gran medida por su estabilidad y su alto nivel de secreto bancario enfocado a proteger a sus residentes, es decir, Andorra era algo así como un paraíso fiscal local para aquellos españoles (en particular, catalanes y, en menor medida, aragoneses o madrileños) o franceses que buscaran un refugio financiero libre de incertidumres políticas. Los recientes cambios legislativos han erosionado sin embargo seriamente su confidencialidad, especialmente para los residentes en la Unión Europea. Si a esto se suma la rigidez de la legislación andorrana en relación a la constitución de sociedades, la poca flexibilidad administrativa y los altos costes de formación, se puede decir que Andorra no es hoy por hoy una jurisdicción que ofrezca especiales atractivos, excepto para quien esté dispuesto a trasladar su residencia allí, a no ser que se consideren paraísos fiscales por sistema todos los países en los que sea menor la carga impositiva o el marginal del impuesto sobre la renta, en cuyo caso, ya dentro de la UE, hay unos cuantos. . 

En Andorra no existen leyes especiales ni un régimen offshore diferenciado para las sociedades o la banca por lo que no es un paraíso fiscal al uso. No existen sociedades offshore o International Business Companies (IBC’s) en Andorra, pero la inexistencia de impuestos directos permite a las empresas registradas en el Principado disfrutar de condiciones muy similares a las existentes en otros paraísos fiscales. No obstante, la constitución de empresas es lenta y burocrática, es necesario desembolsar el capital social totalmente y hasta hace poco existían numerosas trabas a la inversión extranjera, lo que era sólo parcialmente eludible mediante la implicación de un residente actuando como “prestanombre”, que es como se llama localmente al accionista fiduciario pero esto complica y encarece los trámites además de no solucionar por completo el problema de la inseguridad jurídica, en un país que, además, no reconoce la figura del trust.

Realmente, las sociedades establecidas en el Principado normalmente no son un vehículo adecuado para el comercio con la UE, debido a las restricciones que se les aplican y sólo han sido usadas tradicionalmente en operaciones triangulares, en donde se establecía la sociedad operativa en un país que daba un trato favorable a los dividendos (como Malta, Chipre o algunos países del Este de Europa), pudiendo recibirse estas remesas libres de impuestos en el Principado, donde quedaban a buen recaudo y protegidos por el secreto bancario. Porque, ciertamente,  se podría decir que Andorra más que un paraíso fiscal es un paraíso bancario. El sector consta de tan sólo 5 entidades y gestiona recursos por alrededor de 25.000 millones de euros al año, lo que de una idea de su importancia. La mayor parte del capital está en manos de ciudadanos y grupos financieros locales, aunque existen también participaciones minoritarias de intereses franceses y sobre todo españoles.

Los bancos del Principado aplican políticas muy conservadoras, lo que hace que tengan ratios de solvencia muy elevados, que duplican a los de los bancos europeos. Hasta hace poco, también destacaban por su alto nivel de secreto bancario que ha quedado sin embargo seriamente recortado con la aprobación de la “Ley de intercambio de información fiscal”, de septiembre del 2009, que abre la posibilidad de revelar secretos bancarios en el caso de evasión fiscal, siempre y cuando el país que curse la solicitud tenga firmado con el Principado un convenio sobre doble imposición. Si bien no se trata de un intercambio de información automático, sí permite facilitar información a demanda y para casos concretos.
En resumen, Andorra es hoy especialmente desaconsejable para ciudadanos de la UE, países miembros de la OCDE o aquellos con convenios sobre doble imposición, si bien Andorra no tiene convenios de doble imposición, aunque algunos están en negociación, por ejemplo con España.
¿La hora de hablar de Andorra?

En su relación con España, Andorra nunca ha sido motivo de especial preocupación fiscal salvo por la incidencia del contrabando (con un alto componente de su destino doméstico e individual) de tabaco (de excelente calidad el andorrano, a decir de los expertos), licores y pequeña electrónica de consumo; no así en lo referido al posible uso del principado para blanquear capitales ilícitos ya que las autoridades andorranas han ejercido siempre una vigilancia extrema en este asunto hasta el punto de que basta acudir a las hemerotecas para comprobar que en casos en que ciudadanos españoles han pretendido usar Andorra para estos fines han sido las propias autoridades andorranas quienes han advertido del hecho a las españolas. Curiosamente ha saltado estos días la noticia de que las autoridades andorranas han intervenido uno de sus 5 bancos en el mismo momento que se ha conocido la acusación genérica de EEUU de que había facilitado el blanqueo de capitales por parte de mafias rusas, chinas y otras. Sin prejuzgar la necesaria investigación que depure responsabilidades, contando los 60 días que tiene el banco para poder demostrar, en su caso, que la acusación no sea veraz, llama la atención que determinados medios españoles hayan presentado la noticia sólo en relación con algunos depositantes públicos catalanes actualmente en trámite de investigación y no en relación de las mafias a que se refiere la acusación de EEUU, activas en España (sus bancos no han sido intervenidos) y desde donde salían parte de los fondos depositados en Andorra. En cualquier caso, de confirmarse, afecta (y es grave, no lo olvidemos) a una entidad, no a todo el país. ¿O acaso la sanción a un banco español en tema de blanqueo de capitales (que las ha habido) salpica a toda España? En temas tan serios no es bueno mezclar la política, y mucho menos la partidista y la aparición de un caso grave, como el citado, que afecta a una entidad, no varía el análisis que estamos efectuando del territorio.y de su consideración por España.

Otra cosa muy diferente han sido los capitales depositados en Andorra, no con la intención de evadir el fisco en su mayoría, sino simplemente con la de depositarlos en algún sitio más seguro que la España convulsa de los años de lucha por el Alzamiento, su triunfo y la autarquía posterior; posiblemente no criminalizando esta actitud con sesgos demagógicos  y políticos de orden puramente interno en los diferentes gobiernos de la democracia se hubiera conseguido regularizar mucho antes situaciones aún hoy no resueltas.

Tarde, muy tarde, pero España empieza a moverse con Andorra. De todas formas, según el Proyecto de Ley de modificación del IRPF, publicado en el Boletín Oficial del Congreso de los Diputados del 6 de agosto de 2014, España dejó de considerar a Andorra paraíso fiscal por “haber llegado a un acuerdo sobre intercambio de información fiscal”.