domingo, 15 de marzo de 2020

Trabas a la Memoria.

En estos días extraños, difíciles, duros y confusos en los que es obligado el necesario 
confinamiento/cuarentena en casa como única manera de luchar contra la propagación de 
una sorpresiva y repentina pandemia sanitaria causada por un virus desconocido que, de 
momento, ha conseguido poner patas arriba la economía, la movilidad de las personas, el 
deporte, ¡las misas!, los servicios, etc. de todo el mundo, en un parón generalizado e 
impensable de todo tipo de actividad, una de las pocas distracciones que quedan es acudir 
al "baúl de los recuerdos". De todos. Y hoy...

Recuerdo que cuando yo era muy niño y en casa se hablaba, por cualquier motivo, de mis 
tíos, los hermanos de mi madre, siempre salía por parte de mi madre la mención, que a los 
oídos infantiles acababa sonando como una intrascendente muletilla, al tío Manuel “que 
mataron en la guerra” (nunca, ni una sola vez, que recuerde, “murió”, sino, precisando, “lo 
mataron”). Y ni una palabra más. Nunca. Y la mirada se le iba al cuadro colgado en lugar 
preferente, con las fotos ampliadas y retocadas de los primeros planos del tío Manuel y la 
abuela Manuela, ambos ya sin hacernos compañía.  

Ya con diez u once años, me fue picando en serio la curiosidad por saber los pormenores de 
ese hecho y es cuando pude empezar a darme cuenta de que, pese a que la guerra (in)civil 
entre españoles había acabado formalmente hacía más de veinte años, el miedo y la 
prudencia extrema (“por si acaso, nunca se sabe”) dominaban sin ambages las 
expresiones/reacciones de todos los que, de una u otra manera, estaban o habían estado 
vinculados al bando de los declarados como “vencidos”. Y así descubrí el sólido y espeso 
muro de silencio, incluso ante miembros de la familia, construido alrededor del caso del tío 
Manuel y sus circunstancias. 

Como en una novela de suspense en la que se ha de estar atento a todos los detalles para 
seguir razonablemente la trama, a partir de cuchicheos y medias palabras sueltas de unos y 
otros, uniendo trozos, conseguí saber que mi tío fue fusilado, en Málaga, por las tropas 
franquistas. Ya con más años al preguntar de qué se le acusaba, cuándo fue juzgado y por 
qué lo fusilaron y dónde, la respuesta sincera y dolorosa es que esas son cosas que nunca 
se supieron. Ese confuso desconocimiento fue, junto a otras causas seguramente, según me 
dijeron, el factor decisivo en la aceleración del deterioro físico y psíquico de la abuela 
Manuela, que nunca entendió/aceptó los porqués de la falta de su hijo.

Más adelante me llegó la información de que la posible causa de su asesinato oficial era, 
quizá, su reciente admisión como guardia de asalto1 huyendo de la pobreza y su traslado a 
Málaga junto a su hermano Antonio, que hacía años que pertenecía al Cuerpo. Este hecho, 
el de que estuviera en ese trance con su hermano, que resultó sano y salvo, alimentaba la 
hipótesis de que éste podría proporcionar información, datos, que aportaran luz al enigma 
familiar; la sorpresa fue que preguntarlo fue como topar con una tumba sellada. Jamás dijo a 
nadie (incluido su entorno cercano) ni una palabra sobre esos días aciagos y se llevó consigo 
todo cuanto sabía.
O sea, que se sabía que el tío Manuel había sido fusilado en Málaga por los franquistas, y 
nada más. Había que dejar de investigar y eso a pesar de que el Conjunto de principios para 
la protección y promoción de los derechos humanos incluye el siguiente principio: Principio 4. 
El derecho de las víctimas a saber. Independientemente de las acciones que puedan 
entablar ante la justicia, las víctimas y sus familias tienen el derecho imprescriptible
conocer la verdad acerca de las circunstancias en que se cometieron las violaciones, y en 
caso de fallecimiento desaparición, acerca de la suerte que corrió la víctima. (el subryado es 
nuestro) Pero, además, ¿dónde investigar en aquel clima político/social? Tuvieron que pasar 
siete largas décadas de paz y silencio impuesto desde que ocurrieron los hechos para que, 
poco a poco, se fuera difuminando el miedo (que, en realidad, seguía existiendo, “por si 
acaso, nunca se sabe”) y algunos se atrevieran a hablar (sólo hablar) de ellos, por supuesto 
sin pedir asunción de responsabilidades, en un ejercicio que para algunos otros, 
casualmente, ideológicamente, del bando de los vencedores en la guerra o próximos a él, no 
es sino “reabrir heridas” (los cirujanos saben de sobras que la condición necesaria para que 
una herida se reabra es que no esté bien cerrada. A buen entendedor… ) y, paralelamente, 
salen tímidamente a la luz los resultados de investigaciones “debidamente autorizadas2”, 
realizadas a la chita callando como la publicada por la Revista Jábega3, poco difundida, en 
su número 23, de 1978.

Y ahí, en ese documento, figuraba: Manuel Ruiz Arador fue fusilado, junto con una treintena 
de otros infortunados (hay días que registran el triple de esa cifra en el número de 
fusilamientos), el día 15 de marzo de 1937 (hoy hace años exactos). Tener esa información y 
lanzarse a buscar antecedentes documentales ¿Dónde? ¿Por qué, oficialmente? 
(acusaciones, sentencia, certificado de defunción,… ) fue todo uno, para nada a la postre, 
por no existir, haber desaparecido o ser de acceso imposible los archivos, pese a que 
Amnistía Internacional, en su informe/denuncia de marzo de 20064 Víctimas de la Guerra 
civil y el régimen franquista: el desastre de los archivos, la privatización de la verdad expone 
que “La conservación de los archivos y el acceso a los mismos es por tanto un elemento 
fundamental cuando se trata de reparar los daños sufridos por víctimas de crímenes contra 
el derecho internacional y establecer la verdad sobre lo sucedido. Cuando se conservan, 
contienen información esencial para determinar con detalle las circunstancias en las que se 
llevaron a cabo los crímenes, tanto individual como colectivamente, y son fuente insustituible 
para la investigación y para certificar, en el caso de las víctimas individuales, las situaciones 
que hacen acreedoras a ellas o a sus familiares de algún tipo de reparación”. Nada.

Dice Francisco Espinosa, presidente de la Asociación contra el Silencio y el Olvido, por la 
recuperación de la Memoria Histórica de Málaga, a cuyo padre lo fueron a buscar a su casa 
para fusilarlo "por marxista", que lo que menos importaba eran los motivos del arresto y cita 
el caso de la fusilada Carmen Triviño, una chica de 18 años que era costurera o los maestros 
de escuela o las personas qué mataron por tener ideas diferentes y en cuanto al certificado 
de defunción, si se indica: «muerte por herida de arma de fuego» o «encontrado en los 
alrededores del cementerio de San Rafael». Entonces se trata de un ejecutado. Antes de 
llegar a eso está el consejo de guerra, donde lo detienen, lo acusan y lo condenan. 
Intentamos recuperar toda esa documentación. Hay veces que tenemos que contactar con 
los juzgados de Sevilla o Almería. Luego hay archivos privados. En algunas parroquias puede 
ser que quede algo. En archivos históricos como el de Salamanca o en el Archivo Histórico 
de la Guardia Civil hemos sacado datos de carabineros que fusilaron. Es un trabajo de 
investigación importante.
Llama la atención que ese oscurantismo sólo se dé en un bando; precisamente en Málaga, 
entre los sublevados, todas aquellas personas que perecieron, así como las circunstancias 
que envolvieron los hechos, están rigurosamente registradas a partir de 1937. Citaremos: 
Cementerio de San Miguel. Datos relativos a las inhumaciones efectuadas en este 
cementerio de personas que murieron violentamente en Málaga desde el 18 de julio de 1936 
al 8 de febrero de 1937. "Relación de víctimas de la dominación marxista en Málaga" 
(explica quién le detuvo, ideología, dónde fue muerto, etc.). "Treinta semanas en poder de los 
rojos". Padre Tomás López. Sevilla, 1938, contiene la relación de sacerdotes que también se 
encuentra en el "Boletín Oficial del Obispado". 1937. "Avance del informe oficial". Málaga, 
1937: Nombres de los que fueron sacados de la cárcel de Málaga. Esta misma referencia 
en: "Mi diario entre los mártires". F. Lluch F. Valls. Otra enumeración de víctimas en "Sangre 
y fuego en Málaga". Ángel Gollomet y José Morales. Granada, 1937. En este mismo año se 
funda "La Comisión Pro-Víctimas del Marxismo" que efectuó una importante labor en este 
sentido, y tenemos también en nuestro poder la respuesta de todos los pueblos de Málaga 
a una circular enviada por el Gobierno Civil sobre los muertos en las respectivas localidades. 
Dicho documento es muy completo, pues enumera profesión, edad, familia, ideología, etc.
La más amplia información se halla en  "Caídos por Dios y por la Patria en la provincia de 
Málaga", dividida en fallecidos en el frente o en la retaguardia, etc., etc. (Revista Jábega, 
número 23)  

Para analizar los hechos, hay que recordar que Málaga y buena parte de su provincia se 
habían mantenido en el bando republicano desde el inicio de la Guerra Civil, aunque las 
milicias y comités obreros se habían hecho con el control de la zona. Ya durante la República, 
Málaga se había caracterizado por la fuerza del movimiento obrero, en especial de la CNT y 
del Partido Comunista de España (PCE). Una vez que los sublevados lograron levantar el 
sitio de Granada en agosto de 1936, Málaga quedó en un casi total aislamiento. Así, desde 
el 18 de agosto Málaga se convirtió en una especie de península republicana rodeada del 
territorio sublevado, aunque unida a su zona por un estrecho pasillo que invitaba a ser 
estrangulado. La toma de Málaga por los sublevados fue una ofensiva de principios de 1937 
lanzada por una fuerza combinada del propio bando sublevado y los italianos del Corpo 
Truppe Volontarie. La participación de regulares marroquíes y tanques italianos llevó a la 
retirada de los republicanos y la capitulación de Málaga en menos de una semana. La caída 
de la ciudad produjo uno de los mayores éxodos de civiles en la Guerra Civil, eclipsado por 
la posterior Masacre de la carretera Málaga-Almería.

Sin embargo, sigue siendo este episodio de la carretera un tema poco reconocido fuera de 
Andalucía. Mientras Gernika, donde apenas murieron 200 personas, se erigió como símbolo 
de la barbarie de la guerra, la masacre de la carretera de Málaga-Almería no empezó a t
ratarse, en ámbitos académicos, hasta la década de los 80. Antes, de esto sólo se hablaba, 
si se hablaba, de puertas para adentro en las familias que lo vivieron. La historiadora Maribel 
Brenes, después de años buceando en los archivos militares y civiles asienta en casi un 
tercio de millón la cifra de desplazados. La crueldad con la que se emplearon las tropas 
franquistas, apoyadas por los italianos y los alemanes, en aquella carretera, sabiendo que 
eran civiles que huían quienes recibían los proyectiles, no tiene igual. Un preludio de lo que 
pocos años más tarde se viviría en toda Europa.
 
A continuación de la toma de Málaga tuvo lugar una de las represiones más duras ocurridas 
en la Zona sublevada desde la toma de Badajoz en agosto de 1936, cimentada sobre los 
2.500 muertos que había habido durante los primeros meses de la guerra bajo 
responsabilidad republicana, así como la destrucción de iglesias y el saqueo de las viviendas 
de la burguesía y la aristocracia malagueñas. En la ciudad quedaron miles de simpatizantes 
republicanos y militantes de izquierda de los que, en su mayoría, fueron fusilados de 
inmediato, muchos sin juicio previo, y otros tras brevísimos juicios a cargo del consejo de 
guerra recién establecido tras la conquista de la ciudad. El hecho de que numerosas 
personalidades republicanas hubieran huido de la ciudad por la carretera de Almería no fue 
un problema para las nuevas autoridades, pues está documentado que las represalias 
también alcanzaron a sus familiares que se habían quedado en Málaga. Uno de los fiscales 
de Málaga encargados de los procesos sumarísimos fue Carlos Arias Navarro, por entonces 
un joven abogado que había pasado seis meses en la cárcel de la ciudad.

Es quizá con personajes como Arias Navarro como se ven algunas miserias de esa guerra 
(in)civil y la talla moral de algunos. Abogado de profesión, Carlos Arias es destinado a Málaga 
como fiscal en 1933 cuando ya estaba proclamada la República en España. Tres años 
llevaba, pues, en su lugar de trabajo, cuando aquel 18 de julio sus correligionarios se 
sublevaron en armas contra la República. Debido a sus ideas y a su afinidad con los 
sublevados, fue sustituido del cargo de fiscal y, para evitar su detención y poniendo en 
marcha su avispado cerebro, pensó que para seguir manteniéndose en territorio hostil, la 
mejor manera era la de unirse al enemigo, por lo que, anteponiendo su odio visceral a otras 
corrientes ideológicas que no fueran las que él consideraba puras, meditó que la forma más 
segura de subsistir en zona roja era tiñéndose con disfraz de anarquista aunque en realidad 
se dedicaba a realizar periódicamente transmisiones de radio a sus compañeros en Sevilla, 
que informaban a Queipo de Llano (acontecimientos en la ciudad, actividad portuaria y 
objetivos para ser bombardeados), por lo que el general sabía de muchos de los movimientos 
que se desarrollaban en Málaga.

Cuando se vio en peligro porque tuvo la fatalidad de ser reconocido en su labor de 
información por un grupo de milicianos anarquistas. le pidió ayuda a un amigo republicano, 
que lo mantuvo escondido en un pueblo cercano pero en diciembre de 1936 es descubierto; 
detenido por un grupo de milicias y conducido a Málaga donde está brevemente en prisión 
pues un amigo republicano/anarquista intercede por él y es puesto en libertad, 
desapareciendo hasta febrero de 1937, inicio de la represión. Hay que decir que quien lo 
escondió cuando estaba en peligro, el propietario de la casa donde se refugió en el pueblo y 
quien intercedió por él, fueron condenados a muerte y fusilados sin que él, como capitán 
honorario adscrito al cuerpo jurídico militar del ejercito franquista (el que firmaba las 
sentencias), moviera un sólo dedo para salvarlos5.

Arias Navarro, este singular personaje, que ostentó el título de marqués, llegando a ser 
nombrado gobernador civil de León en 1944, director general de Seguridad en 1957, alcalde 
de Madrid en 1965 y presidente del Gobierno al final de la dictadura franquista, que con tanta 
pena lloró la muerte del dictador en TVE, es conocido en la capital andaluza con el apodo de  
Carnicerito de Málaga, calificativo escogido por la facilidad con que le daba trabajo a los 
sepultureros con los cuerpos de los indeseables para con el Glorioso Alzamiento Nacional.
 
Volvamos al tío Manuel. Con lo expuesto hasta ahora queda atendido (que no solventado) el 
porqué y el quién (aunque no se descienda a los hoy “apacibles abuelitos”, en su día 
voluntarios – cuya actitud no califico – que se apuntaban a formar los pelotones de 
ejecución)  y permanece la pregunta ¿dónde? Tiene fácil respuesta en ese escenario, ya que 
consta que miles de republicanos fueron fusilados ante la tapia del cementerio, y 
posteriormente enterrados en fosas comunes. Así, en el antiguo Cementerio de San Rafael 
(actualmente Parque de San Rafael, en el barrio de Hunilladero) se habría hallado el mayor 
conjunto de fosas comunes de la guerra, conteniendo los restos de 4.500 personas. Diversas 
investigaciones revelan un cómputo de 4.471 fusilados, muchos de los cuales, registrados 
en primera instancia en San Rafael, fueron trasladados a otros lugares, entre los que podría 
figurar el Valle de los Caídos (en el Valle afirman que sólo recibieron una “remesa” con una 
veintena de cuerpos). Las ejecuciones llevadas a cabo en el antiguo cementerio no son 
atribuibles sólo a la guerra sino a una estrategia de represión calculada puesto que se 
prolongaron durante más de dos décadas, según se desprende de las excavaciones, que 
fechan inhumaciones que van desde el mes de febrero de 1937 al mes de mayo de 1957. 
Por tanto, las fosas comunes, y su cotejo documental, demuestran que las ejecuciones se 
dilataron más allá del fin de la contienda, aunque de manera cada vez más dosificada. 
Buena parte de los restos corresponde a la primera etapa de la represión. Las semanas 
posteriores a la toma de Málaga fueron las más cruentas. La investigación recoge la 
eliminación de 3.002 personas en 1937 en lo que respecta únicamente en el cementerio. Los 
enterramientos de 1937 destacan por la masificación y la urgencia de las aniquilaciones, que 
no repararon, ni siquiera, en confiscar los bienes que portaban los fallecidos. En las 
sepulturas se ha inventariado una ingente cantidad de objetos personales, de naturaleza tan 
distinta como crucifijos, monedas o peines. 

Las excavaciones han detectado la existencia de dieciocho fosas, en un caso único en 
España, no solo por el número de restos óseos exhumados y estudiados por técnicos 
cualificados, sino también por haberse decidido la construcción allí de un monumento en 
memoria y homenaje a los fusilados. La tapia donde se produjeron los fusilamientos ha sido 
conservada como recuerdo de los hechos y el panteón donde están depositados los restos, 
en cajas individuales, está cubierto por una gran pirámide de mármol en la que se han 
grabado los nombres de las más de 4100 personas que fueron fusiladas y cuyo nombre se 
conoce. Como Manuel Ruiz Arador.
 
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1La Guardia o Cuerpo de Asalto fue un cuerpo policial creado durante la Segunda República con el objetivo de disponer de una fuerza policial para el mantenimiento del orden público y que fuera de probada fidelidad a la República. Tuvo una destacada e intensa actividad durante toda su historia, especialmente durante algunos hechos de la guerra (in)civil. Durante el golpe de Estado de julio de 1936 la fidelidad y actuación de los Guardias de Asalto fue fundamental en muchos sitios para que fracasase el golpe y por ello gozó de prestigio entre la población de la zona republicana. Ya avanzada la guerra, el Cuerpo de Asalto se convirtió en la élite del nuevo Ejército Popular. El escritor George Orwell lo reflejaba en una de sus obras más destacadas, Homenaje a Cataluña:
“Eran unas tropas magníficas, con mucha diferencia las mejores que yo había visto en España (...) Yo estaba acostumbrado a las andrajosas y mal armadas milicias del frente de Aragón, y no sabía que la República poseyera tropas como aquellas. No sólo eran hombres de unas condiciones físicas excepcionales, sino que lo que más me asombraba eran sus armas... .”
 
2“El documento fue elaborado por el cronista de la villa, con permiso oficial, y recoge aquellos que de acuerdo a la legalidad vigente fueron fusilados o agarrotados.... Creemos muy importante esta aportación histórica, obra del cronista de la villa, pues junto a las pérdidas nacionalistas, ya conocidas, se configura un cuadro completo de puntos que precisamente por su dramatismo exigen la mayor rigurosidad y justeza.”

3Revista cultural editada por el Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga. Fue fundada en 1973 y está dedicada a la historia, la economía, la sociología, la geografía, el arte, etc. relacionados con la provincia de Málaga y con Andalucía en general.

4Pese a que la Ley de Memoria Histórica (Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura) es posterior, ya se alzaban voces autorizadas exigiendo reparaciones (sobre todo, morales, ya que las penales, de sobras conocidas, gozaban de protección e impunidad) a las víctimas. Aún así, hasta la fecha no ha sido adoptada ninguna medida legislativa que pueda facilitar la nulidad de las condenas a muerte dictadas tras juicios injustos y de manera sistemática el Ministerio Fiscal se ha opuesto a la revisión de los mismos.

5Documental "A sangre y fuego", declaraciones de Cristóbal Criado Moreno, Medalla de la Ciudad de Málaga, y, del propio Cristóbal Criado Moreno. "El PCE que viví en Málaga"

domingo, 8 de marzo de 2020

En el Día de la Mujer.

Otra vez 8 de marzo. Y otra vez a escuchar perplejo en esta fecha la falaz cantiinela cantarina 
(con seguridad inocentemente bienintencionada) de “feliz día de la mujer” como si la fecha 
fuera una fiesta. ¿Feliz? ¿Qué se celebra? ¿Por quién? Porque, según la web especializada
feminicidio.net, sólo en lo que llevamos de este año 2020, del que aún no ha transcurrido ni 
un trimestre, en lo que, a la postre no es sino un macabro recuento, que para algunas 
instancias no son sino meras cifras estadísticas, se han registrado en nuestra España 22 
asesinatos de mujeres a manos de hombres, y la cifra se sitúa en 1.107 muertes (más que 
ETA en toda su historia) desde el año 2010 (y creciendo) en que se empezó a contabilizar 
este desdichado y dramático fenómeno. ¿De verdad es "feliz" y para celebrar? 
 
 
 
¿O quizá se celebran los “festejos” de una violación en grupo, tan habitual últimamente que 
ya los medios la tratan como algo “normal”, asépticamente? Y no cambia esa indiferencia 
ante la salvajada añadida de que la víctima sea menor de edad, se la drogue, “no ofrezca 
suficiente resistencia”, se graben y divulguen las imágenes de la agresión o los violadores 
(confesos, no presuntos) sean “dignos servidores de las fuerzas y cuerpos de seguridad del 
Estado”, a los que, en principio, se les mantiene, además, oficialmente el puesto. 
 
¿O la percepción, con la connivencia de algunos poderosos (¿cómo si no?), de que la mujer 
es un simple objeto, una mercancía inanimada con la que se puede traficar? 
 
Por no hablar de las desigualdades sociales causadas por el género, es decir, que el colectivo 
de los hombres tiene privilegios (económicos, sociales, etc.) por encima del de las mujeres, 
despreciándose los derechos de este último. Con el movimiento feminista (“feminazi” dicen 
algunos – y algunas - “iluminados”) y su sacrificio (precisamente el 8 de marzo se recuerda 
que ese día de 1908 se asesinaron 146 obreras de la fábrica Cotton de Nueva York) se inició 
un proceso de reconocimiento de las aportaciones de las mujeres a la sociedad aunque la 
verdad es que el reconocimiento formal de derechos no ha ido necesariamente acompañado 
de una mejoría de la situación de las mujeres hacia la igualdad. Se considera que incluso en 
los países llamados “desarrollados” existe una brecha entre los derechos e igualdades 
expresados formalmente y los reconocidos realmente ya que impera un sistema cultural, el 
patriarcal, que concede todo el protagonismo al hombre..

En este escenario, sin que desde hace años no se haya registrado ninguna iniciativa legal (o 
muy tímidas como la lanzada a bombo y platillo bajo el lema de "Sí es sí" - ¿Sí coaccionado es 
sí? -, aún pendiente de lo que se prevé que será un agrio debate parlamentario), normativa o 
social para acabar con esta lacra en todas sus facetas, sólo se repiten una y otra vez, casi 
como si se tratara de una rutina mecánica, las manifestaciones de repulsa y condena de la 
salvajada de turno cometida contra una mujer; la gran mayoría de los asistentes a estas 
muestras de dolor/indignación son mujeres, como si estuviéramos ante un problema que sólo 
afecta a ellas y no a la sociedad en su conjunto o… (y aseguro que no es un chiste fácil; es 
algo muy serio) los hombres se han quedado en casa esperando a que la mujer, cuando 
vuelva de la manifestación, le haga la cena. 
 
 
  Y es que el componente social, la costumbre patriarcal “normal”, pesa, deja su huella y es 
dificilísimo cambiar. Hace unos días, coincidiendo en el tiempo, el excelente por otra parte, 
tenor y director de orquesta español Plácido Domingo y el productor cinematográfico Harvey 
Weinstein fueron protagonistas de titulares. El primero aceptando “toda la responsabilidad” 
por acoso sexual y abuso de poder contra numerosas mujeres, en su mayoría cantantes 
líricas a sus órdenes, sólo después de que una investigación del sindicato estadounidense 
que representa a los artistas de ópera concluyera que Domingo había incurrido en conductas 
"inapropiadas". El segundo, durante años la figura todopoderosa de la producción de 
películas en Hollywood, fue declarado culpable de violación y delito sexual por un jurado de 
Nueva York, acusaciones que podrían acarrear a Weinstein una condena de hasta 29 años 
en prisión.

Precisamente a raíz del caso Weinstein, cobró fuerza el movimiento #MeToo (yo también), 
que aprovechando la notoriedad de las figuras involucradas en él, declarando como víctimas, 
y la popularidad de la industria del cine, se ha convertido en un formidable agitador de 
conciencias. También en un punto de inflexión en la lucha contra los abusos sexuales y, en 
particular, contra aquellos que se producen al amparo de estructuras de poder en las que 
quienes ocupan los escalones más altos se han creído facultados para obrar a su antojo, 
despreciando la dignidad de quienes estaban a sus órdenes.

El caso Domingo y el caso Weinstein nos indican que estamos asistiendo a un forzado 
aunque auténtico y muy positivo cambio social. Uno y otro afrontaron los primeros compases 
de sus respectivos casos negando o atenuando las acusaciones recibidas. Pero estas 
negativas demostraron tener corto recorrido, prueba de lo cual es, en el caso de Domingo, la 
cancelación en cascada de sus actuaciones contratadas sin esperar el resultado de 
investigaciones (claro que también la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz 
Ayuso, del PP, o la portavoz parlamentaria del mismo partido, Cayetana Álvarez de Toledo 
-¡mujeres!-, le hicieron costado y lo defendieron, incluso después de su reconocimiento 
público de los hechos) . A medida que los testimonios adversos se acumulaban, a medida 
que las investigaciones en curso iban revelando su sangrante veracidad, los primeros 
desmentidos se fueron desvaneciendo, según dejaban paso a la asunción, más o menos 
explícita, de culpas. Se trata de casos particulares, sí. Pero, a la vez, de enorme 
trascendencia. Porque la visibilidad de ambos personajes es global. Y porque la ejemplaridad 
de las reprobaciones o condenas que uno y otro tengan que afrontar da una dimensión y un 
eco extraordinarios a sus respectivas historias. 
 
 
 
La gravedad de un caso y otro es distinta, pero ambos se inscriben en un tipo de conducta 
en el que concurren el abuso sexual y de poder. Son conductas que de antiguo se han 
reproducido en los más diversos ámbitos laborales, también en los relacionados con la 
industria del espectáculo. Y que, sin embargo, se perpetuaron siendo un secreto a voces, 
sin consecuencias penales para quienes cometían las ofensas y lo asombroso es que 
para un amplio sector de la opinión pública Domingo Y Weinstein aparecen como "afectados" 
cuando las realmente afectadas son las víctmas.

En el caso del tenor sorprende que, si inicialmente había justificado las agresiones como 
algo debido a los cambios culturales, achacándolas a que, según él, ahora se ve como 
reprobable lo que, cuando sucedió, no lo era, negándolas incluso, cuando se publicaron los 
resultados de una primera investigación del sindicato estadounidense que representa a los 
artistas de ópera por la que Plácido Domingo acosó sexualmente a mujeres y abusó de su 
poder, al menos durante dos décadas (no era un error humano puntual), cuando ocupaba la 
dirección de la Ópera Nacional de Washington y la de Los Ángeles, haya mostrado su respeto 
por sus compañeras de profesión, que en agosto de 2019 hablaron de lo ocurrido. "Entiendo 
ahora que alguna de esas mujeres pudieran tener miedo para expresarse honestamente 
porque les preocupaba que sus carreras se vieran afectadas".  
 
¡Ay, los cambios culturales! El argumento de la cultura, la costumbre o la tradición se convierte 
en coraza ante casi todo. Hace unos años, unas personas de la clase política, sensibilizadas 
por los escollos que encuentra la mujer día a día y en todos los ámbitos, decidieron usar en 
sus manifestaciones públicas lo que se dio en llamar lenguaje inclusivo, es decir, que se 
dirigían, por ejemplo, a los ciudadanos y las ciudadanas que los escuchaban, y así todo, 
dando visibilidad a la invisibilidad (valga el casi retruécano) de la pobreza y sesgo de los 
términos en femenino en la lengua, cuestión endémica e instintivamente asumida como 
normal en el orden cultural.

No hace falta decir que tal iniciativa fue objeto de chanzas, la mayoría con un indisimulado 
trasfondo político partidista, de “puristas de la lengua” que, sin embargo, no entraban a 
debatir acerca de los motivos. Llegó a tal nivel el escarnio sobre el uso del lenguaje inclusivo 
que la Real Academia de la Lengua se vio en la necesidad de publicar su postura en los 
siguientes términos:

Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista 
lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso 
genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, 
sin distinción de sexos: Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto. La 
mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en 
el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad. La actual 
tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina 
va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por 
tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de 
concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos…. (los 
subrayados son nuestros)
 
Y remite al Diccionario panhispánico de dudas, donde amplía idénticos argumentos 
estrictamente lingüísticos olvidando que la lengua no es / no debe ser un corsé y está / debe 
estar abierta a los imparables y constantes cambios de la realidad social (y así es; a la 
aprobación continua de neologismos me remito). Así las cosas, en el verano de 2018, la 
Vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, pidió a la RAE un dictamen (que no puede ser 
vinculante) sobre la conveniencia o no de introducir el lenguaje inclusivo en la Constitución, y 
la Academia ha presentado este año 2020 un documentado Informesobre el  lenguaje 
inclusivo y cuestiones conexas” (de lectura recomendable) en el que, tras declararse 
“... totalmente contraria a cualquier tipo de sexismo, ya sea de mujeres o de miembros del 
colectivo  LGTBI.  Nuestra  Institución se halla en un proceso de renovación, lenta pero 
irreversible, en el que la mujer asumirá cuantitativa y cualitativamente un papel más 
relevante.” puesto que en la petición de la Vicepresidencia del Gobierno ya se hacía constar 
que “el lenguaje, como forma de expresión y comunicación, puede ayudar a construir una 
sociedad más respetuosa e inclusiva de todas las personas que conforman nuestra 
ciudadanía hace una encendida defensa de la validez de sus criterios técnicos, pese a que 
admiten que el sexismo es un componente cultural de larga continuidad histórica que tiene 
como principio la supremacía del varón sobre la mujer en todos los espacios de la vida.. 
 
 
  En base a ello proclaman que nuestra Carta Magna es gramaticalmente impecable, "tanto 
en 1978 como en 2020". Sin embargo, sí que se dedica un apartado del Informe a valorar 
como posible que se añada en el documento la palabra "Reina" como titular de la Corona, 
porque "el próximo Jefe del Estado tendrá previsiblemente sexo femenino", y que se 
incorpore "princesa", que actualmente no aparece en ningún momento. Otro apartado es para 
las "regulaciones" que podrían ser aclaradas en el caso de que se diese una reforma 
constitucional, con lo cual están certificando lo que niegan: que la lengua no es ajena a temas 
políticos y sociales. Sostiene Santiago Muñoz Machado, Director de la RAE, en la 
presentación del Informe que el masculino plural para referirse a mujeres y hombres no se 
debe a "una expresión de la superioridad del varón" ni es "androcéntrico", sino que responde 
a la herencia indoeuropea y es "incontestable en todas las lenguas" de la rama. Tal vez toda 
la frase queda incompleta frente a la realidad, y quizá, en espíritu, debería ser “el masculino 
plural para referirse a mujeres y hombres no se debe a "una expresión de la superioridad del 
varón" ni es "androcéntrico", sino que responde a la herencia indoeuropea formada sobre la 
superioridad del varón y por ello es "incontestable en todas las lenguas" de la rama, para 
perpetuar esa superioridad".

Que el lenguaje nunca ha sido un instrumento baladí (empezando, por ejemplo, al hilo de 
estas reflexiones, por lo de "hombre público" vs. "mujer pública") bien lo sabía ya, por ejemplo, 
Victor Klemperer, autor de 'LTI. La lengua del Tercer Reich', un libro imprescindible para 
entender cómo los nazis comenzaron a manipular el lenguaje como estrategia para imponer 
sus terribles ideas. “La resistencia a la opresión comienza por cuestionar el constante uso de 
palabras de moda”, escribió el filólogo sobre cómo se había dado cuenta de que los nazis 
habían empezado a usar con fuerza adjetivos como “combativo” o “fanático” tratados de 
forma positiva. La lengua es un arma política y lo ha sido siempre, para la izquierda y para la 
derecha, en ocasiones al servicio del poder y ahora se pretende que sirva a un grupo social 
desfavorecido como las mujeres.  El problema de fondo es que mientras se da esta batalla  
mediática no se dan otras reales como la de la brecha salarial, el techo de cristal u otras más 
graves como la violación o asesinato. Es como una maniobra de distracción bien orquestada 
para ocultar que sigue sin hacerse nada. Ojalá el próximo 8 de marzo me tenga que desdecir.