lunes, 23 de mayo de 2016

Uso y abuso de "la historia" - (y 4) - Manipula, que algo queda.



Alasdair Antony Kenneth White es un psicólogo británico, más conocido por su trabajo en la gestión del rendimiento desde una perspectiva conductual que como psicólogo, que en 2009 revolucionó las teorías del mundo del trabajo con la aparición en su libro From comfort zone to performance management (Desde la zona de confort a la gestión del rendimiento), que se puede encontrar en edición de White & MacLean Publishing,  precisamente del entonces novedoso concepto, que consta en el título, de “zona de confort” que, en principio puede definirse como  un estado de comportamiento en el cual la persona opera en una condición neutral de ansiedad, utilizando una serie de comportamientos-rutinas para conseguir un nivel constante de rendimiento sin sentido del riesgo.

Desde su publicación, y pese al poco tiempo transcurrido, mucho se ha desplegado en torno a la zona de confort y su conexión con la actividad personal y con el aprendizaje (en éste por quedar realmente siempre fuera de lo conocido y representar el espacio donde se pueden aprender cosas nuevas), teniendo en cuenta para su relación con la actividad que la zona de confort puede convertirse en un límite a la existencia, el estancamiento y la renuncia a tomar iniciativas.

La zona de confort hace referencia a un área (física o mental) de nuestra vida donde nos movemos con seguridad, la conocemos “como la palma de la mano", sentimos que la controlamos y no corremos riesgos. Solemos obtener un buen rendimiento personal en ella, pues hemos ido conquistando su conocimiento a través del tiempo, no esperamos sorpresas y, para muchos, todo esto equivale a librarse de preocupaciones. La zona de confort podría ser el sofá del salón, la cama en la que descansamos, el rincón de lectura, nuestro barrio de siempre donde solemos hacer la compra y nos encontramos con los amigos el fin de semana, el puesto de trabajo que llevamos desempeñando durante más de 10 años, la comida deliciosa que tomamos en casa, preparada con cariño porque se sabe que es nuestra preferida o  el bar al que solemos ir cada sábado, es decir, el espacio de vida donde nos movemos y nos sentimos seguros, sin los sobresaltos de lo desconocido.
Pero no todo en la zona de confort es bueno. En la zona de confort tenemos cosas que no nos gustan pero siempre podremos decir “más vale malo conocido que bueno por conocer” tendiendo al conformismo y a convencernos de que “como en casa no se está en ningún lado”; también es una zona aburrida, sin cosas interesantes o sorpresas pero que nos ahorra muchas preocupaciones ya que fuera de la zona de confort esperamos encontrar muchas cosas malas: el peligro, el fracaso, el miedo, lo incierto, aunque intuyamos que también hay cosas buenas: lo inesperado, las oportunidades, las aventuras o las nuevas experiencias. Entre las cosas malas y las buenas, está la zona de aprendizaje y de gestión.

Pero alguien puede preguntarse: ¿y qué tiene que ver eso de la zona de confort con la historia, sobre lo que venimos reflexionando? Pues la respuesta es: mucho, aunque no lo parezca.

El análisis de la relación entre ambos conceptos nace de la evidencia que han encontrado los estudiosos acerca de que la zona de confort, que White proponía como de ámbito individual, se extiende al colectivo, y así se habla de una zona de confort representada en las tradiciones, geografía, historia oficial, costumbres, etc. que, curiosamente, es muy fácil de manipular pero muy difícil de cambiar ya que, como es sabido, la resistencia al cambio (y explorar más allá de la zona de confort la representa) es un fenómeno que se da tanto a nivel personal como a nivel organizacional. Y, como muestra, basta ver lo que cuesta luchar contra barbaridades tales como el toro de la Vega (no es la única), asumida como normal por determinado imaginario colectivo, insertado en su zona de confort, como si las salvajadas dejaran de serlo si hace tiempo que se permiten (otra cosa es que a algo así se le llame cultura oficial, lo que ayuda, indiscutiblemente, a su identificación dentro de la zona de confort ¿manipulación?).

Uno  de los factores que contribuyen a que cada uno se identifique con la zona de confort colectiva es el convencimiento, sobre datos ciertos o inducido, de que el marco convivencial ha sido SIEMPRE como ahora es conocido, que cualquier cambio es perjudicial para la persona y peligroso y que, en el futuro, SIEMPRE permanecerá así. Algo de eso pasa actualmente con el problema que tiene el gobierno de España con Catalunya; lo que inicialmente no pasaba de ser una exigencia de revisar el modelo de relación y que, sin profundizar en conocer y gestionar las razones que provocaban el desapego, el gobierno convirtió en lo que no era: una declaración de independencia (y que, para justificar que era así, no ha cesado en llevar a cabo acciones de creación de independentistas ¿para demodtrar que existen y justificar así una política de intolerancia?) que afectaba a la zona de confort de todos los ciudadanos del resto de España con graves consecuencias para todos ellos. Bien mirado, es difícil argumentar que una posible separación de Catalunya de la actual España sea lesiva a los intereses de un ciudadano de Castuera, pongamos por caso, si su comunidad está bien gestionada, y es erróneo y perverso utilizar ese argumento[1].

Ante la falta de argumentos sólidos y creíbles en un diálogo-negociación, el gobierno ha difundido los lemas que sostienen su postura: que el tema con Catalunya se ha de comenzar a tratar después de un referéndum sobre él en toda España, que la idea de proponer un referéndum en Catalunya sobre casi cualquier tema es un agravio para la soberanía nacional y que el gobierno ha de cuidar de que todos los españoles sean iguales. De una primera lectura ya se observa la inconsistencia de los argumentos…. salvo para crear un caldo de cultivo de animadversión a quien tiene un posicionamiento distinto al pensamiento único que parece ser la intención el gobierno. Porque, veamos, cuando un hijo quiere plantear una queja de convivencia a sus padres, incluso la emancipación, ¿es necesaria la opinión de sus hermanos, aparte de la afectiva… a no ser que les esté pagando los gastos de comunidad?, dejando de lado la evidencia de que si lo que sucede es esto, es un problema a gestionar entre los padres y el resto de hermanos y no del que necesita emanciparse. 

Respecto del argumento de la soberanía, resultaría chusco si no fuera tan sangrante, que se atrevan a citarlo los mismos que lo olvidaron clamorosamente cuando aprobaron de tapadillo e ilegalmente (algún día se revisará) la modificación del artículo 135 de la Constitución en cumplimiento de “los compromisos asumidos por España al integrarse en la Unión Económica y Monetaria Europea”[2].

Y eso, de una lectura apresurada. Pero se puede echar mano de lo que ha pasado en este país con anterioridad y ver si son o no argumentos razonables o son sólo intentos de crear un determinado estado de ánimo basado en el miedo a que se vea afectada la zona de confort.

Cuando, hace 50 años (plazo de tiempo que es como una gota de agua en el océano del tiempo del devenir de los pueblos) se estudiaba en los colegios españoles la Geografía Política de España, salían de carrerilla “Fernando Poo, Annobón, Corisco y Elobey” para referirse a las islas que integraban la parte no continental de la provincia española de Guinea y es que hoy se olvida que Guinea Ecuatorial fue primero una colonia de España y posteriormente pasó a convertirse en una provincia española que obtuvo su independencia el 12 de octubre de 1968. El territorio del país actual está constituido, como entonces, por una parte continental, conocida como Río Muni o Mbini y un área insular, siendo sus islas más importantes la isla de Bioko (antigua Fernando Poo), Elobey Grande, Elobey Chico (estas 2, deshabitadas) y Corisco, localizadas en la bahía de Corisco, y la de Annobón al sudoeste de Santo Tomé y Príncipe.
Sello con la imagen de Alfonso XIII
Vale la pena recordar que hasta 1956, en que fueron organizadas con el nombre de Provincia del Golfo de Guinea, las islas de Fernando Poo y Annobón formaron parte del Territorio de Guinea Española. En 1959 los territorios españoles del golfo de Guinea adquirieron el estatus de provincias españolas ultramarinas, similar al de las provincias metropolitanas, adoptando oficialmente la denominación de Región Ecuatorial Española organizada en dos provincias: Fernando Poo y Río Muni. Las primeras elecciones locales (en época de dictadura, ojo) se celebraron en 1959, y se eligieron los primeros procuradores en cortes ecuatoguineanos.

En 1963, el Gobierno español sometió a referéndum entre la población de estas dos provincias un proyecto de Bases sobre Autonomía, que fue aprobado por abrumadora mayoría. En consecuencia, estos territorios fueron dotados de autonomía, adoptando oficialmente el nombre de Guinea Ecuatorial, con órganos comunes a todo el territorio (Asamblea General, Consejo de Gobierno y Comisario General) y organismos propios de cada provincia.

En 1965, la ONU aprobó un proyecto de resolución en el que se pedía a España que fijase lo antes posible la fecha para la independencia de Guinea Ecuatorial y en 1966 el Gobierno español acordó preparar la Conferencia Constitucional que se inauguró en octubre de 1967  presidida por Fernando María Castiella, ministro español de Asuntos Exteriores y finalmente, como ya se ha apuntado, el día 12 de octubre de 1968 (Día de la Hispanidad, para más señas se firmó la independencia, haciéndolo por parte de España (lo que son las cosas) D. Manuel Fraga Iribarne, fundador más tarde de la Alianza Popular cuna de lo que es hoy el Partido Popular.
Acto de la firma de la independencia de Guinea

Que nadie elucubre pensando en que se buscan paralelismos entre la situación de la Guinea de entonces (enmarcada en el programa de la ONU de descolonización de África) con la Catalunya actual; simplemente se pone de manifiesto que la única voluntad que se debe de tener en cuenta en procesos de esa índole, y en otros que no tienen tanta relevancia, es la de los afectados únicamente y meter en el saco de la eventual negociación a toda España es, sencillamente, manipular conciencias para ocultar la incapacidad de gestionar, porque las decisiones que se lleguen a tomar nada tienen que ver con el menoscabo de la soberanía del pueblo español, que va por otros derroteros.

Pero sigamos en territorio africano.

Seguramente recuerda la mayoría que España también tenía la Provincia de pleno derecho del Sahara Español, con capital en El Aaiun, y que, dicho sea de paso, era “el coco” como posible destino en el reclutamiento para el Servicio Militar obligatorio. Su independencia, como territorio africano, ya fue planteada por la ONU a España en 1967, pero la disputa entre Mauritania, Marruecos y España por el territorio supuso un serio obstáculo para el establecimiento de diálogo y mucho menos de acuerdos. 

En 1970, la ONU aprueba la celebración en el Sahara español de un referéndum de autodeterminación. Tras negarse en principio a celebrarlo, España accede en 1974 a su celebración tras haber despertado con su negativa la animadversión internacional y anuncia que el referéndum tendrá lugar en 1975.

Pero, en 1975, con Franco en su lecho de muerte, el rey de Marruecos Hasán II instó al pueblo marroquí a realizar una marcha «pacífica» de participantes mayores de 18 años y desarmados, que sería conocida como “marcha verde”, para ocupar los territorios del Sahara español y forzar al Gobierno español a que retirase sus tropas de la región. En realidad, a las columnas de civiles que marchaban hacia el sur vía Tarfaya se unieron también 25 000 soldados de las Fuerzas Armadas Reales, que se dirigían a la provincia española por el este. Tras esta marcha y el repliegue de las tropas españolas se inició una guerra de Marruecos contra los pobladores autóctonos del territorio (españoles de pleno derecho, no lo olvidemos). España, ante la inestabilidad generada con la "marcha verde", firmó los Acuerdos de Madrid en noviembre 1975, por los que se constituía una Administración Tripartita temporal en el Sahara, formada por Marruecos, Mauritania y España, cuya vigencia se preveía hasta el 28 de febrero de 1976 y cuya finalidad era la celebración de un referéndum de autodeterminación en el que el pueblo saharaui debía decidir sobre su futuro. En el colmo del cinismo, el 26 de febrero de 1976, el representante permanente de España ante la ONU comunicaba que el Gobierno español daba por terminada definitivamente su presencia en el territorio, ya que cesaba «su participación en la Administración temporal que se estableció para el mismo», pero matizando que «la descolonización culminará cuando la opinión de la población saharaui se haya expresado válidamente». Un día después, Marruecos transmitió al secretario general de la ONU la reincorporación del territorio del Sahara a Marruecos y Mauritania y ese mismo día se producía la autoproclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

La guerra enfrentó a los saharauis, apoyados por Argelia, contra Marruecos y Mauritania que, en 1979, renunció a su parte de territorio, que se anexionó Marruecos unilateralmente. Desde entonces, el Sahara Occidental es un territorio administrado de facto (pero no de iure) por Marruecos, si bien tal administración no la ejerce sobre la totalidad del territorio pues el Frente Polisario controla el 35 % del mismo al este del muro que Marruecos construyó como defensa ante las eficaces guerrillas del Movimiento de Liberación Nacional Saharaui. La Constitución fue revisada en 1991 y 1995. En 1999 la RASD aprobó una nueva Constitución.
La RASD es reconocida por 82 estados aunque varios le han retirado su reconocimiento, sobre todo debido a las presiones de Marruecos, que cuenta con intereses comerciales en muchos países del mundo y trabaja activamente en sentido contrario al reconocimiento de la RASD. El antiguo colonizador del Sahara Occidental, España, todavía no reconoce a la República Saharaui como estado independiente y, hay que decir, desde el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, se han estrechado los lazos con Marruecos en detrimento de la relación con la RASD pese a que Izquierda Unida (IU), Unión Progreso y Democracia (UPyD), BNG, los partidos nacionalistas vascos, etc. defienden activamente en sus programas y en sus políticas el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y proponen el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática.

Las conclusiones sobre estos casos y el velo que los semioculta quedan abiertas para cada uno, pero volviendo al tema del argumentario anti-Catalunya, ¿cómo se atreve a hablar de que trabaja por la igualdad entre españoles un gobierno que es heredero y continuador ideológico y político del que abandonó a su suerte a miles de ellos (con DNI español) y no se atreve a reconocer oficialmente la validez de su lucha?

¿Es todo, o no lo es, manipulación de la zona de confort?


[1] El utilizarlo es reconocer las carencias de gestión fuera de Catalunya y la dependencia de ella, como se comprobó en el debate, celebrado en la Universidad Pablo de Olavide el 30 de marzo del 2016 ante 400 estudiantes universitarios y futuros politólogos, en un encuentro-discusión académica organizado por Diplocat y en el que el expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra dijo a su interlocutor, el portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardá, acerca del derecho a decidir de los catalanes “Yo no quiero a los extremeños o a los catalanes, quiero a la gente, y necesitamos a Catalunya para hacer un proyecto de igualdad en mi país, porque Catalunya tiene una renta más alta que el resto (sic). A buen entendedor…

[2] Es ilustrativa la lectura de la Sinopsis publicada por el Congreso de la modificación del artículo en http://www.congreso.es/consti/constitucion/indice/sinopsis/sinopsis.jsp?art=135&tipo=2

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