domingo, 10 de mayo de 2015

Hay que hacer que el dinero circule



Estos días, en que la campaña electoral que vivimos/sufrimos nos quiere hacer creer que la tan cacareada recuperación de la crisis es casi una verdad de Perogrullo obviando menudencias tales como la tasa de paro insufrible que aún nos azota, el creciente índice de pobreza, la miserable y consentida política laboral de contratos/salarios, etc., he redescubierto la validez de intentar aplicar una pizca de humor para (sin quitarle importancia y sin dejar de denunciarlos ni luchar contra ellos) desdramatizar aspectos de esa macroeconomía inyectándoles dosis de lógica cartesiana para desmontar lugares comunes.

Es un hecho que el mundo de la economía se nutre de frases epatantes, refranes, dichos ocurrentes, profecías variadas ... y fábulas, que representan la visión humorística del mismo y ayudan a entender el complejo día a día con situaciones y hechos reales o ficticios.

Sirva de ejemplo de estos "divertimentos pedagógicos" el relato curioso y esclarecedor que me ha venido a la memoria y que ha sido usado convenientemente en un pasado cercano, sobre “Cómo funciona realmente la economía”.

Caso de debate en sesudas sesiones de finanzas

Estamos en el mes de agosto en una pequeña ciudad de la costa, en plena temporada de visitantes, cuando inesperadamente cae una lluvia torrencial que hace que en pocos días la ciudad parezca desierta y con el negocio previsto volatilizado.
Además, como consecuencia de la crisis, ya hace tiempo que todos los habitantes y todos los negocios tienen deudas y viven a base de créditos.
Por fortuna, llega un ruso mafioso forrado de “plata” y entra en el único pequeño hotel del lugar. Pide una habitación, pone un billete de 100 euros en la mesa de la recepcionista y se va a ver las habitaciones.
El jefe de cocina del hotel agarra el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero.
Éste toma el billete y corre a pagar su deuda con el criador de cerdos.
El criador de cerdos sale corriendo para pagar lo que le debe al molino de piensos, de alimento para los animales.
El dueño del molino toma el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con María, la prostituta a la que hace tiempo que no le paga (en tiempos de crisis, hasta ella ofrece servicios a crédito).
La prostituta, con el billete en mano, sale disparada hacia el pequeño hotel donde había llevado a sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado, y le entrega el billete al dueño del hotel.
En este momento baja el ruso, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, toma el billete y se va.

Nadie ha ganado un euro, pero ahora toda la ciudad vive sin deudas pendientes y mira el futuro… ¡¡¡ con confianza !!!

Moraleja: “Si el dinero circula se acaba la crisis”.

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